Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


The Boy At Table Seven

By: LyricalKris

Traducción: Monica Szpilman

Beta: Yanina Barboza


Capítulo 11: Volviendo a casa

Un cliente interrumpió su sesión de besos, pero antes de que él regresara al garaje, Edward acunó su mejilla. La manera en la que la miraba, la ternura en sus ojos, hacía que su respiración se atorase en su garganta y su pecho se expandiese.

—¿Vendrás esta noche? Para hablar —añadió rápidamente.

Ella asintió, colocando la mano encima de la de él sobre su mejilla. En realidad, habría accedido a cualquier cosa en ese momento. Aún estaba cálida, y su piel cosquilleaba por sus besos. Podría haberse quedado atrapada bajo ese cuerpo en el sofá por siempre.

Colocando una dulce y pequeña sonrisa, él se inclinó por un último beso antes de suspirar y dejar la pequeña oficina.

Cuando abrió la puerta más tarde ese día, él estaba recién bañado. Solo luego de que él le diera un beso, la guio hacia la sala de estar y hacia el sofá. Él tomó sus manos, jugando con sus dedos y comenzó a hablar.

—Nunca quise estar lejos tanto tiempo. De verdad que no.

»No sabía cómo decirles. Que embarazara a una chica en primer lugar fue… Bueno, no quiero ser dramático, pero se sintió como si fuera el final de mi vida. Y luego cuando me enteré cuántos años tenía… —Él tragó fuerte—. No pude decirles. Traté, pero no podía hacer que se sintieran más avergonzados de mí de lo que ya estaban —bufó enojado—. Todo parece tan ridículo ahora, pero en ese entonces…

Padres avasalladores que lo colocaron en un pedestal y esperaban que no cayese. Un embarazo extremadamente no planificado con una menor de edad. Sus padres hablando sobre el aborto y muy probablemente apoyándolo para que fuese a otra escuela a la otra punta del país.

Por supuesto que había estado abrumado.

Bella tomó su mano, tranquilizando sus dedos y apretándolos.

—Lo entiendo.

Sus ojos buscaron los ajenos, y le dio un pequeño bufido.

—Al menos uno lo hace. —Su tono era bajo, dolorido. Bella pasó sus dedos por su cabello, esperando que el movimiento fuese confortante, y esperó—. Estaba tan molesto por todo lo que querían que hiciera. Cuando me fui, fui… muy arrogante. Se los demostraría. Progresaría sin su ayuda o consejos. —Él le dedicó una débil sonrisa, llevando su mano para acariciarle la mejilla—. Ya sabes. Los chicos de tu edad creen saberlo todo.

Ella se sonrojó, pero rodó los ojos.

—Sí lo sabemos todo —asintió con una seriedad burlona.

Él sonrió un poco más real, golpeteando los labios ajenos una vez antes de dejar caer su mano y suspirar.

—Dejé la universidad para mudarme más cerca de donde vivía Kebi. Sus padres le causaban problemas, y yo quería que tuviese un lugar para quedarse. Conseguí un trabajo en una gasolinera y un departamento del tamaño de una estampilla postal.

Sus ojos estaban lejos entre sus recuerdos, llenos con una pesadez que hacía que el corazón de Bella doliese. Ella se acercó un poco más, envolviendo un brazo vacilantemente a su alrededor.

—Era trabajador e inteligente. Pensé que era todo lo que se necesitaba para ser exitoso, pero estaba equivocado. —Su tono era duro, amargo—. Tan equivocado. Fallé. No había otra manera de verlo. Trabajaba duro. Algunas veces en dos trabajos, pero no podía con las cuentas.

—Edward, mira a tu alrededor —dijo Bella, deteniéndolo—. Obviamente lo lograste. No creo que eso sea fallar, para nada.

Él suspiró, pero sonrió ligeramente antes de continuar.

—No tienes idea de cuántas ganas tenía de ir a casa, pero estaba avergonzado. Mis padres nunca me negaron nada, y aun así Benjamin solo tenía escasamente lo mínimo de lo que necesitaba los primeros años de su vida. Honestamente no sabía cómo enfrentar a mi padre cuando tenía razón. No podía darle a mi hijo la vida que merecía.

—Edward —dijo Bella de nuevo, pero él continuó rápidamente.

—Kebi era realmente buena en darme ánimos. Dijo lo mismo que tú, que estaba intentándolo lo más que podía. Ella dijo: "Mira a nuestro hijo. Mira la manera en la que sonríe. Es rellenito y feliz. Tiene lo que necesita". —Su sonrisa fue un poco más real entonces, y Bella adivinaba que los recuerdos de su hijo habían valido la pena el dolor por el que había pasado.

Su sonrisa cayó rápidamente, y él colocó una mano en su frente, presionando fuerte.

—Yo… Ellos se perdieron todo. Todos esos años. —Él sacudió la cabeza lentamente, lleno de pena—. Los dejé solos porque no sabía cómo regresar. —En su regazo, su puño se contrajo.

—Ellos solo te querían de vuelta.

—Bueno, no sé por qué —soltó. Bella saltó, perpleja, y él dejó caer la cabeza con un suspiro—. ¿Qué haces aquí conmigo?

—¿Qué? —Su corazón se saltó un latido—. ¿Por qué no lo estaría? —Ella le acunó la mejilla, tratando de voltear aquella cabeza hacia ella. Él no levantaba la mirada, y ella odiaba la derrota que irradiaba su postura—. Eres un buen hombre.

—No me siento como un buen hombre.

Ella le acarició la mejilla.

—Deberías aprender de tus errores. —Esto captó su atención. Levantó la mirada—. Lo dijiste tú mismo —continuó—. En ese momento, se sintió como si tu vida estuviera terminando, pero no era así. No lo hizo. Apuesto a que se siente de esa manera ahora… Muy grande. Muy fuerte.

—Pero no lo es. —Él rio, sin un ápice de humor.

—Realmente no.

Entonces ella lo besó. Una vez en la mejilla. Luego en la otra mejilla. Él se quedó quieto, sus ojos cerrados, su respiración entrecortada. Ella podía notar que él trataba de controlar su emoción, probablemente tratando de no llorar. Tenía que ser abrumador. Tenía que estar asustado, asustado de lo que sucedería y asustado de tener esperanza.

—Mierda —juró bajo su aliento mientras perdía la batalla contra las lágrimas. Rodaron por su mejilla, una de cada esquina de sus ojos. Bella le limpió las lágrimas, y él la tomó por la muñeca.

Lentamente, sus ojos se abrieron.

—¿Cómo es que no estás corriendo lejos ahora? Esto no puede ser lo que quieres. Mi vida y el desastre que hice de ella.

—Yo haré mis propios desastres, con o sin ti. ¿Y quieres saber algo?

El pulgar de él acarició su mano, el movimiento suave.

—¿Qué cosa?

—Eres una reina del drama, Edward Cullen.

Él presionó sus labios, luciendo confundido, pero vagamente sorprendido.

—Das a entender que tu vida es un desastre. ¿Hay algo que no me estás contando? —Ella le dedicó una pequeña y juguetona sonrisa a él—. ¿Eres un adicto a las drogas o un asesino en serie? ¿Tienes miedo de que encuentre los cuerpos que tienes apilados en el ático?

—No tengo ático.

—Oh, entonces no hay nada. —Ella se movió para así estar presionada contra su costado, un brazo alrededor de sus hombros, entrelazando los dedos de su otra mano con los ajenos—. Así que no tienes todo el dinero del mundo. Tienes un niño fantástico y la mamá de él tiene un novio hipócrita al que con mucho gusto le golpearía ese prejuicioso rostro.

—¿Hipócrita? —Él arqueó una ceja.

—Luce mayor que tú.

Edward bufó.

Es mayor que yo. —Sus labios se estiraron hacia abajo—. Pero él no durmió con ella cuando aún seguía en secundaria.

—No eres un violador —insistió Bella. Ella inclinó la cabeza para dejar un rápido beso en la parte baja de su barbilla—. Tus padres comprenderán.

Él respiró profundamente, y luego de nuevo.

—¿Y realmente irás? Sé que este no es tu desastre para que lo arregles, no tienes que…

—Si no quieres que vaya, no lo haré, pero me gustaría estar allí. Para ti.

Él exhaló.

—Eso me gustaría mucho.

~0~

No fue la semana más fácil de Bella, ni de lejos.

Edward se había disculpado más de una vez por la mala elección del momento. Lo que sea que estuviese sucediendo entre ellos estaba estancado en un punto indefinido. Se robaban besos en la esquina de la cafetería cuando él pasaba a almorzar. Él le enviaba mensajes que la dejaban sonriendo como idiota todo el día.

Pero esa semana, Edward también tenía algo más grande que hacer.

Había mucho que él tenía que pensar antes de intentar ver a sus padres de nuevo. Se preguntaba si llamarlos primero, y decidió que no podía. Querría verlos tan pronto escuchara sus voces. Rápidamente decidió no decirle a Benjamin qué haría el próximo fin de semana. Solo por si acaso.

Debería llevar algo, le preguntó a Bella, luciendo tan condenadamente perdido que su pecho dolió.

—Solo a ti —le dijo ella, y le besó la punta de la nariz.

A mediados de semana, condujo al departamento justo cuando Edward y Benjamin llegaban a casa.

—¡Bella! —Benjamin se soltó del asiento y corrió por el estacionamiento hacia ella tan rápido, que ella dejó caer la bolsa con comida para atraparlo—. Uups —dijo apenado. Él la soltó para ir a atrapar algunas latas de debajo de su camioneta.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Edward mientras llegaba hasta ellos.

Él no sonaba molesto, solo perplejo, y Bella respiró más fácilmente.

—Haré la cena para mis chicos favoritos.

—Papi no es un chico, Bella —dijo Benjamin en su tono de "los adultos están siendo tontos de nuevo"—. Él es un hombre. —Aparentemente consideró eso un momento—. Yo puedo ser tu chico favorito, y papi puede ser tu hombre favorito —sugirió con claridad.

Bella alternó la mirada de él a Edward.

—Eso suena perfectamente bien.

~0~

Edward estaba tan nervioso como un elefante sobre una pelota de circo. Se movía continuamente en su asiento mientras conducían, y su cabello lucía como si hubiese presenciado un huracán gracias a que él pasaba sus dedos por éste.

—Te vas a arrancar el cabello —reprendió Bella más de una vez, deseando que ella fuese la que estuviera conduciendo. Él estaba yendo muy rápido.

Después, pudo imaginar que él habría sido el peor pasajero del mundo si no conducía, y que ella lo hubiese matado antes de que llegaran.

Ella hizo lo que pudo, dejando que su mano descansara con la palma arriba, como invitación. Edward no dijo nada, pero tomó la mano de ella y la sostuvo la mayor parte del viaje hacia Forks.

Cuando finalmente llegaron a la ciudad, estaba lloviendo a cántaros.

Y Edward lucía tan pálido como si estuviera muerto. Se notaba que temblaba, y sus manos se aferraban tanto alrededor del volante que sus nudillos estaban tan blancos como un hueso.

Cuando dieron la vuelta en la curva, su respiración se volvió errática.

—Ellos te aman —le recordó ella.

—No sé qué decir —susurró de vuelta luego de un momento tenso.

Estacionaron frente a la casa.

Bella no respondió. Ella se bajó del auto y corrió hacia su lado, ignorando el velo de la lluvia. Abrió la puerta y tomó sus manos, apretándolas suavemente. Él la siguió como si fuera una marioneta, sus ojos sin un punto fijo. Sus manos estaban sudadas.

—Solo unos cuantos pasos más —dijo ella.

Él caminó irregularmente, aferrándose a su mano lo suficientemente fuerte como para cortar su circulación mientras subían los escalones, lejos de la lluvia.

Bella tocó por él.

Esperaron por el minuto más largo de la vida de Bella. Ella se sentía un desastre. Su corazón palpitaba fuerte, su garganta estaba casi cerrada. La anticipación tenía casi todo su cuerpo tenso.

Tenía que ser cien veces peor para Edward.

Pero finalmente, finalmente, escucharon una débil voz gritar.

—Solo un segundo. Ya casi.

La voz de Esme.

Edward dejó de respirar repentinamente.

Y luego el sonido de los seguros de la puerta moviéndose.

La puerta se abrió.

—Lo siento, yo… —Sus palabras se desvanecieron con un jadeo estrangulado, la mano que no tomaba el pomo de la puerta, yendo a tapar su boca.

—¿Mamá? —La voz de Edward se parecía tanto a la de un niño.

Esme parpadeó esporádicamente como si no confiara en sus ojos u orejas.

—¿Edward? —preguntó ella, su voz apenas audible—. Edward —dijo de nuevo, un poco más alto—. Oh, mi Dios. Edward.

Esme se acercó, y el fulminante agarre de Edward a la mano de Bella se disolvió instantáneamente. Él atrapó a su madre en sus brazos. Se abrazaron solo por un segundo antes de que Esme se apartara, sus debilitadas manos enmarcando su rostro.

—¿Estás aquí? ¿De verdad estás aquí?

—Estoy aquí —prometió él, abrazándola de nuevo. Su voz se quebró—. Estoy aquí.

Bella se presionó una mano en la boca, ahogando un sollozo.

Detrás de la madre y su hijo, reunidos, la puerta se abrió de nuevo, y Carlisle se quedó allí, apoyándose en la puerta y en su bastón. Sus ojos se ampliaron cuando Edward levantó la cabeza. Su bastón cayó al suelo con un sonido fuerte.

—Papá —dijo Edward en ese mismo tono jadeante y esperanzador.

Bella vio cuando las piernas de Carlisle cedieron, y por un segundo, estaba segura de que todos terminarían en una montaña en el suelo. Edward había estado tan tembloroso, que estaba sorprendida de que no se hubiese caído. Pero Edward estuvo al lado de Carlisle en un segundo. Él tomó a su padre fuertemente y no lo dejó caer.

Tenía un brazo alrededor de cada uno de sus padres.

Era lo suficientemente fuerte para sostenerlos.


¡Hola! ¿Qué les ha parecido este capítulo con nuestro chico y nuestro hombre favoritos? :P ¿No es un tierno Benjamín?

Y también el tan esperado reencuentro... ¿qué creen que pasará ahora que ya están todos juntos? ¡Nos encantaría saber que creen en los comentarios!

Gracias por todos los alertas, favoritos y comentarios, nos hacen muy felices.

¡Hasta el próximo capítulo!