Aquí el sexto capítulo de este fanfic.
Esperamos que os guste, esta vez es un poquito más largo.
Como siempre, os animamos a que nos comentéis qué os va pareciendo la historia, qué creéis (o deseáis) que va a pasar, y que nos deis amor.
Un saludo,
NEKINSEY
CAPÍTULO 6.
-¿De verdad te parece bonito ese oso, Clarke?
Bellamy se reía mientras señalaba a un peluche que colgaba del techo de una caseta en el parque de atracciones.
-¿A ti no? -le dijo la rubia divertida mientras lo miraba-. Creo que quedaría bien en mi habitación.
Ambos se rieron y Clarke se decidió a pagar para conseguir el oso. Como Bellamy esperaba, falló al lanzar un pequeño aro en un cubo.
-Estos juegos siempre tienen trampas, rubia -le susurró al oído-. Vamos a otra atracción, que seguro que nos lo pasamos mejor.
Tiró de su brazo y corrieron hasta la montaña rusa, que se encontraba en la parte más alta de todo el parque.
Habían pasado dos días desde aquella noche en la que Bellamy, Clarke y Lexa habían visto el partido de rugby y más tarde el alcohol había hecho mella en ellos.
-¡Lex, espera!
-Déjala, Bellamy. Creo que ahora lo que más necesita es estar un rato a solas -dijo Clarke mientras cogía su sujetador y se vestía lentamente.
Bellamy suspiró y se tumbó bocarriba, llevándose las manos a la cara. ¿Qué coño había pasado? Por mucho que bromease con el hecho de hacer algo con Lexa, para él era prácticamente una hermana.
-Eh, eh... -oyó que decía Clarke.
Abrió los ojos y se la encontró a pocos centímetros de él, tumbada a su lado y posando una mano en su pecho.
-¿Estás bien? -le preguntó.
-No, en realidad no.
La rubia se quedó callada, algo cabizbaja. Bellamy notó que ella tampoco se encontraba demasiado bien, por lo que pasó un brazo por sus hombros y la atrajo hacia él.
-No me gusta que se haya ido de esa manera... -susurró finalmente ella.
-Ni a mí tampoco. No sé cómo hemos acabad...
-Shh, ha sido mi culpa -le dijo Clarke, poniendo un dedo sobre sus labios. Bellamy lo apartó con delicadeza para seguir hablando y aprovechó para cogerle la mano.
-Eso no es verdad -el efecto del alcohol se iba diluyendo poco a poco y los pensamientos cada vez eran más claros-. Lo que ha pasado aquí esta noche ha sido culpa de todos, no solamente de ti.
Clarke le sonrió y lo volvió a abrazar, esta vez escondiendo la cara en el cuello del chico. Tras un rato de silencio en el que Bellamy se entretuvo en acariciar los mechones rubios de la chica que la caían por el brazo, Clarke habló.
-¿Te ha gustado...? -preguntó con voz queda. Bellamy se rio.
-Pues claro que me ha gustado -le susurró en el mismo tono. Levantó la barbilla de la chica con sus dedos para que lo mirase-. Me ha encantado, princesa.
Clarke se sonrojó y le dio un ligero beso en los labios.
-¿Qué hora es?
-Las diez.
-Debería irme ya, Bell...
El chico sonrió ante el diminutivo que utilizó la rubia para referirse a él. Pocas personas lo usaban y le agradaba mucho que ella fuese una.
-Jo, qué pena... -le dijo a la vez que la tumbaba sobre la cama y se colocaba encima de ella. Le apartó el flequillo del rostro y le dio un pequeño toque en el lunar que tenía sobre el labio-. Me gustaría preguntarte algo, Clarke.
-Dime.
-¿Te gustaría salir conmigo alguna vez?
La sonrisa de la chica se ensanchó y sus ojos le dieron la respuesta a Bellamy. Pasó los brazos por los hombros del chico y lo apretó contra su cuerpo con efusividad.
-¡Claro que sí!
Bellamy sonrió en el hueco de su cuello, donde le dio un beso.
A pesar de que el final de la noche había ido bien, se prometió que nunca más volvería a beber de nuevo. Además, tenía una charla pendiente con su mejor amiga que no quería dejar de lado.
Sin embargo, el tema se había obviado por completo en las conversaciones que Bellamy y Lexa tuvieron a partir de ese momento: aunque ambos se tratasen de la misma forma, quienes los conocían sabían que algo extraño ocurría entre ellos, como una especie de tensión invisible que los hacía sentirse incómodos en la presencia del otro.
Cuando llegaron a la montaña rusa, compraron las entradas correspondientes y después de diez minutos esperando en la cola, en los que no pararon de hacerse cosquillas el uno al otro, pudieron sentarse en un vagón de la atracción. En cuanto comenzó el movimiento, Clarke posó la mano en el muslo de Bellamy y lo agarró con fuerza a causa del miedo y de la impresión. El chico se acercó a ella para calmarla, le cogió la mano y le sonrió.
-¿¡Tienes miedo!? -le gritó por el ruido de la atracción. Clarke apenas lo escuchó, pero intuyó lo que quería decir.
-¡Mucho! -gritó ella. No le dio tiempo a decir nada más porque el vagón en el que iban sentados dio una curva cerrada y, seguidamente, se dirigió a una cuesta que iba hacia abajo. Los gritos de los dos se unieron a los pasajeros que estaban detrás. Mientras bajaban, el agua le salpicó en la cara y en otras partes del cuerpo. ¡Nadie les había avisado de que había una catarata en medio de la atracción!
Cuando se bajaron, Clarke se rio al ver a Bellamy muy mareado y sin apenas equilibrio por las vueltas que habían dado. Se miraron las ropas, casi mojadas por completo, y se desternillaron de risa, pues tendrían que aguantar parte de la mañana con ellas hasta que volviesen a la facultad.
Se dieron una vuelta por el parque, probando otro tipo de atracciones y distinta comida que se encontraban en algunos puestos.
-¡Joder, qué asco! -espetó Clarke cuando se llevó a la boca un bocadillo de algo que se suponía era salchicha y queso. Bellamy no podía aguantar las carcajadas y la rubia le dio un empujón- ¿Te estás riendo de mí o qué? -le dijo encarándose con él y acortando la distancia entre ellos.
-Qué sexy estás enfadada, ¿no? -le dijo Bellamy mientras le guiñaba un ojo.
-No quieras verme así...
-Cierto. Prefiero verte de otras formas.
Clarke apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando se vio atrapada entre la pared y el pecho de Bellamy. Suerte que apenas pasaban personas por allí en ese momento: el puesto de comida estaba un poco alejado de la zona de las atracciones y justo al lado había una calle que parecía no tener salida, que era donde la había acorralado Bellamy.
-No sabía que te podías mover tan rápido -susurró Clarke a la vez que pasaba una mano por las mejillas y el cuello del chico, notando su respiración sobre los labios.
-Solo soy rápido cuando es necesario. Otra veces... -mordió la oreja de la rubia, lo que provocó que de la boca de esta saliese un pequeño gemido- puedo ser mucho más lento.
Clarke no quería eso justamente ahora, por ello buscó su boca casi desesperada y la atrapó con sus labios en un beso más que pasional.
-Vale, mensaje captado -susurró Bellamy una vez se separó de los labios de Clarke.
Las manos de Bellamy fueron a parar a la espalda de la chica y la atrajeron más hacia sí, lo cual era bastante complicado: sus cuerpos se encontraban prácticamente juntos, fundiéndose en uno solo.
Bellamy buscó el cuello de la chica y lo lamió por la curva que une este con el hombro, produciendo escalofríos en la columna de la rubia. Esta por su lado tenía una mano en el pelo rizado del chico: le encantaba acariciar esos mechones tan suaves y salvajes al mismo tiempo. Su otra mano acariciaba el torso de Bellamy, notando el resultado del deporte que el chico hacía casi a diario. Con lentitud fue desabrochando los primeros botones de su camisa, dejándola abierta hasta la mitad. Bellamy paró un momento y dirigió su mirada a la mano de Clarke para sonreír y volver a fijar sus ojos en los azules de la rubia: le recordaban tanto a las olas del mar en el que se dejaba llevar, y la similitud era tal que por un instante sintió cierto miedo por los sentimientos que estaba experimentando a pasos agigantados.
Un pequeño jadeo de protesta por parte de Clarke le hizo volver a la realidad.
-Bell, ¿por qué paras? -susurró en su oreja, dándole besos por toda la mejilla hasta llegar a su comisura. Aprovechó para introducir la lengua en la boca del chico, que la aceptó con ganas y jugó con ella.
Bellamy, aunque un poco indeciso, llevó sus manos al trasero de la chica, cuya respuesta fue más que satisfactoria. La alzó hasta tenerla a la altura de sus ojos y siguió besándola con todo el deseo contenido durante estos dos días. Clarke se apretaba contra Bellamy, sintiendo como el chico cada vez respiraba más entrecortadamente, al igual que ella.
-¡Ralph, no puedes ir por allí!
-Pero, mamá...
-¡Que vengas te he dicho!
Bellamy y Clarke separaron sus labios, intentando calmar sus respiraciones al unísono, y apoyaron la frente en la del otro. Habían oído el ruido no muy lejos de la zona en la que estaban y tampoco era su intención dar un espectáculo, menos a un niño pequeño. Con pesar, bajó a Clarke y pusieron distancia entre ambos. Con sonrisas traviesas, Clarke se acomodó el pelo y la camiseta mientras Bellamy hacía lo propio con los botones de su camisa. Justo cuando llegaban la madre y el niño pequeño, ellos salían de la pequeña calle como si nada hubiese pasado. Salvo porque esta vez iban cogidos de la mano.
-Has sido una chica bastante mala, Clarke... -le susurró Bellamy una vez estuvieron alejados de aquel lugar. La chica sonrió.
-No sé yo quién ha sido el peor de los dos.
Bellamy abrió la boca, fingiendo sorpresa y provocando una risa fácil en la rubia. Desprevenida como estaba, no se percató de las intenciones del chico. Este la cogió en brazos con rapidez, impidiendo cualquier intento de fuga por parte de Clarke, y siguió andando tranquilamente hacia la salida del parque de atracciones.
El sol brillaba con fuerza esa mañana. Era mediodía y Octavia le había mandado un mensaje para que se viesen en los jardines de la facultad, bajo un árbol, y ahí estaban. Lexa apoyada contra el tronco del árbol, y Octavia tumbada en sus piernas con los ojos cerrados mientras su amiga leía su libro. A veces momentos así eran los que agradecía tener con ella, pero su voz la sacó de su lectura.
-Lex –empezó nerviosa, y ella apartó el libro para dejarlo sobre el césped, viendo así sus ojos-, me he acostado con Lincoln.
-¿Qué?
-Lo que oyes… -suspiró-. He estado todos estos días desde la fiesta viéndole a escondidas, ya lo sabes, y, joder, me gusta muchísimo.
-¡¿Te has acostado con él?! –se alarmó, pero preguntó para asegurarse de no haber escuchado mal, la chica suspiró antes de que se sentase para estar a su altura.
-Lexa, madura –le pidió-. La gente se acuesta sin tener que esperar al matrimonio –le echó en cara.
-Yo no espero hasta el matrimonio… -protestó haciendo morros.
-Pasó, sin más, yo no lo estaba buscando y él tampoco… Simplemente –suspiró y sonrió, de una forma que nunca la había visto sonreír-, pasó.
-Ya sabes que esto está mal, Octavia –susurró el chico acariciando su pelo.
Estaban en el coche de él, habían ido lejos de allí para estar a solas y no cruzarse con nadie, la había llevado al cine y luego a cenar, y llevaban un rato regalándose besos en el capó de aquel coche, frente a un acantilado.
-No está mal sentirse atraído por alguien, ni tampoco buscar a una persona ideal por su trabajo, ¿crees que no habría escogido mejor a un empresario o a un tío rico cualquiera? –él se empezó a reír y se acercó a ella para besarla suavemente.
-Eres muy rebelde… -besó la punta de su nariz haciendo que Octavia sonriese.
-Ya lo sabes.
-Sí, lo sé, está en mi lista de cosas que me gustan de ti.
-¿Y qué más cosas hay en esa lista? –mordió su labio, interesándose e inclinándose para que quedasen sus cuerpos unidos, dejándole apoyado a él solo ahora en el coche.
-Es infinita, no acabaría nunca, y cada día que paso contigo anoto una nueva.
-¿Qué has apuntado hoy? –preguntó bajo la luz de la luna, observando los ojos de aquel chico, que la miraban con ternura y amor.
-Que gritas con las películas de miedo –dijo divertido.
Octavia le golpeó un brazo mientras reía, antes de inclinarse para besarle muy lentamente, apoyándose en sus dedos de los pies para poder llegar a su boca. Subió sus manos a su cuello y ambos profundizaron a la vez el beso, que fue subiendo de temperatura, tanto que Lincoln agarró sus piernas, dejando que la chica saltase sobre él y rodeara su cintura, apoyándola ahora a ella en el capó de su coche.
-Vamos a hacerlo, Lincoln –susurró y soltó un suspiro cuando el chico empezó a besarle el cuello.
-Vale, vale, me hago una idea –cortó Lexa sin querer entrar en muchos detalles.
-Lexa, ¿me has follado y te da vergüenza escuchar qué hago con otros chicos?
-No lo digas así –protestó por la palabra que usó.
-Eres idiota –sonrió divertida apoyándose en el hombro de la morena, angustiada.
-¿Te gusta de verdad?
-Muchísimo.
-¿Quién te gusta? –participó Bellamy, que se sentó frente a las dos mirándolas interesado y con una sonrisa gigantesca en su rostro tras su cita con Clarke.
-Nadie –dijo O.
-Vamos, hermanita, no me voy a alarmar. Sé que haces cositas por ahí, prefiero escucharlas de tu boca que luego enterarme en los vestuarios de la boca de otros.
-Bell, es mejor que no sepas nada –participó Lexa, ayudando a Octavia.
Bellamy se extrañó con la negativa de ambas, ¿qué les pasaba? Si nunca se negaban a contarle nada, y menos su hermana de alardear que se había acostado con chicos; en ese aspecto era un poco como él, menos en ese momento. Volvió esa sonrisa a su rostro al acordarse de la rubia.
-Venga, O, cuéntamelo, sabes que no tienes que esconder nada.
-Se llama Lincoln –suspiró, cayendo con la insistencia de su hermano.
-¿Está en tu clase? –Lexa miró en ese momento a otro lado, algo más interesante que ver la cara que iba a poner su amigo.
-Es mi profesor de literatura –confesó.
Bellamy sonreía, pero cuando analizó en condiciones la frase, con su sujeto, su predicado y todos los complementos que la contenía, se quedó serio.
-¿Qué? ¿Estás liada con un profesor? –frunció el ceño.
-Baja la voz, cabeza de huevo –le pidió su hermana.
-¿Estás mal de la cabeza, Octavia?
-No, la verdad es que de la cabeza estoy bien –protestó.
-¿Cómo te atreves? ¿Qué es una especie de apuesta o qué?
-Bellamy –habló Lexa-, Octavia ya es mayorcita para saber lo que hace.
-Oh, ¿y te parece bien que esté liada con un profesor? -se extrañó de lo que dijo su amiga-. ¿Tú? ¿Alexandria Woods?
-¿Qué pasa conmigo, Bellamy Blake? –le desafió, y se miraron a los ojos unos segundos. Ambos sabían lo que pasaba por la mente del otro.
-No sé, ¿quizás que es sorprendente que te parezca bien algo que se sale fuera de lo normal? –ironizó el chico.
-¿Estar enamorándose de alguien? –se ofendió-. Oh, créeme que eso es lo más normal del mundo, algún día le tendría que pasar a Octavia también. Cuando nada más se piensa en el sexo es lo que pasa, que te sorprenden esas cosas -pero ninguno siguió hablando.
Bellamy cogió su mochila y se levantó, largándose de allí, dejando sola a las amigas.
-¿Qué ha pasado con vosotros? –se preocupó Octavia.
-Nada, déjalo, Bellamy estará con la regla.
Ambas se empezaron a reír y volvieron a su postura del principio, solo que esta vez Lexa decidió acariciar el pelo de la chica con una de sus manos, haciéndole saber que ella estaba ahí para apoyarla en todo lo que decidiera o no hacer.
Había caído la tarde, que era especial a otra. Se jugaba en la facultad un partido de rugby que, aunque amistoso, no dejaba de ser importante como trofeo. Ambos equipos iban muy igualados hasta el final, cuando el marcador dio la respuesta de quién era el ganador.
Bellamy y Lexa no se habían visto desde su encuentro esta mañana. Cuando se vieron, un saludo con la cabeza fue todo lo que hicieron.
-¡Fin del partido!
Se oyeron pitidos, voces y gritos tanto de protesta como de júbilo. Los Koalas habían vuelto a ganar al otro equipo del campus: las Anacondas. Bellamy se quitó el casco y fue hacia Lexa con paso ligero. Esta hizo lo mismo y se dejó abrazar por el chico, quien empezó a darle vueltas a su alrededor. A pesar de la pequeña pelea de hace horas, en ese instante la alegría superaba con creces todo.
-¡Hemos ganado! -gritaba en el oído de la morena, que en ese momento no le importaba. Lo abrazó más fuerte y unos segundos después se separaron para felicitar al resto de miembros del equipo.
Lexa vio de reojo cómo Murphy tiraba el casco al césped con enfado y se llevaba la mano a la corta melena que tenía en un gesto de frustración. Bien merecido se lo tenía, pensó.
Bellamy le agarró la mano para salir del estadio y en el camino vio a Clarke, a Raven y a Octavia en las gradas vitoreándolos. Lexa les sonrió y Bellamy levantó la mano que tenían los dos cogida en señal de victoria.
-¡Nos vemos ahora! -gritó Lexa a las chicas antes de desaparecer por la puerta de salida para los jugadores.
En el corto trayecto hacia los vestuarios solamente se oían gritos de felicidad, el choque de palmas y risas. Las chicas que jugaban se dirigieron a los vestuarios de la derecha y los chicos iban al de la izquierda. Bellamy fue a este pero una mano lo sujetó por el hombro.
-Bell, yo creo que voy a ducharme en la habitación -dijo Lexa.
-¿Y eso? ¿Vas a ir con esas pintas hasta la residencia? -ella le dio un pequeño manotazo en respuesta.
-Si está a dos pasos, por favor -protestó-. Prefiero ducharme allí tranquila. Luego las chicas han dicho de ver una película en el cine de la facultad -le propuso, aunque en cuanto pronunció las palabras recordó los sucesos de hace pocas noches y que, a pesar de no haber hablado sobre ello, en algunos momentos la tensión se hacía palpable entre ellos, como habían comprobado esta misma mañana.
Bellamy tardó unos segundos en contestar, pues por su cabeza estaban pasando los mismos pensamientos, pero finalmente asintió y le sonrió.
-No vemos en… ¿una hora?
-¡Vale! -exclamó Lexa, intentando que no se notara nada de lo que había pensado. Se despidió de Bellamy con la mano y salió por el pasillo de enfrente hacia la calle.
El chico entró en los vestuarios y todos sus compañeros de equipo más los del contrario estaban aseándose y recogiendo sus cosas de la taquilla que se les había asignado. Bellamy se dirigió a una esquina donde estaba la suya, la abrió y sacó de ella una toalla blanca junto con ropa interior y una camiseta ancha. Siempre que terminaba un partido le gustaba vestirse con ropa muy cómoda.
Los chicos empezaban a irse y aprovechó que las duchas estaban casi vacías para meterse en ellas. No es que se avergonzara de su cuerpo, pero le era un poco incómodo lavarse con tantas personas a su alrededor. La intimidad y el momento de relajación se desvanecían y quería disfrutar de ellos.
Terminó de enjabonarse y de utilizar la ducha, se secó un poco con la toalla y se vistió con lo que había sacado de la taquilla. Fue a paso lento hasta allí de nuevo, frotándose el pelo con la toalla para secarlo más rápido, cuando comprobó que no estaba solo en el vestuario: Murphy y otro chico del equipo contrario estaban terminando de arreglarse también. Hablaban sin haberse percatado de su presencia, así que intentó no hacer ruido mientras iba hacia su mochila, pero tuvo la mala suerte de tropezar con la esquina de un banquillo. Eso hizo que los otros dos lo mirasen enseguida.
-Vaya, vaya… mira a quién tenemos aquí -dijo el chico que acompañaba a Murphy. Este último le echó una mirada de reproche, pero bajó la cabeza y suspiró. Se veía que le había afectado perder el partido más de lo que esperaba, pensó Bellamy.
-Enhorabuena, pringado -volvió a hablar el otro chico, esta vez acercándose a él. Pasó por su lado y chocó un hombro contra el suyo, lo que provocó que Bellamy se llevase la mano a esa zona.
-¿Pero qué haces, idiota? -le espetó mirándole.
El chico se giró. Le sacaba una cabeza en altura y era bastante más corpulento que él, por lo que si quería comenzar una pelea, Bellamy llevaba las de perder con toda certeza.
-¿Me has hablado a mí, gilipollas?
Le empujó hacia atrás y Bellamy, aunque intentó mantenerse en el sitio, no pudo evitar balancearse hacia atrás por el golpe.
-¿Te crees que para nosotros eres la superestrella, como para toda la facultad? -el chico se acercó a Bellamy y lo acorraló en la pared del vestuario, casi escupiéndole en la cara mientras decía la pregunta- ¿Que tienes algún tipo de privilegio por ser el capitán de tu equipo y por que todo el mundo va detrás de ti lamiéndote el culo?
La mano del chico se elevó hasta alcanzar la camiseta de Bellamy, agarrarla y hacer presión en la zona, hacia arriba. Bellamy intentó zafarse del agarre, pero la fuerza del chico era mucho mayor que la suya. Si seguía así, no dudaba de que en pocos minutos se desmayaría por la falta de aire.
-Vas por ahí como si fueses el mejor de la facultad y te encanta, ¿verdad? Tener a todas las chicas detrás de ti, y a los chicos también. Encima no le haces asco a nada…
-Déjalo ya, Chris.
Bellamy oyó la voz de Murphy en la lejanía pero no podía saber si estaba cerca o no, ya que el chico, Christopher por lo visto, no le dejaba moverse de ahí.
-¿Qué coño dices? Si tú eres el primero que opinas lo mismo de él -Murphy no habló enseguida, pero finalmente dijo:
-Sí, pero…
-Pero nada. Tenemos a este imbécil para nosotros solos, colega. Yo creo que se merece una lección, ¿a que sí? -le preguntó a Bellamy directamente, a escasos centímetros de su rostro. La cara de este cada vez estaba más roja y poco a poco la respiración se le iba acelerando.
-V-ve...te a… la mier...da -le dijo como pudo. Christopher rió. En un movimiento rápido alcanzó la muñeca de Bellamy y la hizo girar en un ángulo imposible. El grito que dio debió de oírse por todo el recinto de los vestuarios, pero en ese momento ya no habría nadie por allí.
-¡¿Pero qué mierda haces?!
De repente, Bellamy dejó de sentir la presión sobre su pecho y cuello. Empezó a dar bocanadas de aire y se llevó la mano derecha a la muñeca, más que dolorida en ese momento.
-¡Joder, Murphy!
Bellamy levantó la mirada y vio cómo el mencionado había apartado a Christopher, empujándolo hacia un lado y encarándose con él.
-¡¿Pero a ti qué te pasa?!
-¡¿Y a ti?! ¡No sé por qué lo criticas tanto si a la hora de la verdad no te atreves a hacerle nada a ese mierda!
-Lárgate, Christopher.
-Tranquilo, me voy -dijo el chico recolocándose la chaqueta que llevaba-. Y tú, sí, tú -dijo señalando a Bellamy-. No eres más que un puto niño de mamá que juega a ser mayor cuando en realidad todavía espera a que su papi lo arrope por las noches.
La respuesta de Bellamy no se hizo esperar y, como si fuese un animal salvaje al que habían soltado por primera vez, se abalanzó sobre Christopher con todas sus fuerzas. Sin embargo algo lo paró justo en el instante en el que su cuerpo hubiera chocado con el del chico.
-¡Para tú también!
Los brazos de Murphy estaban a su alrededor y, aunque a primera vista podía parecer que era bastante delgaducho, el chico pudo mantener a Bellamy quieto. Christopher no se esperaba la reacción de este y aún tenía los ojos abiertos de par en par por la sorpresa.
-Vete de aquí ya, joder -le dijo Murphy, aún sujetando a Bellamy.
Una vez el chico se fue, Murphy le soltó. Bellamy se dio la vuelta para enfrentarse a él.
-Ahora vienes tú, ¿no? Se nota que tenéis mal perder. El nombre de vuestro equipo os honra, desde lueg…
-¿Estás bien?
La pregunta dejó prácticamente boquiabierto a Bellamy. O sea, ¿Murphy acababa de preguntarle si se encontraba bien? Al ver que el chico no respondía, Murphy se acercó a él para cogerle la muñeca y examinarla, pero Bellamy la apartó en un gesto brusco.
-No me toques.
-Siento lo de…
-¿Que lo sientes? ¡Y una mierda! -le gritó-. Llevas todos los años de facultad siendo un cabrón que no me deja tranquilo ni en el baño ya. Ahora encima le dices a tus amiguitos que hagan el trabajo sucio por ti, ¿verdad?
-Eso no es...
-No me creo tu faceta de niño arrepentido, de verdad que no te pega. ¡Agh! -se llevó la mano de nuevo a la muñeca, que le dolía a rabiar. Se dirigió a su taquilla, dándole la espalda a Murphy, que permanecía en el sitio. Con cuidado se echó la maleta en el hombro y se dispuso a salir de los vestuarios.
-Lo siento.
Bellamy giró la cabeza y se encontró con Murphy a unos pasos de él. Lo miraba de una forma extraña: no lo había visto nunca así y le resultaba más que raro. Y, por supuesto, después de años de rencillas entre los dos tanto dentro como fuera del campo de juego no se tragaba tan fácilmente ese perdón que salía de sus labios.
Ni siquiera le contestó. Le mantuvo la mirada durante unos instante que parecieron eternos y seguidamente se marchó del vestuario. Justo cuando iba a salir a la calle, oyó el grito exasperado de Murphy junto a un "¡Me cago en todo!".
Bellamy llegó a la habitación con una venda en la muñeca. Había ido a la enfermería que, por suerte, seguía abierta aunque fuesen casi las ocho de la tarde. La doctora le había recetado unos analgésicos durante dos días por el dolor y si se le hinchaba también unos antiinflamatorios. Bellamy no estaba muy acostumbrado a tomar medicina, aunque tendría que seguir las prescripciones de la mujer para recuperarse cuanto antes.
Se mordió el labio preocupado, prensando que no podría jugar ningún partido hasta que no pudiese mover la muñeca sin problema y, como mínimo, para eso faltaban dos semanas.
Abrió con la otra mano la puerta de la habitación, tardando más de lo común. Se encontró a Monty tirado en la cama con un libro en las manos. Estaba tan concentrado leyendo que ni se dio cuenta de que había vuelto.
-Buenas -saludó Bellamy, cerrando la puerta tras de sí.
Monty le respondió con otro saludo y siguió inmerso en su lectura, que por una vez en la vida no estaba relacionada con la universidad.
Bellamy se dejó caer en la cama. Tenía ganas de darse una ducha, pero la doctora le había aconsejado que hasta mañana intentase que el agua no cayese en la muñequera (aunque debía ser así durante la semana siguiente). Suspiró por todo lo que había pasado en tan solo unas horas: el día había empezado estupendamente, de la mano de Clarke y la cita que habían tenido juntos para luego convertirse en ese dolor constante que sentía al final de su mano.
-Oye, enhorabuena, tío. No he podido ir al parti... ¿Pero qué te ha pasado? -se sobresaltó Monty. Se había sentado en la cama para poder mirarlo y felicitarlo por ganar el partido, pero no esperaba encontrarse a un Bellamy tan cansado, con algunas marcas rojas por la zona del cuello y la muñeca vendada. Bellamy sonrió ante la reacción del chico.
-No te preocupes.
-¿Que no me preocupe? ¡Pero si parece que te han dado una paliza!
Bellamy recordó los momentos en los que apenas pudo respirar mientras el tal Christopher lo tenía sujeto y luego a Murphy, que para su sorpresa lo había ayudado. No eres más que un puto niño de mamá que juega a ser mayor cuando en realidad todavía espera a que su papi lo arrope por las noches.
-Podría haber sido peor, no es para tanto.
Monty movió la cabeza de un lado a otro en un gesto de desaprobación y se acercó a la cama del chico.
-¿Necesitas algo?
-Que no, tío –sacó su móvil y mandó un mensaje a Lexa diciendo que al final no iba a ver la película; de todas formas, ya llegaba tarde-. En serio. Lo único que quiero ahora mismo es acostarme y olvidar todo lo que ha pasado hoy.
Bueno, pensó para sí mismo, todo no.
-Mira, Bell, este eras tú cuando eras un bebé.
El niño miró la fotografía que su madre le señalaba. Estaba bastante descolorida por el paso de los años y tenía los bordes ennegrecidos, pero le pareció bastante bonita.
-¿Era tan gordo? -preguntó inocentemente. Su madre rio.
-Sí, eras así de gordito.
-¿Y este era papá? -volvió a preguntar, esta vez señalando con el dedo al hombre que sostenía al bebé en brazos y le daba un beso en la mejilla.
Su madre tardó en responder unos segundos, con la vista fija en la fotografía.
-Sí, cariño. Ese era papá.
-¿Dónde está papi ahora, mamá?
-Se fue, cariño.
-¿Por mi culpa? -los pequeños ojos del niño se achicharon, como si fuese a empezar a llorar.
-¡No, mi amor! En absoluto -le dijo la mujer con cariño, abrazándolo y posando la cabeza de su hijo en su pecho-. Papá te amaba con locura y más que a nadie. Simplemente... se tuvo que ir.
El niño asintió, no demasiado convencido, y se limpió una lágrima con la mano.
-Algún día lo volveremos a ver, Bellamy.
-¿De verdad? -la cara del niño resplandeció ante la idea.
-Sí, de verdad.
-¡Bell, Bell!
Unos gritos inundaron el salón y entraron por la puerta dos personitas: una iba dando tumbos y la otra corría en dirección al niño, que estaba en el sofá con su madre.
-¡Bell, ven a jugar con nosotras! -Lexa le agarró la mano y tiró de él, separándolo de la mujer.
-¡Tened cuidado! -fue lo que oyeron cuando llegaron al jardín que rodeaba la casa.
-¡Hermanitoooooo!
Bellamy sintió como si le hubiesen aplastado todos los músculos del cuerpo y se sintiese apresado por el abrazo de un oso. Abrió los ojos con sorpresa y espanto al encontrarse a su hermana encima de la cama y, lo más preocupante, de él.
-¡¿Qué coño!?
Se dio la vuelta, lo que provocó que Octavia casi se cayese al suelo por el brusco movimiento del mayor.
-Encima que vengo a hacerte compañía...
-¿Compañía?
-¿Qué te ha pasado? Déjame que vea dónde... ¡Aquí! -la mano de Octavia se dirigió a la suya. Dio un respingo de dolor al notar cómo su hermana le cogía la muñeca, pidiéndole perdón al darse cuenta de que le había hecho daño- ¿Quién te ha hecho esto, Bell?
Era como estar frente a una metamorfosis: la Octavia amigable y alegre que había entrado por la puerta se acababa de convertir en una fiera que buscaba venganza.
-A ver, a ver... -dijo Bellamy mientras se sentaba en la cama. Se sintió incómodo al llevar aún la ropa del día anterior y deseó poder darse una ducha en cuenta su hermana saliera del cuarto.
-¡Bell!
Otro portazo, otro cuerpo encima del suyo.
-Octavia me ha dicho que viniera. ¿Estás bien?
La voz de Lexa tembló un poco al decir la pregunta y se quedó mirándole a los ojos, como queriendo saber qué le había ocurrido antes de que se lo dijese.
-Chicas, no sé qué...
-¡Bellamy, estás aquí!
Raven y Clarke entraron por la puerta, aunque afortunadamente a ninguna se les ocurrió echarse encima de él.
-¡¿Se puede saber por qué está todo el mundo en mi habitación?! -gritó nervioso Bellamy. Hoy no era su cumpleaños y no había ninguna razón justificada que explicase la aparición de las cuatro tan temprano. Octavia miró a su hermano y le respondió:
-Monty me ha llamado antes de la primera clase y me ha contado que ayer llegaste mal a la habitación.
Claro, era eso, pensó Bellamy. Monty era un exagerado, tampoco había llegado tan mal... Al menos físicamente.
-Ah, sí. Lo dice por esto -Bellamy levantó la muñeca vendada-. Tuve un problemilla en los vestuarios, pero nada que el gran Bellamy no pue...
-Que te calles. ¿Quién te lo hizo? -Bellamy suspiró. Octavia lo conocía demasiado bien como para saber cuándo intentaba cambiar de tema o quitarle importancia a algo.
-Fue un amigo de Murphy. ¿Te acuerdas cuando nos despedimos ayer? -le dijo a Lexa, que seguía al lado de él- Cuando terminé de ducharme creía que estaba solo pero me encontré a ese tío y a Murphy.
-Puto Murphy -susurró Octavia con los dientes apretados.
-No fue él. De hecho me ayudó.
La cara de todas era un poema. ¿Murphy ayudando a alguien y en concreto a Bellamy?
-Vaya, a lo mejor no tenemos que perder la esperanza -bromeó Raven, pero nadie más le rio la gracia.
-Solamente me han dicho que me tome unas cuantas pastillas durante dos días y que no moje demasiado la venda en dos semanas. Lex -dijo, girándose hacia ella-, no creo que pueda ir a jugar en todo ese tiempo...
Lexa abrió la boca con sorpresa, pero asintió. Prefería no tener a su amigo en el equipo y que este mejorase por completo.
-No hay problema, Bell.
Ambos se sonrieron y en ese momento parecía que todo había vuelto a ser como hacía unos días.
-Ay, pobrecito -dijo Raven, posando la mano en el pelo del chico y desordenándolo-. Si en el fondo te queremos todas. Míranos aquí, pendientes de ti.
Bellamy iba a protestar pero en el fondo le había hecho gracia el comentario. De reojo, buscó la mirada de Clarke, que estaba fija en él. Le sonrió con timidez y ella le respondió. No sabía por qué, pero no quería hacer ninguna otra muestra de cariño a la rubia ahora: prefería estar con su hermana o Lexa. Agarró la mano de esta última y la unió con la suya sobre la sábana de la cama.
-Chicas, gracias por venir, pero ¿podríais dejarnos a Lex y a mí solos un momento?
Raven asintió y se despidió la primera. Octavia le dio dos besos a su hermano, un abrazo y le dijo que intentase no meterse en tantos problemas, que no ganaba para disgustos; a veces hablaba como su madre. Clarke se acercó a él y le dio un fuerte abrazo. Al mismo tiempo le susurró al oído mejórate, por favor y Bellamy no pudo hacer otra cosa que abrazarla con más ahínco.
Una vez los dejaron solos, Lexa se tendió con Bellamy en la cama todavía con las manos cogidas.
-¿Estás bien? Te noto raro...
-He tenido un sueño que creo que más bien era un recuerdo, Lex.
Mientras hablaba, Bellamy no la miraba. Sus ojos observaban el techo de la habitación.
-¿Sobre qué? -preguntó la menor, apoyándose en un brazo para ponerse de lado.
-Estaba con mi madre y yo tendría unos siete años. Me enseñaba una fotografía de mi padre...
Lexa se mordió el labio. No hacía falta ser muy listo para darse cuenta de que no era un tema del que Bellamy hablase todos los días, y ella mejor que nadie sabía cómo se sentía su amigo.
-Yo le preguntaba si se había ido por mi culpa. Joder, Lex, qué imbécil -se llevó la mano a la cara, tapándosela, pero ella se la apartó con cuidado.
-No, Bell. Eras un niño, es lógico que pienses todo tipo de cosas.
-Pero mi padre no se fue, Lex. Mi padre murió.
Lexa se quedó callada, incapaz de decir algo después de la carga emocional que tenía esa última frase. Se acercó más a su amigo, rodeándole el torso con los brazos y apoyando la cabeza contra la suya.
-Sabes que te entiendo perfectamente.
-Sí...
-Hacía mucho que no sacabas este tema, Bell.
Bellamy cerró los ojos, recordando el momento en los vestuarios de ayer.
-Cuando Murphy apartó al gilipollas ese de mí, el tío encima mencionó a mi padre. Dijo que era un... un niño que solo quería que mi papi me arropase por las noches.
El silencio que se hizo a continuación podía cortar el aire de lo denso que era.
-¿Sabes lo peor, Lex? Que a veces sí lo soy... -Lexa sintió que el agarre del chico se intensificaba- Quiero que venga y me dé ánimos en un partido de rugby, salir con él de paseo o que me abrace. Pero eso nunca va a pasar ya.
Lexa levantó la cabeza y se lo encontró con los ojos cerrados. Bellamy se dio cuenta de que su amiga estaba más cerca de él y la miró. En cuanto lo hizo, el corazón de Lexa se encogió: había visto a Bellamy llorar pocas veces, pero siempre tenía el mismo efecto en ella. Su amigo tenía los ojos vidriosos y algo enrojecidos.
-Ey, Bell, ya está -le susurró, posando una mano en la mejilla del chico-. Nos tienes a mí y a O, que siempre estaremos aquí.
-Lexa -la voz de Bellamy sonaba un poco más grave-, no quiero que te enfades conmigo por lo del otro día. No quiero perderte a ti también.
Lexa solo pudo echarse sobre su amigo, notando que sus ojos empezaban a escocerle también, abrazarlo con todas sus fuerzas y recordarle una y mil veces que, a pesar de las peleas que tuvieran, nada los iba a separar.
Nada.
Iban andando por los pasillos del colegio mayor, Bellamy y Lexa se dirigían hacia la habitación de la última, en silencio, después de haber estado practicando una exposición para una asignatura. Iban tan distraídos en sus pensamientos que no vieron que Murphy estaba apoyado en una de las paredes del pasillo, en el lado de Lexa, y puso la pierna haciendo que la chica tropezara y cayese al suelo; sus reflejos hicieron que pusiera las manos justo a tiempo, quedando a gatas.
-Oh, que despiste, se me ha olvidado apartar el pie –comentó divertido mirando a la chica en el suelo, recibiendo un empujón de Bellamy con su brazo bueno.
-¿Eres gilipollas, Murphy? ¡Ni que estuviésemos en el colegio! ¡Joder! –se molestó con el chico, que lo miró serio.
-¿Estás bien?
Clarke apareció en ese momento que salía de la habitación de Octavia y se agachó frente a Lexa, que estaba arrodillada mirando a la nada y seria, sin ganas de crear conflictos. La morena miró los ojos azules de la chica y asintió lentamente, intentando que no se preocupase.
-Vale que la tomes conmigo, cabrón, pero deja de molestar a Lexa –defendió Bellamy a su amiga desafiando al chico, que observó serio unos segundos su muñeca vendada y luego le miró elevando la ceja, dispuesto a contestar su frase, pero decidió cambiar su objetivo, dirigiéndose a la rubia.
-Oh, ¿Clarke ahora te preocupas tanto por Woods? -comentó el chico burlándose-. Si hasta hace nada no sabías que existía –Clarke se molestó y se levantó dirigiéndose a él.
-¿Qué te pasa, Murphy? –casi le gritó- ¿Cuántos años tienes? ¿Por qué la tienes tomada con ellos?
Se quedaron en silencio mirándose: los ojos de Clarke no dejaron de observarle fijamente y siguió la mirada del chico, que se posó sobre Lexa primero y después en Bellamy, que estaba otra vez junto a su amiga. Clarke suspiró y terminó por pedirle que se fuese, señalando el final del pasillo.
Bellamy extendió una mano para ayudar a Lexa a que se incorporara, la cual aceptó y anduvo hacia su habitación sin mirar atrás.
-Ey –escuchó decir a Clarke con voz cálida, y sus ojos verdes la enfocaron, ambos la habían seguido-, ¿quieres que vayamos a algún lado?
-¿Tú y yo? –preguntó confundida, sobre todo por que le propusiese algo con Bellamy delante, que las miraba esperando que la rubia lo invitase también.
-Claro, una noche de chicas –sonrió y acarició su mano.
Bellamy las miró extrañado, pero igual "una noche de chicas" le vendría bien a Lexa. Es verdad que había estado un poco callada esos días: al principio pensaba que por lo que pasó la noche del partido, pero tras meditarlo varias veces se acordó que probablemente estaba recordando a sus padres. Él tuvo ese momento de debilidad por el sueño que tuvo, donde Lexa estuvo para apoyarle, y, si no recordaba mal, la fecha de cuando todo sucedió estaba cerca, y todos los años durante esos días Lexa solía estar más pensativa y silenciosa.
Lexa observó a Clarke unos segundos. Aún tenía cierta inseguridad después de lo que pasó el día del partido de rugby; no habían hablado nada, más que nada porque ella estuvo evitando el tema, a pesar de que se moría por preguntar.
Aun así aceptó, y ambas se fueron juntas a dar un paseo tras despedirse del chico, que dijo que iba a esperar a que llegase Octavia.
-¿Qué te apetece? ¿Ir al cine y luego salir a cenar? –preguntó sonriente la rubia.
-Lo que te apetezca a ti – dijo tímida, era la primera vez que hacían algo juntas, ¿era una cita?
-Venga –se río y agarró su brazo pegándose a ella-, me apuesto a que aquí dentro –puso su dedo contra su esternón, señalándola– hay una chica atrevida que se muere por salir.
-Lo que pasó aquella noche fue por el alcohol –imaginó que se refería a cómo se comportó cuando se besaron en el momento del partido, pero Clarke borró esa sonrisa traviesa que tenía.
-No me refería a eso –suspiró-. Me arrepiento de lo que pasó esa noche.
-¿Te arrepientes?
-Sí, porque cuando bebo soy imbécil –dejó de agarrar su brazo y echó su pelo hacia atrás, mirando al frente mientras seguían caminando.
Lexa observó su rostro y vio que fruncía el ceño apretando la mandíbula.
-Oye –la llamó, llevándose esa mirada azul-, yo también soy imbécil cuando bebo, por eso intento no hacerlo nunca.
-Cachonda, me pongo cachonda cuando bebo –dijo de repente, dejando a Lexa algo bloqueada.
No era de piedra y claro que le vinieron imágenes de "Clarke cachonda", se acordaba perfectamente de la "Clarke cachonda" quitándose el sujetador.
-Y, bueno –continuó-, los dos sois muy atractivos, no pude controlarme mucho… -hizo una pausa, lamiéndose los labios nerviosa, parecía que se pensó mejor sus palabras e hizo que las mejillas de Lexa se tiñesen de rojo-. Bueno, no hace falta que censure, estáis los dos muy buenos y, sobre todo cuando te besé, me puse demasiado cachonda: estabas increíble con ese sujetador...
-Olvidémoslo, ese día no pasó –intentó evitar el tema porque, de verdad, que le estaba dando vergüenza-. Podemos ir al cine –dijo finalmente.
Clarke le sonrió y volvió a agarrarla del brazo, pegándola a ella para andar así juntas hacia los cines más cercanos.
-No me lo digas –levantó la mano mirando la cartelera-: la de superhéroes o la de los robots.
-También me gustan las comedias románticas –dijo divertida observando que había una en la cartelera.
-Eso está claro, una persona tan tierna como tú tiene que ver cosas así.
Lexa se puso nerviosa cuando Clarke, como si no quisiese la cosa, atrapó su mano y se apoyó en su hombro mientras miraban ahora película por película para ver en cuál se metían las dos dependiendo de la hora a la que se proyectase.
En la película no hablaron casi nada, al final se decidieron por una película de amor, lo cual puso aún más nerviosa a la morena, sobre todo cuando Clarke decidió no separar sus dedos una vez estuvieron entrelazados sobre el brazo de una butaca. No pudo evitar mirarla de reojo de vez en cuando, pillando a esos ojos azules observándola alguna vez, compartiendo sonrisas confidentes.
Empezaron a andar por un parque, y de repente Lexa se encontró andando sola y cuando fue a mirar hacia atrás a ver dónde se había quedado Clarke, sintió el peso de un cuerpo en su espalda y a una persona riéndose. Agarró sus piernas y la llevó así mientras sus brazos caían a ambos lados de su cuello, y pegaba su mejilla en la suya.
-El día parece que ha mejorado –dijo tímida, mientras sentía calor por todo su cuerpo al tener a la chica tan pegada a ella.
-Deberíamos repetir más a menudo –le susurró cerca de la oreja, pero por la posición, su voz sonó de lo más normal y divertida.
-Me encantaría –y sonrió tras llevarse un beso de la chica en su mejilla.
Lexa insistió en acompañarla hasta la puerta de su habitación, que estaba unos pisos más arriba de donde ella dormía con Octavia.
-Mi compañera esta noche no viene –dijo mientras abría la puerta-, puedes entrar y quedarte a dormir conmigo.
-Clarke… yo… no… -intentó excusarse, ¿estaba insinuando que se acostasen juntas? No quería acostarse con ella así sin más, no era su estilo…
Lexa, madura. No, Octavia, no iba a madurar.
-No seas tonta –sonrió acercándose a ella y subiendo sus gafas con el índice-. Solo quiero pasar más tiempo contigo y dormir, ya está.
-¿Ya está?
-Sí.
-¿De verdad? –la chica se rio divertida.
-Eres adorable, de verdad –le dio un pequeño beso en la punta de la nariz-. Por favor –suplicó poniendo sus manos bajo su barbilla, y Lexa no pudo decir que no.
-No tengo pijama, puedo bajar y coger el mío en un segundo –dijo de repente, y Clarke fue a un cajón de la cómoda que tenía allí para sacarle uno, antes de quitarse ella misma la camiseta, como si nada, y buscar el suyo para ponérselo.
Lexa volvió a sonrojarse ante la visión de la chica en ropa interior cambiándose, y se giró para ponerse el pijama allí también, frente a ella, tampoco quería ser una "rarita". Se puso los pantalones del pijama que le dejó y sintió un escalofrío cuando la mano de Clarke acarició su espalda desnuda.
-El día de la playa casi no pude apreciarlo bien –la escuchó decir, se referiría a su tatuaje-. ¿Qué es? –siguió delineándolo con su dedo.
-Algún día te lo explicaré –sonrió, algo entristecida, metiéndose la camiseta por la cabeza y girándose mientras terminaba de colocársela, llevándose una mirada interesada de la chica, que bajó hacia su ombligo-. Ahora es tarde –le tembló la voz, ay, qué idiota era...
Estaba algo nervios: compartir una cama con Clarke no estaba entre sus planes cuando decidieron salir al cine, pero parecía que la chica insistía dos veces y ella no tenía más remedio que aceptar a todo.
Se tumbó a su lado y observó su sonrisa cuando la chica pasó el brazo sobre su cabeza para apagar la luz, aprovechando para acariciar su mejilla una vez se quedaron a oscuras. Disfrutó de las caricias y contuvo el aliento cuando el cuerpo de Clarke se acercó al suyo y sintió su aliento contra sus labios, desapareciendo rápidamente cuando la chica hizo que, suavemente, quedara boca arriba en la cama para así apoyarse en su hombro abrazándola por la cintura.
Jamás se había sentido así por nadie, tan rápido, pero Clarke se acercaba a su corazón a pasos agigantados y ella dejaba que lo hiciese. Debía añadir que había estado deseando besarla desde que se quedó con ella a solas ese día y esperaba que ella también lo quisiera hacer, pero en esos momentos se estaba muy bien teniéndola entre sus brazos, tan cerca, pudiendo oler su pelo. La abrazó con más fuerzas y acarició su pelo mientras su mente trabajaba a mil por horas, a pesar de que su cuerpo estuviese relajado junto a esa chica que le quitaba el sueño.
Tenía que confesarse con Bellamy: Octavia ya sabía lo que sentía por ella, aunque no le dijo nada de lo que pasó esa fatídica noche en la habitación de su hermano, le daba un poco de vergüenza confesar todo lo que se había dejado llevar, y eso que aun le ardía la boca por los besos que había compartido con Clarke, o que sentía escalofríos si recordaba cómo se quitó el sujetador sobre su cuerpo.
Ni siquiera lo había hablado con Bellamy, tenía un poco de resquemor aún por la noche del partido, por haber sido un pesado para que hiciese cosas con él y por haber seguido poniéndole más y más bebida en su vaso. Sabía que el pobre no tenía la culpa, que ella también la aceptó, igual era, simplemente, que se sentía mal con ella misma, a la vez que orgullosa por haber salido de la habitación. Dios, si se hubiese acostado con Bellamy al día siguiente se habría tirado del piso más alto de la residencia. Y no porque le diese asco su amigo, que ya pasó lo suyo cuando le tocó besarlo, pero es que… ¿un tío? ¡UGH!
Al menos parecía que ambos hicieron un pacto de silencio sobre el tema la mañana que se quedaron a solas en su habitación, cuando Bellamy habló de su padre. Pocas veces su amigo había hablado de eso, al igual que ella, era un tema que ninguno de los dos sabía expresar y preferían no tocarlo demasiado. Aunque había momentos en los que el malestar era tal, que necesitaban explotar por algún lado, y Bellamy siempre había sido un punto de apoyo para ella, y ella para él. Siempre.
Así que debía confesarle sus sentimientos por Clarke, tenía que hablar con él, porque eso que sentía en el pecho era muy fuerte, demasiado, casi no lo controlaba, y le asustaba un poco, al mismo tiempo que le ilusionaba.
Al día siguiente se lo contaría, sí, eso haría.
