Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
The Boy At Table Seven
By: LyricalKris
Traducción: Yanina Barboza
Beta: Flor Carrizo
Capítulo 13: La conversación
—Tu mecánico favorito está en la mesa siete. —Soltó una risita Jessica—. Y también los otros. —Guiñó.
El corazón de Bella dio un pequeño salto agradable, sus labios elevándose automáticamente en una sonrisa. Cuando Jessica la miró con complicidad, trató de moderar su reacción sin mucho éxito. Resoplando, se limpió las manos en el delantal y fue a atender su mesa.
Se sentía como otra vida, ella se sentía como una persona diferente de la que había sido la semana pasada. Parecían como eones desde que había estado en la casa de los Cullen, observando a Edward tratar de decirles adiós a sus padres por una semana, pero solo había sido ayer.
Estos eran algunos asuntos importantes a ser abordados con el hombre que posiblemente era su novio. Como había notado todo el fin de semana, ellos estaban haciendo las cosas de alguna manera informal. Ella había reunido a Edward con sus padres, un evento que alteraba la vida si alguna vez hubo uno, pero sus amigos no sabían sobre ellos.
Bella apenas vio a Emmett o Jasper. Sus ojos eran atraídos hacia Edward. Incluso la vista de su perfil hacía a su barriga agitarse y a su corazón tamborilear. Era la sensación más extraña, como si este aturdimiento brotaría fuera de ella con una risita. Y cuando él se apartó de Emmett, cuando sus ojos encontraron los de ella y sonrió, calor destelló a través de su cuerpo. Su respiración se detuvo.
Él se removió en el asiento, como si su cuerpo sintiera el mismo magnetismo que el de ella.
Llegando a la mesa, Bella aclaró su garganta.
—Hola, chicos. ¿Puedo ofrecerles el sándwich de carne a la cacerola? Es perfecto con la sopa del día, la que, como estoy segura saben, es sopa de lentejas.
Intentó mirar a los otros, pero Edward lo hacía difícil. Ella estaba híper consciente de los ojos de él en ella. Sonrió para Emmett y Jasper, pero apenas escuchó una palabra de lo que dijeron.
Aparentemente, él tenía menos fuerza de voluntad de la que ella tenía. Cuando sintió la punta del dedo de él en su pierna, ella tartamudeó.
—Yo, um…
Ella captó su sonrisa de satisfacción por el rabillo del ojo, pero su movimiento estaba oculto de los otros debajo de la línea de la mesa. Era un gesto bastante inocente, solo un roce justo debajo de su rodilla, pero tenía un efecto incendiario.
—¿Q-Quieres papas fritas con eso? —consiguió preguntarle a Jasper.
Emmett rió. Los labios de Jasper se curvaron.
—¿Estás bien, cariño?
—Sí. Claro.
—Te ves un poco sonrojada.
Emmett sonrió hacia ella.
—Quizás deberías dejar que nuestro amigo aquí te lleve a casa de nuevo por un poco de amor y cuidado. Deberías haber sido doctor, Edward.
Los dedos de Edward se deslizaron de ella y puso ambas manos en la mesa, agarrando su bebida.
Bella se aclaró la garganta y sacudió la cabeza, forzando una sonrisa aunque su corazón estaba latiendo a mil por hora.
—Estoy bien. Entonces, ¿papas fritas?
—Sopa, si eso todavía está bien —dijo Jasper jovialmente.
Bella tardíamente recordó que había ofrecido dejar a Jasper reemplazar la sopa por papas fritas antes de que Edward la hubiera tocado, por consiguiente borrando todo pensamiento. Le dio a Jasper una sonrisa avergonzada.
—Correcto. —Tomando una respiración profunda, Bella se giró hacia Edward—. ¿Y qué quieres tú?
—¿Quieres decir además de a ti? —murmuró Emmett bajo su aliento.
Bella tuvo que recordarse que su ligera broma no era exactamente inusual. Que eso llevara más peso esta última semana o así no era culpa de Emmett.
Jasper sofocó la risa, pero siseó hacia él para callarlo. Edward lo fulminó con la mirada, pero solo por un segundo antes de regresar hacia Bella y sonreírle de nuevo.
—El especial está bien. Con la sopa.
Ella se quedó un poco más de tiempo del que era necesario.
—Bien.
Para cuando el almuerzo terminó, Bella estaba enredada en nudos. Honestamente no sabía lo que se suponía que debía estar pensando. Era un espacio confuso para estar, por decir lo menos.
Justo antes de que ellos se fueran, Edward la pilló fuera de la vista de los otros y la jaló de la manga hasta que ella lo siguió por el corredor que guiaba a los baños. Él no perdió tiempo. Acunó la cara de ella en sus manos y la besó sin sentido hasta que los dos estaban jadeando. Él suspiró cuando apoyó su frente contra la de ella.
—Necesitamos hablar.
—Sí —coincidió Bella. Su cabeza estaba girando.
Él trazó sus nudillos por la mejilla de ella.
—Lo siento, Bella. Ojalá supiera lo que estoy haciendo.
—Nadie sabe lo que está haciendo.
La sonrisa de él curvó un lado de su cara.
—¿Pasarás esta noche?
Ella sabía que debía decir no. Estaban acercándose peligrosamente los finales y tenía mucho trabajo para hacer.
Pero no era como si pudiera concentrarse cuando sus pensamientos volvían a él cada dos segundos de todos modos.
—Sí. Pasaré —acordó ella con un suspiro. Pasó sus dedos sobre las letras doradas grabadas del nombre de él en su camisa y reclinó su cabeza para robarle un beso más antes de que los dos regresaran a pretender que nada estaba pasando entre ellos.
~0~
Para cuando la tarde llegó, Bella casi se arrepentía de decir sí. Casi.
Su turno siempre la dejaba cansada y después todavía tenía que volver a su dormitorio para, por lo menos, ducharse. No había forma de que fuera a la casa de Edward en su uniforme manchado, oliendo como comida y quién sabía qué más.
Ya eran pasadas las ocho cuando llegó a lo de Edward. Bella dudó unos minutos en su auto, retorciendo sus manos.
No tenía más idea de lo que estaba haciendo de lo que él tenía. No sabía lo que pasaría cuando fuera arriba y realmente no sabía lo que quería que pasara.
¿Era normal que parte de ella quisiera que él abriera la puerta, la levantara en brazos y la cargara directo a su habitación? ¿Era sabio por parte de ella querer que pudiera actuar sobre el deseo que había estado presente justo debajo de la piel por lo que parecía desde siempre? Solo habían pasado ocho días desde que se habían besado por primera vez.
Ese era el propósito de esta noche, se recordó. Podrían descubrir si estaban en la misma página y dónde ir desde ahí. La vida no era como en las películas donde ellos podrían o deberían dejarse atrapar por el romance del momento. Necesitaban hablar.
Decidida, Bella salió del auto y se dirigió al departamento de Edward.
Por supuesto, toda su voluntad se derritió cuando él abrió la puerta. Él no dijo una palabra, pero envolvió sus brazos alrededor de la cintura de ella, jalándola al interior mientras sus labios reclamaban los de ella. Era una especie de beso necesitado, como si la frustración de estar separados por la mayor parte del día después del pesado fin de semana emocional que habían pasado juntos fuera demasiado.
Cuando se volvió obvio que Edward estaba intentando tomarse su tiempo, Bella gimió un poco, entregándose al momento. Sus ojos estaban cerrados contra el ataque de la sensación, los labios de él moviéndose lentos pero intensos con los de ella, sus manos acunando su cintura, la esencia de su piel tan cerca de la de ella y el sabor de la lengua de él en su boca.
Edward la empujó suavemente hacia atrás así estaba contra la puerta. La forma en que las manos de él comenzaron a subir por la línea de sus costados envió deliciosos estremecimientos a través de su cuerpo. Las manos de ella se extendieron sobre la espalda de él, sintiendo la definición de sus músculos y la forma en que se flexionaba mientras la besaba. Ella se preguntó vagamente si él sabía lo que le estaba haciendo, cómo sus pensamientos estaban enmarañados y sin sentido y que era simplemente muy feliz cuando él la estaba besando.
Feliz.
Y cómo eso hacía fácil olvidar que ella tenía tan poca experiencia. Era sorprendente para ella, cómo la necesidad de tenerlo en su interior era tan natural. Sabía eso de la misma forma que sabía cuando estaba sedienta, cuando estaba hambrienta, cuando necesitaba dormir.
Lo necesitaba y si no se detenían pronto, no habría nada aparte de esa necesidad.
Como si hubiera escuchado sus pensamientos, él se apartó de ella con un pequeño jadeo, sus manos firmes en los costados de ella, como si la estuviera manteniendo inmóvil. Quizás lo estaba. Ella se preguntó si se había presionado contra el cuerpo de él sin darse cuenta. Quizás lo hizo.
Sinceramente, los últimos segundos eran un poco confusos.
Bella abrió sus ojos lentamente, descubriendo que él la estaba mirando. La sonrisa de él en ese momento era íntima, cariñosa, un reflejo de lo que ella sentía por él. Ella levantó la mano, pasando la yema de su dedo sobre el labio grueso de él. Él suspiró con placer y presionó un último beso contra la sien de ella antes de alejarse, tomando la mano de ella cuando lo hizo.
—Hola —dijo él con retraso.
Bella no pudo evitar la risita que se le escapó.
—Hola.
La sonrisa de él era pícara, pero se atenuó un poco cuando la hizo caer en el sofá con él. Bella levantó sus piernas, colocándolas sobre una de él.
Él comenzó lentamente, trazando círculos sin sentido alrededor de la rótula de ella mientras ponía sus pensamientos en orden. Finalmente, resopló.
—En realidad no sé por dónde empezar. —La miró—. ¿Quieres esto?
—Ya sabes que sí.
—Lo sé. —Sus dedos tamborileaban un ritmo nervioso contra la pierna de ella—. Solamente miro atrás a dónde estaba, quién era cuando tenía veinte, y no puedo imaginarme siendo arrojado en el medio de una vida como la mía. Tienes razón, no es una mala vida, pero es más complicada que la que habría deseado a los veinte. Sé que era padre a los veintiuno, pero aun así, hubo un ascenso gradual para llegar a donde estoy.
—Edward. —Ella dijo su nombre en voz baja para llamar su atención—. ¿Qué quieres tú? —La mirada de él era furtiva, sus ojos mirándola y a la distancia—. No me asusto fácil.
Miró de vuelta a ella, levantando su mano para alejar el cabello de ella de sus ojos.
—A ti —dijo simplemente.
Bella sonrió, su corazón agrandándose en su pecho. De nuevo, sintió la urgencia de soltar risitas.
—Descubrí esa parte —bromeó ella. Era lindo de escuchar, pero ella lo había sabido. Era obvio—. ¿Qué más quieres?
Él tomó la mano de ella, sus dedos comenzando a masajear la tensión de los de ella.
—Quiero… quiero decirles a nuestros amigos sobre nosotros, así se callarán.
—¿Qué quieres decirles?
Él apretó los labios antes de que su sonrisa se suavizara.
—Que eres mi novia.
—Soy tu novia. —Bella estuvo orgullosa cuando su voz no tembló aunque estaba nerviosa diciendo esas palabras. Se movió más cerca de él—. Eso no va a hacerlos callar.
Él sonrió y se inclinó, presionando un rápido beso en la barbilla de ella.
—Lo sé. —Otro beso, este en la comisura de su boca—. ¿Qué quieres tú?
—Tú. Y Benji —añadió ambos porque era verdad y porque sabía que él necesitaba escucharlo. Ella entendía en lo que se estaba metiendo—. Pero quiero que seas honesto conmigo. ¿Tú y yo estando juntos te costaría Benji? No entiendo cómo podría, pero Amun dijo…
—Amun es más que nada ladrido —interrumpió Edward, su tono ligeramente cortante. Bella entendió que él no estaba enojado con ella. Él suspiró.
—Dime —alentó. Si ella iba a ser una parte de su vida, quería saber.
—Él no tiene derechos con Benji, obviamente. Solo me preocupo porque, como te dije, es una voz muy fuerte en la vida de Kebi. Quiere que ella presione por la custodia. Quiere que yo pague manutención y que tenga tan poco que ver con mi hijo como sea posible. —La expresión en el rostro de Edward en ese momento era dura, enojada—. Cree que soy una mala influencia para los dos, porque cree que todavía me estoy aprovechando de Kebi. No pago manutención porque dividimos el costo de criar a Benjamin en partes iguales.
—Pero hasta ahora, ella no ha cedido a lo que él quiere cuando se trata de Benjamin.
—Hasta ahora.
—Supongo que simplemente no entiendo por lo que estás preocupado. Eres un buen padre. Cualquiera puede ver eso.
—Amun no puede —señaló. La sonrisa de Edward era burlona—. Si se llegara a una batalla de custodia, el juez decidiría lo que fuera mejor para el niño. Es subjetivo y no siempre es justo. Sé que ellos no pueden alejar a Benji de mí, pero todo lo que se necesitaría para que yo no consiga la custodia compartida es que la opinión de un juez de mí sea menos que estelar.
Bella abrió su boca para discutir pero después la cerró de nuevo. Ella entendía que Edward no había abusado de una chica inocente e impresionable, pero no tenía prueba concreta de eso. La sola existencia de Benjamin era prueba suficiente de que Edward había tenido sexo con una menor de edad. Tan furiosa como eso la volvía —las circunstancias no eran blancas o negras— ella sabía que podría ser todo lo que alguien vería.
Y no ayudaba que tuviera una novia de veinte años. Ella no era menor de edad, pero sabía bastante bien que hombres y mujeres de la edad de su padre todavía la veían como una niña. Eso no ayudaría. Podría no afectar, pero definitivamente no ayudaría, y ella sabía lo suficiente que cosas insignificantes que no eran asunto de nadie sino suyos y de Edward podrían plantear/acarrear una audiencia de custodia.
—Tú y yo estando juntos podría reforzar el lado de las cosas de Amun —murmuró en voz alta, poniendo las cosas juntas.
Edward ya estaba negando con la cabeza.
—Bella… —Él tomó las manos de ella, apretándolas con fuerza—. Si un juez fallara en mi contra, sería debido a lo que le hice a Kebi. No estoy a punto de perderte por la remota posibilidad de que lo que algún idiota arbitrario piense de mí me bajará otro punto o dos.
El miedo que había comenzado a retorcer el estómago de Bella se calmó y ella sonrió.
—Eso es bueno, porque si lo hacías, entonces probablemente tendría que decir que no eras suficientemente bueno para mí.
Él trajo las manos de ella hacia sus labios, besándolas suavemente.
—No lo soy.
Ella se movió más cerca de él de nuevo, así estaba casi en su regazo.
—¿Tenemos que hacer esto de nuevo?
Él refunfuñó.
—Lo siento. Solo estoy… esto es nuevo. Esto es realmente nuevo para mí.
—También es nuevo para mí.
Él sonrió.
—Está permitido que sea nuevo para ti.
Bella entrecerró los ojos hacia él.
—Mire, señor, solo porque usted podría haber sido inocente y virginal a los veinte no significa que yo lo soy.
Él ladeo la cabeza, mirándola con curiosidad.
Ella inclinó la cabeza hacia él.
—¿Cambiaría algo si yo fuera más… —Sintió sus mejillas sonrojarse— experimentada?
—No. —Su respuesta fue rápida y firme—. La única cosa que importa es nosotros. Ahora.
—Así es cómo me siento. —La mano de ella estaba en la cara de él, acunando su mejilla, sintiendo la barba incipiente a lo largo de su barbilla—. Quizás soy joven, pero no soy estúpida. Sé que va a ser complicado. Tú tienes a Benji y a tus padres. Yo tengo finales viniendo y trabajo. —Sonrió, sintiéndose tímida y envalentonada todo al mismo tiempo—. ¿Pero quieres saber algo?
—¿Qué? —Sus brazos estaban alrededor de ella otra vez, sus manos frotando arriba y abajo su espalda.
—No quiero lo simple, no cuando la recompensa por lo complicado eres tú. En caso de que nadie te lo haya dicho, Edward Cullen, tú vales la pena.
El nombre de ella fue un susurro reverente en los labios de él antes de que la besara de nuevo. Sus brazos envueltos alrededor de ella, jalándola hacia su regazo. No es que permanecieran en posición vertical por mucho tiempo. Ella empujó, él tiró y, antes de que ella supiera, estaba sentada a horcajadas de él allí en su sofá, completamente perdida en sus besos y en la sensación del cuerpo de él debajo del suyo.
—Seré tan bueno para ti, Bella —murmuró contra los labios de ella, besándola una y otra vez—. Tan, tan bueno.
Ella sonrió, presionando la palma contra el pecho de él y después rio, sin contenerse esta vez.
Ella estaba feliz.
¿Qué les ha parecido el capítulo? Creo que es uno de los más tiernos hasta ahora. Toda esta conversación… él la quiere a ella, ella los quiere a él y a Benji…
¿Cómo creen que reaccionará Benji ante la nueva relación de su papá? Nos encantaría saber sus opiniones…
¡Mucha gracias por todos los comentarios, alertas y favoritos! Realmente nos encanta leerlos y nos alientan a seguir trabajando :D
¡Y como ahora va a haber actualizaciones dos veces por semana (sí, nos decidimos) nos leemos el domingo!
