Personajes: Mirajane Strauss.
Extensión: 494 palabras.
Notas: El último, suelo dar asco cerrando mis colecciones así que no se extrañen (?).
Drabble 4. Emoción: Tranquilidad.
.
La maldita.
IV.
Pertenecer.
El ambiente general era bastante plácido, al menos así lo sentía desde una de las mesas del lugar. Podía ver a su pequeña hermana tratar, una y otra vez, de mantener su forma de gato; le producía un deje de orgullo contemplar el empeño con el que intentaba controlar su nueva magia. Elfman, por el contrario, en esos momentos conversaba con otros niños perteneciente al gremio.
Mirajane notaba los músculos de su cara tirantes al bajar la mirada hasta su brazo, sintiéndose extraña en esos momentos, hace mucho que no sonreía. Los demás miembros iban de un lado a otro, sin darle demasiada importancia a pesar de su brazo poseído. Era... liberador. Sentirse sencillamente alguien más, una persona como cualquier otra, era una sensación que había extrañado más de lo que ella misma había notado.
—¡Mira-nee!
Se sorprendió al oír el llamado, volviendo nuevamente su atención a Lisanna para notar que estaba de pie junto a la chica pelirroja de antes, la que había intentado hablarle al llegar. Se acercó, todavía incapaz de dejar el recelo a un lado, hasta ambas.
—¿Qué ocurre, Lisanna? —cuestionó, manteniendo su atención en la otra joven.
—Erza me estaba hablando de su magia, ¡es increíble! Deberías verla —relató Lisanna con una mirada de emoción—. También me habló de cómo se puede controlar mejor la magia. ¡¿Quieres ver?! Ahora mi forma de gato dura dos segundos más.
Mirajane le observó, confusa.
—¿Y qué diferencia hacen dos segundos?
Lisanna se quedó quieta, su sonrisa emocionada congelada en su rostro. Erza, a su lado, frunció el ceño.
—En una batalla, dos segundos pueden hacer la diferencia —relató, para luego enderezar la espalda y comenzar a contar una historia que de seguro solo le interesaba a ella respecto a cómo tan solo unos segundos podían significar mucho.
Mirajane la observó tratando de contener su rostro de aburrimiento, catalogando a esa chica como una latosa. Volvió la mirada a Lisanna, que la observaba con una expresión esperanzada, hecho que le hizo alzar una ceja antes de suspirar finalmente y dar la vuelta.
—Sí, como sea —dijo, dispuesta a marcharse.
No avanzó mucho porque enseguida una mano la sostuvo del brazo, su brazo maldito.
—Dejar a las personas hablando solas es de mala educación —reclamó Erza.
Pero Mirajane no se tomó la molestia de escucharla, en su lugar se dio la vuelta y liberó su muñeca con brusquedad.
—¡No me toques! —reclamó, llamando la atención de algunas de las personas de alrededor.
Erza frunció aún más su ceño.
—¿Tienes algún problema? —alegó.
Mirajane bufó, observándola con creciente molestia, antes de espetar «¿y qué si es así?» Lisanna, precavida, optó por alejarse de ambas. Hubo un instante de aparente calma antes de que la contienda real diera inicio, la que no tardó en obtener exclamaciones y ánimos de los demás miembros.
Por alguna razón Mirajane no contuvo una sonrisa en medio de la pelea. Nunca se había sentido tan en casa como en esos momentos.
Es todo.
Nos leemos. Bye.
