Hola, aquí el capítulo 10.

Esperamos que lo disfrutéis, y que nos digáis qué os ha parecido en los comentarios.

¡Nos vemos pronto!

NEKINSEY.


CAPÍTULO 10.

La facultad no estaba demasiado llena a esas horas y Lexa lo agradecía. Aunque la fiesta había acabado tarde según le había contado Octavia, ella se fue a dormir pronto. Pensó en el último momento de la noche con Clarke y una pequeña sonrisa se le escapó de entre los labios. Estuvo a punto de llevarse las manos a la cara por la timidez y alegría que le embargaban, pero recordó que cualquiera que la viese así se reiría.

Iba caminando a paso lento, como si las piernas le pesasen. Es verdad que la euforia con respecto a Clarke era indescriptible, pero al mismo tiempo estaba más que preocupada por Bellamy. Anoche ni siquiera lo vio: sabía que había ido a la fiesta por todo lo que Clarke le había contado sobre la charla que tuvo con él, pero nada más. No supo si luego se fue, si se quedó,… Suspiró. Como ayer mismo pensó antes de dormirse, lo mejor era hablar con él y aclarar aquello que no lo estuviese ya. Lexa sabía que aunque su amigo estuviese mal, ella no tenía culpa de su situación con Clarke, pues desde que se enteró de que la rubia también había estado con Bellamy no le había dado pie a nada… pero en su fuero interno no podía obviar la sensación de que debería haber hecho más para que su mejor amigo no lo hubiese pasado mal.

Cuando Clarke le contó ayer que Bellamy apenas había reaccionado se extrañó en parte: el chico era muy impulsivo y espontáneo, por lo que siempre tenía cosas que decir aunque fuese en una pelea. Pocas veces lo habían dejado sin palabras y siempre había sido con personas muy cercanas, como ella misma u Octavia.

Los árboles que rodeaban las aceras del campus se movían al son del viento fresco que corría a esas horas. La residencia de Bellamy estaba a pocos metros de ella. Tenía intención de despertarlo si hacía falta y de obligarlo a hablar con ella. Si quería empezar algo con Clarke, debía hacerlo bien.

Se dispuso a cruzar la carretera para llegar a la puerta de la residencia cuando vio a su mejor amigo salir por ella. Llevaba una mochila colgada al hombro y andaba con paso decidido. Seguramente iría a clase, pensó Lexa. Si lo paraba ahora podría darle tiempo a hablar con él antes. Eso si conseguía seguirle el ritmo, porque parecía que, más que andar, corría. Cuando se dio cuenta de que iba mucho más rápido que ella, decidió llamar su atención.

-¡Bellamy!

El grito tuvo un efecto inmediato, pues el chico paró en seco al oírlo. Sin embargo, no se dio la vuelta, lo que sí le pareció raro a la chica. Como no se movía, corrió hacia él y en pocos segundos estaba a su lado.

-Bell, ¿cuánto ejercicio haces últimamente? Porque madre mía… -le dijo para intentar romper el hielo. Se colocó frente a él y se dio cuenta de que Bellamy apenas le dirigía la mirada, que estaba casi fija a un lado de ella. Tenía una mano agarrando el asa de la mochila sobre su hombro y Lexa se dio cuenta de que los nudillos estaban blancos de apretarla tanto- ¿Puedes hablar ahora? Sé que tienes clase, pero…

-Vale.

Esa fue la escueta respuesta que obtuvo y Lexa se mordió el labio. Bellamy siguió andando hasta girar por una pequeña calle que daba a un parque un poco más alejado de las facultades. Los estudiantes ya estaban en clase o aún no se habían despertado. El chico tiró la mochila al césped y volvió a quedarse inmóvil. Lexa volvió a colocarse frente a él para poder verle la cara.

-Bueno, dime –le espetó Bellamy, esta vez con sus ojos clavados en ella. Lexa vio que tenía unas grandes ojeras y se preguntó si no había dormido bien por lo que Clarke le confesó ayer. Sin embargo, su amigo estaba muy distante y no sabía por qué.

-¿Estás bien, Bell? –preguntó ella con timidez. ¿Tan mal estaba su amigo que lo pagaba con todo el mundo? El chico soltó una carcajada y se pasó la mano por el rostro.

- De verdad… -susurró para sí mismo, solo que Lexa también lo escuchó.

- ¿De verdad qué, Bell? -se extrañó.

- ¡No me vuelvas a llamar así!

Lexa se sobresaltó por el cambio de voz y dio un paso atrás, llevándose la mano al pecho. ¿Por qué le hablaba así?

-¿Se puede saber qué te pasa? –le preguntó ella, aunque sin levantar el tono. Prefirió tantear el terreno para saber qué le ocurría a su amigo antes de nada.

- ¿Que qué me pasa? –le respondió él, acercándose más a ella. A pesar de ser Bellamy, Lexa no podía negar que en ese momento tenía un aire bastante amenazante- No sé, dímelo tú. Seguro que lo adivinas.

- ¿Perdona? -estaba totalmente confundida- Yo solo quería hablar contigo acerca de…

- ¡Pues no me importa nada que tengas que decirme!

Lexa no daba crédito a cómo se estaba comportando Bellamy con ella. Hacía años que no discutían. Años.

-¡Oye, que solo quiero decirte algo! –respondió ella a su vez.

-Pues ¿sabes? -le dijo Bellamy en un tono más bajo sin apartar los ojos de los de su amiga-, no me interesa, pero a lo mejor a Clarke sí. ¿Por qué no te vas con ella y me dejas en paz, Lex?

No. No podía ser. No. La forma en la que dijo su nombre le dio escalofríos, pero eso no era lo más importante: ¿Bellamy sabía que la otra persona de la que Clarke hablaba era ella? ¿Cómo?

-Bellamy… -susurró, aún incapaz de hablar. El chico se dio la vuelta, dispuesto a coger la mochila e irse de allí. No. Tenía que aclarar las cosas- ¡Bellamy, por favor! ¡Bellamy!

-¿¡Qué!? –se dio la vuelta, quedando a escasos centímetros de la chica.

-Vamos a hablar, por favor, solo te...

-¡Has tenido miles de oportunidades para hablar conmigo! ¡Nos vemos todos los días, joder! –volvió a tirar la mochila al suelo, esta vez con furia contenida. Los ojos de Lexa empezaron a aguarse: no podía soportar el comportamiento de su amigo y menos si ella lo había provocado.

-Bellamy… -se le cortó un poco la voz al pronunciar su nombre- Hablemos ahora.

-Claro. Cómo no. Hablemos de cómo me siento, Lexa. ¿Por qué decidiste mentirme? O mejor, ¿por qué me lo ocultaste tanto tiempo mientras me veías con ella? ¿¡Por qué?! –le gritó, sin poder aguantar la rabia que sentía.

Lexa cerró los ojos y se temió lo peor.

-Bellamy, yo…

-La primera vez que me he enamorado. ¡La primera vez, Lexa, y se jode todo! –le dio una patada a la mochila- Y yo te lo conté como un tonto que confía en su mejor amiga.

-¡Puedes confiar en mí!

-¡¿Cómo?! ¿¡Cómo voy a hacerlo si me has ocultado que te liabas con Clarke a mis espaldas?!

-Bell, déjame explicártelo, por favor…

El chico soltó una risita sarcástica y se mordió el labio mientras no dejaba de golpear el suelo con el pie derecho. No medió una palabra, por lo que Lexa entendió que le instaba a hablar.

-Antes de contarte todo, quiero que sepas que nunca he querido ocultarte nada. Nunca –el chico desvió la mirada cuando oyó a la chica, pero Lexa, a pesar de todos los sentimientos que se agolpaban en ella, siguió hablando-. Ya… ya sabes que Clarke me atraía desde un principio. Lo que no me esperaba era que esa atracción se convirtiese en otra cosa, Bell.

Su amigo fijó los ojos en los de ella. Tenía los labios apretados por el enfado, pero aún no decía nada.

-Puede que no te lo contase antes porque no había experimentado nada así hasta ahora y como no solemos hablar de esos temas…

-¿Y eso es excusa? –le preguntó el chico. Parecía algo más calmado, pero aún mantenía la postura rígida de antes.

-No, no lo es –reconoció Lexa. Suspiró, agobiada y sobrepasada por la situación. ¿Cómo se podría arreglar esto con su mejor amigo?-, pero quiero que entiendas lo que hice. Clarke empezó a ser más cariñosa conmigo, pasábamos más tiempo juntas y… algo surgió. Algo que se ha convertido en amor, Bell.

Él se pasó una mano por el pelo, revolviéndoselo sin darse cuenta siquiera.

-¿Y lo mío no se ha convertido también en eso? –le replicó. Lexa comprobó que, al igual que los suyos, los ojos de Bellamy empezaban a estar vidriosos.

-Bell, solo quiero que me entiendas. El día que me contaste que… estabas con Clarke, ella misma también me lo dijo: que también había estado… viéndote, como a mí. Que ambos le gustábamos, pero yo le dije que no podía seguir así y menos si tú eras esa otra persona.

-¿Y no podías habérmelo confesado en ese momento?–la voz empezó a quebrársele y se dio la vuelta, llevándose la mano a los ojos- ¡Joder!

Lexa no tardó un segundo en cogerle el hombro y hacer que se girara.

-Necesitamos hablar esto y yo necesito verte también, Bell. Si no, no puedo… -una lágrima estaba a punto de escapar de su lagrimal, pero sin saber cómo lo impidió. El chico, limpiando una lágrima traicionera que corría por su mejilla, asintió sin mirarla-. Desde… ese momento, Clarke y yo solamente tuvimos una relación de amistad, aunque yo sentía cada vez más cosas por ella… El día que fuimos a ver a tu madre y se ofreció a quedarse conmigo… Fue algo muy especial para mí, Bell. Quería que estuviese conmigo ese día en concreto y… fue maravilloso.

Lexa bajó un poco la cabeza, pensando en lo que ocurrió aquella noche: en cómo Clarke le leyó parte del libro, en la forma en la que sus cuerpos encajaban de forma natural, en el aroma de su pelo, en su risa... Un golpe sordo la sacó de la ensoñación. Bellamy ahora estaba sentado en el césped con las piernas cruzadas y la mirada baja. No decía anda y eso preocupó más a Lexa.

-¿Bell…?

-Espero que disfrutaseis de daros amor en tu cuarto. Parece ser que el mío no le era suficiente.

Lexa no pudo aguantar más las lágrimas tras las duras palabras que Bellamy acababa de decir.

-Pero Bell, si no hicimos nada… Me acompañó en ese momento porque lo necesitaba.

-Octavia y yo te hemos ofrecido la misma compañía todos los años y no la has aceptado.

-¡A lo mejor necesitaba a otra persona! –exclamó- Tú has estado siempre para mí y no sabes cuánto te lo agradezco, pero no voy a pedir perdón por lo que siente mi corazón, Bellamy.

El chico levantó entonces la mirada hacia ella. Tenía los ojos acuosos y la mirada tan triste que el corazón de Lexa se encogió por un momento.

-No sabes la alegría que me dio ver cómo te relacionabas tan abiertamente con otra persona que no fuéramos Octavia o yo, Lexa. No lo sabes… Creía que erais solo amigas y que vuestro vínculo se había hecho fuerte en poco tiempo, pero… -paró para calmar el temblor de su voz, que le impedía seguir hablando- Hay un montón de chicas, joder. ¿Cómo iba a pensar que sentías lo mismo que yo por ella?

Lexa posó una mano en el hombro de su mejor amigo mientras lloraba en silencio.

-Cuando llegué por la noche, busqué a Clarke en mi cuarto y no estaba allí –rio por lo bajo-. Ahora entiendo por qué… La encontré en el tuyo, contigo, en la cama y dormida. ¿Y sabes qué pensé?

-No… -susurró Lexa con un nudo en la garganta.

-Qué afortunado soy de tenerlas a mi lado.

Lexa no pudo reprimir más las lágrimas y estas cayeron por su cara, como si fueran unas pequeñas cataratas.

-Estoy tan dolido, Lex. Y lo peor era pensar que tú, mi otra hermana, me había traicionado… -la voz se le rompió y un sollozo salió de su boca tras decir la última palabra. Lexa colocó ambas manos en la cara de Bellamy, levantándola hacia la suya para que la mirase.

-Eso nunca, ¿me oyes? Después de todo lo que hemos pasado juntos nada va a separarnos. Te lo prometo.

Acto seguido, Lexa lo abrazó con todas sus fuerzas, apoyando la cabeza del chico en su pecho. Ella misma se sentía fatal, pero comprendía que su amigo necesitaba que hoy ella lo consolase, como tantas veces había hecho él con ella.

-Lex, perdónam…

-No, no lo digas.

El abrazo duró unos minutos. Ninguno quería separarse del otro: en cuanto lo hicieran no sabían qué iba a suceder y temían que el momento de paz se desvaneciese para dar lugar a una disputa en la ninguno llevaba las de ganar. Finalmente, Bellamy decidió separarse con lentitud de su amiga.

-Voy a necesitar tiempo.

Lexa asintió, entendiendo perfectamente lo que su amigo le pedía. Si eso era lo que necesitaba, ella no se lo iba a negar por nada del mundo.

-Intentaré… hacerme a la idea, pero…

-No tienes que darme explicaciones, Bell –el chico volvió a suspirar, esta vez con una sonrisa fingida en el rostro.

-No puedo enfadarme contigo, Lex.

La chica sonrió por primera vez desde que se habían encontrado y lo volvió a abrazar rápidamente. No quería forzar la situación y sabía que Bellamy necesitaba un poco de espacio para acostumbrarse. Todo era tan abrumador…

-Estoy aquí, Bell –le recordó ella. Era su forma de decirle que no se iría de su lado. El chico asintió-. Creo que también deberías hablar con Clarke…

Bellamy se tensó al oír el nombre de la rubia y cerró los ojos durante unos segundos, como si el propio hecho de pensar en ella le doliese.

-Supongo que sí… Ahora tengo clase.

Se levantó con parsimonia, se sacudió la hierba que se había pegado a sus pantalones y cogió la mochila.

-Entonces… ¿nos vemos? –preguntó Lexa, algo reticente.

-Siempre –contestó él, tendiéndole la mano para que ella también se levantase.


Empezó a andar buscando un sitio tranquilo, con la conversación con Bellamy aún en su cabeza, repitiéndose una y otra vez en un bucle infinito. Se sentía fatal, tenía una opresión en el pecho que le estaba costando mucho trabajo obviar, y entendía perfectamente que su amigo le pidiese tiempo.

Se sentó contra el tronco del árbol más alejado de la multitud: necesitaba aire, pero también necesitaba silencio para intentar tranquilizar su mente. Cerró los ojos, e intentó respirar lento y despacio para controlar sus emociones. Entonces, a los pocos minutos, alguien se sentó a su lado en silencio y solo notó una mano sobre la suya; cuando se giró vio a Clarke mirándola preocupada.

- ¿Estás bien? -preguntó suavemente, acariciando un mechón de pelo que caía por su rostro antes de colocarlo tras su oreja. Lexa no contestó, apretó los labios antes de dejar caer unas lágrimas de sus ojos, dejando que Clarke la abrazase y acariciara su espalda- ¿Has hablado con Bellamy?

- Sí…

- ¿Qué te ha dicho?

- Que quiere tiempo.

- Lexa, no has hecho nada para que esté enfadado, ¿lo sabes?

- No es enfado -dijo, sentándose de nuevo y mirando a la chica mientras se limpiaba ella misma las lágrimas-. Es más complicado que eso, pocas veces he visto a Bellamy tan triste…

- Lexa, si está triste es porque yo hice las cosas mal, pero tú las has hecho bien. Te alejaste de mí cuando te dijo lo que sentía, y pusiste límites a pesar de que yo también te gustaba a ti: lo pusiste a él antes que a ti misma, y creo que, a veces, a lo largo de la vida, debes de ser un poco egoísta y pensar en ti -la rubia acarició sus mejillas, manteniendo sus miradas conectadas-. Lexa, tú siempre piensas en los demás, no es justo que te sientas mal cuando no hay maldad en tus acciones.

- Hay cosas que aún no comprendo, Clarke -confesó.

- ¿El qué? Dímelo -dijo suavemente.

- ¿Por qué le presentaste a tu madre y lo invitaste a cenar en tu casa, por ejemplo?

- No le presenté a mi madre de manera formal de novios -frunció el ceño confundida-. Ese día mi madre me obligó a ir a una de sus cenas juntos, en plan: "familia"; y yo no tenía ganas de ir, y Bellamy me preguntó que qué me pasaba. Me dijo que se llevaba muy bien con Kane, y lo invité para que lo entretuviese y no se pusiera en modo padre conmigo, sabes que no lo soporto -aclaró su relación con el famoso profesor-. Sí, es cierto que me lo pasé bien con él, pero en el sentido de amigos, y me gustaba, sí, pero nunca le he visto como un novio, ni nada más aparte de un amigo con el que pasar un buen rato. Es más, hubo un momento que no podía dejar de pensar en ti y en que ojalá tú estuvieses ahí también en la piscina con nosotros. O solas -sonrió cuando vio el color rosado que tiñó las mejillas de Lexa.

- Pero él dijo…

- Pero nada, Lexa. Tú querías estar conmigo, ¿verdad? -le faltó el aliento, sobre todo con esos ojos azules fijos en ella.

- Quiero estar contigo -confesó, poniendo la frase en presente, sintiendo su corazón latir fuerte en su pecho, pero es que si seguía mirando ese celeste que le recordaba a las olas del mar era fácil no pensar en otra cosa.

- Entonces, nada más importa.

Lexa dejó que apoyase la frente sobre la suya, cerrando ambas los ojos, antes de dejarse abrazar de nuevo por ella. Y es que era increíble cómo solo con esos pequeños gestos esa chica conseguía tranquilizarla y hacer que, por unos minutos, se olvidase de todo.


Bellamy andaba distraído hacia los vestuarios tras el entrenamiento. Esos días había estado yendo al campo más de lo que habituaba, se dio cuenta de lo mucho que despejaba su mente, además, muchas noches le acompañaban Monty, Jasper y Murphy a jugar algunos partidos entre amigos. Murphy, increíble, aún no entendía el cambio que tuvo el chico. Sí, era cierto que con Monty se llevaba bien de siempre, los tres iban juntos a todos lados, pero parece que la noche de la fiesta dejaron ambos los insultos, y uno se decidió a ayudar y el otro a dejarse a hacerlo. Debía decir que fue un cambio brusco, pero que su mente aceptó: cambiar de pasar todo el tiempo del mundo con Lexa a compartir momentos con los tres chicos.

Lexa.

Suspiró al recordarla. No podía evitar sentirse un poco mal, no sabía si había podido controlar sus palabras, pero con la mente en caliente todo el mundo dice tonterías. Hacía ya cuatro días desde que hablaron, y no se habían visto más allá que en clase, donde se daban un escueto saludo en la distancia con la mano, y se sentaban cada uno en una punta del aula. Y odiaba verla tan sola en clase, pero estaba dolido, y mucho. Al mismo tiempo que la echaba de menos, pero cuando después la veía con Clarke por el campus recordaba por qué estaban distanciados y se le olvidaba todo.

- Nos vemos en la habitación, Bell -se despidió de él Monty.

- ¿Os vais vosotros también? -se refirió a los otros dos amigos, y ambos asintieron-. Nos vemos entonces allí, esta noche: ¡partido!

Los cuatros gritaron apretando el puño para luego chocarlos al mismo tiempo, soltando una risa. Bellamy empezó a andar hacia las duchas, siempre le había gustado hacerlo allí más que en su propia habitación, no sabía por qué.

Cuando terminó de lavarse, salió envuelto en una toalla, con la mente relajada, y una vez se vistió soltó un suspiro al encontrarse con los ojos de Clarke mirándolo directamente.

- ¿Qué haces aquí? -preguntó molesto, terminando de colocarse la camiseta.

- Quiero hablar contigo -contestó ella más tranquila.

- No sé si me apetece hablar contigo, la verdad, y menos para poner la guinda al final del día -la volvió a mirar-. Tengo cosas más importantes que hacer.

- Creo que es más importante que aclaremos una serie de cosas antes.

- ¿Contigo? -sonrió irónico-. No tengo interés en aclarar nada, gracias -empezó a coger cosas de su taquilla para largarse.

- Igual conmigo no, pero, a lo mejor, tendríamos que aclarar unos asuntos para que perdones a Lexa de una puta vez, por ejemplo -su voz sonó ahora más seca y cortante.

- No tengo que perdonar a nadie.

- Ah, ¿no? -levantó la ceja incrédula-. Es verdad, porque ella no ha hecho nada.

- Ah, ¿no? -la imitó.

- Bellamy, que hayas estado viviendo tu propio cuento y no hayas visto la realidad es culpa tuya, no la pagues con los demás.

- ¿Mi propio cuento? -sonrió sarcástico.

- Dime una sola ocasión en la que te haya dicho o hecho ver que éramos novios.

Bellamy apretó los labios, y pensó unos momentos observando la cara de la chica, que había cambiado de un día a otro: pasó de mirarle con una sonrisa en el rostro a ceño fruncido y ojos furiosos.

- Nos besábamos, pasábamos tiempo con el otro, nos hemos presentado a nuestras madres, íbamos andando de la mano, teníamos citas… -empezó a enumerar.

- Joder, Bellamy, pareces nuevo en esto -soltó un suspiro frustrado pasándose la mano por el pelo-. Éramos amigos, me gustabas y te besaba, ¿es que tú solo te has besado con chicas con las que estabas saliendo? ¿Y esa noche con Raven? ¿Eres ya su novio o cómo va eso? -Bellamy se quedó en silencio, apretando el puño- Y, joder, parece que lo de llevarte a casa fue lo peor que he hecho en mi vida.

- Tranquila, ya me has dejado claro que no estabas conmigo, bien que has estado por ahí liándote con Lexa… Tenía que ser Lexa -y soltó un sonido furioso golpeando las taquillas con el puño.

- Deja que te aclare otra cosa –puntualizó mirándolo fijamente: parecía molesta-: no me he estado liando con ella, me besé con ella la puta noche donde vimos los tres el partido, y pocas veces más: todas anteriores a ese día. Después no me he vuelto siquiera a besar con ella, así que no tienes ningún derecho a echarme en cara nada en cuanto a Lexa, y mucho menos a enfadarte con ella porque, te vuelvo a repetir, lo único que ha hecho es ser demasiado buena amiga contigo.

- ¿No podrías haber elegido a otra? ¡Joder! A la que más me iba a doler...

- ¿Qué te crees que esto ha pasado para joderte?

- Ah, no, es cierto, es que simplemente eres una zorra -dejó que la palabra sonara bien clara una vez salió de entre sus labios, y recibió, apretando los ojos, la mano de Clarke cuando golpeó con fuerzas su mejilla.

- Ni se te ocurra decirme eso otra vez, Bellamy -le señaló con el dedo, y pudo observar lágrimas de rabia en sus ojos. El chico la encaró apretando los labios-. Tú te has follado a muchas tías de la facultad y tienes el puto título de "Bellamy el glande", y lo llevas con orgullo. ¿Y yo por haberme enamorado de tu mejor amiga soy una zorra?

¿Enamorado? Bellamy tragó saliva, y estiró su brazo para frenarla cuando se dio la vuelta dejando caer unas lágrimas por sus mejillas, alejándose de él, pero dejó que se fuera. Igual, tras el golpe que le dio la rubia, su mente se activó de nuevo: se había pasado, había sonado incluso machista, y él no era así… Estaba arrepentido, no había medido sus palabras, pero estaba enfadado, eso no lo iba a negar.

- ¡Mierda! ¡Mierda! -dio una patada a la taquilla, y salió él también para volver a su habitación.

Necesitaba despejarse de nuevo, y sabía que con sus amigos iba a conseguirlo, pero también tenía que tener en mente que debía arreglar muchas cosas y que, cuanto antes lo hiciese, menos mierda tendría luego encima.


La puerta de su habitación se abrió de golpe, y entró Clarke, con el rostro serio. Dejó el libro en la mesilla de noche, Octavia no estaba, había dicho que iba a ver a Lincoln y que, probablemente pasaría la noche con él, así que estaban solas. La rubia fue hacia donde estaba ella y se tumbó a su lado, abrazando su cintura y apoyando su cabeza en el hueco que hacía su brazo al haberla rodeado también con él.

- ¿Estás bien?

- Vaya día de mierda -confesó la chica, abrazándose con más fuerza a ella.

- ¿Qué ha pasado? –escuchó como soltaba un suspiro frustrado.

- Primero Kane dándome por culo, algo habitual, y acabo de hablar con Bellamy…

- ¿Qué ha pasado con él? -se separó de la chica para poder verle la cara, y pudo comprobar que tenía los ojos algo enrojecidos- ¿Has llorado? -suavizó su voz, pasando la yema de su dedo bajo sus ojos, aunque no hubiesen rastros de lágrimas.

- Me ha insultado.

- ¡¿Qué?! -se alarmó. ¿Bellamy? ¿Insultando? No, algo debía de haber mal en eso.

- Me ha dicho que soy una zorra.

- Oh, no… -se lamentó, sentándose, sintiéndose inquieta por la situación- Seguro que lo ha dicho en caliente, él no... -se calló cuando Clarke le puso un dedo sobre los labios.

- No pasa nada, ya se solucionará, o no… Ya se verá -dijo entristecida-. Yo lo único que quiero es que tú estés bien.

Y eran pequeñas señales que le mandaba, las que le hacía ver que, efectivamente, Clarke sentía por ella, o eso estaba pensando Lexa mientras observaba a la chica mirarla fijamente con esas esferas celestes. Debía admitir que habían sido unos días complicados, semanas si se ponía a contar desde que Bellamy le confesó lo que también sentía por ella y se dio cuenta de la novela en la que era protagonista junto a su amigo. Traición, engaño y dolor, se sintió muy estúpida, se sintió un juguete; pero Clarke estaba ahí con ella, y le había jurado y perjurado mil veces que con Bellamy no tenía nada, y se había confesado en la fiesta de Halloween, sin olvidar lo que escuchó decirle a Octavia en esa misma habitación: creo que me estoy enamorando de ella.

- ¿Por qué te estás poniendo roja? -la escuchó preguntar, y salió de sus pensamientos bruscamente.

- ¿Quieres… -mordió su labio nerviosa-... ir a algún lado?

- ¿Me estás pidiendo una cita? -se sentó también, mirándola curiosa. Lexa asintió nerviosa.

- Podemos ir a cenar… o algo, no sé, lo que te apetezca en verdad… Con tal de estar contigo -terminó la frase, notando otra vez sus mejillas arder.

- Dios, eres increíble, Lexa -soltó antes de besar su mejilla, y mirarla sonriente-. Claro que quiero. ¿Cuándo nos vamos?

- ¿En una hora?

- Vale, ¿dónde quieres ir?

- Déjamelo a mí -sonrió a la chica, y cerró los ojos al notar de nuevo sus labios en su mejilla, esta vez el gesto duró unos segundos más.

La vio salir emocionada de la habitación, y no pudo evitar sonreír al haber producido ese cambio en la chica desde que entró con el rostro serio y al verla salir sonriente e ilusionada. Se mordió el labio y empezó a moverse: una ducha rápida, coger una mochila, preparar una cena e ir a su habitación a por ella. Y por unos momentos deseó poder contarle a Bellamy que iba a verse en unos minutos con una chica increíble, y, con ese pensamiento, no pudo evitar sentirse mal de nuevo. Era un poco extraña la situación e intentaba pensar que no estaba haciendo nada malo, que no había podido controlar su corazón y haber caído en redondo por esa chica, que daba la casualidad de que le correspondía, y que se moría por pasar el tiempo a su lado. ¿A veces había que ser un poco egoístas?

Clarke agarró su mano mientras andaban, y ella no se la negó, además, por primera vez en el tiempo que la conocía la vio nerviosa a ella también: y le encantaba. Anduvieron hasta una especie de bosque que había junto a un río, donde a veces había ido con Bellamy y Octavia a hacer sus excursiones. Por la noche estaba vacío y podría ser un lugar más íntimo para una cita, y lo vio ideal para esa ocasión.

Puso un mantel sobre el césped, bajo la atenta mirada de Clarke, y se sentó indicándole con la mano que lo hiciese a su lado, y sacando unos sándwiches que hizo para la ocasión. Se los comieron entre risas, o silencios nada incómodos, porque se estaba muy bien mirando a la chica que tenía frente a ella y dedicarse sonrisas tímidas. Acabaron tumbándose de lado en el mantel, mirándose fijamente, y fue la rubia la que rompió el silencio.

- Siento si… -y Lexa chistó suavemente, atreviéndose a acariciar su brazo, tranquilizándola.

- Intentemos desconectar por unas horas, y que ahora mismo solo existamos tú y yo, por favor.

- Necesito mucho eso, en serio.

- Pues disfrutemos de la noche, y olvidemos todo lo que ha pasado por unos instantes.

- Lex, quiero hacer las cosas diferentes contigo -comentó, buscando su mano para entrelazar los dedos.

- ¿A qué te refieres?

- Quiero que sepas que en estos momentos solo estoy interesada en ti, y no va a haber nadie más. Sé que no quieres aún que formalicemos nada, puedo ir todo lo lento que necesites, Lexa, porque yo te necesito a ti. Y es muy raro sentirme así, porque nunca me ha pasado, pero no puedo controlar mis emociones, ni no quedarme embobada mirándote, ni no pensar una y otra vez lo increíble que eres.

- Clarke -susurró, sintiéndose cohibida por sus palabras-. Yo… -se mostró tímida.

- Solo tengo que mirarte a los ojos para saber lo que sientes por mí, Lexa. Te he dicho todo eso por si no llego a ser lo suficientemente clara. Y que estoy deseando poder decirle a todo el mundo que eres mi chica, y me da igual lo que tenga que esperar: un mes, tres, incluso años… Lo que necesites, merecerá la pena esperarte.

Y, por un momento, sintió que podía incluso desmayarse si Clarke seguía diciéndole esas cosas, y más cuando ella misma también podía sentir lo que transmitían esos ojos azules. La rubia fue la primera en bajar su mirada a sus labios, una vez el silencio las rodeó de nuevo, y la vio apretar sus labios, percatándose de que ella estaba mirando lo mismo.

Puso su mano en el cuello de la chica, y estiró su pulgar para acariciar su mandíbula suavemente. Entonces Clarke se acercó a ella, y la abrazó, pasando su brazo por su cintura y escondiéndose en su cuello, y Lexa la imitó, echando su cabeza hacia atrás para que estuviese más cómoda, y apoyando su barbilla sobre su pelo, mientras su mano tocaba distraída el final de su espalda.

Las ganas de besarla volvieron a su cuerpo, sobre todo cuando sintió sus labios posarse suavemente en su piel, mandándole un escalofrío, a pesar de haber sido corto e inocente; y acabó buscando su oreja para susurrarle al oído.

- En este momento solo existimos las dos, ¿verdad? -preguntó, intentando ser valiente con lo que sentía, y con lo que quería hacer.

- Solo nosotras dos –afirmó, saliendo de su escondite para poder observarse ambas directamente.

Se miraron unos segundos más a los ojos, buscando una confirmación, un asentimiento divino que les dijese que aquello estaba bien, o mejor que bien, y parece que lo consiguieron, porque las dos se buscaron al mismo tiempo.

Sus labios se presionaron suavemente sobre los otros, y fue Clarke la que soltó un suspiro, moviéndose para que sus cuerpos estuviesen más pegados, aún de lado contra el suelo, y pasó su mano por el pelo moreno de Lexa para acariciarlo antes de que ambas separasen sus labios y comenzasen a moverlos lentamente sobre los de la otra.

Casi fue como un primer beso, que empezaba de forma tímida, pero que iba aumentando la calidez a medida que seguían. Sus manos buscaban acariciarse: la de Lexa entretenida en su brazo y la de Clarke en su nuca, intentando que no se separara de ella. El beso se profundizó por sí solo, empezando a deslizar sus lenguas sobre los labios de la otra o encontrándose entre ellas para acariciarse, consiguiendo que salieran jadeos de la boca de ambas, estremeciéndose de placer contra el cuerpo contrario.

Ninguna pensaba en nada más. Era cierto que en ese momento podría estar pasando lo que sea a su alrededor, que sobre ese mantel solo existían dos chicas que se besaban, que suspiraban contra los labios de la otra, y que se abrazaban con fuerza, mostrándose mutuamente el amor que escondían, sin llegar a nada más.

De momento, eran más que felices acariciándose solo con los labios.