Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
The Boy At Table Seven
By: LyricalKris
Traducción: Sarai GN
Beta: Melina Aragón.
Capítulo 10: Niño perdido
—¿Estás bien, Bella? —Charlie la miró por el espejo mientras conducía y Bella forzó una sonrisa.
—Sí, estoy bien.
—Estás muy callada.
Bella hizo una pausa, preguntándose si quería abordar el tema.
—Esme me habló de su hijo hoy —dijo finalmente.
—Oh. ¿Te habló de Edward?
Bella no podía leer el tono de Charlie, lo que solo sirvió para incrementar su curiosidad. Había esperado oír la pena en su voz.
Sue, por otro lado, no tenía ningún problema en decir lo que pensaba.
—Es horrible. Una persona que abandona a su familia no tiene honor.
Sorprendentemente, fue Charlie quien habló, su tono fue uniforme pero firme.
—Eso no siempre es claro.
—¿Qué quieres decir? —le preguntó su esposa.
—No puedo hablar en nombre de Edward y los Cullen. Creo que es horrible verlos tan solos, pero tampoco sabemos lo que pasó. —Tomó una respiración profunda, sus ojos de nuevo cayendo en Bella en el espejo retrovisor—. No siempre es claro, lo que hay que hacer. Yo elegí a mis padres enfermos por encima de mi esposa e hija una vez. —Miró a Sue, tomando su mano sobre la palanca de cambios—. Estoy feliz ahora, pero todavía no sé si hice la elección correcta en ese entonces.
—¿Conocías a Edward? —preguntó Bella con curiosidad.
Charlie se encogió de hombros.
—Cenamos con los Cullen en varias ocasiones. Edward siempre me ha parecido un buen chico. Él era educado, definitivamente nunca me dio ningún problema. —Sonrió—. Se avergonzaba un poco por la forma en que Carlisle y Esme se jactaban de sus logros. Era un chico inteligente, las mejores calificaciones y todo eso. Acababa de ser aceptado en un programa de transferencia en Yale justo antes de que desapareciera.
Bella dudó.
—¿De verdad?
—Sí. Nunca les pregunté sobre ello pero quién sabe. A veces un gran éxito es demasiado para una persona, especialmente tan joven. Tal vez eso tuvo algo que ver con ello.
O tal vez Carlisle y Esme habían presionado a Edward para mudarse al otro lado del país, lejos de su bebé, pensó Bella. Eso le habría cabreado.
Bella se quedó en silencio otra vez, tratando de averiguar lo que se suponía que debía pensar sobre esto y, lo más importante, lo que se suponía que debía hacer. Había un viejo dicho, siempre hay tres lados en cada historia, el de cada una de las partes y la verdad.
No había ninguna parte de Bella que hubiera creído que Edward era capaz de abandonar a sus padres. Él era la personificación de un hombre que amaba a la familia. Había visto el dolor en su expresión cuando hablaron brevemente sobre eso después de la acusación de Amun.
Dolor y tal vez una pizca de arrepentimiento ahora que Bella pensaba en ello.
Se necesitó todo de Bella para no decirle a Esme y Carlisle que sabía dónde estaba su hijo perdido. En un nivel totalmente independiente, la ponía tan triste el que una pareja tan hermosa como los Cullen no tuviera a nadie para cuidar de ellos en su vejez. La bondad de los demás residentes de Forks no podría estar a la altura de su propia carne y sangre. Bella no podía curar el cuerpo roto de Carlisle. No podía reparar el costo que cuidar a su marido había tenido en Esme. El que ella tuviera el poder para reparar sus corazones rotos ponía a Bella tanto ansiosa como culpable.
Parecía una obviedad. Por mucho que ellos necesitaban a Edward, Edward los necesitaba. Había luchado solo durante tanto tiempo. Todo lo que Bella sabía de los Cullen le hacía pensar que lo apoyarían, lo iban a ayudar en todo lo que fuera posible. Benjamín ganaría dos abuelos amorosos y Carlisle y Esme serían capaces de llegar a conocer a su increíble nieto.
Pero, ¿por qué Edward se había mantenido al margen durante tanto tiempo? Tenía que haber una razón. Aunque Esme no lo había dicho, Bella sabía que la razón por la que se habían quedado en esa gran casa familiar cuando era demasiado grande para manejarla, era porque querían asegurarse de que Edward supiera a donde ir cuando decidiera volver a casa. Habían pasado siete años y medio.
No, Bella decidió. Tenía que hablar con Edward primero.
Se retorció las manos, preguntándose si se enojaría.
~ 0 ~
En lugar de quedarse hasta el último momento posible, Bella inventó una excusa sobre tener tarea con la que ponerse al día y se fue a Seattle la madrugada del domingo. Fue un largo viaje en coche y estaba muy nerviosa por lo que quería hacer.
Cuando por fin alcanzó el ferry Bainbridge y abordó, se quedó en su coche, golpeando el volante. Cerrando los ojos, tomó una respiración profunda. Entonces sacó su teléfono y marcó el número de Edward.
—Hola —respondió después de varios tonos. Parecía feliz de escucharla.
—Hola —dijo de vuelta—. Um, ¿cómo estuvo tu acción de gracias?
—Estuvo muy bien. Alice se lució —contó con una sonrisa—. Hizo lo suficiente para un pequeño ejército, por lo que me sorprende que no esté todavía en coma alimenticio.
Bella tarareó, contenta otra vez porque él había pasado las vacaciones con amigos.
—Escucha, estoy casi en casa. Me preguntaba si estabas ocupado hoy. Hay algo de lo que quiero hablar.
Él estuvo en silencio por unos segundos.
—¿Está todo bien, Bella? Eso suena muy serio.
—Todo está bien. Es sólo... importante. —Incluso entonces ella siguió dudando, preguntándose si esto era una buena idea.
—Bueno. —La palabra fue lenta, cargada de miedo. Edward se aclaró la garganta—. Me estás asustando un poco —admitió.
Bella dejó escapar un resoplido de aire.
—Lo sé. Lo siento. De verdad no es nada horrible.
—Sólo importante —repitió—. Um, sí. Estoy en el trabajo. Estaba tomando unas horas extras ya que los chicos están todos con sus familias. Sin embargo, está bastante muerto, si quieres puedes venir al taller...
—Está bien —Bella estuvo de acuerdo—. Estaré ahí pronto.
~ 0 ~
Cuando llegó al taller, Bella se distrajo momentáneamente de su nerviosismo.
Edward estaba inclinado sobre el motor de un coche con algún tipo de herramienta o algo en la mano. Incluso desde su lugar privilegiado, la cara de él estaba enrojecida y sucia. No debería haber sido caliente. No había ninguna razón lógica por la que un hombre sucio, sudoroso, con un mono debía ser tan atractivo. Dejó que sus ojos se movieran sobre su cuerpo en forma de aprecio.
Volteó un poco la cabeza, la concentración abandonó su expresión mientras le sonreía. Se enderezó, agarrando un trapo y limpiando el exceso de grasa de las manos.
—Hola —saludó, deteniéndose justo frente a ella.
Él olía a aceite. Y a hombre. Y eso no debería ser caliente tampoco.
Bella sacudió la cabeza, recordándose a sí misma lo que vino a hacer aquí.
—Hola.
—Vamos. Entremos en la oficina. —Él inclinó la cabeza hacia un pequeño cuarto que decía sólo para empleados. Bella le siguió, retorciéndose las manos con ansiedad y sentándose en el sofá manchado de barro. Edward se sentó frente a ella en la silla de oficina del escritorio.
Edward la observó inquieto durante casi un minuto completo antes de hablar finalmente.
—Bella, me estás matando aquí.
Bella apretó los labios.
—¿Puedo preguntarte acerca de tus padres?
Eso, obviamente, lo tomó por sorpresa. Se cruzó de brazos.
—¿Necesitabas hablar conmigo de inmediato sobre mis padres?
Ella sabía que sonaba ridículo. Bella se mordió el interior de la mejilla, tratando de encontrar la mejor manera de hablar sobre esto.
—Nunca me preguntaste dónde vive mi padre —soltó finalmente ella.
Edward parpadeó, obviamente confundido.
—Um. Yo... —tartamudeó—. Creo que no. Supuse que vivía aquí en Seattle, ya que no tenías que volar a alguna parte.
—No. —El corazón de Bella latía ridículamente rápido. Ella levantó los ojos hacia él—. Él vive en Forks.
Edward inhaló bruscamente, mirando hacia el suelo. Se puso de pie, alejándose unos pasos hasta que su espalda estaba contra la pared.
—Eres la hija del Jefe Swan —dijo aturdido.
—Sí.
—Tu padre conocía a mis padres. —Su voz era muy distante y él todavía no estaba mirándola.
Bella se mordió el interior de la mejilla.
—Yo conozco a tus padres.
—Por supuesto que sí. Esa ciudad es tan jodidamente pequeña. —No había ninguna inflexión en su tono.
—Los vi este fin de semana, de hecho.
Edward no dijo nada.
Poniéndose de pie, Bella se acercó a él, necesitando tocarle, porque esto no iba a ser fácil. Ella tomó su mano, pero él la alejó.
—¿Cuánto tiempo hace que sabes que son mis padres? ¿Durante todo el tiempo?
Ella entrecerró los ojos.
—¿Qué? Por supuesto que no. —Tomó una respiración profunda, recordándose que, probablemente, él estaba a la defensiva y, sin dudas, sorprendido—. Vi tu foto en la pared. No lo sabía. Por supuesto que no lo sabía.
De nuevo, él estaba callado.
Envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros, Bella siguió adelante.
—¿Por qué los dejaste durante tanto tiempo?
Ella preguntó con toda la suavidad que pudo pero cuando sus ojos brillaron, ella pudo ver que él se sentía atacado.
—¿Qué te dijeron? —espetó entre dientes.
Pero estas no eran palabras de enojo. Eran extrañamente desesperadas, recordándole a un niño que preguntaba "¿Estás muy enojado?" con voz lastimosa e incierta.
Bella dio un paso hacia delante de nuevo, tomando su mano. Se puso rígido aunque no se apartó.
—Tu madre me dijo que te extraña y que lo siente por las cosas que ella y tu padre dijeron.
Edward exhaló en una ráfaga. Sus dedos se cerraron alrededor de los suyos.
—Hay algo que creo que necesitas saber.
La miró vacilante.
—No sé lo que está pasando entre tú y tus padres o por qué has estado lejos. Creo, sin embargo, que sea lo que sea... Edward, creo que deberías volver a verlos antes...
Sus ojos buscaron los de ella. Pudo ver claramente cuando comprendió y una expresión de horror se apoderó de su rostro.
—¿Qué pasó? —Le agarró las manos—. ¿Están enfermos?
—No —respondió ella rápidamente—. No, no es eso. Es sólo que... —Resopló. Esto era tan difícil—. Edward, tu padre... tuvo un grave accidente. Fue golpeado por un coche.
Edward hizo un ruido en la parte posterior de la garganta y sus piernas se doblaron, enviándolo de rodillas.
—¿Cuándo? —preguntó, su voz cruda.
—Fue hace años. Sucedió justo antes de mudarme a Forks cuando tenía diecisiete años.
Inhaló y exhaló por la nariz, mirando hacia enfrente.
—¿Qué tan malo?
—Él estuvo en el hospital durante mucho tiempo. Comenzó a caminar de nuevo recientemente.
—Oh Dios. —Las palabras de Edward eran apenas un susurro. Él soltó su mano de la de ella y la puso sobre sus ojos.
Durante unos segundos, pesados y tensos, no hubo ningún sonido en la habitación excepto su respiración pesada. Bella esperó, tensa, sin saber qué hacer por él o lo que él necesitaba.
De pronto, Edward se puso de pie. Ya estaba en la puerta antes de que Bella estuviera detrás de él.
—¿Qué vas a hacer?
—Voy a Forks. Me voy a casa.
—Edward. —Ella lo agarró del brazo—. Cálmate. Tienes que pensar en esto.
—¡¿Qué hay que pensar?! —se volteó a rugirle. La expresión de sus ojos era maníaca, aterradora.
Bella tragó saliva.
—¿No tienes a Benjamín mañana?
—Benji —dijo Edward en una respiración. Se pasó las manos por el cabello repetidamente, luciendo desesperado.
—¿Y es que sólo vas a dejar de trabajar mañana? —le indicó. Ella sabía que el señor Hale era muy estricto. No le gustaría que su nuevo empleado se fuera de repente.
Edward cerró los ojos.
—Mierda —murmuró en voz baja.
—Ven aquí. Simplemente siéntate. Cálmate. —Ella tomó su mano de nuevo, jalándolo hasta que la siguió de nuevo a la oficina. Ella lo empujó suavemente hacia abajo sobre el sofá y se sentó junto a él. Porque parecía que lo necesitaba desesperadamente, Bella puso sus brazos alrededor de él, pasando los dedos por el pelo en la parte posterior de su cuello con dulzura—. Está bien.
Él vaciló sólo un momento antes de envolver sus brazos alrededor de ella, con la cabeza apoyada en su hombro.
—¿Qué he hecho? —susurró, sobre todo a sí mismo.
Bella no respondió porque, honestamente, no sabía. Ella sólo lo abrazó.
—No sé qué hacer —dijo después de un minuto de silencio—. ¿Cómo puedo siquiera mirarlos? ¿Cómo pueden todavía quererme? Los dejé solos. No cuidé de ellos. Eso es lo que se supone que hacen los buenos hijos, cuidar de sus padres.
—Son tus padres, Edward. ¿Cómo te sentirías si fuera Benjamín? Siempre le querrías, siempre le amarías.
Se estremeció en sus brazos y no respondió.
—¿Qué debo hacer?
Parecía tan perdido, que le rompió el corazón. Ella lo soltó y tomó su cara entre sus manos. Sus ojos aún estaban cerrados. Se veía tan miserable.
—Cuando Kebi recoja a Benjamín este sábado, tú y yo vamos a ir a Forks. Juntos, ¿de acuerdo? Nos iremos directamente hacia allá.
Lentamente abrió los ojos. No habló, pero asintió ligeramente.
—Voy a estar contigo. Te lo prometo. —Ella sintió que él necesitaba el apoyo. Esto era importante, aunque no sabía por qué.
Él suspiró, un sonido estremecedor y se inclinó hacia delante, apoyando su frente contra la de ella.
—Está bien —murmuró finalmente.
Acarició con los pulgares sus mejillas, sin preocuparse de lo sucio que estaba. El instinto de consolarlo era una necesidad, pura y simple. Él cerró los ojos de nuevo, llevando su mano hacia arriba para envolverla alrededor de su muñeca, aunque no la apartó.
Se quedaron así durante un minuto, tal vez más y cuando sus ojos se abrieron de nuevo, algo había cambiado. El ambiente parecía estar cargado de electricidad y de repente Bella era muy consciente de que sus labios estaban tan cerca de los suyos, se necesitaría solo una inclinación de su cabeza para darle un beso.
Y ella quería. El impulso era casi imposible de suprimir.
Sus ojos estaban puestos en ella, intensos, oscuros y vivos como nubes de tormenta. Él movió su mano de la muñeca a su cara, ahuecando su mejilla mientras ella ahuecaba la de él.
Bella sintió su corazón acelerarse. Su propia sangre gritó de deseo. Parecía que iba a besarla y cuánto quería ella que lo hiciera.
—Debes decirme que me detenga. —Su voz casi la sobresaltó. Fue sólo un susurro y ella estaba tan cerca que su piel vibró con el sonido. Se estremeció.
Sacando la lengua para lamer sus labios, ella movió una de sus manos a la parte posterior de su cuello, acariciando los cabellos cortos allí.
—¿Quieres parar? —Estaba sorprendida que su voz fuera firme.
Él negó con la cabeza adelante y atrás, adelante y atrás. Sus labios rozaron los suyos, con una dulzura que le dejó antojo de más.
—Pero debería. —Él apretó los labios contra los suyos más firmemente una vez. Dos veces—. Tú quieres esto. —No era una pregunta.
—Sí —murmuró, tomando la iniciativa y besándolo suavemente. Sólo un beso.
Se separó ligeramente, la mirada en sus ojos tierna mientras acariciaba con el pulgar sus labios, estudiando su rostro, como si estuviera mirando algo precioso.
—Bebé, ¿qué es lo una chica como tú quiere con un mono grasiento como yo, eh?
En lugar de esperar a que ella respondiera, la besó de nuevo. Esta vez, se demoró. Sus labios eran suaves mientras se movían contra los de ella, dolorosamente dulce. Él rompió el beso con un pequeño jadeo y un suspiro, cerrando los ojos.
—Amun tiene razón. No tengo ningún derecho…
—Shhh —lo hizo callar, tirando de su boca de nuevo hacia la de ella—. Amun es un idiota. —Entrelazando sus dedos en su camisa, ella tiró de él hacia ella mientras se recostaba en el sofá. El vino de buena gana—. Bésame.
Y él lo hizo.
Bella le dijo todo, lo va a ayudar y ¡AL FIN SE BESARON! Festejemos todas juntas por favor, que ya era hora porque estos chicos son el uno para el otro :P
¿Qué les ha parecido el capítulo? ¿El beso? :P jajajaja. Esperamos saber todo lo que piensan en un comentario ;)
¡Gracias por los comentarios, alertas y favoritos!
¡Hasta el próximo capítulo!
