Disclamer:La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


The Boy At Table Seven

By: LyricalKris

Traducción: Elizabeth McCullen

Beta: Flor Carrizo


Capítulo 5: Trabajando duro

Tomó muy poco tiempo para que Benjamin se hiciera querer por el personal de Mike's Cafe. Todos los días Bella se tomaba un descanso de cinco minutos para asomar su cabeza por la puerta, vigilando para asegurarse de que Benjamin llegara desde el autobús hasta la cafetería sin ser molestado. Ahora que él no tenía que estar en la mesa siete, prefería sentarse en el mostrador donde podía apoyar sus pies mientras comía un bocadillo y hacía su tarea.

Conversó con facilidad con los otros camareros, con los de mantenimiento, con Mike y Jessica. Y, rápidamente, se convirtió en una especie de mascota para todos.

Para el viernes, Benjamin tenía su propia tarjeta de identificación y llevaba uno de los sombreros de cocinero la mayor parte del tiempo que estaba en el café, a pesar de que no le permitían estar en la cocina. Jessica le habló dulcemente al enseñarle cómo usar la caja registradora. Y él se veía tan satisfecho consigo mismo cuando llamó a los clientes que Bella no podía dejar de estar encantada.

—¡Uf! —dijo, subiendo en el banco después de una carrera. Él se inclinó hacia adelante, apoyando la cabeza sobre sus brazos cruzados—. Eso fue brutal.

Los demás se rieron y Bella palmeó su frente.

Benjamin suspiró dramáticamente.

—Así es la vida en un trabajo duro, ¿eh?

Colocando ambas manos a cada lado de la cabeza del niño, Bella le dio un beso en la frente.

—Nunca cambies, chico.

Él le regaló una enorme sonrisa.

—Parece que te toca de nuevo, escurridizo —dijo Eric, asintiendo con la cabeza hacia un cliente que estaba esperando para pagar.

—Mi trabajo nunca termina. —Benjamin saltó de su asiento, luchando detrás del mostrador y subiendo al taburete que Mike amablemente había dejado detrás de la caja registradora.

Sacudiendo la cabeza, Bella se ocupó de sus asuntos, pero a menudo mirando en dirección a Benjamin para asegurarse de que estaba contento o, por el contrario, ocupado.

Se había detenido un momento para recuperar el aliento cuando sintió una mano en su cintura.

—Disculpe, señora… —murmuró una ronca voz en su oído, haciendo que un estremecimiento corriera por su columna vertebral—. Dejar que un niño pequeño trabaje en la caja registradora es una clara violación de las leyes de trabajo infantil… —Bella se giró y los labios de Edward se curvaron hacia arriba, casi traicionando su expresión severa—. Debería cerrar este lugar.

Su cercanía tomó desprevenida a Bella y su lengua estuvo atada por un largo momento antes de que ella riera.

—Le aseguro, buen señor, que nuestro Benjamin es solo un hombre muy bajito.

Edward se rió entre dientes.

—A veces es demasiado viejo para su edad —reflexionó.

—¡Papi! —Benjamin empujó la caja registradora, cerrándola, e hizo una carrera hacia su padre.

—Benji —dijo Edward, aplastándolo en un abrazo de oso antes de dejarlo de nuevo en pie—. ¿Te divertiste hoy?

—Sí. Bella me dejó probar el arroz con leche y ¿sabes qué?

—¿Qué?

—Creo que me gusta más que la tarta de manzana.

Edward torció su rostro en una expresión de horror fingido y se volvió para fruncir el ceño a Bella.

—Veo lo que está sucediendo aquí. Estás corrompiendo a mi precioso bebé.

—Todavía me gusta la tarta, papá. Simplemente me gusta más el arroz con leche —explicó Benjamin pacientemente.

—Oh, bueno. Supongo que eso está bien. —Edward revolvió el cabello del niño cariñosamente.

Ver a Edward con su hijo siempre hacía que el pecho de Bella se sintiera caliente. Con todas las historias al respecto, siempre era agradable ver a un padre que adoraba sinceramente a su pequeño hijo.

—Gracias por todo esta semana —dijo Edward suavemente, acercándose a ella para poder ser oído a través del alboroto del concurrido restaurante.

—No fue un problema. —Bella se inclinó un poco para estar a la altura de los ojos de Benjamin—. Te echaré de menos la próxima semana, chico.

Él la sorprendió lanzando sus brazos alrededor de su cuello y abrazándola.

—Yo también, señorita Bella. —Se enderezó y se iluminó—. ¡Oye! ¡Tal vez podrías venir a nuestra casa y jugar! —Miró con esperanza a su padre.

—Mmm… —comenzó Edward, mirando entre ella y su hijo.

—Tal vez algún fin de semana —dijo Bella suavemente—. Pasen un buen rato, ustedes dos.

Edward le sonrió y Bella sintió un aleteo en el estómago cuando la miró así, especialmente cuando tocó su brazo brevemente.

—Gracias de nuevo —dijo y ya se había ido un minuto más tarde.

—No es por nada, Bella, pero a ese hombre le gustas.

Bella saltó. No se había dado cuenta de que Tanya había caminado junto a ella hasta que la otra mujer estuvo hablando en su oído.

—¿Qué? —preguntó.

Tanya rió.

—Le gustas. Tú sabes, le gustas gustas.

Con tantas mesas esperando servicio, Bella no tuvo tiempo de responder de inmediato. Cuando el ajetreo pasó, Tanya retomó el tema como si una hora y media no hubiera pasado.

—Está simplemente agradecido porque lo estamos ayudando con su hijo —dijo Bella con desdén, limpiando el mostrador para evitar mirar a Tanya a los ojos.

Ella resopló.

—Eric, ¿a Edward le gusta Bella?

—Oh, cariño. Ese chico es adorable y, no me importa decirlo, estoy un poco más que celoso. —Él se rió—. ¡Mírala! Nena, las puntas de tus orejas están tan rojas.

Bella hizo una mueca, tocando su oreja tímidamente.

—Ustedes están tan llenos de mierda.

Eric frunció los labios, mirándola divertido.

—Eres joven, así que vamos a enseñarte una cosa o dos. —Hizo una seña a Tanya y ella, amablemente, dio un paso adelante. Él puso su mano en su cintura, de la misma forma en que Edward había hecho—. Ves este movimiento, ¿verdad? Inocente, supongo, pero si quería tu atención podría haberte saludado.

—Él solo bromeaba. Quería sorprenderme.

Los otros dos intercambiaron una mirada.

—Sin embargo, otra señal, querida —dijo Tanya—. Bromas. Chistes que se pueden susurrar en tu oído. En esa voz que no usa con nadie más —se burló—. ¿Le ves haciendo eso conmigo o con Eric?

—Oh, ¿estamos hablando de Edward y Bella? —Jessica salió de la cocina.

—Bella no cree que Edward está coqueteando con ella —explicó Eric.

—¿Coqueteando? —Bella arrugó la nariz, confundida.

Jessica se inclinó hacia Eric, imitando la forma en que el cuerpo de Edward parecía siempre inclinarse hacia ella. Bella había notado eso, aunque realmente no había pensado nada al respecto.

Bueno no. Eso no era cierto. Había pensado como el olor del aceite y hombre no debería ser tan atractivo. Había pensado que podía sentir el calor de su piel aunque no la estuviera tocando. Pero había asumido que tenía que ver más con ella siendo ridícula que con algo más.

—Inclinándose —continuó Jessica, ajena a los pensamientos errantes de Bella—. Como siendo atraído hacia ti. Como si lo único que quisiera fuera estar más cerca.

Bella encontró que su garganta estaba seca. Sacudió la cabeza, alejándose con algunos vasos sucios en sus manos.

Todos ellos estaban locos. Sólo era una extensión de sus chismosas fantasías. Eran todos unos románticos de corazón y lo único que querían era algo de que hablar, eso era todo.

Edward solo estaba siendo dulce. Eran amigos. Amigos que podían darse toques inocentes. Eso no quería decir nada, excepto que se sentía cómodo con ella. Y en cuanto a la inclinación, era fácilmente explicable. Era un restaurante ruidoso. Él solo no quería tener que gritar cosas en su oído.

Bella respiró profundamente, tratando de respirar más allá del apretón repentino e inexplicable alrededor de su corazón y sus pulmones.

Ella estaba en ese lugar torpe donde sabía que era una adulta, pero no acababa de sentirse como una todavía. Claro, ella tenía responsabilidades. Iba a la escuela cada mañana entre semana y trabajaba todos los días por la tarde y por la noche para completar parte de la matricula que su beca no había pagado y para tener un poco de dinero.

Pero Edward…

Edward tenía una vida real con problemas reales. Tenía un apartamento, un trabajo a tiempo completo y un hijo al que mantener. Era un adulto hecho y derecho.

Simplemente no coincidían.

No, estaba segura de que los otros estaban locos.

Y ella... ¿Cómo podía evitar sentir algo? Había algo tan absolutamente encantador sobre un hombre tan enamorado de su hijo. Él trabajaba duro y, a pesar de que evidentemente estaba luchando para sobrevivir, dejaba propinas mucho más grandes de lo que debería en un principio.

Era un buen chico, además de un hombre muy trabajador. Y ese mameluco le provocaba cosas a Bella que no entendía completamente.

Ella sacudió la cabeza, riéndose de sí misma.

De todos modos, Edward tenía más que suficiente con lo que lidiar. No necesitaba una pequeña camarera sobre él adulándolo. Bella volvió a trabajar, decidida a no dejar a los demás poner ideas tontas en su cabeza.

~0~

Otras dos semanas pasaron en el ajetreo y bullicio de la vida y, antes de que Bella lo supiera, era el último día que Benjamin se quedaría en el café después de la escuela.

Parecía tan decaído como Bella se sentía. Él se acurrucó en el asiento de la mesa siete y se encerró en sí mismo ese viernes, dibujando en su cuaderno, balanceándose sobre sus rodillas con sus pies en el asiento.

Cuando Bella tuvo un momento para respirar, se deslizó en el asiento frente a él.

—Hola, tú.

Él alzó la vista brevemente.

—Hola —dijo suavemente.

—¿En qué estás trabajando?

Como regla general, Benjamin nunca mostró sus dibujos a nadie, así que Bella no se sorprendió cuando le contestó vagamente:

—Algo.

Ella rió entre dientes.

—¿Harás algo divertido este fin de semana?

Él se encogió de hombros.

Cuando no dijo nada más, Bella estaba a punto de levantarse, pero él la llamó por su nombre.

—¿Qué?

Él no la miraba, pero parecía tan triste.

—Quiero regresar aquí en lugar de ir con la señorita Rosalie.

—Ah, cariño… —Ella le ofreció su mano y él agarró fuerte sus dedos—. Te gustará más Rosalie, ya verás.

—Me gusta estar aquí —discutió.

—Sí, nos gusta tenerte aquí también. Pero con Rosalie podrás jugar. Tu papá me dijo que tiene un columpio en su patio trasero.

Benjamin le dio una mirada.

—Llueve demasiado para un columpio.

Bella tuvo que reír.

—Bueno, eso es cierto. Pero vas a tener otro niño para jugar.

—Henry tiene tres. —Benjamin hizo una cara como si encontrara la idea desagradable. Pero suspiró, moviendo la boca mientras pensaba—. Pero Rosalie dijo que me enseñaría a trabajar en los coches como papá.

—Eso es realmente genial —se entusiasmó Bella

Benjamin pareció considerar eso.

—Tal vez papá y yo podemos venir aquí a cenar algunas veces —decidió

—Eso sería genial.

—Y tal vez me puedas venir a visitar —dijo, gritando un poco—. Al igual que en el fin de semana. Como dijimos.

Bella sonrió suavemente.

—Nunca se sabe.

Benjamin pareció vacilante un momento antes de poner una expresión decidida en su rostro. Trabajando con cuidado, comenzó a rasgar una página de su cuaderno de dibujos.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Bella, curiosa y un poco preocupada. Él trataba ese cuaderno de dibujos como si fuera algo precioso.

—Hice esto para ti. —Por una vez, el niño normalmente seguro pareció tímido cuando le entregó el papel.

Sonriéndole, Bella dio vuelta a la página y entonces jadeó.

El dibujo no era lo que ella esperaba. Parecía como un flujo de lava, la clase que siempre había visto en documentales sobre Hawaii. La lava fundida fluía hacia el mar, humo rizándose donde el agua se reunía con el fuego. Eso no era ningún dibujo infantil, aunque obviamente era la perspectiva de un niño, había una violencia exagerada en la forma en que el agua salpicaba contra la roca fundida y partes del flujo de lava parecían más grandes que la perspectiva concedida.

—Esto es hermoso, Benjamin —dijo en un suspiro—. Muchas gracias.

Su sonrisa de contestación pareció satisfecha.

—Voy a ir a ayudar a la señorita Jessica con la caja registradora ahora —declaró, obviamente se sentía mejor.

Cuando Edward apareció un poco más tarde, Bella le mostró el dibujo.

—Él es increíble —dijo, todavía asombrada por lo bueno que era el dibujo.

Los ojos de Edward brillaron con orgullo.

—Realmente es algo, ¿verdad? —Él sonrió, haciendo aquello de inclinarse otra vez—. Le gustas. Mucho.

—¿Qué quieres decir?

—Benjamin no muestra a la gente sus dibujos y mucho menos regala alguno de ellos —explicó Edward—. Su madre, yo y ahora tú. Somos los únicos a los que les ha dado un dibujo.

Bella no sabía qué decir, pero no podía negar que se sentía contenta, con aires de suficiencia.

Edward agachó la cabeza, su tono era conspirativo cuando habló.

—Amun estará celoso. Ha estado tratando de conseguir que Benjamin dibuje para él durante mucho tiempo.

Eso hizo reír a Bella.

Edward dudó un momento antes de poner su brazo alrededor de los hombros de Bella, apretando.

—Realmente no puedo agradecerte por todo lo que has hecho por nosotros.

Como de costumbre, Bella solo sacudió la cabeza.

—Es un placer haberlo conocido. Realmente voy a extrañar esto, de verdad. —Miró hacia abajo rápidamente, sintiendo una oleada de tristeza.

—Sí, él también. Sigue tratando de convencerme de que lo deje aquí en vez de con Rosalie.

—Bueno… —Bella saltó un poco sobre sus pies, sintiéndose tímida. Antes de que pudiera perder el valor, sacó de repente su libreta de pedidos y su pluma—. Aquí… —Garabateó su número en la libreta y arrancó la página—. Si alguna vez necesitas a alguien que cuide de él o… lo que sea, llámame, ¿de acuerdo?

Él la estudió durante un largo momento que se sintió extrañamente pesado. El aire alrededor de ellos se sentía diferente de alguna manera y Bella se encontró conteniendo el aliento cuando él abrió su boca.

Exhaló rápidamente y miró sus manos un momento antes de mirar hacia arriba. Su sonrisa era pequeña y agradecida.

—Gracias, realmente lo aprecio.

Bella tuvo la extraña sensación de que quería decir algo más, pero, en su lugar, llamó a Benjamin hacia él, dejando a Bella ver otra vez como se alejaban juntos.


Y ya Benjamin se fue y no va a pasar más días en la mesa siete… ¿Cuánto creen que tardarán estos dos chicos en ir a visitar a Bella?

¿Y qué opinan sobre Bella y Edward? ¿Él está coqueteando con ella como dicen los chicos del café o solo está agradecido como piensa Bella?

¡Nos encantaría saber qué les ha parecido el capítulo! ;)

Hasta la próxima actualización