Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
The Boy At Table Seven
By: LyricalKris
Traducción: Monica Szpilman
Beta: Yanina Barboza
Capítulo 7: La Ley de Murphy
Edward no bromeaba. Cualquier virus que hubiese atrapado, una buena manera de describirlo sería brutal.
Cuando su cuerpo estaba destrozándose por los escalofríos, no había manera de mantenerla caliente. Se hizo una bola tensa, sus brazos envueltos alrededor de sus piernas y se sacudía violentamente. Sus huesos estaban hechos de hielo y le dolía.
—No tengo más mantas, lo siento.
Honestamente no sabía si estaba soñando con la presencia de Edward a su lado. La coherencia no era un concepto que pudiese captar. A duras penas sabía cuando estaba despierta. El tiempo pasaba entre momentos de inconsciencia y delirios. Sus pulmones se sentían gruesos, su garganta ardía, y cada momento consciente parecía surreal, difuso.
En algún punto, los escalofríos dieron paso al fuego. Bella recordaba vagamente despertarse cubierta con una capa de sudor. Bajo su montaña de mantas, se sentía como una langosta en una olla, hirviendo repentinamente. Por cuán débil se sentía, las mantas podrían haber pesado dos toneladas cada una.
—Solo trato de ayudarte —dijo la voz de Edward cerca de su oreja. Él apartó las pesadas mantas de ella—. Por favor dime si te hago sentir incómoda.
Bella sacudió la cabeza, cualquier respuesta que tuviese la perdió a causa de un ataque de tos.
—Tienes que frotar su espalda, papi —habló Benjamin entre un obvio bostezo, y Bella tuvo que preguntarse de nuevo si estaba soñando.
—Benji —dijo Edward con un suspiro—. ¿Por qué estás fuera de la cama?
Bella sintió pequeñas manos en la espalda. Benjamin debía haberse cansado de esperar a que Edward la ayudase. Él jadeó
—¡Papi, está muy caliente! Mira. Su cabello está húmedo.
—Lo sé. —Edward sonaba preocupado.
—Estoy bien —murmuró Bella. Sus jeans se adherían a su piel, pero no tenía la energía para siquiera pensar qué hacer respecto a eso.
—Vi en una película, donde la pequeña estaba así de caliente, y su mami la colocó en una bañera con su pijama puesta.
—No creo que eso sea necesario, Benji. Vuelve a la cama. Yo cuidaré de Bella. Lo prometo.
—¿Y si necesitas ayuda? —Bella sintió labios en su frente de nuevo, más pequeños esta vez y fríos contra su piel sobrecalentada—. Vuelve a dormir, Bella. Mi maestra dice que la mejor medicina contra estar enfermo es dormir.
—De acuerdo —acordó Bella. Logró abrir sus ojos lo suficiente para ver a Benji y a Edward mirándola con sus ojos verdes preocupados. Una parte de ella quería estar avergonzada, debía lucir como una muerta cálida, pero la otra parte estaba ansiosa por seguir la indicación del pequeño. La fatiga muscular lo hacía difícil, pero levantó una temblorosa mano, rozando sus dedos por la mejilla de Benjamin—. Dormiré si tú lo haces. —Estaba balbuceando las eses.
Él le tendió su meñique.
—Trato.
Bella logró enganchar el meñique alrededor del suyo y lo sacudió. Observó a través de su visión borrosa a Edward cargando a Benjamin.
—Bebe un poco de agua si puedes, Bella —dijo con suavidad, asintiendo hacia el vaso en la mesa de noche antes de abandonar el cuarto.
Responsablemente, sabiendo que era lo mejor mantenerse hidratada, Bella luchó para sentarse. Estaba temblorosa y miserable, sus dedos se sacudían cuando trataba de tomar el vaso.
—Oye. Déjame ayudarte. —Edward volvió de la habitación de Benjamin justo a tiempo para verla a punto de tirar el vaso. Sentándose al borde de la cama, él envolvió su brazo alrededor de sus hombros, vacilante, apoyándola—. ¿Está bien esto?
Bella suspiró, el sonido húmedo por la flema.
—Sí. Estaré avergonzada mañana. Pero essstá bien por ahora. —Estaba balbuceando y se sentía exhausta. Sus pensamientos estaban tan desordenados, que no estaba completamente segura de que estuviese despierta.
—No te avergüences —dijo en voz baja, ayudándola a sostener el vaso hacia sus labios mientras ella tomaba un largo trago. El agua se sintió bien en su garganta reseca—. Pasé esto con Benji. Sé que es horrible.
—Ugh. —Horrible le quedaba corto. Bella se desplomó contra él, cansada por ese pequeño movimiento—. Gracias por esto. —Avergonzada o no, agradecía no estar sola. Siempre había sido independiente, pero nada sacaba la necesidad de ser cuidada más que estar enferma.
—No hay problema. —Él frotaba su espalda en suaves y lentos círculos. Benjamin tenía razón; se sentía bien—. Entre tú y Benji, puede que me devuelvan el favor en unos días —bromeó.
Bella solo emitió un zumbido. El calor del cuerpo ajeno solo la hacía sentir más caliente, pero a la vez sus manos se sentían tan bien. El ascenso y descenso continuo de su pecho bajo su oreja la estaba arrullando.
~0~
Cuando se despertó de nuevo, Bella se congelaba. Su cuerpo estaba hecho un ovillo y sus dientes castañeaban. Su piel se sentía húmeda y eso solo la hacía sentir más frío. Parpadeó, tratando de despertar sus pensamientos aletargados.
Estaba solo con una sábana, y en algún punto, había perdido sus jeans. Los botones de su camisa estaban abiertos.
Era de día.
Gruñendo, rodó sobre sí misma, tratando de orientarse.
Cierto. El departamento de Edward. El cuarto de Edward. Estaba sola, y todas las sábanas estaban arremolinadas al pie de la cama. Había estado tan caliente, recordó.
Tomó un poco de esfuerzo, pero Bella logró coaccionar a su adolorido cuerpo para que se levantase. Envolvió algunas mantas alrededor de sí y se quedó quieta, esperando a calentarse.
Luego de unos minutos, sus escalofríos disminuyeron. En realidad, se estaba sintiendo un poco mejor. Aún se sentía como una muerta, pero al menos no una cálida.
Tomó un poco de tiempo, pero logró colocar sus temblorosas piernas bajo ella y se tambaleó hacia el pasillo —y al baño— adormilada, la manta más gruesa que pudo encontrar envuelta alrededor de sus hombros, cubriendo todo su cuerpo.
Cuando llegó al pasillo se detuvo, escuchando voces que no eran de Edward o Benjamin.
—¿Dónde está tu mochila, Benjamin? Tienes mucha tarea para ponerte al día.
—Oh, vaya. Está en mi habitación. Iré a buscarla —dijo Benjamin, y la próxima cosa que Bella supo, fue que él estaba corriendo por el pequeño pasillo. Se iluminó cuando la vio allí—. ¡Hola, Bella! ¿Te sientes mejor?
—¿Bella? ¿Tienes a alguien aquí? —preguntó la voz ronca.
—Amun —dijo Edward, pero el otro hombre ya se estaba moviendo hacia el corredor. Bella no tuvo suficiente tiempo para esconderse en el baño antes de que ambos aparecieran.
El hombre —alto y de apariencia severa como sugería su voz— la observó con ojos amplios.
—Um. ¿Hola? —dijo Bella nerviosamente.
Los ojos del hombre se entrecerraron, y se volteó confundido hacia Edward. Bella jadeó cuando tomó a Edward por su camisa, sacudiéndolo.
—Hijo de perra. Sabía que eras un cretino. ¡Lo sabía!
Bella dio un paso hacia ellos, pero también lo hizo Benjamin. Ella lo alcanzó, apartándolo mientras Amun continuó gritando.
—¿Aquí estás de nuevo, aprovechándote de chiquillas?
Con la rabia en sus ojos, Edward empujó al otro hombre.
—Me das asco, pervertido…
—¡Oye! —gritó Bella, encontrando su voz finalmente—. Señor, no sé qué es lo que piensa que sucede, pero no soy una niña. —Lo demás que quiso decir se perdió por un ataque de tos.
—Amun, papi no hizo nada malo —intervino Benjamin. Sonaba tan confundido, y el corazón de Bella se rompió—. Bella cuidó de mí, y luego yo y papi cuidamos de ella porque está enferma.
El hombre miró a Benjamin y luego de vuelta a Edward. Su postura se volvió menos agresiva, pero había sospecha en sus ojos mientras le dedicaba a Bella otro vistazo. Él se mofó.
—Tienes a una adolescente desnuda en tu casa, ¿y quieres que crea que nada inapropiado está sucediendo aquí, frente a tu hijo?
—No estoy desnuda —protestó Bella.
Él le dedicó una mirada, retándola a que lo demostrara. Bella hizo una mueca, recordando de pronto que no vestía pantalones y su camisa no estaba correctamente abotonada.
—Benjamin, ve a poner tus cosas en el auto —dijo Amun, su voz un poco más gentil ahora.
Benjamin observó a los dos hombres, inseguro.
Tomando un respiro tranquilizador, Edward hizo un esfuerzo para sonreírle a su hijo.
—Ve, Benji. Tu madre te está esperando en casa.
Bella apretó los hombros del niño a través de la sábana. Se excusó, volviendo a la habitación, reprendiéndose por ser tan estúpida. Sus pensamientos eran difusos, pero no podía entender qué la había poseído para pasear por la casa sin pantalones. No había pensado correctamente.
Se colocó los jeans tan pronto como pudo y abotonó su camisa. No había espejo alrededor, lo cual probablemente era una bendición, pero peinó su cabello con sus dedos lo mejor que pudo.
Cuando estuvo tan lista como lo estaría, vaciló cuando su mano tocó el pomo de la puerta. Escuchó una discusión en voz baja. Espiando, pudo ver que Edward y Amun se enfrentaban en el pasillo. Ambos tenían los brazos cruzados, sus expresiones serias.
—… solo era cuestión de tiempo antes de que volvieras a tus antiguos hábitos —escupió Amun—. ¿Cuál es tu excusa esta vez? ¿Qué mentiras le has dicho a esta chica?
—Mira, a quien tengo en mi casa no es de tu incumbencia. Bella es una amiga —dijo Edward de vuelta.
—Tal vez ahora Kebi sí me escuche. —El hombre estaba con el ceño fruncido, y Bella nunca había querido estar al lado de alguien más de lo que quería apoyar a Edward en ese momento. Solo no quería empeorar las cosas—. Tal vez ahora deje que un juez decida si debe ser su asunto.
Bella hizo un puño a su lado, furiosa, pero Edward solo sonrió complacido.
—He sido un buen padre para Benjamin por más tiempo del que lo conoces —siseó—. Ningún juez me quitará a mi niño solo por tus opiniones de mierda.
—¿Mis opiniones son una mierda? —Amun rio sin humor—. Tus padres no quieren tener nada que ver contigo, ¿piensas que puedes conseguir la empatía de un juez?
Se separaron cuando Benjamin llegó disparado de vuelta a la casa.
Amun rio y palmeó al niño en la espalda.
—Te sientes mejor, ¿no?
—Estoy bien —respondió Benjamin. Su expresión aún era de algún modo de melancolía, y Bella se preguntó si podía sentir la tensión en el aire—. ¿Dónde está Bella? Quiero despedirme.
Bella abrió la puerta del dormitorio completamente, y finalmente sonriendo, Benjamin corrió hacia ella. Le dio un fuerte abrazo y ella se lo devolvió.
—Adiós, Bella. Espero que te sientas mejor. Tal vez la próxima podemos divertirnos más en vez de estar enfermos.
—Suena genial, hombrecito.
Dejándola ir, Benjamin se volteó y saltó, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Edward y aferrándose fuertemente. El corazón de Bella dio un vuelco cuando vio cómo Edward abrazaba a su niño. No sabía cómo lo hacía. Debió haber sido la cosa más dura en el mundo tener que darle a su hijo a un hombre que quería alejarlo.
—Pórtate bien, Benji. Te veré en una semana, ¿de acuerdo?
—Te amo, papi.
—Yo también te amo. —Edward besó el costado de la cabeza de su hijo antes de colocarlo en el suelo a regañadientes.
Cuando se fueron, Edward dejó salir un gruñido y se sentó pesadamente en el sofá, su cabeza en sus manos.
—Edward —susurró Bella, dando un paso hacia adelante, vacilante—. Lo siento tanto.
Él levantó la cabeza.
—¿Por qué? Te dije que Amun me odiaba. No hiciste nada malo.
Ella sorbió, sintiéndose un poco grogui y sentándose al final del sillón.
—Estoy segura de que yo no hice las cosas más fáciles.
—Créeme, él encuentra cualquier cosa para molestar. —Frotando su nuca, se enderezó—. Hasta ahora solo ha amenazado… Ya veremos.
Ambos hicieron silencio por un minuto.
—¿Por qué está tan seguro de que cualquier juez te odiaría? —preguntó, su filtro, como todos sus pensamientos, inactivo.
La respiración de Edward lo abandonó en una ráfaga, y Bella se retractó inmediatamente.
—Lo siento. No es de mi incumbencia.
—No, es justo que lo sepas. Sigo haciendo que sea tu asunto. —Pasó una mano sobre sus ojos, y de pronto lucía muy culpable—. Para ser completamente justo, en los zapatos de Amun, no estoy seguro de sentirme diferente sobre mí.
Bella inclinó la cabeza, observándolo mientras buscaba las palabras.
—Kebi tenía dieciséis cuando Benjamin fue concebido —admitió finalmente, sin mirarla—. Tenía diecisiete cuando él nació.
Dieciséis.
Y si Edward tenía veintiocho ahora, tuvo veinte o veintiuno en ese entonces. No era una enorme diferencia de edad ahora, pero antes…
—No lo sabía. Juro que no lo sabía. —Su voz era suplicante—. Era una fiesta de fin de curso, y era mi cumpleaños número veintiuno. La fiesta era en el campus. —Se levantó, pasando sus manos por su cabello de manera agitada—. Como puedes imaginar, con todos mis amigos a mi alrededor, el año escolar finalizado… bebí hasta estar borracho. Todos lo estábamos. No que eso sea una excusa, no hay excusa, pero todos la pasaban bien. —Sus hombros decayeron, su postura derrotada.
Bella aclaró su garganta. Su corazón palpitaba fuerte, y su lengua se sentía atada. Aun así, él lucía tan jodidamente culpable, que su único instinto fue consolarlo. Pensó en las fiestas en las que había estado en el campus.
—No esperarías que chicas menores de edad estuviesen ahí.
Él finalmente la miró.
—Juro que no lo sabía —repitió.
—Te creo.
Él parpadeó y volvió lentamente al sofá. Cuando se sentó de nuevo, estaba un poco más cerca que antes.
—Para ser honesto, no recuerdo mucho. Bailé con muchas chicas esa noche. Recuerdo a mis amigos empujándome a una de las habitaciones. Kebi... ella siempre dijo que estuvo más que dispuesta. Esa noche… creo que se estaba rebelando. ¿Recuerdas que te dije que sus padres son muy controladores? —Él frunció el ceño—. Disfrutamos la compañía del otro, por lo que recuerdo, obviamente. Pero también estaba ebria.
Bella se detuvo, reflexionando.
—Amun solo ve el lado oscuro de eso —presumió—. Eras un adulto, y Kebi aún era una niña. —Ella tocó sus labios—. Y sé que luzco más joven de lo que soy. Ahora él tiene una "prueba" de que sigues cazando a chicas jóvenes.
Edward estaba enojado, y no dijo nada por un largo momento.
—Él cree que la única razón por la que Kebi nunca fue al tribunal conmigo es porque la intimido.
—Eso es mierda —dijo Bella, automáticamente furiosa de nuevo.
—Sí.
Bella hizo una pausa, de nuevo rememorando la conversación entre Edward y Amun en su cabeza.
—¿Y tus padres?
Se había preguntado antes por qué sus padres no parecían estar alrededor o querer cuidar de su nieto.
Edward respiró lentamente, mirando justo al frente.
—Es una larga historia —dijo en voz baja—. Es… Yo… —Agachó la cabeza de nuevo, y Bella pensó que lucía como un niño perdido—. Solo digamos que no aprobaron que hubiese embarazado a una chica de secundaria, y luego cuando dejé la universidad para mantener a mi hijo… —Su voz se apagó, sacudiendo su cabeza.
Bella se acercó, pasando su mano por la espalda de Edward. No quería abrazarlo porque estaba llorosa y asquerosa, pero le dio tanta confortabilidad como pudo.
—Eres un buen hombre, Edward.
—Algunas veces lo dudo —admitió en voz baja.
—Lo eres —insistió, pero antes de que pudiese continuar, fue sacudida de nuevo por otro ataque de tos.
—Vamos, señorita —dijo él, envolviendo un brazo alrededor de su cintura y levantándola—. De vuelta a la cama.
—Realmente no tienes que cuidar de mí —protestó Bella.
—Permíteme —dijo, su tono sincero—. De verdad. No me importa, Bella. Dije que quería cuidar de ti, y lo digo de verdad. Mientras no te haga sentir incómoda.
Bella sacudió la cabeza lentamente. Por muy sorprendente que fuera —y probablemente lucía tan desagradable como se sentía— no estaba incómoda con la idea de quedarse en su casa, en su cama por un poco más de tiempo.
—Tengo algunas cosas, sudaderas, que pueden ser más cómodas que dormir con pantalones, si quieres, y te haré un poco de sopa, ¿de acuerdo?
Parecía más entusiasta ahora que antes. Bella se preguntó si necesitaba cuidar de alguien luego de ese debacle con Benjamin y Amun. Podía entender eso.
Frotando su adolorida cabeza, Bella se dio cuenta de que probablemente ambos se beneficiarían si ella solo dejaba que él la consintiera.
Ella suspiró.
—Eso suena muy bien —dijo, y dejó que la guiara de vuelta a la cama.
