Aquí tenéis el segundo capítulo 2 del fanfic, esperamos que os guste y lo disfrutéis como el primero.

Ya sabéis, dejadnos un comentario diciéndonos qué os ha parecido y, ¡nos vemos dentro de poco!

PD: Para los que preguntáis, la historia es Clexa y Bellarke, vamos a ver escenas de ambas parejas. El final queda reservado. Disfrutad de la historia.


CAPÍTULO 2

El tiempo había pasado tan rápido que aún no se hacían a la idea de que ese era su último año en la universidad. Tantas experiencias y recuerdos que se guardarían solo en sus memorias...

Bellamy y Lexa estudiaban Ingeniería informática, ya que ambos tenían más interés por las ciencias que por otras disciplinas. De hecho, su proyecto de fin de carrera consistía en crear un videojuego con todo lo que ello suponía y, cómo no, lo hacían juntos.

Durante estos tres años habían sido uña y carne, más de lo que lo fueron en casa. Desde el principio decidieron compartir habitación, pues en la residencia en la que se alojaban existía la posibilidad de elegir un cuarto mixto. Tuvieron que acostumbrarse más aún a estar juntos; a veces toleraban sus manías y otras... no tanto.

-¡Bellamy! ¿Otra vez? ¿En serio? -protestó Lexa por vigésima vez al verlo tumbado en la cama con una chica encima.

-Venga, Lex, no te enfades. Ya nos vamos...

Con un gruñido, Lexa salió de la habitación dando un portazo. Siempre hacía eso, ¡siempre! Llevaba a quien le daba la gana y estaba ya bastante harta de la actitud de su amigo. No es que le importara lo que hiciera con alguien, sino que ella también necesitaba su espacio. ¿Por qué le quitaba el único lugar en el que podía sentirse completamente cómoda? Por esa razón Lexa hizo de la biblioteca de la facultad su nueva casa: se pasaba las horas y las horas allí estudiando, escuchando música con los cascos o escribiendo. Eran los momentos en los que más paz sentía con ella misma y con el mundo que la rodeaba.

Pero Lexa no era la única que tenía que aguantar costumbres de los demás.

-Siempre igual...

Bellamy acababa de llegar del entrenamiento del equipo de rugby cuando se encontró con la habitación hecha un auténtico desastre. Aunque pudiese parecer contradictorio con su personalidad, se consideraba un chico muy pero que muy ordenado y más si se trataba de su habitación.

Oyó el sonido de la ducha y fue hacia allí sin pararse a pensar un segundo en lo que estaba a punto de hacer. El cuarto de baño de la habitación no tenía cerrojo pero tanto Bellamy como Lexa respetaban ese tiempo de descanso que el otro necesitaba. Sin embargo, esta vez no fue así.

-¿¡Puedes explicarme por qué tienes toda la ropa sacada del armario y los libros tirados en mi cama!?

Lexa gritó, pues no se esperaba que nadie la interrumpiese, menos cuando se estaba duchando. Solo la separaba de Bellamy una mampara transparente, pero ese hecho quedó en el olvido cuando la rabia se instaló en Lexa.

-¿¡Y tú qué coño haces entrando sin pegar, gilipollas!?

Antes de un abrir y cerrar de ojos, había corrido la mampara y empujado a Bellamy con todas sus fuerzas hasta que consiguió cerrar la puerta del baño. Se colocó una toalla alrededor del cuerpo y salió.

No hacían falta palabras para saber que Lexa estaba más que enfadada por el comportamiento de su amigo, que tampoco se quedaba atrás.

-Vengo del entrenamiento agotado y lo mínimo que podrías hacer es no dejar tus cosas por ahí tiradas. ¡Al menos no en mi cama!

Lexa agarró el primer objeto que tuvo a mano y se lo lanzó, con tan mala suerte de que Bellamy lo esquivó a tiempo.

-¡Encima ahora me atacas!

-¡Idiota! -un libro salió volando-. ¡Imbécil! -esta vez, un estuche-. ¡Sinvergüenza!

-¡Si no paras les diré a todos dónde tienes el tatuaje del que nunca hablas!

El placaje que le hizo Lexa lo recordaría durante bastante tiempo.

Pero no todo eran peleas y malentendidos. Como siempre, su amistad estaba por encima de eso. Octavia también entró en la universidad un año después de ellos y volvieron a estar como cuando eran niños. Se instaló en la residencia contigua y, tras hablarlo mucho, Octavia y Lexa decidieron mudarse de habitación juntas: aunque Lexa adoraba pasar el tiempo con Bellamy, no se veía capaz de soportar que trajese a más chicas sin avisarla.

Al principio, Bellamy se extrañó, pero iba a tener a su mejor amiga y a su hermana a unos pasos de distancia, así que no se acababa el mundo. Él consiguió instalarse con otro compañero de clase, Monty, un cerebrito de la informática con el que Bellamy compartía más de una afición.

Por su parte, Lexa estaba más que satisfecha con el cambio. Y no solo por no tener ya inquilinos desconocidos en el cuarto.

-Veo que no has perdido la práctica, O.

Las manos de Lexa recorrieron los brazos de Octavia, atrayéndola hacia sí. Los labios se encontraron y las lenguas se batieron en una lucha en la que no había ganadores ni perdedores.

-Shh –susurró Octavia-. Esto no puede salir de aquí, Lex.

-Tranquila, será nuestro secreto. El segundo –le apartó un mechón de pelo y lo posó tras la oreja. Aún notaba a Octavia un poco nerviosa-. O, sabes que no se va a volver a repetir, pero hoy es que...-agarró una de las manos de Octavia y la dirigió al bajo de su pantalón, lo que provocó que se escapara un gemido involuntario de la otra- hace mucho calor.

Lexa le sonrió y las mejillas de Octavia se tiñeron de un tono rosado más que provocador. No hace falta decir que la tarde se les pasó rápidamente.

Esa fue la única vez que cayeron en la tentación de nuevo. Con Octavia las reglas de convivencia se hablaron desde el momento en el que ambas pisaron el suelo de su nueva habitación: mantener todo más o menos ordenado, la limpieza se la repartían entre los días pares e impares y nada de traer a personas nuevas sin avisar de antemano.

Ahora mismo Lexa y Bellamy comenzaban el cuarto y último año de universidad. Los antiguos alumnos les habían hablado del profesor Kane, un catedrático que se ganaba a sus alumnos en solo dos clases (y eso que impartía una de las asignaturas más teóricas de la carrera). Esperaban conocerlo y comprobar si aquello era cierto o no.

-Sabes que unos dicen una cosa y otros, otra -apuntó Bellamy mientras cerraba su taquilla con llave. Le hizo un gesto con la cabeza a Lexa indicándole que ya podían irse.

-Lo sé, por eso no podemos fiarnos de...

De repente, todos los libros que Lexa llevaba en el regazo se cayeron y se apilaron en el suelo.

-Para eso te sirve llevar tantos libros, pringada.

Bellamy se dio la vuelta mientras Lexa se agachaba y recogía los libros, conteniendo el enfado todo lo que podía. Había sido Murphy: tenía que haber alguien que pusiese la guinda al pastel para que este fuese perfecto, y él lo era. Salvo que entonces convertía al pastel en una simple migaja de pan.

Bellamy se separó de Lexa y caminó hacia Murphy, que ahora reía con dos de sus amigos, entre los que se encontraba Monty. Por más veces que intentaba hablar con él sobre su supuesta amistad con Murphy, este se escabullía o cambiaba de tema. No le culpaba por lo que el otro hacía de todas formas.

Posó una mano en el hombro de Murphy, lo que hizo que este se diese la vuelta para encontrarse con la fija y furiosa mirada de Bellamy Blake.

-¿Vienes a defender a tu hermanita adoptiva?

Si existía algo que Bellamy no toleraba eran las burlas hacia su hermana y hacia Lexa. Menos aún que insinuasen que no era de su familia.

-Simplemente vengo a decirte que como vuelvas a tocarle un pelo, te corto los huevos -acompañó el mensaje con una sonrisa y el agarre de su hombro se intensificó. Murphy soltó un gemido de protesta mientras le lanzaba una mirada llena de odio. No era aconsejable meterse con Bellamy Blake, aunque con su hermana adoptiva la cosa era distinta. Sin embargo, la próxima vez se guardaría de hacerlo con más disimulo.

-¡Está bien, está bien!

Se zafó de él y siguió caminando con Monty y Jasper. El primero se giró y, disimuladamente, levantó el pulgar de la mano en un gesto de ovación mientras miraba a Bellamy, quien sonrió a su vez.

-Ya podemos irnos –le dijo a Lexa cuando la alcanzó.

-No hace falta que vayas defendiéndome por ahí -protestó, aunque en el fondo le gustaba ver esa faceta protectora viniendo de su amigo.

-¡Pero cómo voy a dejar que le hagan algo a mi bebé!

Bellamy le apretó los mofletes mientras hacía caras extrañas. Seguidamente la abrazó pero Lexa lo apartó mientras reía en voz baja.

Este año iba a ser genial.


Otra vez en el campo; ambos siempre habían dicho desde el primer día que lo pisaron que era su lugar favorito en todo el campus, lugar para desconectar y para disfrutar. Lo asemejaban al surf, pero no llegaba a ser igual, las olas tenían un encanto especial.

El año anterior consiguieron ganar la liga de la universidad: fue un momento increíble para los cinco componentes del equipo, pero más para Bellamy y Lexa que conseguían tachar de la lista uno de sus sueños. Y qué menos que compartirlo juntos, cuando Bellamy, el capitán del equipo, llamó a su amiga para que levantara con él la copa de los ganadores.

Esa noche se celebraba el partido de bienvenida tanto para los estudiantes nuevos como para los antiguos. Desde que Bellamy y Lexa entraron en el equipo de rugby habían tenido la suerte de jugar en esta ocasión especial y ambos opinaban que no podía haber mejor manera de comenzar el curso.

Casi siempre en todos los partidos solía ser Bellamy quien lanzaba a una Lexa que lograba correr zafándose de los del equipo contrario hacia la línea de touch. El chico tenía en esos momentos mucha más fuerza que la que tenía Lexa cuando era más joven. Obviamente ella no había desarrollado esos brazos musculosos que tenía él, pero la morena consiguió perfeccionar su recepción y era de las que mejores conseguían liberarse y atrapar el balón para conseguir más puntos para su equipo.

"Los Koalas" iban a ganar otra vez la liga, sí o sí.

Lexa empezó a correr con todas sus fuerzas y así consiguió dejar caer detrás de ella a distintos chicos enormes que se lanzaban para hacerle placajes y frenar su carrera. Una vez en la línea buscó a Bellamy, que se pasaba el balón con otros compañeros intentando librarse de más del equipo contrario. Entonces oyó algo por las gradas y su cuello automáticamente quiso que mirase hacia allí, así que hizo un giro para que sus ojos observasen la grada, que quedaba cerca de donde estaba ella, por el lado derecho del campo.

La lluvia caía cada vez con más ímpetu y el sol había desaparecido casi por completo, pero a pesar de las condiciones meteorológicas consiguió vislumbrar a una chica rubia que la dejó sin aliento unos momentos. Iba vestida con ropa deportiva, muy al estilo fútbol americano, con una gorra incluida.

Parecía que el mismo Cupido se había posado a su lado y había lanzado una de sus flechas cuando la chica la miró y sonrió, antes de dar un grito de ánimo al equipo. Eso, o fue simplemente un golpe del balón contra su cabeza, tan fuerte que logró tumbarla en el suelo.

-¡Lexa! –escuchó detrás de ella.

-¡Tiempo! –otro grito, antes de que agarraran su brazo y la ayudasen a levantarse.

-¿Qué ha pasado? –preguntó su amigo preocupado quitándose el casco y tirándolo al suelo–. Deja que te vea – consiguió quitarle el casco a Lexa y sonrió al ver sus pelos despeinados y su coleta destrozada.

-Estoy bien, Bellamy –dijo echándose a un lado para que no la tocase–. Me he distraído un poco.

-Nunca te distraes –se quedó confuso.

-He visto a una chica increíble en la grada –confesó y miró a su amigo que sonreía burlón.

-Oh, así que es eso… -ayudó a la chica a ponerse el casco-. ¿Quién es? –miró hacia las gradas.

-La rubia de la segunda fila, en la parte más cercana a nosotros, sabrás quién es porque destaca entre la gente.

Bellamy buscó a la chica en cuestión. Necesitaba saber quién era para chinchar por el resto de su vida a Lexa cada vez que se la cruzasen en el campus, pero no esperaba el resultado que consiguió.

La chica parecía preocupada, mirando hacia donde estaban ellos. Suponía que por el golpe de Lexa, y era muy cierto lo de que era increíble: era preciosa, jamás había visto una chica tan atractiva para el ojo humano.

Cogió aire y se volvió hacia Lexa, que la miraba de reojo a través del casco.

-Parece preocupada por ti.

Bellamy se giró hacia la grada y levantó el dedo pulgar indicando que todo estaba bien.

- ¡Vamos! Este partido lo tenemos ganado –y volvieron a ponerse en posición.


Lexa salió de la ducha con un pantalón corto, una camiseta que usaba como pijama y una toalla rodeando su pelo. Bellamy ya estaba allí, tumbado en su cama con el móvil pegado a la cara. Lexa se lo quitó de las manos y lo dejó en la mesilla.

-Se te van a caer los ojos con la pantalla del móvil y te vas a quedar estéril. ¿A quién le voy a pedir que sea el donante para tener hijos, sino? –el chico soltó una carcajada mirando cómo se echaba hacia un lado y se daba en el pelo con la toalla para secárselo, dejándolo caer en cascada.

-¿Me lo dices en serio? –se puso de lado en la cama apoyándose en su mano.

-Está claro que no, ¿cómo voy a querer tener hijos con tu cara? Hay mejores opciones ahí fuera –el chico se sintió ofendido y golpeó a Lexa con la almohada riendo.

-Entonces… esa chica… -empezó a insinuar, la verdad es que no se la había podido sacar de la cabeza y solo por verla en una grada.

-¿Qué pasa con ella? –dijo distraída colgando su toalla en una silla para que se secara.

-Es muy guapa.

-Sí, creo que la he visto antes, pero no lo tengo claro.

-Sí, a mí también me suena, la verdad –el chico volvió a tumbarse mirando al techo, poniendo sus brazos tras su cabeza.

-¿Crees que…? –dijeron a la vez soltando una carcajadas.

-Vamos a trabajar, anda… -susurró Lexa–. Octavia dice que va a llegar tarde.

-Esta niña crece demasiado rápido.

-Todos crecemos, Bellamy.

Bellamy la miró unos segundos, notando el cambio que hubo en su voz. Sabía que se había acordado de sus padres, la conocía demasiado bien. Se levantó y se puso en la silla que había en su escritorio, rodeando su cintura y ella dejó que la pusiera sobre sus piernas, deslizando su brazo por el cuello de su amigo.

-Estás llegando muy lejos, Lex –los ojos verdes de su amiga lo miraron a través de esas gafas redondas que llevaba. No necesitó decir más palabras, lo había entendido; no le gustaba que mencionasen a sus padres, pero si lograbas hacerlo bien, llegabas con ella a donde querías.

-Para el videojuego necesitamos primero proponer la idea de la trama, para luego desarrollarla y poder crear todo lo demás –en eso también era una experta, en cambiar de tema.

Bellamy se levantó, cogiéndola en brazos sin necesidad de dejarla en el suelo.

-¡Eh! ¡Suéltame! -se quejó la chica moviendo sus piernas y sus brazos para que la dejase en el suelo antes de empezar a soltar carcajadas cuando Bellamy la tiró en la cama y empezó a hacerle cosquillas.

Eso también era una buena táctica: la risoterapia era muy efectiva con Lexa siempre y cuando supieses en qué situación era buena usarla.


Le dolía la cabeza, vaya clase acababa de tener. Le encantaban los ordenadores, pero a veces no le terminaba de convencer estar tantas horas frente a una pantalla fijándose en esas letras minúsculas que salían una y otra vez.

Decidió aprovechar que acabaron unos minutos antes para acercarse a la habitación que compartía con Octavia e igual relajarse un poco antes de volver a la clase que tenía luego solo con los libros que le tocaban, así le pesaba menos el bolso.

Fue a meter la llave, pero no estaba echada. Abrió directamente la puerta. Estaría Octavia allí metida, y lo estaba, pero no sola.

Tres pares de ojos la miraron nada más abrió la puerta. Unos eran los de Octavia, que se levantó de su cama para acercarse a ella.

-Lexa, no sabía que venías ya. Lo siento, no quería molestarte si tienes cosas que hacer –se intentó disculpar, pero Lexa levantó la mano sonriendo para que dejara de hablar.

-Tranquila, O, he venido solo a por unos libros y me voy –no pudo evitar mirar a la chica rubia que había en la habitación y su corazón se saltó un par de latidos al reconocer que era la misma de las gradas del otro día. Igual se quedó demasiado tiempo mirándola, pero es que tenía unos ojos azules impresionantes.

Apartó la mirada veloz y anduvo hacia la pequeña estantería para hacer un cambio de libros rápido.

-Ya que estás aquí os presento – escuchó la voz de su amiga–. Ella es Lexa, es casi como mi hermana, pero mejor, porque no lo es en realidad –la morena sonrió a Octavia divertida, que le devolvió el gesto–. Clarke, la rubia explosiva, y Raven, la morenita salvaje.

-¡Eh! Los motes no eran necesarios –se quejó la tal Raven.

-¿Cuál es el mote de Octavia? –soltó una risa al escuchar "Octavia, la felina"-. ¿Por los ojos? -sonrió. La hermana de Bellamy tenía unos ojos que mas quisiera haber heredado el chico.

-Y porque dicen que es una gatita en la cama... -insinuó la "morenita salvaje".

-Algo así he oído yo también –siguió el rollo de la conversación llevándose un pellizco de la que era más bajita de aquella habitación en el costado antes de recibir una mirada cómplice que sólo ellas entendían.

-Encantada, Lexa –escuchó entonces la voz ronca, pero muy atrayente, de Clarke, que había estado controlándose las ganas de mirarla y recorrerla mil y una vez con los ojos desde que entró allí.

-Un placer haberos conocido, chicas –se dirigió a ambas–. Tengo clases en un rato, ahora debo irme, pero cuando os venga bien seguimos con la conversación de los motes –se excusó mirando el reloj de su muñeca, saliendo corriendo de la habitación.

Si seguía en la misma habitación que la de los ojos azules no sabía que podía suceder; de momento iba a intentar calmar los latidos de su corazón en esos cuarenta minutos que le quedaban para volver a entrar en clase.


Lexa se hallaba tumbada en su cama, sobre el edredón y en pijama, leyendo una de sus novelas cuando el sonido de la puerta le llamó la atención.

-Siento lo de esta mañana, Lex... -quiso disculparse, pero la morena quitó importancia por su mano y dejó su libro en la mesilla cuando vio que Octavia se colaba en la cama con ella.

-No te preocupes, O -dejó que se apoyase en su hombro y rodeó su cuello con el brazo manteniéndola cerca de ella.

Desde esa primera vez que hicieron el amor, fue muy normal compartir el espacio personal y conversaciones confidentes y nocturnas entre las dos.

Octavia acariciaba distraída su vientre sobre la camiseta mientras Lexa se relajaba con esas caricias inocentes enredando sus dedos en el pelo negro de la más pequeña, antes de abrir los ojos por escuchar otra vez su voz.

-Es que no lo entiendo -dijo, elevando su cabeza y apoyando el codo en el colchón.

-¿El qué? -preguntó extrañada por la insistencia de la chica.

-Cuando pasó la última vez te molestó. Ahora estás muy tranquila, como si hubiese sido lo más normal del mundo.

-O... -no pudo decir una frase porque se le escapó la sonrisa que estaba intentando ocultar desde que empezó su conversación.

-Conozco esa sonrisa... -y abrió la boca mirando a la que estaba tumbada en la cama-. ¡Vamos! Dime, ¿quién ha sido la que ha llamado tu atención? ¿Raven o Clarke?

-Clarke - confesó viendo cómo se agrandaba la sonrisa de Octavia y empezaba a pellizcar sus costados.

-¡Te gusta Clarke! No me lo puedo creer - reía mientras Lexa intentaba escapar de esos ataques que recibía.

-¡No me gusta!

-Oh, sí que te gusta. La rubia explosiva y Lexa son novias... -esta vez fue el momento de Lexa de buscar esos sitios secretos que tenía su amiga, y ella conocía, y que producía ataques de risas en ella.

-Ya sabes que... -miró divertida a Octavia, que se sentó sobre su vientre y agarró sus manos sobre el colchón.

-"No la conozco, no sé nada de ella..." -empezó a imitarla con voz burlona-. Vale, pero admite que como mínimo te acostarías con ella.

-¡Octavia! -se sorprendió, y la chica se inclinó sobre ella sonriendo de lado, manteniéndose cerca de su cara.

-"Tengo que conocer antes bien a la persona para poder..."

No pudo terminar su burla,porque Lexa, que tenía más fuerza que ella, logró invertir los roles y ponerse sobre la más pequeña, comenzando a realizar su venganza mientras Octavia se reía con lágrimas en los ojos y suplicando que parara.


Cómo había echado de menos el ruido de las olas. No había podido practicar su deporte favorito en una semana y se le había hecho eterno. El agua del océano le salpicaba en la cara pero eso no le impedía seguir su camino por la enorme ola que tenía encima. La espuma blanca sobresalía del tono aguamarina: a veces podía incluso mirar el cielo a través de la masa de agua semitransparente. El color verde también se mezclaba en la superficie líquida y curvada, dando la impresión de que se encontraba sumergido dentro de una botella de cristal.

Estuvo más de media hora jugando entre olas de distintos tamaños y encontrándose con sus compañeros sobre el agua. Cuando ya casi no sentía las piernas debido al esfuerzo, decidió que era hora de descansar. Había sido un día agotador; el primer día de curso siempre lo era de una forma u otra. Lexa lo había acompañado a todas las clases, que eran meras presentaciones para el nuevo curso que se les avecinaba, pero no tuvieron la oportunidad de conocer al famoso profesor Kane.

Nadó tumbado sobre la tabla de surf hacia la orilla con lentitud. Le gustaba la adrenalina y el riesgo de surfear entre las olas, pero cuando se encontraba tan cansado prefería pasearse tranquilamente por el agua y dejarse llevar por su ritmo.

Puso un pie en la orilla de arena blanca y piedras pequeñas y fue a alcanzar su mochila, que como era costumbre, lo esperaba a unos pocos metros. Se despidió de sus compañeros de surf con un asentimiento de cabeza antes de separarse de ellos.

Mientras caminaba hacia allí, se sacudió el pelo y pasó la mano por este para volver a colocarlo. Luego intentó apartar un poco el pequeño bañador de su cuerpo para no volver a casa completamente mojado. Se quedó de pie con los ojos cerrados mirando hacia el sol para secarse con mayor rapidez.

Así estaba cuando unas risas lo sacaron de sus pensamientos. Con una mano apoyada en la cintura y otra laxa junto a su costado, se giró. En el paseo marítimo había dos chicas paseando y riendo a viva voz. Una de ellas tenía el pelo castaño oscuro y una sonrisa que podría dejar ciego al más incauto; la otra chica tenía el pelo rubio y su risa se escuchaba a metros de distancia.

Enfocó la vista, pues en algunas ocasiones debía utilizar gafas porque no veía demasiado bien, y se sorprendió al reconocer a la chica rubia: era la misma que Lexa le había señalado en el partido de rugby.

Esta, una vez terminó de reírse, volvió su mirada hacia la playa y conectó sus ojos con los de Bellamy. Se observaron durante unos segundos hasta que Bellamy, algo incómodo, apartó la vista y prefirió sacar de su mochila una camiseta para ponérsela.

Un silbido hizo que volviera a mirar en la misma dirección y vio a la chica rubia saludándole con una mano mientras la otra muchacha se quedaba detrás. Bellamy giró la cabeza, cerciorándose de que no hubiese nadie más alrededor de él y descubrió, para su sorpresa, que el saludo iba dirigido a él.

Con cierta inseguridad, Bellamy levantó el brazo derecho poco a poco. Así le daría tiempo a rectificar el movimiento en caso de que se hubiese equivocado, pero no fue así: en cuanto la chica rubia vio que que se había dado cuenta de su presencia, lo saludó con más efusividad y la sonrisa se le agrandó.

Sin querer ni poder evitarlo, Bellamy sonrió y agitó la mano con ganas: eran dos chicas preciosas que se habían fijado en él en ese momento y no les iba a quitar el gusto de corresponderles. Además, ¿quién sabe si se las volvería a encontrar?

Las chicas siguieron su camino entre risas y la rubia miró hacia atrás más de una vez conforme andaba, fijando su mirada en Bellamy. La última vez le guiñó un ojo.

Bellamy estaba más acostumbrado a ligar que a ser ligado, por desgracia o por fortuna, así que le pilló un poco desprevenido ese gesto y sus mejillas se tiñeron de color.

Recordó el momento en el que Lexa le había hablado sobre la chica rubia durante el partido. Es cierto que era guapa (muy guapa) y que había llamado su atención, pero lo que no esperaba era que ella también lo reconociese y menos en la playa.

Sin más dilación, se puso la camiseta blanca, cogió su mochila y se dirigió a la residencia para ducharse.


No sabía si prefería los exámenes finales o los parciales. Igual los últimos que te permitían ir haciendo nota y te ayudaba en el final, aunque en el caso de Lexa tampoco era muy importante pues la chica solía sacar muy buenas notas.

Tras frotarse los ojos un rato buscó sus gafas, que las dejó a un lado del libro, y se las volvió a colocar sobre el puente de su nariz volviendo a ver con claridad toda la biblioteca. Desde que compartía habitación con Bellamy había estado estudiando en aquel edificio y ahora le encantaba hacerlo allí más que en su nueva habitación. Su amigo parecía tener necesidades sexuales las 24 h porque no había día que la habitación no estuviese ocupada.

Bajó su vista a aquel libro, memorizando la teoría de la asignatura que impartía el profesor Pike, antes de impregnarse de un perfume embriagador. Alguien se había sentado a su lado y por el olor diría que era una chica.

-¿No vas a saludarme? -escuchó una voz coqueta y se giró rápidamente para mirar a la dueña de ella.

-Clarke -susurró.

-Hola, Lexa -le sonrió antes de lamerse los labios haciendo que la taquicardia de Lexa volviese a su pecho-. ¿Vienes mucho por aquí?

-¿A la biblioteca? -se extrañó arqueando sus cejas.

-Claro que sí, boba, ¿dónde estamos sino? -se burló, y sintió sus mejillas arder cuando, acompañando a la frase, la chica se inclinó para subir sus gafas con un dedo, dejándola un tanto boquiabierta.

Cuando se percató de que los ojos azules de la chica bajaron a sus labios los juntó rápidamente para no parecer una idiota.

-Sí, suelo estar por aquí –disimuló agarrando la botella de agua que tenía con sus cosas para dar un largo trago y aclarar la garganta.

-Necesito tu ayuda –dijo con voz necesitada y poniendo pucheros, haciendo sonreír a Lexa cuando vio el gesto.

-Dime, ¿cuál es tu problema? –rió suavemente.

-Necesito buscar este libro – le tendió una nota con una letra bien perfilada y ordenada. Si era suya, ahora mismo caía a sus pies–. Lo he apuntado rápido, no me juzgues por la letra, era el final de la clase –Lexa tapó disimulada sus folios de apuntes de clase con uno de los libros sintiéndose algo avergonzada, porque si esa era su "letra de apuntes"…- En los dos años que llevo en la facultad nunca he pisado la biblioteca, no tengo ni idea de cómo encontrarlo entre tantos libros.

Lexa agarró la nota levantándose mientras leía el título del libro que necesitaba su chica en apuros.

¿Su chica en apuros? ¿En serio?

Sonrió internamente, antes de dirigirse a uno de los ordenadores para buscar la referencia.

-¿Medicina? –preguntó refiriéndose a qué estudiaba.

-Enfermería.

-Qué interesante –sonrió a la chica, que estaba apoyada de lado en la mesa del ordenador, mostrando sin ocultar nada de su perfecto cuerpo.

Lexa intentó controlar su mirada y no recorrerla más de tres veces; al menos dos eran necesarias, porque esta chica quitaba el hipo.

-Octavia dijo que estabas haciendo Ingeniería Informática.

-Así es –tecleó lo que venía escrito en ese papel una vez el ordenador decidió arrancar y mostrar la página–. Vale, mira, ¿ves aquí? –señaló la referencia que venía junto al título del libro y el autor–. Este es el número de referencia, las letras indican que está en la parte de medicina, los dos primeros números la estantería, y los otros dos números el orden en el que está colocado.

-Hay que hacer un máster para encontrar aquí un libro –dijo divertida haciendo sonreír a la morena.

-Si quieres te acompaño.

-Mi heroína –se atrevió a dar un apretón en su brazo, haciendo que Lexa riera nerviosa perdiéndose en su mirada azul.


-Monty, ¿te vienes a dar un paseo por el campus?

Bellamy acababa de ducharse y había salido del baño con una toalla enrollada en la cintura. Se secaba el pelo con una toalla de menor tamaño mientras miraba cómo Monty escribía algo en unos apuntes de clase con bastante rapidez.

-No puedo, Bellamy. Tengo que terminar este ejercicio y no quiero quedarme hasta muy tarde haciéndolo.

Bellamy suspiró. Apenas había comenzado el curso y Monty ya estaba ocupado la mayor parte del tiempo con deberes que más parecían ejercicios de instituto.

-De acuerdo, como quieras. Luego no digas que no te avisé.

Se puso unos vaqueros y una camiseta negra cómoda. Eso sí, antes de salir de la habitación se miró en un espejo que tenían ambos tras la puerta de entrada. Cuando decidió que su pelo estaba en el sitio adecuado, salió.

La noche era fresca y se notaba en el ambiente que todavía era primavera. Estaban a finales de septiembre y las hojas de algunos árboles ya habían empezado a caer, conformando un reguero de pétalos por la acera.

Caminó con las manos en los bolsillos a lo largo del campus. Apenas eran las siete y media, pero en una hora debía volver al dormitorio si no quería que Monty estallase: una de sus reglas era no venir de lunes a jueves más tarde de esa hora. Si la norma se incumplía, que el malhechor se atuviese a las consecuencias. Bellamy se reía cada vez que Monty se lo recordaba porque no imaginaba qué mal podía causarle en caso de no hacerle caso, pero de cualquier forma prefería no saberlo.

Llevaban un año viviendo juntos y a veces echaba de menos a Lexa como compañera de cuarto. Como todos, tenía sus manías, pero nada insoportable. Su consuelo era saber que no se había ido con otra persona, sino con su hermana Octavia. Al menos estaba bien acompañada, eso seguro.

Tan ensimismado iba que no se dio cuenta de que chocó con la espalda de alguien que, al igual que él, no estaba atento a la realidad. El sonido sordo de un libro al caer lo sacó de su ensimismamiento.

-¡Lo siento! -se disculpó Bellamy enseguida. Lo recogió del suelo y se lo entregó a la persona con la que se había topado.

-No te preocup... ¡Ah, hola!

Bellamy se quedó helado por un instante. ¿En un día, tres veces? Era la misma chica de la playa. De hecho, aún llevaba la misma ropa. No creía en las casualidades ni en el destino, pero se lo estaban poniendo difícil.

-Perdona, no te había visto. Soy un poco torpe –se excusó con una tímida sonrisa. No sabía qué le ocurría pero, aunque no conocía a la chica, parecía que su carisma arrasaba con él.

-Bah, ni caso. Yo también estaba distraída. Acabo de salir de la biblioteca y quería tomarme un respiro –dijo Clarke-. Por cierto, mi nombre es Clarke.

-Bellamy.

-Lo sé.

Bellamy la miró extrañado por la respuesta, lo que causó que Clarke soltase una carcajada.

-Perdona, es que soy amiga de tu hermana Octavia. Sé quién eres, me ha hablado mucho de ti.

¿Cuándo Bellamy Blake se había quedado sin palabras? Nunca; nunca le había ocurrido. Siempre tenía alguna respuesta ingeniosa, un comentario irónico,… Y esta vez, nada. ¿Pero qué...?

-Oye, tú también vives en el campus, ¿no?

-Sí, claro... -le contestó Bellamy dudando.

-Es que hay una fiesta el próximo viernes en el Salón de Actos de la universidad. Te gustan las fiestas, ¿no? Tu hermana siempre lo dice... y tu fama también -Clarke fijó su mirada en él durante unos largos segundos. A Bellamy no le pasó desapercibido el interés que se vislumbraba en la mirada de la chica-. No sé si tu hermana te lo habrá comentado, pero te lo digo por si quieres pasarte por allí.

-¿De qué tipo es la fiesta? -al fin pudo decir una frase coherente y parecía que el efecto inicial que la chica había tenido en él estaba mermando poco a poco-. No me gustaría aparecer con un conjunto que no fuese el apropiado, ¿sabes?

Clarke se rió ante el comentario del chico y dijo:

-Es una fiesta de máscaras. El conjunto lo elige cada persona... -hizo una pausa adrede y Bellamy le mantuvo la mirada esta vez, bastante divertido-. Aunque puedes ir sin conjunto: seguro que así no te equivocas.

Seguidamente, Clarke caminó calle abajo dando la espalda a Bellamy, cuyos ojos estaban abiertos como platos.

Acababa de conocer a esa chica y ya tenía ganas de conocerla más. En todos los sentidos. Definitivamente, tenía que contarle esto a Lexa.