Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


The Boy At Table Seven

By: LyricalKris

Traducción: Yanina Barboza

Beta: Mónica Szpilman


Capítulo 8: Outtake Edward

—¿Dónde está el fuego, Cullen? ¿Por qué no te unes a nosotros para cenar?

Edward ya estaba negando con la cabeza hacia Jasper.

—Tengo que regresar con mi niño.

Emmett resopló.

—También nosotros —dijo, poniendo su brazo alrededor de su esposa—, pero no nos ves corriendo. Nunca tomas un descanso, Edward.

—No necesito un descanso. Semana por medio consigo un descanso. —No le gustaba perder tiempo con su hijo, pero algunas veces era inevitable. La clase para la certificación pagada por su empleador era una oportunidad que no podía dejar pasar por alto.

Jasper lo codeó en el costado.

—¿Así que no tiene nada que ver con la pequeña cosa preciosa que tienes esperando por ti en casa?

Alzando una ceja, Edward observó de reojo a su amigo y compañero de trabajo.

—No estoy seguro de que mi hijo apreciaría ser llamado precioso.

—Aw, venga ya —regañó Emmett—. ¿Cuándo vas a admitir que estás gagá por esa chica?

—¿Gagá? –se burló Rosalie, negando con la cabeza hacia su esposo—. ¿Quién dice gagá? —Miró a Edward—. No escuches a estos chicos. Tu vida es suficientemente complicada. La última cosa que necesitas es involucrarte con una niña inmadura.

Edward se enfureció en nombre de Bella, pero antes que pudiera decir algo, Emmett salió en defensa de ella.

—No es nada de eso, nena. Bella trabaja realmente duro. Es joven, pero tiene la cabeza en su sitio.

—Y son tan lindos juntos. —Jasper pellizcó las mejillas de Edward en broma, y Edward lo empujó. El hombre rubio rio—. Deberías venir en el almuerzo alguna vez y ver a éste cuando estamos en la cafetería. Nunca has visto una sonrisa tan grande.

—De acuerdo, de acuerdo —murmuró Edward, metiendo sus manos más profundo en sus bolsillos—. Tienen razón. Es fácil olvidar que Bella es muy joven —dijo hacia Rosalie—. Somos amigos. Por eso nos llevamos bien.

—También somos tus amigos —señaló Emmett—. Nunca sonríes así para nosotros.

—Bueno, eso es porque ella es inteligente y ustedes dos son tontos.

—Los pilló ahí. —Rosalie palmeó la espalda de Emmett en un gesto consolador.

Todos dijeron adiós, Jasper, Emmett, y Rosalie se dirigieron a buscar algo para comer y Edward se subió a su auto.

Manejó a casa, tratando de ignorar la extraña punzada de emoción que se construyó en el fondo de su vientre. Jasper y Emmett se lo habían comentado antes. Cada vez que iban a la cafetería, ellos notaban un vigor en su paso, el entusiasmo de su lenguaje corporal. No podía negar que todo tenía que ver con Bella.

Ella lo hacía feliz, puro y simple. Ella era inteligente y dulce y…

«No para ti», se recordó por millonésima vez.

No podía ser justo para él desearla de la forma en que lo hacía. Había cometido tantos errores en su vida: ser descuidado con una jovencita con quien, sin tener en cuenta la edad, debería haber sido más respetuoso; destrozando la relación con sus padres; dejando la universidad después de su tercer año para cuidar a su hijo a corto plazo, cuando su título le habría dado mejores oportunidades a la larga. No quería añadir arruinar la vida de Bella a esa lista. Ella tenía un plan sólido, y él no era una variable en este.

Sacudiendo la cabeza, Edward subió las escaleras a su departamento, conformándose con el placer de la compañía de ella. Ella se entregó tan fácilmente a sí misma. Tenía que haber algo que pudiera hacer por ella. Quizás…

Sus pensamientos se disiparon cuando abrió la puerta y Benjamin corrió hacia él, acercándolo hacia Bella.

Más de una vez, Edward se había encontrado imaginando lo que podría ser tener a Bella en sus brazos. Nunca habría elegido que sucediera de esta forma. La vio comenzar a doblarse en sí misma, y reaccionó instintivamente, corriendo hacia ella y sosteniéndola.

La enfermedad de Benjamin había comenzado justo así. Normalmente, el chico estaba levantado y por todos lados, pero esa tarde, hace algunos días, había estado lánguido. Cuando Edward lo recogió de lo de Rosalie, había insistido en ser cargado, lo que era raro. Benjamin generalmente insistía en que era demasiado grande para ser cargado —muy cierto y volviéndose más cierto— cuando Edward trataba de alzarlo para mucho más que un abrazo. Se negaba a moverse —declarando que no podía— por dos días seguidos, lo que fue un reto.

Afortunadamente, el hijo de Rosalie, Henry, ya había tenido el mismo resfriado y era inmune, así que ella no tenía problema cuidando a Benjamin. Aun así, los pasados días habían sido una prueba. Ver a su hijo sufrir no era algo que ningún buen padre disfrutara. Cualquier tipo de gripe que esta fuera, era atroz.

Así que mientras Edward levantaba en brazos a Bella, sabía que se avecinaba una larga noche.

Mientras la cargaba hacia su habitación, Edward ya estaba repasando una lista de cosas que necesitaba para cuidarla. Sin embargo, estaba preocupado. La punta de la nariz de ella hacía cosquillas en su cuello. Él estaba preocupado porque el pequeño cuerpo de ella contra el suyo estaba sobrecalentado, pero al mismo tiempo…

Le gustaba la forma en que ella se aferraba confiadamente a él, sus brazos alrededor de su cuello y su cabeza en su hombro.

Le gustaba observar a su pequeñito, dulce y cariñoso arropando torpemente las cobijas alrededor de ella.

Por mucho que odiase que estuviese enferma y fuera miserable, le gustaba poder cuidar de ella.

Con sus brazos alrededor de ella, la persuadió para beber algo de agua y tragar un poco de medicina para el resfrío, esperando prevenir los terrores nocturnos que habían plagado los sueños febriles de Benjamin.

Después de que estuvo seguro de que Bella estaba tan cómoda como era posible, se concentró en Benjamin. Comieron sándwich de queso asado y sopa de tomate para la cena, y después Edward se sentó a la mesa para dibujar con él. Se entretuvo, dibujando figuras de palito de la forma que pensaba que un niño de siete años normal debía dibujar, mientras que Benjamin dibujó una escena de un bosque oscuro. Intercambiaron las hojas y Edward se maravilló mientras que Benjamin le dio una mirada despectiva.

—Papi, puedes hacer algo mejor que esto.

—Simplemente no soy tan talentoso como tú.

Benjamin puso los ojos en blanco.

Unos minutos después él se excusó, Edward supuso que para ir al baño, pero cuando regresó, fue directo al sofá. Agarró la manta de croché del respaldo y se dirigió hacia el pasillo de nuevo, con una expresión muy seria en su cara.

—¿Qué estás haciendo, Benji? —Edward lo siguió.

Benjamin se desvió hacia su habitación, agarrando su vieja cobija de bebé de su caja de juguetes.

—Bella está muy fría —dijo gravemente.

El paso de Edward se aceleró. Cuando ingresó a su habitación, vio exactamente de lo que Benjamin estaba hablando.

Bella estaba en pleno centro de la cama, acurrucada fuertemente en sí misma. Era obvio que su cuerpo estaba acurrucado, sus piernas y brazos dobladas en posición fetal. Su cabeza estaba metida hacia abajo, solo la cima de su frente visible entre las cobijas. Estaba temblando. Violentamente.

Edward puso su mano en la cabeza de ella, sintiendo que todavía estaba caliente al toque. Benjamin se trepó, extendiendo la manta de croché y su cobija de bebé sobre ella.

—Estará bien —le aseguró Edward a su preocupado hijo—. Ve a prepararte para ir a la cama.

Benjamin obedeció y se escabulló. Edward se detuvo, sentándose en el borde de la cama mientras miraba a la linda chica, su corazón se retorció ligeramente mientras el cuerpo de ella se estremecía.

Recordó estar enfermo así cuando niño. Su padre lo levantaría de su cama y lo cargaría hasta la habitación principal, acostándolo entre él y su madre. E incluso si no lo pusiese tan cálido, se sentía reconfortado. Mami y papi cuidarían de él, y pronto se sentiría mejor.

Su corazón dolió. Siempre pensaba en sus padres cuando Benjamin estaba enfermo. Siempre se preguntaba si estaba haciendo lo correcto. Varios días antes, cuando Benjamin estaba en la cúspide de la enfermedad, se había preguntado si estaba haciendo lo correcto. ¿Cuándo era una fiebre más que una fiebre, un resfrío más que un resfrío?

Deseó poder pedirles a sus padres, particularmente a su padre doctor, consejo, pero había quemado ese puente hace mucho.

Esa noche, sorprendió a Edward que se preocupaba de la misma forma por Bella. Intentó dormir en el sofá, pero descubrió que estaba muy preocupado. A pesar de que se continuaba diciendo que debería darle a ella privacidad, había prometido cuidarla. Igual que con Benjamin, se preocupaba de que estuviera desperdiciando tiempo valioso cuando debería haberla estado llevando al hospital.

Ella se removía de vez en cuando, aunque él no estaba en lo absoluto seguro de que en realidad estuviera consciente.

—Tengo f-frío —se quejó ella lastimeramente una vez después de que él le había dado incluso la cobija que había estado usando.

Él acunó la mejilla de ella.

—No tengo más cobijas. Lo siento.

Ella emitió un pequeño gemido y se acercó más hacia él, como si buscara su calor corporal. Por un breve momento, jugó con la idea de acurrucarse junto a ella. Por calor, por supuesto. Descartó la idea, retirándose hacia la sala.

Cuando él se despertó de nuevo para controlarla, ella estaba agitándose. Su cara estaba sonrojada, su piel cubierta con una capa de sudor. Estaba apretando débilmente las cobijas. Cuando ella les habló a él y a Benjamin, estuvo aliviado. Ella parecía más coherente, lo que lo hizo sentirse mejor sobre el hecho de que estaba en la misma cama. Si ella estaba acurrucada contra él por propia voluntad, seguramente estaba bien quedarse.

Él se quedó dormido con su brazo alrededor de ella.

Estaba confundido cuando se despertó de nuevo. Le tomó un minuto más o menos para descubrir qué estaba pasando.

Bella estaba refunfuñando, deteniendo lo que estaba haciendo cuando un ataque de tos la golpeó. Edward estuvo paralizado por su pierna esbelta y desnuda por unos minutos, antes de que él se sacudiera la bruma del sueño de su cabeza. Ella se había sacado los pantalones y estaba forcejeando con la camisa, sus dedos temblorosos y débiles.

—¿Bella? —Trató de llamar su atención, pero ella no parecía escucharlo.

—Bella —intentó otra vez, moviendo su mano para atrapar las de ella—. Por favor, ¿puedes dejar de tratar de sacarte la ropa?

Ella inclinó la cabeza hacia él, parpadeando como si no estuviera muy segura de lo que estaba viendo.

—¿Por qué? ¿Quieres hacer esa parte? —murmuró.

Los labios de Edward subieron y bajaron mientras trataba de decidir si estaba entretenido u horrorizado. Tragó grueso, tratando de ignorar el hecho de que había una chica medio desnuda presionada contra él. Empujando un mechón de cabello húmedo por el sudor detrás de la oreja de ella, trató de medir su lucidez.

—Todavía estás muy caliente.

Sus ojos soñolientos parpadearon, pero le sonrió de una forma torpe.

—¿Me has dicho caliente? —Las palabras fueron mal articuladas, encimadas una a la otra, pero aun así comprensibles.

Edward estaba tan sorprendido, que rio.

—Bueno, sí. —Incapaz de ayudarse a sí mismo, deslizó la punta de sus dedos por la mejilla de ella, deleitándose en la sensación de ella bajo de su piel—. Pero eres totalmente caliente por tu cuenta. No necesitas esta fiebre.

Ella subió la mano, imitando los movimientos anteriores de él, aunque sus dedos no eran tan gentiles. Todavía estaba débil por la fiebre, y la energía extra que le tomó levantar su mano hizo sus movimientos más torpes.

—Tú eres caliente, también. —Pasó un pulgar a lo largo del labio de él—. Y lindo.

Él sintió que un tipo diferente de calor se extendió a través de su pecho cuando atrapó la mano de ella, sosteniéndola brevemente hacia sus labios.

—Estás delirando.

Ella negó con la cabeza a pesar de que su respiración se agitó.

—Ugh. —Hizo una mueca—. Estoy asquerosa. —Se encorvó, y Edward tuvo que girar rápidamente para agarrarla antes de que se deslizara sobre él—. Así no es cómo quería terminar en tu cama —murmuró.

—¿Qué? —se atragantó Edward.

Pero Bella ya estaba durmiendo de nuevo.

Deslizándose de la cama, se arrodilló en el piso observándola durante varios minutos.

Se rio de sí mismo con ironía, enterrando las palmas de sus manos en sus ojos.

Durante años, había contenido la parte de él que deseaba esto. Esta chica —esta mujer— estaba fácilmente despertando deseos y sueños que él se había convencido que eran inalcanzables. Él deseaba esto: cuidar a alguien en la enfermedad y en la salud, y tener a esa persona cuidándolo de la misma forma. Tanto como trató de vivir su vida sin arrepentimientos, cada tanto sentía una punzada. En sus más bajos y más altos momentos él deseaba una pareja, alguien que habría estado orgullosa cuando él se graduara de la escuela de mecánicos. Los malos momentos, cuando él se sintiera tan desesperadamente cerca de ser un completo y total fracaso, habrían sido soportables con alguien en quien apoyarse.

Edward suspiró, estirando su mano de nuevo. No tocó a Bella, pero dejó a su mano vagar por la línea del cuerpo de ella, tan cerca que sentía el calor que exudaba. Él quería lo mejor para esta mujer, verla realizar sus sueños y alcanzar su verdadero potencial.

Por esa razón no podía enamorarse de ella.

No era que él pensara que no era digno de amor. Edward era, sobre todas las cosas, realista. No tenía sentido negar la realidad de su situación. Su única noche sin preocupaciones le había dado un hijo hermoso, pero eso le había privado de mucho.

Cualquier mujer con la que él pudiera incluso contemplar salir tendría que amar a su hijo incondicionalmente. Ella se convertiría en una madre, quizás no igual que una madre, pero era un título con responsabilidades y expectativas. Convertirse en madre para un niño de siete años no era una cosa justa para pedirle a una mujer de veintiún años. Convertirse en padre a los veintiuno había sacado su vida de curso; no quería arriesgarse a lo que pasaría si él la cargaba a ella con sus problemas.

Simplemente no quería arriesgarse a que ella se perdiera algo por el bien de estar con él.

Edward rio para sus adentros, sonriendo con tristeza.

Él amaba a su hijo, claro que lo hacía. Aun así, no podía evitar sino arrepentirse de que nunca había tenido la oportunidad de una relación fácil. Si fuera solamente él, se podría permitir entregarse por completo, seguir los caprichos de su corazón. Simplemente no era tan sencillo. No iba a jugar juegos, no con la vida de Benjamin y no con la de Bella.

Punto.

Con un suspiro melancólico, se puso de pie. Aflojó la sábana del enredo de cobijas en sus pies, moviéndola para cubrir las piernas desnudas de ella así no estaría indecente si Benjamin deambulaba por ahí, además de que era más fácil encontrar determinación en su plan de no intervención cuando no tenía que imaginar cómo se sentiría deslizar sus manos a lo largo de la parte posterior de sus muslo, levantando la pierna de ella alrededor...

Suficiente.

Inclinándose, la besó en la frente como había hecho la noche anterior, esperando que su hijo tuviera razón y que eso la hiciera sentir mejor.


Nota traductoras:

¡Hola! Ya estamos de vuelta, lamentamos mucho la tardanza.

¿Qué les ha parecido este outtake de Edward? Si son buenas y nos cuentan sus opiniones en un comentario, tal vez tenemos una sorpresa para ustedes dentro de un rato ;) ;)

¡Hasta el próximo capítulo!