Buen día, a todos...
Traigo el tercer capítulo después de algún tiempo más. Sigo demorando mucho, lo sé, y eso que tengo la idea general desde junio, pero solo hasta ahora todas las fichas se han alineado y llegó de nuevo la hora de publicar. Recomiendo leer los capítulos anteriores otra vez.
CAPÍTULO 3 - CHOQUE DE TRENES
―Hola, Shizuru ―me saludó tranquilamente, como si fuese lo más normal verme allí.
―Hola ―le respondí yo, sin saber dónde me había quedado de la impresión.
―¿Ya se conocían? ―preguntó Reito, sorprendido. Después de todo, era mi primer día y se suponía que era él quien me estaba presentando con los demás.
―Sí, un poco ―respondió Natsuki, como si nada.
¿Un poco? Me quejé mentalmente. ¿Alrededor de tres años de relación y conocernos muy íntimamente para ella era solo "un poco"? Se había vuelto hábil para mentir.
Para cuando volví de entre mis cavilaciones ella estaba muy cómoda dentro de la conversación del grupo. Si soy sincera, era el alma de la diversión. Hacía comentarios ingeniosos y aunque algo odiosos, pero todas reían y parecían adorarla. Yo no la recordaba de esa forma, porque ella conmigo nunca fue borde y ni siquiera se le pasaba por la mente burlarse de mí. No, yo recordaba a una Natsuki seria y amorosa, de la cual yo era su centro de atención, ahora apenas me miraba y la verdad es que el cambio me estaba sentando fatal.
Después de la presentación con las demás y una conversación banal, que a mí me pareció infinita, Natsuki se dirigió hacia el baño, mientras todas empezaron a comentar lo adorable y divertida que era, sus palabras me removieron el estómago, y sin ninguna lógica decidí seguir a la dueña de tantos halagos. Después de entrar al baño cerré la puerta con seguro, ella estaba en frente al lavamanos lista para salir, cuando me vio a través de espejo, intentó pasar por mi lado como si nada cuando la retuve por el brazo.
―¿Aún me amas? ―le pregunté, siendo horriblemente egocéntrica. Después me acerqué a su cuerpo, hasta no dejar un centímetro entre las dos, esperando debilitar su voluntad con ello.
―No quieres saberlo ―respondió sin mirarme.
―Te lo estoy preguntando ―insistí con molestia. Discutíamos, pero en susurros.
―Igualmente no pienso responder, es una pregunta con trampa. Si digo que no, puedes sentirte herida y si digo que sí, puedes sentirte incómoda ―su voz era tan plana, que no podía leer nada dentro de ella.
―También cabe la posibilidad de que digas que no y me sienta aliviada o que me digas que sí y me sienta feliz ―¿por qué dije eso?
―Supongo que me he vuelto pesimista. Es mejor asumir la peor posibilidad ―alguien parecía un poco más oscura de lo que la recordaba.
―Aún no me respondes ―señalé, aunque no había ninguna razón para ello.
―Di mi nombre ―exigió, casi como un requisito para darme respuesta.
―Natsuki ―pronuncié, lo mejor que pude.
―No, ya no te amo ―afirmó soltándose de mi agarre y dándose la vuelta para salir.
―Na-tsu-ki ―repetí.
―Mentirosa ―acusó con molestia.
―¿Quién es la mentirosa? ―rebatí, sin creer que ya no me quería más.
―Supongo que tienes razón, no soy quién para reclamar ―agregó, antes de salir por la puerta.
Aquello me había agotado emocionalmente. No supe qué me dijo y qué no. Volví a cerrar con seguro y me deslicé por la puerta.
[+]
Dos días después, ya tenía claro cómo funcionaban las cosas por aquí. Natsuki hace parte del equipo de Conexiones y es la encargada de la Subestación Eléctrica Garderobe, donde misteriosamente aparecieron reservas petroleras; su equipo también maneja la Subestación de Fuuka, aunque el responsable de esta es Takeda Masashi; el director del proyecto Conexiones y jefe de Natsuki, es Tate Yuichi, quien aparentemente es el miembro más antiguo de ese equipo; también trabajan con ellos Sugiura Midori y Sagisawa Yohko, quienes supervisan la parte civil y de seguridad y salud, respectivamente.
Natsuki se lleva muy bien con sus compañeros, y aunque Sugiura y Sagisawa son mucho mayores que Natsuki, parecen haberla adoptado o algo por el estilo. De entre los demás compañeros solo hay dos personas que no me agradan del todo, Tokiha Mai y Yuki Nao, pues a pesar de que no trabajan con Natsuki directamente siempre se tomaban atribuciones que no les corresponden, como abrazarla, acariciar su brazo o recostarse en su hombro, incluso parecen tan emocionadas cuando la ven llegar, que me enferma. Haciendo un gran esfuerzo lo puedo entender de Tokiha, porque se sienta junto a Natsuki y es normal que hayan llegado a relacionarse, pero Yuki me pone de los nervios.
Quiero hablar de nuevo con Natsuki, aclarar las cosas, pero no he hallado el momento ni el lugar. Casi siempre parece ocupada y las pocas veces que está libre, casi siempre Takeda se sienta a su lado en ratos infinitamente largos, hablan y se ríen hasta el cansancio. Admito que Takeda no es santo de mi devoción, pero estoy segura que, aunque él lo quisiera no tiene ninguna oportunidad.
He decidido que hoy hablaré con ella, solo debo estar al pendiente de que Takeda la deja respirar. Y cuando finalmente veo al hombre volver a su puesto y me dirijo hacia allá, veo que es Yuki quien copa su atención, seguramente pidiéndole revisar sus artículos. Según supe, es la comunicadora social de todos los proyectos, y usualmente malgasta el tiempo de Natsuki haciendo que le explique hasta el más mínimo detalle, para luego invadir su espacio personal y hablarle al oído.
―Nao, ya lo hemos hablado ―escuché decir a Natsuki mientras me acercaba.
―Deberías reconsiderarlo, cachorro ―insistió la pelirroja con su tono insoportable.
―¿Conseguiste que te transfirieran a Proyectos solo para esto? ―Natsuki parecía hastiada. Como única respuesta la otra movió sus cejas sugestivamente―. Te perdoné, y de verdad que te aprecio como amiga, pero hasta ahí ―Yuki bufó antes de cruzarse de brazos.
―¿Podemos hablar un momento? ―elevé mi tono, consciente de que estaba interrumpiendo. Natsuki pareció aliviada, al menos en parte.
―Claro, siéntate ―Yuki recogió su laptop y su celular antes de irse a su puesto de trabajo.
―En privado ―añadí suavemente. Tanto Tokiha como Yuki, estaban mirando hacia nosotras descaradamente.
―De acuerdo ―aceptó, antes de levantarse de su silla y salir del edificio. La seguí en silencio, hasta que se dio media vuelta y me miró a los ojos―. ¿Y bien? ¿Qué quieres, Shizuru? ―dijo bruscamente, y aunque aún me llamaba por mi nombre, me pareció excesivamente fría.
―Me has estado ignorando, ¿no puedo querer hablarte? ―Natsuki llega, los días que viene a la oficina, con los auriculares puestos y las gafas de sol en la cabeza. Saluda a todos los que se cruzan en su camino, pero en realidad está en su mundo. Aun así, siento que me evita particularmente, no me dedica una sola mirada, y me niego a creer que solo sea porque mi puesto es el más alejado de su camino.
―¿Estás encargada de los procesos judiciales, no? ―preguntó casi con inocencia. Yo asentí simplemente―. Entonces eres del equipo de líneas de transmisión. Si alguna vez me transfieren allí, podremos hablar ―sinceramente no sé qué esperaba que dijera, pero ciertamente no era eso.
―¡Natsuki! Tu celular está sonando ―gritó Tokiha, después de aparecer por la puerta.
―Gracias, Mai ―le sonrió de forma deslumbrante antes de tomarlo en su mano y sin más entró de nuevo.
Me sentí aún más confundida. ¿Por qué publicas versos de amor en tu blog, Natsuki?
Gracias a todos por leer.
Espero que haya sido de su agrado. Cualquier opinión y/o corrección es bienvenida.
Saludos.
