Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


The Boy At Table Seven

By: LyricalKris

Traducción: littleshinyspark

Beta: Yanina Barboza


Capítulo 15: Receso

Era en semanas como ésta en la que ser un adulto apestaba.

El poco tiempo que Bella tenía para estar con Edward debía usarlo para estudiar, investigar, y escribir ensayos finales. Sumándole que estaba dándole espacio porque sus padres estaban en la ciudad por una semana. Por mucho que amara estar rodeada de ellos, ambos merecían y necesitaban un tiempo a solas.

Pero era duro. Su relación era tan reciente, Bella lo necesitaba con desesperación por momentos. Vivía por sus mensajes cada vez más coquetos o adorables.

O calientes.

He estado pensado.

Peligroso. ¿Qué has estado pensando?

He estado pensando… en ti. En mi cama. Recorriendo mi vestíbulo solo con mi camisa. Sin Amun para interrumpir.

El corazón de Bella dio un vuelco. Se masajeó la nuca. Su piel estaba en llamas, y estaba desesperada porque él estuviese ahí con ella.

Habían comenzado a hablar en ese tono cada vez con más frecuencia. Bella ni siquiera estaba segura de quién había comenzado, o si debería disfrutarlo tanto.

Fuera de lugar, como siempre. Ella durmió con él, pero él no la había tocado. Y aun así, de alguna manera, podía imaginarse exactamente cómo se sentirían sus dedos sobre su piel. Sus mensajes eran familiares de maneras en las que ellos no lo eran.

Aún.

Tómalo con calma.

Sí que sabes cómo arruinar un momento, Cullen. Nombrar a Amun es mejor que tener que imaginarme a mi abuela caminando en su ropa interior.

Ahora estoy imaginándote caminando en ropa interior.

Bella se cubrió la boca, riendo tontamente.

Con pantis de abuelita para ser exactos.

Y entonces.

Mis padres estarán muy sorprendidos.

Bella sacudió la cabeza, intentando concentrarse en estudiar.

Al día siguiente, ella acababa de comenzar su turno en la cafetería cuando su celular vibró con un mensaje que resultó ser una imagen. Cuando Bella la vio, no pudo evitar reír porque era obvio que Jasper o Emmett habían robado su celular. Era una fotografía de Edward. Estaba apoyado sobre un auto, cubierto en grasa y con expresión ausente.

Está pensando en ti.

Ella sonrió.

Está pensando en tener sexo en el auto.

«Probablemente sea Emmett», pensó.

—Eh, Swan. No se admiten mensajes sexuales en el trabajo —la regañó Mike con aire juguetón.

Sonrojándose furiosamente, se guardó el teléfono en el delantal y se apresuró a seguir atendiendo clientes.

Más tarde esa semana, Esme y Carlisle visitaron a Edward en el almuerzo y fueron juntos al Café de Mike. Una vez más, mientras tomaba su orden, Edward envolvió sus dedos en su pantorrilla. Ella sonrió, una calidez fue llenándola desde su pecho hasta los dedos de los pies.

Ella deseaba poder tocarlo, pero estaba intentando mantener las cosas profesionales. Aun así, apoyó la mano en el respaldo del asiento de Edward, dejando que su dedo acariciara su cabello. Pensó que estaba siendo sigilosa, pero cuando miró a Esme para tomar su orden, supo que había sido descubierta. Bella se sonrojó, pero Esme solo le sonrió.

Luego de su almuerzo los despidió con un pastel y un postre para Benjamin.

Finalmente, el viernes llegó. Angela había salido con Ben, y Bella estaba intentando terminar un ensayo que debía entregar el lunes, pero estaba teniendo dificultades para concentrarse. Lo que tendía a suceder cuando echaba un vistazo a su celular cada cinco segundos.

Gruñendo, Bella rodó en la cama, mirando hacia el techo.

Su novio la estaba distrayendo sin siquiera estar en la habitación. ¿Cuán patético era eso?

Tocándose los labios con la puta de los dedos, cerró los ojos, fantaseando sobre sus besos, sus manos recorriendo su cintura. Apretó el celular, luchando contra ella misma. No debería llamarlo. Ella tenía que trabajar, y él...

Un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos.

Con un suspiro, Bella se puso de pie. Probablemente era uno de sus compañeros buscando ayuda o una distracción de tanto estudiar. Bella podría usar esa distracción, para dejar de desear tener un novio que fuese todo suyo solo por un...

Bella dio un grito ahogado mientras abría la puerta para encontrar a dicho novio en el vestíbulo.

—¡Edward! —Envolvió los brazos alrededor del cuello de él, abrazándolo y besándolo rápidamente—. ¿Qué estás haciendo aquí?

Él levantó un brazo, mostrándole la bolsa de comida que traía con él.

—Estoy alimentándote.

Siendo muy consciente de que Edward estaba en su dormitorio y de que estaban solos, la última cosa en la mente de Bella era la cena.

—¿Por qué no estás con tus padres y Benji?

—Mis padres pensaron que podría necesitar un tiempo a solas con mi hermosa chica. —Le robó un beso antes de caminar hacia su escritorio y dejar la comida sobre él—. Querían pasar tiempo con Benji de todas maneras.

Él comenzó a sacar recipientes de la bolsa, diciéndole qué era cada cosa, pero Bella no estaba escuchando. Estaba muy ocupada deseando ser más audaz y confiada. Mirando su cuerpo, sus brazos musculosos y espalda ancha bajo su camisa, ella supo exactamente lo que quería.

Recordando sus mensajes, cómo él le había dicho repetidamente en esa última semana lo que quería, Bella se llenó de valor. A pesar de que su corazón estaba latiendo muy rápido, se acercó a él por detrás, envolviendo los brazos alrededor de su cintura. Él se detuvo a mitad de la palabra, sus manos sosteniendo las suyas mientras Bella apoyaba la cabeza sobre su espalda, respirando su aroma.

—Necesitas estudiar, ¿verdad? —Su tono era suave, bajo, si realmente quería que volviese a estudiar, estaba logrando todo lo contrario.

Ella deslizó las manos bajo su camisa, acariciando la piel debajo de ella.

—Tú no viniste para ayudarme a estudiar.

Él se volteó, poniéndole las manos en la cintura, y la besó. Había fuego detrás de ese beso, y sus manos rápidamente se tornaron posesivas sobre ella, deslizándose por su espalda.

—Necesitaba verte, eso era todo. —Volvió a besarla—. Juro que estaba intentando ser bueno.

Bella encontró las presillas de su cinturón y tiró de ellas para acercarlo más, presionándolo hacia ella.

—No quiero que seas bueno.

La respiración de Edward se aceleró, e inclinó la cabeza para depositar una ola de besos sobre la piel de su cuello.

—¿Qué es lo que quieres?

Bella se sentó sobre la cama, tirando de él para que quedase sobre ella.

—A ti —dijo con la voz entrecortada.

Los ojos de él parecieron oscurecerse mientras sostenía su mirada por tres interminables segundos. Ella alzó el brazo para recorrer su cabello con los dedos, y él se rindió. Su peso presionándola contra la cama mientras volvía a besarla.

Los próximos minutos fueron completamente sin sentido. Ellos empujaban y tiraban, sus manos estaban por todas partes, explorando, descubriendo, dándole rienda suelta al deseo que se habían negado por semanas. Estaban recuperando el tiempo perdido, como si sus manos, bocas, y cuerpos estuviesen tratando de cumplir cada pequeña fantasía al mismo tiempo.

Tan rápido como comenzó, fue como si su fiebre se hubiese evaporado. Sus besos eran más suaves, acariciándose en lugar de estar intentando devorarse el uno al otro. De alguna manera, se hallaron sentados de nuevo. El brazo de Edward estaba a su alrededor, su otra mano sosteniendo las de ella mientras la besaba tierna y lentamente. Él terminó el beso con un suspiro, y cuando ella abrió los ojos, él la estaba observando con una expresión tan ferviente, que le quitó la respiración.

—Bella —susurró él, alzando una mano para acariciarle el rostro—, te amo.

Su respiración se detuvo, y no pudo hacer más que sonreír. En otro momento, se habría sentido estúpida. Estaba sonriendo tan ampliamente, que sus mejillas se sentían estiradas. Pero él le devolvió la sonrisa con una expresión de profunda, y loca felicidad que hacía juego con la calidez que ella sentía irradiar desde el interior de su pecho.

—Te amo —dijo ella mientras besaba su barbilla—, te amo —repitió besando la comisura de su boca.

Levantándole el rostro con la mano, él le inclinó la cabeza para poder besarla de nuevo. Su beso era lento. Su lengua la provocaba, entrando y saliendo repetidas veces hasta que ella gimió y él sucumbió, profundizando el beso. Sus dedos se deslizaron desde su barbilla hasta la línea de su cuello, suaves como una pluma, encontrando el primer botón de su camisa. Él lo desabotonó y esperó, como si esperase que ella protestara o se alejara. Cuando ella no lo hizo, él continuó con su tarea.

Bella no era virgen, pero aun así su corazón latía dolorosamente fuerte contra su pecho. Estaba nerviosa. Toda la experiencia que tenía era la de un incómodo tonteo entre dos niños completamente nuevos en el mundo del sexo. Éste… Éste era un mundo totalmente diferente.

Él le apoyó una mano sobre la piel encima del corazón. Se alejó un poco, besando su mejilla, su oreja. Su otra mano acariciando su espalda.

—¿Te encuentras bien?

—Estoy perfecta —juró, y aun tan nerviosa como estaba, realmente se sentía así.

Él se alejó un poco más, pero solo lo suficiente para poder quitarse la camiseta. Tomó su mano, presionándola sobre su pecho para que pudiese sentir. Su corazón estaba latiendo tan fuerte como el de ella.

Armándose de valor, Bella se quitó la camisa, dejándola caer.

En su defensa, Edward sí le sostuvo la mirada por unos segundos antes de dirigirla a su pecho. Sus labios entreabiertos, su respiración acelerada, enviando tibias ráfagas de aire contra su mejilla. Él alzó una mano lentamente, recorriendo el centro de su pecho con la punta de un dedo hacia abajo, para volver a subirlo, trazando la curva de un seno, y luego del otro. Cuando él se inclinó para besarla, los tomó completamente dentro de sus manos, sus dedos acariciándole los pezones.

—Eres tan hermosa.

Para ese momento Bella ya estaba sin palabras. Sus pensamientos borrosos, su voz reducida a gemidos y lloriqueos. La enormidad de lo que sentía la había dejado muda. Era todo tan nuevo e intenso.

Que ella amara a ese hombre.

Que él la amara.

Que él fuera suyo, que ella fuera suya y que nunca nada en el mundo se había sentido tan bien como esto.

Ella dejó que sus manos en su piel hablasen por ella. Él la hacía sentir tan hermosa y su belleza era igual de impresionante. Se había hecho adicta al calor de la piel bajo sus dedos, a la forma en la que sus músculos se flexionaban bajo su toque cuando él se movía.

Cuando Bella volvió a caer sobre su espalda en la cama, ansiando su peso sobre ella, sus cuerpos se movieron en sincronía. Él la presionó contra la cama con sus caderas, a la vez que ella subía las suyas para hacer contacto con las de él. Ella podía sentir cuán duro estaba, y eso solo aumentó su deseo. Lo quería. No tenía las palabras para decírselo, pero ella lo necesitaba.

Bella deslizó las manos hacia abajo, presionándolas al final de su espalda para acercarlo más a ella, antes de moverlas aún más abajo para agarrar su culo. Esta vez, él fue el único en gemir mientras sus dedos recorrían su cuerpo.

Recién en ese momento su mente nublada por el deseo pudo registrar que sentía algo en el bolsillo de su pantalón. Metiendo dos dedos, sacó un paquete de tres condones.

Edward hizo un pequeño sonido con la garganta mientras rompía el beso, alejándose para apoyarse sobre los codos encima de ella. Él estaba jadeando, sus labios tan hinchados como se sentían los de ella, sus ojos entrecerrados por el deseo.

Y una pequeña pizca de vergüenza.

Bella chasqueó la lengua, tratando de calmar su respiración y encontrar las palabras.

—¿Tratando de ser bueno? —se burló.

—¡Lo estaba! —protestó él. Sonriendo, volvió a acostarse sobre ella, besándola dulcemente—. Pero quería estar preparado en caso de que fueses una mala influencia.

Ella bufó.

—Oh, sí. —Envolvió una mano en su cuello—. Ven aquí, niñito, déjame corromperte.

Él gruñó en su boca, volviendo a besarla, la atmosfera febril encendiéndose de nuevo en un instante.

Cuidadosamente —la cama era tan malditamente pequeña— rodaron hasta quedar ambos de lado. Edward tomó el condón que estaba en su mano. Los dos intentando atolondradamente quitarse los pantalones el uno al otro, y con un ferviente contoneo se las apañaron para deshacerse del resto de sus ropas.

—Yo, eh… —La mente de Edward parecía estar tan confundida como la suya—. Yo quería… Podemos… Más… Despacio…

Ella metió un brazo entre ellos, tomando su polla con las manos, sintiendo la placentera dureza. Él gruño.

—Tenemos tiempo para hacerlo lento —prometió ella—. Tenemos tiempo para más.

Él se estremeció, y asintió, abriendo el condón con los dientes y colocándoselo.

Volvieron a rodar para que Bella quedase sobre su espalda y Edward sobre ella, posicionado entre sus piernas. Él le llenó el rostro de besos mientras sus cuerpos se alineaban.

—Te amo —murmuro él contra su sien mientras la penetraba lentamente.

Bella levantó la cabeza, besándole la garganta mientras su cuerpo se acostumbraba a la sensación de tenerlo dentro. Había pasado un tiempo desde la última vez, por lo que esperaba el pequeño ardor que sintió. El dolor era más que soportable. En todo caso, era el sentimiento sobrecogedor que sentía cuando él la miraba a los ojos, lo que amenazaba con asustarla.

Por largos segundos, ella no estuvo segura de poder soportar ese sentimiento.

Entonces, él comenzó a moverse dentro de ella, con ella, y el sentimiento de estar haciendo lo correcto volvió. Él tomó su mano, ciñéndola fuertemente mientras la sostenía sobre su cabeza.

Su ritmo no se mantuvo lento por mucho. Quizás saltearon varias bases, pero habían sido dos sólidas semanas de ansiar este momento. Ella había estado anhelando este momento desde que él la besó en la oficina de la tienda. Demonios, ella lo había querido desde antes de siquiera admitírselo a ella misma, si estaba siendo honesta. Su cuerpo respondía a él de manera ridículamente fácil, sus caderas impulsándose para encontrar sus embistes. Ella gimió, porque se sentía bien. Se sentía tan bien.

Nunca se había sentido tan bien antes.

Obviamente, Bella sabía que las mujeres tenían orgasmos producto del sexo, pero saber que existía la posibilidad y saber que ella podía experimentarlo eran dos cosas diferentes. El placer físico en su cuerpo mezclado con la conexión que sentía con Edward a nivel anímico era una fuerza poderosa.

Cuando él la miró, sus ojos llenos con todo lo que ella misma sentía, Bella sintió cómo su interior se apretaba. Él jadeó y gruñó, su cabeza cediendo y apoyándose sobre su hombro.

—Dios, Bella.

Él embistió particularmente fuerte y profundo dentro de ella, enviando la cabeza de Bella hacia atrás por el placer. Automáticamente, él fue a besar su cuello, dejando pequeños mordiscos en su piel.

Sintiendo sus músculos tensarse varias veces bajo sus manos, le tomó a Bella un segundo notar que algo estaba mal.

Bueno, no mal, pero él estaba conteniéndose.

Bella movió las manos entre ellos, envolviéndolo con sus dedos en donde estaban unidos.

—Bella —jadeó él.

—Vente para mí —murmuró ella, acariciándole la mejilla con la nariz.

Él gruñó.

—Quiero…

Ella estiró la mano, moviéndola para presionar su palma contra los ásperos vellos encima de su miembro.

—Vente para mí —le dijo de nuevo.

Su cuerpo se tensó, su boca se presionó abierta contra su cuello. Ella sintió el calor de su grito ahogado contra su piel mientras lo sentía latir dentro de su cuerpo. Su cuerpo se estremeció, para luego dejarse caer sobre ella respirando entrecortadamente.

Bella recorrió su cabello empapado con los dedos. Él estaba temblando casi imperceptiblemente contra ella.

—Mierda —murmuró él.

Bella frunció el ceño.

—¿Algo está mal?

Él suspiró, quitándose de encima y de dentro de ella. Inclinándose, se quitó el condón, lanzándolo a la bolsa de basura junto a la cama. Volvió a rodar en la cama junto a ella, envolviendo su cuerpo alrededor del suyo, acariciando su estómago con la punta de los dedos.

—Es que… mi desempeño no fue muy impresionante que se diga.

Poniendo los ojos en blanco, ella le golpeó el pecho suavemente.

—Edward Cullen. En caso de que no lo notaras, estoy casi muriendo de dicha por aquí.

Levantándose de nuevo, él se inclinó para besar su cabello.

—¿Lo estás?

Su mano se había movido desde su estómago hacia la cima de sus muslos. La respiración de ella se entrecortó.

—Ss… sí.

—Mmm —canturreó él—, creo que puedo hacerlo mejor.

Ella quería decirle que no importaba que ella no se hubiese corrido. Verlo de esa manera, estar con él así, era suficiente para ella. Él ya le había dado mucho más placer del que ella creía era posible. El hecho de que no hubiese tenido un orgasmo solo dejaba la promesa de que podría, y se pondría, aún mejor. Ese tipo de promesa era de las que ella estaba más que feliz de esperar que se cumpliesen.

Ella quería decirle esas cosas.

Pero sus labios la estaban manteniendo ocupada, y sus dedos comenzaron a hacer círculos en su clítoris.

No pasó mucho tiempo antes de que ella comenzara a hacer los sonidos más vergonzosos. Él le inclinó la cabeza para besar la línea de su barbilla. Cuando su boca llegó a su cuello, el lamió, besó y succionó mientras sus dedos se curvaban dentro de ella.

—¡AH! —grito ella, su cuerpo levantándose contra su mano—. Edward. Edward —repitió su nombre con urgencia antes de quedarse sin palabras. Su centro se contrajo contra sus dedos, y él la sostuvo, su mano moviéndose con su cuerpo mientras los estragos del orgasmo dejaban el cuerpo de Bella.

Ella colapsó contra la almohada. Sus huesos se sentían de goma, y estaba agradecida de no tener que ir a ningún lado por un rato. Dudaba que pudiese caminar en ese momento.

Edward apoyó la cabeza en una mano, y la miró sonriente.

Ella le devolvió la sonrisa.

—Luces bastante orgulloso de ti mismo.

La sonrisa de él se agrandó.

—Tú luces preciosa.

Bella se sonrojó, satisfecha y más enamorada de él de lo que tenía palabras para explicar.

~0~

Eventualmente, se levantaron. Salieron de la cama solo para calentar un plato de la comida que él había traído. Edward se sentó con la espalda contra la pared y Bella sobre su regazo, ambos sabiendo que estaban siendo asquerosamente dulces, alimentándose el uno al otro y besándose entre bocado y bocado, pero no les importó.

La comida fue rápidamente olvidada, e hicieron el amor otra vez. Esta vez, ni siquiera intentaron salir de la cama, solo se acurrucaron bajo las mantas. Se besaron, murmurándose cosas dulces sin sentido cada vez que se alejaban para respirar, y Bella se quedó dormida enredada en sus brazos.

Cuando volvió a despertarse, la habitación estaba a oscuras. Ella aún se sentía cálida, pero el sentimiento de felicidad se había ido. Debido a la confusión inducida por el sueño, le tomó a Bella unos segundos darse cuenta que ya no se encontraba en los brazos de Edward.

Lentamente, abrió los ojos.

—Edward —murmuró, casi entre sueños.

Ella oyó el pisar de sus zapatos, y luego él se arrodilló junto a la cama.

—Hola, cariño. —Sus dedos le acariciaron el rostro con gentileza, su pulgar trazando sus labios.

—¿Ya te vas?

—Lo siento. No quiero hacerlo. Realmente no quiero.

—¿Pero Benji? —dijo ella en medio de un bostezo.

—Pero Benji —le confirmó él.

Ella besó la yema de su pulgar.

—Supongo que esa es una excusa aceptable.

Él rio.

—En tanto mi dama lo apruebe.

Reemplazando su dedo con los labios, Edward la besó. Fue un beso lento, sin prisas, pausado a pesar de que ella estaba casi dormida y que él necesitaba volver a casa. Con una mano en su mejilla, ella le devolvió el beso.

Luego de unos minutos besándose, él finalmente suspiró en sus labios y se alejó.

—Te amo, Bella.

Ella sonrió, sus párpados volviéndose demasiado pesados para mantenerlos abiertos.

—También te amo —susurró ella antes de dejarse llevar por el sueño.