Así finaliza este fic, ojalá les haya gustado leerlo, tanto como a mí al escribirlo. Nos seguiremos leyendo, y recuerden, no es un "adiós", si no un "hasta luego".
Advertencias: Digimon no me pertenece, sino a sus creadores.
La luz del sol, aquel sol digital, aclara las gotas que caen de nuestras mejillas. Las hace brillar, porque son lágrimas que merecen del brillo de todo, aunque sean de un llanto melancólico, estas lágrimas son merecedoras de que se les otorgue brillo, que se les otorgue luz.
Porque eso demuestra, nuestra luz interior, nuestra pura luz de nuestras almas, almas en pena, almas felices. Almas que son, simplemente.
La imagen, nítido recuerdo de cuando nos despedíamos, aún perdura en mi mente. Es el brillo de mi esperanza, de la esperanza de todos.
Me limpio las lágrimas que caen fluidamente y sin parar de mis ojos, por mis mejillas, por el mentón, hacia el suelo.
Taichi me abraza. Todos estamos pasando por un trance, si bien triste, grato. Siento que somos uno en este preciso momento. Porque nuestro llanto está unido por una misma causa.
Me alegro por mis pensamientos. Esta travesía sirvió para una madurez, para recordar nuestros dones. Y agradezco lo pasado y lo por pasar con ellos, mis amigos; y con ellos, los digimons.
Porque el día aclara, y con ello, nuestros corazones. Viene un futuro donde siempre nos veremos. Si no es próximo, si no es en nuestra adolescencia, si no es en nuestra edad adulta, posiblemente aun así nos encontraremos todos juntos. Aunque sea en la muerte, la unión y los lazos son muy grandes.
Escucho a Mimi decir algo tan sabio, y es de esas veces donde no me sorprende que provenga de la chica. Aunque no sé si todos la escuchan, están absortos en su mundo de recuerdos alegres.
Doy gracias, de nuevo, al sol que nos ilumina. Hace brillar a cada uno de nosotros, a cada mínimo detalle que habíamos olvidado.
Claro, un mundo siempre tendrá esa luz que nos alegrará.
Y como dijo Mimi, la pena de la despedida, la alegría de la misma y la esperanza de volver a vernos.
Le apreto la mano a Takeru, mi gran amigo en esta travesía.
Gracias a él, y a todos, poseo mi luz, y no solo eso, la puedo brindar a todos. Yo soy luz, al igual que todos, y eso me hace sonreír, porque cada uno está brillando ferozmente ahora, y no hay sombras que nos rodeen. Brillamos extenuantemente, haciéndonos notar hasta en el vacío blanco mismo.
Así que brindaré mi luz para ayudar al que lo necesite.
Y por eso no es una despedida, si no un 'hasta luego'. Un 'nos vemos'.
Por Gatomon y por mí misma.
