Aquí el cuarto capítulo del fic, esperamos que lo disfrutéis y que os guste.

¡Esperamos vuestras opiniones!

NEKINSEY


CAPÍTULO 4

Lexa comía tranquila de su plato en el comedor cuando sintió un tirón en su camiseta.

-Levántate -escuchó la voz de Octavia.

-¡Eh! Lexa necesita tomarse su café -protestó ante su hermana, que no le hizo ningún caso.

La morena observó a la chica, extrañada, que miraba hacia otro lado como distraída, y se levantó dejándose arrastrar por ella. Lexa le lanzó una mirada de pánico a Bellamy y este simplemente se encogió de hombros sin saber qué podía hacer. En casos así era mejor no meterse en los asuntos de su hermana.

-¿Qué te pasa, O? ¿Qué bicho te ha picado? -Lexa intentaba zafarse del agarre de la chica pero era imposible. En breve llegaron al baño, Octavia abrió la puerta y la cerró seguidamente-. ¿Tan grande es el calentón que no puedes esperarte? -sonrió pícara a la chica.

-Ojalá fuese un simple calentón -la chica estaba realmente frustrada.

- ¿Qué ha pasado? -se preocupó, echándole el pelo hacia atrás y obligándola a que la mirara a los ojos.

- ¿Sabes el día de la fiesta? -la morena asintió-. Cuando te fuiste, conocí a un chico y bailamos juntos. No lo había visto antes, así que supuse que sería nuevo y tú sabes que me encanta hacer amigos…

- Lo sé -sonrió al recordar la manera en la que Octavia hacía amigos.

- Pues… estuvimos hablando, más tarde nos dimos un paseo por el campus y, como yo no estaba demasiado bien, me acompañó a la habitación.

- ¿Hicisteis algo? -se interesó.

- La verdad es que mis intenciones no eran muy puras que digamos -dijo acompañada de una risa pillina-, pero realmente me gustó cómo se comportó conmigo. Le besé -confesó finalmente soltando un suspiro y mirando el suelo.

- ¿Y eso es malo? -sonrió Lexa, recordando su noche con Clarke.

- Lexa, lo acabo de ver en mi clase.

- ¿Y eso es malo? -repitió confundida.

- Lexa, estaba preparando la clase, es el profesor.

La morena se quedó atónita y observó a Octavia con los ojos de par en par.

- ¿No sabías que era un profesor?

- Obviamente no, Lexa, ¿cómo iba a liarme con un profesor?

- Viniendo de ti… -insinuó y Octavia la empujó contra la pared, observándola muy de cerca con el ceño fruncido.

- Viniendo de mí, ¿qué?

- Nada, nada. A ver, ¿él había bebido o no?

- Creo que no pero no estoy segura… Había otros temas más interesantes de los que hablar -le dijo con una sonrisa traviesa.

- ¿Ves a lo que me refiero? No puedes negar que Bell y tú sois hermanos… -se apartó de la pared y se llevó una mano a la barbilla, pensativa-. ¿Él te ha reconocido en clase?

- No me ha dado tiempo a entrar en clase porque he venido a por ti y no sabía si entrar, si irme, si decirle algo... y ahora que…

- Octavia, tranquilízate -Lexa posó sus manos sobre los brazos de su amiga con la intención de calmarla-. Seguro que no es para tanto.

- ¿¡Que no!?

- No. Él sabía que era una fiesta y que los estudiantes iban a acabar borrachos -Octavia le dio un manotazo por el comentario y Lexa se rio-, así que no creo que te diga algo o se haya enfadado.

Octavia se quedó mirándola sin saber muy bien qué decir.

- Pero, Lex… ¿y si yo quiero que me vuelva a hablar?

- Pero es un profesor -Lexa arqueó las cejas algo angustiada.

- Lexa, estamos en 2016, no creo que eso de relaciones profesor y alumno esté castigado por la ley.

- O puede que sí. Deja que vaya a la biblioteca, yo me encargo -fue a salir del baño, pero la volvieron a agarrar.

- No seas imbécil: necesito que me escuches y me aconsejes.

- O, ya sabes que yo te apoyo en todo lo que haces, incluso te acompañé cuando quisiste hacer puenting a espaldas de tu madre.

- Y casi te cagas en los pantalones -sonrió divertida.

- ¡Te podrías haber abierto la cabeza!

- Pero no lo hice -golpeó con su dedo en el hombro de su amiga.

- Mi consejo es que vayas a clase y veas su reacción cuando te vea allí, ¿y si él también pensaba que eras una profesora?

- ¿Qué dormía en las habitaciones de los estudiantes?

- Pues porque estás liada conmigo, ya está.

- Pero entonces sería estar haciendo lo que yo quiero hacer con él.

- Mierda.

- Lexa, no me estás sirviendo de mucho en estos momentos.

- ¡Porque estoy nerviosa! -exclamó y se sentó en el váter para pensar.

- Me gustó bastante –confesó. Lexa se rindió y soltó un suspiro.

- Pues ve a por él.

- Es lo que quería oír -sonrió satisfecha.

- Lo sé -suspiró. Octavia a veces sólo necesitaba que le soplaran, porque las alas ya las tenía-. Bueno, ¿y tú qué tal?

Ambas se miraron, y Lexa no pudo evitar sonreír, haciéndole saber que esa noche sí que pasó algo.

- ¡No me lo puedo creer! ¿Quién es? ¿Cómo fue? ¿Qué pasó? -empezó a preguntarle Octavia a su amiga con rapidez.

Lexa se debatió unos instantes en contárselo o no: por un lado quería compartir lo que había experimentado con alguien, pero por otro estaba el tema de que Clarke era también amiga de Octavia, eso sin contar su extrema timidez al hablar de cosas así… Como siempre, Octavia intentó sacarle la información de todos modos y las cosquillas surtieron el efecto deseado. Cuando Lexa se hubo repuesto de la risa, miró a su amiga directamente a los ojos.

- Lexa, dímelo ya. ¿Quién ha sido?

- Clarke.


Bellamy a veces debía controlarse, parecía que Kane sacaba de quicio al chico todo el rato y no podía morderse la lengua. Lo que sí era cierto es que era la primera vez que su amigo iba al despacho de un profesor sin el motivo de ser halagado.

Fue a la biblioteca, como siempre que acababa las clases y antes de ir a almorzar con sus amigos, y sonrió como una estúpida cuando vio a Clarke concentrada en un libro en la mesa que habían compartido esos días atrás. Aún no había tenido la ocasión para hablar con ella del beso, ni de otra cosa, solo se cruzaron un par de veces ese fin de semana, llevándose unos guiños confidentes de la rubia.

Se sentó a su lado sonriente y la chica giró su rostro para mirarla y dedicarle otra sonrisa.

- Ya te estaba echando de menos –susurró.

- ¿Sí? –se sorprendió y lamió sus labios distraída cuando no pudo evitar mirar los de la rubia.

- Claro que sí, eres mi chica especial de la biblioteca –apoyó su mano en su pierna mientras Lexa sacaba sus cosas de la mochila, intentando que no notara lo nerviosa que le puso el gesto ni sus palabras.

- Podemos quedar a alguna hora concreta, intentar poner de acuerdo nuestros horarios, así no nos echaríamos de menos –se lanzó, mirándola de reojo y recibiendo un apretón en su muslo.

- ¿Tú también me echas de menos? –sonrió coqueta inclinándose hacia delante.

- Eres mi chica especial de la biblioteca –repitió sus palabras con una sonrisa antes de tragar saliva cuando el dedo de Clarke puso sus gafas en su sitio.

- Nariz pequeña –se burló, mordiéndose la lengua.

Lexa soltó una risita, y ambas se pusieron a repasar sus asignaturas. La morena observaba de vez en cuando a la chica, compartiendo miradas cuando la pillaba girada hacia ella muchas veces. Se dio cuenta de que Clarke era zurda, ya que la izquierda era la mano que usaba mientras hacía esos esquemas tan ordenados y coloridos, y no pudo evitar sonreír levemente al verlos. Era preciosa y, además, por lo que observaba en la biblioteca, inteligente, y eso era una mezcla explosiva para Lexa.

Se volvió a acordar del beso que compartieron en la playa el viernes anterior y lamió sus labios nerviosa al darse cuenta de cómo estaban sentadas y de que sus manos libres estaban sin hacer nada interesante. Se moría por agarrarla y poder recordar lo cálida y suave que era.

Cogió aire y estiró su brazo hasta poder posar su mano sobre la suya, sintiendo una oleada de calor al recorrerla entera. Clarke se giró, primero miró sus manos, luego la miró a ella y borró su expresión de sorpresa con una sonrisa cálida, girando su mano para entrelazar sus dedos y atraer su mano hasta su regazo, escondiéndolas de la vista de la gente.

Lexa sonrió internamente y volvió a fijar sus ojos en el libro de texto, haciendo su esquema, mientras los dedos de ambas se acariciaban el dorso de la mano de vez en cuando.

- Clarke –la llamó en un susurro, y ella la miró interesada–. Esta tarde vamos a ir a surfear Bellamy y yo, nos han avisado de que va a haber buenas olas hoy –sonrió-. ¿Te apetece venir?

- ¿Buenas olas son olas grandes?

- No, olas suficientes para una clase gratis de surf –se rio suavemente con la pregunta de la chica y apretó su mano intentando transmitirle tranquilidad.

- Vale –no tardó en responder, y se inclinó sobre su oreja.– Me muero por verte en bikini.

Y para finalizar su toque y provocar una embolia en el cerebro de Lexa, dio un suave beso en la mejilla de esta, que pidió internamente que no se notase que se había ruborizado al sentir ese calor en su piel.


Kane era el profesor más extraño que se había encontrado en su paso por la universidad. Lexa y él habían tenido clase de su asignatura esta misma mañana y, dejando a un lado las peculiaridades del hombre, todo había ido bien. Todo excepto por las veces en las que Bellamy intervino de nuevo. No sabía si era un defecto que tenía, pero en cuanto creía que un profesor se equivocaba o la explicación que daba podía mejorarse, no dudaba un segundo en levantar la mano.

-Entonces, una vez sabiendo esto, quién podría decirme lo que es un programa -se oyeron risas en la clase por la simpleza de la pregunta-. Ah, Bellamy, de nuevo tú.

-Eh, sí, prof... Kane.

-¿Nos dices qué es un programa?

-Es una secuencia de instrucciones que...

-¡En efecto! -exclamó antes de que Bellamy terminase la frase-. ¿Qué más?

-Pues a través de él se ejecutan diferentes acciones según los datos que se procesen en ese momento.

-Muy bien, Bell. ¿Te puedo llamar así, verdad? -le preguntó mirando al chico en concreto, quien no le contestó pero sí frunció el ceño.

Más tarde volvió a intervenir una segunda vez en la que Kane volvió a decir de las suyas. A Bellamy le dio la impresión de que se mofaba de él incluso. En cuanto acabó la clase y se dispuso a salir con Lexa, el profesor le llamó la atención.

-Bellamy, ¿tienes ahora otra asignatura? -el tono de voz era un poco más duro que el que utilizaba durante las explicaciones.

-No, ahora mismo no.

-¿Podrías pasarte por mi despacho dentro de media hora para hablar?

Y aquí estaba, en la puerta. No sabía qué se iba a encontrar: ¿un Kane enfadado por algo que había hecho (aunque en dos clases no le había dado tiempo a hacer demasiado)? No lo pensó más y tocó la puerta con los nudillos, nervioso. Desde dentro, una voz le dijo que pasase y entró.

El despacho no era demasiado grande, pero tampoco en exceso pequeño. Las paredes estaban cubiertas de estanterías con libros; apenas había espacio para ninguno más. En un rincón había una mesa de escritorio color caoba y sentado tras ella estaba Kane, inmerso en un montón de papeles que supuso tenían que ver con las clases que impartía.

-Qué puntual, Bellamy -le dijo Kane sin apartar la vista de los documentos. Se llevó una mano a la barbilla mientras examinaba un papel con parsimonia y seguidamente escribió algo con rapidez.

-No tenía gran cosa que hacer, así que... -dijo Bellamy cerrando la puerta tras de sí.

-Siéntate, por favor -le pidió, extendiendo una mano hacia la silla.

-Prefiero estar de pie si no es molestia.

Kane levantó la mirada y por primera vez desde que había entrado la fijó en el chico. Lentamente, se quitó las gafas y las dejó sobre el escritorio.

-¿Ves? Eso es lo que me gusta de ti -dijo de repente, levantándose de la silla y sentándose de nuevo pero esta vez en la misma mesa-. Dices lo que piensas en cada momento.

Bellamy se esperaba todo menos eso. Si la primera clase con Kane le había parecido surrealista, esta reunión no sabía cómo calificarla.

-G-gracias... -dijo inseguro.

-No me las des, en todo caso a ti por darle un toque refrescante a la enseñanza -sacó de su bolsillo un trapo pequeño para limpiar las gafas y a ello se puso-. La mayoría de los estudiantes solo se preocupan por sacar buenas notas, caerles bien al profesor y terminar los deberes lo antes posible -Bellamy estuvo tentado de decirle que, en parte, él también se preocupa por todo eso-, pero tú no eres así. Al menos no tanto como ellos.

El chico no sabía que decir, así que decidió callar ya que Kane proseguía con su monólogo.

-En dos clases que llevamos me has interrumpido cinco veces durante las explicaciones aportando cosas nuevas o corrigiéndome. ¡Cinco! -se llevó las manos a la cabeza-. Es genial.

-¿Genial?

-¡Sí! -bordeó la mesa y se acercó más a Bellamy, que no sabía si huir o coger el móvil para pedir ayuda-. Como te digo, ver a alguien siendo él mismo entre otros tantos clones es un alivio.

-Me alegro, prof... Kane.

-Te cuesta llamarme así, ¿no? -le preguntó con curiosidad.

-Sí, bueno, es que suelo llamar a los profesores, pues... profesores, no con otro nombre o título.

-Entiendo... La vieja escuela, que está muy extendida.

En ese momento la puerta del despacho se abrió casi de par en par y una mujer de mediana edad entró por ella. Llevaba el pelo recogido en un moño alto, gafas de pasta oscuras y traje azul marino.

-Marcus, ¿puedes...? Ah, no sabía que estabas ocupado.

Bellamy se giró y se encontró con la decana de la facultad, Abby Griffin. Intentó sacar algún parecido entre ella y Clarke pero a simple vista no lo consiguió.

-Pasa, Abby, pasa -le dijo haciéndole un ademán con la mano-. Estaba hablando con Bellamy Blake, uno de mis alumnos de Programación especializada.

-Encantada, Blake -le dijo. En su fuero interno Bellamy se alegró por que la mujer lo llamase por su apellido: bastante peculiaridad tenía ya con Kane.

-Igualmente.

-Y echas las presentaciones, ¿te importa si termino con él y ya soy todo tuyo? -le dijo Kane a Abby juntando las manos, como si le implorase a la mujer, quien rio ante el gesto y asintió.

-Claro, Marcus. Como si no estuviera.

Kane le guiñó un ojo antes de continuar con Bellamy. El chico observó cómo Abby se mordía el labio y negaba con la cabeza.

-Bien, Bellamy, te quería proponer lo siguiente. No habrás pensado que solo te he traído para alabarte, ¿no?

Bellamy se abstuvo de decirle que sí.

-He comprobado que tienes bastante buena memoria y la teoría te atrae mucho, ¿a que sí? -Bellamy asintió despacio-. ¿Te gustaría participar en un proyecto de investigación conmigo como becario?

Los ojos de Bellamy se abrieron de par en par ante la proposición. Abrió la boca pero no le salió ningún sonido de la sorpresa. Kane se rio por la reacción del chico.

-Tranquilo, no es obligatorio y es voluntario. Piénsatelo si quieres y al final de la próxima clase volvemos a hablarlo, ¿te parece bien?

Bellamy asintió, aún incapaz de decir nada.

-Ahora, querido alumno, debo dejarte. Hay una dama que espera mis atenciones -dijo señalando con un movimiento de cabeza hacia donde se encontraba Abby.

Bellamy volvió a asentir y se despidió con un gesto de mano. Salió del despacho y oyó una risa suave cuando cerró la puerta de nuevo. Se apoyó sobre esta un segundo, sopesando lo que Kane le había dicho. ¡Un proyecto de investigación!

Miró el reloj y se dio cuenta de que era casi la hora de la comida. Corrió a través del pasillo con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en los labios, deseando contárselo a su hermana y a Lexa.


El agua les salpicaba por todas partes. Los que hacían de profesores no podían dejar de reír cada vez que Clarke se caía.

-Tranquila, rubia, deberías haber visto a Lexa su primer día… -bromeó el chico, llevándose un empujón de la morena que casi lo hace caer de la tabla- ¡Eh!

- Me habías dicho que no eran olas grandes -protestó Clarke.

- Parece que el tiempo ha empeorado -sonrió a la chica tendiéndole la mano para ayudarla a subirse en la tabla que le dejó Octavia.- ¿Quieres intentarlo de nuevo o te apetece salir?

- Igual se me da mejor eso de tomar el sol, simplemente -suspiró.

- El secreto del surf es ser constante, y creo que tú puedes conseguirlo -participó el chico, queriéndose incluir en la conversación de las chicas.

- Un descanso, por favor -pidió-. Estoy en muy mala forma.

- Eso puede arreglarse -le dijo Bellamy mientras nadaba hacia la orilla.

Una vez llegaron a ella, empezaron a quitarse el traje de surf.

- ¿Una ayudita? -preguntó Clarke mirando a los chicos, que ya tenían experiencia.

Lexa y Bellamy compartieron una mirada, ambos bloqueados, y empezaron a andar al mismo tiempo hacia Clarke, que sonrió mirando la escena.

- De uno en uno, por favor -se mordió el labio.

Bellamy se rio, y Lexa aprovechó para colarse y llegar a la cremallera del traje, bajándoselo y ayudándola a que se deslizara por sus brazos.

- Lo siento -dijo divertida y ató bien su bikini cuando, sin querer, deshizo el nudo que tenía.

- No tan rápido, Lexa, primero tendrías que invitarme a cenar.

Lexa se sonrojó ante el comentario y bajó la mirada con una pequeña sonrisa en los labios. Bellamy se acercó a las chicas cuando terminó de guardar el traje de surf.

- Veo que seguís un poco ocupadas.

- Ya hemos terminado, tranquilo -dijo la rubia mirándolo-. ¿Tenéis crema protectora?

- Yo sí, espera -dijo Lexa buscando el bote en su mochila-. Aquí tienes.

- Bueno, creo que voy a necesitar ayuda por esa zona -dijo Clarke mientras señalaba su espalda-. ¿Alguno me echa crema?

Bellamy sonrió para sí y miró a Lexa, que observaba tímida la arena, y decidió divertirse un rato; ya sabía que podía tener a Clarke a solas luego.

- Venga, Lex, échasela tú mientras yo nado un rato -Bellamy se acercó a su amiga y le dio un beso en la mejilla que ella no se esperaba-. Ahora vuelvo.

Lexa se quedó extrañada con el chico y lo observó mientras corría hacia el mar otra vez, ¿a qué había venido el beso?

- Lex… -la llamó Clarke, y volvió a enfocarla-, ¿me ayudas?

- Claro… -sonrió antes de morderse el labio, nerviosa, y verla sentándose en una toalla.

Se puso de rodillas detrás de ella y echó crema en sus manos antes de observar la espalda que tenía, sintiéndose nerviosa por momentos. Posó sus manos en su piel y la escuchó soltar una risita y comentar lo fría que estaba.

Extendió la crema hasta que se absorbió por completo, dando también en los hombros de la chica.

- Tienes las manos muy suaves -la escuchó decir.

- Gracias -y otra vez lanzándole cumplidos, y Lexa sin saber qué contestar-. Tú tienes la espalda suave.

- Gracias -la oyó reír otra vez-. Qué bien se está aquí…

Clarke se echó hacia atrás, posicionándose entre las piernas de Lexa y apoyando la cabeza en su hombro. El pelo húmedo de la rubia se pegaba en su mejilla y el poco viento que hacía lo movía, haciéndole cosquillas en la nariz. Hizo un mohín por el picor y Clarke la miró.

- ¿Qué te pasa?

- Es el viento… -dijo Lexa llevándose una mano a la nariz para rascarla.

- Ay, pobre nariz tuya…

Mientras lo decía, Clarke apartó la mano de Lexa y le dio un pequeño toque en la nariz. Lexa se rio y se le unió la rubia. Poco después, la morena no pudo evitar que se le escapase un bostezo.

- ¿Estás ya cansada?

- Un poco. No he parado en todo el día… -se excusó.

Clarke se dio la vuelta y le apartó a Lexa un mechón de la cara, colocándoselo tras la oreja.

- ¿Te vas a ir ya entonces?

- Creo que sí. Mis libros y mi cama me esperan -bromeó.

- Quien fuera ellos...

Lexa sonrió y se mordió el labio, observando de reojo a Clarke, e hizo algo poco común en ella: le dio un tierno beso en la mejilla. Clarke, sorprendida, le sonrió.

- Eres tan dulce…

- Bueno, me voy ya -dijo a medida que se incorporaba de la toalla-. ¡Bellamy!

El chico, que aún seguía nadando, giró la cabeza, y vio cómo Lexa estaba de pie al lado de Clarke, quien también lo miraba. Con las manos, su amiga le indicó que se iba y él asintió. Salió del agua sacudiéndose el pelo mientras veía como Lexa se despedía de Clarke con un movimiento de mano y se dirigía a la residencia.

Bellamy se acercó a la chica, que estaba sola en la toalla mirándolo divertida.

- Por fin solos -sonrió una vez estuvo a su lado, aún de pie.

- Así es, ¿algo interesante que hacer pasa por tu mente? -lamió sus labios mirando al chico.

- Sí -y se agachó pasando un brazo bajo las piernas de la chica y el otro sujetando su cintura, levantándola en brazos y empezando a correr hacia el agua escuchando las protestas de Clarke.

Bellamy comenzó a reírse cuando salieron a la superficie. La rubia se lanzó encima del chico e intentó hacerle ahogadillas mientras él la agarraba y le hacía cosquillas.

- Para, para -pedía-. ¡Bellamy!

- ¿Qué? -paró de repente divertido.

- No me hagas cosquillas -se hizo la ofendida, pero el chico observó cómo aguantaba una sonrisa.

- Podemos hacer otras cosas...

- ¿Cómo qué? -inquirió curiosa.

- Tomar el sol, tumbarnos en la toalla...

Clarke lo miró risueña y salió del agua, dejándole a Bellamy una vista estupenda de su baja espalda. Este la siguió y, justo en el límite de la orilla, una ola chocó con las piernas de ambos. El chico estaba más acostumbrado al cambio de marea, pero ella no y por lo tanto no se esperaba el golpe del agua. Perdió el equilibrio y fue a parar a la arena.

Bellamy intentó ayudarla en el último momento, pero solo consiguió caerse encima de ella. Ambos se rieron ante su torpeza. Sus caras estaban muy cerca, podían sentir la respiración del otro. Se miraron unos segundos a los ojos y observaron sus labios antes de que Clarke, en un movimiento rápido, cortara la distancia entre sus bocas. Atrapó los labios de Bellamy creando un lento beso. Subió sus manos hasta el pelo rizado que crecía en la nuca del chico para acercarlo más a ella, lo que hizo que el beso fuese más profundo y húmedo. Las lenguas se volvieron a encontrar y se entrelazaron en sus bocas. Clarke pasó la lengua por los labios del chico y seguidamente lo besó de nuevo con ansia. Unos segundos después se separaron por la falta de aire, pero sus labios aún seguían unidos y se rozaban. Las olas seguían acariciando sus cuerpos, tumbados en la arena. Bellamy alzó una mano para acariciar la mejilla de Clarke mientras la miraba con una sonrisa.

Pasaron así un rato: ella tocando los rizos despeinados de él y este dándole pequeños besos por toda la cara.

- Me encanta el lunar que tienes aquí -le susurró Bellamy tocando el labio superior de la rubia.

- A mí me encantan tus pecas -le dijo ella pasando sus manos por la cara del chico.

- Parece que nos conociéramos desde hace meses, Clarke -le dijo Bellamy abrazándola y enterrando la nariz en su cuello-, y en realidad solo hace poco más de una semana...

Clarke respondió al abrazo y cerró los ojos. En ese momento ninguno quería separarse del otro. Hacía mucho tiempo que Bellamy no se sentía tan bien con alguien que no fuese su hermana o Lexa y no quería dejarlo escapar.

- ¿Qué hora es? -le preguntó Clarke después de unos minutos.

- Supongo que serán casi las seis, ¿por qué? -Clarke se deshizo del abrazo y se incorporó con algo de dificultad, dejando al chico en la orilla-. ¿Tienes que irte ya? -le volvió a preguntar haciendo un mohín de pena, a lo que Clarke sonrió.

- Tengo que ver a tu hermana un segundo.

- Ella puede esperar… -le dijo, levantándose. La agarró de la cintura y le dio un beso en el cuello seguido de un suave mordisco-. Seguro que conmigo te lo pasas mejor.

Clarke se mordió el labio pero aun así apartó un poco a Bellamy, quien volvió a poner una cara triste. Hasta hace un minuto la rubia estaba reaccionando bien a todo lo que estaban haciendo, ¿por qué esa prisa entonces?

- Eh -le dijo Clarke posando una mano en la barbilla de Bellamy-, que me voy a unos pocos metros, no del continente.

Bellamy sonrió y sin pensarlo le dio un beso en los labios.

- ¡Ey, Clarke!

Ambos se giraron a la vez y vieron una chica acercándose a ellos que les era bastante familiar.

- ¿Qué hacéis por aquí? -preguntó Raven a Clarke para luego mirar a Bellamy-. Veo que os estabais divirtiendo, ¿no?

- Sí, bueno, me estaban enseñando Lexa y Bellamy a hacer surf…

- Ya, ya veo que te estaban enseñando bien -dijo irónica mirando al chico con una ceja alzada y una sonrisa en la cara-. Yo había venido a tomar un rato el sol, pero ya que os veo por aquí…

- Yo me voy ya, Rave. ¡Nos vemos, Bell! -se despidió con la mano mientras andaba hacia el paseo marítimo.

- Bueno, parece que nos hemos quedado solos -le dijo Raven a Bellamy dejando la mochila en la arena.

- Sí, has sido bastante oportuna… -Raven soltó una carcajada por el comentario y se quitó la camiseta para quedarse en bikini.

- ¿A mí no vas a enseñarme a hacer surf entonces?

- ¿A ti?

- ¿Ves a alguien más? -miró a los lados con los brazos extendidos.

Bellamy aprovechó para mirar el cuerpo de la chica, y suspiró algo molesto.

- ¿En serio quieres aprender a surfear?

- ¿Te crees que estoy bromeando? -dio un paso hacia él, y paseó sus dedos por su hombro hasta dar con uno en el lóbulo de su oreja.

- Un poco sí.

- Pues no, Raven Reyes nunca bromea.

- Pues Bellamy Blake no va a enseñarte a surfear hoy.

Raven levantó una ceja, incrédula.

- Entonces me alegro muchísimo de haberte cortado tu momento de magreo con mi amiga -y se giró andando hacia una toalla, tumbándose boca abajo y mirando al chico desde su hombro, sonriendo cuando se percató de cómo los ojos oscuros recorrían su espalda antes de que volviera a andar hacia el mar.


El sonido de la puerta al abrirse la alertó y casi se le cae su libro de las manos mientras leía tranquila tumbada en la cama. No se esperó ver a Clarke en el marco de la puerta, más que nada porque ese estilo de abrir la puerta tan basta era muy de Bellamy.

- Lexa –se sorprendió.

- ¿No sabes que es mi habitación también? –se rio de la situación, sentándose para mirarla mejor.

- ¿Y Octavia? –preguntó, y Lexa se extrañó un poco porque casi no la miraba.

- ¿Estás bien? –se preocupó.– Puedes pasar, siéntate –golpeó suavemente el final de su cama.

Clarke dudó un poco antes de cerrar la puerta tras ella, anduvo hasta sentarse donde Lexa le indicaba y le repitió la pregunta.

- Sí, un poco cansada, la clase de surf ha sido agotadora –se rio–. Aparte, tengo la cabeza un poco liada y no me apetece mucho pensar –se quejó acariciando su frente–. Pensé que Octavia estaba aquí, en teoría habíamos quedado… -miró su reloj.

- Octavia… - ¿y si era un secreto? –Octavia ha salido porque tenía una tutoría, no sé si tardará en venir.

- ¿Octavia? ¿Tutoría? –se extrañó, mierda– Son dos palabras que no esperaba oír juntas jamás –y empezó a reír.

- Yo tampoco, pero parece que tiene interés en la asignatura –o en el profesor…

- Lo doy por válido entonces. ¿Qué lees? –se interesó, agarrando su libro y leyendo la portada– Harry Potter… -y se mordió el labio sonriendo.

- Sólo lo estaba releyendo… -dijo tímida.

- Cada cosa que aprendo nueva de ti me gusta más que la anterior –le devolvió el libro y acarició su mano suavemente en el proceso.

- ¿En serio? –sintió pesado el aire.

- No sabes cuánto –levantó su ceja y se tumbó en su cama–. Puedes seguir con lo que hacías, esperaré aquí a Octavia, si no te importa –golpeó ahora ella a su lado en la cama y no le importaba.

Lexa se tumbó algo incómoda por la cercanía y lo íntimo del momento. Abrió su libro por donde iba, pensando que igual mantener una conversación era lo mejor que podrían hacer en ese momento, pero la mirada interesada de Clarke hizo que empezara a leer, sin enterarse de nada, porque la chica se acercó más a ella, apoyando la barbilla en su hombro, y pasando un brazo por su cintura.

Entonces le susurro al oído que leyese en voz alta, y ella lo hizo, ganándose otro beso en la mejilla. Solo le hizo falta decir "partido de Quidditch" para mirarla fijamente, quedándose unos segundos bloqueada porque su nariz tocó la suya, y la chica vio divertido depositar un suave beso en la punta de su nariz.

- Estuviste en el partido de rugby de comienzo de curso -empezó cuando se sintió otra vez entera–, ¿te gusta?

- Sí, es divertido –Lexa sonrió.

- Esta noche Bellamy y yo vamos a ver un partido en su habitación, ¿te apetece venir?

- ¿Sólo estaréis Bellamy y tú? –ella asintió y sintió un cosquilleo cuando vio morder su labio tan cerca, porque ninguna se había movido-. Me encantaría ir.

- Hoy no paro de invitarte a sitios… -susurró y tragó saliva de nuevo bajando la vista sus labios cuando se acercó un poco más a ella.

- La próxima invito yo, te lo prometo –sintió su aliento contra sus labios y el aire se volvió pesado, mucho.

- Estaré esperando la oferta…

Y Clarke acortó la distancia dando un suave beso en sus labios, Lexa inspiró aire por la nariz mientras sentía esos labios presionados contra los suyos, otra vez.

- Me voy para prepararme para el gran partido, no creo que Octavia se enfade si no me quedo –dijo divertida, haciéndola sonreír.

Entonces se levantó de la cama, y pasó por encima de ella para ponerse en el suelo, sin dejar de sonreír en todo momento. La observó andar hacia la puerta, pero esta vez iba a hacer caso de los consejos de Octavia por una vez en su vida.

- Espera, Clarke…

Cogió aire y dio un paso hacia ella para acariciar su mejilla antes de inclinarse, ahora ella, para besarla. Movió los labios y escuchó a la rubia jadear mientras ladeaba la cabeza hacia el otro lado, dejando que atrapase su labio inferior con los suyos, apoyando su mano libre en su cintura, apretándola con suavidad con sus dedos, cuando lo succionó levemente y se permitía crear un beso algo más profundo que el anterior, pasando su lengua suavemente por su labio superior, y asomando la suya para acariciar sólo la punta de ese músculo al que conoció por primera vez.

- Me muero por ver ese partido –susurró contra sus labios antes de morder suavemente el inferior de Lexa, haciéndola temblar.

Se giró con su sonrisa coqueta característica y una mirada felina, y abrió la puerta dejando a Lexa con su característica sonrisa de estúpida y una mirada muy alegre.