Llego con la séptima entrega de este fic, ojalá les guste.

Advertencias: Digimon no me pertenece, sino a su creador. No excento de Takari wa.


Mientras lloro, recuerdo las palabras de Patamon, aquellas, medias fúnebres y nostálgicas, medias esperanzadoras y alegres, de que nos volveremos a ver.

Aquellas palabras que hicieron parar mi llanto. Una pausa de asombro, de la esperanza que infunde mi digimon en mí, la cual yo transmito a todos los demás, a todos mis amigos, que también tienen lágrimas.

Los veo y no gasto saliva en decir cosas que ya están sucediendo. Un aliento no dicho que reflejaría lo que sabemos.

Nos volveremos a ver, y más profundo, más allá de las depresivas lágrimas, veo lágrimas de esperanza.

Mi hermano me abraza, me alienta, me da consuelo. Pero me doy cuenta que ninguno de nosotros necesita consuelo, solo una mano en el hombro y una sonrisa.

Y río por el futuro alegre que se nos viene, puede que sea lejano, o más próximo de lo que creemos. Pero llegará, a fin de cuentas.

Mimi dice algo que tiene mucha razón, pero como es despistada, no se dio cuenta de que lo dijo.

La pena de la despedida, la alegría de la misma y la esperanza de volver a vernos.

Entonces me doy cuenta que la pena que tenemos está sobrevalorada, porque sabemos que pasará y nuestras dulces y agrias alegrías reinarán.

Reinarán cuando bajemos del bus de nuestros sueños y aventuras, de aquellas donde llegamos como elegidos que olvidaron sus dotes y ahora tenemos cantidades inmensas para apoyar a la gente que nos rodea y acompaña.

Porque gracias a todos, nuestros valores se masifican y nos sirven a nosotros mismos.

Le sonrío a Hikari, mi fiel compañera de aventuras.

Asi que agradeceré a todo aquel que tenga esperanzas, porque contribuye a la mía y podremos apoyarnos mutuamente.

Por Patamon y por mí mismo.