¡Hola! Volvemos con otro capítulo de este fic.

Con respecto al último comentario que recibimos: Sí, Nekirine es Bellarke, y Miss Ginsey es Clexa. Y el final será el resultado de un combate a muerte, ya veremos quién gana.

Esperamos vuestros comentarios y teorías con respecto al final del capítulo: estamos emocionadas...

¡Hasta pronto!


CAPÍTULO 12.

-¡Pásala!

-¡Aquí, aquí!

-¡A tu derecha!

Los gritos se oían en la pista cubierta de césped y pintada con rayas blancas, donde los equipos de la universidad practicaban para los partidos. Entre los jugadores se encontraban Bellamy y Lexa, además de Murphy y otros más.

-¡Lex, cógela!

Bellamy le lanzó un balón a la chica, que lo cogió al vuelo y corrió hacia la línea de meta, levantando las manos en señal de victoria cuando llegó sin que nadie la interceptase. Bellamy le respondió con un grito de alegría y alzó el dedo pulgar para decirle que lo había hecho estupendamente. Las cosas poco a poco volvían a ser como antes entre los dos amigos. Jasper y Monty se encontraban en las gradas, así como Clarke, que estaba cerca de ellos. Octavia y Raven tenían clase a esa hora de la mañana, por lo que no podían verlos practicar.

El sonido de un silbato sobresaltó a todos los que estaban concentrados en el campo de juego. Se volvieron para ver a Indra, la entrenadora de los equipos, que estaba mirándolos fijamente.

-¡Acercaos todos! -exclamó, aún con el silbato en la mano. Cuando la mayoría de jugadores la rodearon, continuó hablando- Como sabéis, durante el curso se organizan partidos de rugby entre universidades y tengo una buena noticia: nos han propuesto formar un equipo con los mejores jugadores para competir en un torneo.

Los gritos de júbilo no se hicieron esperar, entre ellos los de Bellamy y Lexa, que se abrazaron de alegría.

-Eso sí, el torneo no se celebrará aquí, sino en Utah, por lo que los jugadores seleccionados y yo tendremos que quedarnos a pasar la noche en un hotel -se oían susurros de asombro por todos lados-. No os preocupéis, los gastos los lleva la organización del torneo. Ahora pasaré a leer la lista de los jugadores que he seleccionado. Por favor, estad atentos.

Indra empezó a leer el papel que tenía en la mano con voz alta y clara, para que todo el mundo fuese capaz de oírla. Bellamy y Lexa no podían estar parados en el mismo sitio de los nervios que sentían.

-¡Alexandria!

Lexa no tardó en saltar de emoción y posicionarse al lado de la entrenadora, donde se habían colocado los escogidos por ella. Unos segundos después, Murphy también fue elegido para el torneo. Solo faltaban dos jugadores más y el cupo estaría completo.

-¡Bellamy!

El chico corrió hacia la fila mientras reía. ¡No podía creérselo! Llegó al lugar donde estaba Lexa y le ofreció una brillante sonrisa llena de ilusión, similar a la que ella le dio. Luego fue a darle un apretón de manos efusivo a Murphy, que también sonreía de par en par. En cuanto Indra dijo el último nombre de la lista, se volvió hacia ellos. Los que no habían sido escogidos protestaron por lo bajo, un tanto decepcionados.

-Enhorabuena a todos. El torneo será dentro de una semana, así que espero que os pongáis las pilas para dejar a todos con la boca abierta, ¿entendido?

-¡Sí, entrenadora! -todos asintieron a la vez que contestaban.

-Muy bien. ¡Ah!, se me olvidaba -dijo antes de dirigirse al polideportivo con los demás-: podéis llevar un acompañante con vosotros al torneo, que también tiene los gastos pagados.

Lexa no cabía en sí de ilusión. Miró a Clarke, que seguía en las gradas, algo confundida por lo que pasaba en el campo. Conectó con esa mirada de ojos azul claro, tan bonitos que la dejaban sin aliento, y la rubia le sonrió. Lexa se mordió el labio. Se moría de ganas por invitar a Clarke al torneo, pero no quería incomodar a Bellamy durante el viaje. Dejando a un lado la timidez en esos temas, decidió comentárselo a su amigo allí mismo. Con delicadeza, lo apartó de la pequeña celebración que había en la pista, con todos abrazándose y saltando. Bellamy la siguió unos metros más alejados del tumulto.

-¿Qué pasa, Lex? ¿Estás…?

-Sí, estoy bien, Bell -le contestó con cariño-. Solo quería preguntarte algo…

-Dime.

-Eso de que podemos llevar a alguien… -Lexa empezó a mover el pie izquierdo de un lado a otro, indecisa- ¿Pasaría algo si invitase a Clarke?

Bellamy levantó una ceja, asombrado por la pregunta. No contestó de inmediato, pero finalmente habló:

-Lex, ¿por qué me lo preguntas?

-Porque no quiero que estés incómodo, ni ella tampoco… ni yo contigo -Bell sonrió con ternura.

-Tranquila, puedes llevarla si quieres. No te preocupes por mí.

-¿En serio? -preguntó, casi saltando encima del chico para agradecérselo.

-En serio -le contestó este, aún sonriendo. Lexa le propinó un abrazo y salió corriendo hacia las gradas, directa hacia donde estaba Clarke.

Bellamy vio cómo se iba a por la rubia. Bajó la cabeza y sonrió. Le seguía doliendo bastante, pero tenía que acostumbrarse. Fue hacia donde estaba Murphy hablando con otros jugadores.

-¡Tío, que nos vamos a Utah! -dijo un chico muy entusiasmado.

-¡Sí! ¿No es genial? -contestó otro, chocando los cinco con el anterior. Murphy se rio ante el gesto y Bellamy aprovechó ese momento para pasarle un brazo por los hombros.

-Bueno, tenemos un viaje pendiente -le dijo con una sonrisa. Murphy asintió.

-Así es.

-¿A quién vas a llevar tú? Yo creo que se lo diré a mi hermana.

-Posiblemente yo se lo diga a Jasper o a Monty. Que se peleen para venir conmigo -le dijo el chico con ironía. Bellamy soltó una carcajada. Se acordó de la pelea de broma que tuvo con su hermana cuando fueron la última vez a casa.

-Yo soy experto en peleas con barro, por si quieres que te eche una mano.

-Habría que verte de barro hasta la cabeza -respondió Murphy sonriendo con picardía-. Seguro que te sienta bien.

-Uy, sí, es mi conjunto favorito -bromeó Bellamy, dándole un pequeño golpe en la espalda-, sobre todo si no llevo nada debajo.

Murphy se carcajeó y le dio un manotazo en la nuca con poca fuerza por lo que había dicho. Bellamy seguía sorprendiéndose cada día del cambio en su relación. Nunca se hubiera imaginado que podría pasar el rato así con Murphy, ni en sus mejores sueños. Es verdad que no habían pasado de no soportarse a tratarse como amigos de la noche a la mañana, pero eso solo le daba más autenticidad a la cosa. Había descubierto a un Murphy nuevo bajo toda esa capa de superficialidad y egoísmo que siempre le había mostrado, y en el fondo se alegraba de haberlo hecho. Había ganado un amigo de esa forma.

Caminaron hacia los vestuarios después de avisar a Jasper y a Monty de que saldrían en unos minutos. Bellamy divisó a Lexa y a Clarke yéndose de las gradas agarradas de la mano: su amiga lo vio y agitó la mano que tenía libre para despedirse y Clarke simplemente le sonrió. Al menos ya se toleraban, pensó Bellamy.

Se quitaron el traje de rugby y, sin perder tiempo en ducharse, se encontraron con los chicos fuera del campo. Aún tenían una clase, al menos Bellamy, y no quería perdérsela. Llegaron al edificio de la facultad y despidieron a Murphy, ya que él estudiaba otra carrera.

-Nos vemos luego para comer, ¿no? -le preguntó Monty.

-Sí, claro, os espero en…

De repente, el cuerpo de Murphy cayó hacia delante, justo encima de Monty, quien lo agarró con ambos brazos para no acabar ninguno de ellos en el suelo. Bellamy vio quién le había dado el empujón: Christopher.

-¿Vas a comer con tus amiguitos nuevos? -preguntó este con sarcasmo- Como ahora son de la élite...

Christopher fue de nuevo hacia Murphy, quien se estaba dando la vuelta todavía. No le dio tiempo a alcanzarlo cuando Bellamy se interpuso entre su cuerpo y el del otro chico.

-Vete a formar pelea a otro lado -le dijo en un tono bajo pero amenazador-. Si no te han elegido por algo será.

Christopher ni siquiera lo miró a los ojos: su vista estaba clavada en su antiguo amigo. Desde que Bellamy había empezado a quedar más con él, había comprobado que Murphy había dejado de lado alguna que otra compañía, entre ellas la de Christopher.

-Te he dicho que te largues -repitió Bellamy, esta vez junto con un pequeño empujón en el pecho. Por fin el chico se dignó a mirarle con furia contenida en sus facciones.

-¿Quieres pelea?

-Que te vayas. Ya.

-¿Y tú quién eres para decirme nada? La muñeca te va bien, ¿no? -le preguntó con una sonrisa vacilante- Ojalá te la hubiese cortado, cabrón.

Bellamy se mordió el interior de la mejilla para intentar calmarse y no meterle un puñetazo al tío que tenía enfrente.

-Vete ya, joder -dijo Murphy, saliendo del cobijo que le daba la espalda de Bellamy. A este no le dio tiempo a avisarle cuando Christopher cogió a Murphy del borde de la camiseta y casi lo levantó del suelo.

-Eres un puto marica que no tiene huevos para hacer nada -Christopher miró a Bellamy sin soltar a Murphy-. Bien que lo criticabas antes. ¿Ahora es tu amiguito especial o qué?

Bellamy no aguantó más el espectáculo ni las palizas verbales que se estaba llevando Murphy sin razón alguna, todo por culpa de un idiota sin escrúpulos. Le dio un empujón bastante fuerte a Christopher, haciendo que perdiese el equilibrio y por otro lado que los pies de Murphy tocasen por completo el suelo. Antes de que Christopher se diese cuenta de lo que había pasado o de quién le había hecho perder a su presa, Bellamy aprovechó el momento para alzar el puño cerrado y estamparlo contra su mandíbula. Le dolió y mucho, pero la satisfacción que sintió al ver cómo el chico se llevó la mano a la zona dolorida lo compensó.

-¡Serás gilipollas! -gritó Christopher. Varios estudiantes se giraron para ver qué ocurría allí.

-Creo que me has confundido contigo -le soltó Bellamy. El otro chico se mordió el labio, el cual estaba un poco manchado de sangre por el golpe: seguramente le habría dado en la comisura de la boca también.

El timbre de clase sonó y eso significaba que los profesores estaban a punto de llegar o de salir de las aulas. Christopher, mirando tanto a Bellamy como a Murphy, se quedó estático por miedo a que lo pillasen en plena pelea.

-Esto no se va a quedar así -le dijo a Bellamy, señalándole con un dedo.

-Vete a la mierda, imbécil -intervino Murphy, dando unos pasos hacia él-. Conmigo no funcionan tus técnicas de combate.

-Pues bien que te escondes tras él -le susurró con malicia y con una sonrisa dibujada en el rostro-, pero ya… hablaremos tú y yo solos.

-Escúchame -Bellamy estaba ya más que harto y caminó hacia Christopher, quedando a menos de cinco centímetros de su cara-: como vuelvas a acercarte a él alguna vez, te voy a romper más de media cara.

Christopher se rio y Bellamy lo volvió a empujar: casi se cayó por las escaleras al no poder mantener el equilibrio.

-Vete de aquí si no quieres que te lo demuestre.

Vieron a varios profesores caminar no muy lejos de ellos y Christopher pareció pensárselo dos veces antes de contratacar. Se dio la vuelta y se alejó, tocándose con la mano el lugar del golpe y mirando atrás, hacia donde ellos seguían.

-¡Ponte hielo! ¡O mejor, no te lo pongas! -se burló Bellamy mientras se alejaba.

-Para ya.

El chico se giró para ver a un Murphy muy serio que lo miraba fijamente. Monty seguía a su lado sin decir una palabra.

-¿Estás bien? Cuando te ha empezado a decir esas cosas no he…

-Ya, Bellamy, no ha pasado nada -contestó Murphy.

Este extendió el brazo para posarlo en el hombro del muchacho. Tenía una pequeña sonrisa en el rostro con la que le agradeció el gesto y eso fue lo que Bellamy necesitó para saber que haber encarado a Christopher había sido una buena idea.

-Ahora me voy a clase de una vez.

-Ten cuidado -le susurró Bellamy cuando pasó por su lado. Murphy asintió, mirándolo de reojo.

-No te preocupes.

Monty y Bellamy entraron por fin en el edificio de la facultad. Su amigo seguía sin decir nada.

-Vale que no te mole pelear, pero al menos podrías comentar algo, ¿no? -le reprochó antes de entrar en el aula. Para su sorpresa, Monty solamente sonrió.

-No tengo nada que decir. Ya lo has hecho todo tú solito.

Bellamy se quedó sorprendido por la respuesta, pero no pudo replicarle nada más porque la profesora acababa de entrar en la clase.


Mmmm…

Ay…

Joder, ya…

¡Agh!

Bellamy abrió los ojos de repente, encontrándose la cara de Monty a escasos centímetros de la suya con una gran sonrisa.

-Despierta, Bella Durmiente. Ya me he cansado de acariciarte la cara.

-¿Se puede saber qué haces? -protestó, abriendo y cerrando los párpados con rapidez. Se tocó la nariz varias veces: seguro que Monty lo había estado molestando y por eso se había despertado de golpe. Cuando había vuelto de clase, lo único que quería era una cama. Seguramente era a causa del día: con tantas nubes y esa leve lluvia no tenía ganas de salir a ningún lado, solo de descansar.

-Llevas dormidos dos horas, tío. Si no te despertaba te ibas a convertir en sábana.

Bellamy se incorporó y casi empujó a su compañero de habitación por el brusco movimiento. Abrió el pequeño armario y cogió un pantalón de deporte largo y una camiseta de mangas cortas. Se desvistió y volvió a vestirse en menos de un minuto y sin siquiera despedirse de un Monty bastante confundido salió por la puerta.

Después de la clase se había encontrado con Raven en el pasillo. Iba con su hermana y se paró a hablar con ellas un rato, comentándolos por encima lo que Indra les había dicho del torneo. Cuando se despidieron, Bellamy recordó que Raven le había propuesto hacer deporte juntos alguna vez y la idea no le disgustaba.

Desde que había ocurrido todo lo de Clarke y Lexa se había apartado de las chicas por voluntad propia, aunque lentamente el cambio se hacía notable en todos. Para solventar ese distanciamiento se había volcado en los chicos y en salir con ellos, pero después de más de una semana sin dejar de verlos creía que le vendría bien de nuevo una presencia femenina en su vida.

En la hora del almuerzo decidió llamarla para proponerle quedar ese mismo día.

-¿Diga? -una voz delicada respondió al otro lado del teléfono.

-Vaya, cómo te cambia la voz por este aparato -respondió Bellamy.

-Ah, eres tú -dijo Raven-. Bueno, es que si no sé con quién hablo tengo que aparentar ser una buena chica… -Bellamy se rio ante el comentario.

-No creo que ese papel te pegue, Raven -ahora le tocó el turno a la chica de reír-. ¿Puedes quedar hoy?

-Uh, ¿me estás proponiendo una cita? -preguntó ella con un tono de voz bastante sensual.

-Si consideras una cita echar un partido de baloncesto, entonces sí -Bellamy le siguió el juego.

-Mmm, déjame que piense… -esperó unos segundos para contestar- Vale, a las seis en la puerta del polideportivo.

-Allí nos vemos.

Y ya eran las seis y cuarto. Y el lugar estaba a más de quince minutos de distancia. Bellamy no recordaba que podía correr tan deprisa.

Llegó a la puerta del polideportivo casi con la lengua fuera por el esfuerzo. Una Raven molesta lo observaba apoyada en la pared con ropa deportiva.

-Creo que no me compensa quedar contigo, Bellamy.

-Lo siento, de verdad… -dijo sin apenas aire.

-Joder, parece que tú ya has hecho el calentamiento.

Bellamy la miró, con un brazo y la frente apoyadas en la pared por el cansancio. Sin embargo, no pudo evitar reírse.

-Venga, vamos para dentro.

-Eso, dame órdenes… -dijo mientras se mordía el labio y no dejaba de mirarlo. Luego le guiñó un ojo y entró en el polideportivo. Esta chica le superaba, pensó Bellamy.

Dejaron las bolsas de deporte en los banquillos que había en los laterales de la instalación y Raven sacó una pelota de baloncesto de su mochila. Empezó a botarla como si llevase toda la vida haciéndolo a la vez que se dirigía a la pista. Bellamy la siguió en cuanto dio un sorbo a la botella de agua.

-¿Preparado para perder? -preguntó la chica, encorvando el cuerpo sin dejar de tocar la pelota con las manos. Parecía que se le daba más que bien este deporte.

-No creo que sea yo el que pierda -respondió el chico con una sonrisa confiada.

-Eso ya lo veremos -fue lo último que dijo ella.

Acto seguido comenzó a moverse por la pista como si hubiese nacido allí, con una ligereza que se asemejaba a la de una pluma cuando volaba en el aire. Bellamy tampoco se quedaba atrás: a pesar de que lo que más practicaba era surf, había muchos otros deportes que le fascinaban y este era uno de ellos. No conocía todas las reglas, pero sí las suficientes como para ser capaz de ganar a la otra jugadora.

Raven le llevaba ventaja por ahora: casi había llegado a la canasta, pero Bellamy iba tras ella y con un rápido movimiento se situó frente a la chica, impidiéndole el paso y con ello que marcase un tanto.

-Así no me vas a parar -le retó la chica.

Bellamy no le contestó pero no dejaba de mirar esos ojos marrones: le encantaba que lo desafiara de esa forma. En cierto sentido, era como encontrarse un poco con alguien tan directo como él, lo que era bastante inusual. Siguió en la misma posición, esperando a que la chica actuase de alguna manera para pillarla desprevenida y lo consiguió. Raven intentó esquivar por la derecha a Bellamy pero este suponía que haría eso, por lo que con su contraataque le arrebató la pelota de las manos.

-¿Decías? -dijo al mismo tiempo que corría en la dirección contraria. Raven lo miraba con una ceja alzada, un poco sorprendida: no solía encontrar a gente buena en baloncesto.

-Te vas a enterar…

De repente, Bellamy vio a Raven a dos escasos pasos de él. ¿Cómo había podido moverse tan rápido? Las manos de Raven aparecían por la izquierda, por la derecha e incluso entre sus piernas. Lo estaba mareando y por más que caminaba hacia atrás sin apartar la pelota de sus manos, sabía que en algún momento tendría que moverse hacia delante.

Raven no cesaba en el intento de quitarle el balón. Estaba algo frustrada y las gotas de sudor corrían por su frente. La verdad es que era hipnotizante ver lo concentrada que estaba en el juego: daba la impresión de que la chica extrovertida y sonriente de antes era alguien completamente distinto a la de ahora.

Por culpa de ese segundo de distracción, Bellamy sintió un vacío en su mano izquierda. Cuando se dio cuenta de que lo que le faltaba era la pelota, maldijo para sí mismo. Raven iba directa para encestar, pero Bellamy no podía permitir eso. Se posicionó delante de ella, lo que causó que Raven se diese la vuelta botando la pelota entre sus rodillas con la espalda un poco doblada para mantener el equilibrio y maniobrar mejor. Bellamy pensó dos cosas en ese instante: una era que tenía que encestar antes que ella, y la segunda era que tenía un plan en mente para conseguirlo, pero…

En un segundo se le vino Clarke a la mente. Es verdad que hacía mucho tiempo que no tenía ninguna relación con ella y aquellos momentos de pareja quedaron muy atrás, pero eso no significaba que la hubiese olvidado en absoluto. El sentimiento de amor se había apagado, pero aún seguía sintiéndolo. Aunque… si Lexa y ella habían seguido adelante después de todo, ¿por qué él no?

Un instante tardó en pegarse casi por completo a la espalda de Raven, que se tensó un poco ante el inesperado movimiento del chico. Bellamy alzó los brazos a los lados de la chica para intentar atrapar la pelota.

-¿No tiene otra forma de jugar, señorito?

La risa de él chocó contra la nuca de Raven y lo siguiente que dijo fue cerca de su oreja.

-Creo que esta es la más efectiva que tengo.

En el baloncesto no se podía tocar al jugador más de lo necesario para arrebatarle el balón, pero a Bellamy no le parecía adecuada esa relga en ese momento. Llevó las manos a los costados de la chica, acariciándolos con suavidad, separando el borde de la camiseta de su piel.

-Te recuerdo que seguimos jugando… -susurró ella. Bellamy no podía verle el rostro, pero el tono de voz era mucho más suave que antes.

-Y eso hago -le contestó, esta vez pasando los labios por su cuello, produciéndole escalofríos por toda la espalda.

Un golpe los sacó del momento y ambos miraron en la dirección en la que lo habían oído. Por la puerta entraron Monty, Jasper y Murphy, riendo entre ellos sin percatarse de que estaban allí. Raven y él se separaron. Escuchó a la chica suspirar y decir una palabrota por lo bajo, y no pudo estar más de acuerdo con ella. Si no los hubiesen interrumpido a lo mejor aquel momento en la fiesta se hubiese quedado en nada en comparación con lo que…

-¡Aquí estás! -le gritó Monty, acercándose a paso ligero- No sabía que tenías compañía. Hola, Raven -saludó a la chica agitando la mano y ella solo tuvo el valor de contestarle con un movimiento de cabeza. Bellamy se suponía que era por haber cortado el momento entre ellos y eso le hizo reír.

-Te veo muy contento hoy -dijo Murphy, que se había situado a su lado y le había dado una palmada en el hombro. Bellamy miró a la chica de reojo, que estaba recogiendo sus cosas.

-Sí, bueno… Podría haber sido mejor.


Clarke golpeó su nariz suavemente con su cucurucho para mancharla de helado y se empezó a reír antes de acercarse para darle un beso, limpiándola de nuevo.

-¿Sabes? -agarró su mano, tirando de ella y volviendo a lamer el helado que le había comprado Lexa hace unos segundos.

-Dime -sonrió y también dio un lametón al suyo.

-Mi casa no está muy lejos de aquí -comentó-. ¿Te apetece ir?

Habían decidido ir esa tarde a dar un paseo y pararon en un puesto de helados para coger uno para cada una, y, en total, igual llevaban un par de horas juntas dando vueltas por los alrededores, robándose algún que otro beso y caminando de la mano.

No habían tenido otro momento para estar solas en una situación más íntima, porque sus habitaciones habían estado, casualmente, siempre ocupadas, y, cuando parecían libres, siempre acababa entrando alguien. Y no había estado así de necesitada jamás. A veces tenía incluso que frenar los besos que empezaba a darle la rubia porque su cuerpo reaccionaba prendiéndose de fuego; después casi llegaba a doler cuando tenían que frenar.

-¿Donde vive tu madre? -preguntó, sintiéndose tonta, porque la respuesta era obvia, pero se sintió nerviosa al pensar que ahí estarían las dos a solas de verdad, igual sin interrupciones.

-Sí -comentó y apretó su mano, llamando la atención de la morena-. Lex, sé que dijimos de ir lento, no tiene por qué pasar nada, solo me apetece estar a solas contigo, hablar tranquilamente y poder besarte sin tener ojos pegados a nuestra nuca.

-Clarke, quiero estar contigo -la miró a los ojos.

-¿Estar, estar?

Lexa paró la marcha y la acercó a ella, acariciando su mejilla en el proceso antes de depositar un suave beso en sus labios.

-¿Tengo que pedirte que seas mi novia y todo eso? -sonrió nerviosa.

-Y arrodillarte en el suelo. Soy muy difícil, Lex -tonteó levantando una ceja. La morena soltó una risita antes de apoyar una rodilla en el suelo y agarrar su mano.

-Clarke Griffin, ¿quieres ser mi novia?

La rubia empezó a aplaudir mientras gritaba emocionada y se arrodillaba para besarla intensamente, haciendo que ambas perdiesen el equilibrio y cayeran al suelo, al igual que sus helados.

Cuando llegaron a casa de Clarke, la encontraron vacía. Lexa no pudo evitar sentirse curiosa y le pidió que le enseñase su habitación: se entretuvo en observar qué clase de libros tenía su chica en la estantería. Clarke la abrazó por la espalda, apoyando la barbilla en su hombro, observando con ella.

-Admito que no leo tanto como tú.

-Yo soy una rata de biblioteca, no te preocupes -dijo avergonzada.

-Y así es como me fijé en ti: eras la chica guapa de la biblioteca.

-Vamos, no había tantas cuando empezamos a vernos -se giró para mirarla a los ojos-. Además, la chica guapa de la biblioteca eres tú.

-Ah, ¿sí? -preguntó divertida.

Lexa asintió varias veces antes de sujetar su barbilla y besarla suavemente. Clarke empezó a acariciar su cuello y bajó por su espalda, atrayéndola hacia ella mientras profundizaban el beso y soltaban a la vez un jadeo cuando separaron sus labios. La rubia cayó de espaldas en su cama, mientras Lexa se apoyaba en sus manos para no aplastarla, y continuaban con el beso.

Bellamy estuvo ahí, en esa misma casa: ¿estuvo en su cama? ¿Y si se acostaron? Ya sabía la fama que tenía su amigo y era la primera vez que se había enamorado, pero ¿esperarían? ¿Quién podía controlarse si tenías a Clarke debajo de tu cuerpo besándote de esa manera? ¿Acariciándote de esa manera la espalda? ¿Gimiendo de esa manera cuando presionaba un poco más sus caderas contra las suyas?

-Joder, es verdad lo de que tienes el culo duro -comentó con voz necesitada contra sus labios mientras sus manos se apretaban en sus nalgas.

-¿Llegaste a hacer algo con Bellamy? -preguntó, sin poder evitarlo, buscando su mirada, y la chica la miró confundida- Es que… me siento rara y…

-Eh... -intentó tranquilizarla, y Lexa se sentó en la cama, alejándose de su cuerpo- Lex… -y cuando vio esa mirada culpable, lo entendió.

-No pasa nada -quiso normalizar, pero sus piernas se levantaron y empezó a andar por la habitación.

-Entiende que en ese momento yo no sentía esto que siento ahora por ti… y él estaba aquí, y…

-Pero… ¿lo hicisteis? –preguntó suavemente, mirándola a los ojos.

-No, no llegamos a hacerlo -Clarke se levantó y agarró sus mejillas, acariciándolas lentamente-. Lo siento.

-No tienes que sentirlo. Te gustaba, es normal que quisieras hacer esas cosas con él. No te sientas mal -sonrió cálidamente.

-Ahora te quiero a ti -Lexa dejó que la abrazara y comenzó a acariciar su espalda cuando notó que temblaba levemente.

-¡Eh! -se preocupó y miró su rostro limpiando las lágrimas que caían de sus ojos- No llores, Clarke…

-Es que fui una idiota.

-Decidimos pasar página, no nos estanquemos en el pasado. Ahora estamos juntas y no debemos sentirnos mal.

-Está bien… -aceptó, aunque aún cayese alguna que otra lágrima.

-Te quiero, Clarke. Sé que ha sido algo difícil para todos, pero ahora todo está bien, incluso con Bell.

Se volvieron a abrazar antes de bajar a prepararse algo de cenar y ver una película en su salón, ya que la madre de Clarke había avisado de que iba a llegar tarde esa noche y la rubia dijo que podían quedarse allí a dormir. A mitad de la película la mano de Clarke, que estaba entrelazada con la suya, empezó a acariciar su brazo, y Lexa se puso nerviosa, anticipando qué podría ocurrir en ese momento. Su cabeza fantaseaba sola y su cuerpo reaccionaba nada más imaginar a la chica besándola de nuevo apasionadamente y sobre ella, como aquella vez en su habitación.

Movió su cabeza y empezó a besar su cuello, haciendo que la morena se estremeciera sonriendo y mirándola divertida.

-No vamos a ver la película así…

-Hay otras cosas que me apetecen ver más, Lex.

Lexa suspiró internamente cuando los labios de Clarke atraparon los suyos en un beso necesitado, y ambas jadearon cuando la rubia decidió que sería buena idea sentarse a horcajadas sobre ella.

-Espera, espera -paró Lexa sintiendo sus labios totalmente humedecidos y observando que Clarke los tenía igual-. ¿Estás segura de esto?

-¿Qué es esto? -dijo coqueta- ¿Sesión de magreo sobre la ropa? ¿Meternos mano? ¿Simplemente besarnos? ¿O quieres hacerlo? -esa última pregunta sonó de otra forma, su voz incluso estaba más ronca, y Lexa suspiró, daba igual lo que fuese: todo la excitaba en esos momentos.

Empezó a besarla con ganas, y escuchó a Clarke gemir cuando se levantó agarrándola y la puso contra el sofá con ella encima. Sus labios estaban fusionados y agarró sus muslos, manteniéndolos contra su cintura, antes de arquearse contra ella cuando succionó su labio inferior en su boca.

-¿Puedo? -preguntó sin aliento agarrando el final de su camiseta, y Lexa asintió, arrodillándose en el sofá, dejando que Clarke se deshiciera de la prenda y pasara su mano por su abdomen.

-¿Puedo? -preguntó también, y la rubia se quitó la camiseta ella misma antes de volver a estrellar sus labios y dejarse caer sobre el sofá de nuevo.

Lexa agarró unos cojines y ayudó a ponerlos bajo su cabeza, llevándose una mirada divertida de la rubia por el acto, antes de bajar por su cuello, besándoselo húmedamente, sin poder controlarse ni un solo segundo, y menos si sus dedos se enredaban de esa manera en su pelo.

Sintió un escalofrío cuando su otra mano empezó a bajar por su espalda y volvió a colocarse en su culo, haciendo que la morena sonriese y saliera para observar su rostro, que se mordía el labio, pero tuvo que soltar un gemido borrando su gesto cuando la obligó a golpear sus caderas con las suyas.

De repente todo se volvió desesperado y ambas se besaban con hambre. Se movían contra la otra, aún con los pantalones puestos. Clarke se sentó, sin separarse de sus labios, y echó sus brazos hacia atrás para desabrochar su propio sujetador.

Cuando Lexa notó el movimiento perdió el aliento y continuó besándola con los ojos cerrados, intentando que no se notase las ganas que tenía de ella.

-Mírame, Lex.

Lexa se separó lentamente de ella y tomó aire por la boca antes de abrir los ojos. Primero miró su rostro y pudo observar que respiraba agitada, al igual que ella; y luego bajó a sus pechos, que se movían hacia arriba y hacia abajo por cómo respiraba. Acarició su costado, antes de empezar a subir bajo la atenta mirada de la chica, que le decía con los ojos que podía seguir.

Volvió a inclinarse para besar sus labios suavemente, y así acabar en su pecho, acariciándolo suavemente con sus dedos y escuchando el suave suspiro que salía de los labios de su chica y que acababa en su boca. Sintió sus manos por su espalda de nuevo y pronto su propio sujetador también había desaparecido de su cuerpo, estremeciéndose cuando sus dedos empezaron a tocarla también.

Quería bajar con su boca, quería lamerla y sentirla en su lengua, pero en sus labios se estaba muy bien, y poder jugar con sus pechos con sus dedos era algo totalmente excitante y agradable, sobre todo por tener esas sensaciones de vuelta.

-¿Quieres que subamos a mi habitación? -preguntó sin aliento.

-Sí -contestó de igual manera. Todo indicaba a que eso iba a seguir tarde o temprano y no quería que la primera vez que se acostaba con ella fuese en un sofá.

Se levantaron de nuevo y ambas se dedicaron una sonrisa tímida cuando se vieron desnudas de cintura para arriba. Clarke agarró su nuca y la besó lentamente antes de agarrar su mano y hacer que subiese con ella a su habitación, y una vez en ella volvieron a los besos, pero esta vez la rubia fue la que se colocó sobre ella.

La morena empezó a acariciar sus piernas mientras respondía a su beso, y entonces se separó para empezar a besar su cuello. Empezó a respirar agitada cuando sus pechos acariciaron la piel de la otra a medida que iba bajando.

Se arqueó contra su boca cuando sus labios llegaron a su pecho y comenzó a besar por alrededor antes de separar sus labios para introducir su pezón entre ellos. Lexa soltó un suave gemido y apoyó la mano en su nuca, mordiéndose el labio cuando la lengua de la chica empezó a estimularla de esa forma.

-Clarke…-gimió cuando pasó al otro pecho para hacerle el mismo caso que al anterior.

Volvió a subir para besar sus labios, y entonces Lexa la giró para ponerse sobre ella: también quería hacerle lo mismo.

Comenzó besando su mandíbula para ir a su cuello y, mientras con una mano acariciaba un pecho, su boca fue bajando hacia el otro con húmedos besos. Atrapó su pezón entre sus labios, succionándolo suavemente, y soltando un jadeo cuando Clarke se arqueó contra ella agarrando su nuca, manteniéndola en ese sitio.

La rubia levantó su muslo y dio entre las piernas de Lexa, que gimió sonoramente contra su pecho, notando como Clarke temblaba bajo su cuerpo.

-Muévete, Lexa.

La chica empezó a mover sus caderas contra su muslo, volviendo a gemir porque estaba muy sensible, y metiendo el otro pezón en su boca, sintiendo cómo la rubia acariciaba su pelo y hasta donde llegaba por su espalda. Entonces un ruido las paró.

-¡Hemos vuelto! -oyeron abajo-. Al final el club donde íbamos con nuestros amigos estaba cerrado -siguió contando hacia la nada-. Marcus insistía en ir a otro lado, pero ¿cómo iba a perderme la ocasión de conocer a Lexa por fin?

-Mierda -se quejó Clarke, y se levantaron al mismo tiempo cuando oyeron pasos por las escaleras-. Toma -le tendió una camiseta para que se la pusiera y ella se colocó otra-. Después bajamos a por la ropa que hemos dejado en el salón -terminó susurrando y ambas sonrieron al mismo tiempo cuando la pareja entró por la puerta.

-¡Lexa! Me han hablado tanto de ti -la mujer se acercó abriendo los brazos y apretando a la chica que estaba roja como un tomate entre ellos.

-Encantada, señora Griffin -dijo tímida.

-Lexa, no me hables de usted ni de señora Griffin, por favor. Aquí en esta casa soy Abby.

-Está bien, Abby.

-Lexa -el profesor se acercó a ella y tendió su mano-, encantado de conocerte en esta situación más íntima.

Las mejillas de Lexa ardieron aún más por la palabra que usó, y estrechó la mano con el profesor.

-Igualmente -contestó educada, y entonces sintió la mano de Clarke en su brazo.

-Lexa y yo nos hemos dejado el salón un tanto desordenado con la cena, vamos a recoger -habló la rubia.

-Mañana nos veremos entonces para desayunar todos juntos -sonrió la decana de su facultad antes de salir de la habitación junto a su novio, que les guiñó el ojo a ambas, haciendo que Clarke rodara los suyos.

Ambas bajaron y se miraron confidentes, recogiendo su ropa interior y las camisetas antes de volver a subir a su habitación, colocarse un pijama y tumbarse en la cama.

-No sé si voy a soportar mucho estas interrupciones -comentó Clarke en un susurro.

-Yo tampoco -dijo igual que ella-. Algún día continuaremos…

-De eso estoy segura… -dijo divertida, acercándose para besarla en la oscuridad de la habitación.

-Te quiero -dijo Lexa sintiendo como se hinchaba su pecho con esas palabras, y notó la sonrisa de Clarke en sus labios.

-Y yo a ti, nariz pequeña -besó la punta de su nariz antes de enterrar su rostro en el cuello de Lexa para que ambas durmieran en esa postura, abrazadas.


Se despertó y lo primero que vio fue la sonrisa de Clarke y sus ojos mirándola fijamente mientras acariciaba su rostro.

-Buenos días -susurró.

-Buenos días, preciosa -se acercó a besarla en los labios suavemente-. Si quieres puedes ducharte la primera y luego, cuando yo también lo haga, bajamos a desayunar. No es muy tarde.

-Vale…

-Tengo baño en mi habitación, es esa puerta de ahí. Ven, te cojo una toalla -Clarke se levantó, colocándose antes sobre su cuerpo y dedicándole una mirada pícara, que hizo que a Lexa se le tiñesen las mejillas de rosa.

Clarke le dio una toalla y Lexa se dio una ducha lo más rápido que pudo para intentar no gastar mucha agua. Una vez se secó y se puso la ropa limpia que le dejó la rubia, se quedó parada al escuchar unas voces fuera: no las reconoció. Una por la forma de hablar supo que era Clarke, pero la otra… Ni siquiera supo si era de un chico o de una chica: qué mala acústica había en esa casa, lo llegaba a saber y…

-Todavía sigue sintiendo algo por ti –escuchó, y cortó sus pensamientos, ¿quién podía sentir aún algo por Clarke?

-Bellamy ahora es un alma libre -se quedó asombrada cuando escuchó el nombre de su amigo-. Estoy segura de que se puede fijar en ti.

-En mí se ha fijado, pero dudo que llegue a algo más -se escuchó una risa irónica-. Al menos ahora lo tengo como amigo.

-Eso sí, ¿ves? Poco a poco, igual en unos días me sorprendes y me lo presentas como tu novio -escuchó su risa y sonrió al reconocerla-. ¿Te imaginas? Sería genial. Y por mí no te preocupes, no tengo ningún problema, estoy genial con Lexa.

-Me encanta veros juntas a las dos... En fin, nos vemos por el campus entonces, solo te quería dar eso.

-Sí, y muchas gracias por acordarte, en serio.

¿Había alguien que estaba por Bellamy? ¿Quién era la persona dueña de esa misteriosa voz? ¡Se lo tenía que preguntar a Clarke! ¿O pensaría que era una cotilla por estar escuchando detrás de las puertas? ¿Quién sería? Tenía que hablar con Bellamy: ¿quién estaría pasando ahora más tiempo con él?