¡Hola!

Sabemos que publicamos ayer, pero: ¿para qué lo vamos a tener guardado si ya está acabado?

Esperamos que os guste mucho este capítulo y nos comentéis qué os va pareciendo la historia.

Gracias a los que comentáis los capítulos, nos encanta leer vuestras opiniones.

NEKINSEY.


CAPÍTULO 11.

¿Cuántos días habían pasado ya? ¿Quince? ¿Veinte? Estaban a finales de noviembre y Lexa no podía contar con exactitud la cifra, pues desde la noche de la fiesta parecía que había entrado en un sueño del que no quería escapar. Un sueño que estaba nublado por la culpa que todavía le embargaba en lo relativo a su mejor amigo…

Desde aquella noche había visto a Clarke todos los días: cuando se encontraban en la biblioteca en aquella mesa y rincón especial para ellas, bajo la luz del atardecer cuando ya apenas había gente por el campus y ellas paseaban agarradas de la mano, las citas nocturnas al cuarto de la otra y fuera de la universidad,... Todo estaba perfecto. Era perfecto. Quería que siguiese siendo perfecto.

Aunque los primeros días Lexa continuaba un poco reticente a las atenciones de Clarke, había aceptado sus sentimientos plenamente y poco a poco se estaba dejando llevar por ellos. Si le apetecía acariciarle la mejilla, lo hacía; si deseaba apartarle el mechón de pelo que ocultaba sus ojos de vez en cuando, también; al igual que si la rubia se acercaba en exceso no podía evitar sellar sus labios con los de ella.

Sin embargo, en alguna que otra charla, el tema de Bellamy salía a colación, incluso Lexa lo sacaba a la superficie: no podía imponer por completo su felicidad a la de su amigo después de todo lo que habían hecho el uno por el otro a lo largo de los años. Era inconcebible para ella. Se seguían encontrando en las clases que compartían y cada vez hablaban más antes de que llegase la hora de empezar, pero aun así Lexa sentía que no todo era igual… El final del cuatrimestre estaba cerca y con ello las vacaciones de Acción de Gracias y Navidad. Esperaba arreglar antes de esas fechas la relación con Bellamy. Justamente cuando entraba por la puerta de clase, lo vio venir por el pasillo con Monty y Jasper. Durante estos días la confianza con su compañero de habitación se había hecho más fuerte y, además, también con los amigos de este: Jasper y Murphy. Lexa no sabía cómo era posible que Bellamy y Murphy se tolerasen ahora cuando hacía menos de un mes que no podían ni mirarse a la cara y evitaban a toda costa encontrarse por la facultad. La gente cambia, pensó.

Bellamy observó a su amiga, que lo miraba desde una esquina del aula pensativa: ambos levantaron la mano al mismo tiempo como saludo, antes de que volviese a mirar hacia Monty, que compartía esa asignatura con ellos. A pesar de estar manteniendo una conversación con su amigo, no podía dejar de pensar en la discusión que tuvo con Clarke en los vestuarios y había dejado pasar ya muchos días. Cogió su móvil disculpándose con su amigo antes de enviar un mensaje a su hermana para verse por la tarde: necesitaba hablar con ella.


Llevaba un rato dándole vueltas a las estadísticas que daban como resultado un estudio que Kane le había hecho estudiar durante sus prácticas con él, pero no lo veía nada claro. Normalmente se sentaba en una pequeña mesa a la derecha del profesor mientras este se encargaba de hacer otras gestiones, como corregir exámenes. Si tenía alguna duda solía preguntarle y él se la respondía, aunque eso significaba perder unos diez minutos de las prácticas porque a Kane le gustaba hablar más de lo normal.

Cuando releyó los resultados junto con las explicaciones del estudio alrededor de unas ocho veces, decidió preguntarle.

-Profesor…

-Dime -le respondió sin mirarle siquiera, con la nariz casi pegada a los papeles que tenía sobre el escritorio.

-Tengo una duda con este apartado y…

-Antes de nada -empezó a decir, quitándose las gafas con un rápido movimiento de mano y dejándolas sobre los documentos-, te he dicho una y mil veces que me llames Kane. La próxima vez no te contestaré hasta que lo hagas, Bellamy.

El chico asintió. Aunque llevaba más de un mes trabajando con él, le costaba mucho hacerse a la idea de llamarlo por su nombre, incluso habiéndolo visto en casa de Clarke como el novio de su madre y no como su profesor. El hecho de pensar en ese recuerdo le causó una pequeña punzada de dolor en el pecho y se quedó con la mirada fija en un punto concreto.

-... ya sabes que aquí somos iguales, no profesor y alumno, Bellamy -parecía que Kane había estado hablando durante un rato en el que el chico se había abstraído de la realidad-. Oye, ¿me estás escuchando? -le preguntó, acercándose a él con la silla y tocándole el hombro.

-Eh, sí, sí. Lo siento, prof… Kane.

-Últimamente te veo muy… distraído, sí, esa es la palabra -le comentó el mayor, haciendo una floritura con la mano-. ¿Te encuentras bien?

-Sí, bueno, eso creo…

-Espero que vuelvas a venir a casa de Abby y Clarke -le dijo, echando un vistazo al folio que tenía Bellamy entre las manos-. Tuvimos una cena bastante agradable la última vez, ¿verdad? -Bellamy seguía sin responder, cabizbajo- ¿Verdad?

-Sí… -Kane se extrañó ante la respuesta tan escueta del muchacho. Bellamy no solía hablar en exceso, pero tampoco se callaba nada.

-Hijo, ¿estás bien? -el tono de voz del hombre cambió a uno mucho más serio y Bellamy por fin reaccionó.

-Ya te lo he dicho, Kane… Claro que estoy bien.

-No, eso no me has dicho, Bellamy.

-Sí.

-Sabes que no.

-Que sí.

-No.

-¡¿Puedes dejar el tema, por favor?! -exclamó de repente Bellamy. Con la mano tiró los bolígrafos que había sobre la mesa y una libreta, que hicieron un ruido sordo al caer al suelo. Bellamy suspiró y se agachó para recogerlos y colocarlos en su sitio de nuevo bajo la atenta mirada de Kane, que no dijo nada en el proceso- Lo siento, es que…

-Bellamy, no sé si para ti será igual, pero desde mi punto de vista eres uno de los mejores estudiantes de esta promoción y de los que he tenido a lo largo de mi carrera -tal afirmación dejó de piedra al chico: no todos los días te alaban de esa forma-. Por eso me gustaría saber cuándo un alumno al que le tengo mucho aprecio y al que considero especial le preocupan ciertas cosas que, además, puedan interferir en su labor académica.

-No tiene importancia.

-Por favor, deja que te escuche, igual puedo ayudarte -Bellamy se quedó mirando al profesor, que lo observaba con preocupación, y decidió dejarse ayudar no sin antes dar un suspiro y sentarse un poco más cómodo en la silla.

-He… tenido algunos problemas estos días -Kane asintió sin interrumpirle-, así que puede ser que haya estado un poco más ausente.

-No hace falta que lo jures, hijo. Se te notaba de lejos.

-Ya, bueno… -Bellamy se pasó la mano por la nuca, sin saber muy bien qué contarle al profesor. Tenía más confianza con él que con otro cualquiera, pero no sabía hasta dónde llegaba el límite- La cosa es que creía que había… empezado una relación y no era así.

-¿Una relación… amorosa? -preguntó Kane con la ceja alzada.

-Sí, una relación amorosa -repitió Bellamy. Kane volvió a asentir-. Al final esa relación no salió tan bien como yo me esperaba… -cada palabra le dolía a pesar de que hacía casi un mes desde aquella noche de Halloween.

-¿Tiene algo que ver Clarke con todo esto? -Bellamy se tensó ante la mención del nombre de la chica y, con bastantes dudas, asintió lentamente- Entiendo.

-Parece ser que yo veía algo que… bueno, que en realidad no existía -a medida que pronunciaba la frase, el tono de voz iba disminuyendo, como si en el fondo no quisiese que nadie más supiera lo mucho que sufría por todo ello.

-¿Y por eso estabas así estos días?

-Exacto.

-Ahora encaja todo un poco más -¿cómo?, pensó Bellamy. ¿Qué tenía que encajar?-. Verás, Bellamy, en mi vida personal tengo cierta pasión por… los rumores, digámoslo así. Así que te diré que creo que no has sido el único que ha estado un poco raro por esa razón.

-No lo entiendo…

-Lo que quiero decir es que escuché a Abby y a Clarke hablar en casa sobre ello, pero tampoco me ha parecido pertinente sacarte el tema hasta que tú no quisieras -Bellamy lo miraba con los ojos de par en par, esperando a que su profesor le contase qué sucedía-. Pues bien, en la conversación Clarke le contaba a Abby que había tenido contigo un comportamiento… inusual; que ella no solía ser así y que se arrepentía de haberte hecho daño, pero que sentía algo muy fuerte por… ¿cómo era el nombre?

-Lexa -contestó Bellamy antes de que Kane terminase de hacer la pregunta.

-¡Eso! Es amiga tuya también, ¿verdad? Y una excelente alumna, debo decir. Con un nombre tan precioso que se me olvida a cada momento… -se dio unos pequeños golpecitos en la frente a modo de castigo- Será la edad.

Bellamy no sabía qué decir en ese momento. ¿Clarke le había contado a su madre lo que había pasado entre ellos y también lo que sentía por Lexa? Vaya, era algo que no se hubiera esperado en absoluto.

-En definitiva -continuó Kane-, me parece lógico que estés así por un desengaño amoroso, pero no puedes mantenerte en el pasado por mucho que lo desees -a Bellamy le dieron ganas de preguntarle que por qué no podía, aunque ya sabía la respuesta: no era la realidad-. Sin embargo, es verdad que si era algo nuevo para ti o tus sentimientos eran bastante intensos, te costará un poco de tiempo dejarlos a un lado.

-Vaya, gracias -dijo con ironía Bellamy. Kane le permitía el lujo de hablarle tan abiertamente.

-Bellamy, ¿recuerdas la pregunta que te formulé en la primera clase que tuvimos? -el chico pensó por unos instantes en ello y sí, en efecto, se acordaba de la pregunta- Te pregunté qué era más importante, si la teoría o la práctica.

-Es verdad.

-Bien, ahora dime: ¿cuál fue tu respuesta?

-La teoría.

-Exactamente. Ahora te voy a exponer el siguiente ejemplo: una persona conoce a la perfección las reglas de lo que hoy se considera amor, se las sabe de memoria y reconoce todos los signos que ello conlleva. Es decir, se ha estudiado la teoría con ansia. Poco después esa persona se enamora: tiene todos los conocimientos aprehendidos, solo le falta la práctica. ¿Cómo crees que le irá a esa persona?

-Pues no lo sé…

-¡En efecto, Bellamy! No se sabe. A pesar de que la teoría parece, al menos a simple vista, perfecta e inamovible, llevada a la práctica puede suceder cualquier cosa: esa persona enamorada puede vivir los mejores momentos de su vida, pero al mismo tiempo puede sentirse el ser más desdichado del mundo. No obstante, todo lo que haya aprendido de esa experiencia le servirá tanto para completar la teoría como para la próxima vez que la ponga en práctica. Por lo tanto -terminó, con una pequeña sonrisa en los labios-, te vuelvo a preguntar: ¿qué es más importante, Bellamy? ¿La teoría o la práctica?

En ese instante, pareciera como si Kane le hubiese abierto los ojos ante algo que estaba más que escondido, tanto en su interior como en el exterior.


Cuando llegó al bar, Octavia ya estaba allí y soltó un suspiro tras coger aire profundamente. Se sentó frente a ella, y ambos pidieron una cerveza para hablar. No esperaba otra expresión en el rostro de su hermana que esa mirada penetrante que echaba cuando estaba molesta con algo, así que decidió empezar con lo que la iba a hacer soltar la primera bordería.

-¿Cómo está Lexa? -debía admitir que cuando su hermana levantaba la ceja siempre había enviado escalofríos por su cuerpo, pero en esa ocasión no lo hizo.

-Está bien -contestó, ahora sí la levantó-. Todo lo bien que puede estar con su mejor amigo pasando de ella.

-O… -empezó, pero la chica levantó la mano.

-Bellamy, lo sé, lo sé todo, pero entiende que esté algo molesta con tu comportamiento.

-Lo entiendo -después de la conversación con Kane tenía la mente más despejaba, debía de admitir.

-Lexa lo ha pasado muy mal. Desde que se enteró de lo tuyo con Clarke, creo que hizo un sacrificio. Yo fui la primera en enfadarme con Clarke, pero hablé con ella, me explicó las cosas y la entendí -hizo una pausa bebiendo un sorbo de su bebida-. ¡Pero también te entiendo a ti! Y lo mismo con Lexa.

-Voy a hablar con ella -confesó-. Hoy mismo: voy a buscarla y voy a hablar con ella -Octavia escondió su rostro en sus manos, y Bellamy arqueó las cejas confundido-. ¿O?

-Es que… -empezó a hablar con la voz entrecortada y mostró su rostro con lágrimas en los ojos- Ha pasado un mes, Bellamy, y he estado en medio de todos sin poder estar de lado de ninguno porque la culpa de todo esto no ha sido de nadie. Ha pasado algo que ninguno habéis podido controlar y todo por no hablar las cosas desde un principio.

-Lo siento… -estiró su brazo y entrelazó sus dedos con los de su hermana- Siento haber hecho que lo pasarais mal. He necesitado muchos días.

-¡Muchos! -le echó en cara, y volvió a pasar su mano por sus mejillas.

-Lo sé -suspiró-. Lo de Clarke sigo sintiéndolo -confesó-, pero ahora comprendo perfectamente que a Lexa le haya pasado igual -sonrió entristecido-: al fin y al cabo, es el mismo sentimiento.

-Bell… Clarke es de mis mejores amigas, Lexa es como mi hermana, y tú eres mi hermano. No sabes lo difícil que ha sido para mi estar apoyándoos a los tres en esto, pero quiero volver ya a la normalidad, por favor. Os necesito a todos.

Bellamy se quedó mirando los ojos vidriosos de su hermana y se llevó su mano a los labios para darle un suave beso en los nudillos antes de sonreírle.

-Te prometo, de verdad, que voy a arreglar las cosas.

-Lexa iba a ir a surfear esta noche.

-¿Sola?

-Suele ir todos los días. Algunos días no porque Clarke va con ella -lo miró con preocupación-. Lo siento, pero debes ir acostumbrándote -el chico asintió-, ambas están enamoradas, y ninguno podemos hacer nada.

-Lo sé.

Ahora ya veía las cosas de otra forma: Clarke sentía lo mismo por Lexa que ambos por ella. Era triste pero cierto, y debía hacerse a la idea. Sonrió a su hermana, intentando hacerle ver que todo estaba bien, dándole un apretón en la mano.

-Reunión de hermanos buenorros -oyeron y alguien se sentó en una silla que había a su lado.

-¿Qué haces aquí? -preguntó su hermana a Raven, que sonreía ampliamente, como siempre y los miraba divertida.

-Ya sabes, este cuerpo no se mantiene en forma solo -se señaló, y Bellamy siguió lo que indicaba con sus manos: iba vestida con ropa deportiva muy pegada a su cuerpo. Parecía que la chica estaba orgullosa de sí misma, y no era para menos.

-Me apuesto a que no eres capaz ni de aguantar diez minutos corriendo de seguido -dijo el chico divertido, guiñándole un ojo.

-¿Perdona? -arqueó una ceja y movió su cabeza haciendo que su pelo también lo hiciese-. Primero -levantó su dedo-, en la cama aguanto mucho más -lamió sus labios y Octavia se dio con la mano en el rostro-, y te reto a una carrera hasta la tienda de bicicletas del final del paseo.

-No me lo digas dos veces -se rio, y la chica se levantó, agarrando el vaso de Bellamy y terminándose su cerveza, antes de empezar a correr.

-¡Eh! -se quejó, y, tras dejar un billete para su hermana, fue detrás de la chica para alcanzarla.

Bellamy se arrepintió de haber aceptado el reto en cuanto comprobó que él iba casi por la mitad del camino cuando la chica ya había llegado a la tienda, sonriéndole desde lejos mientras se apoyaba en la pared.

-¿Qué, estamos cansados? -le preguntó con sarcasmo.

-Cansados no, impresionados -respondió el chico con una sonrisa, pero en cuanto su respiración se calmó un poco esta se borró de su rostro-. Raven, me gustaría pedirte perdón por lo de la noche de Halloween. Estaba muy borracho y...

-No sigas, que yo también quería decirte lo mismo -le interrumpió ella-. Creo que nos pasamos un poco con el alcohol, ¿no? -dijo a la vez que se mordía el labio con gesto culpable. Bellamy se rio ante la cara tan graciosa de la chica.

-Pues sí, parece que sí...

-Por cierto -siguió ella-, si necesitas hablar o despejarte algún día, solo tienes que llamarme.

-¿Despejarme?

-Claro, hombre. ¿No te han dicho nunca que el ejercicio relaja la mente y el cuerpo? -le preguntó guiñándole un ojo. Bellamy rio a carcajadas por lo que Raven había dicho. La verdad es que le encantaba que no se hubiese tomado a mal lo que ocurrió en la fiesta y poco a poco comprobaba que Raven era mucho más de lo que aparentaba en un principio.

-Vale, pero antes tendrás que darme tu número, ¿no?

La chica se rio. Sin darse cuenta, de repente tenía la mano de Raven en el bolsillo trasero de los pantalones. Sacó el móvil de ahí y ella misma se lo escribió en el teclado numérico para luego extendérselo.

-Qué cara tienes... -dijo Bellamy entre risas.

-No más que tú -contestó ella, sacándole la lengua.


Ahí estaba, en la orilla sentada, donde no llegaban las olas, con el traje de surf por la cintura y agarrándose las piernas mientras miraba al infinito. No pudo evitar sonreír: la había echado tanto de menos…

Se sentó suavemente a su lado y se puso detrás del ramo de flores que había cogido para ella.

-Tengo algo para ti -dijo. Lexa se sobresaltó al tener a alguien a su lado y más sin verle. Bellamy asomó sus ojos por encima de las flores y vio la cara sorprendida de Lexa.

-¿Bell? -ambos se miraron a los ojos, y el chico estiró su brazo para que cogiese el ramo.

-Esto es para ti -la chica lo agarró, mirando las flores que lo componían.

-Gracias -dijo en un hilo de voz, y Bellamy rodeó su cuello con un brazo y la acercó a él, abrazándola cuando vio la primera lágrima caer de sus ojos.

Acarició su espalda mientras la chica se sacudía levemente contra él, escuchando sus sollozos, y besó su cabeza cuando notó cómo lo rodeaba con sus brazos, aferrándose a él.

-Lo siento, Lex… He sido un estúpido.

-No, yo he sido la estúpida -se separó de él, dándose en el rostro con sus dedos para limpiarse las lágrimas.

-Bueno, ninguno hemos sido estúpidos -sonrió el chico, agarrando la barbilla de su amiga para que se mirasen a los ojos.

-Yo… no pude controlar nada y…

-Lex, en serio, no tenemos que hablar más del tema, pasemos página. Te entiendo y la entiendo a ella. ¿Quién no se enamoraría de ti? -pasó su dedo pulgar por la mejilla de su amiga, que negaba con la cabeza.

-No, no digas eso, es injusto.

-Es la verdad, eres maravillosa.

-No, tú eres maravilloso, Bell -dijo otra vez emocionada, y el chico se rio divertido.

-Siento mucho si te he hecho daño, a ti o a Clarke.

-Es normal que estuvieses dolido, no debería haberte ocultado nada de mis sentimientos.

-Ni yo debería haber ocultado nada de los míos tampoco, a ninguna de las dos. Pero, ¿sabes qué?

-¿Qué?

-Que ya vendrá la persona perfecta para mí y estará más buena que Clarke -bromeó, haciendo reír suavemente a Lexa.

-Qué tonto eres -y lo abrazó con fuerzas.

-Lexa, eres de lo más importante que hay en mi vida -dijo emocionado, apretándola entre sus brazos e intentando aguantar las lágrimas que iban a salir de sus ojos. Habían sido muchos días de malestar y por fin estaban arreglando las cosas.

-Y tú sabes que tú también lo eres para mí, Bell…

-En fin, demasiadas ñoñadas por hoy -el chico se lanzó sobre Lexa y empezaron a rodar sobre la arena mientras la chica se quejaba y ambos se reían.

Se tumbaron en la arena después de su pequeña pelea, Lexa abrazando las flores, y se miraron sonriendo. Entonces, en ese momento, alguien se les unió.

-Hola -saludó una voz tímida, y Lexa pudo enfocar a Clarke: era cierto, había quedado con ella en ese momento. La rubia estaba de pie junto a ellos y parecía que no se atrevía a acercarse más.

-Hola -le respondió Lexa con una sonrisa en el rostro, con un cariño notable en el tono de voz-. Perdona, Clarke, es que…

-No te preocupes, Lex. Os puedo dejar a solas si lo preferís… -ofreció la chica, aún sonriendo.

-No hace falta, yo ya me iba -dijo entonces Bellamy, separándose de su amiga y levantándose de la arena. Lexa lo miraba desde abajo con los ojos brillantes de alegría por volver a tener a su amigo con ella y como siempre- Pasadlo bien.

El chico miró a Lexa, quien asintió con ganas, y luego a Clarke. Esta se mordió el labio, un poco desconfiada: la última vez que habían hablado, las cosas no terminaron demasiado bien y se notaba que eso le preocupaba. Estaba a un paso de ella y fue capaz de dirigirle una sonrisa cordial. Ahora mismo era lo único que podía permitirse hacer con respecto a la rubia. Ella, sorprendida, le respondió con otra pequeña sonrisa, que daba a entender que ambos, poco a poco, volvían a tener algún tipo de relación.

Un minuto después, Bellamy se encontraba en la acera del paseo marítimo. Se quitó los zapatos, pues se le habían llenado un poco de arena, y los sacudió para volvérselos a calzar. Giró la cabeza y observó cómo Lexa y Clarke se daban un abrazo en la orilla del mar para segundos más tarde separarse y darse un beso en los labios.

Le dolió y no podía negarlo. Ver a Lexa con la que había sido la chica que le había robado el corazón no era lo más agradable del mundo, pero no podía estancarse en eso y tenía que seguir adelante.

-¿Dónde estabas? Te hemos estado buscando por todos lados.

Bellamy levantó la vista y se encontró con Murphy frente a él. Acostumbrado como estaba a verlo con ropa de deporte, le pareció raro que vistiese algo tan informal como unas chanclas, un bañador bastante colorido y una camiseta que no combinada nada con este.

-¿Y tú se puede saber qué llevas puesto? -dijo Bellamy. Se habían convertido en amigos, pero no por ello habían dejado las burlas a un lado.

-Eh, me pongo lo que quiero. Además, todo me queda bien -hizo un gesto de autosuficiencia y Bellamy se rio con el chico.

-Vale, como tú digas…

Unas risas lo sacaron de la conversación y dirigió de nuevo la mirada hacia las chicas: Lexa se había metido en el mar y arrastraba poco a poco a la rubia para mojarla. Bellamy sonrió por la escena. Una mano se posó en su hombro.

-¿Nos vamos, Bellamy? -le preguntó Murphy.

El chico lo miró. Le parecía increíble que ese tío fuese el mismo con el que se había peleado todos estos años de carrera. En fin, dijo para sí mismo, las personas son un misterio. Fijó la vista en el agua del mar y en las dos chicas que jugaban entre las olas con la luz del atardecer de fondo.

-Sí, vámonos -contestó Bellamy, mirando esta vez a Murphy y sonriéndole mientras caminaban hacia la residencia.

Ya era hora de pasar página.


Estaba en su habitación, sola. Era tarde y terminaba de estudiar un tema para un parcial que iba a tener en unos días. Justo dio la casualidad de que cerraba el libro y se levantaba cuando la puerta se abrió y apareció Clarke sonriéndole desde el marco, cerrando la puerta con el peso de su cuerpo. Se quedó mirándola antes de devolverle la sonrisa cuando empezó a andar hacia donde estaba, rodeando su cuello con su brazo y mirándola con la ceja levantada.

-No sabía por qué, pero tenía la impresión de que estabas estudiando -esta vez subió sus gafas con la punta de su nariz, dejando un beso en la suya.

-Ya sabes cómo soy… -dijo tímida, intentando no parecer nerviosa por la cercanía de la chica.

-Y me encanta -ladeó su cabeza sonriente-. ¿Sabes? No he dejado ni un segundo de pensar en ti hoy.

-Qué casualidad, yo he pensado también todo el día en ti -mordió su labio y observó cómo la miraba, imitando su gesto.

-Y también en las ganas que tenía de besarte.

Clarke se apoyó en las puntas de los pies, buscando sus labios y comenzando a besarla, y Lexa suspiró contra ellos cuando atrapó su labio inferior, succionándolo suavemente entre los suyos, pasando su lengua antes de profundizar el beso. Lexa apretó su cintura y Clarke enredó los dedos en su pelo.

La escuchó decir algo contra sus labios que no entendió antes de que ambas cayesen sobre el colchón. El beso continuó, esta vez con el cuerpo de Clarke sobre el suyo, y ambas soltaron un gemido al mismo tiempo cuando un movimiento fortuito hizo que sus muslos se deslizaran entre las piernas de la otra. Se miraron unos segundos a los ojos, antes de volver a estrellar sus bocas en otro beso, quizás más necesitado que el anterior. La rubia se arqueó contra ella y colocó su mano sobre su costado antes de empezarla a subir, acariciándola distraída mientras Clarke se dedicaba a acariciar su muslo, poniéndolo contra su cintura. Lexa mordió su labio cuando la chica bajó a su cuello, besándolo lentamente, haciendo que sus manos viajaran hasta su pelo, y no pudo evitar el gemido que salió de sus labios, que acabó contra la oreja de la chica, cuando encontró ese punto que la hacía temblar.

Se separaron, mirándose de nuevo: estaban agitadas y sus mejillas algo sonrojadas por el momento. Entonces Clarke habló:

-Te quiero -y fue la primera vez que se lo dijo.

A Lexa le faltó el aire unos segundos mientras observaba el rostro más sincero que había visto en la chica jamás. Acarició sus mejillas y echó su pelo hacia atrás antes de buscar sus labios y besarla mientras la colocaba ahora a ella contra el colchón.

-Y yo te quiero a ti -sonrió al observar cómo ella lo hacía también.

Entonces Clarke la abrazó bruscamente, haciendo que cayera sobre su cuerpo de forma pesada, y empezaran a reír por el golpe. Lexa comenzó a repartir besos por su cara antes de volver a entretenerse con sus labios, besándola de forma suave.

El beso volvió a calentarse por sí solo y las manos de Clarke se atrevieron a colarse por debajo de su camiseta, acariciando su espalda. Ambas jadearon al mismo tiempo y paró su mano cuando se dio cuenta de que estaba dirigiéndose al pecho de la chica. Le estaba costando controlarse por primera vez en su vida: con Clarke era todo distinto, muy distinto.

Soltó un gemido cuando la rubia agarró su mano y la puso sobre su pecho, quedando sus ojos conectados, y la escuchó gemir cuando obligó a su mano a apretarlo. Volvieron a devorarse la boca mientras Lexa solo tenía la mano apoyada sobre su seno, sintiéndose tímida para hacer más. Se arqueó contra ella cuando Clarke acarició su vientre directamente bajo la camiseta y acabó en su pecho también, encima de su sujetador. No, no iba a poder controlarlo más.

Fue su turno de bajar a su cuello, besándolo y notando cómo la chica se arqueaba contra ella también y elevaba sus caderas para que chocaran con las suyas cuando se atrevió a apretar su pecho con sus dedos. Pero el ruido de la puerta abriéndose las separó.

Clarke soltó un suspiro cuando Lexa se dejó caer a su lado, boca arriba, intentando controlar su respiración poniendo sus manos sobre su cara, sintiéndose muy avergonzada a la par que frustrada: jamás había estado así de excitada tan rápido.

-Hola, chicas -comentó Octavia, dirigiéndose a su lado de la habitación y soltando allí su mochila y sus cosas-. Tranquilas, me voy ahora mismo, solo he venido a dejar esto.

-¿Otra vez te vas con Lincoln? -preguntó Lexa, interesada.

-Sí, así es. Probablemente acabaremos como vosotras hace unos segundos -contestó y sonrió cuando vio el rostro de Lexa sonrojado.

-Nosotras solo…

-Vamos, Lex -se acercó para remover el pelo de su amiga-. Os dejo solas, que creo que he interrumpido algo. Sé que te he visto ya desnuda millones de veces, pero sería chocante verte con otra mujer. La próxima vez, si se calienta el asunto, cerrad con llave; lo comprenderé.

Lexa asintió, sintiendo las mejillas arder, mientras Clarke observaba en silencio. Una vez se fue, la chica se sentó en el borde de la cama y se peinó un poco. La morena se percató del cambio en el ambiente.

-Ey… -intentó llamar su atención, poniéndose detrás de ella, pasando sus piernas tras su cuerpo y abrazándola desde esa posición- ¿Estás bien?

-Tengo una pregunta -su rostro se giró para verla y Lexa se posicionó mejor para que pudiesen observarse de forma más directa.

-Dime -peinó ella también su cabello, entreteniéndose en observar esos mechones rubios.

-Lo de Octavia… -volvió la mirada a sus ojos azules, confundida- ¿se ha repetido muchas veces?

-Solo dos veces: yo tenía quince años y fue la primera vez de ambas en tener relaciones; y la segunda fue en la primera semana de universidad de O. No se ha vuelto a repetir.

-¿Y nunca has querido repetir?

-Has dicho que tenías solo una pregunta -intentó ser divertida, y Clarke sonrió dándole un golpe en la pierna. Entonces Lexa aprovechó para agarrar su mano-. No, no he querido repetir más.

-Ella… -suspiró- ella es más guapa que yo, me da miedo que…

-Oh, Dios, Clarke -sonrió y se puso de cuclillas en el suelo, frente a ella-. Eres la mujer más preciosa que he visto en mi vida, si nada más con verte me distrajiste de un partido, y debo decir que fue la primera vez que me pasó eso -confesó agarrando sus mejillas-. Te aseguro que solo veo a Octavia como una muy buena amiga, solo tengo ojos para ti… ¿Sabes lo mal que lo he pasado hace unos minutos intentando controlarme y no ir demasiado rápido? -señaló hacia la almohada y la chica soltó una risita, haciendo que la otra sonriera a su vez.

-¿A qué te refieres? -Lexa lamió sus labios. Toda la valentía que había entrado en su cuerpo desde que empezó a decirle que era preciosa se esfumó, sobre todo por la mirada pícara de Clarke.

-¿Por qué eres mala conmigo? -se quejó, levantándose y poniéndose otra vez tumbada en la cama, esta vez boca abajo.

-¿Por qué eres tan mona?

Clarke se tumbó sobre su cuerpo y besó su mejilla antes de empezar a hacerle cosquillas, lo que provocó que empezara a removerse bajo su cuerpo mientras ambas se reían y se robaban algún que otro beso, quedándose a las horas dormidas y abrazadas sobre el colchón.