Hola, nuevo capítulo de Amor en juego, escrito con mucho amor y rápidamente para vuestro disfrute.

Este capítulo tiene escenas muy diferentes, pero que esperamos que os guste mucho y nos lo hagáis saber en los comentarios.

Advertencia

Con el siguiente capítulo podéis morir de:

- Amor.

- Ternura.

- Risa.

- Placer.

No nos hacemos cargo de ninguno de esos resultados en vuestra persona.

Un saludo sexy de NEKINSEY.


CAPITULO 16. Descubrimientos.

Bellamy se despertó y se estiró por completo mientras se giraba para ponerse boca arriba. No pudo evitar sonreír al acordarse de la noche anterior.

Empezaron a pasear por la orilla tras una pequeña sesión de besos: iban distraídos, sin pensar en nada más que no fuese ese momento que estaban compartiendo. Entonces Murphy, sin que se diese cuenta el más alto, paró, dejando que Bellamy caminase unos pasos más antes de correr y dar un salto para colgarse de su cuello y abrazar su cintura con las piernas mientras reía divertido. El chico las agarró con una sonrisa.

-Para lo delgado que estás pesas un montón -comentó Bellamy mientras seguía andando, aunque un poco más lento.

-Es porque estoy repleto de amor -comentó en su oído con una sonrisa.

-Qué idiota eres.

Murphy se rio cerca de su cuello, lo que provocó escalofríos más que agradables en la espalda de Bellamy. Siguieron paseando de esa forma durante unos minutos más, hasta que el moreno protestó de nuevo por el peso de Murphy y este se bajó a regañadientes. Se dirigieron a la residencia y Bellamy acompañó al otro chico a la puerta de su habitación para despedirse.

-Buenas noches -susurró. Eran casi las doce de la noche y todo el mundo estaba dormido.

Bellamy no sabía qué debía hacer ahora. Se habían besado y dado alguna que otra caricia, habían estado bromeando y se lo habían pasado estupendamente, pero… ¿qué tenía que hacer en estos momentos?

-Bell, tranquilízate -oyó decir a Murphy, que se había acercado un poco a él. Por lo visto había empezado a respirar un poco más rápido.

-Es que… no sé... -contestó Bellamy, paseando sus ojos desde la cara del castaño al suelo. Murphy alargó la mano para agarrar la suya en un gesto de cariño.

-No existe ningún manual que te explique cómo comportarse o no cuando estás con alguien, Bell.

-Ya, pero…

-Pero nada -le interrumpió Murphy, acariciando con el pulgar los dedos del chico, todavía entrelazados con los suyos-. Es una relación, Bell, sea del tipo que sea. Haz lo que te apetezca y todo irá bien.

Bellamy asintió con timidez y una pequeña sonrisa. A pesar de que creía que la situación le quedaba grande, por otro lado era todo tan espontáneo que ya tenía ganas de volver a estar con el chico a solas.

-Buenas noches, Bell -susurró Murphy, llevando su mano a la mejilla del moreno para acariciarla de forma suave.

-B-buenas noches, John.

Bellamy le mantuvo la mirada, pero no se aproximó hacia él, ni tampoco lo hizo Murphy. Abrió la puerta de la habitación con sigilo y, cuando tuvo medio cuerpo dentro, le hizo un gesto de despedida con la mano. Bellamy lo imitó y caminó hacia su cuarto, una planta más arriba.

Cuando volvió a abrir los ojos, miró hacia un lado para ver qué hora era en el reloj que tenía en la mesilla de noche y se sentó rápidamente en la cama. Se pasó las manos por la cara, desperezándose, y bostezó un par de veces antes de fijarse en algo más que había junto al reloj. Eso no estaba ahí ayer…

Un ramo de tulipanes rojos recogidos con una pequeña cinta blanca. Justo al lado se encontraba un peluche de pequeño tamaño con la forma de un monito muy adorable. Con la sorpresa pintada en el rostro, cogió con delicadeza el ramo para oler las flores. Acercó la nariz a los pétalos y la hundió en ellos, empapándose de la sutil fragancia que desprendían. Volvió a mirar la hora y levantó una ceja. Se había despertado tarde, ya que hoy no tenía clases por la mañana, pero aun así eran solo las diez y media de la mañana. ¿Cómo era posible que tuviese un ramo de flores en su habitación y tan temprano? Seguro que había sido Monty. Dejó el ramo en la cama y observó el peluche de cerca. Le encantaban los monos desde pequeño, aunque no tenía una buena explicación para ello. Ese detalle solamente lo conocían pocas personas, muy pocas…

Entonces Monty salió del baño.

-Buenos días -saludó distraído, cogiendo una camiseta para vestirse con ella.

-¿Has sido tú? -preguntó Bell a su amigo.

-¿Qué? ¡Yo no he hecho nada! -se defendió su compañero antes de mirar en su dirección.

-Eh, que no estoy hablando de que haya perdido algo -a veces, cuando no encontraba una cosa, le decía a Monty que se la había robado, pero siempre era broma-. Hablo de esto -señaló las flores y el peluche. Hubo un momento de silencio absoluto hasta que el chico empezó a reírse a carcajadas, limpiándose las lágrimas que salían de sus ojos.

-No, no he sido yo -sonrió.

-Sí, claro.

-De verdad te lo digo.

Bellamy miró el peluche con cara de confusión. Si no había sido él, ¿quién podría…? De repente, alguien se le vino a la mente. No, no podía ser.

-Debe de haber sido Murphy -continuó Monty, abrochándose los vaqueros-. Digamos que puede que alguien le haya comentado que te gustan los monos y las flores.

-Y ese alguien sí que eres tú, ¿no?

-Puede -sonrió inocentemente. Bellamy notó cómo sus mejillas se tornaban un poco rojas.

-¿Le hablas de mí? -preguntó, curioso.

-Nunca mal, amigo -contestó Monty. Levantó las manos y Bellamy sonrió un poco mirando hacia los regalos que había recibido.

-Estoy un tanto perdido, Monty... -dejó las cosas con cuidado en la mesilla de noche y se pasó la mano por la cara, terminando en su pelo.

-Es normal -su compañero se sentó a su lado y colocó una mano en su espalda-. Deberías haber visto a Jasper cuando empezamos.

Bellamy sonrió y le siguió Monty.

-Pero si lo que sientes es real -continuó el chico-, aparta los miedos y deja que fluya. Créeme, será mejor para ti y para él.

-Ya… -suspiró Bellamy- Eso mismo me dijo él anoche, pero sigo con esa sensación de no saber muy bien qué hago.

-Y seguirás teniéndola durante un tiempo seguramente.

-Gracias por los ánimos -dijo Bellamy con ironía, mirando a Monty con odio.

-Es broma. Bueno, lo de que lo sentirás, no -Bellamy iba a abalanzarse sobre él, pero Monty lo esquivó con una sonrisa en el rostro-. ¡Ya no te tomas bien nada!

-¡Es que estoy muy confundido con lo que me está pasando! -dijo con frustración en la voz. Monty pasó un brazo por sus hombros en un medio abrazo que tranquilizó al chico, aunque solo fuese un poco.

-Llevo mucho tiempo siendo amigo de Murphy, ya lo sabes, y aunque sé que se ha comportado como un auténtico cabrón contigo durante mucho tiempo, también tengo que decirte que cuando lo conoces es una de las personas más auténticas que he conocido.

Bellamy asintió, agradecido por lo que acababa de escuchar. Se alegraba de comprobar que todo lo bueno que conocía del chico no era una fachada.

-¿Él te ha contado algo sobre esto?

-¿Dejando a un lado las veces que me hablaba de ti cuando se emborrachaba? -contestó Monty, haciendo que Bellamy casi escondiese la cabeza bajo tierra de la vergüenza que sintió en ese instante- Bueno… solo un poco. Lo suficiente como para saber que la cosa va viento en popa.

-¡Pero serás imbécil! -protestó Bellamy, tirándole el peluche a la cara. De repente, un trozo de papel voló por los aires hasta caer en el regazo de Monty.

-¡Oye, cuida las cosas que te regala tu amorcito! Te ha dejado una nota...

-¡No es mi amorcito! -exclamó. Cogió el papel, se incorporó de la cama y fue hacia el baño. Dejó a Monty atrás, que aún lo miraba con una sonrisa traviesa en los labios. Tener amigos para esto, pensó Bellamy tras cerrar la puerta.

Necesitaba ducharse y despejar la mente. Se quitó la camiseta del pijama, seguido de los pantalones, y apoyó las manos en el lavabo. Sentía el frío de la cerámica en las palmas. Fijó los ojos en la imagen que le ofrecía el espejo: tenía los rizos despeinados, una pequeña marca de la almohada cerca de la sien y los labios algo hinchados por haber dormido más de lo habitual.

Sin previo aviso, volvieron a su cabeza los regalos del chico. Quien regalaba tulipanes rojos sabía que simbolizaban amor o estar enamorado, incluso amor eterno en algunos casos. Bellamy lo sabía porque le encantaban las flores y con Lexa había hablado horas y horas sobre esos significados. Ella siempre había dicho que le encantaría que alguien le regalase algo tan especial como un ramo para demostrarle algo y Bellamy siempre se reía de ella por la inocencia que encontraba en sus palabras.

Se mordió el labio: ahora parecía ser que su opinión había cambiado un poco.

Pensó en cómo el chico habría entrado en la habitación. Seguro que había sido con ayuda de Monty y, sin darse cuenta, Murphy habría dejado las cosas a su lado antes de que se despertase. Madre mía…

Antes de que se diese cuenta, una sonrisa se estaba formando en sus labios casi de forma inconsciente, como si su cerebro le ordenase que en cuanto pensase en él o en algo relacionado con su persona debía estar así de alegre. Cuanto más se miraba en el espejo, más grande se hacía la sonrisa, hasta que llegó el punto en el que no pudo aguantar más las ganas de soltar pequeñas carcajadas y de llevarse la mano a la cara por culpa de la vergüenza. En estos días estaba sintiendo más timidez que en toda su vida entera.

Se fijó en que la nota estaba encima del lavabo: se la había llevado consigo para que Monty no viese su reacción. Bastante tenía ya con aguantar sus propios miedos y dudas como para que encima se burlasen de ellos, aunque no fuese a propósito. Estaba envuelta en un pequeño papel de sobre. Lo abrió y empezó a leer para sí.

Estaba seguro de que tus labios sabían a mar.

¿Cuándo vas a darme una clase de surf?

J.


Hola, culo prieto. Tengo que enseñarte algo, ¿dónde estás? B.

Biblioteca. L.

Esta niña siempre igual, bufó Bellamy.

Ya apenas tenemos exámenes, Lex. Ven a mi habitación. YA. B.

Media hora. L.

Aquí te espero, rata de biblioteca. B.

Esperó paciente a que su querida amiga terminase de estudiar... nada, porque no tenía ni idea de qué podría estar estudiando si no habían dado nuevos temas. Se tumbó en la cama, con los brazos tras la cabeza y se quedó pensando: no pudo evitar que imágenes de anoche volviesen a su mente y en cómo se habían mirado cuando se cruzaron hoy en el campus mientras iban hacia sus respectivas facultades.

Bellamy puso sus manos sobre su rostro: era muy extraño, pero se sentía bastante ilusionado, no sabía por qué. ¿Quién le iba a decir que iba a estar sintiendo esas cosquillas por un chico?

-Que sea rápido -entró Lexa, soltando su mochila en el escritorio del chico y sentándose en la silla, mirándolo con curiosidad.

-¿Desde cuándo eres tan demandante? -se extrañó, sentándose en la cama y mirándola divertido- ¿Cierta rubia está sacando cosas en ti que no sabíamos que existían? Lexa, la comandante -se burló, llevándose un golpe con el cojín que le pillaba más cerca a la chica.

-Cállate -dijo-. He quedado ahora con ella, por eso lo digo -miró su muñeca-. Mi plan es hablar contigo, ducharme e ir a buscarla.

-¿Vienes aquí sin haberte duchado? -levantó el labio mostrando asco- Qué cochina.

-No seas estúpido, me he duchado esta mañana -se puso algo sonrojada.

-Oh, quieres oler bien por si se calienta el ambiente -contestó, alzando una ceja-. Qué sexy… -y se acercó para pellizcar su muslo.

-¿Me has llamado para que hablemos de mis intimidades?

-No, pero es un tema que me llama la atención -apuntó, sentándose con las piernas cruzadas mirando fijamente a Lexa-. ¿Quién manda más en la cama: Clarke o tú? Porque os habéis acostado ya, ¿verdad? -se extrañó, mirando cómo su amiga cada vez estaba más roja- Sí, yo creo que os habéis acostado ya, porque a veces siento una tensión ambiental cuando estáis cerca la una de la otra y lo que sienten mis vibraciones es algo como: "No te follo aquí porque estamos rodeadas de gente, nena".

-Eres un… -no terminó la frase cuando se lanzó encima de él, pero, como siempre, el chico tenía más fuerza que ella y la puso contra el colchón, bajo su cuerpo.

-Si esto fuese una película ahora nos besaríamos: los amigos de toda la vida que se enamoran. Precioso -le guiñó un ojo antes de inclinarse sobre ella.

-Ni se te ocurra o te arranco los labios.

-Vamos, seguro que nos vendría bien a los dos -pasó su mano, haciéndose el seductor, por el costado de Lexa, que empezó a removerse debajo de él.

-Te voy a cortar la mano.

-Bésame, Lexa, dejémonos de tonterías -puso morros el chico cerrando los ojos e inclinándose sobre ella hasta que la mano de Lexa le giró completamente la cara-. Madre mía, Lexa, Clarke tiene que estar contenta con esa mano. Me ocupa casi toda la cara.

-Oh, Dios… ¡Bellamy! -le regañó.

-Espera un momento, ¿me estás diciendo que me estás tocando la cara con tu herramienta para practicar sexo?

-¡Apártate! -consiguió salir de debajo del chico- ¿Qué te pasa hoy? -se extrañó- ¿Estás salido o qué?

-Es broma, tonta -sonrió-. Admite que echabas de menos que compartiésemos estos momentos tan románticos.

-Sí, bueno… -hizo un mohín con los labios, cruzándose de brazos.

-¿No ves algo raro aquí? -preguntó, extendiendo los suyos.

-Sí, a ti -respondió. El chico los bajó, mirándola con el ceño fruncido.

Lexa sonrió ante el gesto de su amigo y empezó a mirar alrededor para ver qué era lo raro. Entonces vio un ramo de flores enorme.

-Me lo ha traído John.

-¿Smith? ¿El de Pocahontas? -se extrañó y Bellamy se rio.

-Murphy.

-Oh -la chica separó los labios formando una "O" y haciendo una cara muy cómica para su amigo-, ahora es John -comentó risueña y vio cómo las mejillas de él se teñían levemente de rosa en lo que le pareció un rostro muy tierno, sobre todo si le añadías esas pecas que lo adornaban.

-Sí, bueno…

-¿Anoche al final hablasteis? -volvió a sentarse, esta vez a su lado en la cama.

-Sí -suspiró-. Parece que era cierto lo de que se fijó en mí desde hace bastante tiempo, y, bueno, he de confesar que fue un momento bonito.

-Cuéntame. ¿Qué hicisteis? -se interesó.

-Hablamos, dimos un paseo y volvimos a casa -sintió de nuevo sus mejillas arder, en especial cuando Lexa lo miró con una sonrisa y la ceja levantada-. Oh, Dios, ¿desde cuándo miras así? Clarke es una mala influencia -se tapó la cara con las manos mientras escuchaba a su amiga reír.

-¿Os besasteis? -Bellamy volvió a enfocar la vista en ella y asintió, mordiéndose el labio.

-Fue… raro -cogió aire, mirando los ojos verdes de su amiga-, pero, al mismo tiempo, necesario.

-¿Te gusta él? -unos segundos de silencio los envolvieron hasta que el chico volvió a hablar.

-Sí, creo que sí -se miró las manos, que pronto fueron cubiertas por las de Lexa, dejando que entrelazara los dedos con los suyos.

-Bellamy, me parece increíble lo que estás sintiendo, estoy muy contenta por ti -ambos se miraron de nuevo y se sonrieron.

-A decir verdad estoy ilusionado... Tengo incluso ganas constantes de verle.

-El amor… -dijo divertida haciendo reír al chico.

Se volvieron a quedar en silencio y Bellamy volvió a mirar sus manos.

-¿Por qué nunca me he fijado en tus manos? ¿Qué te pasa? ¿Es alguna enfermedad? Dedoslarguitis -dijo agarrando su muñeca-. En serio, ¿Clarke no se ha muerto? ¿O eres de las que prefiere el sexo oral?

-Adiós.

La chica se levantó, agarrando su mochila, y empezó a andar hacia la salida. Tenía una cita a la que acudir.


Los labios de Clarke se movían demasiado bien sobre los suyos y siempre que lo hacía así la mente de Lexa desconectaba y solo se dedicaba a sentir. La chica estaba consiguiendo que hiciese cosas que jamás había hecho, como por ejemplo en ese momento. Jamás había besado a alguien de esa forma estando en un sitio público como era un cine, pero es que no podía controlarse y sus manos ya se movían solas.

Apretó el muslo de la rubia, sintiendo un escalofrío cuando gimió en su boca y rezando por unos instantes para que no se hubiese oído en la sala a pesar de que esa película parecía que no estaba teniendo éxito o que hacía mil años que se había estrenado. Sus lenguas se volvieron a acariciar y, aprovechando que la boca de Clarke ahora atacaba su cuello, miró hacia los lados: su fila estaba vacía y no había gente hasta tres más abajo. Suspiró cuando los dientes de la chica se apretaron en su lóbulo y soltó una de esas frases que la hacían temblar.

-Llevo todo el día pensando en tenerte aquí -agarró su mano para que subiese hasta su entrepierna-. No sabes lo que me pone imaginarme tu lengua recorriéndome... -puso el rostro frente a la chica y la besó lentamente.

-Clarke, no me digas esas cosas aquí, por favor -suplicó, intentando no mostrar esa mezcla de nervios, excitación y algo de vergüenza por el sitio tan público.

-Me muero por tener tu boca en mí, Lexa -ahora mordió su labio inferior, haciendo a la morena suspirar mientras cerraba los ojos por el placer.

-¿Nos vamos? -preguntó nerviosa.

-La película es una mierda, lo estaba deseando. Mi casa está cerca y mi madre hoy tenía reunión -se levantó agarrando las manos de la chica-. Vámonos.

Ambas empezaron a andar, casi a correr, de la mano hacia la salida. Clarke dirigió el camino hacia la casa de su madre y Lexa sentía su pulso bombear en cada centímetro que componía su cuerpo por la anticipación del momento. Y es que ella también se moría por tener a su novia en la boca.

Fue la morena la que la colocó contra la puerta de la entrada y empezó a devorar sus labios, recibiendo una respuesta con ganas de la chica, que enredó sus dedos en su pelo mientras la mano que dejó libre buscaba las llaves en su bolso a ciegas. Ambas jadearon al mismo tiempo al separarse, y Lexa sonrió cuando vio cómo temblaba la mano de Clarke al intentar introducir la llave por la cerradura. Abrió y volvieron a estrellar las bocas en otro apasionado beso.

-Vamos a mi cama -dijo contra sus labios-. Joder -gimió cuando Lexa bajó a su cuello, mordiéndolo para después lamerlo.

Empezaron a subir las escaleras lentamente entre besos y trompicones por ir con los ojos cerrados por ella, hasta que algo las frenó.

-¡Marcus! ¡Sí! ¡Así!

-Vamos, nena, te encanta, me encanta… Un poco más rápido… Sí.

-No, no… -esa fue Clarke mirando hacia el final de las escaleras con horror- ¡No!

Empezó a correr hacia la puerta de la casa tapándose las orejas mientras Lexa seguía en shock unos segundos por lo traumático antes de comenzar a correr también sintiendo arder las orejas. Salió por la puerta y vio a la chica con cara de espanto... y con razón.

-Joder -protestó con las cejas arqueadas.

-Vamos a la residencia -propuso.

-Creo que se me ha bajado la libido, Lex -la chica soltó una carcajada y contagió a la rubia, aunque aún mostraba en su rostro cierto horror.

Volvieron a andar, agarradas de la mano, esta vez más lento, sin prisas por llegar. Aunque, una vez entraron en el edificio, Clarke empezó de nuevo a enviar escalofríos por el cuerpo de Lexa con distintas caricias y besos robados. Otra vez empezaron a acelerar el paso hacia la habitación de la más alta de ellas. Lexa se extrañó al encontrársela cerrada: Octavia debía de haber salido, así que abrió directamente con su llave y fue a buscar otra vez los labios de su chica, pero unos sonidos la sorprendieron y sus ojos fueron hacia la cama de su amiga.

-¡Mierda! -se escuchó la voz de Octavia, que cogió la sábana para echársela a los dos por encima, mientras bajaba del cuerpo de Lincoln, que se tapó la cara con sus manos mientras la de pelo negro se peinaba un poco- ¡¿Tú no estabas en el cine?! -Lexa, con grandes reflejos, cerró la puerta justo antes de que un peluche se estampara contra la madera.

-Joder, ¿qué pasa hoy? Estaremos todas ovulando…

-No seas tonta -se rio Clarke-. Ven, sigo teniendo ganas de ti -tiró del cuello de la camiseta de Lexa para besarla con hambre antes de separarse con una mirada pícara y guiarla por las escaleras para ir a su habitación-. No me lo creo... -pasó una mano por su cara mirando la puerta, de donde colgaba una corbata.

-Creo que Octavia y yo debemos hacer algo así para saber cuándo podemos y cuándo no entrar en la habitación.

-Pues no me voy a quedar hoy con las ganas -soltó un sonido frustrado y volvió a agarrar la mano de la morena, guiándola por el pasillo hasta llegar a una puerta que había al final de este.

-¿Qué haces? -preguntó interesada, viendo cómo sacaba otra llave de su bolso con una ceja alzada y un rostro de lo más travieso.

-Digamos que tengo ciertas ventajas por ser la hija de una decana.

Abrió la puerta y Lexa soltó una risa.

-¿El cuarto de la limpieza?

-Oh, vamos, puede ser de lo más erótico hacerlo junto a la lejía, Lex -agarró su camiseta y la metió dentro antes de cerrar, incluso con llave-. Lo único que necesitamos ya lo llevamos incorporado para hacerlo sensual.

Sujetó las caderas de la morena y se apoyó en los dedos de los pies para poder atrapar mejor sus labios. Lexa jadeó cuando Clarke se deshizo de su chaqueta y de su camiseta en un segundo en el que dejaron de besarse. La espalda de la morena dio contra la pared y enredó sus dedos entre cabellos rubios mientras le besaban el cuello.

-Clarke… -suspiró cuando las impacientes manos de la chica se ocuparon de desabrochar su pantalón.

-Te necesito, Lex -susurró contra sus labios, bajando sus pantalones y dejando que cayesen al suelo.

-Clarke… -volvió a decir sujetando sus hombros para que la mirase e intentando armarse de valor para intentar sonar provocativa- creo recordar que querías algo con mi boca.

La rubia mordió su labio y recorrió el rostro de la morena lentamente, antes de dejarse besar por ella y ser ahora la que estaba contra la pared tras haber perdido también lo que la cubría de cintura para arriba.

Soltó un gemido cuando Lexa empezó a bajar por su cuerpo, entreteniéndose con sus pechos cuando se deshizo de su sujetador, lamiendo y succionando esos sensibles pezones. Quedó de rodillas mientras lamía ahora su vientre, notando cómo los dedos de Clarke volvían a acariciar su pelo. Besó su abdomen hasta conseguir desabrochar su pantalón y quitárselos junto a su ropa interior. Aguantó el aliento: ya la había visto desnuda varias veces, pero su cuerpo desnudo siempre conseguía dejarla sin respiración.

Pasó sus dedos por sus muslos consiguiendo que la chica los separara para ella y regalándole así una vista mejor. Se inclinó para besar el hueso de su cadera mientras sus dedos ahora pasaban sobre su intimidad, haciéndole suspirar contra su piel cuando notó esa humedad que iba envolviéndola. Separó aún más sus piernas para poder colar su rostro entre ellas y oyó un gemido más alto de lo normal cuando su lengua la recorrió.

-Parece que hacerlo junto a la lejía te está poniendo mucho -soltó divertida, llevándose una mirada de la chica, que le sonrió.

-Me pone mucho, pero más me pone pensar en correrme en esa boquita tuya -pasó su dedo índice por los hinchados labios de Lexa, que se quedó unos segundos petrificada por la frase.

Clarke siempre ganaba en ese juego, eso era así, pero la morena ganaba en otras cosas. Volvió a pasar la lengua por sus pliegues, llenándose la boca del sabor de su novia y gimiendo por lo que le gustaba sentirlo. Sus manos estaban ocupadas: una en el muslo de la rubia, acariciándolo; y otra, en su pecho, apretándolo con toda su mano.

Decidió añadir dos dedos a ese juego, notando cómo el cuerpo de Clarke se tensaba cuando la invadió y se agarraba a sus hombros con fuerza antes de volver a relajarse y empezar a moverse contra su boca. Sus dedos entraban y salían, moviéndose a la misma velocidad que su lengua en su clítoris y al mismo tiempo que dedicaba unos segundos a succionarlo con sus labios, oyendo un ronco gemido de Clarke, que casi no se sostenía en pie.

Lexa la sujetó cuando cayó teniendo un intenso orgasmo, haciendo que se sentase sobre sus piernas flexionadas mientras respiraba muy agitada contra su cuello. La abrazó mientras temblaba de vez en cuando por el orgasmo que la recorría. La morena sonrió y besó su pelo mientras la rodeaba y apretaba contra sí, acariciando de vez en cuando su espalda.

-Te gusta que te diga esas cosas, ¿verdad? -preguntó de repente contra su oreja.

-¿Qué cosas? -se extrañó y soltó un jadeo cuando su mano empezó a hacer círculos sobre su clítoris, colándose bajo su ropa interior.

-Que quiero tu boca en mí, que quiero correrme en ella, que tengo unas ganas horribles de tenerte a ti en la mía… -Lexa suspiró porque no era de piedra y escuchar esa voz contra su oreja diciendo cosas así era algo que podía superarla perfectamente.

Clarke la empujó hasta dejarla contra el suelo y separó sus piernas para colarse entre ellas cuando la dejó completamente desnuda. Lexa gimió y se arqueó cuando la chica pegó sus labios a ella, comenzando a lamerla. Intentó no agarrar su pelo y apretó sus dedos en su propia pierna, gimiendo de nuevo.

-Clarke… -medio gimió mirando sus ojos azules y tembló cuando la chica la lamió completamente y enseñó su lengua empapada por Lexa, antes de introducirla en su boca y soltar un murmullo placentero cerrando incluso los ojos. Algún día iba a matarla.

Respondió el beso y se arqueó cuando Clarke la penetró con dos dedos. Empezó a gemir contra sus labios, escuchando cómo la rubia se dejaba caer contra su cuello, perdiendo levemente la fuerza antes de volver a besarla con hambre y aumentando la velocidad de sus dedos, alzando su pulgar para que diese justo en su clítoris.

-Vamos, preciosa, déjame sentir cómo te corres -dicho eso, abrió su boca para morder el labio inferior de Lexa. La chica estaba empezando a tensarse completamente, sintiendo cómo estaba ya cerca.

-T-te… Te quiero -dijo agitada, y vio la sonrisa que se formó en el rostro de Clarke, que empezó a insistir ahora más en su clítoris, dejando sus dedos dentro de ella.

Lexa echó la cabeza hacia atrás, separando sus labios para dejar escapar cualquier sonido que su garganta necesitase producir, y empezó a temblar bajo el cuerpo de su chica, sintiendo el orgasmo recorrerla completamente.

-Y yo te quiero a ti.

Lexa le sonrió, intentando recuperar el aliento, pero perdiéndolo de nuevo cuando Clarke introdujo, con una mirada pícara, sus dedos empapados en su boca.

-¿Qué miras con tanto interés? -sonrió la rubia, sacando la lengua para pasarla entre sus dedos, los cuales seguían mojados-. Oh, que maleducada soy, ¿quieres? -estiró el brazo, sentándose sobre el abdomen de Lexa, y pasó esos dedos sobre sus labios, despacio, acariciándolos para intentar que la morena los recibiese-. Abre la boca -demandó. Lexa hizo caso a lo que le pedía y separó más sus labios-. Saca la lengua -también lo hizo y la oyó suspirar mientras pasaba sus dedos por ella-. Joder… -medio gimió antes de apoyarse sobre sus rodillas y deslizar esos mismos dedos por su centro bajo la atenta mirada de Lexa, que lamió sus labios-. Abre la boca -volvió a decir con una voz demasiado ronca-. Oh, Dios… -susurró, esta vez introduciendo sus dedos dentro de la boca de Lexa-. Chúpalos. Límpiamelos, Lexa.

Lexa succionó sus dedos, rodeándolos con los labios y oyendo a la chica gemir. Cerró los ojos; jamás había hecho nada así, pero debía admitir que esa Clarke autoritaria estaba consiguiendo que volviese a excitarse como nunca antes lo había hecho. Empezó a crear un movimiento hacia dentro y fuera de su boca mientras sus papilas gustativas se llenaban de ese sabor que había tenido hace unos minutos en la boca. La vio cerrar los ojos con fuerza mientras empezaba a moverse sobre su vientre. Lexa gimió al sentirla tan mojada y agarró sus caderas para ayudarla a moverse, pero Clarke las apartó.

-Ahora mando yo, Lexa.

-Pero…

-Solo hablarás cuando yo te lo diga -¿en qué momento entró en ese juego que la estaba matando de esa forma? Clarke agarró sus pechos con ambas manos, lo que causó que Lexa suspirase por la visión-. Lexa -la llamó y sus ojos verdes volvieron a los suyos azules-, dime que quieres que te folle la boca.

-Clarke… -suspiró cerrando los ojos cuando Clarke volvió a repetir lo de pasar sus dedos por su humedad y llevarlos hasta sus labios, mojándolos pero sin meterlos dentro.

-Dime que quieres que te folle la boca -se inclinó solo para hablarle contra los labios-. Dime las ganas que tienes de que me refriegue contra tus labios sin ser nada suave -Lexa volvió a gemir cuando apretó uno de sus pezones con sus dedos índices y pulgar-. Dímelo.

-Clarke, fóllame la boca.

-Joder… -suspiró cerrando los ojos antes de volver a sentarse sobre su abdomen-. Dilo otra vez.

-Fóllame la boca, Clarke.

Lexa gimió de nuevo cuando la rubia subió por su cuerpo, separando las piernas sobre su cabeza, y comenzó a tocarse sobre ella. Lexa sintió cómo ella misma también lo necesitaba y bajó su propia mano por su vientre solo para aliviarse un poco.

-Ni se te ocurra tocarte, Lexa.

-Clarke, por favor -suplicó.

-He dicho que no puedes hablar a no ser que yo te lo diga -joder, mierda, ¿pero no se daba cuenta de que podía morir si seguía así?-. Abre la boca, Lexa. Saca la lengua y no te muevas.

Clarke no se había dejado de tocar ni un segundo, y la morena hizo lo que le pedía, jadeando cuando sintió lo mojada que estaba en su lengua. Se quedó al principio quieta, aún estimulándose su clítoris ella misma, pero luego, apartó la mano y empezó a mover las caderas sobre su cabeza. La visión era más que erótica; deseaba agarrar esas caderas, deseaba incluso que se moviese con más ahínco sobre ella. ¿Pero qué le estaba haciendo Clarke?

Ambas gimieron a la vez, cada una por una sensación diferente, pero por culpa de la otra. Clarke aumentó sus movimientos y enredó sus dedos en el pelo de Lexa, acercándola más si podía. Se separó de ella unos segundos, oyendo cómo la morena tomaba aire y lamía sus labios, gustosa por lo que estaba sucediendo, antes de ser invadida de nuevo por la rubia.

-Pon tus manos en mi culo y ayúdame -le pidió sin aliento-. Mueve la lengua, Lexa.

Lexa lo hizo. Notaba cómo a la chica le estaba costando moverse cada vez un poco más: agarró sus nalgas e hizo que se estampara contra sus labios, sacando la lengua para empezar a moverla con más velocidad. Cerró los ojos al oír los gemidos que producía Clarke y, de verdad, esperaba que no se estuviese escuchando fuera nada de lo que ocurría ahí.

-Para -dijo de repente, y Lexa se extrañó, quejándose cuando Clarke se levantó medio temblando-. Yo también te quiero en mi boca.

Se volvió a sentar sobre ella, esta vez mirando hacia el otro lado, y la oyó suspirar contra su muslo cuando se dejó caer sobre ella. Lexa tembló cuando la lengua de Clarke pasó entre sus pliegues y la notó gemir contra ella.

-Joder, Lexa… -dijo cuando se separó unos segundos antes de volver a pegar sus labios, agarrando los muslos de la morena con fuerza.

Lexa se permitió gemir mientras miraba fijamente el húmedo centro de su chica antes de elevar la cabeza y enterrar la lengua otra vez donde la necesitaba. No sabía quién estaba más cerca porque la morena llevaba ya varios minutos muriéndose internamente por culpa de la rubia. Ambas empezaron a mover sus caderas al mismo ritmo contra la boca de la otra y no podían dejar de gemir.

Finalmente, Clarke fue la primera y luego cayó Lexa, quedándose ambas en esa postura durante unos segundos. La rubia descansó en el muslo de su chica antes de levantarse torpemente y dejarse caer de nuevo sobre su cuerpo. Lexa la rodeó con un brazo mientras intentaban aún controlar su respiración.

-No sé si me he pasado… -habló Clarke.

-Ha estado genial –Lexa se llevó una sonrisa junto a una mirada pícara de la rubia, que levantó su cabeza para apoyar la frente contra la de ella.

-¿Te gusta que mande en ti? -empezó a hablar con voz melosa.

-Creo que me gustaría cualquier cosa que hagas tú -sonrió en medio del beso que Clarke le regaló.

-No sabes lo cachonda que me has puesto cuando has dicho que me follase tu boca -Lexa sintió su cara arder-. No estaba segura de que lo ibas a decir -dio un suave beso en la punta de su nariz-. Mierda, me estoy poniendo cachonda nada más de acordarme.

Lexa suspiró al escucharla y giró sus cuerpos para colocarla ahora contra el suelo. Tanto tiempo aguantando y tantas interrupciones habían logrado que el deseo contenido explotase en aquella habitación.