Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


The Boy At Table Seven

By: LyricalKris

Traducción: Rosie

Beta: Melina Aragón


Capítulo 14: Conversaciones importantes

Algunas veces, sólo algunas veces, Bella reflexionaba que este efecto dominó estaba sucediendo demasiado rápido para su agrado. La situación la mareaba y atemorizaba pero no iba a huir, esa no era una opción, aunque fuera abrumador.

«Esto era a lo que las personas se referían "como un torbellino"», pensó Bella.

Kebi se suponía que tenía que dejar a Benjamin en el departamento de Edward a las diez de la mañana, como siempre. Bella se suponía que tenía que llegar alrededor de las once porque ella quería estar allí cuando Edward le contara al pequeño sobre ellos. Tenía que ser hoy porque Carlisle y Esme ya sabían y Edward quería ser quien le dijera a su hijo que tenía una novia. Luego, por supuesto, la próxima semana cuando Kebi pasara a buscar a Benjamin le tendrían que decir antes que ella se enterara por el niño.

Todo eso hacía girar la cabeza de Bella, especialmente cuando estaba intentando hacer todos sus trabajos para la universidad, apenas habían tenido un momento para ellos en su relación.

Sí, torbellino.

«Pero vale la pena», se recordó a sí misma.

Los chicos habían ido a la cafetería el jueves, y Edward había elegido anunciar su relación colocándola sobre su regazo y acallando su chillido de sorpresa con sus labios. Ella quiso molestarse con él, pero honestamente, adelantarse a sus amigos fue una de las mejores formas de manejar las cosas con ellos. Él se veía tan presumido y completamente orgulloso de estar con ella, que no pudo evitar sentirse enamorada.

Él le envió mensajes de las cosas que quería hacerle si ella se apartaba de sus libros. Se hacía sonar como un amante despechado.

Tus libros de Estadísticas no tienen imaginación, nena.

Las palmas de Bella se sentían sudorosas cuando tocó la puerta.

Fue Benjamin quien abrió. Su rostro se iluminó cuando la vio allí.

—¡Bella! —Él envolvió sus brazos alrededor de su cintura—. Hola. ¿Viniste a jugar?

Sonriendo, Bella acunó su rostro por un momento, tiernamente, dándose cuenta con sorpresa que era seguro que ella tendría un lugar importante en la vida de ese pequeño para siempre.

Eso era algo para pensar. Bella sintió su garganta cerrarse de la consternación.

—Más o menos —respondió su pregunta con voz dulce.

—Hola.

Bella alzó la vista justo cuando Edward apareció en la puerta. Ambos se sonrieron y ella pensó cómo esta sería la última vez que tuvieran que saludarse sin un beso.

—Hola.

Benji la tomó de la mano y la metió, farfullando animadamente cosas de niños.

—¡Papi! —protestó cuando Edward lo cargó, para alejarlo de sus juguetes y de su mesa de dibujo para sentarlo en el sofá.

—Necesito que me prestes atención por un segundo, amigo —dijo Edward, gentilmente.

Benjamin suspiró pero colocó sus manos una encima de la otra sobre su regazo y le dedicó a su padre una mirada que mostraba que su paciencia se estaba agotando. Bella tuvo que presionar sus labios para evitar reírse.

—¿Recuerdas que dijiste que estaría bien si yo tenía una novia? —sugirió Edward.

—Ajá. Es justo, ¿cierto? Mami tiene a Amun. Tú deberías tener una novia. O un novio. Mi amigo, Visalli, tiene dos papis. Él dijo que fueron novios hasta que se casaron.

Edward le sonrió a su hijo.

—Bueno, eso es generoso de tu parte, pero me gustan las chicas. Y ahora tengo una novia. —Alzó su mano, tomando la mano de Bella.

Benjamin pestañeó, pero luego sus ojos se iluminaron.

—Bella, ¿eres la novia de mi papi?

Bella se sintió extrañamente tímida y nerviosa, como también feliz al mismo tiempo.

—Sí, ¿te parece bien?

—Creo que es estupendamente genial. —El ceño del pequeño se frunció—. Oye, Bella. ¿No tenemos que mudarnos a tu casa como mami se mudó a la de Amun, cierto?

La mirada de Bella voló hacia Edward y ambos rieron.

—No te tienes que preocupar por eso. Si vivieras en mi casa, tendrías que dormir en una gaveta.

Benjamin pareció pensarlo.

—Eso sería realmente extraño —dijo al final. Sonrió de nuevo—. De acuerdo. Creo que es genial. ¿Me traerás postre de la cafetería cuando vengas de vez en cuando?

—Um, creo que sí.

—Y trata de no ser muy besucona frente a mí porque eso es asqueroso.

Edward colocó su brazo alrededor de Bella y cuando ella volteó, él la besó. Fue un beso ruidoso y húmedo que la hizo chillar tanto a ella como al niño.

—Eso se sintió realmente bien —dijo Edward, riendo cerca de su oreja mientras Benji se alejaba protestando.

Sonriendo, acunó su rostro, Bella le dio un pequeño beso en sus labios.

—¿Les vas a contar sobre tus padres ahora?

Él envolvió sus brazos alrededor de sus piernas, moviéndose para que ella estuviera sobre su regazo y la atrajo más cerca de él.

—Aún no. Tenemos un par de horas, creo. —Besó la punta de su nariz—. Sólo dame un par de minutos más para disfrutar esto. —La besó nuevamente, justo entre sus ojos—. Para disfrutarte.

Bella suspiró cuando sus labios se unieron con los de ella, colocó sus brazos alrededor de su cuello y le respondió el beso lánguidamente. Pensó en más mañanas como esa, besándose con su novio perezosamente porque podía.

Pero todo tenía que terminar.

Edward se alejó haciendo un sonido de descontento. Tomó sus manos, jugando con sus dedos.

—Sé que esto es mucho. Has hecho ya demasiado —comenzó.

—Pero… —insistió ella cuando él no continuó.

—Realmente no tengo el derecho de pedírtelo —dijo evasivo.

Ella jaló su mano bruscamente y él alzó la mirada.

—Sí, sí lo tienes. Ese es el punto de todo esto.

Él sonrió, inclinándose hacia adelante para dejar un corto beso en sus labios una vez más.

—Es sólo que… realmente apreciaría si te pudieras quedar hoy.

—¿Qué? —Bella alzó la cabeza, sin estar segura de haberlo escuchado bien—. ¿No quieres un tiempo a solas con tus padres?

—Sí, claro que sí. —Se frotó la nuca—. Sólo quiero que esto salga bien. Quiero que esto sea perfecto para todos ellos.

Ella se preguntó qué tenía que ver con ello. ¿Era que todavía se sentía culpable, que necesitaba a alguien de su lado, apoyando sus movimientos o que esté allí para decirle si estaba a punto de cometer otro error?

De cualquier manera, si él se lo estaba pidiendo, obviamente era porque la necesitaba.

—Claro que me quedaré, si es lo que quieres.

—Si no sería incómodo…

—Edward. —Detuvo sus dudas innecesarias colocando un dedo sobre sus labios—. Tú sabes lo mucho que amo a tus padres. Si quieres saber la verdad, estaba un poco triste porque no iba a quedarme para verlos interactuar con Benjamin por primera vez.

Su mejilla se torció y sus ojos perdieron algo de su inseguridad.

—Va a ser increíble, ¿cierto?

—Verlos cuando te reencontraste con ellos fue increíble, así que sí. Creo que será fantástico.

—Sí. —Él la besó de nuevo, suavemente.

Ellos se quedaron unidos por un par de preciosos minutos antes de que Edward se enderezara. Siguiéndolo, Bella se puso de pie.

—Benji, ¿puedes venir aquí, por favor? —gritó Edward.

Benjamin era un niño obediente, así que no pasó mucho tiempo antes de que escucharon sus pisadas dirigiéndose hacia ellos. Él trajo su cuaderno de dibujo, colores y los ignoró por un momento mientras se acomodaba en la mesa.

—¿Sí?

Edward se arrodilló para estar al mismo nivel que su hijo y tragó grueso.

—¿Te acuerdas cuando me preguntaste por tus abuelos? ¿Mi mamá y papá?

—Sí. Dijiste que estaban en un aventura como Bilbo Bolsón*.

Bella sonrió. Se había preguntado si Edward le había contado sobre sus padres a Benjamin en lo más mínimo.

—Cierto. —Respiró profundo—. Bueno, ya regresaron y vendrán a verte hoy.

Eso llamó la atención de Benjamin. Dejó su color en la mesa, luciendo nervioso y serio.

—¿Qué sucede, Benji? —Edward abrazó a su hijo y el niño se apretó fuerte contra el cuello de su padre.

Bella alzó la cabeza, su corazón automáticamente entristeciéndose por el niño aunque sin saber qué sucedía.

—¿Les voy a agradar?

Ante eso, Bella no pudo evitar reír. Ella se colocó la mano sobre la boca brindándole una mirada de disculpa a Benjamin.

—Lo siento —chilló. Benjamin se veía herido, así que ella rápidamente se puso de rodillas, alzando su mano para tocar su brazo—. Lo siento. Es sólo que eres tan maravilloso. ¿A quién no le agradarías?

Edward le sonrió sobre la cabeza del pequeño.

—Te amarán, Benji. —Le besó el tope de la cabeza—. Eres una parte de ellos, como eres una parte de mí.

Benjamin se removió para salir de los brazos de Edward, con las manos en la cabeza.

—¡Papi! Tengo que peinar mi cabello.

Esa vez fue Edward quien se carcajeó.

—Bien. Buena suerte con eso.

Como era de esperarse, Benjamin intentó domar su cabello, sin mucho éxito. Un poco exasperado le entregó a Bella el cepillo.

—Haz que papi se vea como un caballero. —Edward se sentó pacientemente mientras Bella peinaba su cabello, para lo que sirvió.

Ella lo disfrutó y Edward aprovechó la oportunidad para besar su mejilla.

Luego de que Benjamin se rindiera con su cabello, se sentó a dibujar otra vez. Inquieto. Se levantaba a cada momento para mirar por la ventana.

—Está tan ansioso —murmuró Edward.

Bella pudo imaginar las ruedas girando en su cabeza. Benjamin estaba ansioso por conocer a sus abuelos y Edward los había mantenido distanciados por tanto tiempo.

—Hoy será un buen día —le recordó, tomando su mano, silenciosamente recordándole lo que era importante.

Cada vez que veía un auto, Benjamin miraba por la ventana preguntando:

—¿Son ellos, papi?

Y no lo eran, hasta que sí.

Benjamin salió como una bala, dejando que Edward lo siguiera. Bella los siguió a un paso más lento, mirando, su corazón acelerándose. El niño bajó corriendo las escaleras, deteniéndose en seco tan repentinamente que Edward casi chocó contra él. Luego Benjamin tomó la mano de Edward, enterrando su cabeza contra el costado de su padre con una repentina muestra de timidez.

Esme, quien había llegado al puesto del pasajero, se había detenido igual. Estaba agarrando la mano de Carlisle. Ambos estaban mirando fijamente.

—Hola —chillo Benjamin. Él dio un par de pasos hacia adelante.

—Hola —dijo Esme con su respiración jadeante.

Benjamin la miró de abajo hacia arriba.

—Eres muy linda. —Se acercó un poco más, mirando ahora a Carlisle —. Y tú eres guapo como yo y mi papi a excepción de que tú tal vez dirías dis… —Su rostro se retorció, buscando la palabra—. Distinguido. —Asintió, satisfecho de que había encontrado la palabra correcta.

Las sonrisas de Carlisle y Esme fueron cegadoras.

Benjamin se acercó un poco más.

—¿Puedo abrazarte, abuela?

Eso fue suficiente. Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas y ella escuchó la manera en como las respiraciones de los demás se contuvieron.

La voz de Esme tembló cuando habló:

—Ven aquí, pequeño.

Benjamin la abrazó fuerte alrededor de su cintura, quedándose un par de segundos antes de mirar a Carlisle.

—Hola, abuelo —dijo antes de que sus brazos estuvieran alrededor del cuello de Carlisle.

Carlisle acunó a su nieto por primera vez.

—Hola, Benjamin.

Edward pasó un brazo alrededor de la cintura de su madre, abrazándola como saludo, ocultando sus emociones contra su cabello.

Bella no sabía cómo encajaba con esta pequeña familia pero le agradaba estar allí.

Luego de un par de minutos, Benjamin se soltó del agarre de Carlisle, tomando su mano y jalándola.

—Vamos, abu, abue. Pueden ver mi habitación.

—Oh, Benji. Espera —intervino Edward rápidamente, gentilmente jalando un poco a Benjamin—. Dale al abuelo un poco de espacio.

Mientras Edward ayudaba a Carlisle a salir del auto, vio sus cejas unirse en consternación. Él tomó la mano de Esme de manera inconsciente, perdido en sus pensamientos.

Con Edward a un lado de Carlisle, Esme y Benjamin delante de ellos y Bella a la zaga, Carlisle comenzó la ardua tarea de subir las escaleras.

—Apuesto a que te lastimaste matando un dragón, ¿eh? —dijo Benjamin, subiendo un par de escalones y mirándolo.

Carlisle pestañeó en su dirección.

—¿Qué?

—Papi me dijo que eres un príncipe y la abuela es una princesa y ambos estaban en una aventura para ayudar a otras personas. Dijo que allí has estado desde que nací. Tu pierna está herida. ¿Te lastimaste matando a un dragón?

Todos se rieron. Benjamin estaba confundido, no sabía por qué ellos pensaban que eso era chistoso pero él sonrió, obviamente decidiendo que la atmósfera feliz era algo bueno.

—Fue algo parecido —dijo Carlisle.

Benjamin estaba infinitamente curioso sobre las heridas de Carlisle. Cuando estuvieron sentados en la sala de estar ignoró los intentos de su padre para que les mostrara a sus abuelos sus dibujos, en su lugar se quedó examinando los brazos de Carlisle.

—Tienes cicatrices —dijo, subiendo al sofá al lado de su abuelo y tomando sus brazos, deslizando sus dedos por el tejido de la cicatriz rosada allí—. ¿Tienes cicatrices en tu pierna?

Carlisle asintió lentamente.

—¿Las puedo ver? —preguntó Benjamin emocionado ante el pensamiento.

—Benji. No seas grosero —reprendió Edward.

—No, está bien. Sólo es curioso. —Carlisle apretó sus labios—. ¿Realmente quieres verlas?

Benjamin asintió entusiasta.

Inclinándose hacia abajo, Carlisle subió la bota de su pantalón. Tanto Edward como Bella jadearon.

La pierna de Carlisle no sólo estaba llena de cicatrices. Se veía torcida, mutilada. Bella estaba francamente sorprendida de que no la hubiera perdido.

—Guau. —Benjamín estaba más fascinado que espantado.

Aunque el dolor en el rostro de Edward rompió el corazón de Bella. Ella se sentó en el apoyabrazos del sofá a su lado, acariciando su hombro en apoyo silencioso. Él se estaba torturando a sí mismo de nuevo por no estar allí para sus padres.

Él alzó sus manos hacia atrás, apretando su mano.

~0~

Fue un día largo. Un buen día, pero largo.

Como Bella había predicho fue increíble ver la manera en que la familia se había unido. Ella vio la manera en como Esme y Carlisle alzaban sus manos, cada cierto tiempo, para tocar a Edward o Benjamin, como si aún no pudieran creer que ellos estuvieran realmente allí. Edward nunca se alejó de su toque, y por la manera en que Benjamin estaba cómodo y cariñoso con ellos, nadie pensaría jamás que se acababan de conocer.

El día fue muy feliz, Bella entendió cuando Benjamín hizo un berrinche en el momento que Edward dijo que era hora de dormir.

Se calmó un poco cuando Esme le ofreció contarle un cuento sobre dragones y reinos lejanos. Mientras sus padres metían al pequeño en la cama, Edward siguió a Bella afuera.

—Benji no hace muchos berrinches, pero cuando los hace… —Edward negó con la cabeza—. La tierra tiembla.

Bella rio.

—Es entendible. Muchas cosas han cambiado para él hoy, de repente. —Ella le envolvió la cintura con sus brazos, alzando la cabeza para besar debajo de su mandíbula—. ¿Cómo estás llevando esto?

—Estoy… —Suspiró, apretándola fuerte contra él—. No lo sé. Realmente no lo sé. Debería estar tan feliz…

—¿Pero?

Él unió sus labios antes de hablar.

—Pero tengo tantas preguntas. No sé lo que va a suceder ahora. No están al otro lado del país o algo por el estilo, aun así están lejos. Y necesitan ayuda. Quiero ayudarlos. Y han sido tan buenos, sobre todo esto, pero aún espero que… no lo sé, encuentren algo malo. Hay suficiente tiempo para eso, supongo. Aún tienen que conocer a Kebi y…

—Edward. —Ella colocó un dedo sobre sus labios—. Sólo respira. —Ella bajó su rostro para poder besarlo—. Recuerda que no estás solo. Te ayudarán a averiguar qué hacer de ahora en adelante. —Lo besó de nuevo—. Y yo también ayudaré.

Sus manos subieron por su espalda, apretándola más cerca mientras compartían un par de besos. Ella sintió la tensión de su espalda desvanecerse.

—Eres buena para mí, Bella. —Él apoyó su frente contra la de ella—. Quiero que sepas que no tengo la intención de tomarte, tomarnos, por sentado. Sé que necesitamos un tiempo. Pronto.

—Ya lo tendremos. —Ella hizo un mohín—. Tal vez luego de los finales. Nunca hay tiempo suficiente, ¿cierto?

Él rio.

—No en mi experiencia. —Él agarró sus dos manos, alzándolas para poder besar sus nudillos—. Haré tiempo. No voy a cagar esto.

Bella atrajo sus manos hacia el frente, colocándolas alrededor de su cintura. Ella apoyó su cabeza sobre su pecho.

—Te presionas mucho. Estoy justo aquí. No hay ningún lugar en el que preferiría estar.

Ellos se acurrucaron, abrazándose lo más que pudieron antes de que Bella alzara su cabeza para besarlo de nuevo. Fue un beso del tipo serio, un sello a la promesa que había hecho.

Era demasiado. Era complicado pero también era lo que ella quería. Ella no se iría a ninguna parte.

—Te llamaré mañana. ¿Vendrás para cenar? —preguntó él.

—Sí, si tú quieres. Pero si quieres estar solo con tus padres, entenderé.

Él le dio un último beso.

—Te llamaré —prometió.


*Bilbo Bolsón: es un personaje ficticio del legendarium creado por el escritor británico J. R. R. Tolkien que protagoniza su novela El hobbit, y también aparece en El Señor de los Anillos.