Aquí el capítulo 14 de Amor en juego.
También largo como el anterior, e intenso, esperamos que lo disfrutéis y nos digáis vuestra opinión sobre cómo va la historia.
Preparados, listos, ya.
CAPITULO 14. El torneo.
Era lunes, pero no un comienzo de semana cualquiera: era el lunes del torneo. Se acababan de subir en el avión, cada uno en sus asientos. Lexa no podía dejar de mirar por la ventana, que quedaba a su lado izquierdo, observando el ala, el asfalto, los coches que conducían por la pista…
-Lex -la llamaron, y se giró rápidamente para ver el rostro confundido de Clarke.
-¿Qué? -preguntó algo angustiada, y la rubia sonrió cálidamente.
-Te dan miedo los aviones –afirmó. Lexa lamió sus labios y asintió varias veces, volviendo a mirar por la ventana.
De repente sintió la mano de Clarke sobre la suya, apretándola para darle ánimos. Miró a la rubia y le sonrió, agradeciéndole el gesto, y se acercó un poco a ella hasta tocar sus labios en un pequeño beso.
-Gracias -susurró Lexa con timidez. El avión empezó a moverse justo en ese instante y Lexa agarró con más fuerza la mano de Clarke, que rio suavemente ante la reacción de la chica.
-No es nada, preciosa. En un rato ya hemos aterrizado -le dijo mientras pasaba un brazo por sus hombros y le daba otro beso, esta vez en la mejilla. Lexa asintió y cerró los ojos: ya se sentía un poco más tranquila en los brazos de la chica. Hasta que el avión empezó el despegue, claro.
-Lex, no va a pasar nada -le dijo Octavia, que estaba a su lado. Agarró la mano que tenía libre para intentar tranquilizarla y Lexa terminó por entrelazar sus dedos con los de su amiga-. Piensa en lo bien que nos lo vamos a pasar.
-Ahora mismo no puedo, O -dijo la chica con los labios apretados por el miedo. Octavia volvió a estrechar su mano y le sonrió.
-No te preocupes, aquí estamos todos contigo.
Lexa abrió los ojos y dirigió la mirada hacia Octavia, asintiendo y ofreciéndole una pequeña sonrisa.
El avión comenzó el despegue y sintió una sensación de vacío en el estómago junto con una leve presión.
-¿Cómo va mi surfera favorita? -dijo Bellamy, apareciendo por encima del asiento y posando las manos en los hombros de Lexa.
-Mal -contestó la chica, que había vuelto a cerrar los ojos.
-¡Mira, las nubes! -exclamó Octavia. Señaló con el dedo la ventana del avión y Lexa entreabrió un ojo para ver el paisaje: un manto de nubes los rodeaba, como si los estuviese abrazando y dándoles la bienvenida a esa cúpula celeste. En realidad era una visión muy bonita, pensó Lexa. Respiró hondo e intentó tranquilizarse. Estaba rodeada de casi todos sus seres queridos y no había razón aparente para alarmarse.
Una vez estuvieron en pleno vuelo sintió que se relajaba algo más; intentó imaginar que estaba en un vehículo cualquiera que no fuese aquel volador, aun así no soltó las manos de las chicas que estaban sentadas a su lado solo por si acaso.
-Hola, guaperas -sonrió Bellamy a Murphy, que estaba a su lado leyendo un libro a través de unas gafas redondas. El chico levantó la mirada con aspecto interesante. Alzó sus cejas, como si lo de "guaperas" fuese lo que oía día tras día.
-¿Necesitas algo? -preguntó.
Bellamy se rio por el gesto del chico. Acababa de volverlo a ver después de la fiesta, al igual que a Monty, y solo había podido hablar con él el día anterior. Ninguno de los dos había sacado el tema de lo ocurrido el viernes por la noche y, según creía Bellamy, tampoco veía al chico con intención de hacerlo: su comportamiento era el mismo a pesar de haberlo visto con Raven y él no iba a estropearlo, menos ahora que se había convertido en un buen amigo suyo. Aunque, si se paraba a pensarlo durante un momento, estuvo bastante bien. Es cierto que en aquel instante el alcohol corría por su cuerpo, pero eso no excluía el hecho de que le hubiese gustado que el chico estuviese presente allí. De hecho, uno de los pensamientos que se le había pasado por la cabeza estos últimos días era el de que no le importaría repetirlo, lo cual lo dejaba más confundido aún.
-Sí, ese libro es un poco romanticón, ¿no? -movió la portada para ver el título con una sonrisa-. ¿Quieres un besito? -puso morros acercándose al chico, que lo miró espantado.
-¿Qué dices?
-Que si quieres un besito -dijo aún con los morros apretados, esta vez agarrando la nuca del chico y atrayéndolo hacia él para besar su mejilla entre risas de sus amigos, que estaban sentados delante.
Cuando volvió a mirar hacia delante con una sonrisa en los labios se encontró con una mirada celeste y curiosa que los observaba desde su asiento, y le guiñó un ojo a la chica, que se lo devolvió, no sin antes mirar ahora a Murphy para volver a atender a su chica.
Se quedaron todos alucinados observando el alto edificio que formaba su hotel, agarrando sus mochilas deportivas.
-¿Tendrán spa? -gritó Octavia agarrando el brazo de Clarke y entrando corriendo en recepción para preguntar.
-Mujeres -bromeó Bellamy al lado de Lexa, que soltó una risa por su frase-. ¿Qué tal estás?
-Bien, ya ha pasado todo -suspiró, aliviada tras el viaje.
-Nada puede acabar con mi chica -medio gruñó pasándole el brazo por los hombros.
-¿Estás nervioso por los partidos?
-Son tres, los tenemos ganados -sonrió a su amiga antes de despeinarla.
-¡Eh! -se quejó mirándolo con el ceño fruncido y volviéndose a peinar.
-¡Eh! -se burló de ella, peinándose los rizos que caían por su frente, llevándose un empujón de su amiga, que caminó hacia donde se encontraban Clarke y Octavia, que miraban distintos panfletos-. Hola, la habitación a nombre de Alexandria.
Las dos chicas la miraron extrañadas mientras hablaba con el recepcionista del hotel, que comprobaba los datos en la pantalla del ordenador.
-Lex -la llamó Octavia entre dientes-. Las habitaciones están a nombre de la universidad.
-Lo sé -sonrió y miró a Clarke-, pero nosotras tenemos una reservada.
-Uhhh… -alzó las cejas la rubia, divertida, antes de dejar que Lexa le diese un fugaz beso tras tener en su mano la tarjeta que abría la habitación.
-¿Nos vamos? -preguntó a la chica.
-Claro… -sonrió, agarrando el brazo de la más alta- Tengo un partidazo como chica, ¿eh? -miró a Octavia, que alzó una ceja, risueña.
-Una lástima que no pueda follar mientras practica deporte, ¿eh? -sacó la lengua para burlarse de sus amigas.
-Imbécil -la insultó con amor Clarke, antes de que las dos se despidiesen moviendo la mano mientras se cerraban las puertas del ascensor-. Dime, ¿qué has preparado? -dijo, rodeando su cuello, y Lexa sonrió.
-Ya lo verás, ¿no?
Cruzaron el pasillo hasta llegar a la puerta, y Lexa dejó pasar primero a la chica, sonriendo en todo momento mientras ella entraba y empezaba a soltar grititos de alegría y miraba hacia todos lados. La gran cama de matrimonio estaba cubierta de pétalos de distintas flores, minuciosamente elegidas para la ocasión por Lexa. También había unos globos en forma de corazón, unas velas encendidas y otras apagadas para otro momento especial que iban a tener más adelante. Y, por último, un regalo que envió al hotel directamente para que colocasen en el centro de la cama.
-¿Es para mí? -Clarke señaló el regalo, y Lexa asintió, riéndose a carcajadas cuando la vio lanzarse a la cama y abrazar el gran oso de peluche- Ven aquí.
Clarke la miró fijamente y Lexa no pudo resistirse a sentarse a su lado en la cama, dejarse agarrar por su camiseta y ser arrastrada con ella sobre el colchón en el momento en el que sus labios se unieron. El beso empezó lento, pero muy sensual y húmedo, y, a pesar de que lo comenzó la rubia, era la de ojos verdes la que llevaba ahora aquel gesto romántico. Clarke la puso sobre ella y no pudo controlar arquearse levemente cuando sus cuerpos encajaron tan bien.
-Te quiero, Clarke -confesó y se perdió en su mirada azul mientras ella acariciaba su pelo, echándoselo hacia atrás.
-Sabes que yo a ti también -respondió en un susurro, manteniendo sus miradas mientras depositaba un suave beso en su nariz.
Lexa se inclinó y volvió a besarla antes de levantarse y respirar hondo.
-Estoy nerviosa -sonrió tras haber suspirado.
-Eres la mejor jugadora de rugby que he visto jamás -comentó abrazando otra vez al oso.
-Lo dices porque eres tú.
-Lo digo porque es verdad -dijo sonriente también.
-Si ganamos los dos de hoy estamos mañana en la final. Qué nervios, al menos descansaríamos toda la mañana. A los que les toquen jugar los dos partidos seguidos lo van a llevar peor.
-Las tienes todas contigo, cariño -se levantó para volver a depositar un suave beso en sus labios.
La morena miró el reloj y vio que el momento se acercaba, así que ambas decidieron abandonar de momento su habitación para que la jugadora se preparase para los partidos que iban a acontecer en las próximas horas.
-¡Fin del partido!
El sonido de los silbatos llenó el estadio por completo y los gritos de los espectadores no se hicieron esperar. Tras muchas horas, los jugadores estaban cansados a todos los niveles, pero los del equipo ganador tenían una sonrisa enorme en el rostro. Quien había marcado por última vez se abalanzó hacia sus compañeros, abrazándolos y casi llorando de la emoción. Bellamy se acercó al pelotón para felicitar a su compañero y a todos los demás: no podía creerse que hubieran ganado después del día tan duro que habían tenido. Había sido una tarde bastante ardua: habían ganado el primer partido y luego el otro equipo había contado con ventaja al no haber participado antes. Aun así lo habían hecho y el sentimiento de gratificación lo compensaba todo, aunque las piernas le dolieran horrores y los brazos apenas los sintiese.
Lexa se acababa de quitar el casco de rugby y fue hacia él con una gran sonrisa en los labios. Bellamy la alzó por los aires, ambos riendo, y se dieron un fuerte abrazo. Era su forma de celebrar la victoria. Seguidamente, la chica siguió corriendo hasta las gradas, donde una rubia la esperaba justo en la primera fila con las manos alzadas.
-¡Te dije que ganaríais! -le gritó por encima del ruido que hacía la multitud cuando Lexa llegó a la valla que las separaba. Levantó los brazos y atrajo a Clarke hacia ella para darle un beso lleno de efusividad. Cuando la rubia se entregó a esa caricia, Lexa aprovechó para cogerla de la cintura y, a pesar de las protestas de la rubia mientras se reía, bajarla al campo con ella de un movimiento. Lexa sonreía nerviosa, incapaz de tener las manos quietas, y con los ojos brillantes de la emoción que sentía: ¡era increíble! Todavía quedaba el partido del día siguiente, pero eso no le preocupaba ahora. Lo importante era celebrar todo con la chica que tenía frente a ella y que la miraba con la sonrisa más preciosa que había visto nunca.
Bellamy seguía en medio del campo, gritando y alzando las manos en un gesto de victoria. Era el momento del equipo y había que aprovecharlo. Se separó del abrazo grupal aún con una sonrisa y movió la cabeza, incrédulo. Alzó la mirada y, justo a unos pasos de él, estaba Murphy. Ya no llevaba el casco y el pelo se le había pegado a la frente por el sudor y el esfuerzo durante el partido, igual que a él mismo. Este se dio cuenta de que Bellamy lo miraba porque giró la cabeza y le dedicó una sonrisa enorme. Se acercaron al mismo tiempo y casi chocaron cuando ambos levantaron los brazos para unir sus cuerpos en un cálido abrazo. Bellamy sentía cómo las extremidades de Murphy abarcaban toda su espalda y lo apretaban contra él mientras escondía la cara en su cuello, al mismo tiempo que sentía todavía la sonrisa en los labios del chico. Bellamy no supo bien por qué, pero no quería que ese abrazo terminase. Le correspondió de la misma forma, atrayéndolo hacia sí con toda la fuerza que pudo, como si quisiera unirse a él y que disfrutasen de la hazaña juntos. Al cabo de unos segundos que a Bellamy se le hicieron demasiado cortos, los dos se separaron, pero sus manos seguían posadas en los brazos del contrario. Parecía que él no era el único que quería que ese momento durase más. Bellamy no podía apartar la vista del chico, perdiéndose en su mirada azul. Más bien no quería dejar de observarlo... Hasta que Murphy fue el que decidió romper ese extraño instante, bajando la cabeza y deshaciéndose con suavidad del agarre de Bellamy.
-Enhorabuena -le dijo Murphy. Apenas lo podía escuchar por el ruido, pero pudo leer la felicitación en sus labios.
-Lo mismo te digo.
Siempre pasaba lo mismo: nadie lo quería, pero al final todos acababan cediendo. Habían estado cenando todos juntos en el hotel donde se alojaban todos los equipos, y a pesar de que eran rivales, fuera del campo eran todos compañeros y amantes del rugby, así que se percibía muy buen ambiente en ese lugar.
En teoría el primer partido del día siguiente era por la mañana, concretamente a las doce, pero eso no impidió que propusieran pasar la noche todos juntos entre bailes y nada de alcohol. Al menos su equipo ya solo jugaba en el partido de la tarde; tenían más tiempo para descansar, sobre todo de los juegos intensos que habían tenido ese día junto el viaje en avión.
La fiesta era en uno de los salones del hotel, que lo habían reservado los entrenadores para los jugadores. Eso sí, ninguno podía beber nada que tuviese alcohol o demasiada azúcar, a excepción de los acompañantes. Bellamy, con un vaso de zumo en la mano, se encontraba al lado de Lexa y de Octavia, las dos hablando de cómo había ido el partido y de las partes más difíciles.
-¡Y cuando ese tío te lanzó al suelo creí que te habías roto un brazo por lo menos! -exclamó Octavia mirando a Lexa, que soltó una carcajada.
-Cosas peores me han hecho jugando, O.
-¿Te acuerdas cuando una chica casi te dobla la pierna por una mala postura? -intervino Bellamy.
-Joder que si me acuerdo -respondió Lexa, llevándose la mano hacia la pierna-, aunque con lo que me duele ahora casi ni me importaría.
Bellamy se rio y asintió porque él sabía de lo que hablaba. Tomaban precauciones para evitar las agujetas y las lesiones, pero los remedios nunca eran infalibles y esperaba que mañana ambos siguieran en plena forma para volver a jugar.
-No habréis bebido en mi ausencia, ¿no? -Clarke apareció detrás de Bellamy y llevaba una bebida en la mano. Apoyó una mano en el hombro del chico mientras seguía hablando- Que lo tenéis prohibido.
Señaló con el dedo a los dos jugadores del grupo y estos pusieron los ojos en blanco casi al mismo tiempo.
-Ya lo sabemos, ya -protestó Lexa-. No hace falta que nos lo digas de nuevo.
-Es por si se os ha olvidado -contestó la rubia. Se acercó a Lexa y le cogió la mano mientras le sonreía. La morena se ruborizó un poco: no solían darse muchas muestras de afecto en público, sobre todo por su timidez, pero en el fondo le gustaba que la chica lo hiciera.
-Lo que a mí me preocupa es averiguar dónde se han metido los chicos, porque me han dejado solo con vosotras y, claro,… -no le dio tiempo a terminar la frase cuando Octavia le dio un pellizco en el brazo- ¡Oye, que me vas a lesionar! -fingió él, haciendo un gesto de dolor.
-Di otra tontería así y te lesiono de verdad -contestó su hermana, perforándolo con la mirada.
-Ya no se puede hablar…
Lexa y Clarke se reían mirando a los hermanos. Cuando recuperaron el aliento, Clarke habló:
-A Monty lo he visto hace poco por aquí -dijo a la vez que hacía un gesto circular con la mano para señalar la habitación-, y Murphy está justo allí.
Indicó el lugar con un pequeño movimiento de cabeza y todos se volvieron. Murphy estaba hablando con otro chico que, según recordaban Bellamy y Lexa, había jugado en el primer equipo descalificado.
-Parece que se lo está pasando bastante bien -volvió a decir Clarke, esta vez con una sonrisa pícara y levantando las cejas como si insinuase algo. Lexa se rio con ella al igual que Octavia y Bellamy dibujó una pequeña sonrisa en los labios. Tan pequeña que parecía más bien que había apretado los labios simplemente.
Bebió del vaso y se lo terminó de un sorbo mientras las chicas seguían hablando a su alrededor y él hacía lo imposible para prestar atención a su conversación, pero no podía quitar los ojos de Murphy y del otro tío. Este parecía que se había acercado más a su amigo y que le decía algo al oído: lo que fuera que le dijo hizo reír con ganas a Murphy. De repente se vio pensando en que le gustaría ser aquel chico y que Murphy se riese con él de esa forma. Que quería decirle cosas al oído y provocarle esa reacción. Que quería abrazarlo igual que lo había hecho en el campo, pero esta vez mucho más tiempo.
¿Pero qué coño le pasaba? Sacudió con disimulo la cabeza y se contuvo de pellizcarse la nariz para comprobar que no estaba alucinando o algo parecido. ¿De verdad estaba pasando todo eso por su mente? Si solo era su amigo y desde hacía pocos meses y antes de eso se habían llevado fatal y a él nunca le habían atraído los chicos y no había experimentado nada con ninguno y…
-Bell, ¿estás bien? -le preguntó de improviso su hermana con preocupación en la mirada.
-¿Eh? Ah, sí, sí.
-¿En qué estabas pensando? -le preguntó, curiosa- Parecía que te iba a salir humo por las orejas -dijo mientras se reía de su propio comentario. Su hermano la imitó.
-En nada.
-Si tú lo dices…
-¡Qué pasa, ganadores! -exclamó Monty, que llegaba con una bebida en la mano y un canapé en la otra.
-¿Han puesto comida?
-Desde hace un rato, así que corre -le aconsejó él, llevándose el bocado a la boca.
-Ahora nos vemos, el deber me llama -afirmó Octavia, desapareciendo hacia el salón contiguo con decisión.
-Voy detrás de ella, que seguro que se come el plato y todo -repuso Lexa con una sonrisa. Apretó la mano de Clarke y caminó hacia su amiga. Monty se excusó diciendo que iba a atrapar un pastelito de nata y que, si no volvía, lo encontrarían por allí.
-Vaya glotones tenemos por amigos -dijo Clarke, llevándose el vaso a los labios y mirando a Bellamy.
-Desde luego.
-¿Cómo te sientes? -le preguntó la rubia con curiosidad.
-¿Cómo me siento? -repitió este, confundido.
-Sí, por el partido y eso.
-Genial -contestó enseguida-. Estoy muy cansado, pero ha merecido la pena.
-¿Y cuál crees que será el pronóstico de mañana?
-No puedo decir nada, señorita. Información confidencial -bromeó el chico, aguantándose la risa. Clarke se carcajeó-. ¿Y tú cómo estás?
-Estupendamente -le dijo. El chico no sabía qué más decir; ya habían pasado la fase de no hablarse y poco a poco volvían a ser amigos, pero aún había entre ellos un halo de incomodidad que ojalá se difuminase hasta desaparecer con el tiempo-. Bell, ¿puedo hacerte una pregunta?
-Sí, claro.
-Sé que todavía no es igual que al principio, pero… ¿podemos hablar con franqueza de todos los temas? -Bellamy levantó una ceja, sin saber a qué se refería- Lo que quiero decir es que si, llegado el caso, puedo hablarte de cualquier cosa y eso incluye a Lexa.
Bellamy tuvo que analizar la frase un par de veces en su cabeza para saber qué significaba hasta que por fin lo comprendió: Clarke le estaba pidiendo que, si lo necesitaba, fuese su confidente además de amigo.
-Supongo que sí, Clarke. ¿Por qué iba a decirte lo contrario?
-Por todo lo que ha pasado entre los tres… Me siento aún culpable y quiero arreglarlo -dijo de forma tajante-. Y una forma de hacerlo creo que es si tú y yo llegamos a ser buenos amigos y hablamos de todo con normalidad.
Bellamy asintió y sonrió a la chica. La comprendía perfectamente.
-No te preocupes, rubia -le guiñó un ojo y ella se rio.
-¡Siempre igual!
-Es mi encanto, no lo puedo remediar.
-¡Hola, chicos!
Murphy acababa de llegar con una sonrisa que no le cabía en el rostro. Bellamy miró por encima de su hombro y vio que el mismo chico de antes tenía la mirada fija en los tres.
-Has tardado en venir, pillín -dijo Clarke-. ¿Te lo has pasado bien? -insinuó la chica. Murphy rio por el comentario.
-¿Ya no puedo hablar con otros chicos o qué? -protestó. Empujó levemente a la rubia, quien soltó una carcajada.
-Pues él sigue devorándote.
Murphy giró el rostro hacia Bellamy, que no paraba de mirar al chico del otro extremo del salón. Murphy siguió con los ojos la dirección y los volvió a clavar en su amigo.
-Ese es su problema. Hoy no estoy para nadie.
-Ah, ¿no? -preguntó Bellamy, divertido.
-No, a menos que yo quiera que me encuentren.
Murphy se quedó observándolo durante un segundo más del adecuado tras un comentario de ese estilo y Bellamy se quedó sin palabras. No, no. Estaba malinterpretando las cosas y con el día que había tenido era normal que no supiese ni cómo se llamaba. Clarke tosió en ese momento, lo que causó que tanto Murphy como él la mirasen.
-Siento interrumpir pero me voy con mi querida chica a descansar, que ya es hora -dijo mientras miraba el reloj. ¿Interrumpir?, pensó Bellamy. ¿Interrumpir el qué?
Una vez habló, Clarke se dio la vuelta y se encontró unos pasos más allá con Lexa, que la esperaba con una sonrisa en el rostro.
-¿Ya has comido todo lo que querías, cariñito mío? -dijo Clarke en tono bromista, haciendo que la otra chica riese.
-No tanto como quería.
-¡Pero bueno!
Las dos siguieron riendo hasta llegar al ascensor, que abrió las puertas en cuanto pulsaron el botón. Clarke se acercó al espejo que había en este para ver si tenía el pelo bien colocado cuando unos brazos la atraparon por detrás y una nariz se hundió en la curvatura de su cuello.
-Lex, no puedes hacer nad…
-Lo sé, lo sé, pero déjame disfrutarte un poco -le susurró al oído, inspirando su aroma natural. La rubia se mordió el labio y se dio la vuelta al mismo tiempo que Lexa la apoyaba contra el espejo.
El beso no tardó en llegar y las manos de ambas se movieron por las zonas que tenían más cerca, paseando de un lado a otro del cuerpo de la otra. El ascensor llegó a la planta y tuvieron que separarse por la falta de aire. Caminaron hacia la habitación que compartían y Lexa abrió la puerta, cediéndole el paso a Clarke como si fuese un caballero de otro tiempo.
Entraron y no les dio tiempo a hacer nada cuando ya estaban tendidas en la cama y se besaban con ganas. Sus labios recorrían el cuello de la contraria, la boca, la lengua, el lóbulo de la oreja… Todo lo que fuese necesario para que los gemidos se oyesen por toda la habitación.
-Clarke… -susurró Lexa cuando la rubia empezó a acariciarle la cintura por debajo de la camiseta- Clarke… para.
La rubia lo hizo y sonrió pícara a la chica.
-Sabes que lo del sexo durante el deporte es un mito, ¿verdad? -Lexa tragó saliva observando a la chica, que soltó una risa divertida antes de depositar un beso más suave en sus labios- Sé que estás cansada, puedo esperar un día más. Creo.
-Y-yo…
-Dime, ¿qué prefieres: masaje de espalda, brazos, piernas…? -ofreció la chica, poniéndose de rodillas en el colchón y observándola desde allí.
-¿Sabes dar masajes? -se sorprendió.
-Hice un curso de varios meses de masaje, entre ellos estaba el deportivo. Estoy bastante interesada en él -guiñó un ojo a la chica-. ¿Dónde notas más dolor o cansancio?
-Piernas.
-Vale -levantó la ceja-. ¿Puedes quitarte los pantalones?
Lexa lo hizo mientras la veía recorrer la habitación y dirigirse a su maleta. Sacó un bote de crema y volvió donde la morena la esperaba.
-¿Cómo me pongo?
-Siéntate con la espalda contra el cabecero o, si prefieres, tumbada -continuó dirigiéndole una mirada pícara-. Pero como yo soy la que da el masaje, prefiero que estés sentada, así puedo ver mejor tu cara y saber si te está gustando o no.
-Algún día vas a matarme, ¿lo sabes? -comentó sin aliento y soltó un suspiro ahogado cuando la chica echó crema sobre su muslo derecho.
Al principio se encargó de extender la crema por su piel, pero luego se dedicó a realizar el masaje, apretando con sus dedos donde notaba que estaban los músculos más tensos; intentó relajarla, pero consiguió que se excitara. Sí, las manos de Clarke habían estado sobre sus piernas antes, pero ese momento estaba siendo demasiado erótico y la chica se encargaba de potenciarlo. Lexa se lamentó internamente por ser tan fácil con la chica y rezó por que no notase que se estaba mojando. Y lo tuvo que notar, porque ese qué calor hace unido a desprenderse de su camiseta, quedándose en sujetador, lo hizo muy a propósito.
Clarke pasó a su otra pierna, repitiendo el mismo proceso anterior, y Lexa no pudo controlar que se escapase un gemido de sus labios cuando sus dedos acariciaron sus ingles. La rubia se sentó sobre su pierna ya "relajada", notándola muy bien bajo su pantalón.
-No gimas así o no podré controlarme -se miraron a los ojos; la morena estaba agitada.
-No te controles.
Ambas se observaron, y los ojos de Clarke bajaron a sus labios antes de que se uniesen en un intenso beso que hizo que otro gemido escapara de los labios de la morena. Agarró las caderas de la rubia y la acercó a ella, posicionándola mejor sobre su cuerpo.
-Voy a lavarme los dientes y dormimos, ¿vale? Tienes que descansar -murmuró contra sus labios, haciendo que Lexa soltara un sonido frustrado. Se dejó caer contra la almohada cuando Clarke se levantó de encima y se dirigió hacia el baño moviendo sus caderas con cada movimiento. A propósito, otra vez.
El viento soplaba con fuerza por el estadio y poco a poco el cielo pasaba de un azul claro sin apenas nubes al color anaranjado del atardecer. Los últimos dos equipos estaban ya en el campo, preparados para enfrentarse en el partido que los definiría como perdedores o ganadores.
Con el sonido del silbato, los jugadores de ambos lados del campo comenzaron a moverse a la vez que los gritos en las gradas se hacían más fuertes. Los nervios estaban a flor de piel. El primer jugador en alcanzar la pelota corrió hacia el lado opuesto del estadio con Bellamy y Lexa a ambos lados, como si lo estuvieran escoltando, pero una jugadora del equipo contrario se interpuso entre ellos y derrumbó al chico, robándole el balón y corriendo hacia el extremo contrario del campo.
Durante los primeros veinte minutos ninguno de los dos equipos marcó ni se acercó en exceso a la línea de meta: los jugadores que hacían de defensa estaban dándolo todo para que su facultad ganase ante la otra y no podían permitirse ningún fallo. Sin embargo, a partir del minuto veintiuno el partido dio un giro un tanto radical: Murphy marcó y ahí fue cuando empezó el verdadero juego. Los minutos restantes fueron una lucha encarnizada llena de placajes, intentos por quitar el balón, algún que otro golpe consciente e inconscientemente y unas ganas tremendas de vencer llegados a ese punto del torneo.
A cinco minutos de que se diese por terminado el partido, ambos equipos tenían poca diferencia en sus marcadores: solamente de tres puntos. Era casi la última oportunidad que tenían y no podían pasarla por alto. El balón cayó en manos de Lexa, que no dudó en correr todo lo que pudo hacia el campo contrario con la pelota entre sus brazos para que nadie pudiese siquiera contemplarla. Era muy rápida y a los jugadores les costaba alcanzarla, aunque algunos le pisaban los talones. Tenía la línea de meta a cien metros de ella: puedo hacerlo, se dijo, solo un poco más. Incrementó la fuerza en sus piernas y siguió avanzando sin mirar atrás ni prestar atención a las ovaciones de los espectadores ni a los gritos de sus compañeros de juego.
Notaba a varios jugadores tras de ella y aceleró sus pasos cruzando la línea de meta, y el marcador añadió puntos al equipo, a pocos segundos de que terminase el partido. Levantó el brazo, apretando en balón con los dedos, y con un grito que bien parecía el de una general en guerra, lo lanzó contra el suelo. Lexa no cabía en sí de la emoción y, con los ojos vidriosos, se dio la vuelta para dirigirse hacia sus compañeros. Con lo que no contaba era con la avalancha de cuerpos que cayeron encima de ella, felicitándola y abrazándola por el tanto. Poco después todos se separaron y la alzaron en volandas, paseándola cerca de las gradas para que todo el mundo viese quien los había llevado a la victoria. Los jugadores del equipo contrario estaban cabizbajos, pero les dieron la enhorabuena con leves sonrisas y apretones de mano.
Lexa pidió que la bajasen cuando vio a Bellamy llegar desde el otro extremo del campo corriendo a más no poder. Ella se abrazó a él, pasando los brazos por su cuello y riéndole en la oreja.
-¡Hemos ganado! ¡Hemos ganado! -le gritaba, sin importarle si al chico le molestaba o no. Bellamy rio mientras la apretaba más contra él.
-¡He visto todo desde lejos y ha sido increíble, Lex! -le felicitó, dándole besos por el pelo y la mejilla- Eres nuestra campeona.
Una lágrima cayó de sus ojos y le sonrió a su amigo. Aunque para algunos pudiese parecer una tontería, para ellos este equipo había significado mucho durante estos cuatro años de universidad y ganar este torneo era un premio que no se esperaban conseguir.
Indra se lanzó al campo también a felicitar a sus jugadores entre sonrisas, abrazos y palabras de aliento. Llegó hasta Lexa y la felicitó, diciéndole que tenían que recoger la copa que acababan de traer. El árbitro, junto a otro de los organizadores, la portaba en la mano y se la cedió con gusto al capitán del equipo.
-Toda tuya -le dijo Indra a Bellamy con una sonrisa-. Levántala tan alto como puedas.
Bellamy la cogió con manos temblorosas. Era una réplica de las copas de los mundiales de rugby y, junto con todo lo vivido en el partido, ese detalle hizo que se emocionara. Miró a Lexa, que a su vez lo observaba con ojos expectantes, y le tendió una de las asas de la copa.
-Vamos a levantarla juntos.
Lexa lanzó un pequeño grito y cogió también la copa. La alzaron y toda la grada hizo vibrar el suelo del campo. Eran los ganadores y ese era su momento.
Cuando los jugadores empezaron a dispersarse, Bellamy y Lexa vislumbraron las figuras de Octavia, Clarke y Monty, que corrían hacia ellos.
-¡Campeones! -gritó el chico, abrazando a un Bellamy más que sonriente.
-¡Sois los mejores! ¡Qué orgullosa estoy! -exclamó Octavia, fingiendo que se limpiaba una lágrima. Lexa la cogió del cuello para despeinarla y la chica protestó, aunque riéndose. Seguidamente, la rubia abrazó a Lexa, que la esperaba con los brazos abiertos.
-Eres perfecta.
Lexa se ruborizó y le dio un beso, sin poder aguantar la emoción, que Clarke correspondió enseguida.
-¡Esperad a la celebración en el hotel, chicas! -Murphy venía de entre los jugadores, que se habían unido para celebrar el partido, y chocó las manos tanto con Monty como con Bellamy- Increíble, ¿eh?
-¡Eso se queda corto! -exclamó Bellamy, que aún no se había recuperado del momento en el que alzó la copa con su mejor amiga. Sería algo que no olvidaría fácilmente.
Lexa seguía aferrada a Clarke. Había experimentado más cosas estos dos últimos días que en un mes entero y se notaba más cansada, tanto física como psicológicamente. Sin embargo, eso no le iba a impedir compartir toda la alegría con su chica como era debido. Era hora de celebrarlo.
Cuando salió del baño se encontró a Clarke aún envuelta en el albornoz y tumbada sobre la cama. La vio abrir los ojos en el instante en el que quedó frente a la cama, mirándose ambas fijamente. No podía creerse que ese momento hubiese llegado, en el que estuviesen completamente solas y nadie iba a interrumpirlas.
La rubia se arrodilló en la cama y fue así hacia donde estaba ella; una vez la tuvo enfrente, pasó su mano por su mejilla hasta llegar a su húmedo cabello, inclinándose para besarla suavemente. El beso comenzó lento, pero pronto se empezaron a escuchar los suspiros que escapaban de entre los labios de ambas cuando realizaban el movimiento correcto. Suspiros que cambiaron a jadeos cuando sus lenguas comenzaron a participar en él, haciéndolo más húmedo y más necesitado. Clarke agarró su nuca también y la arrastró hacia ella, tumbándose sobre el colchón al mismo tiempo que Lexa se dejaba caer sobre su cuerpo. Era cierto que tras los dos días de intenso ejercicio le dolían músculos que ni sabía que existían, pero ese dolor desaparecía cuando los labios de su chica la besaban de esa manera, o cuando sus manos recorrían su espalda tan delicadamente.
Pasó su mano por el muslo de la chica de ojos azules, que había quedado al descubierto por la postura, y tembló cuando su pierna se deslizó entre las suyas y pudo comprobar de primera mano que estaba completamente desnuda bajo ese albornoz. Casi se desmayó por dos razones simples: por el gemido que soltó Clarke y porque pudo sentir que su chica se estaba mojando por ella ya.
Los dedos de la rubia la recorrieron otra vez y fue la primera que se atrevió a posarlos sobre su pecho y apretar, consiguiendo que ambas jadearan de nuevo antes de que se colase por el albornoz y la tocase directamente, consiguiendo que sus pezones se endurecieran bajo sus caricias. Lexa se arrodilló soltando otro gemido y llevó sus manos automáticamente al nudo de la prenda que cubría ese cuerpo que estaba deseando observar y acariciar en su plenitud. Le faltó el aliento y se lamió los labios por el nerviosismo y la excitación mientras se perdía en cada centímetro de piel de ese cuerpo que quedó expuesto para ella. Clarke la miraba agitada, perdiéndose en cómo esos ojos verdes la miraban, sintiendo un escalofrío cuando pudo percibir, por primera vez, que en ella se mezclaban amor y deseo en un mismo instante. Dejó que la mirase y aguantó el aliento cuando sus ojos pararon en su bajo vientre, observando cómo su respiración se volvía más pesada; sin poder evitarlo, se sentó, dejando el albornoz en el colchón tras haber sacado los brazos por él, y besó a Lexa con ganas, temblando por cómo le devolvía el gesto mientras buscaba el nudo apretado que tenía la morena. Consiguió deshacerlo y quitárselo en un hábil movimiento: era su turno de mirar.
Lexa se quedó quieta, aún de rodillas, cuando Clarke la recorrió con los ojos, atreviéndose a pasar una mano lentamente por su torso y su abdomen hasta llegar a su cintura y llevar la yema de sus dedos por el tatuaje que estaba ahí antes de bajar por su muslo mientras apretaba su labio inferior con los dientes. La morena llevó su mano a su mejilla y con el pulgar liberó ese labio antes de volver a inclinarse y besarla una vez la chica volvió a enfocar su rostro. La tumbó de nuevo, agarrando sus piernas para colarse entre ellas, gimiendo al mismo tiempo cuando sus cuerpos se unieron totalmente desnudos.
Giraron, y Clarke quedó sobre ella, sentada sobre su abdomen y observándola de nuevo. Lexa estiró un brazo para acariciar su vientre, subiendo hasta uno de sus pechos y empezando a hacerle caso mientras se sentaba y volvía a capturar los labios de la chica en un beso muy lento. Notaba los suspiros de la chica cuando comenzó a estimular sus pezones con los dedos. Bajó por su cuello, repartiendo húmedos besos pasando su lengua por su piel, saboreándola mientras seguía bajando hacia un destino claro: esos pechos tan deseados.
La mano de Clarke se apoyó en su nuca, enredándose en su pelo y acercándola más a ella, dándole permiso para estar ahí, gimiendo cuando los labios de Lexa rodearon su pezón y empezó a hacer pequeñas succiones que la hacían temblar. Sus bocas volvieron a unirse, besándose intensamente al mismo tiempo que la rubia volvía a pegar la espalda de la más alta en el colchón: era su turno de bajar. Empezó con su cuello, estremeciéndose cuando los labios de Lexa se pegaron a su oreja y escuchando tan de cerca esos jadeos o tímidos gemidos que escapaban de su garganta. Llegó hasta su pecho tras lamer su clavícula y no tardó en realizar lo mismo que había hecho ella, apretando su pecho libre con la mano.
Lexa pasó su mano por la espalda de la chica, acariciándola mientras recibía aquellas atenciones tan placenteras, y aguantó el aliento cuando notó su lengua bajando por su abdomen. La miró, degustándola con sus ojos cerrados, y no era la única que suspiraba por lo que hacía. Jadeó por la anticipación del momento; Clarke había llegado a su cintura y dio un largo lametón sobre el tatuaje que adornaba su piel antes de continuar bajando y besando sus piernas, separándolas con las manos. Su respiración ahora estaba agitada y era pesada. Clarke volvía a subir por sus largas piernas hacia un objetivo concreto, entreteniéndose con sus ingles y abriendo los ojos para que verde y azul se conectasen. Fueron unos segundos de "¿puedo hacerlo ya?", y no hizo falta respuesta porque podía hacer lo que quisiera con ella.
El gemido que soltó hizo que se sintiera avergonzada por unos instantes por lo alto que sonó, olvidándolo cuando la lengua de Clarke volvió a pasar por su intimidad lentamente. Agarró las sábanas que cubrían el colchón cuando los movimientos de la rubia se volvieron más repetidos y más insistentes en ella, temblando contra su boca y echando su cabeza hacia atrás.
La visión que tenía Clarke no se quedaba atrás: tener el cuerpo de Lexa disponible para ella y poder observar cómo se arqueaba por lo que estaba realizando, teniendo bajo su mirada aquel cuello tenso donde se producían los gemidos que acababan saliendo por esos labios tan gruesos de la morena. Sus ojos se conectaron y Clarke succionó su clítoris antes de subir y besarla con hambre, notando que gemía dentro de su boca cuando su lengua acarició la de ella.
Lexa volvió a poner a la rubia, delicadamente sobre el colchón, y realizó el mismo camino húmedo que había hecho antes su chica, suspirando mientras sus labios acariciaban esa suave piel. Una vez subió por sus piernas, observó su destino y tembló de nuevo, pasando su lengua por sus ingles, pudiendo olerla y sentirla estremecerse bajo sus caricias. Clarke separó más sus piernas, dándole el espacio que quisiera antes de pegar sus labios a esa zona tan húmeda y degustarla con la lengua, gimiendo cuando descubrió que ese sabor podía llegar a ser adictivo. Y lo era, no podía dejar de lamerla. Apretó los muslos de la chica con sus dedos, succionando ese clítoris hinchado antes de notar cómo Clarke se corría y caía pesadamente en el colchón. La morena sonrió, tras pasar su lengua un par de veces más: estaba deliciosa.
-Era verdad lo de que estabas bajo los efectos del alcohol entonces -dijo agitada mientras Lexa se ponía de nuevo sobre su cuerpo.
-No me hiciste caso... -comentó sonriente, pero se fue el gesto con el beso que Clarke le regaló.
Gimió otra vez con fuerzas cuando la mano de la chica bajó por su vientre y se coló entre sus piernas, comenzando a estimular su ya hinchado clítoris. Se miraron a los ojos, otra vez pidiendo permiso silencioso, pero la respuesta fue la misma que anteriormente. Lexa apretó los párpados mientras separaba sus labios, dejando escapar un lento gemido, mientras sentía cómo la rubia la penetraba. Se movieron al mismo tiempo, haciendo que Lexa escondiera su rostro en el cuello de la chica y, sin poder evitarlo, su mano también bajó hacia donde Clarke la necesitaba, tentándola por si quería más, y así fue. Sus dedos entraron también dentro de ella y tembló de nuevo por las sensaciones y ese gemido ronco contra su oreja.
Los movimientos acabaron siendo los mismos para las dos, arqueándose contra la otra mientras por dentro sentían que en breve iban a explotar.
-Te quiero -susurró contra su oído, besándola cuando recibió la misma respuesta de sus labios antes de caer pesadamente sobre su cuerpo, notando cómo Clarke tenía el segundo orgasmo con sus dedos.
Los besos continuaron mientras sus cuerpos se ponían de lado en el colchón, quedando frente a frente y abrazadas, acariciando la espalda de la otra para tranquilizarse mutuamente tras ese momento tan ansiado.
-La espera ha merecido la pena -susurró Clarke contra su cuello, su sitio favorito, al mismo tiempo que Lexa las tapaba a las dos con la sábana.
-Eres increíble, Clarke -dijo con el mismo tono, y sintió cómo sonreía contra su piel.
-Te quiero, Lexa -volvió a decir y la morena la abrazó más fuerte.
Después del partido, Bellamy se dirigió a su habitación para tranquilizarse y apaciguar todas las emociones que se concentraban en su cuerpo. Sonrió para sí mismo y no podía borrar esa sonrisa de su cara: estaba muy feliz y no se sentía así desde hacía meses. Todos habían planeado cenar juntos y luego quedarse en el hotel para festejar el triunfo que habían tenido y entablar relación con los demás jugadores aunque no hubiesen ganado. Estaba claro que esa fiesta se alargaría hasta altas horas de la noche, pero no estaba seguro de poder aguantar hoy tanto.
Lexa y Clarke se habían despedido de todos para irse a su habitación y el chico tenía una idea más que aproximada de por qué esas prisas. Si él tuviese una pareja en ese momento también hubiese hecho lo mismo.
Decidió que pediría algo al servicio de habitaciones y que comería cualquier cosa para descansar un poco más antes de bajar al salón. Tras media hora, se encontraba frente al espejo, vestido con unos vaqueros oscuros y una camisa negra. Se sacudió el pelo rizado y salió del cuarto. Según le había dicho Monty, iban a estar él y Murphy en la fiesta, así que los buscaría en cuanto llegase.
Lo primero que notó cuando el ascensor lo dejó en la planta baja fue el escándalo que había. Banderas, globos, la música demasiado alta y muchas bebidas corrían de un lado a otro del salón. Los jugadores estaban más que contentos: eufóricos. Incluso los que habían quedado en segundo y tercer lugar. Alzó la cabeza para ver si encontraba a sus amigos por allí pero no había rastro de ninguno, ni siquiera de su hermana, que a saber dónde se había metido. Se encogió de hombros y fue a por una bebida, ya que ahora sí podía degustarla. Comenzó a hablar con chicos y chicas de distintos puntos de Estados Unidos y de diferentes universidades que le contaron cuál era su experiencia con el rugby y cómo les iba en su equipo, entre otros temas banales.
Al cabo de una hora se dio cuenta de que Monty seguramente se había quedado al final en su habitación o estaba en otro lugar del hotel, al igual que Murphy, por lo que decidió irse a dormir. Después de estos dos días necesitaba descansar. Se despidió de las personas con las que hablaba y dejó el vaso encima de una mesa, dispuesto a salir del salón, cuando vio a Murphy apoyado en una pared, mirándolo. Bellamy le sonrió: ahí estaba. Fue hacia él, pero Murphy se dio la vuelta y se escabulló por la puerta a paso ligero bajo la sorprendida mirada de Bellamy.
¿Qué bicho le había picado?
Lo siguió, curioso. Apenas habían podido hablar estos días y echaba de menos las conversaciones que tenía con el chico. En cierto sentido se había convertido en alguien muy importante para él en poco tiempo y, si le ocurría algo, quería saber el qué.
Llegó un momento en el que lo perdió de vista: se notaba que era uno de los más rápidos del equipo y que sabía esquivar a los demás. Él mismo se lo había dicho ayer: No estoy para nadie a no ser que quiera que me encuentren. Ayer… Bellamy no había vuelto a pensar en el instante de la fiesta, ese en el que por primera vez había sentido celos de un chico. ¿Eran celos de verdad? También se podían sentir celos hacia alguien que se llevaba bien con tu amigo, ¿no?
Con este pensamiento llegó a la terraza del hotel, que estaba en la primera planta. Las vistas eran preciosas: las montañas, de un color dorado por la luz del atardecer, rodeaban el hotel y el cielo con tonos rosas que indicaban que la noche estaba cada vez más cerca. A Bellamy le encantaba ese momento del día, y si estaba surfeando, más.
Para su sorpresa, Murphy también se encontraba allí, apoyado en la baranda y mirando hacia el horizonte. Parecía que no se había dado cuenta de que alguien más estaba allí y Bellamy no quiso interrumpir su momento de tranquilidad. A lo mejor era eso lo que buscaba y él se había entrometido…
De repente, vio cómo el chico sacaba un cigarro del bolsillo de su pantalón negro y se lo llevaba a los labios con torpeza. ¿Desde cuándo Murphy fumaba? El castaño se dio la vuelta con los ojos abiertos de par en par. Vaya, ya había vuelto a hablar en voz alta.
-Desde nunca, la verdad -dijo, apartando el cigarro de su boca. Suspiró y Bellamy se acercó a él.
-¿Entonces por qué lo hacías?
Murphy giró el cuerpo, volviéndolo a apoyar en la baranda y sin mirar a su amigo mientras hablaba.
-Porque estoy nervioso.
-¿Nervioso? -preguntó Bellamy. Si ya habían terminado todos los partidos y habían ganado. ¿Qué podría ponerlo nervioso?
-Sí… -susurró, llevándose una mano a la cara y pasándosela por el pelo. Bellamy pensó que el pelo despeinado le sentaba mejor al chico...
¿¡QUÉ!?
-Si quieres contarme por qué, aquí estoy -le dijo Bellamy con una pequeña sonrisa, posando una mano en su hombro e intentado no darle importancia a sus pensamientos. Murphy fijó la vista en la mano de su amigo y volvió a suspirar.
-No es algo que pueda contar tan fácilmente.
Bellamy alzó una ceja. De verdad, su amigo no podía ser más misterioso.
-¿Pero tan malo es? -preguntó, preocupado. Murphy soltó una carcajada.
-No, no lo es.
-Entonces no lo entiendo…
Murphy se incorporó de la baranda, girando el cuerpo y situándose por fin cara a cara con Bellamy, quien seguía mirándolo con curiosidad.
-A lo mejor no puedo contártelo -empezó a decir el chico sin apartar sus ojos de los de él-, pero si quieres puedo demostrártelo.
¿Demostrárselo? La cara de Bellamy era todo un poema, pero sonrió y asintió con la cabeza para indicarle al chico que podía hacerlo si eso le iba a ayudar.
Lo que no se esperaba era sentir sus labios sobre los suyos. Bellamy abrió los ojos como platos, sin saber cómo reaccionar ante lo que acababa de hacer su amigo. Mil ideas le pasaron por la cabeza mientras Murphy acunaba su cara para intensificar un poco el beso y llegó un punto en el que él mismo se vio cerrando los ojos y disfrutando del tacto suave de esa boca.
Poco después, Murphy se separó de Bellamy, que aún seguía con los ojos cerrados, y se apartó de él unos pasos. Bellamy por fin volvió a mirar a su amigo. Las palabras se habían ido de su cabeza y las pocas coherentes que le quedaban no podían salir por sus labios: era incapaz de hacer nada que no fuese observar a Murphy en ese instante. Este tampoco apartaba la mirada de él, al menos durante un rato, hasta que se percató de lo que había hecho y dio un paso más hacia atrás. Como si quisiera alejarse de Bellamy todo lo posible.
-John… -susurró Bellamy. Nunca antes lo había llamado así, pero el nombre le había salido solo.
Murphy empezó a negar con la cabeza, dio media vuelta y empezó a caminar directo a la salida de la terraza, acelerando el paso cuanto más lejos estaba de Bellamy.
La luz del atardecer era tenue y la luna se dejaba entrever entre las nubes, que parecían haber salido justo en ese momento.
¿Qué acababa de pasar?
