¡Hola! Aquí Nekinsey.
Os traemos el capítulo 7, esperamos que os guste el capítulo, y ansiamos leer vuestras opiniones sobre el capítulo, positivos, negativos o alabando nuestra forma de escribir sin meteros en muchos detalles.
¿Qué creéis que va a pasar?
Nos vemos pronto.
CAPÍTULO 7. Un asunto agridulce.
Abrió los ojos y lo primero que vio fue pelo rubio frente a su rostro, y no pudo evitar sonreír. La abrazaba por la espalda, estando aún en la cama tras haber pasado la noche junto a ella, y sintió las mejillas calentarse cuando se dio cuenta de que a Clarke se le había subido un poco su camiseta y su brazo tocaba perfectamente su piel, mientras su mano estaba entrelazada con la suya.
Intentó no moverse para no despertarla y contuvo el aliento cuando la notó estirarse, poniéndose boca arriba y sonrió de nuevo cuando escuchó el sonidito que hizo antes de abrir los ojos, aún adormilada.
-Buenos días – susurró antes de morder su labio nerviosa, observando cada parte de su rostro.
-Lexa – sonrió, girándose y abrazándola, ahora de frente, escondiendo la cara en su cuello.
La morena acarició su espalda y dejó que la abrazara, entonces le volvió a faltar el aliento cuando la rubia se puso frente a ella, conectando sus miradas, y se inclinó para besar su mejilla suavemente, muy cerca de la comisura de sus labios.
-Tengo que irme… - susurró de nuevo, observando la sonrisa de Clarke mientras jugaba con un mechón de su pelo moreno-. Debo preparar mis cosas para ir a clase, además, quiero darme una ducha.
-Hueles genial ahora mismo, no creo que te haga falta – Lexa soltó una risa.
-Sí, sí hace falta… - y mordió otra vez su labio, antes de decir su próxima frase-. Aunque me gustaría verte luego y así poder abrazarte de nuevo, me gusta cuando puedo olerte en mi ropa – y notó que se ponía nerviosa, ¿había sido una frase estúpida? Sí, igual sí… Intentemos arreglarla-. Hueles muy bien.
Oh, Dios, ¿qué le pasa? ¡Parecía idiota! Igual pensaba que tenía una especie de retraso.
-Tú hueles mejor –sonrió, besando su nariz-. Vale – aceptó-. Yo también quiero poder olerte cuando no esté contigo.
Sonreía como una estúpida mientras bajaba por las escaleras hacia su habitación, se sentía ilusionada como nunca y tenía unas ganas locas de ver a Bellamy y contárselo ya. Todo iba viento en popa, no podía estar más feliz.
Abrió la puerta y se encontró a Octavia con cara de espanto mirándola, aún en pijama, y su hermano a los pies de la cama con una sonrisa de tonto que no podía con ella. Lexa sonrió, la escena casi era cómica.
-Lexa, ven, tengo que contarte algo.
-Y yo a ti –soltó sonriente, Octavia se echó a un lado y dejó que se sentase con ella-. Va, tú primero –no sabía qué tenía que contarle su amigo, pero igual su historia era más larga, sentimientos y todo eso. Se extrañó cuando Octavia agarró su mano debajo de las sábanas.
-La verdad es que llevo varios días dándole vueltas, y creo que cada vez estoy más seguro de eso que siento –hizo una pausa para darle más misterio al asunto, divertido.
-¡Suéltalo ya! –pegó a su amigo en la pierna mientras se reía, ¿por qué le estaba dando tantas vueltas? ¿Qué sería lo que quería confesarle?
-Me estoy enamorando, o eso creo –amplió su sonrisa-. Ya sabes que nunca me ha pasado esto, pero estoy realmente ilusionado.
-Uh… -dijo divertida-. ¿Y quién es la afortunada? –el agarré de su amiga se intensificó, y la miró confundida, ¿qué le pasaba?
-Es Clarke.
Igual si Bellamy la hubiese cogido de los pelos, la girase alrededor de su cuerpo, la estampase contra el suelo, y empezase a darle puñetazos en la cara, uno detrás de otro, con toda la fuerza que sabía que tenía en sus brazos: habría dolido menos.
La cara de Lexa se quedó neutra, no mostraba ninguna emoción por unos segundos, y el chico de pelos rizados, y un tanto alborotados, se quedó impaciente en espera de su respuesta. Normal que tuviese que recapitular los hechos, hacer un análisis de todo… ¡Le acababa de decir que se estaba enamorando! Jamás había dicho unas palabras tan grandes, ni dicho ni pensado, y se quedó aliviado cuando Lexa sonrió antes de abrazarlo.
-¡No me lo puedo creer! -exclamó divertida antes de volver a sentarse en su sitio mirando el rostro de su amigo-. Bellamy Blake enamorándose…
-Es lo más extraño que me ha pasado nunca –se rio nervioso, pensando en esa chica que lo tenía totalmente loco por sus huesos.
-Y cuéntame, ¿qué habéis quedado? ¿Os habéis besado? -inquirió con la ceja levantada.
-Oh, no vamos a tener conversación de chicas, Lexa… Una cosa es confesarme, otra decir los detalles de las citas –y mordió su labio-. Claro que nos hemos besado.
Lexa rio y le lanzó un cojín a la cara. Tenía el corazón en puño y eso de disimular lo había hecho siempre bien en muchas ocasiones: una sonrisa cuando por dentro no tenías ni ganas de estar con nadie; pero en esos momentos le estaba costando más que en toda su vida, así que decidió evitar, al menos por unas horas, seguir hablando más del tema, porque imaginar a Clarke mirando a Bellamy como la había estado mirando a ella esa mañana le estaba doliendo demasiado.
-Se nos va a hacer tarde –se levantó del lado de Octavia, que observaba la escena en completo silencio-. Tengo que ducharme antes de ir a clase –anduvo hacia el baño-. ¿Nos vemos allí? –señaló al chico, y Bellamy le lanzó un guiño como afirmación despidiéndose de su hermana antes de salir de la habitación, en el mismo momento que Lexa se encerraba en el baño.
Se miró al espejo unos segundos con las manos apoyadas en el mueble del lavabo, y vio reflejada a Octavia, detrás de ella, que había entrado en el baño también. Se giró y se abrazaron, dejando que la consolara mientras lágrimas amargas caían por sus mejillas.
Eran las doce de la mañana y Bellamy ya había terminado las clases por hoy. Le encantaban los miércoles por eso mismo: apenas tenía que ir a clase y podía pasar el día entero surfeando. Su intención era cambiarse de ropa, coger la tabla de surf e irse a la playa ahora mismo.
Salió del edificio de la facultad y le dio el aire en plena cara. Dio la vuelta a la esquina en dirección a la residencia, pero se chocó con alguien y, claro, tenía que darse el golpe en la muñeca.
-¡Ay, mierda! -dijo con los dientes apretados; aunque habían pasado dos días desde el accidente en los vestuarios y la hinchazón era menor, el dolor persistía.
-¡Hola! -Bellamy levantó la mirada para encontrarse con la de su rubia favorita.
-¡Princesa! -con una sonrisa se abalanzó sobre ella para abrazarla, la muñeca se le olvidó a partir de ese instante-. Perdona, no te he visto.
-No te preocupes -dijo Clarke y soltó un suspiro frustrado.
-¿Te ocurre algo? -preguntó acariciando con su mano la barbilla de la chica.
-Nada, cosas mías -quitó importancia al asunto.
-¿Quieres que demos un paseo? -le dijo agarrando su mano y empezando a andar hacia los jardines del campus.
Lexa acababa de salir del edificio de la facultad, metida en sus pensamientos, e iba andando distraída dirigiéndose a la residencia para estudiar allí. No quería ir a la biblioteca y cruzarse con Clarke, al menos de momento, necesitaba poner en orden todos los acontecimientos de ese día. Lo que no esperó y la dejó de piedra mientras bajaba las escaleras era encontrarse a la parejita andando de la mano por el camino de piedra. No pudo apartar los ojos de esas manos entrelazadas y cogió aire antes de girarse y caminar hacia otro lado.
Bellamy intentaba hacer reír a Clarke con bromas propias de él que al principio apenas surtieron efecto, pero no desistió hasta ver a la rubia casi tirada por los suelos de la risa. Todo fuese por ver esa preciosa sonrisa de nuevo.
Se sentaron en el césped bajo la sombra de un árbol, Clarke apoyó la espalda en el tronco y Bellamy posó la cabeza en su muslo mientras ella le acariciaba el pelo y el cuello.
-Si sigues así creo que voy a dormirme en… -fingió un ronquido y Clarke le dio un leve toque en la boca, el chico se quedó observándola y vio que había vuelto a quedarse más pensativa y seria-. Oye, ¿estás bien?
-Sí, estoy mejor -le susurró dándole un beso en los labios, el chico cerró los ojos y protestó cuando Clarke apartó los labios de los suyos.
-Entonces… ¿en qué estás pensando? -se interesó.
-Esta noche me toca cenar con Kane, mi madre lo invita unos días a casa y hoy hay que aguantarlo en la comida -suspiró frustrada.
-¡Pero si Kane es genial! -en cuanto lo dijo, la mirada de reproche de la rubia se posó sobre él-. No me mires así, sólo te hablo de cómo se comporta conmigo.
-Claro, tú como eres su ojito derecho… En cambio, yo soy solo su hijastra.
-Cuánto odio noto en esas palabras…
-¡Oye!
-Vale, vale… Tienes razón. A mi me parece un buen tío.
-Se me ha ocurrido algo: vente a cenar esta noche.
La proposición provocó que los ojos de Bellamy se abrieran de par en par.
-¿A cenar? ¿A tu casa?
-Así me ayudas a soportar la presencia de Kane y, de paso, conoces a mi madre.
-Ya la conozco… -susurró y la rubia le dio un manotazo.
-Ya sabes a lo que me refiero.
Bellamy no cabía en sí, Clarke lo estaba invitando a su casa: ya no era simplemente una cita, sino que le había dicho que conocería a su madre de forma más personal, eso solo podía significar una cosa… Bellamy nunca se había encontrado en la tesitura de tener que pedir de salir a alguien y, de hecho, si le preguntasen no sabría muy bien cómo hacerlo, pero con Clarke todo parecía fluir. Con una sonrisa de oreja a oreja, asintió.
-¿Nos vamos ya? -dijo Clarke.
Bellamy se levantó y le pidió una mano para ayudarle a incorporarse.
-¿No podríamos haber cogido un autobús? -preguntó Bellamy cuando llevaban andando media hora a pleno sol.
-¿Y tú eres el que está acostumbrado a la playa y al deporte? Madre mía…
-No es lo mismo, allí al menos hay agua para poder refrescarme.
-En mi casa tengo piscina, no te preocupes.
Bellamy se acercó a la rubia, pasando sus manos por su cintura desde atrás.
-¿Y nos podremos dar un baño juntos? -preguntó divertido.
-No creo que quieras darle un espectáculo a mi madre, ¿verdad?
-Cierto, aún valoro mi plaza en la universidad.
Llegaron a la puerta de la casa de Clarke, cinco minutos después, como no había nadie alrededor, Bellamy aprovechó para hacerse el cansado, se tiró al suelo y extendió el brazo hacia Clarke.
-Sigue tú, cariño, yo ya no puedo -dijo imitando una voz ronca y entrecortada.
-¡Eres un payaso! -exclamó Clarke acercándose a él y haciendo que se levantara.
-Pero así me quieres.
Bellamy no pensó el significado que tenía la frase antes de decirla: en la situación en la que se encontraban estaba más que claro que se trataba de una broma y que la frase no implicaba nada más, pero aún así… Clarke parecía pensar lo mismo porque se mordió el labio y un tímido rubor cubrió sus mejillas, haciéndola parecer irresistible, más de lo habitual. La rubia abrió la puerta y entraron en la casa, que era bastante grande.
-¡Hola! -gritó Clarke.
-Hola, mi vida -una mujer apareció por el arco sin puerta de lo que era la cocina, vestida de forma más simple a como Bellamy la vio aquel día. Abby Griffin llevaba, además, un bizcocho en las manos. Se sorprendió de ver al chico junto a su hija-. Clarke, no me dijiste que teníamos visita.
-Lo siento, mamá, ha sido de improvisto. ¿Puede quedarse a pasar la tarde y a cenar?
-¡Por supuesto! Bellamy, ¿verdad? -se acercó a él con una sonrisa-. Marcus habla maravillas de ti.
-¿Marcus?
-Kane -le susurró Clarke.
-Ah… ya. Bueno, creo que exagera un poco, aunque usted lo conocerá mejor que yo.
-Tutéame, por favor. En casa prefiero dejar el ámbito académico a un lado, si no te importa.
-¡Claro! -contestó Bellamy educadamente.
-Marcus no llegará hasta la tarde, ¿queréis comer ya? ¿O preferís daros un baño en la piscina?
Bellamy y Clarke se miraron con complicidad.
-Creo que vamos a refrescarnos un poco, mamá.
Estuvieron una hora en la piscina y pasaron el tiempo entre arrumacos, salpicaduras y ahogadillas. Siempre que se robaban algún beso, comprobaban que Abby no estuviese cerca. Clarke se sentó en el borde de la piscina y Bellamy nadó hasta ella, apoyando sus manos en las piernas de la chica y teniendo cuidado de no mojarse la muñeca vendada.
-Eres preciosa -Clarke sonrió y entrelazó sus dedos con los suyos.
-Exagerado…
-Bellamy Blake nunca exagera.
-Oye, ¿cómo está Lexa? -le preguntó de repente la rubia. Bellamy se extrañó por el repentino cambio de tema y al mismo tiempo se acordó de la conversación que había tenido con su amiga esa mañana.
-Pues… bien, supongo. ¿Por qué?
-No, por nada.
-¿Qué tal anoche? ¿Os lo pasasteis bien? -dijo Bellamy moviendo las cejas.
-Sí, fuimos al cine a ver una película y poco más.
-Me alegra que seáis tan amigas -dijo con sinceridad-. Hacía bastante tiempo que no veía a nadie relacionarse con ella así, y creo que le viene muy bien.
-Cada día me sorprende más lo unidos que estáis.
-Hombre, vivimos y hacemos casi todo juntos, creo que lo extraño sería lo contrario -le guiñó un ojo a la rubia.
-Ya, pero sois tan distintos… -dijo casi en un susurro bajando la cabeza.
-Es parte del encanto, dicen que los polos opuestos se atraen, pues nosotros nos chocamos casi -explicó con una sonrisa.
-Ella es mucho más tímida que tú, por ejemplo.
-Sí que lo es.
-¿Contigo también es así?
Bellamy se quedó pensativo por un momento.
-Al principio sí, recuerdo cuando éramos pequeños que apenas hablaba, tenía que sacarle las palabras con un embudo -se rió de su propia broma acordándose de los viejos tiempos-. Pero poco a poco fue dejando la timidez a un lado, al menos con nosotros y en mi casa. La verdad es que no puedo quejarme de nada sobre ella, es genial.
Clarke lo miró, tenía una pequeña sonrisa dibujada en el rostro, y jugaba distraídamente con sus dedos, como si estuviera pensando a la vez en algo más a parte de lo que le había contado Bellamy. Cuando Abby los llamó, salieron para secarse con las toallas. Bellamy sacó partido del momento, y se acercó a la rubia, rodeándola con la suya.
-Es que he visto que tiritabas y no podía permitirlo -siguió la línea de su cuello, dándole pequeños besos húmedos.
-Bell, mi madre nos está esperando.
-Tienes razón -le dio un beso en la frente, se apartó de ella y se terminó de secar el pelo.
-Me encanta verte con el pelo así -Bellamy la miró de reojo y movió la cabeza para sacudirse los últimos mechones mojados.
La comida transcurrió tranquilamente, Abby le hizo varias preguntas a Bellamy y, tanto Clarke como él, le contaron que se vieron por primera vez el día del partido de rugby. Abby sintió curiosidad por el equipo y, más tarde, salió del tema del surf.
-Riquísima la comida, Abby -dijo Bellamy cuando terminaron de almorzar.
-Muchas gracias, ¿queréis postre? -les preguntó Abby desde la cocina.
Bellamy miró a Clarke, no solía tomar nada después de la comida, pero tampoco quería desagradar a la madre de la chica.
-No, mamá, gracias. Ya estamos servidos.
-De acuerdo.
Bellamy siguió mirando a la rubia, sin saber que estaba insinuando algo con esa contestación.
-¿De verdad que no quieres postre? -le susurró ella al oído. Bellamy sonrió.
-Depende de qué postre estemos hablando, princesa.
Clarke se levantó de la silla, y le tendió la mano a Bellamy para que la acompañara. Por un día, podía cambiar la dieta.
La casa de Clarke tenía tres pisos: el primero estaba reservado para el salón, la cocina, los baños y el despacho. El tercero era la azotea. El segundo, el más importante para Bellamy en ese instante, era donde se encontraban los dormitorios.
Subieron las escaleras riéndose, con las manos entrelazadas. Clarke abrió la puerta de su habitación: Bellamy no había visto siquiera el dormitorio de la chica en la residencia y se sorprendió al ver una pared repleta de carteles en los que se veían grupos de música que apenas conocía. La cama estaba a la derecha y junto a ella había un escritorio con libros y un ordenador. En la pared de al lado había también un espejo bastante ancho.
-¿Por qué no te has quedado viviendo aquí en vez de en la residencia? -preguntó Bellamy con curiosidad mientras se sentaba en la cama.
-¿Crees que aguantaría a mi madre y a Kane juntos durante el curso? -respondió sarcástica.
-Y luego el exagerado soy yo… -Clarke suspiró y fue a sentarse en la silla del escritorio, pero Bellamy la interceptó antes. La colocó frente a él y la miró- Perdona, no quería entrometerme en lo que no me incumbe.
Bellamy siguió hablando y Clarke aprovechó la oportunidad para ponerse encima de los muslos del chico, quien se sorprendió, aunque sus manos actuaron por sí solas casi al instante, rodeando la cintura de la chica.
-No me dejas ni hablar.
-Podemos hablar de otro modo, príncipe.
-Venga ya, no me robes los motes que…
Clarke atrapó los labios del chico con ganas. Pasó la lengua lentamente por ellos, saboreándolos y sintiendo su textura para luego morder el labio inferior con un poco de fuerza. Bellamy protestó dentro del beso y acercó más a la rubia, pegándola a su pecho casi por completo.
-Clarke, yo…
-Shh…
Clarke lo empujó, colocándose encima, con cada uno de sus brazos al lado de la cabeza de Bellamy. El pelo rubio le caía por los hombros y el chico no esperó para agarrarlo y atraer la boca de la chica hacia la suya con pasión. Otra mano viajó hasta el trasero de ella, apretándolo, haciendo que gimiese por acentuar el contacto entre sus cuerpos.
-Clarke, ¿estás…?
-¿Quieres callarte de una vez?
Clarke se apartó de él, poniéndose de pie de nuevo. Agarró el borde de su camiseta y se la levantó por la cabeza con rapidez. A continuación desabrochó los botones de su pantalón corto y lo bajó de una sola vez hasta quitárselos por completo. El bikini que llevaba ya estaba seco, pero aún se notaban algunas partes húmedas en la tela que recalcaban los pezones erectos de la chica.
-¿Voy a tener que seguir yo o…? -le dijo sin dejar de mirarlo y con dos dedos tirando muy despacio del cordón que ataba la parte de abajo del bañador. Se pasó la lengua por los labios, con una sonrisa traviesa dibujada en la boca.
-Joder -dijo el chico, tragando saliva.
Dejó que cualquier otro pensamiento que no estuviese relacionado con Clarke, con su cuerpo o con lo que estaban a punto de hacer desapareciese. Casi por inercia, la cogió de las piernas, acercándola de nuevo y besándola como si fuese un animal salvaje. Pasó una mano por su cintura e hizo que cambiasen de posición, apoyando la cabeza de la chica sobre la almohada y colocándose él encima.
-Por fin -dijo ella.
Clarke lo miró mordiéndose el labio en una súplica silenciosa: te dejo hacer, pero no pares. El chico siguió prodigando besos por todo el cuello de ella: pasaba la lengua por la zona del pulso, provocando que Clarke jadease en su oído y que, poco a poco, el fuego que desde hace rato sentía fuese creciendo en su interior.
Soltó las muñecas de la rubia, acariciando por el camino la extensión de sus brazos, y viajando hacia el sur con su boca. El sudor iba apareciendo lentamente en sus pieles y en su cuerpo.
Sin querer hacer esperar más a la rubia, pasó la lengua por la tela del bikini, justo donde el pezón se levantaba hacia su boca, pidiendo ser atendido. Lo succionó suavemente, introduciéndoselo por completo en la boca y pasando los dientes por él con mucho cuidado. Los gemidos de Clarke empezaron a ser más constantes y cada vez más fuertes, lo cual incitaba a Bellamy a seguir con su tarea. Pasó al otro pecho y repitió la misma acción; con la otra mano acariciaba el pezón, más húmedo que antes, y lo apretaba entre sus dedos, dando pequeños tirones de él que hacían a Clarke arquear su cuerpo.
-Bellamy… -gemía entre suspiros. El chico subió para cazar de nuevo los labios de la rubia, que estaba con la boca entreabierta y los ojos cerrados.
Sin querer ni poder retrasarlo más, levantó la parte de arriba del bikini. Los pechos de Clarke se alzaron y Bellamy volvió a lamerlos, quedándose con su sabor. Las manos de Clarke tenían cogidos mechones de pelo del chico y, según el grado de placer que sentía, el agarre crecía o disminuía.
Con un movimiento sutil de cadera por parte de Clarke, Bellamy se percató de lo que más ansiaba la rubia ahora: que siguiese su viaje hacia abajo sin detenerse. No voy a negarme a eso, princesa.
Empezó a bajar por su vientre, besándolo, mientras sus manos seguían apretando aquellos pechos, notando las reacciones que tenía la chica a medida que se acercaba más a su destino. Bajó sus grandes manos por los costados de ella, hasta llegar a la parte inferior del bikini, y mirándola desde su posición, como pidiendo permiso una vez más.
-Joder, Bellamy, pensaba que ibas a ser más rápido -se sentó, dejando sorprendido al chico y se bajó ella misma el bañador, haciendo que Bellamy lamiese sus labios y sonrió mirando a la rubia completamente desnuda.
-Que impaciente eres…
La rubia agarró su nuca y lo besó una vez más antes de dejarse caer contra la almohada, retorciéndose impaciente mientras Bellamy bajaba su cuerpo mientras la chica separaba sus piernas. El de los pelos rizados lamió sus labios de nuevo, una vez pudo percibir el olor que la chica excitada desprendía, sacó la lengua para pasarla entre sus labios, escuchando el suave suspiro que dio mientras sus dedos se deslizaban por su pelo, y lo pegó a ella, arqueando las caderas.
Bellamy sonrió internamente por las ganas que tenía la chica mientras lamía su parte más íntima y empezaba a sentirse incómodo por cómo le iba apretando cada vez más el bañador. Agarró sus caderas, manteniéndolas contra el colchón, para que no se moviese, ya demasiado le estaba costando controlar la erección que se formaba entre sus piernas como para excitarse todavía más con esos movimientos tan sensuales que hacía con sus caderas.
Atrapó su clítoris con sus labios, golpeando con la punta de la lengua, escuchando esos gemidos que se escapaban por su garganta, y sus dedos apretándose más en su cabello.
La miró unos segundos, mientras respiraba agitada sobre el colchón, y se entretuvo acariciándola ahora con sus dedos, moviéndolos de abajo a arriba, tentándola en su entrada con la yema de su dedo.
-Espera, no tan rápido -dijo agitada, cogiéndolo del cuello y haciendo que cayese de nuevo sobre ella-. Creo que necesitas ayuda por aquí -levantó sus caderas para que se rozase con él, que no pudo aguantar un jadeo.
La chica lo empujó contra el colchón, poniéndose sobre él, y empezó a moverse sobre su erección, refregándose con una sonrisa pícara en el rostro y sus ojos fijos en él. Bellamy agarró sus caderas, ayudándola a hacer mejor los movimientos.
-¿Necesitas mi boca por aquí abajo?
Volvió a hacer un último movimiento antes de levantarse y bajar el bañador de Bellamy, mirando con una ceja alzada el miembro del chico antes de agarrarlo con la mano, arrodillándose en la cama y empezar a moverla hacia arriba y hacia abajo, terminando de endurecer al chico de pelo negro, que soltó un ronco gemido por la escena que presenciaba y por las sensaciones que recibía de aquella mano.
-Clarke, joder… -dijo sin apenas voz. Le era imposible respirar por todo el placer que la chica le estaba dando.
-¿Te gusta así? -susurró Clarke mirándolo a los ojos. Siguió moviendo la mano de forma constante, a veces más rápido y otras más lento. Se lamió dos dedos y los pasó por el glande en un movimiento circular.
-Ya sé por qué te llaman "Bellamy, el glande"... -dijo a la vez que pasaba la lengua por toda la erección del chico. Sin que él lo esperase, la rubia introdujo en su boca todo su miembro, lo que provocó que él arquease la espalda y que agarrase con fuerza las sábanas que cubrían la cama.
Bellamy deseaba sentir a Clarke por completo y no podía soportar tenerla tan lejos de él, por lo que atrapó su mano. La chica paró y lo miró con curiosidad.
-¿Pasa algo? -preguntó inocente, lo cual contrastaba bastante con toda la escena en sí.
El chico no dijo nada pero sí la atrajo hacia arriba, rodeando su cintura y haciendo que sus sexos se rozasen en un vaivén continuo. La rubia apoyó la frente en la de Bellamy, mordiéndose el labio a causa del placer. La postura facilitaba que Clarke se moviese a su antojo y así poder mantener el ritmo que ella quería. Bellamy aprovechó que el cuello de la chica quedaba cerca de su boca para poder mordérselo algo furioso por la situación tan cálida que experimentaban.
-Joder, Clarke, me muero por estar dentro de ti.
Lo soltó antes de rodear con su brazo su cintura y estamparla contra el colchón.
-¿Y a qué esperas? -insinuó ella, estirando el brazo para llegar al primer cajón de su mesilla de noche mientras el chico aprovechaba para continuar besando su cuello.
Bellamy, sin perder tiempo y nada más se colocó el condón, se posicionó entre sus piernas, dispuesto a penetrarla, cuando una voz los paró.
-¡Mi vida! ¡Marcus está aquí!
Clarke soltó un sonido frustrado dejando caer su cabeza en la almohada, mientras Bellamy se tumbaba a su lado riéndose nervioso.
-No puede ser… -dijo Clarke, mirando a Bellamy con culpabilidad.
-Ya tendremos otro momento, princesa -le dijo él, abrazándola de lado-. De todas formas, como anticipo ha estado muy pero que muy bien...
Clarke se rio cerca de su boca y lo abrazó antes de que empezaran a vestirse para cenar con Kane.
Dos días, dos días había conseguido estar sin ver siquiera un rastro de su pelo rubio, dos días sufriendo en silencio, porque se moría cuando Bellamy le contaba sus batallitas con la chica. Pero igual dos días era lo máximos que iba a conseguir evitarla, porque cuando dobló el pasillo para seguir su camino hacia una de las clases que no compartía con su amigo, al ser una optativa y además por la tarde (encima a las tres, con la comida aún en el esófago), no esperó encontrarse con esos ojos azules mirándola preocupada.
-Lexa –la llamó cuando la chica hizo como si no hubiese estado ahí, esquivándola y siguiendo su trayectoria-. ¡Espera! –volvió a cortar su paso y la más alta se quedó seria mirándola fijamente-. ¿Por qué no respondes mis llamadas?
-Porque se me ha roto el móvil y de momento no me interesa tener otro –contestó seca. La verdad era que lo había apagado simplemente; no lo necesitaba, y menos cuando salían notificaciones de la rubia o llamadas suyas.
-Estuve esperando mi abrazo –sonrió tímida y eso le hizo arder la sangre, ¿pero a qué estaba jugando?
-Clarke, dejémonos de tonterías, por favor –la sonrisa de la chica se borró-. Bellamy me ha dicho que estáis juntos.
-No estoy con Bellamy –frunció el ceño.
-¿Y las citas? ¿Y los besos? ¿Y daros la manita por ahí? –soltó, moviendo el brazo algo enfadada.
-No estoy saliendo con él, Lexa –dijo firme.
-Ah, ¿y eso él lo sabe?
-¡Yo que sé! No voy diciendo a la gente cuando me cruzo con ella: "Eh, hola. Oye, una cosa, que no estamos saliendo juntos, por si lo pensabas. Venga, adiós".
-No lo entiendo, Clarke. ¿Estás jugando con los dos?
-Me gustáis los dos, me atraéis los dos.
-¿Y esto qué ha sido un juego para ver quién cae el primero?
-No… - soltó decaída-. No he estado jugando con ning…
-¿Es una apuesta? -la cortó-. ¿Ha sido Murphy? ¿Alguna idea suya para jodernos un poco más a Bellamy y a mí?
-¡No! –gritó ofendida-. No haría eso nunca.
-Da igual, no voy a seguir con esto, Clarke, él es mi amigo ante todo.
-Lexa, no estaba buscando ponerte en esta situación. ¿Nunca has estado sin compromisos con nadie?
-Sí, pero no con más de una persona –protestó.
-Todo el mundo lo hace: liarse con uno, liarse con otro, ¿tan raro es?
Se quedaron mirándose, ¿tan raro era? Lexa, madura. La gente se acuesta sin tener que esperar al matrimonio. ¿Quizás que es sorprendente que te parezca bien algo que se sale fuera de lo normal?... Así una frase tras otra, dicha por sus propios amigos.
Entonces decidió no pensar en ella misma sino en ellos, en todos sus ligues, en todos sus juegos, en no estar con ninguno en especial, mientras los demás, al mismo tiempo, tampoco estaban con ninguno en especial.
Y se volvió a preguntar: ¿tan raro era?
-Sé que la he cagado, pero Lexa, tú eres distinta –la mirada fija azul que le lanzó le paró las pulsaciones-. Contigo todo es distinto, y a veces me da miedo sentirme así… Y por eso he sido una gilipollas, no he querido hacerte daño...
-No, no vayas por ahí, no voy a caer –negó con la cabeza-. Lo siento, tengo que irme.
-Lexa, perdóname –su voz frenó sus pasos, y se giró para mirarla una última vez.
Observó su rostro: parecía realmente arrepentida, y suspiró antes de acercarse a ella y abrazarla cuando vio que de sus ojos caía una lágrima.
-Amigas –ofreció Lexa. Era estúpida. No tenía remedio.
-Amigas.
Y, por desgracia, tuvo el olor de Clarke todo ese día pegado en la nariz.
Se tiró en la cama, queriendo que ese día desapareciera de su mente, y, si era posible, los anteriores también. Demasiadas emociones y sentimientos juntos.
Primero, Bellamy diciéndole que creía que se estaba enamorando de Clarke, ¿en serio? Enamorarse era una palabra que jamás había ido acompañada del chico, jamás. Pero ahí estaba, con esa mirada ilusionada, ¿y quién era ella para romperle el cuento? Cuando se enteró que Clarke había estado saliendo con él, besándolo incluso; fue como si un balde de agua fría le cayese encima sin pedir permiso, pero lo arregló bien, sonriendo y abrazando a su amigo, contenta por él.
Segundo, Clarke. No pudo evitar suspirar. Ahora en frío lo pensaba, y no había hecho nada mal, me gustáis los dos, perfectamente posible, no estaba ni saliendo con ellos, ni había amor por medio, a pesar de que ella y su amigo habían caído como tontos. Aun así, quería ser su amiga, o al menos es cierto que pasaban buenos ratos juntas, y besos habían compartido pocos en realidad, probablemente Bellamy ganase.
Entonces notó esas estúpidas lágrimas saltando en caída libre de sus ojos y sorbió su nariz cuando escuchó la puerta abrirse y cerrarse suavemente. Intentó no llorar, pero es que de verdad le gustaba demasiado aquella chica.
Un cuerpo se tumbó detrás de ella en su cama y la abrazó con fuerzas desde su espalda. El olor de Octavia la inundó.
-Lo siento, Lex –la escuchó decir, con sus labios pegados en su nuca, tras haberle dado un suave beso.
-No pasa nada –contestó con la voz rota.
-No sabía que estaba también con mi hermano, soy un poco idiota.
-O –llamó y se giró para ver el brillo de sus ojos, iluminados por la leve luz de su lámpara-, tú eres la que menos culpa tienes de todos. Es más, la culpa no es de nadie. Ella solo estaba pasándoselo bien con él y luego también quería pasar tiempo conmigo, ya está.
-¿Así la excusas? Bellamy dice que se está enamorando, no creo que haya sido "pasárselo bien" –y eso le dolió-. Lo siento –volvió a decir, pasando el pulgar por su mejilla, limpiando sus lágrimas.
-Me gusta muchísimo, O… Pero es que no entiendo nada, incluso dijo de ir al cine juntas y luego me pidió quedarme a dormir con ella.
-¿Por eso no volviste esa noche? ¿Estabas con ella? –se quedó en silencio, abriendo mucho los ojos-. ¿Os habéis acostado juntas?
-¡No! –contestó rápidamente-. Solo dormimos, ni siquiera nos besamos. Igual si no fuese tan mosquita muerta y fuese más lanzada ahora la situación sería distinta. Soy idiota –dijo finalmente en un hilo de voz.
-Eres increíble, Lexa, jamás pienses que eres idiota –volvió a mirar sus ojos, intentando controlar que cayesen más lágrimas-. Ella se lo pierde, eres la persona que cualquiera quisiera tener a su lado: eres inteligente, eres súper adorable, siempre estás ahí para ayudar a quien sea… Mil adjetivos que podría decirte, Lex, y, encima – sonrió-, estás muy buena.
-No exageres.
-Lexa, eres así y forma parte de tu encanto, es lo que a las chicas le gusta de ti. Luego ambas sabemos que no eres ninguna mosquita muerta.
Lexa soltó una risita, entre lágrimas y se apoyó en el pecho de Octavia, abrazándose a ella.
-Ya vendrá la perfecta para mí.
-Lex –la llamó, y ella se incorporó para mirarla-, yo soy la perfecta para ti.
-Sí, tú eres la perfecta para mí –sonrió-. Gracias, te quiero mucho, O.
-Qué ñoña eres –la miró divertida, echándole el pelo hacia atrás, y elevando su tronco para besarla suavemente en los labios-. Yo también te quiero, Lex.
