Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
The Boy At Table Seven
By: LyricalKris
Traducción: Sarai GN
Beta: Melina Aragón
Capítulo 6: Qué linda manera de quemar
—¿Estás bien, cariño?
Bella se frotó las sienes, mirando a Tanya.
—Sí. Solo estoy un poco adolorida.
—Un día largo —simpatizó ella.
—Me hace desear que los dormitorios tengan baño —suspiró Bella, apoyada en el mostrador por un momento—. Me vendría bien un baño en una bañera enorme. Tal vez un libro, pero sólo si puedo invertir en una de esas cosas para que no tengas que sostener nada sobre el agua.
—Echar un polvo también puede ayudar.
Bella le dedicó una mala mirada a Tanya. La otra mujer le devolvió la mirada, la imagen de la inocencia.
—¿Qué? Ayuda con los dolores de cabeza.
—Como si tú supieras. —Eric juguetonamente chocó la cadera de Tanya al pasar.
—Um, ¿disculpa? —habló Tanya sobre su hombro—. Que haya sido rechazada por Edward Cullen no quiere decir que carezca de atención masculina, muchas gracias. —Sacudió la cabeza y apuntó un dedo hacia Bella—. Tú, por otro lado... Me estás matando. Podrías tener a ese hombre. Él podría estar sosteniendo tu libro mientras lees en el baño. —Se inclinó más cerca, con tono de complicidad—. Aunque si consigues a ese hombre en el baño y estás interesada en leer, bueno, tengo una hermana que está disponible. —Movió las cejas.
Bella rodó los ojos, tratando de ignorar el sonrojo que bajó directo hasta su cuello.
—Él ha tenido mi número por dos semanas —le recordó a Tanya, automáticamente empujando hacia abajo la punzada de decepción.
—Bueno, se lo diste como una niñera potencial. —Tanya sonaba exasperada—. Chica, tenemos que enseñarte una cosa o dos acerca del uso de tus artimañas.
—¡Predica! —dijo Eric, dándole los cinco a Tanya mientras pasaba otra vez.
—¡La orden está lista! —llamó el cocinero, empujando un plato a través de una pequeña ventana.
Bella volvió a trabajar. Trató de no pensar en el dolor persistente de sus músculos o el agotamiento que llegaba hasta los huesos. Se sentía como el infierno.
Hacia el final de su turno, sus rodillas se aguadaron y hubiese tirado la bandeja en sus manos si Mike no hubiera estado ahí para agarrarla.
Jessica estaba a su lado en un latido, ayudándola a levantarse mientras Mike dejaba la bandeja sobre el mostrador.
—Lo siento —murmuró Bella, apoyándose en Jessica mientras trataba de orientarse—. Estoy un poco mareada.
—¡Eric! ¿Puedes llevar esto a la mesa seis? —preguntó Mike, asintiendo hacia la bandeja.
—No tienes que hacer eso —se quejó ella pero Eric ya había agarrado la bandeja. Suspiró, desplomándose mientras Jessica le tocaba la frente—. Estoy bien. En serio.
Mike la estudió pero asintió.
—¿Por qué no te vas?
—Eso no es necesario —protestó pero su jefe la cortó.
—Está bien, Bella. Cerraremos tus mesas. —Mike no parecía molesto—. Hay un virus en el ambiente. Es mejor si te vas a casa, descansas y te recuperas, porque te necesito el lunes.
Bella se quejó, pero no podía negar que su casa y su cama sonaban genial. Pensó que estaba muy cansada. Había sido una semana muy ocupada en el café y tenía proyectos de medio semestre y exámenes en la universidad.
Tomando el consejo de Mike, Bella se fue directo a casa. Apenas le dijo hola a su compañera de piso, Angela, antes de caer en la cama y directo a dormir.
Se despertó desorientada, sintiendo como si hubiera rebotado adelante y atrás como un pinball*. Se incorporó y parpadeó, tratando de averiguar qué estaba pasando.
—Argh. Apágalo —se quejó Angela a su lado de la habitación. Se movió, poniendo la cabeza sobre la almohada.
Fue entonces cuando Bella se dio cuenta que su celular estaba sonando. Se arrastró por él y contestó antes que se fuera al buzón de voz.
—¿Aló? —murmuró.
—¿Bella?
Una vez más, a la mente de Bella le tomó unos segundos para ponerse al día.
—¿Edward? —supuso.
—Sí. Lo siento. ¿Te desperté? Suena como que te desperté. Por supuesto que te he despertado. —Parecía contrariado—. Es muy temprano.
Bella miró el reloj y negó. No porque fuera temprano, aunque 7:30 de la mañana lo era sin duda, sino porque había dormido once horas seguidas.
Y todavía se sentía como el infierno.
—Lo siento. No debería haber llamado. Te dejaré volver a dormir.
—Um. No, está bien. Probablemente debería estar despierta de todos modos. —Eso no era ni remotamente cerca de la verdad, pero él sonaba culpable—. ¿Qué sucede? —Su cerebro estaba comenzando a ponerse al día con ella.
Edward Cullen estaba al teléfono. Deseaba que su cabeza no estuviera tan brumosa.
—Escucha, es completamente una mierda de mi parte preguntarte —dijo con un suspiro—. Tengo una clase de certificación que realmente podría ayudarme. Mi niñera tuvo que cancelar a último minuto —gruñó—. Esto es... lo siento mucho. Es tan grosero de mi parte preguntar, pero Benji ha estado pidiendo verte y…
—Edward —interrumpió Bella—. Está bien.
—Realmente no te lo pediría, pero esto podría significar un poco más en mi cheque de pago, ¿sabes?
—Está bien —repitió—. Te dije el otro día que extraño mucho a Benjamin.
—Lo siento tanto. Necesito irme en una hora. ¿Es posible en absoluto?
Bella tomó un respiro, tratando de pensar más allá del golpeteo en el cráneo.
—Benji debería ser fácil hoy —continuó Edward—, ha estado en casa enfermo el último par de días. Está a punto de salir de eso pero está aletargado. Apuesto que sólo se va a sentar y dibujar.
Eso era bueno, pensó Bella. Si ella se estaba enfermando, Benjamin probablemente sería inmune a lo que sea que ella tuviera. Por el momento, ella estaba muy cansada y adolorida. Podría sobrevivir estando cansada y adolorida en la casa de Edward.
—Sí. Está bien. Solo dame tu dirección.
—Gracias, Bella. —Sonaba tan aliviado, que la hizo sentirse un poco mejor.
Arrastrándose fuera de la cama, Bella consiguió darse una ducha rápida y logró vestirse todo dentro de una media hora. Frunció el ceño, sin ninguna malicia a la forma dormida de Angela, deseando estar bajo las sábanas, antes de arrastrar los pies hasta la puerta.
~0~
Edward se disculpó tanto como le agradeció profundamente antes de tener que salir corriendo por la puerta.
El apartamento era pequeño y con pocos muebles, pero era acogedor. Era un lugar de dos dormitorios con un solo baño, cocina y sala de estar. La casa no era prístina aunque no era una pocilga tampoco. Se veía como una casa bien vivida, con los juguetes de Benjamin dispersos y ropa desplegada sobre la mesa de café.
Dado que Bella todavía se sentía cansada y Benjamin estaba dormido, se acurrucó en el sofá. Debe haberse quedado dormida porque se despertó con la cara feliz del niño mientras palmeaba sus mejillas.
—¡Señorita Bella!
A pesar de lo terrible que se sentía, Bella sonrió.
—Hola, tú. —Se enderezó cuando Benjamin se subió al sofá a su lado para darle un gran abrazo—. Te extrañé.
—¡Yo también! —Se echó hacia atrás, inhalando fuerte mientras la miraba—. ¿Viniste a jugar conmigo y Peter?
Peter era un chico de diecisiete años del que Jasper había sido tutor como parte del programa de Hermano Mayor. Cuidaba a Henry algunas veces y había sido el encargado de cuidar a Benjamin, pero por lo que Bella entendía, la madre de su novia había muerto repentinamente la noche anterior y él quería estar a su lado.
—Peter tenía que estar en otro lugar —explicó con suavidad—, somos tú y yo hoy.
—Oh, está bien.
Bella pasó los dedos por su pelo enredado, más desordenado de lo habitual.
—¿Te gustaría desayunar?
Él la miró.
—¿Qué hay en el menú?
—Hmm. —Edward había dicho que había cereal y waffles Eggo para tostar en el congelador. Ninguno de los dos sonaba particularmente apetecible.
Los condujo por la calle a un oh-tan-saludable autoservicio. Se detuvo en Jamba Juice también, consiguiéndoles a los dos Cold Busters con la esperanza de ahuyentar el remanente de la enfermedad de Benjamín y evitar el que la estaba invadiendo a ella.
Fiel a la predicción de Edward, el niño fue fácil. Se comió la mitad de su desayuno antes de meterse en el sofá con Bella. Holgazanearon juntos, viendo dibujos animados.
Benjamin se durmió, pero Bella se mantuvo despierta, trabajando en un ensayo para una beca que quería solicitar. Su cabeza todavía estaba confusa, por lo que era difícil concentrarse. Tuvo que leer casi todas las líneas que escribió dos o tres veces para comprobar que fueran coherentes.
A medida que avanzaba la tarde, Bella se sintió peor.
—Vaya. Bella, estás caliente. —Benjamin estaba de rodillas en el sofá, mirándola fijamente con una expresión de preocupación mientras ponía las manos en su frente como Jessica había hecho el día anterior.
Era extraño porque Bella tenía mucho, mucho frío. Su cuerpo estaba enroscado apretado, porque estaba doblada sobre sí misma, sus brazos abrazando sus hombros.
Y no se podía concentrar. En absoluto. Era difícil mantener los ojos abiertos.
—Estoy bien, pequeñito —murmuró, acariciando el brazo de Benjamin reconfortándolo.
Él frunció el ceño.
—No te ves bien.
Antes de que pudiera responder, se oyó el ruido de una llave en el cerrojo y Edward apareció un segundo después. Benjamin corrió hacia la puerta, pero en lugar de saludar a su padre, tomó su mano y comenzó a jalar.
—Papá, ven aquí. Algo anda mal con Bella.
—Estoy bien —insistió Bella, empujándose para ponerse de pie. Solo consiguió dar un paso antes que una ola de mareo la golpeara como una pila de ladrillos. Como el día anterior, sus rodillas se aflojaron. Esta vez, en lugar de aterrizar en el suelo, vio a Edward lanzarse hacia delante. Su fuerte brazo alrededor de la cintura la mantuvo en posición vertical—. Estoy bien —insistió, pero se apoyaba en gran medida en él, con la mano temblorosa en su pecho.
Él dio una risa jadeante.
—Sí, no lo creo. —Frunció los labios, poniendo la palma de su mano contra su mejilla. Todavía no la había soltado—. Estás ardiendo, Bella.
—Sí, no me siento muy bien —admitió—. Creo que necesito irme a casa.
—¿Tienes a alguien para que cuide de ti en tu casa?
Bella tuvo que pensar en ello. Angela estaría en casa de su novio Ben a esa hora.
—Estaré bien.
Él apretó los labios mirándola y luego a su hijo quien los miraba con ojos de preocupación.
—Quédate —dijo en voz baja.
—Estaré bien. —Para demostrarlo, trató de librarse de su agarre, pero sus pasos eran inestables. Estaba tan mareada.
Edward se rió, poniendo su brazo alrededor de su cintura de nuevo.
—¿Apenas puedes caminar y quieres que te deje conducir? Los amigos no dejan a sus amigos conducir borrachos.
—No estoy borracha —murmuró Bella, un poco gruñona.
—La misma diferencia.
Se frotó los ojos, tratando de pensar más allá de la bruma, pero antes que pudiera ordenar sus pensamientos, se encontró siendo cargada. Gritó, pasando los brazos alrededor del cuello de Edward automáticamente.
—¿Qué estás haciendo?
—Te está poniendo en la cama, ¿verdad, papá? —Benjamin estaba caminando con ellos, manteniendo el paso.
—Eso no es realmente necesario —murmuró. Sin embargo, estaba distraída. Su nariz estaba en el cuello de él y su olor a aceite y hombre era extrañamente reconfortante.
—Bella, sé buena —amonestó Benjamin—. Papá sabe lo que es mejor para ti.
—Benji, no soy el padre de Bella —dijo Edward, cruzando la puerta abierta de su habitación. Recostó a Bella en la cama con cuidado, retirando el pelo de su cara—, pero deberías quedarte. Si tienes lo que Benji tenía, es brutal. Alguien debería estar contigo.
Sacudió la cabeza pero no hizo ningún movimiento para levantarse de la cama.
—No debería molestarte.
—No es una molestia. De verdad.
Bella se estremeció de nuevo y Edward frunció el ceño.
—Has sido tan buena con nosotros. Déjame cuidar de ti por una vez.
—Puedo ayudar —dijo Benjamin con entusiasmo. Se puso a bajar las mantas de la cama—. Aquí.
—Estoy muy, muy cansada —admitió Bella. Sus palabras eran mal articuladas. Su cabeza se sentía demasiado pesada para sostener.
—Recuéstate —animó Edward.
Con un gruñido, Bella cedió. Se recostó, dejando que Edward y Benjamin la arroparan. Todavía sentía frío hasta los huesos. Para cuando Edward le trajo agua y Nyquil para tomar, Bella estaba muy cerca de perder el conocimiento.
—Papá —apenas escuchó a Benjamin sisear—. Olvidaste algo.
—¿Qué?
—Tienes que darle un beso como lo haces conmigo.
—Benji —dijo Edward con un suspiro que sonaba cansado.
—Tienes que hacerlo —insistió Benjamin—. Para hacerla sentir mejor.
En algún lugar en el fondo de su mente, Bella se preguntó si estaba soñando. O alucinando. Juró que sintió la cama moverse y luego labios cálidos y suaves contra su frente. Oyó su preciosa voz en bajo sonido sordo cerca de su oído.
—Gracias por todo lo que has hecho por nosotros.
Luego él se fue y el sueño la venció.
*Pinball: un juego en el que pequeñas bolas de metal se disparan a través de una placa inclinada y suman puntos al golpear a varios objetivos.
Awww, van a cuidarla. ¿Qué creen que resultará de todo esto?
Esperamos que estén disfrutando de la historia. ¡Gracias por todos sus comentarios, favoritos y alertas!
Hasta el próximo capítulo…
