Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
The Boy At Table Seven
By: LyricalKris
Traducción: littleshinyspark
Beta: Mónica Spzilman
Capítulo 12: Gracias
Decir que había sido una hora y media emocional era quedarse corto.
Mientras ayudaba a su tembloroso padre a entrar a la casa, Bella había visto la culpa marcada en el rostro de Edward. Carlisle había sido frágil desde que lo conocía, por lo que su condición no era un shock para ella. Edward, sin embargo, debía recordar a su padre de una forma muy diferente.
Cuando Esme los apresuró hacia el living en donde había una cálida chimenea encendida. Edward y Bella estaban empapados por estar bajo la lluvia, y él tomó su mano, tirando de ella para que se sentase a su lado. El cobrizo parecía necesitar el apoyo, y Bella estaba contenta de estar junto al él. Edward necesitaba alguien firmemente de su lado.
Era una escena dolorosamente hermosa. Su conversación era forzada y algo lúgubre al principio, ninguno de ellos sabiendo por dónde comenzar, ni qué decir. Había tanta culpa y remordimiento, pendiendo en el aire como niebla permeando lo que habría sido un hermoso horizonte. Todos lamentaban lo ocurrido y aun así no dejaban que el otro se disculpase. Todas las palabras no dichas se redujeron a un solo pensamiento, el cual Bella escuchó, aunque ninguno lo dijera en voz alta.
Todos querían recuperar esos años perdidos.
Sin embargo, los nudos en sus gargantas se alivianaron eventualmente. Hallaron palabras. Y comenzaron a juntar todas las piezas.
Tan pronto como pudo, Bella se liberó del agarre de Edward, moviéndose a un costado, para que su madre pudiese sentarse junto a él. Parecía como si Esme no pudiese dejar de tocar a su hijo en cuanto pudo notar que estaba bien el hacerlo. Ella tocó su rostro, sostuvo sus manos, pasó sus dedos por su cabello.
Esme lloraba libremente, pero Carlisle y Edward estaban ambos tratando de ocultar que estaban a punto de echarse a llorar. Todo el tiempo, sus ojos brillaban con las lágrimas no derramadas que ambos luchaban fuertemente por contener. Vestigios del orgullo que los había llevado a donde estaban en un primer momento, Bella pensó, negando con su cabeza.
Aun así, Carlisle había abrazado a su hijo en reiterados momentos, y Edward se había permitido a sí mismo ser tomado entre sus brazos.
Bella acabó detrás del sofá, desde donde mantuvo sus manos sobre los hombros de Edward cuando él finalmente, les contó la verdad a sus padres sobre Kebi. No era una noticia fácil de digerir para ellos; Bella lo podía ver en sus caras, pero se recobraron.
—Hiciste lo mejor que pudiste en una… situación desafortunada —dijo Carlisle.
—Háblanos de nuestro nieto, por favor —susurró Esme.
Edward ya había sacado su celular, entregándoselos.
—Su nombre es Benjamin. Benjamin Rafi Cullen.
Eso rompió el estoicismo de Carlisle. Sus lágrimas finalmente se derramaron.
—¿Lo nombraste en honor a nuestro Benjamin?
Edward asintió lentamente. Sus ojos abiertos de par en par, temeroso, exactamente como un niño pequeño en busca de la aprobación de sus padres.
—Es hermoso. Es tan hermoso —dijo su padre.
En ese momento Bella se excusó, murmurando una disculpa que no creía que ninguno de ellos haya escuchado. Esme y Carlisle siempre habían amado sus enchiladas de pollo, y ella había hecho la compra para poder cocinar para todos. Era un proceso simple, pero que tomaba tiempo. Ella había querido usar esa excusa para salir de en medio, y darle a la pequeña familia tiempo a solas.
Las manos de Bella temblaban mientras preparaba las cosas para cortar los pimientos.
Este tipo de historias solo pasaban en los programas de espectáculo, ella pensó. Cuán diferente era en la vida real. Había más trompicones y titubeos, y silencios incómodos. Pero, el estar en el medio de algo tan cargado emocionalmente era fuerte. Ella no tenía idea de cómo Edward estaba manteniéndose en una pieza, porque sus nervios la habían dejado hecha polvo. Había una sensación surrealista en el ambiente, uno en el que, incluso ella, como una persona ajena al asunto, no podía evitar envolverse.
Ella sollozó, quitándose las lágrimas que caían ocasionalmente mientras preparaba la cena.
—De acuerdo, aquí estoy —anunció Esme, entrando a la cocina—. Ponme a trabajar.
—Ah, Esme, no. —Bella se alejó de la estufa, ya negando con su cabeza—. Yo puedo hacer esto, por favor. Vuelve con Edward.
A pesar de que sus ojos estuviesen rojos de llorar, la sonrisa de Esme era deslumbrante. Se puso una mano sobre la boca.
—Edward está en la otra habitación —dijo, más que nada para ella misma. Su voz era entrecortada, y sus ojos se aguaron de nuevo. Se tambaleó en su lugar.
Bella estuvo a su lado en un instante.
— ¿Estás bien? —preguntó, con su brazo alrededor de la mujer mayor.
La sonrisa de Esme se hizo aún más grande.
—Estoy mejor de lo que lo he estado en ocho largos años, querida. —Ella palmeó la mano de Bella—. Mi hijo necesita hablar con su padre. Puedo ayudarte mientras ellos se ponen al día.
Sabiendo que no había forma de discutir con Esme, Bella asintió.
—Puedes hacer el arroz —ofreció.
Trabajaron en silencio por unos minutos antes de que Bella hablara.
—Lamento no habértelo dicho la semana pasada.
—Oh, cariño. —Esme le sonrió mientras ponía a hervir el agua—. Debe haber sido muy difícil estar en esa posición.
Bella se quedó en silencio ante eso. Ella había estado segura que todo se resolvería. Conocía a Edward. Conocía a Carlisle y Esme. A pesar de la evidente mala sangre que existió entre ellos y que los mantuvo separados por tantos años, ella no había visto como esto podría terminar con un mal final.
Había una pequeña parte de ella que lo dudaba. El camino al infierno estaba hecho de buenas intenciones, después de todo. La idea de que Esme y Carlisle hubiesen rechazado a Edward, de que hubiesen vuelto a romper su corazón, era más de lo que ella podía soportar. Era una razón más por la cual había querido venir – solo en caso de que Edward necesitase a alguien que les gritara a sus prejuiciosos padres, incluso si estos eran los abuelos adorados de Forks.
Ella estaba contenta de que sus primeros instintos hayan estado en la lo correcto.
Esme largó una pequeña carcajada.
—Todo es claro como el cristal en retrospectiva, ¿no es así?
—¿A qué te refieres?
—Pensamos en enviar a alguien para que lo buscara. Un investigador privado. —Frunció los labios—. Suena demasiado sórdido, ¿verdad? Estábamos tan desesperados. Pero entonces pensamos… que él debía saber que esta aun era su casa; él debe saber que puede volver en cualquier momento.
»Por lo que creímos que él no quería volver. ¿Cuál, entonces, sería el punto en mandar a alguien a buscarlo? Solo serviría para alejarlo aún más, y lo volveríamos a perder. —Presionó una mano sobre su corazón, luciendo muy pálida—. No creo que pudiese haber sobrevivido a eso.
Sin estar muy segura de qué hacer, Bella puso su mano sobre su hombro, dándole un pequeño apretón. Esme sonrió y palmeó su mano.
—Debería haberlo sabido —dijo con un suspiro—. Mi niño testarudo. Debería haber sabido que él necesitaba ser guiado de vuelta a casa. Todos estos años…
—Él está en casa ahora.
Esme levantó su cabeza, con su sonrisa de vuelta en su lugar.
—Gracias a ti.
Bella bajó la mirada, revolviendo el pollo en la sartén.
—Solo fue una grata coincidencia que los conociese a ambos, eso es todo.
—Bueno. Tu grata coincidencia significa todo para mí, y nunca seré capaz de agradecerte lo suficiente.
*TBATS*
Luego de cenar, Bella sacó su laptop. Tenía un proyecto que hacer y había esperado poder usarlo de excusa para darles a Edward y a sus padres un momento a solas. En realidad, Bella no habría sido capaz de concentrarse ni aunque su vida dependiese de ello, así que no le importaba que uno u otro Cullen siguiese metiéndola en la conversación.
Aunque, ahora, Bella estaba feliz de haber traído la laptop por otra razón.
Edward pasó un vídeo desde su celular a la laptop y se la alcanzó a sus padres para que viesen.
En la pantalla, Benjamin estaba sonriendo alegremente.
—¿Estás grabando, papi?
—Sí, Benji —la voz incorpórea de Edward respondió pacientemente.
Estaban en un parque desconocido, con grandes extensiones de hierba verde. Benjamin sobre actuaba para la cámara, saludando entusiasmadamente.
—Bueno, está bien.
—¿Qué harás que es tan importante como para llenar la memoria de mi celular?
—¡Puedo pararme de manos!
— Bien, hazlo entonces.
Benjamin puso sus manos en el suelo. Impulsó sus pies en el aire una vez, otra, y una tercera vez, refunfuñando con cada intento. La cámara se tambaleaba con las risas de Edward.
Luego de unos cuantos intentos, Benjamin se arrodilló en el suelo con el ceño fruncido.
—Lo hice en la escuela. Juro que lo hice. Lo juro.
—Te creo.
Benjamin estaba levemente animado por las palabras de su padre, y volvía a sonreír cuando el vídeo se detuvo.
Carlisle y Esme tenían sus manos unidas sobre la mesa. Ella lloraba abiertamente, y a él le brillaban los ojos repletos de lágrimas, pero ambos portaban sonrisas amplías y bobaliconas.
—Mi pequeño niño es un papi ahora. —Esme susurró. Mirando a su hijo—. ¿Podemos conocerlo, Edward?
Bella se sorprendió cuando la mano de Edward tomó la suya bajo la mesa, y la apretujó fuerte. Ella le devolvió el apretón, asegurándole silenciosamente que ella estaba a su lado.
Él carraspeó.
—Por supuesto.
*TBATS*
La tarde le dio paso a la noche. A pesar de haber pasado unas buenas seis horas con su hijo para ese entonces, ellos parecían sorprendidos y a la vez complacidos cuando Edward aceptó pasar la noche en su casa. Bella ya se había preparado, por lo que ambos tenían sus bolsos de viaje ya empacados.
En algún momento, Esme debe haberse escabullido para alistar la vieja habitación de Edward. Los guió hacia ella, asegurándoles que las sábanas estaban recién cambiadas.
Le tomó un minuto a Bella comprender que Esme había asumido que ella y Edward querrían compartir la habitación. Los latidos de su corazón se alteraron, pero antes de que pudiese preocuparse sobre ello, escuchó la tirantez en el tono de Edward.
—Mamá…
Bella siguió su mirada hacia la habitación. Siempre que visitaba la casa mientras estaba en la preparatoria, esta habitación se mantuvo cerrada. Nunca tuvo la oportunidad de echar un vistazo dentro. Miró ahora y vio lo que había congelado a Edward en su lugar.
Exceptuando el hecho de que la cama estaba hecha y todo estaba ordenado, la habitación lucía como si fuese ocupada por un adolescente.
—Yo… —Esme titubeó y tomó aire profundamente—. Era como si al empacar todo estaría admitiendo que nunca volverías a casa.
Edward liberó la mano de Bella y puso su brazo alrededor de su madre. Ninguno de ellos dijo una palabra, pero se aferraron al otro por unos segundos, como si se estuviesen asegurando el uno al otro de que esto era real.
Sollozando, de nuevo, Esme le dio unas palmaditas a Edward en la mejilla.
—¿Estarás aquí en la mañana? —verificó.
Edward asintió.
—Lo prometo.
Satisfecha, Esme fue junto a su esposo.
El silencio que los rodeó entonces era sofocante. La cabeza de Bella daba vueltas. Había una densidad en el aire que no entendía. Su cuerpo se sentía drenado, incluso sus miembros se sentían cansados. Las emociones intensas por las que había pasado su cuerpo ese día la habían dejado exhausta. No estaba segura de cómo Edward seguía aun de pie.
Él estaba mirando hacia la puerta cerrada, sus hombros moviéndose con cada respiración.
—¿Edward?
Su voz pareció haberlo devuelto al presente. Se volteó hacia ella sin mirarla, sus hombros desplomándose muy ligeramente.
—Yo, eh… Lamento esto. No estaba pensando. — Edward pasó sus manos por su cabello sin parar, mientras comenzaba a caminar de un lado al otro—. Mi madre… ella parecía tan feliz ante la idea de nosotros estando juntos. Estoy inclinado a darle todo lo que ella quiere en este momento, y…
—Edward.
—…. Cuando ella preguntó si eras mi novia, dije que sí.
—Edward.
—No fue justo de mi parte ponerte en un lugar incómodo, y…
Ella se metió en su espacio personal, deteniendo sus palabras y su andar frenético. Él temblaba, notó con sorpresa. Incluso cuando se detuvo, no la miró. Aun con la mirada baja no parecía como si estuviese mirando algo realmente y se encogió cuando ella tocó su mejilla.
—Está bien. —Sus palabras eran gentiles, y el cerró sus ojos ante ellas.
—Yo… los dejé solos —susurró con la voz quebrada, débil—. ¿Qué hubiese pasado si el moría? ¿Si nunca lo hubiese vuelto a ver?
—Tu padre está vivo. Aún tienes tiempo —le aseguró ella porque él parecía necesitar oírlo.
—Sigo pensando cuán sola debe haber estado mi madre, cuando no sabía si el viviría o moriría. Debería haber estado aquí para ayudarlos.
Sus manos estaban hechas puños a sus lados, y el aún no había levantado la mirada. Bella tomó sus manos en la suyas, relajando sus dedos rígidos.
—Ahora estás aquí.
Su labio inferior estaba temblando.
Bella lo jaló suavemente, acercándolo. Colocó sus manos en su espalda, y él se aferró a ella.
—Está bien. Estás aquí. —Ella puso sus brazos a su alrededor, sosteniéndolo, recorriendo su cabello con los dedos, luego su cuello y espalda—. Tus padres te aman. Todo va a estar bien…
Lentamente, él fue dejándose caer. Bajó su cabeza, apoyándola sobre su hombro. Respirando laboriosamente por largos segundos.
Bella podía notar que él estaba conteniéndose, pero cuando ella susurró.
—Soy yo, cariño. Déjalo ir. —Y él lo hizo. Las emociones agobiantes del día lo golpearon, y lloró desconsoladamente mientras Bella lo sostenía y mecía en sus brazos. Lloró por vergüenza y culpa. Temblaba porque, en algún lugar dentro de él, seguía siendo ese niño aterrorizado que necesitaba desesperadamente a sus padres y ahora estaba en su casa. Finalmente estaba en casa y volvía a estar a salvo. Amado. Adorado a pesar de todo.
Cuando abrió sus ojos finalmente, eran de un verde pacífico, un océano calmo. Y cansado. Tan cansado.
Para entonces, hacía tiempo que Bella los había llevado hacia la cama. Él la miró avergonzadamente mientras secaba los restos de lágrimas bajo sus ojos.
—Lo siento.
—No hay nada que lamentar. —Ella besó su mejilla, para que pudiese ver que no le molestaban sus lágrimas. Era comprensible. No era exactamente una debilidad el llorar en una situación tan agobiante, buena o mala.
Él tomó sus manos, atrayéndola a sus labios para dejar suaves besos sobre sus nudillos.
—Puedo dormir en el cuarto de huéspedes, si eso te hace sentir más cómoda.
Bella se retorció mentalmente, tratando de encontrar las palabras justas. Ella no quería dejarlo ir aun. Aunque no hubiese amenaza alguna, ella sentía una extraña necesidad de protegerlo, como si quisiera mantener a Edward seguro en sus brazos por más tiempo.
—No estoy incómoda —dijo finalmente, porque esa era la verdad.
Una parte de ella se sentía joven y tonta. ¿Rompería algún tipo de regla tácita el querer quedarse con él? Debería ser una situación incómoda. No habían ido más allá de un beso. A pesar de que los cambios habían sido abrumadoramente buenos, la vida de Edward aún estaba en el medio de una gran turbulencia. ¿Sentiría que ella lo estaba presionando?
Él la miró, sus ojos vulnerables pero tiernos.
—Puedo ser un caballero —dijo con una sonrisa burlona. Era genuina, pero con un brillo más apagado de lo usual—. Si lo intento mucho.
Bella rio y besó la punta de su nariz.
—Te creo. —Apretando su mano una vez más, la dejó ir y se puso de pie—. Tómalo. —Le pasó su neceser mientras se ponía el suyo al hombro—. Voy a alistarme para ir a la cama.
Ella se dirigió al baño de la habitación y se puso sus pantalones de pijama y la camisa. Se cepilló los dientes, tratando de no agrandar el hecho de que compartiría la cama con Edward esa noche. Él prometió ser un caballero, y estaba tan cansado, ella esperaba que se fuese directamente a dormir.
Aun así, había una parte de ella que no podía evitar pensar en cómo sería el tener su cuerpo presionado al suyo en un escenario completamente diferente.
Apoyándose en el lavabo para enjuagar su boca, Bella se rio silenciosamente de ella misma. Sus pensamientos estaban desperdigados por todas partes. Era una situación embarazosa en la que estar si se dejaba pensar en ello por más de cinco segundos. Ella nunca había dormido con un hombre, solo dormido. Su relación en la secundaria había sido todo sobre cuánto tiempo podían usar cuando sus padres no estaban en casa. Y aun así aquí estaba, bajo el techo de los padres de Edward, apunto de compartir una cama con él.
Estaban haciendo las cosas fuera de orden, pensó irónicamente.
Le cedió el baño y se sentó en el borde de la cama, tratando de alejar los pensamientos embarazosos que estaban comenzando a invadirla. Considerando que él la había visto horriblemente enferma, verla en pijamas debía ser, si se podía, más sexy que eso. Y de nuevo, ella no estaba pensando sobre sexo.
En serio.
Edward estaba callado cuando salió del baño, vestido similarmente, en pantalones para ir a trotar y una camiseta. Y se sentó junto a ella en la cama.
Surrealista. Bella pensó que no tenía un sentido de la realidad en ese momento. Estando ahí, a punto de subirse a una cama con Edward, como si fuese algo que hacían todos los días, se sentía como un gran paso en su horizonte, pero él había tenido una gran decaída hace pocos minutos y con una buena razón.
No estaba segura de cómo debería estar sintiéndose.
Edward suspiró y apoyó su cabeza contra la suya, envolviendo su cintura con sus brazos. La besó cerca de la oreja.
—Quiero que sepas. —Besó su mejilla—. Que soy consciente de cuán afortunado soy. —La besó cerca de la boca—. Gracias. —Tomó su rostro en sus manos, sus ojos intensos fijos en los de ella—. No tengo idea de por qué lo hiciste, pero gracias por todo.
Bella sacudió su cabeza levemente, atontada con la infinidad de emociones que la avasallaban.
Estaba enamorada de él. Le habría ayudado a encontrar a sus padres de todas maneras, pero ese era otro tema. Ella estaba completa, loca, y desesperadamente enamorada de él.
Su beso fue suave, cariñoso, y ella se lo devolvió con la misma ternura.
No importaba, Bella se dio cuenta mientras compartían dulces besos.
Su relación se estaba desarrollando exactamente como debía hacerlo, como la vida, de forma espontánea y de a poco. La vida no sucedía de manera estructurada. A veces se da un paso a la vez, y en otras, pasos agigantados. Había una seguridad en su corazón de que juntos se estaban dirigiendo hacia algo mucho más grande.
Era suficiente el haber formado parte de esto, haber ayudado a reparar una familia rota.
Era suficiente el deslizarse bajo las sabanas con Edward sin ninguna expectativa.
Era suficiente el ser envuelta en sus brazos, ser sostenida en sueños como si él nunca quisiese dejarla ir.
¿Qué les ha parecido el capítulo? ¿Qué piensan del reencuentro?
Se nos ocurrió que tal vez podríamos comenzar a publicar esta traducción dos veces por semana... pero no estamos del todo seguras, ¿qué piensan ustedes? ¡Nos encantaría saber su opinión para terminar de decidirnos! :P
¡Gracias por los comentarios, alertas y favoritos!
Hasta el próximo capítulo
