Personajes: Mirajane Strauss.
Extensión: 453 palabras.
Notas: El tercero y le damos la bienvenida a los diálogos (?).
Drabble 3. Rated: K.
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La maldita.
III.
Vagar.
Suspiró, abrazando sus rodillas en tanto oía a Lisanna reír a lo lejos, salpicando el agua del pequeño arroyo junto al cual se habían detenido. Al menos le consolaba el hecho de que, a pesar de las circunstancias, ellos aún eran felices, no se perdonaría arrebatarles eso.
Alzó la mirada al notar una sombra cubrirle el sol. Era Elfman, que estaba de pie frente a ella con una evidente expresión de preocupación en su rostro, por lo que se obligó a forzar una sonrisa antes de cuestionar:
—¿Sucede algo?
Su hermano negó.
—Eso iba a preguntarlo yo —reclamó Elfman—. ¿Estás bien, Mira-nee?
Mirajane no se molestó en responder, ambos sabían que mentiría de todas formas después de todo. En su lugar bajó la mirada a la tierra con una sonrisa triste en el rostro, suspiró con cansancio y, tras unos instantes en los que se forzó a reunir fuerzas, se levantó. Sacudió sus ropas ante la comprensiva mirada de Elfman antes de emprender camino hacia donde estaba Lisanna.
—¡Lisanna! —llamó, captando la atención de su pequeña hermana—. Ven, nos vamos.
La menor le sonrió de apresurar el paso hasta ella, dejando atrás el riachuelo y manteniendo siempre esa sonrisa radiante que por momentos casi lograba levantarle el ánimo.
—¿A dónde iremos, Mira-nee? —cuestionó Lisanna una vez llegó a su lado.
Mirajane le miró en silencio un instante, notando sus fuerzas flaquear. Quería decirle que a ninguna parte, que no había lugar donde ellos fueran recibidos. Quería poder decirle a Elfman que estaba bien, que todo estaría bien; o en casi contrario, al menos poder sincerarse y decirle que no, que no estaba bien y quizás nunca más lo estaría. Quería decirles a ambos que lo lamentaba, que todo era su culpa y que ellos no tenían que pasar por eso, que por favor le perdonaran sus errores. Quería, pero no podía, porque ellos la necesitaban más que nunca y no podía fallarles, no en un momento así.
—El primer pueblo que encontremos —respondió tras la pausa—, nos hace falta algo de comer.
Lisanna le sonrió, omitiendo deliberadamente su momento de duda. Tras ellas Elfman mantenía una expresión de pesadumbre que eliminó cuando Mirajane volteó hacia él, volviendo entonces a sonreír, comprensivo.
Emprendieron el camino en silencio, con Mirajane apretando sus puños bajo sus ropas. Le encantaría que las cosas no fueran como eran, que al menos tuviera una mentira convincente que decirle a sus hermanos para quizás alimentar un poco sus esperanzas. «¿A dónde iremos?» ¿A dónde podrían ir, siendo las cosas como eran? ¿Qué podía darles, siendo ella como era?
Bajó la mirada, rogando en silencio que sus hermanos no notaran sus ojos aguados.
«A algún lugar donde no sea un monstruo.»
Nos leemos.
