Aquí el capítulo 8, el título es para todos, para nuestros protagonistas, para nosotras, y no sé si a vosotras os pasará lo mismo. Ha sido un capítulo con muchos sentimientos para describir, y muchos que se deben interpretar.
Nos apetece muchísimo saber vuestra opinión de este capítulo, ya que lo hemos sufrido, en todos los sentidos, y nos ha encantado el resultado (a pesar de la lagrimilla que se nos ha escapado mientras tanto).
Muchas gracias por los comentarios, y, recordamos: comentad con amor, sed respetuosos con los personajes, defended al ship.
Nos vemos pronto.
NEKINSEY.
CAPÍTULO 8. Sentimientos encontrados.
Bellamy se quedó mirando el rostro de Clarke. La chica estaba a su lado tumbada en la arena. Estaba muy pensativa, más de a lo que últimamente le tenía acostumbrado, y llevaba toda la tarde ausente: casi ni contestaba a los gestos que él hacía y, cuando intentaba besarla, le respondía unos segundos antes de cambiar de postura sobre la toalla.
-¿Estás bien? -se animó a preguntar al fin. La chica lo miró a través de las gafas de sol que llevaba.
-Últimamente tengo muchas cosas en la cabeza, no te preocupes -volvió a su postura, estirando el brazo para acariciar distraída el del chico.
-Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿verdad? -insistió.
-He discutido esta mañana con mi madre, cosas de casa, no tienes de qué preocuparte, en serio -una sonrisa fingida apareció en su rostro.
Bellamy frunció el ceño antes de dejarse caer en la toalla, aceptando no insistir más. Ya habían pasado tres días desde que fue a su casa y cada día estaba un poco más distante. Por más que había intentado alegrarla, la chica no respondía a sus bromas como antes y eso le preocupaba muchísimo. Por otro lado, le encantaba poder hablar con Lexa y su hermana de las veces en las que había salido con Clarke y ver sus reacciones, que normalmente eran bastante graciosas.
-Ey, esta tarde voy a mi casa a pasar el fin de semana, ¿te apetece venir?
-¿Tú y yo solos?
-No, vienen también Lexa y mi hermana. Algunos fines de semana vamos a hacerle compañía a mi madre.
-Bueno, vale -aceptó-, pero solo si me dejas ir en el asiento de copiloto -bromeó, y el chico sonrió cuando vio el cambio de expresión en el rostro de la chica.
Por fin.
Lexa iba conduciendo e intentaba estar pendiente a la carretera, pero la compañía que tenía la ponía nerviosa, y es que, en ese coche tan pequeño, había mucha tensión ambiental.
Octavia estaba con los dientes apretados y no paraba de observar a Clarke, que tenía el rostro girado hacia la ventana y, de vez en cuando, también hacia Lexa, que a su vez estaba intentando no mirarla porque se moría por dentro pensando lo guapa que era. Y luego estaba Bellamy, que no percibía la tensión.
-¿Queda mucho para llegar? -preguntó Clarke un poco insegura, sin saber si podía romper el silencio que se había creado.
-No, en cinco minutos llegamos -respondió Lexa sin apartar la mirada de la carretera. Cuanto menos viese de ella, mejor, así tampoco se distraería tanto ni se pondría tan nerviosa.
-Mira, allí está mamá -dijo Bellamy, avisando a Octavia para que se asomase por su lado de la ventana.
Lexa se dio cuenta de que Michelle había salido al jardín que había frente a la casa y los esperaba casi en la acera. La mujer levantó la mano con alegría cuando vio que el coche se acercaba para poder aparcar al lado de la casa. Lexa apagó el motor y sacó las llaves; ya casi todos los demás habían salido del coche, sobre todo Bellamy y Octavia, que iban directos a abrazar a su madre.
-¡Hola, mamá! -dijo la morena mientras pasaba los brazos por el cuello de la mujer- ¡Te he echado de menos!
-Y yo a ti, cariño -respondió su madre.
-¿Para mí no hay abrazo o qué? -preguntó Bellamy haciéndose el ofendido.
-Todos los que quieras, hijo -volvió a responder la mujer, sonriéndole-. ¿Dónde está Lexa?
-¡Hola, Michelle!
Lexa acababa de llegar donde ellos se encontraban junto con Clarke, que la había esperado fuera del coche.
-¡Hola, preciosa! ¿Cómo estás? -Michelle se acercó a Lexa y le dio otro abrazo, al igual que a sus dos hijos. Lexa se dejó arropar por ella y disfrutó de su cercanía; aunque sus padres se hubiesen ido, esta mujer sería para ella como una segunda madre.
-Muy bien, ahora te contaremos.
-Hola, ¿tú eres Clarke? -preguntó Michelle a la rubia. A los demás les hizo gracia ver la cara de sorprendida que se le quedó porque la mujer ya sabía su nombre.
-Eh, sí, sí. Soy yo, encantada -alargó la mano para estrechársela a la mujer, quien prefirió darle un beso en la mejilla como saludo.
-Mis niños me han hablado de ti.
-¿Ah, sí?
-Sí, los dos.
Al oír eso, el corazón de Lexa empezó a latir más rápido y el dolor que había disminuido durante estos días volvió a instalarse en la zona de su pecho. Sí, se esperaba que Octavia le hablase a su madre acerca de sus amigos y de quién dejaba o no de conocer, pero ¿Bellamy? Es verdad que tenía mucha confianza con su madre, pero nunca antes lo había oído decirle algo sobre sus relaciones. Suspiró y entró la última en la casa.
-¿Queréis beber algo? -preguntó Michelle cuando llegaron al salón.
Toda la casa en sí era bastante amplia. En el salón había dos sofás bastante anchos, estanterías llenas de libros y con fotografías además de una mesa más pequeña que servía de comedor.
-Agua, por favor -dijeron los hermanos al mismo tiempo, haciendo reír a su madre.
-Seguís iguales, de verdad…
-Yo no quiero nada, gracias -contestó educada Clarke.
-Voy a dejar esto en mi habitación -Lexa levantó la bolsa que traía y empezó a subir las escaleras.
-¿Dónde voy a dormir yo? -preguntó la rubia mirando a su amiga-. También me gustaría dejar esto.
-Puedes dormir en mi habitación -contestó la de pelo negro. Bellamy miró la escena, confundido-. Acompáñame.
Octavia y Clarke también desaparecieron por las escaleras y Michelle miró a su hijo con una sonrisa de oreja a oreja antes de apretar su brazo con orgullo.
-¡Es muy guapa, Bell! -exclamó entre dientes.
-Al menos te has controlado delante de ella -sonrió el chico.
-Parece seria, de momento, es normal, no me conoce y estará nerviosa, pero es muy, muy guapa -y no controló el abrazar a su hijo.
-Toda la vida llamándome superficial y mírate, fijándote solo en lo guap… -no le dio tiempo a terminar la frase cuando la mirada de su madre le dijo que era mejor callarse si no quería que su furia cayese sobre él-. Era broma, mami -dijo, poniendo su mejor sonrisa.
-Claro, claro… -dijo irónica Michelle, aunque también sonriendo.
Los dos se sentaron en uno de los sofás y Bellamy empezó a comentarle qué tal le habían ido las últimas semanas en la universidad. Cómo no, su madre intentó evadir los temas banales para centrarse en el que más le importaba ahora: la salud de su hijo y la chica rubia que estaba en el piso de arriba.
-Me alegro de que te vaya todo tan bien, hijo. Bueno, menos lo de la muñeca -mostró preocupación al verle aún la venda-. ¿No te ha dicho nada más la doctora?
-Todavía me duele de vez en cuando, pero no es nada -la madre suspiró y Bellamy la abrazó acercándose a ella-. Ay, mamá, que estoy bien.
-Lo sé, cariño, pero ¿y esos chicos? ¿Los que te hicieron esto en el vestuario? -su mirada la delataba: no estaría tranquila hasta saber que no le harían daño otra vez.
-En serio, no pasa nada. ¡Ni que me hubieran dado una paliza!
-Ay… Como tú digas, Bell. En fin, ¿vas a contarme algo más de Clarke antes de que baje? -preguntó, ahora en un tono mucho más confidente. Bellamy se sonrojó un poco ante la pregunta.
-Ya te lo he dicho todo, mamá.
-¡Eso no es cierto! Solo sé que es de tu universidad y que ha ido a surfear con vosotros unos días.
-Suficiente -le dijo Bellamy en tono bromista.
-Soy tu madre y tengo que saber quién es mi nuera -de repente, los nervios de Bellamy se acrecentaron al pensar en el término que había escogido su madre para referirse a Clarke: nuera.
-Bueno, no sé si es demasiado pronto para…
-¿Pero no dices que te invitó a conocer a su familia?
-Sí.
-Y tú ahora la has invitado a ella.
-Ya, pero…
-Y pasáis mucho tiempo juntos.
-Ajá.
-¿Entonces?
Bellamy se mordió el labio. Seguro que esta noche le daba más vueltas al asunto de lo que le gustaría.
Un nuevo día comenzaba, y Lexa, en ese momento, salía de su habitación y se encontró con las dos chicas, ambas con el rostro serio, abriendo la puerta de la habitación de Octavia, que quedaba justo frente a la suya.
-Aquí está: la mujer de mi vida -la más bajita rodeó la cintura de Lexa, que quedó sorprendida por el cambio-; bueno, después de mi madre, eso ya lo sabes.
Lexa soltó una risita y se dejó abrazar por ella. Miró de reojo a Clarke, que escaneaba a Octavia con el ceño fruncido, antes de relajar el rostro cuando sus ojos conectaron.
-¿No íbamos abajo? -preguntó la rubia.
-Espera -Octavia se giró para mirarla, aún sujetando a Lexa-, quiero aprovecharme un poco de ella. Tú ve bajando, mi madre tendrá el desayuno preparado seguramente.
Y empezó a empujar a la más alta a su propia habitación, cerrando detrás de ella.
-¿Y eso a qué viene? -se sorprendió.
-Que le den a Clarke -sus ojos se conectaron-. ¿Cómo estás?
-Bien, supongo -parecía preocupada-. Tranquila, me recuperaré - sonrió.
-No sé en qué estaba pensando Bellamy para decidir traerla.
-O -la llamó-, Bellamy no sabe nada de que me gusta, él no ha hecho esto a maldad, ha hecho esto porque quería presentarle a Clarke a tu madre.
La chica bufó, cruzándose de brazos, y Lexa rio divertida antes de agarrar su muñeca y empezar a bajar ambas las escaleras.
-Y esta es Lexa toda llena de barro con mi Bellamy… -oh, no.
Lexa corrió hacia el sofá y cogió la fotografía que tenía la mujer en sus manos, y no sería vergonzosa si hubiese sido una foto de cuando eran pequeños, pero es que era de hace tres años y le pidió por lo que más quisiera que no la fuese enseñando por ahí.
-Vamos, salís adorables -siguió la mujer, intentando recuperar la fotografía.
-Ya la he visto, no hace falta que la escondas -sus ojos se posaron en la que habló, perdiéndose de nuevo en esas esferas celestes-. Y, sí, sales adorable.
Lexa notó un ligero rubor en sus mejillas y devolvió la fotografía, sentándose en uno de los sofás, donde, seguidamente, se lanzó Octavia, poniendo su mano entre sus muslos, en una postura un tanto posesiva que a Lexa no le importó.
-Propongo algo -habló Michelle-, ¿por qué no vais a vuestro sitio secreto y se lo enseñáis a Clarke mientras yo me encargo de la comida?
-Yo me quedo a ayudarte, no lo vas a hacer sola -ofreció Lexa.
-¡Lexa! -la mujer levantó su dedo hacia la de ojos verdes-. No hagas que me enfade.
La chica se resignó y aceptó. Cogieron sus bicicletas, prestándole una a Clarke, y empezaron a pedalear hacia el monte para perderse en el bosque.
Octavia dio una palmada en uno de los cachetes de Lexa una vez bajaron de sus vehículos.
-Mierda, Lexa -se acercó a ella mordiéndose el labio-, cuando terminas de hacer ejercicio lo tienes súper duro -se pegó a su espalda dándole con las caderas haciendo que Lexa riera a carcajadas.
A Bellamy se le saltaron los ojos de las órbitas con la escena.
-Veo que el profesor ese no te da lo que necesitas, O.
-A veces lo que una necesita está justo delante de tus narices –y se acercó a besar la mejilla de su amiga.
-Qué sitio tan bonito -dijo Clarke de repente, evitando mirar a las dos chicas y acercándose a Bellamy.
-¿A que sí? -caminó unos pasos con Clarke, cogiendo su mano, para mostrarle con más detalle el lugar.
El paisaje era genial. A pesar de que la casa no estaba demasiado lejos y todo aquello era una zona urbana, parecía que habían recorrido kilómetros por la belleza natural que tenían frente a ellos. El césped, de un verde brillante, se movía conforme el viento soplaba. La sombra de los árboles, aunque pequeña, podía dar cobijo a un par de personas y el riachuelo de un azul cristalino terminaba de adornar el cuadro.
-Es precioso -susurró Clarke.
-Igual que tú -le respondió Bellamy y le dio un beso en la mejilla. La chica lo miró y, a continuación, volvió la vista hacia las dos chicas, que hablaban no muy lejos de ellos dos.
-Bell -gritó Octavia para que su hermano la oyese-, ¿te acuerdas de las carreras que hacíamos por aquí? -Bellamy se carcajeó.
-Claro que me acuerdo. Una vez casi me rompo la rodilla por tu culpa.
-Eso es que eres muy torpe, hermanito -bromeó.
-Ey, yo también participaba en esas carreras -intervino Lexa, que estaba justo tras Octavia. Se percató de que Clarke no le quitaba apenas la vista de encima, más que cuando habían empezado a flirtear…
-Sí, pero no eras tan rápida como nosotros -replicó Bellamy con la lengua fuera en un gesto de burla.
-¡Oye, pobrecita! -protestó Octavia, abrazando a Lexa- Por decir eso te reto a una carrera.
Bellamy no perdió el tiempo: le guiñó un ojo a su hermana y salió corriendo paralelo al riachuelo. Octavia, aunque tardó unos segundos más en reaccionar, fue tras él con un grito que bien parecía de guerra.
Lexa se rio con la escena y fue a imitar a sus amigos, pero mientras tenía una pierna levantada a punto de correr, Clarke agarró su mano y tiró hacia ella, pero frenó antes de chocarse con su cuerpo.
-Hola -sonrió la rubia.
-Hola -le siguió el rollo Lexa, algo tímida, dando un paso para atrás. Estaba demasiado cerca-. ¿No querías ir a correr?
-Ya sabes que los deportes no son lo mío.
-Has estado callada hoy -cogió aire antes de la siguiente pregunta-, ¿estás bien con Bellamy? -escuchó el suspiro frustrado de Clarke.
-Lexa, no estamos juntos, en serio, no sé de dónde has sacado eso -¿por qué entonces le había dicho su amigo que estaba enamorado de ella?-. Te he echado de menos -y esas palabras suspiradas de sus labios hizo que su corazón se saltase uno, quizás dos, latidos-, he estado yendo a la biblioteca estos días y me mataba el no verte allí.
-Entiende que he necesitado unos días para ordenar mis pensamientos, lo que pasó fue algo inesperado… -dijo en voz baja, como si la pudiesen escuchar.
-¿Sigues enfadada? -preguntó en un hilo de voz.
-Oh, no, nunca he estado enfadada contigo -sonrió, intentando tranquilizarla, y retirando el mechón que cayó por su rostro cuando miró hacia el suelo.
Entonces se sorprendió cuando, en un brusco movimiento, se aferró a ella, rodeando su cuello con los brazos y enterrando la cara en su cuello. Se relajó entre sus brazos y rodeó su cintura. ¿Por qué tenía que oler tan bien su pelo?
-Estabas preciosa en aquella foto con barro -la morena soltó una risita, separándose de ella para mirarla a los ojos.
- No voy a conseguir que la olvides, ¿verdad? - Clarke negó mientras sonreía divertida.
Mientras tanto, los hermanos dejaron de correr una vez llegaron a una pared montañosa. No se habían alejado demasiado ya que podían ver tanto a Clarke como a Lexa todavía. Octavia dobló el cuerpo, apoyando las manos en las rodillas y respirando con dificultad.
-Me duele todo -dijo cuando pudo hablar.
-Anda que estás en forma… -contestó Bellamy.
Este se acercó al nacimiento del riachuelo y aprovechó para refrescarse un poco el cuello y las manos con algo de agua. Octavia lo siguió y se colocó a su lado.
-¿Cómo estás? -le preguntó con voz dulce. Bellamy se extrañó un poco por la pregunta.
-¿Cómo voy a estar, O? ¡Pues genial! -le dijo, sonriendo de oreja a oreja-. Ya echaba de menos la casa, a mamá y a su comida -Octavia asintió, completamente de acuerdo-, pero también quería pasar tiempo con vosotras a solas. Encima Clarke ha venido y ha conocido a mamá… -esto último lo dijo casi en un susurro, mordiéndose el labio y soltando una pequeña risa nerviosa.
Cuando levantó la mirada, Bellamy se encontró con la preocupación reflejada en la cara de su hermana. ¿Había dicho algo malo? No tuvo tiempo de decirle nada cuando sintió los brazos de la chica a su alrededor, apretándolo con fuerza y hundiendo la cara en su cuello.
-O, ¿pasa algo? -preguntó Bellamy con inquietud.
Ella no respondió y el chico observó cómo se giraba para ver a Clarke y a Lexa abrazadas.
-Bell… -empezó a decir la chica-, ¿de verdad estás enamorado de Clarke?
Bellamy no solía responder a ese tipo de cuestiones, sobre todo porque nunca nadie le había hecho una parecida. Sin embargo, por una vez, conocía la respuesta y sonrió al decirla.
-Creo que sí, O. Es difícil saberlo pero… sí, me parece que sí -bajó un poco la cabeza, lo que causó que algunos de sus rizos le cayesen sobre la frente y le diesen un aspecto más tímido incluso. Su hermana se mordió el labio-. ¿He dicho algo malo? -preguntó al ver la reacción de su hermana, levantando una ceja.
-No, Bell, para nada… -Octavia suspiró. Bellamy cada vez estaba más confundido por su comportamiento. ¿Qué bicho le había picado?- Solo que…
-¿Qué? -insistió Bellamy sin comprender. Octavia volvió a fijar la vista en las dos chicas- ¿Por qué las miras tanto?
-¿No te parece raro que en tan poco tiempo hayan cogido tanta confianza? -le dijo, señalándolas con un movimiento de cabeza.
Bellamy las miró también. En ese instante se estaban separando y sonriéndose mutuamente. El único sentimiento que el chico sintió fue alegría al ver a su mejor amiga feliz y a su… chica de la misma forma.
-No, ¿a ti sí? -Octavia no le contestó pero tampoco apartó los ojos de los suyos, como si le instase a seguir hablando- Hacía mucho que Lexa no tenía a nadie tan cercano aparte de nosotros, O, y me alegro mucho de que ese alguien sea Clarke -Octavia apretó la mandíbula ante lo que Bellamy le dijo-, lo que no me esperaba es que tú reaccionases así.
Vio cómo su hermana apretaba los puños, por lo que ahora vendría un grito como contestación seguramente.
-Pero ¡¿no te das cuenta de que…?!
De repente, Octavia ya no se encontraba a la altura del cuello de su hermano, si no mucho más abajo. Sin darse cuenta había pisado un pequeño agujero lleno de barro y, con la hierba que tenía encima, pasaba desapercibido. El acto reflejo de Bellamy no fue tenderle una mano para ayudarla, si no empezar a reírse como si no hubiese un mañana. Sus risas atrajeron la atención de Clarke y Lexa, que en ese momento hablaban de cosas sin importancia, contentas de haber arreglado su situación. Se dirigieron hacia donde estaban los hermanos a paso acelerado y al llegar se encontraron con una Octavia con la pierna derecha llena de barro, al igual que las dos manos.
-¡Deja de reírte, cabrón! -le espetó a su hermano, intentando incorporarse al mismo tiempo. Bellamy por fin volvió en sí y se dispuso a ayudarla. Lo que no sabía es que su hermana guardaba un poco de rencor en ella y tiró de él hacia abajo, lo que provocó que las piernas de Bellamy diesen en el barro y se pringasen igualmente.
-¡Serás traidora!
-¡Tú te lo has buscado!
Sin saber muy bien cómo, Clarke y Lexa se convirtieron en las espectadoras de una lucha en el barro. Faltaba un árbitro para que moderase el combate y estaría completo. Bellamy se abalanzó sobre su hermana, atrapando todo su cuerpo, y comenzó a girarlos a ambos por el barro para mancharlos aun más y hacer rabiar a la chica.
-¡Para! ¡Para! -gritaba Octavia, aunque la sonrisa que tenía en la comisura de los labios la delataba.
Lexa miró a Clarke, con una sonrisa en los labios antes de agacharse, manchar de barro todo lo que pudo su mano y levantarse, refregándola por la cara de la chica, que gritó alzando las cejas, sorprendida. Lexa le sacó la lengua burlándose, antes de empezar a correr, riéndose, cuando vio que Clarke la imitaba.
Poco después de terminar la pelea improvisada, regresaron a casa para almorzar. Michelle les había preparado una rica comida casera que fue del gusto de todos: no siempre tenían la oportunidad de disfrutar de un plato así en la facultad.
Pasaron la tarde viendo alguna que otra foto más, con la correspondiente carcajada de Clarke al descubrir lo traviesos que eran Bellamy y Lexa de pequeños, aunque Octavia tampoco se quedaba atrás. Estuvieron mirando unos cuantos álbumes hasta dar con uno en el que había varias fotografías solamente de Bellamy y Lexa, cada cual más encantadora que la anterior. En una en concreto salían ambos y estaban sentados en el jardín de la casa. Tendrían unos 12 años aproximadamente, pues se les notaba la creciente pubertad. Tanto Bellamy como Lexa vestían ropa de verano pero lo curioso era verlos con el mismo peto vaquero y guantes pequeños que cubrían sus manos. Lexa tenía entre las suyas dos flores de color amarillo y parecía que las acariciaba con cariño. Por otro lado, Bellamy estaba de rodillas a su lado, mirando lo que su amiga hacía con ellas. En la siguiente fotografía ambos compartían una mirada llena de ternura y, justo en la esquina del álbum, había otra imagen de ellos dos abrazados, justo en ese mismo momento.
-Recuerdo este día -dijo de pronto Lexa. Una pequeña sonrisa se le dibujó en la cara y suspiró-. Qué fácil era ser niña…
-Yo también me acuerdo. Eran las primeras flores que plantamos en el jardín y cuando vimos que habían crecido le pedimos a mamá que nos pusiera el traje de jardinería, como le llamábamos a esa ropa -explicó divertido mientras señalaba el atuendo de la fotografía.
-¿Os gustan las flores? -preguntó curiosa Clarke, mirando a uno y a otro seguidamente.
-Muchísimo -respondió Lexa, esta vez con la vista clavada en Bellamy-, y hace mucho que no quedamos para hablar del tema. Con lo que nos gustaba antes…
-Tranquila, lo retomaremos -sonrió el chico, rodeando el cuello de su amiga con su brazo y acercándola a él para abrazarla.
-¡Octavia! -señaló Clarke una fotografía riéndose a carcajadas-. ¡Este vestido lo tenía yo también!
-No me lo recuerdes, lo odiaba -sonrió la chica, que parecía más calmada con su amiga. Parecía.
Bellamy observó a Lexa, que jugaba con sus propios dedos mirándolos metida en sus pensamientos; tenía el rostro serio, pero era por tristeza, Bellamy sabía diferenciarlo. Todos los años era igual, parecía que la noche le afectaba de esa manera y era cuando más recordaba a sus padres el día en que se enteró que habían fallecido en aquel accidente de avión. Había pocos en general, pero les tocó a ellos, y a Lexa le tocó sufrirlo. Michelle decidió hacerse cargo de ella porque los tres eran como hermanos y la familia de Lexa más cercana pensó que era lo mejor: no iba a ser lo mismo que creciese con gente de su edad en casa que con dos personas más ancianas; aun así, Lexa era muy familiar y siempre que podía iba de visita.
El chico miró a su madre, que justo salía de haberse duchado y vestido para empezar el ritual de todos los años, donde dejaban a Lexa sola para que pensase; intentaban que no estuviese todo el tiempo pensando, siempre la entretenían y mantenían ocupada, pero las noches de los aniversarios la dejaban tener su momento y que pudiese recordar a sus padres. Así que, como todos los años, su madre fue la primera en hablar.
-Hace una noche fantástica, ¿queréis que salgamos a cenar juntos? -los cuatro la miraron.
-¡Sí! Podríamos ir a aquel restaurante en el puerto, me muero de ganas por comerme aquel solomillo… -se relamió los labios el chico poniéndose de pie. Ahora le tocaba a Lexa decir su frase.
-Yo creo que me voy a quedar aquí -no hacía falta que dijese más, antes ponía excusas, ahora todos sabían que necesitaba estar sola. Bellamy miró a su hermana, que era la que siempre se ofrecía a quedarse con ella.
-¿Quieres que me quede contigo? -el chico se extrañó, porque esa voz no era la de Octavia, y miró a Clarke, que observaba preocupada a su amiga. Igualmente válido, ahora era la negativa de Lexa, que no pasaba nada, que se divirtiesen…
-Vale -escuchó la voz de la morena cortando sus pensamientos, y todos se quedaron extrañados. Michelle fue a decir algo, pero Bellamy fue el primero en hablar.
-Los Blake se van entonces de cena y dejamos a las señoritas que hablen de secretitos -dijo divertido para no dramatizar mucho el asunto. Igual Clarke tenía interés por la historia de Lexa: era normal, ella solo hablaba de esos temas esa noche y solo con ella misma. A lo mejor, simplemente, necesitaba una amiga con la que desahogarse.
Los tres se despidieron y Lexa se quedó unos segundos pensativa: ¿por qué había cambiado la tradición? Igual había sido muy obvia, pero es que, por primera vez, quería estar con alguien, y ese alguien era Clarke. Intentaba controlar sus sentimientos y emociones por ella, pero no podía. Y ese día habían estado muy bien como amigas, lo había echado de menos. Nada más la pregunta salió de sus labios casi no le dio tiempo a pensarlo: dijo que sí y luego le vino esa angustia en el estómago. Igual había sido una egoísta y Bellamy quería tener una cena con su familia y con Clarke…
-¿Estás bien? Te veo triste…
-Tranquila, es lo mismo todos los años, este estoy algo mejor -sonrió, algo forzada, aún mirando sus manos.
-Lo siento, Lexa -su voz era muy sincera, y, rápidamente, en su visión apareció otra mano más, agarrando las suyas, y ambas entrelazaron los dedos casi al mismo tiempo-. ¿Quieres que prepare algo de cenar? -escuchó su voz de nuevo y la miró. ¿Por qué tenía que tener esos ojos? ¿Por qué tenía que ser tan guapa? ¿Por qué tenía tantas ganas de besar esos labios?
-¿Tú sabes cocinar? -preguntó, intentando sonar divertida, llevándose un suave manotazo en la pierna que la hizo reír suavemente.
Ambas fueron a la cocina y prepararon juntas algo ligero. Lexa comentó que casi no tenía apetito, y Clarke no insistió en que hablase del tema, intentando tenerla distraída. Pero, por primera vez, necesitaba hablar. Habían terminado y decidieron subir a su habitación, más que nada porque quería confesarse. Le dijo a la chica que se podía sentar en su cama, mientras ella lo hacía en el escritorio, abriendo un cajón y sacando una libreta. No necesitaba un diario o un candado ni nada para guardar sus sentimientos; en esa casa la respetaban completamente.
-Aquí escribo siempre, todos los años, este día -la rubia la miraba escuchándola atenta-. Menos el primer año, todos los demás están escritos. Cómo me siento, qué pienso y cómo me hubiese gustado estar viviendo; cómo me imagino a mis padres si siguieran vivos.
-Puedes escribir ahora, Lexa, me parece muy bonito que lo hagas, si necesitas estar sola…
-No -sujetó su mano para que no se levantase-. Quiero decirte algo -cogió aire, abriendo el cuaderno y empezando a escribir-. Este año es distinto -empezó a leer en voz alta-, no noto ese nudo en la garganta, no he tenido esa necesidad de llorar en todo el día, de esconderme; es más, he pasado un día genial junto a Bellamy, Octavia, Michelle y Clarke -levantó la mirada y le dedicó una tímida sonrisa, observando el gesto de vuelta-. Por primera vez, he querido estar acompañada por la noche, Clarke es especial -sintió la mano de la chica apoyarse cálidamente en su brazo-. Sé que aunque no me haya acompañado el sentimiento de tristeza de todos los años, no significa que ya los haya olvidado, el sentimiento ha cambiado a uno más melancólico, aún imagino cómo habría sido la vida con ellos, cómo sonreirían si viniesen a mi graduación este año, cómo se alegrarían por mí y me abrazarían cuando consiguiese todos mis objetivos… Pero sé que voy a obtener miradas de felicidad, sonrisas, y que hay personas que se van a alegrar por mí: mi segunda familia -entonces le tembló la mano al escribir y apretó los labios-. Los echo de menos -se le fue la voz, antes de dejar que las lágrimas cayesen de sus ojos.
-Lex…
Clarke se levantó, la abrazó por la espalda y no dijo nada más, dejando que se desahogara. La atrajo hacia la cama para que se sentase a su lado y poder abrazarla mejor, acariciándole el pelo y apretándola contra su cuerpo.
-¿Crees en el cielo, Clarke? -preguntó unos minutos después, más tranquila.
-No lo sé –confesó, y Lexa la miró a los ojos. Cogió aire antes de darse la vuelta.
-Te voy a explicar el significado de mi tatuaje.
Tras estar de espaldas a ella, se quitó la camiseta y se desabrochó el sujetador, sin desprenderlo de su cuerpo, solo para que pudiese ver el tatuaje completo.
-Yo tampoco creo en el cielo, pero sí creo que algo debe haber cuando te vas de este mundo. Mi teoría es que mis padres dejaron de existir aquí y se convirtieron en energía, ahora estarán en algún sitio en el espacio, que es infinito –cogió aire intentando calmar sus emociones-. O así me lo imagino yo, igual es una tontería, pero creo que debe haber una unión, un pasillo que una esas dos partes. Eso es mi tatuaje: la unión de la Tierra, donde estoy yo, y el espacio, donde están mis padres.
-Es muy bonito, Lexa… -dijo suavemente y pasó su mano por su espalda, antes de ocuparse ella misma de volver a abrochar su sujetador. Lexa se volvió a colocar la camiseta y se giró, dejando que Clarke la abrazase otra vez-. ¿Qué necesitas ahora? Podemos hacer lo que quieras, lo que sea que te haga sentir mejor.
Se quedó pensativa, mirándola. Sus ojos estaban rojos y los dedos de Clarke empezaron a acariciar sus mejillas, limpiando el rastro de sus lágrimas o alguna rebelde que se escapaba.
Entonces, bajó la mirada a los labios de la chica y comprobó lo cerca que estaba: ¿y si la necesitaba a ella?
Cuando volvió a subir a sus ojos, vio que Clarke también observaba sus labios, y se dio cuenta de que ambas respiraban más pesadamente que segundos antes. Sintió un escalofrío cuando el pulgar de la chica, que seguía en su mejilla, bajaba a sus labios y delineaba el suyo inferior. El ambiente estaba cargado de cosas que todavía no podía describir, y su cerebro no estaba controlando nada de lo que pasaba; no pensaba en nada más que en la que tenía delante.
Ambas se inclinaron casi al mismo tiempo: su nariz rozó la de la chica y separaron los labios a la vez, atraídas la una por la otra. Pero solo se rozaron, su labio inferior estaba siendo acariciado levemente por el superior de la chica, y estaban paralizadas, con sus ojos cerrados, debatiéndose internamente sobre si eso estaba bien, si debía seguir y unir sus labios o no.
Y no, no estaba bien. Apretó sus labios, conteniendo el deseo, y se echó hacia atrás tragando saliva, nerviosa.
-Lo siento -dijeron a la vez y rieron divertidas por la situación. Igual eso fue lo que le hizo falta.
-¿Y cuando estás sola aquí qué sueles hacer? -habló Clarke, intentando que ocupasen otro tema.
-No sé: pienso, leo un libro, escribo un rato…
-¿Escribes? ¿Historias? -la morena se sonrojó.
-Bueno, sí -admitió mirando la sonrisa que se formaba en la chica, que se levantó tras haber besado la punta de su nariz, y fue paseando su mirada por la estantería.
-¿Y qué libros de los de aquí aún no te has leído?
-Me los he leído todos -mordió su labio nerviosa, sentándose en la cama.
-Genial -sonrió de nuevo-, espera un segundo.
Clarke salió de su habitación y volvió a los pocos minutos con un objeto envuelto en papel de regalo. Lexa separó los labios sorprendida.
-¿Y esto? -lo cogió cuando Clarke se lo tendió, sentándose a su lado y agarrando su pierna, expectante de que lo abriese.
-Lo vi en una librería y me acordé de ti.
Lexa abrió el regalo. Estaba claro que iba a ser un libro nada más que por la conversación que habían tenido antes. Sonrió al leer al ver que era una novela romántica.
-Muchas gracias, no tenías por qué… -dijo tímida, antes de plantearse si abrazarla o no como agradecimiento.
Finalmente lo hizo, rodeando su cuello y oliendo su pelo, que estaba contra su nariz, notando ese sentimiento cálido recorrer su cuerpo cuando ella le devolvió el abrazo.
-Ven conmigo -se sentó contra la pared y separó sus piernas para que se pusiera entre ellas y se apoyara en su pecho.
Dudó unos segundos, pero lo hizo, y Clarke rodeó su cintura, agarrando el libro, abriéndolo y comenzando a leer en voz alta el primer capítulo con voz cálida cerca de su oído. Lexa, inconscientemente, apoyó su mano en el antebrazo de la chica y la sonrisa de su rostro no desapareció en toda la noche.
Unas horas después, Bellamy, Octavia y su madre llegaron a la casa. Lo habían pasado genial en la cena y todos habían disfrutado del momento porque ya no se repetiría hasta dentro de unas semanas. Habían ido a un restaurante no demasiado lejos y que les gustaba bastante. Además, conocían a casi todo el mundo que trabajaba allí, por lo que la cena había sido aparte de familiar muy agradable.
Michelle se despidió de sus hijos, diciendo que si no iba a dormir ahora mismo se caería al suelo dentro de poco. Le dio un beso en la mejilla a Octavia y otro a Bellamy junto a un cariñoso apretón en la mano.
-Portaos bien -dijo antes de subir al otro piso.
-Nosotros siempre, mamá -soltó Bellamy con una sonrisa traviesa.
-Especialmente tú -oyó que decía antes de desaparecer por las escaleras.
Bellamy y Octavia se quedaron solos y ambos se dirigieron a la cocina. A pesar de que acababan de comer, cuando era de noche y nadie los veía, solían abrir la nevera y coger cualquier cosa para calmar el apetito. O, más bien, para pasar un rato más juntos. Cuando los dos se sirvieron un vaso lleno de batido, fueron hacia el sofá y se sentaron allí: Bellamy se tumbó cuan largo era, dejando un pequeño espacio para que su hermana se colocase a sus pies. Desde pequeños tenían la costumbre de sentarse así y era algo que les salía de forma natural por muchos años que hubiesen transcurrido.
-Octavia… -empezó a decir Bellamy en voz baja. No quería despertar a nadie y seguro que Clarke y Lexa ya estaban durmiendo también. Le hizo gracia la cara que puso su hermana al oírle llamarla por su nombre completo- ¿qué ibas a decirme esta mañana?
-¿Cuándo? -preguntó Octavia, mirando hacia el vaso que tenía entre las manos. Bellamy sabía perfectamente que estaba evitando el tema.
-Pues justo antes de llenarte de barro -sonrió y su hermana le pellizcó en los tobillos-. ¡Siempre igual, ay!
-No era nada, Bell.
-¿No? Estabas bastante… molesta, diría yo, como para no ser nada -contestó el chico.
-En serio -volvió a contradecir Octavia. Bellamy vio cómo apoyaba la cabeza en el respaldo del sofá, cerrando los ojos-. Es solo que...
Bellamy se quedó mirándola aunque ella no pudiera verlo. Vaya día más emocionante y extraño, pensó. Primero, Clarke con esa timidez frente a todos que lo desconcertó bastante pero que aceptó, luego Lexa no quedándose sola en el aniversario del fallecimiento de sus padres y ahora Octavia parecía estar ocultándole algo por algún motivo que desconocía. Se incorporó, doblando las piernas y situándose justo al lado de su hermana. Le posó una mano en el muslo, indicándole que seguía ahí.
-¿Qué, O?
Su hermana abrió los ojos y los fijó en los de Bellamy, que la miraba expectante.
-Es solo que… me alegro mucho de que estés tan feliz.
-¿Eso era?
-Pues claro, ¿qué esperabas? -protestó la chica con una pequeña sonrisa en los labios. Bellamy suspiró.
-Anda que… Me voy a dormir -dijo. Se había terminado el batido y había dejado el vaso en la mesa que había al lado del sofá. Octavia asintió.
-Que descanses, tonto -le dijo, abrazándolo, esta vez un poco más fuerte. Bellamy respondió con gusto al cariño de su hermana.
-Tú también, pequeña.
Bellamy se levantó y subió las escaleras, dejando a Octavia detrás, quien no apartaba la mirada de él. Oyó a su hermana suspirar y moverse por el salón. Supongo que tendrá un mal día, pensó. Todos los tenemos.
Cuando llegó al primer piso, las puertas de todas las habitaciones estaban cerradas: la del cuarto de su madre, la de Lexa y la de Octavia, incluso la suya. Con una sonrisa en el rostro, decidió ir a la de su hermana: se suponía que allí estaba Clarke y quería despedirse de ella antes de dormir. Qué curioso, volvió a pensar, era la primera vez que tenía a alguien en mente antes de irse a dormir y de quién era necesario despedirse.
Pegó con suavidad en la puerta, avisando de que estaba fuera, pero no hubo contestación. Con cuidado, giró el pomo y entró. Sin embargo, ahí dentro solamente estaban la cama de su hermana y la supletoria, ambas vacías. Frunció el ceño, confundido. ¿Dónde se habría metido Clarke? Era cierto que la casa era grande, pero casi eran las dos de la madrugada… Con cierta angustia, fue hacia su cuarto y tampoco la encontró allí. En el de su madre era imposible que estuviera, así que finalmente optó por pegar en la puerta de la habitación de Lexa. Tampoco hubo respuesta pero entró de todas formas.
Abrió la puerta lentamente, intentando hacer el menor ruido posible, y la imagen que se encontró ante sí no era lo que esperaba ni lo que se hubiese imaginado.
Lexa y Clarke estaban tumbadas en la cama y, por lo que parecía, ambas se habían dormido en algún momento de la noche. Por lo que pudo ver Bellamy, llevaban aún la ropa de esta tarde y había un libro justo a los pies de la cama, abierto casi por la mitad. Caminó hacia él y lo cogió, leyendo la portada. Bellamy alzó una ceja, intentando reprimir la risa: vaya título que tenía el libro. Lo cerró, marcando la página por la que estaba abierto, y lo dejó en la cómoda de la habitación.
Se giró, mirando de nuevo a las chicas, y sonrió. Abrió el armario y sacó de él una manta que sabía que Lexa tenía siempre guardada allí, pues solía tener bastante frío cuando se acercaba esta época del año. Con la manta en la mano, se acercó a la cama y durante un instante se las quedó mirando, aún con la sonrisa dibujada en el rostro. Cuando le había dicho a Octavia que se alegraba de que Lexa hubiese encontrado a alguien con quien compartir también buenos momentos, no estaba bromeando. Con delicadeza, extendió la manta por encima de las dos chicas, tapando sus piernas y medio torso. Estaban la una frente a la otra y tenían en la cara la sensación de paz que uno experimenta al dormir. En cierto sentido le dio envidia que Clarke en tan poco tiempo se hubiese hecho un hueco tan grande en el corazón de Lexa cuando a él le había costado meses que hablase de sus padres por primera vez, pero en el fondo conocía a su amiga y respetaba sus decisiones.
Un bostezo le vino de forma inesperada y era la señal de que él también estaba cansado. Pero antes de irse tenía que hacer una cosa.
Apoyó una mano en la almohada y se agachó para darle un beso en la frente a Clarke, que era la que tenía más cerca de él. Luego alargó la mano y pasó suavemente el pulgar por el mejilla de Lexa, acariciándola.
-Buenas noches, princesas.
Sin más dilación, se dirigió hacia la puerta y la cerró. A pesar de haberlas observado tan de cerca, de lo que Bellamy no se había percatado era de que ambas tenían las manos entrelazadas bajo la almohada.
