Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


The Boy At Table Seven

By: LyricalKris

Traducción: alo-star

Beta: Melina Aragón


Capítulo 2: Hombre encantador

—Hay un pequeño niño en la mesa siete.

Bella no necesitaba escuchar nada más. Abandonó lo que estaba haciendo —llenando un recipiente con la sopa del día— y corrió hacia el salón. Cuando vio a Benjamin sentado en la cabina, exhaló una ráfaga de alivio, sacándose un peso de encima.

Después de que el niño desapareció el día anterior, Bella estuvo preocupada toda la noche. ¿Había sido lo correcto solo dejar que el pequeño comiera su tarta? Él estaba a salvo en el café. No molestaba a nadie. Cuando desapareció durante el ajetreo, ¿cómo podría Bella dejar de imaginar lo que había sido de él? ¿Tendría que ignorarlo? ¿Se lo habría llevado alguien, alguien sin buenas intenciones?

No podía dejar de preguntarse si había hecho lo correcto en no llamar a la policía inmediatamente. Los niños pequeños no debían ser abandonados a su suerte. Cualquier cosa podría haber ocurrido con él.

—Hola, pequeño. —Bella no pudo evitar llegar y acariciar el cabello del niño.

Se alejó de su mano pero sonrió cuando la vio.

—Hola —respondió con una sonrisa.

—Bella —llamó Mike desde el mostrador. Él le dio una mirada significativa. El café estaba lleno de gente y ella tenía clientes en espera.

Se volvió rápidamente al niño y sonrió.

—¿Quieres otro vaso de leche?

—¿Hoy puedo tomar un jugo de manzana?

—Claro. No hay problema. —Dio un paso antes de que ella se detuviera—. No te vayas, ¿de acuerdo?

Había de nuevo una exasperante mueca en su rostro.

—Lo sé.

Ella rió para sí misma mientras se iba a atender otras mesas y regresó un minuto después con su jugo y un sándwich de atún. Benjamin observó el sándwich con cautela.

—Yo no he pedido eso.

—¿Te gusta el atún?

—Sí.

—Bueno… ¿Estás hambriento?

—Sí. Pero pedí tarta, no tengo dinero para los dos.

—¿Cuánto tienes?

Benjamin extrajo el dinero de su mochila y contó.

—Diez dólares.

—Eso es suficiente para el bocadillo, el pastel y el jugo de manzana. —No era del todo cierto. Por sus cálculos, el total para esa comida saldría alrededor de once dólares pero quería ver lo que diría.

Él le dio otra de sus patentadas miradas impacientes.

—Pero entonces no podría darte tu propina.

Ella tuvo que sonreír, habiendo imaginado que esa era la razón.

—Está bien. No necesito propina de ti.

Sus cejas se fruncieron.

—¿Pero no la necesita para vivir?

—¿Quién te dijo eso?

Benjamin se movió de modo que estaba sentado sobre sus rodillas, apoyándose en la mesa para que pudiera hablar con ella.

—Papi dijo que todos tienen un trabajo. Él tiene un trabajo así tiene una casa para que yo pueda tener mi propia habitación y la cena en la mesa. Él dijo que ser camarero es uno de los peores puestos de trabajo y que no se les paga ni mierda… —Se detuvo y luego se llevó la mano a la boca, riendo con abandono.

Bella sonrió.

—¿Quieres decir nada? —supuso.

Él asintió con la cabeza.

—Así que papá dice: siempre recuerda decir por favor y gracias a un camarero, ya que a pesar de que no tenemos un montón, es probable que tengamos más que él. Por lo tanto, debo dejar una buena propina.

—Eso es muy dulce. —Miró por encima del hombro. Efectivamente, Mike le estaba dando una mala mirada de nuevo—. Te diré algo. El sándwich va por la casa. ¿Qué te parece?

Miró hacia abajo en el plato y luego a ella.

—Creo que está sobre la mesa. —Bella parpadeó, pero luego el pequeño sonrió y provocó una nueva ronda de risas—. Solo estoy bromeando. Sé lo que significa por la casa. ¡Muchas gracias!*

—De nada. Vuelvo en un rato con tu tarta.

Al igual que el día anterior, Benjamin se puso a comer mientras hacía su tarea. Hoy, en lugar de jugar, sacó un cuaderno de dibujo. Estaba garabateando con tanta intensidad, que no pareció darse cuenta cuando Bella vino a limpiar sus platos y era evidente que estaba distraído cuando trató de entablar conversación con él.

Una vez más, en algún momento durante el ajetreo, Bella levantó la vista y el niño había desaparecido.

—¿Quién era ese chico? —le preguntó Tanya, cuando todos ellos tuvieron tiempo para respirar.

—Me gustaría saber —dijo Bella con un suspiro de frustración.

~0~

—Bella, tienes una mesa.

La forma en que los ojos de Eric bailaban dejaba muy claro quiénes estaban en la sección de la cafetería que le tocaba atender Bella.

—¿Los chicos? —preguntó ella de todos modos.

—¡Sí! —Rebotó un poco en su lugar—. Parece que han estado trabajando duro hoy. Uff.

Riéndose, Bella se limpió las manos en el delantal y se alisó el pelo hacia atrás. «No hay razón para estar nerviosa», se dijo.

Se acercó a la mesa, con el corazón palpitando rápidamente, ridículo, pero no menos cierto. Vio al instante lo que decía Eric. Todos ellos estaban un poco más despeinados y más sucios de lo habitual. Uff de hecho.

Se aclaró la garganta y sonrió mientras se acercaba a la mesa.

—Hola —dijo alegremente.

El grandote, Emmett, la miró por primera vez.

—Hola. —Él era pura sonrisas con dientes y hoyuelos—. Finalmente nos echan encima a la novata, ¿eh?

—Hola, sí. Los he visto aquí un par de veces —dijo Bella con indiferencia—. Siempre se sientan en la sección de otra persona. Estaba empezando a pensar que simplemente no les gustaba mi aspecto.

El rubio, Jasper, resopló.

—Oh sí, dulzura. Te ves diez tipos diferentes de horrible. Solo apestas a un mal servicio.

Bella fingió olerse.

—Gajes del oficio. Cuando el especial del día es el salmón, a veces hueles a pescado.

Emmett rió, mirando al otro lado de la mesa a los otros dos.

—Conozco un par de otras ocupaciones que tienen el mismo problema.

Edward sacudió la cabeza y miró hacia ella.

—No haga caso a estos estúpidos sin clase, señorita...

—Bella —respondió, sintiendo en sus labios formarse una sonrisa para devolverle.

—Oye, yo estaba hablando de vendedores de pescado —dijo Emmett, levantando sus manos—. Ahora, ¿quién no tiene clase? ¿Suponiendo demasiado?

Había una mancha de grasa en el rostro de Edward. Bella se distrajo. Mucho. Cuando se dio cuenta de que estaban todos mirando de nuevo hacia ella con expectación, comenzó.

—¿Qué les traigo de beber?

—Un trago de Jameson —pidió Jasper, arrastrando las palabras.

—Voy a tomar un tequila sunrise y el señor metrosexual de allí va a tener un mojito —dijo Emmett, señalando a Edward.

—Oh, no…

—Ellos saben que no sirven esas bebidas —le aclaró Edward con una sonrisa.

Bella sintió calor en las mejillas. Por supuesto que sabían. Iban a la cafetería por lo menos una vez a la semana y, además de eso, todavía estaban en horario de trabajo.

—Está bien, agua. Tibia del grifo para estos dos, y ¿qué es lo que quiere, señor?

La sonrisa de Edward se extendió.

—Un Arnold Palmer, por favor.

—Ya vuelvo —indicó Bella, comenzando a dar grandes pasos poniendo distancia.

—Oye, espera. ¿Qué hay de nosotros? —la llamó Jasper.

Bella se detuvo a mitad de camino.

—Agua tibia del grifo —replicó ella.

Por supuesto, cuando ella regresó con el Arnold Palmer de Edward, tomó el resto de su orden y les dejó a los otros dos sus bebidas. Por suerte, estaban de buen humor. En circunstancias normales, Bella nunca habría bromeado con un cliente. Había algo sobre el trío que dejó bajas sus defensas.

Parecía funcionar a su favor. Eran amables con ella… bromeando. Ellos no se sentían como clientes en absoluto, sino buenos amigos que la hicieron reír.

Encantadores, los otros habían dicho. Ellos no estaban mintiendo. Bella se quedó encantada.

Y más que un poco obsesionada con esa mancha de grasa en la mejilla de Edward.

Tanto era así que cuando ella vino a traerles la cuenta, como bromeaban con ella, distraídamente sacó una servilleta del bolsillo de su delantal, limpiando la mancha.

Al darse cuenta rápidamente de lo que había hecho, Bella dio un paso atrás.

—Lo siento —murmuró ella, repentinamente horrorizada por su acción. Sintió la sangre cubrir sus mejillas. De nuevo.

Por la mirada de Edward cruzó levemente una suave diversión. Sus labios se curvaron hacia un lado y extendió la mano para frotarse el pulgar sobre la mejilla.

—Gajes del oficio —repitió sus palabras anteriores—. Gracias, pero... eh la grasa es... —Miró hacia arriba desde debajo de sus pestañas y aunque Bella estaba segura de que tenía que estar equivocada, en el momento pensó que había algo travieso, algo deliciosamente oscuro, en el destello en sus ojos—. Pegajosa —finalizó.

Y Bella se había olvidado de lo que estaban hablando. Especialmente el segundo siguiente, donde él se estiró, rozando su mano por encima de su hombro.

—Migas —explicó cuando se le quedó mirando—. Ahora estamos a mano.

De repente, Bella encontró que tenía la garganta apretada y era difícil hablar. Ella tosió en su mano y forzó una sonrisa.

—¿Puedo servirles algo más, chicos?

—Tres rebanadas de tarta de manzana para el final —ordenó Emmett. Parecía estar divirtiéndose con algo—. Tenemos que volver, chicos.

—Muy bien. Se los traeré junto con su cuenta —dijo Bella rápidamente.

Cuando ya estuvo a salvo en la cocina detrás de las puertas cerradas, Bella se inclinó contra la pared. Era completamente loco que su corazón estuviera tan acelerado y se sintió un poco mareada. No podía creer que hubiera sido tan inconsciente.

—Maldita sea, chica —dijo Tanya—. Los muchachos hicieron algo en ti.

Jessica sonrió y le palmeó el hombro.

—Tus mejillas son prácticamente radiactivas —opinó alegremente.

Bella hizo una mueca. Eso ciertamente no hacía que se sintiera mejor.

—¿Fue Emmett? —preguntó Eric—. Te lo dije. Es un ligón descarado. Él sabe cómo dejar a cualquiera sin habla y deslumbrado. —Suspiró con tristeza.

Sin habla y deslumbrado. Bueno, eso era tan bueno como cualquier otra descripción.

—Son divertidos —les respondió Bella, empujándose fuera de la pared para llevar su orden y cerrar su cuenta.

~0~

El resto de esa semana estuvo muy ocupada.

Cada día, poco después de las tres, Benjamin aparecía justo unos minutos después del ajetreo del almuerzo. Siempre se sentaba en la mesa siete, sin esperar a ser sentado. De hecho, el tercer día, Bella detuvo a Jessica que sentó otra pareja allí, queriendo asegurarse la mesa favorita del niño y que ella sería la que le serviría.

—No sé qué hacer —le confió a Jessica el jueves—. No puede ser correcto. Él siempre está aquí solo.

Jessica parecía desgarrada.

—Bueno, no sé, cariño. Te entiendo, pero no sé si realmente queremos crear problemas donde no los hay. Él tiene dinero todos los días. Es obvio que va a la escuela. Está limpio. —Ella sonrió, mirando hacia el niño y su pelo rebelde—. Relativamente.

Bella frunció el ceño. Jessica tenía razón. El chico parecía sano, feliz y bien cuidado. Él se comportaba muy bien, no causaba ningún problema. Siempre tenía suficiente dinero para pagar por lo que compraba y era educado. Había desaparecido todos los días cuando la espalda de Bella se daba la vuelta, pero el hecho de que él volviera al día siguiente —con la tarea en la mano— indicaba que, dondequiera que fuera por la noche, estaba perfectamente bien.

Y todos los días de la semana, antes de que pudiera pensar en ello durante más de un minuto, siempre había clientes que exigían su atención, comida que se tenía que servir, cuentas que debían liquidarse. Benjamin desaparecía antes de que pudiera llegar a ningún tipo de conclusión.

Ella llegó a hablar con él un poco más esa semana. Se ofreció una vez para llamar a su mamá o papá solo para encontrarse con esos ojos verdes un poco impacientes, perplejos.

—¿Por qué? —preguntó y luego palideció ligeramente—. ¿Estoy en problemas?

—Por supuesto que no —dijo Bella suavemente.

Parecía inseguro.

—En la escuela, cuando los niños están mal en clase, tienen que llamar a sus padres.

—Tú no estás mal —le aseguró—. Solo pensé que quizás deberían saber que estás aquí.

—Oh. —Benjamin fue consolado por esa noticia—. Papi sabe —dijo fácilmente, girando su cabeza hacia atrás a su cuaderno de dibujo.

Cuando estaba dibujando en ese cuaderno, no había manera de llegar a él. El muchacho se iba a su propio mundo.

La semana vino y se fue. Bella estuvo preocupada todo ese fin de semana, preguntándose si estaba haciendo lo correcto en no llamar a la policía. Los demás parecían estar pensando que el chico —con sus grandes consejos y actitud franca— era encantador. Ellos parecían pensar que no había algo malo y que no era nada del otro mundo que un niño pequeño estuviera sentado en un restaurante por su cuenta.

El padre de Bella siempre le había enseñado que ella debía seguir a su conciencia. La gente tenía una tendencia a mirar hacia otro lado cuando no debían, pero los ejemplos de otros no siempre es la mejor cosa que hacer.

En el año y medio que había estado fuera de casa, aprendió más de una vez que todas las lecciones de vida que sus padres le enseñaron que habían parecido tan evidentes en el momento, no eran del todo claras en la realidad. Ese muchacho no estaba siendo abusado. No estaba segura de poder decir que estaba siendo descuidado. ¿Cuánto peligro era que estuviera metido en la cabina de un café durante aproximadamente una hora todas las tardes?

Bella decidió que lo mejor que podía hacer era llegar al fondo de a quién pertenecía el niño, ver cuál era la situación por sí misma. Ella les pediría a los otros que la cubrieran y se sentaría con él para obtener algunas respuestas, o al menos estar allí cuando decidiera irse.

Bella durmió más tranquila la noche del domingo.

Pero el lunes por la tarde vino y se fue sin ninguna señal de Benjamin.


*El original dice "on the house" que literalmente sería "en la casa", por eso el chiste que hace Benjamin, con la traducción se pierde.


¿Qué les ha parecido el primer encuentro cara a cara de estos dos? ¿Quién de los dos es más lindo, Benjamin o Edward? Todavía no estoy segura :P

Esperamos que les haya gustado el capítulo. Gracias por la bienvenida a la historia, es muy lindo leer sus comentarios y ver sus alertas y favoritos.

¡Hasta el próximo capítulo!