Aquí el tercer capítulo del fic, esperamos que os guste y lo disfrutéis.
Y, como siempre, recordad que podéis comentarnos con qué os va pareciendo la historia y cómo creéis que va a evolucionar.
¡Nos vemos dentro de poco!
CAPÍTULO 3.
Lexa dio un bote en la cama cuando abrieron la puerta de par en par.
- ¿Estabas dormida?
- ¡No! –se quejó mirando a Bellamy, levantándose para ir hacia el baño. Sí, estaba dormida.
- ¿Se te han pegado las sábanas? –escuchó la chica a través de la puerta. Ni mear la dejaba tranquila. - ¿O es que has tenido sueños húmedos con la chica de la grada?
- Eres un pervertido, Bell – contestó.
- Tengo novedades – sonrió el chico cuando vio a su amiga salir despeinada del baño.
- Yo también – lo miró seria. – Necesito cambiarme y, oh, sí, - ironizó–, no quiero que me veas en bolas.
- Ya te vi en bolas, y déjame decirte, Lexa, que es una pena que seas lesb… - no le dejó acabar la frase porque le lanzó unos calcetines doblados en toda la cara.
- No seas idiota. Date la vuelta y cuéntame esas novedades – le hizo caso.
- He conocido a la chica rubia del otro día, la de tus sueños húmedos – se quejó cuando un peluche le golpeó en la cabeza.
- ¿Ah, sí? – se interesó.
- Sí, me la crucé ayer mientras daba una vuelta antes de ir a dormir, ya sabes cómo es Monty con sus horarios… - se quedó pensativo antes de seguir. – La cosa es que me ha hablado de una fiesta que van a hacer en dos días, el viernes, ¿vamos? – la invitó.
- ¿A una fiesta? – se extrañó. ¿En serio Bellamy la estaba invitando a "una fiesta"? – No, gracias.
- Vamos, Lex, será divertido. Tú, yo, el baile, las máscaras… La pasión surgiría en cuestión de segundos.
- ¡No! – la morena se quitó el pijama, dejándolo tirado en su cama y Bellamy empezó a protestar–. Yo también me la encontré en la biblioteca.
- ¿Sí? ¿Y hablasteis?
- Bah, cosas sin importancia – empezó a vestirse.
El flechazo por Clarke fue real como la vida misma, pero se sentía muy estúpida si le decía ahora a su amigo que le gustaba igual un poco más en serio de lo que pensaba. Y es que en lo último que pensó antes de quedarse dormida anoche fue en esos ojos azules, decidiendo que quería saberlo todo de ella.
- Bueno, es tu oportunidad de conocerla un poco mejor… -tanteó el chico a su amiga, que ya le permitió que mirase, y se quedó pensativa unos segundos antes de que ambos se dieran un susto al escuchar la voz de Octavia que se sentaba en su cama frotándose los ojos.
- Yo voy a ir – comentó, antes de encerrarse en el baño.
- Me lo pensaré, Bellamy – dijo antes de coger su mochila y empezar a andar.
- Ya sé que vas a decir que sí… - sonrió y apretó el hombro de Lexa juguetón, llevándose una mirada de reojo de la chica una vez se puso a su lado para ir a la clase del conocido "profesor Kane".
La alarma de comienzo de clase sonó por el pasillo indicando a los alumnos que debían entrar en el aula.
Bellamy y Lexa lo hicieron juntos mientras hablaban y llevaban libros en los brazos. Las mesas eran individuales y estaban dispuestas en filas de una persona por toda la clase. Bellamy se sentó en la segunda fila y tras él Lexa, que empezó a sacar el estuche y una libreta de su mochila al mismo tiempo que Bellamy abría uno de los libros para echarle un vistazo al contenido.
Unos segundos después, este se dio la vuelta para hablar con su amiga. Los demás estudiantes entraron poco a poco y se sentaron a su alrededor.
-¿Estás nerviosa?
-¿Por? -le contestó ella sin levantar la vista, concentrada en ordenar los apuntes de otra asignatura.
-Por el profesor, Lex –le quitó un bolígrafo-. ¿Me lo prestas?
Lexa lo miró de reojo y asintió levemente. Bellamy sonrió y le lanzó un beso en respuesta.
-¡Muy buenos días, chicos!
Una voz grave y profunda llenó todos los rincones del aula. Los alumnos giraron la cabeza para observar al hombre que pasaba por la puerta en ese momento: gafas de pasta, camisa blanca y vaqueros oscuros. Daba la impresión de que aparentaba menos edad de la que en realidad tenía. Bellamy se sentó de forma correcta y Lexa se ajustó las gafas sobre la nariz.
Cuando el hombre llegó al escritorio que había frente a la pizarra habló de nuevo:
-Veo algunas caras conocidas, pero la mayoría solo habréis oído hablar de mí... O tal vez no.
Se oyó alguna que otra risa proveniente de las últimas filas. Lexa se giró para comprobar que tres chicas se llevaban la mano a la boca, tapándosela, y no dejaban de mirar al hombre. Anda que...
-Bueno, supongo que ya tendréis unas nociones básicas de programación y de cómo funciona tanto en software como en aplicaciones móviles, pero ¿alguna vez habéis hecho alguna? -dos alumnos alzaron la mano-. Ya veo. Lo siento por vosotros, chicos, pero uno de los trabajos de esta asignatura será crear una aplicación móvil con una programación impecable.
Se oyeron resoplidos y protestas, aunque a Lexa se le iluminaron los ojos. Le encantaban los trabajos en los que podía demostrar que sabía utilizar todo lo que había aprendido. A Bellamy también le parecían interesantes, pero su fuerte era aprender la teoría e investigar cómo funcionaba el software informático.
-Si ya lo habéis hecho en otra asignatura, eso que os ahorráis. Creo que en el último año de carrera es necesario que tengáis unos conocimientos prácticos que os harán falta en el mundo laboral. En la universidad siempre se le da demasiada importancia a la teoría...
Dejó el maletín que llevaba en la silla del escritorio y se remangó la camisa. Bellamy levantó la mano en ese instante y Kane le hizo un ademán con la cabeza para indicarle que podía intervenir.
-Supongo que será porque es fundamental, profesor.
-En efecto. ¿Puedes decirme tu nombre, por favor?
-Blake.
-No, me refiero al nombre de pila.
Bellamy hizo un gesto de extrañeza ante la petición. Todos los profesores sin excepción llamaban a sus alumnos por su apellido: era una especie de protocolo implícito en el ámbito académico de aquella universidad. También era cierto que, según los rumores, este profesor era bastante particular...
-Bellamy.
-Bien, Bellamy –Kane apuntó en un cuaderno pequeño algo con lo que parecía una pluma estilográfica. ¿Una pluma? ¿En serio?-. Como tú dices, sin una teoría bien fundamentada es imposible ejecutar cualquier cosa con perfección. Por otro lado, sin la práctica todo se queda en el limbo. ¿De qué lado estás, Bellamy?
-De ambos, profesor.
-Puedes llamarme Kane. Todos –dijo señalando a la clase entera-. Bellamy, la vida se trata de elegir en todo momento: ¿teoría o práctica?
Lexa miraba el lado derecho de la cara de Bellamy, el único que podía contemplar desde su posición. Aunque no le veía la expresión por completo, podía imaginarse que su amigo estaba bastante confundido por el comportamiento de aquel profesor.
-Ambos, prof... Kane.
-Te haré la misma pregunta al final del cuatrimestre, Bellamy, y veremos si tu respuesta ha cambiado.
El resto de la clase transcurrió de forma más o menos cotidiana. El profesor Kane tenía costumbres especiales para tratar con los alumnos, lo que hacía el ambiente más cercano y la lección mucho más amena y fácil de entender.
Cuando volvió a sonar la sirena, Kane se despidió con unos extensos deberes para dentro de dos días. Los alumnos se quejaron y les prometió traer caramelos la próxima vez si todos se portaban bien. Las risas inundaron el aula.
Lexa se quedó rezagada y no apartaba la vista de Bellamy. A pesar de haberse comportado como siempre en clase, ella sabía que los primeros comentarios del profesor lo habían dejado un poco trastocado.
-Bell, ¿nos vamos? -le dijo poniendo una mano en su hombro.
-¿Eh? Sí, sí.
Kane seguía tras el escritorio escribiendo en su libreta. Lexa y Bellamy eran los últimos alumnos y salieron en silencio bajo la atenta mirada del profesor. Quedaban pocas horas para el almuerzo, pero Lexa quiso aprovechar para ir a la biblioteca, empezar a adelantar ejercicios de la clase a la que acababan de asistir, y de paso sacar unos libros que había apuntado durante la lección. Bellamy prefirió darse una vuelta por la facultad y reunirse con amigos del equipo de rugby para así despejarse un poco. Quedaron en encontrarse en la puerta de la cafetería directamente a la hora que acordaron con Octavia.
Su corazón latía muy rápido contra su pecho. Dios, se sentía idiota. ¡Que tenía ya una edad! Levantó otra vez la mirada, volviéndose a encontrar con esos ojos azules que la miraban divertida tres mesas alejada de ella, mientras mordía un bolígrafo con una sonrisa en los labios.
La saludó con la mano y la vio guiñarle un ojo. Lexa lamió sus labios antes de volver a mirar sus libros y seguir con los esquemas de la asignatura de Kane. Le gustaba siempre hacer esquemas de la teoría para luego ponerse con los ejercicios más prácticos.
Volvió a oler ese perfume a su lado y suspiró internamente antes de girarse hacia su izquierda y verla mordiéndose el labio, pero esta vez su rostro indicaba nerviosismo más que tonteo.
- Me parecía una tontería desaprovechar este sitio – susurró-. ¿Te importa si estoy aquí?
- No, claro, puedes quedarte, esto no es mío… - ¿"Esto no es mío"? Qué idiota.
Lexa sonrió cuando la chica rió suavemente y sacó el libro pesado del día anterior. Ahora fue el turno de la morena de morderse el labio antes de sumergirse de nuevo en ese tema primero de la asignatura.
Pasaron los minutos en silencio, pero aun así podía notar el bombeo de su corazón hasta en las sienes. Miró de reojo a la chica… Era preciosa, era una realidad suprema…
Entonces sonó un pitido de su reloj, que llamó la atención de Clarke, mirándola curiosa.
- Tiempo del descanso – susurró antes de levantarse.
- ¿Puedo acompañarte? – y Lexa asintió, saliendo juntas de la biblioteca dejando sus cosas donde habían estado sentadas. - ¿Tienes unos horarios de estudios? – preguntó ya fuera con voz normal.
- Sí, una vez leí en un artículo científico que el cerebro humano sólo puede estar concentrado unos cuarenta-cuarenta y cinco minutos, después todo es tiempo perdido. Entonces los expertos recomendaban para los estudiantes estar ese tiempo estudiando y tener un descanso de unos diez-quince minutos antes de volver a estudiar.
- Qué interesante… Igual lo pongo en práctica – sonrió.
- Yo desde que lo hago soy más feliz e incluso mejor persona – levantó su dedo para dar más importancia a sus palabras, y otra vez hizo reír a la chica. Podría acostumbrarse a eso fácilmente.
- Encima lo dices con esas gafitas y todo queda más profesional y creíble, ¿sabes? – otra vez se acercó a ella para levantar sus gafas– Tienes la nariz muy pequeña…
- Ya, es una maldición necesitar gafas y tener esta nariz – se la señaló, y observó que los ojos de Clarke estaban recorriendo todo su rostro, es más, estaba muy cerca y ahora estaba teniendo mucho calor-. ¿Te apetece tomar algo en la cafetería? Solo nos quedan diez minutos…
- Te invito yo – sonrió.
- Entonces… ¿vas a ser enfermera? – se interesó por sus estudios mientras andaban otra vez juntas.
- Sí, el sueño frustrado de mi madre – rió irónica.
- ¿Qué te apetece? – preguntó una vez dentro.
- ¿Qué vas a tomar tú?
- Un zumo – Clarke sonrió divertida.
- Vale, yo otro zumo – sí, era un poco ridícula en ese aspecto, pero fue la primera vez que alguien no dijo nada sobre lo que pedía o dejaba de pedir.
- ¿Y en qué trabaja tu madre? Si no es mucho preguntar – pagó las dos bebidas, a pesar de que Lexa dijo que no hacía falta, y la más alta se encargó de llevar los dos vasos a una mesa para que se sentaran juntas.
- No, tranquila, es la decana de la facultad de informática, ¿no la conoces?
- ¿Abigail Griffin es tu madre? – se sorprendió.
- Vamos, ni que fuese Beyoncé, no es para tanto – movió su mano quitándole importancia, pero Lexa seguía sorprendida. - ¿Y tú? ¿Qué te gustaría hacer en un futuro?
- Es muy friki, probablemente te espantaría – bebió de su zumo.
- Vamos, dímelo, no me voy a ir a ningún lado – se inclinó sobre la mesa, interesándose, pero lo único que consiguió fue que los ojos de Lexa se percataran de esa parte de su anatomía que no había tenido el lujo de conocer.
Abrió la boca, antes de cerrarla de nuevo, y subir sus ojos rezando para que no hubiese visto nada de lo que acababa de pasar.
- Quiero… - volvió a beber porque notó su garganta seca. – Me encantaría trabajar en alguna empresa que desarrolle videojuegos.
- Es friki – admitió. Bien, su derrota, adiós a la chica de sus sueños. –, pero me parece un gran trabajo, quién pudiera trabajar rodeada de videojuegos– se rió-. ¿Crees que necesitaríais enfermeras por ahí cerca?
- Igual cuando empiecen los ataques epilépticos tras estar muchas horas pegados a la pantalla. –quiso bromear, llevándose otra melodía para sus oídos en forma de risa. Se quedaron unos segundos en silencio, mirándose a los ojos, y sonrió avergonzada antes de preguntar lo que le rondaba por la mente desde el momento en que la vio en la biblioteca-. ¿No decías que no habías pisado nunca la biblioteca? Ya te he visto dos días seguidos… - sonrió para que la frase no sonara antipática, sino como una pregunta interesada.
La rubia lamió sus labios tras haber bebido de su vaso, y sonrió.
- He descubierto que hay otras cosas interesantes en una biblioteca…
Se miraron fijamente, y Lexa no quiso ilusionarse, pero… ¿se estaba refiriendo a ella? ¿Hablaba de ella? ¿Si no apartaba la mirada de su cara era que sí que hablaba de ella?
Ambas se sonrieron y miraron hacia otro lado al mismo tiempo, terminando lo que había en su vaso antes de volver a la biblioteca.
Se colocaron en la fila con sus respectivas bandejas. Tenían que esperar hasta que llegase su turno y entonces pedir el menú del día. El mejor día para venir a comer a la cafetería era el viernes, pero aún así las primeras semanas de curso siempre eran estupendas porque los cocineros venían con ganas de trabajar después de las vacaciones de verano. Cuando le tocó a Lexa se pidió dos platos y Bellamy tres.
-Desde clase estás muy callado, Bell.
Solía ser Bellamy quien estuviese pendiente de Lexa la mayor parte del tiempo para comprobar continuamente si se encontraba bien. Era un defecto o una virtud según el cristal con el que se mirase, pero las circunstancias lo habían propiciado. No obstante, Lexa también había desarrollado un lado protector para con su amigo cuando sabía que necesitaba su atención.
-Estaba pensando, perdona –le sonrió-. La clase de Kane me ha resultado un poco extraña. No estoy acostumbrado a que los profesores traten a los alumnos con tanta…
-¿Naturalidad?
-Sí, se podría decir que sí.
Caminaron bandeja en mano hacia la mesa en la que se encontraba Octavia pero esta vez no estaba sola: Clarke y Raven estaban sentadas a su lado comiendo y riendo a partes iguales.
-Anda, mira, hoy tenemos bastante compañía –le susurró Bellamy a Lexa, acercándose a su oreja. Esta no apartaba la vista de Clarke, quien aún no se había dado cuenta de su presencia. Al mismo tiempo, Bellamy rió para sí por tener la oportunidad de almorzar junto a la rubia, aunque no fuese a solas.
-¡Chicos, hola! –Octavia levantó la mano para llamar la atención de Lexa y Bellamy, por si no se hubiesen percatado de que estaba allí.
-Ya te habíamos visto, O –le dijo Bellamy cuando llegaron.
La mesa era redonda: al lado de Clarke había un hueco libre frente a Octavia también. Bellamy optó por sentarse delante de su hermana y Lexa no tuvo otra opción que sentarse en el sitio que quedaba. Dejó la mochila entre sus piernas y cuando alzó la vista pudo ver los ojos de Clarke a poca distancia de los suyos, mirándola.
-Hola, Lexa. ¿Cómo estás?
El corazón de Lexa latía a cien por hora. Se le cayó una libreta que llevaba en la mano debido a los nervios y Clarke se inclinó para recogerla.
-Veo que las clases no te han sentado muy bien, ¿no?
-Pues no mucho, la verdad –contestó en voz baja, solo para que ella pudiera escucharla.
-¿Qué asignatura teníais? –preguntó curiosa Octavia a Lexa, que sí había oído algo de la conversación.
-Programación especializada con el profesor Kane –contestó Bellamy en su lugar, dirigiéndose tanto a su hermana como a Clarke.
-Agh, os entiendo… -Clarke hizo un gesto de asco y Octavia y Raven se rieron. Lexa sonrió mientras empezaba a comer de su plato.
Solo Bellamy no sabía el motivo de su risa y levantó una ceja a la vez que sonreía un poco divertido.
-¿Soy el único que no se ha enterado del chiste o qué?
-Ay, lo siento –dijo Clarke mordiéndose el labio mientras miraba al chico-. Es que mi madre está con él, por eso…
-¿Cómo? –exclamó Bellamy al mismo tiempo que tosía por culpa del refresco.
-Cuidado, Bellamy, a ver si te atragantas –le dijo Octavia.
Lexa le dio unas cuantas palmaditas en la espalda y Bellamy le dio las gracias cuando pudo volver a hablar, dándole la mitad de su postre.
-¡No digas eso! –protestó Clarke- Pobrecito…
Una vez se recuperó, Bellamy se dio cuenta de que Clarke no le quitaba el ojo de encima.
-¿Estás bien?
-Sí, sí, gracias –Bellamy había visto en los ojos de la rubia la misma preocupación que mostró por Lexa el día del partido de rugby, cuando ambos la vieron por primera vez. Se alegraba de provocar ese sentimiento en la rubia.
-Lexa, ¿sabes que a Clarke también le encantan los videojuegos? –dijo Octavia de improvisto. Lexa se mordió la lengua para no replicarle, pero ya tendría tiempo de pillarla cuando estuviesen en la habitación. Se haría una nota mental para no contarle demasiados detalles de quien le parecía atractivo o no.
-¿Ah, sí? –preguntó Lexa, esta vez mirando a Clarke. Claro que lo sabía, habían hablado de ello en la biblioteca, pero parecía que Clarke no había comentado sus visitas a ese lugar ni que se la había encontrado allí. Se imaginó que tal vez esos momentos fuesen tan secretos para ella como lo eran para Lexa…
-Sí, me gustan bastante…
-Nunca entenderé esa pasión por las cosas virtuales. Lo mejor está ahí fuera –dijo Raven, pues acababa de terminar su menú.
-A mí no me disgustan, pero creo que se pueden hacer actividades mucho más placenteras –Bellamy se ganó la mirada cargada de odio de Lexa y Octavia por sacar a relucir siempre el mismo tema-. ¡No me refería a eso! Desde luego, cría fama y échate a dormir... Me refería al deporte al aire libre.
-¿Practicas alguno? –quiso saber Raven, quien siempre tenía algo que hacer en ese aspecto: correr, pasear, baloncesto, etc.
-Sí, desde hace muchos años practico surf. Menos mal que la playa está aquí al lado, si no hubiese sido difícil aguantar la universidad todos estos años…
-Clarke, a ti te interesaba también el surf, ¿verdad? –le preguntó su amiga, echándole un brazo por los hombros-. Aquí donde lo ves, mi hermanito ha participado hasta en campeonatos de surf, ¿sabes? Y esta de aquí tampoco se queda atrás –dijo esta vez Octavia señalando a Lexa, que se sonrojó ante el halago.
-Es que eso de estar cerca del agua, con el viento dándote en la cara y con poca ropa, por supuesto… -Lexa le dio un empujón a Bellamy por el comentario- ¡Eres mala conmigo! –dijo mientras hacía un mohín con los labios.
-Voy a tener que limpiarte el cerebro, porque ya otro remedio contigo no sirve.
De repente, la risa de Clarke los sacó de la escena y ambos se giraron para mirarla.
-Sois muy graciosos juntos.
-Más de una vez nos lo han dicho, sí.
-¿Me podríais dar alguna clase de surf?
Afortunadamente, Bellamy no estaba bebiendo nada en ese momento porque se hubiese atragantado de verdad, igual que Lexa, que se había quedado paralizada durante un segundo ante la proposición de la chica.
-C-claro que sí –respondió Bellamy, aún sorprendido- ¿Verdad, Lex?
Le dio un codazo a su amiga. Octavia la miraba con interés para ver su respuesta, que no llegó porque Raven interrumpió el momento.
-Bueno, chicos, os dejo. He quedado para ir a ver el vestido que me pondré el viernes. ¡nos vemos luego!
-¡Adiós, Raven! Es verdad, la fiesta… ¿Al final venís vosotros? –les preguntó Clarke a Bellamy y Lexa.
Estos se miraron, como si telepáticamente pudiesen saber lo que el otro pensaba. Finalmente respondieron al unísono:
-¡Claro, por supuesto!
Otra carcajada de la rubia les hizo sonreír, al igual que a Octavia.
La semana había transcurrido tranquila y rápidamente. Las clases habían sido bastante ligeras por ser comienzo de cuatrimestre y los viejos amigos se habían vuelto a reencontrar. Uno de los temas recurrentes además era la fiesta de bienvenida del viernes a la que todos podían asistir, incluso los profesores si se animaban.
Sin embargo, a lo largo de estos días Bellamy y Lexa habían hablado poco del evento: Lexa no mostraba nunca mucho interés en este tipo de celebraciones, pero esta vez tenía una buena excusa para asistir. Una muy rubia, sí cabe decir.
Bellamy, por otro lado, estaba más que emocionado por que llegase el viernes: se moría de ganas de mover el esqueleto un poco, divertirse y, claro, ver a Clarke de nuevo. Curiosamente, ninguno de ellos había vuelto a sacar a colación el tema de la rubia. A Lexa le era difícil mostrar sus sentimientos, ya fuesen más intensos o menos, y Bellamy no solía explicarle con mucho detalle a su amiga qué ocurría en su cama o fuera de ella con las chicas que salía. Ambos preferían omitir ese tema entre ambos y así había sido desde casi siempre.
Los encuentros de Lexa y de Clarke en la biblioteca se habían repetido toda la semana y Bellamy y la rubia habían coincidido más de una vez en el pasillo, donde compartían guiños y miradas que no prometían nada bueno.
El viernes por la mañana tanto Bellamy como Lexa se levantaron con un solo pensamiento en la cabeza: disfrutar de la noche tanto como pudiesen.
Viernes, ocho de la tarde. Bellamy estaba terminando de arreglarse para la fiesta. Había quedado con las chicas fuera de la residencia y desde allí irían juntos. Monty ya se había ido con Murphy y Jasper hacía media hora aproximadamente.
Se miró por última vez en el espejo, se ajustó la chaqueta y se pasó una mano por los rizos de la frente.
-¡Listo!
Cinco minutos después llegaba al sitio en el que había quedado con las demás. Se apoyó en la pared y alargó una mano hacia el bolsillo para coger el móvil y entretenerse.
No le dio tiempo cuando por la esquina del edificio aparecieron dos figuras femeninas. Bellamy las reconoció enseguida y se acercó a ellas.
-Vaya, estáis preciosas, chicas.
Octavia llevaba una minifalda negra y una blusa blanca vaporosa que contrastaba con el moreno de su piel. Por otro lado, Lexa había optado por un vestido corto veraniego, estampado con pequeñas flores y escotado por la espalda.
-Tú tampoco estás nada mal, Bell –le dijo Lexa, sonriéndole, al verle arreglado. Lo había visto así en muchas ocasiones, pues a los hermanos Blake les encantaba prepararse para un acontecimiento de cualquier tipo, pero eso no excluía que con los años la chaqueta beige de traje junto con los vaqueros oscuros le quedase mejor a su amigo.
Hablaron del día en el camino hacia el Salón de Actos y cuando llegaron se sorprendieron. Estaba irreconocible, parecía que ya no se encontraban en la universidad siquiera. La temática de la fiesta eran las máscaras y las mismas paredes de la sala estaban decoradas con antifaces enormes de todo tipo. Tiras de lazo de colores oscuros colgaban de las esquinas y terminaban la ornamentación de los muros.
Las luces asimismo se habían vuelto más tenues, de un color anaranjado y acogedor, pero sin perder el ambiente de fiesta: una gran bola plateada colgaba del techo dando vueltas y otorgando al Salón de Actos un cierto aspecto de discoteca improvisada.
En los laterales se habían colocado mesas alargadas con comida a rebosar: carne, ensalada, pasteles y aperitivos. Cómo no, las bebidas tampoco podían faltar y el ponche hecho por los mismos universitarios era el favorito de todos.
La música tampoco se quedaba atrás: se podían oír canciones de varios estilos, desde los más fiesteros hasta los más lentos.
Los profesores estaban situados casi en fila cerca de la entrada de la sala. La mayoría eran conocidos, pero había otros que no. Era lo que ocurría a principio de curso: nunca se sabía si vendrían nuevos docentes a la universidad.
Bellamy, Lexa y Octavia llegaron no demasiado puntuales con la intención de que la fiesta estuviese más animada una vez se llenase de más personas, y no se equivocaron. Estudiantes que nunca había visto, que sí conocían o que eran nuevos bailaban sin cesar, otros se reunían alrededor de las mesas riendo y conversando.
En medio de la multitud pudieron ver a Raven y a Clarke bailando la una con la otra. Los antifaces de las dos eran muy distintos: el de Raven era negro por completo, con encaje alrededor de los bordes. El de Clarke era color aguamarina y acentuaba tanto el color de su pelo como el de sus ojos. En un movimiento que hicieron y que casi las lleva a caerse al suelo se dieron cuenta de la presencia de los tres y los saludaron con la mano.
-Chicas, voy a por algo de beber. ¿Queréis una copa? –les preguntó Bellamy a su hermana y a Lexa, quienes rechazaron la oferta por ahora-. Vale, nos vemos en un rato.
Bellamy caminó hacia una de las mesas donde estaba el ponche y en cuanto llegó entabló conversación con un chico que ya estaba allí. Lexa y Octavia se adentraron en la multitud y esta última no pudo contener las ganas de bailar. Lexa se reía mirando a su amiga: envidiaba lo desinhibida que podía llegar a ser sin importarle lo que los demás pensasen de ella en ese momento. Octavia se percató de la diversión que provocaba en su amiga y, para hacerla reír aún más, dijo lo siguiente:
- ¿My lady? – Octavia agarró los extremos de su minifalda, haciéndole una reverencia a Lexa.
- ¿Señorita? – Lexa la imitó, pero haciendo la reverencia estirando un brazo y poniendo el otro sobre su abdomen.
Agarró la cintura de la chica con una mano, y agarró la otra, mientras Octavia ponía delicada su mano sobre el hombro de la más alta. Fue Lexa la que llevó el ritmo de aquel baile que hacían de forma cómica y exagerada, al ritmo de la canción que sonaba de fondo tocada por una banda.
- ¡Cambio de pareja! – gritaron a los minutos de estar dando vueltas.
Octavia se giró sonriendo y cayó en los brazos de Bellamy, que había estado bailando con una chica, antigua amante, que le pidió que bailase con ella, aun así, él tenía otro objetivo en mente, y era la rubia que había caído en los brazos de Lexa.
- Hola – sonrió a una nerviosa Lexa, que apoyó su mano en la cintura de la chica y entrelazó la otra con la de aquella chica que le quitaba el aliento.
- Hola – devolvió la sonrisa. ¿En qué momento Octavia decidió que llevar ese vestido con su espalda al aire era buena idea? Ahora la mano de Clarke podía tocar perfectamente su piel.
Empezaron a bailar, girando sobre ellas mismas, la máscara que había elegido Clarke hacía que el color de sus ojos resaltase aun más. La verdad es que admitía haber aceptado ir a ese baile solo por ese momento con la chica.
- Jamás te imaginé con un vestido… - Lexa sonrió.
- En ocasiones como estas, suelo ponérmelos.
- Te quedan de miedo, vaya piernas tienes, que envidia – la morena tragó saliva con la mirada que le echó.
- Tú estás increíble ahora mismo… - y en su cabeza tenía una frase mejor construida, pero con los nervios que sentía no pudo decir otra mejor, y menos con esos ojos azules fijos en los suyos.
Clarke estaba muy cerca de ella, sus cuerpos bailaban al ritmo de la música y se mantenían pegados mientras giraban, y Lexa no podía obviar lo que sentía contra su pecho, y miró eso que lo presionaba y volvió a tragar saliva porque llevaba un escote…
En esos instantes, para romper el momento, recibió un pequeño empujón desde atrás.
- Ten cuidado con quien te juntas, Clarke – se escuchó a Murphy comentar pasando por su lado bailando con una chica morena.
- Pasa de él, es idiota – dijo la rubia.
- ¿Os lleváis bien?
- Coincidimos antes de entrar en la universidad, nos conocemos desde entonces... Digamos que nos toleramos.
No contestó, simplemente se dedicó a girar agarrada a la chica, mirando sus ojos azules unos minutos más antes de que volviese a haber un cambio de pareja.
- Hola, bombón – saludó Bellamy agarrando a Lexa cerca de él. – Parece que nuestra rubia se lleva bien con todos los aquí presente, la he visto ya bailar con más de uno, y de una.
- ¿Eres una espía ahora? – sonrió.
- Un espía interesado en cazar las chicas sexys de la Universidad – la expresión de Lexa cambió por unos momentos, ¿y si Bellamy estaba también interesado en ella? - ¿Estás bien? – se preocupó mirando a su amiga.
- Sí, claro, es sólo… - suspiró, no, no lo iba a contar…– No importa.
- Sabes que me lo puedes contar, ¿verdad? – y subió su barbilla para que lo mirase, Lexa llevaba unos días extraña, y estaba preocupado por si estaba pasando algo por su mente.
- Sí, lo sé – sonrió al chico–. Voy a por algo de beber… - Bellamy la siguió con la mirada, pero algo lo sacó de sus pensamientos.
- ¡Cambio de pareja!
El chico sonrió cuando vio caer en sus brazos a Clarke.
-Buenas noches, princesa.
La timidez que antes inundaba a Bellamy cuando se encontraba con la rubia había desaparecido por fin y ya podía ser él mismo con ella. Aunque eso no quitaba que lo siguiese poniendo bastante nervioso.
-Muy buenas noches –le respondió ella con una radiante sonrisa mientras Bellamy la hacía girar sobre sí misma para luego atraerla hacia él en un abrazo dentro del baile.
-Y tan buenas –le susurró al oído.
La rubia rio en respuesta. Se separó un poco de él y pasó los brazos por su cuello. La canción que sonaba no era precisamente lenta como para bailar de esa forma, pero en ese instante era lo que menos les importaba.
-Ha empezado tranquila, pero ahora ha mejorado bastante…
-¿Ah, sí? –quiso saber Bellamy mientras agarraba la cintura de la rubia con una mano y con la otra recorría su espalda cubierta por el vestido.
-Sí –respondió ella. Sin previo aviso, se acercó más al cuerpo de Bellamy y apoyó la cabeza en su hombro-, desde el momento en el que has entrado por la puerta.
Bellamy tragó saliva y se mordió el labio. Todavía no se creía que la hubiese conocido hace menos de una semana y ya estuviesen en ese punto.
-Yo también podría decir que –en un rápido movimiento, le dio la vuelta a Clarke y pasó los brazos por su cintura, pegándola por completo a su pecho- desde que te he visto –le susurraba en la oreja, acercando sus labios peligrosamente al lóbulo de la rubia –la noche ha empezado a prometer.
-¿Qué promete? –preguntó Clarke con una risita.
-No sé, dímelo tú –le dijo tirando hacia abajo del antifaz del chico, bromeando.
Volvió a girarla y se separaron. La canción había cambiado y era un poco más movida que la anterior. Los demás bailaban a su alrededor pero ninguno de ellos se fijó en ninguno. Estaban rodeados y sin haberse dado cuenta se encontraban en el centro de la multitud. Raven, Lexa y Octavia se habían perdido por otro lado de la sala y ahí solamente estaban ellos dos.
Clarke empezó a moverse a poca distancia de Bellamy. El vestido que llevaba resaltaba su escote y los movimientos de la rubia hacían que sus piernas pareciesen las de una diosa griega. Bellamy no podía apartar los ojos de ella y estuvo observando cómo se movía. Ella tampoco le quitaba ojo de encima y parecía como si le estuviese incitando con su baile a cumplir aquello que la noche le había prometido.
No sabía por qué estaba dudando tanto en hacer lo que deseaba. Con cualquier otra chica ya estarían en una habitación contigua divirtiéndose… Pero con Clarke todo era distinto. No sabía qué era exactamente, pero la chica parecía haberlo embrujado desde el momento en el que la vio.
Ella se dio cuenta de que Bellamy no hacía otra cosa que mirarla, ni siquiera seguía bailando ya. Con un ademán de la mano le indicó a Bellamy que quería que se acercase a ella y este no pudo hacer otra que obedecerla. Cuando volvieron a estar a centímetros el uno del otro, Clarke levantó la mirada para fijarla en la de Bellamy y luego en sus labios. Se pasó la lengua cerca del lunar que tenía sobre el labio superior, como si estuviese saboreando al moreno. Bellamy se dijo que no podía pasar un minuto más sin saborear esa pequeña mota que decoraba los labios de Clarke.
Con una mano en la cintura y en la nuca a la rubia, la atrajo hacia sí. Notaba la respiración de la rubia sobre él y presionó sus labios con los de ella. El beso no era en absoluto tierno o suave, sino todo lo contrario: las bocas se movieron con ganas al ritmo de la música, las lenguas se conocieron por primera vez y bailaron en un sinfín de movimientos húmedos. Clarke mordió el labio inferior de Bellamy y este ahogó un gemido dentro del beso. Apretó su cuerpo más con el de la rubia y sus manos viajaron a su pelo, agarrándolo con fuerza. El deseo era notable entre los dos y el calor poco a poco iba creciendo en sus cuerpos.
-¡Cambio de pareja!
La multitud se movió y alguien se chocó con la espalda de Bellamy, rompiendo el beso con Clarke. Se dio la vuelta, buscando a quien le había empujado y se encontró con Raven casi perdiendo el equilibrio y recolocándose el antifaz.
-Malditos cambios...
Bellamy se giró para despedirse de Clarke pero ya no estaba allí y no había rastro de ella a su alrededor. Se mordió la lengua, frustrado, pero seguidamente sonrió por lo que acababa de pasar.
-¿Quieres dejar de sonreír como un tonto y bailar conmigo?
Bellamy se fijó en Raven, que lo miraba con una ceja alzada y las manos apoyadas en la cintura. Sin mediar palabra, se acercó a ella y empezó a bailar.
-Increíble…
Bellamy salió de su ensimismamiento.
-¿El qué?
-Tu hermana dice que no te callas ni debajo del agua y siempre que te veo no sabes qué decir.
Bellamy abrió los ojos, asombrado ante la acusación de la chica. Es cierto que con la aparición de Clarke su capacidad para comunicarse cuando ella estaba delante había dejado que desear, pero no era para tanto…
-¿Y quién te dice que no sé qué decir y que prefiero no hablar?
-Entonces me estarías confirmando la fama de capullo que tienes.
No se esperaba la indiferencia con la que Raven le estaba comentando todo aquello.
-Gracias por el cumplido, oye.
Ella lo miró y, tras unos segundos de tensión, le sonrió y le guiñó un ojo.
-De nada. Para eso estamos.
-¡Cambio de pareja!
- Tengo que ir al baño. No tardo – Octavia volvió a entrar en el edificio dejando a Lexa fuera.
Le había dicho que tenía ganas de irse ya, pero estaban esperando a Raven que también quería largarse, y Lexa, como no tenía mucho más que hacer allí, decidió acompañarlas. Además, era ya de madrugada, a saber cuánto le costaba quedarse dormida esa noche…
- ¿Has visto a Octavia? Me han dicho que estaba aquí – escuchó esa voz ronca a su lado.
- Ha ido al baño, dice que volvía en un rato – sonrió a la chica, que se apoyó en la pared a su lado.
- ¿Te lo estás pasando bien?
- Sí, ha estado bien – la miró, y observó su sonrisa unos segundos antes de volver a mirar ese azul que la tenía obsesionada-. ¿Y tú? ¿Te lo estás pasando bien?
- Me habría gustado tenerte más cerca para haber bailado otra vez contigo.
- Cuando quieras, podemos volver a bailar juntas – le ofreció, y esperaron unos minutos a que Octavia volviese.
- O se ha perdido, ¿quieres dar un paseo por la playa? No queda muy lejos, y no llevamos tacones muy altos…- ofreció.
¿Y quién era ella para decir que no a semejante rubia?
Empezaron a andar juntas, dirigiéndose hacia el paseo marítimo. Le gustaba, y mucho, sin apenas conocerla, y tenía muy seguro que no era sólo por el físico, sino que lo poco que habían compartido le había llamado la atención. Y, además, parecía buena amiga de Octavia, y si de algo no dudaba, era de ella y su capacidad para elegir amistades.
- ¿Quieres bailar? – preguntó la morena algo nerviosa y tímida una vez sus pies tocaron la arena.
- ¿Aquí? – sonrió bajo la luz de la luna.
- ¿Ves un sitio mejor que este?
Lexa extendió la mano que no sujetaba los tacones, que se quitó antes de entrar en la playa, y Clarke la agarró dejándose arrastrar por ella. Pegó sus cuerpos y empezó a moverse como si se tratara de un baile de salón, inventándose un ritmo sin melodía y disfrutando de las miradas que ambas compartían.
Estiró el brazo e hizo que diera una vuelta sobre sí misma, antes de continuar bailando en la arena, escuchando las olas romperse en la orilla, hacia donde se iban acercando con cada paso que daban. En la segunda vuelta que le dio, perdieron el equilibrio y acabó Clarke sentada de culo en la arena, y Lexa de rodillas frente a ella, y ambas rieron a carcajadas por la situación.
Aprovecharon para, en silencio, sentarse mirando hacia el mar, una al lado de la otra, y sintió un escalofrío cuando la mano derecha de Clarke acarició la suya, que estaba apoyada sobre la arena. Lexa las miró, y movió la suya, poniéndola con la palma hacia arriba, y la rubia dio el paso entrelazando sus dedos.
- Tengo que decírtelo, supongo que con algo de alcohol en mis venas no va a impedir que te lo diga – sonrió.
- Dispara, puedes decirme lo que quieras – igual le pedía algo de distancia, habría notado que babeaba por ella…
- Lo llevo pensando toda la noche – habló cortando sus pensamientos, haciendo que volviera a conectarse verde con azul. –, pero ahora que te has quitado el antifaz puedo confirmarlo – cogió aire. –. Con gafas me parecías una chica muy mona, pero cuando te las quitas estás espectacular. – Lexa rio nerviosa.
- Gracias – aceptó el cumplido–. Tú estás espectacular siempre.
Ahora sí que se le iba a salir el corazón del pecho, sobre todo cuando ambas se miraron así sentadas de lado, y vio que los ojos de Clarke bajaron a sus labios.
- Me han dicho que eres buena guardando secretos, Lexa – susurró, poniendo nerviosa a Lexa cuando se inclinó-, y hay algo que tengo que hacer antes de que esta noche se acabe.
- ¿El qué? – fue la pregunta más estúpida del mundo mundial, pero le salió, no pudo retenerla, era por los nervios, y ella era muy patética.
- Hacerla mágica – miró unos segundos sus ojos, antes de volver a bajar a sus labios, y la vio terminar de inclinarse sobre ella.
No pudo hacer otra cosa que separar sus labios para recibir a los de la rubia. Fue simple, y terminó pronto, pero se quedaron sus bocas a milímetros de la otra, y Lexa aprovechó para acariciar su nariz con la suya antes de volver a atrapar sus labios, notando cómo se movía para buscar un mejor ángulo para las dos.
Su mano se apoyó en la espalda de Clarke y empezó a acariciarla, y la de la rubia acarició su mejilla antes de bajar a su cuello y atraerla más si podía. Ambas soltaron un suspiro al mismo tiempo, y se sonrieron, antes de volver a mirar hacia las olas, sintiendo un cosquilleo cuando el pelo rubio de la chica acarició su cuello cuando apoyó su cabeza en su hombro, entrelazando otra vez sus dedos.
Clarke le había besado, poniendo el toque final a una "noche mágica".
