Al habla Nekinsey. ¡Volvemos con un nuevo capítulo! Como siempre, esperamos

que os guste y que nos comentéis diciéndonos lo que opináis.

Con este capítulo no es necesario tener a mano una toalla para la deshidratación,

o a lo mejor sí... Queda en vuestras manos.

¡Nos vemos dentro de poco! May we meet again!

NEKINSEY


CAPITULO 15. Confesiones.

La luz del amanecer entraba por las rendijas de la ventana y se posaba suavemente en las sábanas que rodeaban a las dos chicas que se encontraban en la habitación. Lexa se desperezó: estiró los brazos y las piernas cuan larga era y una de sus manos se topó con el hombro de Clarke. La rubia dormía de espaldas a ella, con la sábana cubriéndole la mayor parte de su cuerpo. Lexa se acercó a la chica, se colocó tras ella y pasó un brazo por su cintura para atraerla más hacia sí. Escondió la cara en su cuello, oliendo su aroma natural, pero el gesto le provocó a Clarke cosquillas y poco a poco comenzó también a despertarse.

-Buenos días -le susurró Lexa al oído, dándole seguidamente un beso en la mejilla. Clarke sonrió, aún en un estado de duermevela.

-Buenos días, preciosa -respondió. Giró su cuerpo para encontrarse con Lexa mirándola con los ojos brillantes y una gran sonrisa.

-¿Has dormido bien? -preguntó la morena. Pasó una mano por su oreja, colocando un mechón de pelo rubio tras ella. Luego siguió acariciando la barbilla de la chica.

-Perfectamente.

Clarke se abrazó a ella, sintiendo el cuerpo desnudo de su chica contra el suyo. Lexa sonrió y la arropó con sus brazos, dándole algún que otro beso en el pelo, que se desparramaba por la almohada sin control alguno.

-Estás muy guapa así, ¿sabes?

-¿Así cómo? -preguntó Clarke con la cabeza escondida en el cuello de Lexa.

-Con esta melena de leona.

Ambas rieron por el comentario. Estuvieron un rato preocupadas solamente de atender a la otra: besos, caricias, abrazos y cosquillas se sucedieron sin importar el tiempo que tardaron en dárselos. Hasta que un móvil comenzó a sonar.

Clarke resopló. Intentó atraer a Lexa de nuevo a la cama, pero la chica se negó entre risas. Se dirigió hacia el móvil: era Octavia.

-¡Buenos días! -saludó al otro lado del aparato.

-Buenos días, O.

-Espero que hayáis dormido algo, pillinas… -se oyó una risa de fondo. Lexa puso los ojos en blanco.

-Sí, lo suficiente. ¿Por qué nos llamas tan temprano?

-¿Temprano? ¡Si son casi las once!

Lexa se giró hacia Clarke, que la miraba desde la cama: tenía un brazo apoyado en el colchón y la sábana se había deslizado hasta dejar sus pechos al aire. Lexa tragó saliva. Porque tenían que coger un avión, que si no… Fue hacia ella y tiró de la sábana, haciendo que la rubia quedase al filo de la cama al estar enrollada en ella.

-¿Pero qué…?

-¡Que son las once! ¡El avión sale en menos de dos horas!

-Veo que estáis ocupadas. ¡No tardéis en bajar! -dijo Octavia antes de colgar.


Ya estaban en el avión, pero esta vez los asientos estaban intercambiados y Bellamy ocupó el que Octavia tuvo a la ida. Miró a Lexa, que estaba demasiado tranquila en comparación con hacía dos días, y reía con Clarke mientras compartían algún que otro beso. Su hermana, que llevaba toda la mañana quejándose de su dolor de cabeza, ya estaba dormida sobre el hombro de Murphy. Estaban detrás de ellos y a un extremo estaba Monty, que jugaba a la Nintendo entretenido.

Las miradas de Bellamy y Murphy conectaron unos segundos mientras el de pelo negro miraba hacia atrás. La tensión se palpaba en el ambiente y Bellamy no tenía ni idea de qué podía decirle al otro chico acerca del momento que tuvieron el día anterior. Todo era tan raro y nunca le había ocurrido nada parecido que la expresión estar confundido se quedaba corta para él ahora mismo. Volvió a colocarse bien y se mordió el labio. No se creía que Murphy, ahora uno de sus mejores amigos, lo hubiese besado. ¿Había estado mal por su culpa? ¿Por eso llevaba todos estos días con ese aire misterioso y sin querer compartir con él lo que le ocurría? Tampoco quería saturar al chico con preguntas, pero no estaba seguro de que Murphy diese el primer paso para un nuevo acercamiento. ¡¿Por qué se había vuelto todo tan complicado en apenas unas horas?!

Dirigió la mirada hacia Lexa: esta tenía la mano de Clarke entrelazada con la suya y le sonreía. Se ve que el miedo al avión había desaparecido, al menos por ahora, pensó Bellamy. Empezó a hablar con las chicas con la intención de que el viaje se le hiciese más ameno. Al menos eso intentaría…


Cuando llegaron el día anterior, lo único en lo que pensaba Lexa era en dormir. Después de despedirse de Clarke con varios besos que dejaron a la rubia sin aliento y de decirle adiós a todos los demás, especialmente a Bellamy, se fue con Octavia hacia su habitación.

Al despertarse, lo hizo con una sonrisa en la cara: todos los recuerdos le vinieron a la mente en unos segundos y casi tuvo que taparse la cara con la almohada de la vergüenza que sintió al acordarse de su chica y lo que había hecho con ella.

Sin embargo, tras esos minutos de felicidad, la culpa por no poder haber estudiado lo suficiente durante estos cuatro últimos días la embargó. Con rapidez, se vistió al lado de una Octavia que aún no se había despertado y salió en cuestión de un rato por la puerta, directa hacia la biblioteca. Soltó todos los libros que llevaba en los brazos en cuanto llegó al edificio y se colocó en una de las mesas más apartadas: odiaba a la gente que iba allí solamente para molestar y no hacer otra cosa que no fuese estudiar. ¡Para eso había otros lugares! Sacó de la mochila bolígrafos, folios y todo lo necesario para su rutina de estudio, preparada para pasar una mañana maravillosa, pensó con ironía Lexa. Aunque le gustaba estudiar, no soportaba el estrés que este le causaba.

Cuando volvió a mirar el reloj habían pasado más de dos horas y necesitaba un descanso. Resopló y se subió las gafas con un dedo. Sintió dos manos en los hombros y se sobresaltó, dándose la vuelta para ver quién era. Se encontró con una mirada azul que conocía muy bien.

-¿Estás ocupada, pequeña? -susurró. No había apenas gente a su alrededor, pero simplemente por costumbre no levantó en exceso la voz. Lexa sonrió.

-Bueno, iba a hacer un descanso ahora -susurró, cogiendo la mano de la rubia e instándola a que se sentase a su lado.

Clarke le devolvió la sonrisa y se colocó a su lado, posando una mano en el muslo de Lexa.

-¿Tienes mucho que estudiar?

-Sí, todavía tengo que repasar los primeros temas y los resúmenes, además…

De repente, la mano que Clarke tenía apoyada en su muslo subió por su pierna hasta llegar a la cremallera del pantalón. Lexa dirigió su mirada hacia allí, más que sorprendida, y luego volvió a mirar a Clarke, que la observaba con una ceja alzada.

-Clarke -susurró entre dientes, mirando hacia los lados y agarrando esa traviesa mano que quería empezar a desabrochar su pantalón-, estamos rodeadas de gente, nos pueden ver…

-Necesitas descansar -y se inclinó hacia ella para hablarle al oído, no sin antes morder suavemente el lóbulo de su oreja haciendo que Lexa temblase-, estamos en esta mesa solas y no creo que nadie vaya a mirar hacia aquí. Estamos ocultas por esta estantería… -el aliento de Clarke le hacía cosquillas en la oreja, y llevó su mano a sus labios para frenar un jadeo cuando la rubia repitió el gesto anterior, esta vez permitiéndose soltar un suspiro demasiado sensual para la morena.

-No estoy segura -dijo indecisa, buscando la mirada de Clarke, pero se perdió en el beso que le dio.

-Échate en la mesa, descansa, deja que me ocupe yo de ti -con gran habilidad terminó de desabrochar el pantalón de la chica, que se echó sobre la mesa, apoyándose en sus brazos para soltar un suspiro contra su piel y que no se oyese-. Eso es, cariño -y se echó sobre su hombro para seguir hablándole a su oído.

Lexa separó sus piernas cuando la mano de Clarke se coló en su pantalón y apretó sus labios para aguantar el primer gemido que quiso salir de su garganta. Empezó a tocarla sobre su ropa interior, moviendo sus dedos lentamente hacia abajo y hacia arriba. Lexa levantó la vista y miró los ojos de la chica y cómo mordía su propio labio cuando comenzó a llenar sus dedos de su humedad, sintiéndola directamente. Siguió paseando sus dedos por sus pliegues para posteriormente introducir el principio de uno de ellos en ella, lo que provocó que Lexa diese un pequeño respingo en la silla y se colocase un poco más hacia el filo de esta con la única intención de notar más a su chica ahí abajo.

Clarke aprovechó el cambio de postura para intensificar la sensación de su dedo en esa zona tan íntima, entrando más y más en Lexa hasta que la chica solo podía contener los gemidos mordiéndose el labio con bastante fuerza.

-Clarke… -jadeó en un susurro, intentando que no se oyese demasiado su voz.

-Dime -le contestó la rubia, acercándose a su oído y lamiéndole el lóbulo de nuevo.

-No puedo más…

Clarke sonrió y continuó con lo que estaba haciendo, ahora con más decisión. Lexa volvió a reprimir un gemido, esta vez mordiéndose el brazo que tenía sobre la mesa, cuando notó la rapidez y el movimiento constante de los dedos de Clarke tanto en su clítoris como en su vagina. No iba a aguantar mucho más, no iba a…

Antes de que pudiese pensarlo, un espasmo la recorrió de los pies a la cabeza y Clarke aprovechó para unir sus labios con los suyos en un beso voraz, saboreando el orgasmo de la morena en su boca. Al cabo de unos segundos en los que Lexa ralentizó su respiración, ambas se separaron. La morena pudo ver cómo Clarke se llevaba los dedos que habían estado tocándola a los labios, lamiéndolos y cerrando los ojos de placer.

-Qué bien sabes -susurró la rubia con una sonrisa traviesa. Se acercó a Lexa para darle un corto beso e hizo el ademán de levantarse, pero ella le agarró la mano.

-Oye, ahora te toca a ti.

-Te voy a decir mi plan, pero porque después te van a llegar unas imágenes del proceso, solo para que te prepares -se inclinó sobre ella para hablarle muy cerca de los labios, apoyando una de sus manos en el respaldo del asiento, haciendo que la morena tragase saliva-. Voy a ir a mi habitación y estaré completamente sola mientras tú vuelves a tus estudios -sacó su lengua solo para hacer que un escalofrío recorriese el cuerpo de Lexa cuando acarició sus labios con ella-. Voy a desnudarme y tumbarme en mi cama, y esta mano que ha estado dentro de ti -acarició con ella el sensible muslo de la chica- va a ocuparse ahora de mí.

-C-Cla… -un beso muy húmedo cortó sus palabras, dejándola sin aliento.

-Tranquila, voy a pensar en ti todo el rato.

Y con esa frase se levantó, observándola con una mirada coqueta, y empezó a andar hacia la salida meneando las caderas de esa forma que sabía que la dejaba sin aliento. Lexa suspiró, intentando recuperarse del intenso momento, observando los libros e intentando concentrarse para volver a estudiar, pero la iluminación de la pantalla de su móvil le llamó la atención. Abrió el mensaje que le llegó de su chica.

-Mierda…


-¿No te parecía suficiente enviar solo una? -fue lo primero que preguntó a Clarke, que estaba tumbada en su cama con un libro de su carrera entre las manos.

-¿Una qué? -preguntó divertida, observándola sobre la portada.

-Me has enviado seis fotos, Clarke -dijo frustrada.

-Lo sé. Gran fotógrafa, ¿verdad? Igual me he equivocado de carrera -y se puso el dedo en la barbilla, haciéndose la pensativa.

Lexa suspiró antes de apartar el libro de las manos de su chica, observando unos segundos la portada antes de dejarlo en la mesilla de noche que tenía y tumbarse sobre ella, comenzando a besarla con intensidad, y gimiendo contra sus labios cuando Clarke respondió de esa manera y agarró sus caderas para que golpeasen contra las suyas.

-¿Te has quedado satisfecha? -preguntó interesada.

-Ya te he dicho que habría sido mejor si hubiese sido esta mano -Lexa aguantó el aliento cuando la rubia agarró su muñeca y sacó su lengua para lamer sus dedos.

-Es mejor escucharlo en directo y no leerlo en una pantalla, ¿sabes? -dijo agitada, y Clarke volvió a repetir el movimiento antes de cambiar la posición y ponerse sobre ella.

Comenzaron a besarse de nuevo, agitadas y necesitadas de la otra. Lexa se moría por volver repetir ese momento que vivieron en el torneo y recorrer el cuerpo de la chica otra vez, y mil veces más.

-Genial, esperad, chicas, voy desnudándome -ambas miraron hacia la puerta y se encontraron con Raven, que las miraba tras haberse quitado la camiseta, observando a la pareja con las manos en las caderas y mostrando su cuerpo con orgullo.

-Raven -se quejó Clarke mientras Lexa sentía vergüenza y se giraba en la cama para enterrar su cara en la almohada de la chica.

-Ey, Lexi, no te escondas, guapa -Raven se sentó a los pies de la cama y le dio una palmada en el culo.

-¡Joder, tía! -y Clarke le dio un manotazo- Búscate a otra.

-Siempre para ti las mejores -protestó y se levantó-. Pues para ti, chica -se volvió a poner la camiseta.

-Te quejarás tú de chicos -insinuó Clarke, y se ganó una mirada curiosa de Lexa.

-Bueno, ya sabes que donde pongo el ojo… -sonrió- Raven siempre gana.

-Raven tiene que irse –la imitó Clarke-. Estábamos en medio de algo y yo respeto tus momentos, hasta en mi casa.

-Lex, ¿seguro que no quieres a otra chica ahora? Clarke es un poco rancia, pero seguro que a ti te gustaría tener a este bombón entre tus sábanas -se señaló.

-No, gracias -contestó tímida, aún contra la almohada.

-Vosotras os lo perdéis. Me largo. Que os sea placentero.

Y se fue por la puerta. Clarke se giró para mirar a Lexa, suspirando.

-La quiero mucho, pero está loca.

-Un poco -participó Lexa-. ¿Hace cosas en tu casa?

-¿Cosas es follarse a gente?

-Tampoco hace falta decirlo así… -protestó, alarmándose un poco con la palabra. Parecía que el grupo de Octavia era igual.

-Sí, en la última que estuvimos sin ir más lejos.

-Pero si… -y entonces abrió la boca mucho al percatarse que de cuatro chicos que había solo a uno le gustaban las chicas.

-Exacto -puntualizó levantando un dedo-, pero… ¿no te lo ha dicho?

-No.

-Oh… Entonces he hablado demasiado.

-Nunca hablas demasiado -sonrió-. Si no me lo ha dicho será por algo.

-A Raven le llevaba poniendo perra desde hace un tiempo.

-Perra…-susurró, y no pudo evitar mirarla divertida.

-Todo el mundo tiene algún flechazo por alguien: yo lo tuve por ti, Raven por Bellamy… ¡Oh! Incluso Murphy tiene flechazos.

-¿Murphy?

-Joder, desde hace años -y soltó una risa-. Lleva detrás de Bellamy desde hace bastante tiempo.

Lexa no pudo evitar soltar una carcajada, pero de las que te hacían llorar, y empezó a limpiarse las lágrimas bajo sus gafas, pero la carcajada fue desapareciendo poco a poco cuando vio que Clarke solo sonreía.

-Estás mintiendo, ¿no? -desconfió de la rubia, que la miraba con diversión y negando con la cabeza.

-Está muy colado por él -volvió a poner a la chica contra el colchón-. Pero no estamos aquí para hablar de Murphy, ¿verdad?

-Verdad -susurró Lexa. Ya tendrían tiempo para volver a sacar el tema.

-Igual no deberíamos tampoco hablar mucho…

Lexa jadeó cuando los dientes de Clarke se apretaron en su cuello. Iba a ser una mañana muy entretenida.


Necesito hablar contigo. ¿Puedes quedar esta tarde? B.

Sí, pero te mataré por haberme interrumpido. L.

Jo… Te aguantas. Ven a la playa, culo prieto. A las siete. B.

Allí estará la niña, huevos de oro. C.

Bellamy se rio recordando el mensaje que le había enviado Clarke de parte de Lexa. Hacía tiempo que no había pisado la playa para surfear y relajarse. Cómo lo había echado de menos. Necesitaba un lugar donde tranquilizar sus pensamientos y a sí mismo, sobre todo después de los últimos días. Apenas había olas y la tabla de surf la había dejado junto a la orilla, pero había aprovechado la oportunidad para darse un baño con el traje de neopreno.

-¡Hola, Bell!

A lo lejos vio cómo una figura se acercaba al lugar donde él se encontraba con una mano alzada. Era Lexa. Sonrió desde el agua y salió de ella, dirigiéndose hacia su amiga con los brazos extendidos para darle un abrazo.

-Ni se te ocurra -le advirtió Lexa-. Con lo fría que está el agua ahora…

Bellamy resopló pero no le importó. Bajó los brazos y se sentó en la arena con las rodillas flexionadas, al igual que Lexa hizo pocos segundos después. Bellamy miró a su amiga y Lexa le devolvió la mirada.

-¿Te he interrumpido mucho? -le preguntó él con las cejas alzadas en un gesto pícaro. Lexa le dio una palmada en el hombro a modo de protesta pero con una sonrisa en la cara.

-Serás tonto…

-Lo siento -dijo Bellamy mientras se reía.

-Bueno, no he dejado a una rubia en la cama para que ahora no me hables de lo que me querías decir -dijo la chica, dejando a Bellamy un tanto sorprendido: parecía que Clarke estaba sacando una nueva faceta de Lexa a relucir.

-Ya, es verdad… -susurró para seguidamente no decir nada. Lexa fingió una tos.

-¿Entonces…?

Bellamy fijó sus ojos en los de ella. Quería buscar las palabras adecuadas para contarle lo que había ocurrido durante el torneo, pero no sabía cómo empezar…

Ante el silencio de su amigo, Lexa decidió cortar un poco el hielo, ya que lo veía más tímido que de costumbre. A lo mejor quería decirle que estaba sintiendo algo más por Raven, aunque no estaba muy segura de que la chica fuese a entablar una relación amorosa con Bellamy… Quizá le vendría bien algo de humor para iniciar la conversación, pensó Lexa.

-¿Sabes lo que me ha dicho Clarke?

-¿El qué? -preguntó el chico, bastante curioso.

-Que Murphy lleva colado por ti mucho tiempo -soltó una carcajada-. Obviamente no me lo he creído porque no tendría sentido que sintiese algo así después de todo lo que te ha hecho antes, aunque ahora sí os llevéis bien.

La cara de Bellamy pasó de su color moreno natural a casi una palidez absoluta. Lexa se extrañó y alzó una ceja. ¿Qué le pasaba a su amigo?

-¿Estás bien?

-Sí, sí… -contestó él con la mirada clavada en el mar aún.

-¿No te parece gracioso lo que acabo de decirte? -volvió a insistir Lexa con una pequeña sonrisa, dándole un codazo a Bellamy.

-Si te soy sincero… -empezó a decir el chico, tragando el nudo que se le había hecho en la garganta- no me lo parece.

Lexa hizo un mohín de desconcierto. Pero si estaba claro que Clarke solo lo había dicho porque era una broma. ¿Verdad?

-Lex, tengo que contarte algo -dijo el chico, girando el cuerpo hacia Lexa.

-Eso ya lo sé y me tienes bastante intrigada.

-Lo que tengo que decirte… tiene que ver con Murphy.

Lexa cada vez estaba más confusa y no entendía nada. Sin embargo, asintió. Quería que su amigo continuase y así poder saber qué le ocurría de una vez por todas. Bellamy suspiró y continuó hablando.

-Ya sabes que se vino al torneo con nosotros, ¿verdad?

-Claro, Bellamy. Estaba en nuestro equipo.

-Sí, cierto… -bajó la cabeza. ¡¿Cómo podía contárselo?!, pensó- Recuerdas también que el último día, cuando ganamos, hubo una fiesta en el hotel.

-Ajá…

-Pues… -venga, Bellamy, dilo directamente y será mejor- en esa fiesta pasó algo.

-¿Con Murphy?

-Sí. Lo vi allí y luego lo seguí hasta la terraza del hotel. Parecía que se encontraba mal y quería ayudarlo, saber qué le ocurría… -hubo un momento de silencio que Lexa no se atrevió a interrumpir por miedo a que su amigo volviese a atascarse- Me dijo que no podía decírmelo pero sí podía demostrarme qué le pasaba.

-Qué raro… -comentó Lexa, interviniendo.

-Déjame terminar, por favor -pidió el chico. Lexa no recordaba verlo tan nervioso desde que le confesó que estaba empezando a sentir algo por Clarke-. Le dije que sí podía demostrarme lo que fuese y…

-¿Y…? -continuó Lexa, instándole a que terminara de hablar.

-Me besó.

La cara de Lexa era un poema: tenía la boca entreabierta y los ojos de par en par por la sorpresa. ¿Que Murphy había besado a Bellamy? Pero ¿al final iba a ser verdad lo que le había dicho Clarke?

-No puede ser…

-Joder, Lex. Bastante mal lo estoy pasando como para que me digas eso ahora -dijo Bellamy, pasándose una mano por la cara, más inquieto que antes. Lexa posó sus manos en los hombros de su amigo para que la mirara fijamente.

-Eh, Bell, no pasa nada -afianzó el agarre y eso pareció tranquilizar un poco al chico, que volvió a suspirar. Ya no sabía la de veces que lo había hecho-. Es que me ha pillado por sorpresa…

-Ya, y a mí. No sabes cuánto -dijo Bellamy mientras se reía de manera nerviosa.

-Bueno… ¿y qué pasó después?

-Nada.

-¿Cómo que nada?

-Se fue sin decir nada más. Y hasta ahora apenas hemos hablado y ni siquiera hemos tocado el tema…

-A ver, ¿tú sentiste algo?

-¿Cómo? -preguntó Bellamy, alarmado.

-Que si sentiste algo cuando te besó.

Bellamy notó cada nervio de su cuerpo en ese instante.

-Pues… pues… no lo sé -confesó finalmente.

-¿Cómo que no lo sabes?

-¡No lo sé, Lex! -exclamó.

-¿Pero a ti te gustan los chicos, Bellamy?

El chico se quedó callado. Hace unos días la respuesta habría sido un rotundo no, pero ahora mismo no sabía si había cambiado… Nunca le había atraído ningún chico, pero también era consciente de que eso podía cambiar a lo largo de la vida. Y con ese beso sí que había sentido algo, aunque fuese un poco de placer por el hecho de sentir unos suaves labios contra los suyos…

Permaneció en silencio y Lexa decidió encaminar la conversación hacia otro lado.

-Acuérdate de cuando yo te confesé que me gustaban las chicas. Es verdad que era mucho más pequeña, pero… quién sabe, a lo mejor te está pasando lo mismo a ti.

-Sí, bueno… -dijo Bellamy, todavía confundido a más no poder.

-Es normal estar asustado, Bell. Yo también lo estaba por dos razones: por lo que fuesen a decir mis padres y por el puñetazo que me ibas a pegar cuando te confesase que estaba enamorada de tu hermana.

Ambos rieron recordando ese momento.

-Bueno, yo fui patético cuando te dije que la que me gustaba eras tú. Igual por eso te libraste del puñetazo -le sacó la lengua y Lexa extendió su mano para alcanzar la de Bellamy, apoyándose al mismo tiempo en el hombro del chico.

Se quedaron unos minutos observando el danzar de las olas y los rayos del atardecer, que caían poco a poco y desaparecían en el agua del mar junto al reflejo del sol.

-Sabes que puedes hablar conmigo de todo -le dijo Lexa-, pero creo que sería mejor si le comentases al mismo Murphy lo que me estás diciendo a mí. Tendríais que aclarar la situación, tanto para ti como para él. Sobre todo -le dijo mirándolo a los ojos-, debes ser sincero con él y contigo mismo.

Bellamy asintió, de acuerdo con su amiga en todo. Sacó el móvil de la mochila que tenía a su lado, buscó el número de Murphy y empezó a teclear.

Hola. ¿Tienes algo que hacer dentro de un rato? Yo estaré en la playa, por si quieres venir… B.

Lexa siguió con la mirada los movimientos de Bellamy y cuando el chico guardó de nuevo el móvil le sonrió, consiguiendo la misma respuesta de su amigo. Le dio un beso en la mejilla y se incorporó, sacudiéndose la arena que se le había quedado pegada en los vaqueros.

-Espero que todo vaya bien.

Bellamy le dedicó una pequeña sonrisa y le guiñó un ojo, aunque Lexa sabía perfectamente que seguía nervioso en su interior. Se dio la vuelta y volvió hacia la universidad. Había tenido un día bastante intenso y necesitaba algo de descanso.


Aunque estaba con los ojos cerrados pudo sentir la presencia de alguien sentarse a su lado en aquel muro de piedra blanca. Abrió los ojos y miró a su derecha al chico que disfrutaba de la brisa con los ojos cerrados mientras el viento lo despeinaba levemente.

Bellamy cogió aire y observó el perfil de Murphy unos segundos más antes de hablar.

-No pensé que vendrías –vio que sonreía de lado, aún sin abrir los ojos.

-¿Por qué no iba a venir si me llamabas tú, Bell?

El chico de pelo rizado sintió un escalofrío con la frase, pero fue agradable. Entonces, esos ojos azules le miraron con una mezcla de valentía y curiosidad, y tuvo que volver a coger aire, esta vez, disimulando un poco.

-¿Qué quieres hacer?

-Necesito hablar de lo que pasó, John –volvió a ver su sonrisa.

-Suena bien mi nombre en tus labios –Bellamy sintió que sus mejillas empezaban a arder, probablemente se estaba poniendo rojo-. Vuelvo a decir que te queda bien ese color en las mejillas.

-Explícame qué pasó.

-Te besé, eso pasó –no esperaba esa respuesta tan rápido y lamió sus labios por los nervios que le invadieron-. Bellamy, podemos olvidarlo si quieres, ahora que soy tu amigo no quiero hacer más gilipolleces.

-No fue ninguna gilipollez, John.

Murphy fijó los ojos en los de Bellamy. Ninguno de los dos parecía saber qué decir en ese momento y la tensión podía palparse en el ambiente. Bellamy no pudo aguantar durante mucho tiempo la mirada y la apartó, bajando la cabeza y mordiéndose el labio. Madre mía, ¿qué le estaba pasando?

-Si no fue ninguna gilipollez, ¿entonces qué fue? –preguntó Murphy con un tono de curiosidad en su voz. Bellamy tragó saliva antes de contestar a la pregunta.

-La verdad… no estoy muy seguro –comenzó a decir en voz baja-. Joder, no sé ni cómo explicarme…

Oyó la risa de Murphy y volvió a mirarle. Esperaba encontrarse con una expresión de burla por lo que le estaba contando, pero en cambio comprobó que la sonrisa del chico era de todo menos eso. Era como si le resultase en cierto modo encantador verlo comportarse así.

-Tranquilo, no hay prisa.

-Vale… -respiró hondo y siguió- Me gustaría que hablásemos de… de cómo me siento con respecto al beso.

-De acuerdo.

-Y-yo nunca había besado a un chico antes…

-Lo sé, me lo dijiste en la fiesta el otro día –dijo mientras asentía.

-La cosa es que no esperaba que ocurriese eso entre… nosotros –se movió, incómodo por la situación- y menos durante el torneo.

-Me lo puedo imaginar…

-Pero… el beso no me desagradó.

Bellamy no fue capaz de levantar la voz al pronunciar la frase. La timidez le recorría el cuerpo entero y se sentía muy extraño, pero al mismo tiempo no le disgustaba las sensaciones que sentía: siempre era él quien sabía las pautas en casi toda interacción que tenía y muy pocas veces se había visto en situaciones en las que los papeles se intercambiasen. Esta era una de ellas.

Murphy seguía en la misma posición, aunque la sonrisa quizá se le había agrandado un poco al escuchar lo último que había dicho Bellamy. Este se llevó la mano al cuello, rascándoselo, como señal de no saber qué hacer a continuación. Miró de reojo al otro chico, que seguía con la mirada fija en él.

-¿Puedo contarte una cosa, Bell?

-Sí, claro…

-Llevo enamorado de ti tres años.

La reacción de Bellamy no se hizo esperar y sus ojos se abrieron con gran asombro. ¿Tres años? ¿TRES años? Ya Lexa le había contado algo esta tarde, pero… ¿Tres años?

-Sé que pensarás que no es lógico que me comportase como lo hice durante todo el tiempo que nos llevábamos mal… Bueno, fatal, para qué mentir –se rio, mirándose las manos-. La primera vez que te vi estabas en la entrada de la biblioteca.

-¿De la biblioteca? –preguntó Bellamy, extrañado. Apenas se había pasado por allí en todos sus años de universidad.

-Sí, lo sé, pero daría la casualidad. Yo también había entrado ese año, como bien sabes, y me fijaba en cualquier persona para poder entablar una conversación con ella y así poder hacer amigos al principio de curso. Iba a dirigirme hacia ti cuando de repente salió una chica del interior del edificio –Bellamy no recordaba ese instante, pero dejó que continuase hablando-. Casi se abalanzó sobre ti y tú la miraste con una sonrisa tan grande… Pensé que erais pareja –dijo mientras se reía y seguidamente lo hizo Bellamy.

-¿Lexa? –Murphy asintió- Se notaba que no nos conocías… -respondió, ya un poco más calmado que antes.

-Pues sí. La cosa es que luego te volví a ver en el equipo de rugby y empecé a conocerte, o eso creí, porque ahora me pareces totalmente distinto. Te llevabas bien con todos, los profesores te adoraban, eras popular en todos los sentidos y… no sé, creo que mezclé la envidia con la ignorancia y el resultado no fue agradable para ninguno de los dos…

Murphy se encogió de hombros con cara de culpa. Bellamy asintió y le restó importancia.

-Todo empezó así pero poco a poco me empecé a dar cuenta de que… de que parte de lo que sentía por ti no era solamente odio –Bellamy volvió a apartar la mirada del chico-, sino algo más… profundo. A partir de ahí me comporté aún peor y te pido perdón ahora por todo lo que hice. No tenía ningún derecho a hacértelo pasar tan mal, ni a ti ni a Lexa.

-Ya está olvidado, John –Murphy asintió con timidez.

-Gracias… Este año, además, ocurrió lo de Clarke –se pasó una mano por el pelo, pero el viento volvió a desordenárselo de nuevo- y, aunque teníamos poca relación, todo lo que me contaba de ti me hacía sentir celos por un lado y más ganas de conocerte por otro…

Bellamy se mordió el labio. Nadie se había sincerado con él de esa forma.

-Luego por fin nos hicimos amigos y pude comprobar cómo era el verdadero Bellamy. Y me encantó.

Las mejillas de Bellamy ya no solo ardían, sino que también quemaban.

-¿Recuerdas cuando ganamos el segundo partido en el torneo? –Bellamy asintió- ¿Y el abrazo que nos dimos después? –Bellamy volvió a asentir, esta vez más despacio- Eso fue lo que necesité para decidirme.

Murphy se acercó a él y, con cautela, aproximó su mano a la de Bellamy, que no la apartó. El de pelo castaño le agarró entrelazó sus dedos con los del moreno.

-Bellamy, ya sabes por qué hice lo que hice, pero no tienen que cambiar las cosas por eso. Si tú no sientes lo mismo, prefiero seguir siendo tu amigo a perderte en cualquier sentido.

-John, no sé qué es lo que me pasa contigo –y miró fijamente al chico, sintiendo que el roce de su mano era cálido-, pero lo que sí sé es que quiero hacer esto…

Bellamy se inclinó y, con su mano libre, sujetó su mejilla. También tenía la piel suave, aunque un poco áspera por la barba incipiente. Era un tacto tan distinto y todo tan nuevo… Bajó la mirada a los labios de Murphy, que lo miraba con la respiración contenida y sin apenas moverse. El chico se pasó la lengua por ellos, como si fuera un acto reflejo, y Bellamy no esperó más a hacer lo que tenía pensado.

Rozó sus labios con los de Murphy. Eran tan suaves como los recordaba... El chico terminó por unirlos definitivamente y la sensación fue mucho más placentera que la primera vez. Ambas bocas se movían en sincronía, compenetradas casi por completo y con movimientos lentos y pausados. Murphy llevó una mano al cuello de Bellamy, atrayéndolo más hacia sí con la intención de profundizar el beso. Su lengua delineó los labios del moreno y este, tras un gemido de sorpresa, la dejó entrar en su boca para saborearla. Unos segundos después, ambos tuvieron que separarse por la falta de aire, aunque sus labios seguían rozándose, esta vez mucho más húmedos que antes.

-John, yo…

-Shh… -susurró Murphy, volviéndolo a besar.

Bellamy pensó que no sabía qué estaba haciendo exactamente, pero dejarse llevar se sentía tan bien… y más si era con el chico que tenía frente a él.