Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
The Boy At Table Seven
By: LyricalKris
Traducción: Flaca Paz
Beta: Yanina Barboza
Capítulo: 3 Problema
Lunes, martes, y miércoles pasaron sin ninguna señal del niño. Bella estaba fuera de sí por la preocupación. Seguía tratando de convencerse de que estaba a salvo. ¿Por qué no lo estaría? Como ella había observado, tenía lo que necesitaba. Estaba bien cuidado, no había ninguna razón para creer que eso iba a cambiar.
Sin embargo, los "qué si" eran tan difíciles de tratar. Los clientes entraban y salían de la cafetería todos los días y ella no volvería a ver algunos de ellos de nuevo. Eso estaba bien, eso era la vida, pero ella no sabía si quería imaginar no saber nunca lo que pasó con ese niño.
Se dijo a sí misma que no debía ser ridícula. Todas las historias espantosas en su cabeza eran melodramáticas en el mejor de los casos.
¿Qué podía hacer?
Ese miércoles, Bella tuvo un turno más tarde de lo habitual. Llegó a la cafetería a tiempo, aprovechando su descuento para obtener un almuerzo barato. Se sentó en la mesa siete, masticando sin pensar, mirando fijamente a la nada, preocupándose por el niño que se había sentado allí en las tardes de la semana pasada
—He oído que la tarta de manzana de aquí te aleja las preocupaciones.
Bella se sobresaltó, saliendo de sus macabras divagaciones mientras se giraba para mirar a Edward Cullen.
Su sonrisa se arrastró más hacia arriba cuando ella lo miró y él le hizo un guiño.
—El servicio, sin embargo, deja mucho que desear. —Él sostuvo su mirada por un latido—. Al menos eso es lo que he oído.
Ella frunció los labios, mirando hacia arriba e intentando ocultar lo increíblemente encantador que era.
—¿Has oído eso, verdad?
Él levantó su teléfono.
—Sí.
Por un segundo, la sonrisa de Bella fue genuina. Luego la preocupación había regresado con fuerza y ni siquiera la sonrisa de Edward Cullen podía apartar los pensamientos por mucho tiempo.
Edward inclinó la cabeza, sus labios entornados hacia abajo.
—¿Estás bien?
Ella trató de sonreírle.
—Solamente tengo algunas cosas en la cabeza.
—Te los quitaría de encima, pero... —Dudó un momento, ahuecándose la mano alrededor de la barbilla como si estuviera pensando sobre sus próximas palabras. Por último, la miró, su expresión abierta y sincera—. Soy bueno escuchando por si quieres hablar.
Ella dio un pequeño resoplido de casi risa, mirando por encima hacia el mostrador donde, como era de esperar, sus compañeros de trabajo estaban no tan escondidos observando la conversación.
—Realmente no hay nada malo —dijo, esperando tener razón—. ¿Estás solo para almorzar?
—Sí. Los chicos se vieron envueltos con un... —reflexionó un momento, obviamente eligiendo sus palabras cuidadosamente—. Digamos un cliente quisquilloso. —Se encogió de hombros—. A veces el que se queja es el que consigue atención, aunque solamente sea para deshacernos de él.
—Puedo entender eso. —Ella hizo un gesto hacia el espacio delante de ella—. No me importa la compañía si no te importa.
Su sonrisa regresó mientras se deslizaba en la cabina frente a ella. Bella se sentía satisfecha. Y excitada. Y ridícula.
Tanya apareció en su mesa, todo sonrisas.
—Hola, Edward. ¿Por tu cuenta hoy?
—Parece que estoy en buena compañía. —Miró a Bella y le guiñó antes de que mirara nuevamente hacia Tanya—. Pero Emmett y Jasper están atrapados en el trabajo.
—Por supuesto. ¿Qué puedo prepararte hoy, cariño?
—Necesito dos almuerzos especiales para llevar para los chicos y dos porciones de tarta de manzana tibia con helado de vainilla para nosotros. —Miró a Bella—. ¿Está bien?
Tanya dio vuelta su cara así estaba escondida de Edward. Hizo los ojos como platos y articuló: «Oh, mi Dios».
Bella sintió sus mejillas calientes.
—Um. Sí. Eso suena genial.
—Y un Arnold Palmer, por favor. —Edward le dio a Tanya su sonrisa más encantadora y ella se alejó con un movimiento de cabeza.
—No va a causarte ningún problema comer con un cliente, ¿no? —preguntó.
Bella frunció las cejas.
—¿Por qué sería un problema?
Se encogió de hombros, recostándose con los brazos extendidos a través del tablero de la cabina.
—¿No es Jessica la esposa del jefe?
Las mejillas de Bella se sonrojaron completamente. Evidentemente, Edward había notado a Jessica y los otros, que estaban mirando en su dirección.
—No eres ningún problema —dijo despectivamente. Era una mentira descarada. Él era un problema, definitivamente. Por mucho que se dijera que eran dos personas siendo amigables, él gritaba problemas.
Sus labios se curvaron en un lado ante su comentario, como si él también hubiera captado el doble sentido en sus inofensivas palabras, pero no hizo ningún comentario.
—¿No quieres más que tarta? —preguntó Bella, ansiosa por cambiar de tema.
—No tengo tiempo para comer ambos platos y nunca tengo la tarta de manzana tibia. No me malinterpretes. La tarta de manzana es deliciosa tanto helada como recién salida del horno, pero ¿tibia con helado? —Él negó con la cabeza y Bella se preguntó si se daba cuenta de que su lengua había salido disparada, recorriendo más de una vez sus labios—. Eso es otro nivel de placer.
—Me estás haciendo sentir hambrienta.
Bella no estaba del todo segura de que ella estuviera hablando de la tarta.
Charlaron fácilmente sobre nada de particular importancia, solo la pequeña charla de bromas de dos personas que pasan unos pocos minutos tranquilos juntos. Él le dio el primer sorbo de su Arnold Palmer cuando ella confesó que nunca había probado la bebida.
Su postre llegó, y Bella no tenía el corazón para decirle que ella solo toleraba los postres de manzana, y que no le gustaba la tarta tibia en absoluto. Era evidente que él estaba disfrutando cada delicioso bocado. Sus pequeños gemidos de agradecimiento aumentaron la falta de entusiasmo por su comida.
—¿Estás segura que no vas a tener problemas por esto? —Edward puso los ojos en blanco hacia el mostrador discretamente sin mover la cabeza.
Una vez más, Bella sintió sus mejillas calientes.
—Estoy en mi tiempo libre en este momento. —Ella lo estudió un momento—. No soy yo, eres tú.
—¿Soy yo? —Parecía genuinamente perplejo.
—Ellos los encuentran a ti, y a Jasper y Emmett, muy, uh... entretenidos. —Ella trató de resistir el impulso de retorcerse—. ¿Realmente no te has dado cuenta?
—¿Entretenidos, hmm? —Miró hacia abajo a la mesa, cortando un pedazo de la tarta con el tenedor antes de que alzara la vista debajo de sus absurdamente pestañas largas—. ¿Me encuentras, nos encuentras, entretenidos?
Bella bajó la cabeza, pero rápidamente levantó la vista. Su corazón comenzó a latir fuertemente. Sus mejillas estaban ardiendo, pero su voz era firme cuando contestó.
—A menudo.
Los labios de él se alzaron, y cuando la miró, la respiración de Bella se cortó. Había algo más oscuro en sus ojos. Mirada arrasadora, habría dicho su madre. El aire entre ellos era de repente estático. Vivo. Y calentándose rápidamente.
Se lamió los labios de nuevo, y Bella sintió seca la garganta.
—¿Cuántos años tienes?
Bella se preguntó si él era consciente de lo que su voz había conseguido.
—Veinte —admitió. La palabra se sintió más fina de lo que quería.
Él tarareó una aceptación, pero no dijo nada.
Bella saltó cuando Tanya apareció en su mesa.
—¿Cómo les va, chicos? ¿Necesitan algo más?
—Solo la cuenta, por favor —dijo Edward suavemente—. Tengo que regresar, y tu turno comienza pronto también, ¿no?
—Oh. Sí —dijo Bella, dándose cuenta que se había hecho tarde muy pronto.
—Voy a traer sus cuentas y tus pedidos para llevar —dijo Tanya con una sonrisa.
Edward rápidamente le entregó una tarjeta de crédito.
—Cobra ambas cuentas con mi tarjeta.
—¡Oh! No, no… —empezó a protestar Bella, pero él la detuvo con la mano.
—Está bien —dijo tanto a Bella como a Tanya, que parecía igualmente aturdida. Él despidió a Tanya con la tarjeta antes de volver a mirar a Bella—. Créeme cuando digo que es lo menos que puedo hacer.
Perpleja, Bella se limitó a mirarlo.
Su sonrisa era privada, secreta. Él se puso de pie.
—Solo confía en mí —dijo en voz baja—. Realmente estoy atrasado. Tengo que irme. No te puedes imaginar lo que sucede si no se alimenta a Emmett en tiempo y forma.
Bella se rio. Todavía no entendía por qué había sentido la necesidad de pagar su comida, pero podía ver que Tanya ya estaba en su camino de regreso. Lo hecho, hecho estaba.
—Bueno, gracias —dijo ella mientras también se paraba.
Él le dedicó otra sonrisa impresionante.
—Cuando quieras.
Firmó el recibo, tomó la bolsa para llevar de Tanya, y desapareció en un minuto. Apenas salió por la puerta Tanya, Eric, y Jessica se reunieron con ella.
—¿Qué. Fue. Eso? —exigió Tanya.
—Cuéntanos todo —agregó Jessica.
Bella suspiró.
~0~
Su almuerzo improvisado con Edward había distraído a Bella durante un tiempo, pero incluso el almuerzo con el "comestible" mecánico no fue suficiente para hacer que se olvide de Benjamin.
El resto de la semana pasó sin señales del niño.
El lunes llegó de nuevo. El ajetreo de la tarde comenzó antes de lo normal ese día, y por eso Bella, corriendo alrededor como todos los demás, casi no se dio cuenta del pequeño niño sentado solo en la sala de espera.
—Benjamin —gritó, corriendo hacia él. Le tomó toda su fuerza de voluntad no arrastrar al chico en un fuerte abrazo.
Él la miró.
—¡Hola, señorita Bella!
Bella se conformó con alborotar su cabello mientras que él ponía caras.
—Me asustaste, chico.
—¿Por qué? —Él parecía confundido.
Mareada con alivio, Bella se rio. Se puso las manos en las caderas, optando por el humor.
—Vienes a verme por una semana, luego desapareces sin una llamada, una carta. ¿Qué va a pensar una chica, eh? Me estás dando dolor de cabeza.
—Oh. —Benjamin parecía que no entendía, pero él se mostró arrepentido por causarle algún dolor—. Lo siento —dijo con sinceridad.
Bella rio de nuevo.
—No te preocupes. ¿Qué estás haciendo aquí? Todavía hay una mesa por allí para ti.
Él negó con la cabeza.
—Necesito esa mesa —dijo con firmeza, apuntando a su cabina de siempre.
—Ya veo. Bueno, está casi lista. Me aseguraré de que la tengas —prometió. Ella revolvió su cabello una vez más antes de que tuviera que volver a sus mesas.
Benjamin estaba sentado unos minutos más tarde. Bella le trajo un plato de bastones de calabacín fritos para picar antes de tomar su orden habitual: tarta de manzana y una limonada esta vez.
El ajetreo era mucho peor de lo habitual, dejando a Bella muy frustrada. Ella tenía preguntas para el pequeño que necesitaban respuestas. La semana pasada le había enseñado que no podía seguir sin saber a dónde iba cada noche. Lo último que quería era que él desapareciera otra vez.
Era media tarde cuando el ajetreo se calmó. Bella esperaba descubrir que Benjamin había desaparecido como usualmente hacía a esa hora, por lo que se sintió aliviada cuando vio que todavía estaba en la mesa.
Y no estaba solo.
Bella dio unos pasos hacia adelante, ansiosa y curiosa por averiguar si esta era, por fin, la persona responsable del niño, pero luego se detuvo.
Benjamin no se veía como siempre, relajado.
Estaba sentado con las manos cruzadas sobre la mesa, la mirada fija en su regazo. Su postura irradiaba incomodidad.
El hombre frente a él, ahora que Bella lo veía, era mayor. Tal vez unos cuarenta años con el pelo negro y largo, y tenía que decirse, una sonrisa espeluznante como el infierno. Tenía su mano extendida, haciendo señas al chico, y mientras Bella se acercaba, se enteró lo que estaba diciendo.
—... un niño tan talentoso. Solo ven conmigo. —Su voz era suave, muy ligera. Amable. Casi suplicante—. Mi apartamento está a la vuelta de la esquina. Podemos estar de regreso rápidamente. Solo quiero mostrarte algunos de los dibujos que yo...
Bella había oído suficiente. Se acercó a la mesa, poniendo una sonrisa brillante.
—¡Hola! Benjamin, ¿quién es éste? —Ella no quería reaccionar de forma exagerada por si acaso, pero estaba muy segura de que este hombre no debería estar cerca de este niño.
Efectivamente, se enderezó, aclarándose la garganta.
—Benny y yo somos buenos amigos. Solo he venido a recogerlo, así que si me das la factura. Realmente debemos irnos.
Ignorándolo, Bella se giró hacia Benjamin.
—Cariño, ¿conoces a este hombre?
Obviamente luchando contra las lágrimas, Benjamin sacudió la cabeza con vehemencia.
—Oh, Benny es un bromista. Yo...
—Creo que si no sales de mi vista en los próximos cinco segundos, llamaré a la policía —dijo Bella abruptamente, girando para mirar al hombre. Su corazón latía dolorosamente rápido, pero su necesidad de proteger al niño era mayor que su miedo.
El hombre frunció el ceño.
—Señorita —comenzó en ese tono conciliador suyo—, estoy seguro de que...
—Señor, no estoy bromeando —interrumpió ella—. Fuera de aquí.
Él puso mala cara, pero se paró sin problemas y asintió. Salió de la cafetería, pero caminaba rápidamente.
Bella tomó una respiración profunda, sintiéndose débil.
—Benjamin —dijo en voz baja, con suavidad. El niño seguía mirando hacia abajo a su regazo—. ¿Estás bien?
Él asintió con la cabeza, pero al segundo siguiente empezó a llorisquear. Cuando Bella se sentó junto a él, se volvió hacia ella, envolviendo sus brazos a su alrededor y enterrando la cabeza en su hombro. Ella sintió sus lágrimas calientes a través de la camisa del uniforme.
—Ese hombre te asustó, ¿no? —preguntó en voz baja, frotando su espalda.
—A-Ajá —asintió Benjamin contra su hombro.
—Está bien, cariño. Estás bien.
—No me gustaba. Y no se quería ir —dijo con voz temblorosa—. Y quería gritar, porque papá me dijo que gritara si alguien que no me gustaba me estaba molestando, pero también me dijo que no debía causar problemas en el restaurante. No sabía qué hacer.
Estaba realmente muy nervioso. Bella se movió así podía agarrarlo con más fuerza, y él se aferró a ella.
—Está bien. No es tu culpa, ¿de acuerdo?
Ella repitió estas palabras una y otra vez, abrazando al niño firmemente mientras se calmaba.
—¿Benji? —Una voz frenética que venía de la puerta llamó la atención de los dos.
Bella echó un vistazo para ver a un muy preocupado Edward Cullen viniendo hacia su mesa. Estaba confundida hasta que Benjamin levantó la cabeza.
—¿Papi? —dijo Benjamin en un hilo de voz.
Sintiendo como si estuviera en algún sueño surrealista, o tal vez una pesadilla, Bella se puso de pie así Benjamin podía salir de la cabina. El chico se lanzó contra Edward, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello y aferrándose a él como se había estado aferrado a Bella un segundo antes.
—Lo siento, papi.
—¿Qué pasó? —Edward se retiró, mirando al chico por cualquier herida—. ¿Estás bien? ¿Qué pasó? —repitió.
Bella encontró su voz.
—Había un hombre en la cabina con él que lo asustó. Está bien, simplemente alterado —explicó.
—¡¿Qué?! —La voz de Edward fue fuerte en la pequeña cafetería—. ¿Lo conocías, Benji?
—No. —El niño todavía sonaba triste, pero estaba tranquilo ahora—. No me gustaba, papi.
—Está bien, bebé. Te tengo ahora. —Abrazó fuertemente a Benjamin, meciéndolo.
—¿Eres el padre de Benjamin? —confirmó Bella, su tono firme y controlado.
Edward miró por encima del hombro de Benjamin.
—Sí. Este es mi hijo.
Bella asintió lentamente.
—¿Crees que puedo hablar contigo un segundo? ¿Afuera quizás?
Él parecía indeciso, pero Benjamin estaba mucho más tranquilo ahora. Puso de nuevo al niño sobre sus pies.
—¿Estás bien, Benji?
Viéndose más avergonzado que molesto, Benjamin asintió, limpiándose los ojos.
—Sí. —Él miró entre Bella y Edward—. ¿Estoy en problemas?
—No —dijeron los dos.
Bella cerró su boca bruscamente, dándose cuenta de que estaba sobrepasando sus límites. Ella dio a Edward un breve movimiento de cabeza y dio unos pasos.
—Ya vuelvo.
Mientras se alejaba a pedirle a Tanya que vigile sus mesas durante unos minutos, Edward estaba asegurándole al niño de que nadie estaba enojado con él.
Cuando Bella regresó a la mesa, Edward suspiró, mirando por encima de Benjamin.
—Voy a hablar con Bella solo un minuto, ¿de acuerdo? Entonces podemos volver a casa. —Acarició la cabeza del niño, su mano persistente—. ¿Estarás bien a solas un minuto?
—Sí. Estoy bien. —La sonrisa encantadora del niño estaba de vuelta, y eso hizo que Bella se sintiera mejor. Ligeramente.
Aun así, mientras conducía a Edward afuera, no podía negar que ella estaba seriamente enfadada.
—¿Cuántos años tiene? —exigió antes que nada.
—Siete. Él…
—¿Me estás tomando el pelo? ¿Dejas que un niño de siete años de edad pasee por su cuenta? —Se cruzó de brazos—. ¿Qué tipo de padre hace eso?
La mirada en los ojos de Edward se oscureció.
—¿Estás realmente a punto de darme un sermón, como si supieras acerca de la paternidad?
—Sé muy bien que dejar a un niño de siete años de edad solo...
—Yo no lo dejo solo. —Edward se pasó las manos por el pelo, obviamente perturbado—. El transporte escolar lo deja a una cuadra de aquí. Viene directamente aquí todos los días. Se sienta en esa cabina porque puedo verlo allí si me alejo un poco del taller.
—Y él sigue aquí. Solo —insistió Bella—. No es como si yo lo estoy vigilando o cualquiera de los otros.
—Benjamin es un buen chico. ¿Alguna vez te ha dado algún problema? —desafió.
—¡Por supuesto que no, pero ese no es el punto! ¿Te das cuenta que debido a que estaba solo, un maldito pervertido estaba hablando con él? Él estaba tratando de conseguir que Benjamin saliera con él, Edward.
Edward palideció ante eso, y aunque parte de ella se sentía mal, Bella estaba demasiado enojada y demasiado asustada acerca de lo que podría haber sucedido.
—Benjamin desaparece cada tarde antes de que pueda averiguar adónde va. ¿Qué si ese imbécil lo hubiera encontrado entonces? ¿Qué si lo hubiera agarrado? No se puede dejar a un niño por su cuenta. Es abandono, y debería llamar a las malditas autoridades.
Ante eso toda la molestia y actitud defensiva drenó del rostro de Edward. Dio un paso hacia ella, sus ojos suplicantes.
—No. No, por favor. —Su voz fue totalmente extraña, desesperada, tanto que Bella se sorprendió de su grito. Él tragó con fuerza, sus manos, implorando—. Mira, tienes razón. Absolutamente tienes razón. No debería haberlo dejado solo allí. Fue...
Con los hombros caídos y suspirando, intentó de nuevo.
—Es una larga historia. Yo solo... —Cuando alzó la vista, parecía tan cansado—. ¿Me puedes dar un descanso? ¿Por favor? Ha sido difícil recientemente. —Se rio sin humor—. Bueno, más que de costumbre, supongo. Soy un buen padre, Bella. Sé que puede parecer que no desde donde estás, pero mi chico es todo para mí. Nunca haría nada para hacerle daño.
Bella respiró profundamente. Los ojos de él, toda su expresión, era tan transparente, que no podía dudar de su sinceridad allí. Ahora que ella había tenido la oportunidad de desahogar el miedo contenido, se estaba sintiendo más racional.
—Tengo que volver al trabajo —dijo en voz baja—. Te agradecería mucho si me explicaras esto. Tengo el último turno mañana, así que voy a estar aquí para el almuerzo de nuevo.
No se veía del todo cómodo, pero asintió lentamente.
—¿Y no vas a llamar a nadie?
—Si mañana me dices lo que está pasando, no voy a llamar a nadie.
—Eso es... —resopló—. Eso es justo —dijo finalmente. Estaba mirando hacia abajo a sus zapatos, la imagen de la vergüenza silenciosa.
Bella hizo una pausa.
—Sé que eres un buen padre.
Él miró hacia arriba, levantando una ceja.
—Es un chico fantástico.
Eso trajo su sonrisa de vuelta. Era pequeña, pero allí estaba.
—Él es mi vida —repitió.
Bella asintió.
—Te creo.
—¿Papi?
Ambos levantaron la cabeza, viendo a Benjamin mirando hacia ellos desde la puerta.
Edward respiró profundamente y puso una expresión más relajada antes de volverse hacia su hijo.
—Vamos, Benji. Vamos a casa.
Benjamin corrió a su lado, su mochila rebotando en su espalda. Miró a Bella.
—Adiós, señorita Bella. Gracias por gritarle al hombre malo por mí. —Él echó los brazos alrededor de su cintura, y Bella le dio un abrazo rápido de vuelta—. ¡Te veré mañana!
—Hasta mañana, Benjamin. —Ella revolvió su cabello afectuosamente.
—Gracias —dijo Edward, tomando la mano de Benjamin—. Por todo. De verdad.
Bella solo asintió.
Los vio caminando por la calle, la mano de Edward protectora sobre el hombro de Benjamin, hasta que desaparecieron por la esquina.
