Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
The Boy At Table Seven
By: LyricalKris
Traducción: Sarai GN
Beta: Flor Carrizo
Capítulo 9: En casa para las vacaciones
Bella terminó quedándose todo el fin de semana por insistencia de Edward. Tenía que admitir que se sentía bastante mal. Durmió la mayor parte del sábado y el domingo se despertó sintiéndose al menos lo suficientemente mejor como para sentarse en posición vertical durante unos pocos minutos.
Edward fue increíble. Fue a buscar todo lo que ella quiso o necesitó y unas cuantas cosas que no. Cuando estuvo más consciente el domingo, se sentó con ella, solo charlando o repasando los puntos más finos de su ensayo para la beca que solicitaba.
Con todo, a pesar de la enfermedad terrible y su vergüenza cuando se dio cuenta de lo mal que se veía, no fue un mal fin de semana.
Él sonrió cuando ella expresó su mortificación por su estado descuidado y le tocó la barbilla.
—Cada dos días que nos vemos, estás perfecta. Se te permite unos pocos días de secreciones nasales, nariz roja y flemas.
Bella bajó la cabeza, a la vez disgustada por su reconocimiento de que ella, de hecho, se veía peor de lo que imaginaba y complacida de que la había llamado perfecta.
Esa noche, sin embargo, ella insistió en ir a casa. No estaba tan temblorosa ni fuera de sí. Sin embargo, antes de que él la dejara ir, la hizo prometer que llamaría al trabajo y a la escuela para reportarse enferma el lunes. Se estaba sintiendo mejor y no quería que la enfermedad permaneciera mucho tiempo.
Tomando su consejo, ella no fue a clases y llamó al trabajo. Por la tarde, él le envió un mensaje de texto diciéndole que había ido a la cafetería y, por una vez, estaba contento de no verla allí.
Bella dudó un momento antes de escribirle lo que esperaba que él tomara como una respuesta de corazón.
¿Eso significa que, por lo general, estás feliz de verme?
Su respuesta fue casi inmediata.
Siempre.
Bella se estremeció con una oleada de placer. Volvió la cabeza, enterrando la cara en la almohada para cubrir su amplia sonrisa. Era tan tonto estar tan feliz por una pequeña respuesta.
Respirando profundamente, trató de ignorar sus fantasías de colegiala.
A pesar de toda la sensación de que estaba enferma, el fin de semana había sido tan íntimo. La forma en que él se había posado en el borde de la cama, la forma en que la había tocado —empujando su cabello detrás de las orejas o envolviendo su brazo alrededor de los hombros para mantenerla en posición vertical—, la forma en que la adoraba, persuadiéndola cuando ella no quería tomar su medicina; todo no se sentía como que estaba bajo el cuidado de un amigo, sino de un amante.
A veces, cuando él la miraba, ella pensaba que eso era lo que él quería.
Recordando a Amun y la rapidez con que había conseguido tergiversar y complicar algo mucho más inocente de lo que parecía, Bella de nuevo apartó el dolor de la añoranza. No era tan simple como ellos querían, ella lo sabía. No era tan ingenua. Había algo entre ellos. Ella sabía por la mirada de sus ojos que él lo sentía.
Normalmente, no era el tipo de chica que no hacía nada y esperaba a que un hombre la buscara, pero era diferente con Edward. Lo que él necesitaba era un amigo. Ella no iba a correr el riesgo de echar a perderlo todo para ambos solo porque ella soñaba cómo sería poder darle un beso.
Por supuesto, él lo hacía tan difícil a veces.
El martes, él entró en el café sin Jasper y Emmett. Tanya le hizo un puchero en broma cuando él pidió sentarse en la sección de Bella.
—Haces que una chica se sienta como si huele o algo así.
Bella observaba desde un rincón lejano mientras le sonreía en disculpa.
—No, en absoluto. Hueles como pastel de manzana. —Él movió las cejas juguetonamente y Bella se reprendió por el oleaje ridículo de celos que la recorrió.
Pero entonces Edward la miró, su sonrisa cambiando a traviesa.
—Es sólo que cuando una chica pasa el fin de semana en tu cama, hay normas que deben cumplirse.
Bella soltó el vaso de plástico que tenía en la mano, conmocionada cuando Tanya, Eric, Jessica, Mike y todos se volvieron para mirarla.
Los ojos de él brillaban de alegría y Bella se dio cuenta, de repente, de que le estaba tomando el pelo. Ella le había dicho acerca de la preocupación de sus compañeros de trabajo sobre ellos tres —Jasper, Emmett y Edward—, así como la imaginación muy activa cuando se trataba de Bella y Edward. Obviamente, él estaba tomando la oportunidad de tenerlos a todos ellos en un manojo de nervios.
—Gracias por eso —dijo Bella, sacudiendo la cabeza cuando fue a tomar su orden—. Ellos van a estar encima de mí en el momento en que te vayas.
Él se rió entre dientes.
—Estás tan roja como estabas el sábado. ¿Estás segura de que la fiebre no ha vuelto?
En todo caso, el rubor de Bella solo se profundizó.
—Eres terrible.
Su sonrisa de respuesta fue sin disculpa.
—Lo sé.
Ella se detuvo un instante, sus ojos se encontraron con los suyos. Ella tenía ganas de subirse a su cabina para darle un beso. Sería lo justo. Si él realmente quería darle a los demás algo de qué hablar, ¿por qué no ir hasta el final?
La idea la hizo sentirse mareada.
Se aclaró la garganta, tartamudeando con las palabras, pidiéndole su orden.
Dejando caer su mirada, él parpadeó un par de veces, como si se hubiera olvidado dónde estaba y lo que estaba haciendo.
—Um. ¿Qué hay de tres especiales para llevar?
Ella asintió y fue a entregar su orden.
Efectivamente, tan pronto como se puso detrás del mostrador, Jessica se acercó a ella.
—Um. ¿Hola? ¿Pasaste el fin de semana con él?
Bella rodó los ojos, echando una mirada despectiva en la dirección de Edward. Estaba observando, por supuesto, con una expresión divertida.
—Sí, es verdad.
Jessica chirriaba. Era un sonido extraño de adolescente viniendo de una mujer de unos treinta años.
—¡Dímelo todo! —susurró a gritos—. ¿Quién hizo el primer movimiento?
Bella sacudió la cabeza, consiguiendo su orden.
—Él me besó primero —dijo animosamente mientras se dirigía a tomar la bolsa de llevar.
—Para tu información, estoy reconsiderando nuestra amistad. —Ella se cruzó de brazos mientras él salía de la cabina.
Pareció contemplativo un momento antes de inclinarse. Su cercanía la cogió con la guardia baja y la dejó en completo shock cuando sintió sus labios contra su mejilla, tan cerca de su boca.
Cuando se apartó para mirarla, sus ojos parecían más oscuros, llenos con el mismo anhelo intenso que ella sentía en el fondo de su vientre. Su suspiro fue suave, melancólico.
—Diviértete con eso —dijo, con la voz ronca.
Puso un billete sobre la mesa para cubrir la cuenta y desapareció en el segundo siguiente, dejando a Bella mirando detrás de él.
Los demás se reunieron con ella.
—Detalles. Necesitamos detalles —exigió Eric.
Bella estaba tan fuera de sí, que no tenía la capacidad mental para mantener el engaño en ese punto. Ella les dijo la verdad, restando importancia a las ideas románticas.
—Él sólo estaba siendo un buen amigo.
Los otros se miraron unos a otros, sus expresiones iban desde desconcertados a dudosos.
—No estoy segura sobre eso, Bella —dijo Tanya lentamente—. Si mi amigo estuviera enfermo, le diría que permanezca en cama y que se sienta mejor.
—Sí —estuvo de acuerdo Jessica—. Lo que él hizo es parte de esa mierda de "para apoyarte y cuidarte en la salud y la enfermedad".
—Eso es algo como de príncipe azul. —Eric suspiró con tristeza—. Cariño, créeme que si uno de mis novios alguna vez me ve enfermo, se alejaría tan rápido que no lo vería durante años —se burló—. ¿Pero este? Él entró y te miró hoy de la misma manera que siempre lo hace.
Jessica y Tanya asintieron.
Bella resopló.
—¿Cómo me mira?
Sorprendentemente, fue Mike quien respondió.
—Él te mira como si fueras algo de comer. —Los demás se rieron, pero Mike negó con la cabeza—. Dejen a la chica en paz —advirtió—. ¿Alguna vez han pensado que a lo mejor un tipo con un niño tal vez no es tan buen partido como piensan que es?
—¡Benjamin es genial! —protestó Jessica antes de que Bella pudiera.
—Por supuesto que lo es, ese no es el punto. Solo digo que están empujando a esta pobre chica a la maternidad instantánea. —Él palmeó la espalda de Bella confortadoramente—. La vida del hombre no es un cuento de hadas. Príncipe azul —repitió, burlándose.
—Oh, no seas tan chapado a la antigua —reprendió Tanya—. Las complicaciones son las que hacen la vida hermosa.
~ 0 ~
Dos semanas más tarde Bella se encontraba en Forks, visitando a su padre por el feriado de Acción de Gracias. Cuando se sentó a la mesa con Charlie, su esposa Sue y sus hijos, Seth y Leah, ella no podía dejar de pensar en Edward.
Él no estaba solo hoy, lo que la reconfortaba un poco. Sin familia con quien hablar, Edward le había dicho que por lo general dejaba que Kebi tuviera a Benjamin. Bella había estado tentada a quedarse para que él no estuviera solo, pero él le había asegurado que Jasper y Alice lo habían invitado; estaría con amigos.
Al mirar alrededor a su extensa familia, Bella, una vez más, sintió un destello de ira hacia sus padres. Debían estar con él.
No se suponía que los padres abandonaran a sus hijos, sin importar la edad.
—Oye, Bella. —Su padre la trajo de vuelta al presente—. Vamos a visitar a Carlisle y Esme mañana. Preguntan por ti todo el tiempo. ¿Quieres venir con nosotros?
Bella sonrió de forma automática.
Carlisle y Esme Cullen —qué coincidencia, pensó— eran bien conocidos y amados en la pequeña ciudad de Forks. Eran el tipo que eran los abuelos de todo el mundo. Cuando Bella tenía diecisiete años —poco después de que ella dejó a su madre para irse a vivir con su padre— Carlisle había sido gravemente herido cuando corrió a la calle para quitar del camino a un hombre que había tropezado frente a un coche que se aproximaba, siendo golpeado él mismo. Bella todavía recordaba cómo todo el mundo había hablado. Fue un milagro que hubiera vivido en absoluto, y era algo irónico. Carlisle había sido un cirujano increíble, si hubiera sido capaz de trabajar en sí mismo, podría haber tenido una mejor oportunidad.
Como fuera, él sobrevivió, por supuesto, pero nunca se había recuperado totalmente. Él y su esposa estaban entrando a los setenta años y vivían solos en una casa muy, muy grande para ellos. El penúltimo y último año de escuela de Bella, había visitado con frecuencia a los Cullen para ayudarlos como pudiera. Había hecho pequeñas cosas —les llevó comestibles, cocinaba, limpiaba un poco— lo que pudiera hacer para hacerles la vida un poco más fácil.
—Sí —estuvo de acuerdo Bella—. Sería muy bueno verlos.
~ 0 ~
Tan frágil como se veía a veces, el abrazo de Esme Cullen era estrecho y feroz.
—¡Bella, es tan bueno verte!
Carlisle hizo eco de ese sentimiento. Su abrazo fue de una mano, su otra mano estaba apoyada en un bastón, pero tan fuerte como el de su esposa.
—Vaya, estás en buenas condiciones, Carlisle —dijo Bella. Era una verdad a medias. Él estaba sin duda mejor que los días en que había sido relegado a una silla de ruedas, pero el temblor en la mano mientras se apoyaba en el bastón era notable.
Esme se inclinó para que pudiera fingir un susurro.
—El viejo tonto obstinado aborrece su andador. Siempre me temo que se va a caer y, entonces, ¿qué voy a hacer?
—Escuché eso.
Esme se puso las manos en las caderas.
—Debiste casarte con una levantadora de pesas. —Ella suspiró, pero envolvió sus brazos alrededor de su marido y le dio un beso con adoración.
Los labios de Carlisle se elevaron en las esquinas y acarició la mejilla de su esposa con la nariz antes de mirar a Bella.
—Ya sabes lo mucho que se preocupa. Estoy bien. Además, Brett está aquí casi todos los días. Él no me deja ni levantarme sin ayuda.
Se trasladaron a la sala de estar, Carlisle y Esme hablando muy bien del enfermero de atención domiciliaria, Brett Warner, que por lo general estaba con ellos. Sin embargo, cambiaron de tema rápidamente hacia Bella, insistiendo en escuchar todo acerca de lo que había estado haciendo desde la última vez que hablaron.
Sue resopló.
—No estoy seguro de que puedas decirles nada que no hayan oído ya.
Esme se rió y palmeó la mano de Bella.
—Tu padre habla de ti todo el tiempo. Un papá orgulloso.
Charlie parecía avergonzado y empezó a inventar una excusa, pero Carlisle lo detuvo.
—No hay vergüenza en estar orgullosos de los logros de los hijos.
Hubo dolor en su tono y una pesadez en el aire que Bella no entendía. Ella se aclaró la garganta y empezó a hablar de sus clases y la beca que iba a solicitar.
Después de un rato, con los otros envueltos en la conversación, Bella se ofreció voluntariamente para hacer algo de comer para todo el mundo.
—Voy a venir a ayudarte en un momento, querida —dijo Esme por encima del hombro.
—No hay necesidad —respondió Bella de vuelta, tan inútil como sabía que era. Incluso cuando Bella estaba en la escuela secundaria y el punto de venir era que Esme pudiera tener un descanso, la mujer estaba siempre corriendo para ayudar.
Sacudiendo la cabeza, Bella se dirigió por el pasillo hacia la cocina que estaba en la parte posterior de la casa. No por primera vez, se le ocurrió lo triste que esta casa la hacía sentirse. Esta era una casa que debería haber sido llenada con una familia. Ella nunca había entendido por qué los Cullen la conservaron. El primer año después del accidente de Carlisle, cuando finalmente se le permitió volver a casa, habían tenido que mantener una cama de hospital en el estudio porque él no podía subir las escaleras.
Simplemente era demasiado para la pareja de ancianos.
Bella hizo una pausa al final del pasillo, rozando los dedos sobre una imagen de una pareja joven. Sus ojos brillaban de felicidad, la promesa y el profundo amor que compartían hasta estos días.
En el pasado, Bella nunca se había detenido a mirar la fila de imágenes que se alineaban en el corredor. Siempre estaba haciendo otras cosas. Sacudiendo la cabeza, Bella comenzó a alejarse de la foto de un joven y sano Carlisle y Esme, y se congeló.
Había una foto de un niño pequeño, de unos siete años de edad, con el pelo rebelde y ojos verdes brillantes. Podría haber sido el hermano de piel más clara de Benjamín.
La mano de Bella cubrió su boca, sus ojos ampliándose. Miró, realmente miró las otras fotografías en la pared.
Era el mismo chico una y otra vez a medida que crecía. Era un niño. Era un adolescente. Estaba sonriendo hacia ella, de alguna manera haciendo que el horrible traje amarillo de graduación de la escuela de Forks se viera bien.
Edward.
Un joven, más despreocupado, Edward sonriendo mientras posaba con Carlisle y Esme para una foto de familia. La mano de Carlisle estaba en su hombro. Esme estaba a su lado.
Bella saltó cuando la mano de Esme la alcanzó, rozando sobre la imagen. No se había dado cuenta que se había acercado.
Los ojos de Esme brillaban por las lágrimas contenidas.
—Este es nuestro hijo —dijo en voz baja.
Bella tragó con dificultad. La cabeza le daba vueltas.
—¿Que pasó? —se encontró preguntando.
La mujer inclinó la cabeza. Respiró profundo un par de segundos antes de mirar a Bella y sonreír.
—Oh, querida. Eso es...
—Lo siento —dijo Bella al instante. Tan confundida y curiosa como estaba, odiaba causarle a una mujer tan dulce y amable como Esme Cullen cualquier tipo de dolor—. No debería haber preguntado. No sé por qué... —Sacudió la cabeza—. Es solo que no recuerdo haber visto estas fotos.
Esme le acarició la mano.
Cuando entraron en la cocina, en lugar de ayudar a Bella como pretendía, Esme se sentó y le contó una historia.
—Carlisle y yo queríamos una gran familia —comenzó con melancolía—. Tratamos. Oh, Dios cómo lo intentamos, pero... —Sus labios fruncidos, con voz temblorosa—. Nunca se pudo. Es solo que nunca se pudo.
»Vivimos nuestras vidas. Los dos teníamos muy buenas y exitosas carreras, así que no era que nuestra vida estaba vacía, pero algo faltaba. Seguimos esperando, seguimos intentando. Compramos esta casa y soñamos con el día en que la llenaríamos con nuestros hijos.
»Justo cuando habíamos decidido considerar la adopción, quedé embarazada. Era un niño. Un niño hermoso que llamamos Benjamín.
Bella se tragó un jadeo.
—Él murió cuando tenía dos años.
—Oh, Dios. Esme. Lo siento tanto.
Esme levantó la cabeza, con los ojos llorosos.
—Fue una alegría que nunca lamentaré —dijo en voz baja—. Pero nos llevó mucho tiempo para recuperarnos de su muerte. En ese momento, no consideramos la adopción de nuevo y comenzamos a aceptar que no estábamos destinados a tener hijos.
»Tenía cuarenta y dos años cuando fui al médico, creyendo que estaba entrando en la menopausia, cuando me dijeron que estaba embarazada de tres meses. —Esme se rió entre dientes—. Hablando de la sorpresa de tu vida.
—Apuesto que sí.
Esme apretó los labios y respiró para calmarse.
—Edward... Edward fue un regalo. Era un niño tan amoroso, dadivoso y complejo. Era nuestra alegría, nuestra vida.
»Pero sabes, perder a nuestro Benjamin y tenerlo en el momento de nuestra vida que lo tuvimos... —Se interrumpió, dándose golpecitos con los dedos en la barbilla mientras miraba a lo lejos. Suspiró—. Mirando hacia atrás, puedo ver que pusimos tanta presión sobre él. Queríamos todo para él. Era nuestro único hijo. Creo que lo presionamos tanto y creo que la idea de decepcionarnos era dolorosa para él. —La mirada en sus ojos era atormentada—. Poco después de su vigésimo primer cumpleaños, sabíamos que algo estaba mal. Se encontraba en un estado de agitación, por decir lo menos. Sin importar cuánto lo intentamos, no se abrió durante un largo tiempo.
»Entonces, finalmente nos dijo que había embarazado a una chica.
La respiración de Bella quedó atrapada en su garganta y se tensó. Edward no hablaba de sus padres en absoluto, así que todo lo que pensaba era suposición. Ella esperó.
—Carlisle y yo... no estábamos seguros de cómo reaccionar al principio. Aun así no nos decía mucho. Sabíamos que la mujer no era su novia, que era una extraña. No nos dejaba conocerla. Pudimos haber sido más... despectivos de lo necesario en el calor del momento. Fue un shock. Edward era un chico listo, inteligente, y no enten…
Se interrumpió, cerrando los ojos brevemente antes de mirar a Bella.
—No hay excusas. A ese punto lo que pasó, pasó, y debimos haber sido de apoyo. —Ella ladeó la cabeza—. Lo intentamos. Le dijimos que lo ayudaríamos, incluso si la chica tomaba la decisión de interrumpir el embarazo. Incluso nos ofrecimos a pagar. —Ella sacudió la cabeza—. Eso no salió del todo bien. Edward pensó que estábamos defendiendo esa elección, que no era el caso. Nos llamó hipócritas, que lo habíamos criado para asumir la responsabilidad por sus acciones, y las cosas escalaron desde allí. No podíamos decir lo correcto. No oyó lo que estábamos tratando de decir. Estaba enojado. Estábamos a la defensiva y simplemente devastados por él.
Las manos de Esme se retorcieron en la parte superior de la encimera mientras daba un suspiro tembloroso.
—Entonces nos dijo que dejaba la universidad. Tuvimos una muy fuerte pelea esa noche. Tratamos de decirle que no necesitaba hacerlo. Mira a tu alrededor. —Ella hizo un gesto hacia la casa—. Teníamos los medios para ayudarlo. Pero él no quiso. No quería nuestra ayuda. Él quería cuidar de su hijo por su cuenta y por más que tratamos de decirle que aunque permanecer en la escuela podría ser más difícil, sería lo mejor a largo plazo, no nos escuchó.
El sonido de sus respiraciones, cargadas de tanta emoción, era ruidoso en la tranquila habitación, mientras Esme ordenaba sus pensamientos.
—Él salió de la casa y le dije a Carlisle que no fuera tras él. —Su voz se quebró—. Pensé que estaría de vuelta. Pensé que solo necesitaba un minuto para calmarse; nosotros ciertamente necesitábamos calmarnos. —Lágrimas gemelas corrían por sus mejillas y las apartó con aire ausente—. Pero él no volvió. Apagó su teléfono, se mudó de su dormitorio, cosas que pagábamos para él, y simplemente... desapareció.
Sus últimas palabras fueron un susurro.
Bella se movió hacia delante, al instante envolviendo sus brazos alrededor de los hombros delgados de Esme. Su mundo estaba desbalanceado mientras consolaba a esta madre enferma. No tenía idea de dónde era arriba o qué estaba bien.
Y no tenía idea de lo que iba a hacer con las cosas que sabía.
Sin darse cuenta Bella se enteró de toda la historia... ¿y ahora qué creen que vaya a hacer? ¿Le dirá a Edward lo que sabe o esperará a que él le cuente?
Nos encantaría que nos cuenten qué creen ;)
¡Hasta el próximo capítulo!
