Hola a todos! Os traemos un nuevo capítulo. Si el anterior estuvo lleno de sentimientos, preparaos para este, que viene fuerte... Como siempre, muchísimas gracias por leernos. Disfrutad y comentad (con respeto hacia los personajes y autoras, por supuesto).

May we meet again!

NEKINSEY


CAPÍTULO 9. La verdad.

Lexa salió de la ducha, cogió una toalla para rodear con ella su cuerpo y se empezó a lavar los dientes. Había llegado antes de tiempo a la habitación después del entrenamiento y decidió aprovechar para asearse allí sola, tranquila.

El fin de semana anterior estuvieron todos en casa de Michelle, miró la sonrisa que apareció en su rostro una vez se enjuagó la boca, y es que estaba bien con Clarke, como amigas, pero estaban bien. Aunque casi se besaron en su habitación, pero ninguna de las dos lo presionó y pararon a tiempo. Estuvo dándole vueltas por la mañana, ya que había vuelto a la rutina de ir a la biblioteca con ella, sin hacer más que entablar una conversación o abrazarse de vez en cuando. Eso sí, las miraditas a los labios de la otra eran inevitables, y decidió que al día siguiente debía hablar con ella para que intentase aclarar las cosas con Bellamy: si tan segura estaba de que no estaban saliendo, porque el chico realmente estaba ilusionado y no quería que después sufrie…

Se quedó en silencio, y eso que no estaba hablando, pero es que escuchó unos gritos en la habitación. Se agarró fuerte la toalla y se pegó a la puerta poniendo su mano sobre su boca, como si fuese a emitir un sonido por error.

- ¡Ya te lo he explicado, O! -esa voz…

- Clarke, no me está haciendo ni puta gracia lo que estás haciendo. Primero con Lexa y luego con mi hermano.

- Qué no estoy con tu hermano, ¡joder!

- ¿Entonces por qué él piensa que sí?

- ¿Él cree que…?

- ¡Sí! ¿Y cómo te atreves a jugar con Lexa?

- Octavia, escúchame bien: tú has hecho lo mismo durante toda la vida, lo que pasa es que yo me he liado con tu hermano y con Lexa, y entiendo que te duela más. ¿Te crees que he querido hacerle daño a alguno de los dos? ¿Cómo voy a querer hacer daño a Lexa si es la persona más real, más pura, más increíble... que he conocido en mi vida? -la morena sintió sus mejillas arder.

- No te entiendo, Clarke.

- Octavia, creo que me estoy enamorando de ella.

Podía contar las veces que su corazón golpeaba contra sus costillas y hacer un análisis de sus pulsaciones por minuto sin tener que tocar su cuello o su muñeca… La habitación se quedó en silencio, ya se podía imaginar la cara de Octavia. Ella, solo por si acaso, apretó más la mano contra sus labios por si gritaba.

- Clarke, si te estás enamorando de Lexa, haz las cosas bien y habla con mi hermano, aclara las cosas y no le des ilusiones.

- Nunca le he dado ilusiones más allá de lo físico… Me gustaba mucho, lo admito, pero… con Lexa es todo muy distinto. Me siento mal por Bellamy y te necesito a ti como amiga, O, siento mucho también la posición en la que te he puesto -notó que su voz se cortaba y otra vez silencio.

Lexa no salió hasta que escuchó la puerta cerrarse en la habitación. Esperó unos minutos antes de hacerlo, por si acaso. Su rostro empezó a teñirse de un tono rojo cuando se encontró con la mirada sorprendida de Octavia, que seguía allí.

- ¿Has estado escuchando?

- No -dijo tranquila, cambiándose frente a ella: no había nada que no hubiese visto.

- ¡Has escuchado! -exclamó algo divertida-. ¡Si estás roja!

- O…

- No sé cómo han acabado las cosas así -suspiró echándose sobre su almohada, con un tono de voz distinto.

Lexa en ese momento se terminaba de poner el pijama y se tumbó a su lado en la cama, abrazándola.

- Me encuentro mal por Bellamy, está ilusionado de verdad…

- Y yo…

- Es una mezcla de emociones muy raras, es algo muy fuerte lo que siento por Clarke, pero Bell… No quiero hacerle daño. No sé qué hacer con nada… Este año ha empezado fuerte -se frustró poniéndose la mano sobre los ojos.

- Lexa, yo quiero que tú seas feliz -sus ojos se fijaron en los suyos-. Si que seas feliz significa que Clarke esté a tu lado, quiero que así sea… Espero que hable de verdad con mi hermano y que no sea demasiado tarde y sus sentimientos sean más intensos de lo que pensamos, porque también quiero que él lo sea.

- Y yo, más que nada.


El mes de octubre ya casi había llegado a su fin y, como siempre, la noche de Halloween no podía dejarse a un lado. Bellamy acababa de terminar las clases ese día y las prácticas con Kane, que cada vez le gustaban más. Llegó a la habitación, encontrándose a Monty que, por supuesto, no iba a aparecer en la fiesta de esta noche: su deber académico se lo impedía.

- ¡Hola, Bell! -le saludó sentado en su cama.

- Hola, Monty. No has cambiado de opinión, ¿verdad? -preguntó Bellamy por si podía arrastrar a su amigo a la fiesta.

- Sabes que no, tío.

- Vaaaale. Como tú quieras.

Después de dejar sus cosas, fue directo a la ducha. Necesitaba relajarse un poco y la semana no había sido fácil precisamente: desde hacía unos cuatro días no había quedado con Clarke porque la chica le comentó que estaba muy agobiada con la universidad y que necesitaba estar unos días tranquila y sola. Bellamy se extrañó por la petición, pero ¿quién era él para decirle lo contrario?

De todas formas, eso no quitaba que la echase muchísimo de menos. Él mismo se asombraba de cómo sentía nostalgia al no tenerla cerca y al no recibir siquiera ni un mensaje de ella ni una llamada. En fin, suponía que la cosa mejoraría de aquí a unos días.

Una hora más tarde estaba listo para acudir a la celebración nocturna. Como se debía llevar disfraz, él optó por algo bastante clásico y que siempre quedaba bien: un disfraz de vampiro, aunque nada demasiado grotesco. Se enfundó en un traje negro con una camisa blanca, pajarita negra y, para darle ese toque especial, se había comprado unos colmillos falsos. Le hacía mucha gracia tener que llevar algo así, pero la ocasión lo requería y por un día no pasaba nada. Seguía llevando sus rizos al natural en vez de haberse echado gomina, lo habitual según había comprobado cuando se elegía este disfraz. Aun así el efecto estaba bastante conseguido.

- Monty, me voy ya -le dijo antes de salir de la habitación. Su amigo lo miró un segundo y no pudo reprimir las carcajadas.

- ¿De verdad tenéis que ir así vestidos?

Bellamy puso los ojos en blanco y le hizo un gesto despectivo antes de salir del cuarto. Esta vez no había quedado ni con Lexa ni con Octavia antes de ir a la fiesta: cada uno iba por su cuenta. Sin embargo, desde que pasaron el fin de semana juntos, Lexa y él habían vuelto a compartir algunos momentos que Bellamy consideraba especiales, ya que no podía vivirlos con nadie más, como era el tema de las flores. ¿Dónde iba a encontrar a alguien tan extraño en ese sentido que tuviese admiración por las plantas? Se rio de su propia pregunta y siguió caminando hasta llegar a la casa hermandad donde se celebraba la fiesta. Fuera del edificio ya había bastante movimiento y universitarios vestidos de todas formas posibles: desde hacía mucho tiempo la fiesta de Halloween se había convertido en un pretexto para salir de casa como uno quisiera, no necesariamente con un disfraz que provocase miedo.

Subió las escaleras para entrar por la puerta, que estaba abierta a todo aquel que quisiese pasar, y comprobó que el ambiente estaba muy pero que muy animado a pesar de ser aún temprano. Echó un vistazo por las habitaciones y se dio cuenta de que los disfraces más habituales eran los de diablo y los de dibujos animados, para su sorpresa. Buscó con la mirada a las chicas, pero por ahora no había rastro de ellas.

- ¡Ey, tío! Creía que no ibas a venir -le saludó un compañero del equipo de rugby. Bellamy respondió al saludo alzando el puño y chocándolo con él.

- Pues claro que sí. ¿Cuándo me he perdido yo una fiesta? -el chico rio y asintió ante la pregunta de Bellamy, dándole la razón-. ¿Has visto a mi hermana por algún lado?

- No. Hay un montón de gente, seguro que está por cualquier sitio.

- Sí, seguro.

De repente vislumbró una melena rubia y sombrero de vaquera al final del salón que captaron su atención. Mantuvo la mirada fija en la chica durante unos segundos hasta que se dio la vuelta: era Clarke.

- Pete, luego nos vemos -se despidió Bellamy con prisa, a lo que el chico solo levantó su vaso lleno de alcohol.

Casi corrió a través de la multitud para llegar al sitio donde se encontraba la rubia y, cuando la tuvo de espaldas a él, la abrazó por la cintura.

- Señorita, ¿le gustaría ser mordida por un vampiro? -le susurró al oído en un tono sugerente.

La chica se dio la vuelta, algo asombrada, y lo miró. Bellamy se dio cuenta de que llevaba pintura en la cara que indicaba que, además de ser una vaquera, también iba disfrazada de zombie. Eso le hizo reír.

- Si vas a comerme el cerebro, llegas tarde: ya es todo tuyo. No he hecho otra cosa que pensar en ti estos días.

A pesar del cumplido que acababa de hacerle, Bellamy vio que la chica no reaccionaba de la manera en que se lo había imaginado: bajó la mirada, como si estuviera incómoda, y luego la alzó con… ¿culpabilidad? reflejada en los ojos.

- Bellamy, siento haber…

- No te preocupes, Clarke. Todos nos agobiamos con los trabajos y los exámenes del cuatrimestre -le respondió con una pequeña sonrisa.

- En realidad… no fue por eso por lo que me fui así, Bellamy -el chico alzó una ceja, bastante confundido. ¿Y entonces por qué había sido?-. Me gustaría hablar contigo.

- Adelante -le instó él, haciendo un amago de cogerle la mano, pero la rubia la apartó. Bellamy empezó a preocuparse de verdad-. ¿Qué ocurre, Clarke?

- Verás… -la chica se mordió el labio, nerviosa- Es algo que debería haberte dicho hace una semana, antes de irme, pero no tuve el valor de hacerlo.

- ¿Es sobre tu familia? ¿Sobre Kane? Si te está molestand…

- No, Bellamy. Déjame hablar, por favor.

El chico calló, con miedo instalado en el cuerpo. Había venido a la fiesta para pasárselo bien y, de improviso, se había encontrado a su chica de nuevo. No entendía por qué en cuestión de minutos el ambiente se había vuelto tan tenso entre ellos.

- De acuerdo.

- ¿Podemos ir a algún lugar algo más tranquilo?

- Sí, claro -respondió el chico. No se atrevió a volver a cogerle la mano, por lo que le señaló que saliese antes que él y la siguió hacia la zona de las escaleras, que estaba un poco más tranquila y la música no se oía demasiado-. ¿Y bien?

- Bellamy, ¿tú crees que somos novios?

Vaya pregunta, pensó el chico.

- S-supongo que... ¿sí?

- Pues no, Bell, no lo somos.

La mandíbula del chico no se cayó al suelo porque la suerte así lo quiso, pero la afirmación le cogió por sorpresa.

- Ah, ¿no? -fue lo único que pudo articular.

- No.

- ¿Entonces…?

- Entonces nada, Bellamy. Me gustas, me gustabas, pero eso no es razón suficiente como para que seamos novios -¿había entendido bien o Clarke había utilizado el pasado en esa frase?-. Solo quería que lo supieses. No estamos saliendo y creo que en ningún momento te di esa sensación. Además… hay otra persona, Bellamy.

El chico no podía reaccionar. Demasiada información en tan poco tiempo.

- Perdóname, de verdad. Lo último que quería era hacerte daño y aunque lo haya hecho… espero que me perdones.

Sin más dilación, la rubia se marchó, no sin antes mirar a Bellamy a los ojos y suspirar con lo que parecía ser cansancio y culpa.

- Si aún quieres, puedes contar conmigo como amiga -le dijo antes de desaparecer.

¿Qué acababa de pasar?, se preguntó Bellamy. Estaba inmóvil, situado en el mismo sitio en el que había empezado la conversación con la rubia, y parecía que ni sus piernas ni ninguna de sus extremidades podían moverse. ¿Que no eran novios? ¿Que había otra persona? ¿Que solo fueran amigos? ¿Pero qué…?

Apoyó la espalda contra el muro, aún con la vista perdida en un punto imaginario. Lo que menos se esperaba es que esta noche la única persona de la que se había enamorado lo rechazase de forma tan abrupta.


Estaba entretenida hablando con Raven, apenas había hablado con ella y era muy divertida. A su amiga la habían raptado, concretamente su chico: Lincoln.

- Necesito hablar contigo -escuchó a su lado y se giró para encontrarse con Clarke con el rostro algo angustiado.

- ¿Estás bien? -preguntó preocupada, ella asintió lamiéndose los labios y agarró la muñeca de Lexa para que la siguiera.

Clarke la llevó fuera de la casa hermandad, justo a los jardines que se encontraban frente al edificio. También los habían decorado con pequeñas guirnaldas de luces y algún que otro globo de imágenes terroríficas para la ocasión. Se sentaron en un banco y Clarke empezó entonces a contarle qué ocurría.

- He hablado con Bellamy de lo nuestro.

- ¿De nosotras? -casi lo gritó, sorprendida, sintiéndose por un momento muy mal.

- No, de él y de mí -mierda, no quería que Bellamy se enterase por otro lado, se lo tenía que contar ella. Aunque, racionalmente, no tenía por qué sentirse mal, porque desde que le confesó que estaba enamorándose de ella frenó todo movimiento de la rubia, e incluso de ella misma.

- ¿Qué le has dicho? -se preocupó por su amigo.

- Que no estamos juntos y que lo siento mucho si le di esa sensación, que espero sigamos siendo amigos… Resumido.

- ¿Y él? ¿Qué ha dicho?

- Bueno, no ha reaccionado mucho... -dijo cabizbaja, y Lexa suspiró: conocía a su amigo, eso se convertiría en tristeza…

- Hablaré con él… -y se giró para volver a la fiesta en busca de Bellamy, pero Clarke volvió a pararla agarrando su brazo.

- Ahora necesito hablar contigo -dijo, y la morena sintió que su corazón empezaba a bombear fuerte en su pecho-. Lexa, lo que siento por ti es muy fuerte, no he podido controlarlo, y lo que sí es cierto es que me habéis gustado los dos, pero cada cosa nueva que descubría de ti me gustaba un poco más que la anterior, y me encantaba estar contigo. Sí, es cierto que con Bellamy he estado liándome y eso -¿qué es eso?-, pero contigo… Dios, no sabes las de cosas que quiero hacer contigo. Es la primera vez en mi vida que me siento así, Lexa, es la primera vez que he querido ir lento, conociéndote, pasando momentos increíbles a tu lado… -cogió aire, y se lamió los labios antes de continuar-. ¿Te acuerdas cuando te dije que solo me había enamorado una vez? -la morena asintió-. Lo retiro, no fue nada comparado con cómo estoy ahora contigo.

Lexa se mordió el labio nerviosa, las palabras que escuchó en su habitación aún se repetían en su cabeza: "creo que me estoy enamorando de ella". ¿Y ella misma? Tenía que admitir que también creía que se estaba enamorando de Clarke. Se quedó mirándola, tenía los ojos acuosos por la emoción del momento y casi estaba temblando. Se acercó a ella para agarrar su mano.

- Yo también siento muchas cosas por ti, ya lo sabrás... -sonrió tímida-. Soy un poco obvia en eso.

- Un poco -sonrió Clarke, dejando caer una lágrima de su ojo, que la morena se ocupó de limpiar con su dedo-. Siento haberme comportado así, Lexa, no te lo merecías; ni tú ni Bellamy. Entiendo si no quieres seguir con esto por él -hizo una pausa-. Solo quería que supieses que ya he aclarado las cosas con Bellamy, y cómo me siento por ti.

- Clarke, es todo muy complicado, vayamos lento -pidió-. Me gustas muchísimo, no sabes cuánto, pero primero quiero ocuparme de mi amigo y de saber si está bien o no. Espero que lo entiendas.

- Claro que lo entiendo.

Se miraron unos segundos más antes de sentir cómo la abrazaba, y la rodeó con sus brazos con fuerza, perdiéndose, como siempre, en su olor.


Bellamy no podía creerse aún la conversación que había mantenido con Clarke unos minutos atrás y decidió ir a buscarla para pedirle más explicaciones. No la encontró en todo el edificio donde se celebraba la fiesta, así que decidió salir fuera. Miró hacia todos los lados por si la veía en los jardines que había frente a la hermandad. La encontró sentada en un banco abrazando a una persona que conocía demasiado bien, y la escena lo dejó de piedra.

Clarke, justo en ese momento, se separaba de Lexa y apoyaba suavemente la mano en su cuello, acariciando la línea de su mandíbula con el pulgar. Se miraban fijamente a los ojos, con unas pequeñas sonrisas dibujadas en su rostro.

Entonces lo vio todo claro: hay otra persona, Bellamy.

Y es que esa persona siempre había sido su mejor amiga. De repente entendió que lo que él veía como amistad significaba otra cosa: las miradas que se echaban, los abrazos, los momentos a solas, las escapadas al cine, las visitas en la biblioteca, cuando bromeaban entre ellas, cuando durmieron juntas en su casa…

¡Cuando durmieron juntas en su casa!

He visto a una chica increíble en la grada.

¿Me podríais dar una clase de surf? C-Claro que sí. ¿Verdad, Lex?

Buenas noches. Y tan buenas, ha empezado tranquila pero ahora ha mejorado… desde el momento en el que has entrado por la puerta.

Creo que voy a necesitar ayuda por esa zona. ¿Alguno me echa crema? Venga, Lex, échasela tú mientras yo nado un rato.

Chicas, vuelvo en un momento… ¿Me he perdido algo?

Con ella no te quejas si os tocáis… Parece que tampoco te molesta si te mete la lengua hasta la camp...

¿Estar enamorándose de alguien? Oh, créeme que es lo más normal del mundo, algún día le tendría que pasar a Octavia también. Cuando nada más se piensa en el sexo es lo que pasa, que te sorprenden esas cosas.

Mejórate, por favor.

Ey, ¿quieres que vayamos a algún lado? Claro, una noche de chicas.

Oye, ¿cómo está Lexa? No, por nada… Sí, fuimos al cine a ver una película y nada más.

Ella es mucho más tímida que tú, por ejemplo.

¿No te parece raro que en tan poco tiempo hayan cogido tanta confianza?

Pero ¡¿no te das cuenta de que…?!

No era nada, Bell… Es solo que me alegro de que estés tan feliz.

Buenas noches, princesas.

Apretó el puño sintiéndose enfadado. Todo tenía sentido ahora. Había ocurrido delante de sus narices y no se había dado cuenta de nada. ¡De nada! Además, ¿se habían acostado juntas en sus propias narices? Ya decía él que había sido raro que Lexa aceptase por primera vez que alguien se quedara con ella... ¡si nunca lo había hecho! Y era porque estaba liada con Clarke… ¡Joder! ¡Mierda!

Dio la vuelta para volver a entrar en la fiesta, buscando la mesa donde estaban las bebidas y se llenó un vaso antes de sentarse en un sillón para poder pensar. No reconocía a Lexa, ¿cómo había sido capaz de hacerle eso? Si era la primera vez en su vida que se confesaba, que admitía estar enamorándose de alguien… ¡Y ella no le había contado absolutamente nada! Ninguna de las dos se lo había dicho y le habían dejado hacerse vagas ilusiones de algo que, al parecer, no existía desde un principio… Bellamy se llevó la mano a la zona del pecho. ¿Este dolor era del que todo el mundo hablaba? ¿Al que la gente llamaba "romperse el corazón"? Decidió echarse otro vaso de ponche, si no no sobreviviría a la noche.

Tras tres vasos más que se bebió en tiempo récord, creía que lo mejor era irse a su habitación; a la mierda la fiesta.

- Menuda cara traes, chico… -escuchó a su lado cuando fue a salir del salón del lugar.

- No tengo ganas de gilipolleces, Raven -espetó, casi escupiendo las palabras.

- Estar amargado en una fiesta debería ser delito -el chico levantó una ceja y la miró, apoyada en la pared y escaneándolo con una sonrisa pícara. Iba vestida de mecánica, toda manchada, y enseñando más carne de la que debería. También se notaba que el alcohol corría bastante por sus venas.

- Y las mujeres os deberíais enseñar a vosotras mismas a no ir provocando en las fiestas, casi estás desnuda… -dijo, enfadado con el mundo y más que borracho.

- ¿Y perderme las miradas que me echas, "Bellamy, el glande"? -se lamió los labios.

- Cállate.

- Cállame -le retó.

El cerebro de Bellamy no reaccionaba tan rápido como su cuerpo en ese momento y la furia que llevaba sintiendo desde hacía más de una hora le recorría por entero, así que lo único que se le ocurrió hacer fue obedecer a la chica.

Sin previo aviso, colocó las manos a los lados de la cabeza de Raven y la empotró aun más contra la pared. La chica no pudo decir nada ya que la boca de Bellamy se había posado sobre la suya con rapidez y ansia, como si quisiera devorarla y no dejar ni rastro de sus labios. Las manos de Raven no se hicieron esperar y apretaron la cintura del chico más hacia sí para sentir el calor de su cuerpo. Bellamy le levantó las piernas en un movimiento brusco, cogiéndolas y haciendo que la chica las enrollarse en torno a su cintura. Ella pasó las manos por su pelo, por su cuello, por su pecho, recorriéndolo por completo. Bellamy por su lado se entretenía en el cuello de la chica, besándolo al mismo tiempo que lo lamía y le daba mordiscos en ciertas zonas, que provocaban gemidos en la morena que le instaban a seguir con su tarea. Hasta que se tuvo que separar por el calor y la miró a los ojos.

- Vamos, Bell, sigue… -le susurró la chica, mordiéndose el labio y acercándose a su boca con la intención de volver a besarlo.

Pero Bellamy se dijo a sí mismo que no podía hacerlo. No estaba bien y no quería.

- No -susurró y se apartó de la chica. Raven bajó las piernas de la cintura de Bellamy e intentó mantener el equilibro, un poco difícil teniendo en cuenta lo borracha que estaba.

- ¿Y vas a dejarme así? -protestó, poniendo morritos.

Bellamy ni siquiera le contestó porque ya iba en dirección a la puerta de salida. El camino se le hizo largo porque se tropezaba con sus propios pies y a veces tenía que sujetarse a los muebles de la casa para no caerse. Se apoyó en el marco de la puerta, suspirando: qué mierda de noche. En su fuero interno se arrepintió de haber bebido tanto, pero no había pensado en otra manera de olvidar rápidamente todo lo que Clarke le había dicho y lo que había visto hacía unas horas. Lexa…

Una lágrima traidora se derramó por su mejilla y se la limpió con odio, no queriendo mostrar debilidad por lo tonto que había sido durante semanas. Sin embargo, para ello utilizó la mano que lo apoyaba en el marco de la puerta y, de repente, se vio cayendo hacia el suelo sin poder evitarlo. Cerró los ojos.

Pero el golpe no llegó. Sintió unas manos que le habían agarrado del hombro y de la cintura, impidiendo la caída. Bellamy, desorientado, entreabrió los ojos y con dificultad vio que quien lo había ayudado no era otro que Murphy. Ja, Murphy.

- Parece que no estás muy bien, Bellamy.

- ¡Uy, me has llamado por mi nombre! -exclamó seguido de unas pequeñas carcajadas- Qué raro eres, Murphy…

Bellamy volvió a tropezarse con su propio pie y Murphy afianzó el agarre de la cintura. El chico vio cómo el otro sacaba un móvil de un bolsillo y marcaba un número.

- Oye, pero no llames a la poli… -dijo Bellamy. A partir de ahora la borrachera solo podía ir a peor.

- ¿Monty? Sí, sigo aquí. ¿Me escuchas? Vale, tengo a Bellamy conmigo y está fatal, ¿puedes venir a ayudarme? -Bellamy intentó escuchar toda la conversación al mismo tiempo- Venga ya, tío, pues levántate, que es tu amigo -Murphy lo miró-, y ahora te necesita. Tú ve saliendo, yo lo llevaré como pueda a la residencia.

-Monty estaba dormiiiiiiido -bromeó Bellamy.

- Sí, lo estaba -dijo Murphy. Pasó el brazo del chico por su hombro para apoyarlo sobre él y que fuese más fácil llevarlo.

- Ey, ¿qué haces?

- Ayudarte, idiota -le espetó Murphy y resopló. Bellamy decidió callarse por el momento. Aun en ese estado sabía que lo mejor era volver a su habitación y, con suerte, no levantarse en ocho días por lo menos.

Cuando bajaron las escaleras de la entrada de la hermandad, Bellamy fijó la vista en el banco en el que había encontrado a Clarke y a Lexa abrazadas. De nuevo, el dolor en su pecho se incrementó. Nunca volveré a enamorarme, pensó. El problema es que también lo dijo en voz alta.

- ¿Qué? -preguntó Murphy.

- ¿Eh? -contestó Bellamy, ya que no se había dado cuenta de que había pronunciado la frase.

- Has dicho que nunca volverás a enamorarte.

- Ah, sí, eso. El amor es una puta mierda. ¿A que sí? -volvió la cara hacia Murphy, que miraba al frente. Una gota de sudor le recorría la frente-. Estás sudando.

- No me digas. Llevar a un tío del mismo tamaño que el mío requiere un poquito de esfuerzo.

Bellamy simplemente asintió aunque escuchase solo la mitad de las palabras. Cada vez estaban más cerca de la residencia y los sonidos de la fiesta se habían apaciguado hacía rato, oyéndose solamente el suave murmullo del aire nocturno.

- Por fin -susurró Murphy. Bellamy se preguntó por qué hasta que vio a Monty llegar a paso ligero.

- ¡Montyyyy! -gritó Bellamy y Murphy le puso un dedo en los labios para que se callase y no despertase a toda la residencia. A Bellamy no se le ocurrió otra cosa que intentar mordérselo.

- ¿Está bien? -preguntó Monty cuando los alcanzó, con la respiración un poco acelerada. Llevaba el pijama y las zapatillas de dormir puestas, lo que hizo reír a Bellamy.

- Qué guapo estás.

- Joder, Bell, sí que estás mal -Monty lo cogió del otro brazo, ayudando a Murphy, quien le dio las gracias por el detalle.

Llegaron finalmente a la residencia y a la habitación. Monty abrió la puerta y dejó pasar a los dos chicos. Bellamy vio con deseo su cama en cuanto entraron y se la señaló a Murphy.

- Esa es mi…

- Lo sé -respondió el chico sin mirarlo.

Con cuidado, apoyó a Bellamy en la cama para sentarlo. Este se balanceaba un poco y al final cayó en la cama como un peso muerto. Sintió que alguien levantaba las sábanas y se las echaba por encima al mismo tiempo que decía algo y otra persona le contestaba. Bellamy abrió los ojos y se encontró a Murphy a poca distancia de él, doblando una de las esquinas de la sábana. Gracias al sueño, al alcohol, al odio y al cansancio, la siguiente frase salió de su boca.

- Tú no eres Clarke.

- ¿Cómo? -dijo Murphy con ambas cejas levantadas.

- Que tú no eres Clarke -la voz de Bellamy se rompió según hablaba-. ¿Por qué no eres Clarke?

Se dio la vuelta en la cama, tapándose la cara con las manos para evitar que los sollozos que habían empezado a salir de su boca se oyesen. Notó cómo Murphy se incorporaba e iba a la puerta.

- Murphy… -susurró Monty con cierta culpabilidad y pena en su voz.

- Me voy a dormir. Lo necesito -dijo junto a un suspiro-. Espero que se mejore.

La puerta se cerró. Los sollozos de Bellamy continuaron hasta quedarse dormido de cansancio.


No había visto a Bellamy en la fiesta y por más que lo buscó no lo encontró. Y al no estar Octavia ni Raven, que también había desaparecido, decidieron Clarke y ella dar por finalizada aquella fiesta tan intensa.

La acompañó a su habitación y, una vez allí, la rubia se echó contra su puerta, aún cerrada, y se miraron unos segundos.

- Gracias -susurró.

- ¿Por qué? -se extrañó la de ojos verdes.

- Por ser tan increíble.

Sintió sus mejillas teñirse de rojo, sobre todo al sentir la mano de la chica en su mejilla mientras se miraban.

- Vas preciosa hoy -el calor de sus mejillas incrementó, pero tenía que hacérselo saber, y Clarke sonrió ladeando su cabeza, antes de acercarla a ella y abrazarla.

Cuando se separó mordió su labio, nerviosa, al sentir los suaves de Clarke en su mejilla.

- Buenas noches, Lex… -empezó a abrir la puerta.

- Buenas noches, Clarke -tiró de su mano para acercarla de nuevo, dándole ahora ella un último abrazo, cogiendo fuerzas para devolverle el beso, también en la mejilla.

La vio entrar en su habitación y no podía dejar de sonreír, sintiéndose ilusionada, pero, mientras bajaba las escaleras, sintió una presión en el pecho y su gesto se borró. ¿Estaría Bellamy bien? ¿Dónde se habría metido? La preocupación se reflejaba en su rostro y no pudo pegar ojo en toda la noche pensando que nada más amaneciera iría a buscarle.

Necesitaban hablar.