Hola, ¿qué tal?

Os traemos un nuevo capítulo de Amor en juego, esperamos que os guste mucho y nos lo digáis en los comentarios.

Muchas gracias por los comentarios que vamos recibiendo, esperamos que estéis recuperadas/os del último capítulo.

May we meet again.

NEKINSEY


CAPITULO 17

El sonido de estudiantes caminando y hablando por el campus inundaba todo el recinto. Era casi el último día de clase antes de las vacaciones de Navidad y todos estaban impacientes por regresar a sus casas y ver de nuevo a sus familias.

Bellamy también era uno de ellos. Recorría a paso acelerado la distancia entre la residencia y su facultad con la mochila echada en un solo hombro. El bullicio era enorme y hacía tiempo que no veía el campus tan lleno: se notaba que parte de los exámenes parciales habían terminado y que todo el mundo estaba más libre para ir a las pocas clases que quedaban.

Al cabo de un rato llegó a las escaleras de la facultad y se paró en ellas para sacar un libro. Cuando se incorporó de nuevo, vio que frente a él, a unos escasos metros, se encontraba Murphy hablando con otro chico.

Bellamy recordó que, después de que descubriese los regalos que le había dejado en la habitación y de leer el mensaje que le había enviado junto a ellos, lo llamó por teléfono. La conversación duró más de lo que esperaba y hablaron de mil cosas, la mayoría temas sin importancia, pero cuando quisieron darse cuenta había pasado más de media hora pegados al teléfono.

No pudo reprimir una sonrisa. Luego no se volvieron a ver… hasta ahora. Murphy pareció notar que alguien lo miraba porque giró la cabeza y sonrió cuando comprobó que no era otro que Bellamy el que tenía los ojos puestos en él.

-¡Bellamy!

El chico se dio la vuelta, sobresaltado. Estaba tan concentrado en Murphy que se le había olvidado que estaba rodeado de gente. Raven subía las escaleras de la facultad para alcanzarlo, con una enorme sonrisa en el rostro.

-¿Cómo estás? Hacía mucho tiempo que no te veía… -le dijo. Posó una mano en el pecho del chico, haciendo un mohín de tristeza con los labios. Bellamy se rio.

-No exageres, Raven.

-Es verdad -se acercó a él, quedando a pocos centímetros de su cara-. Desde aquella noche apenas nos hemos vuelto a encontrar… -la chica se mordió el labio y a Bellamy le vinieron a la cabeza todos los recuerdos de ese día. Y vaya recuerdos, pensó.

-Es que no hemos coincidido… -dijo el chico. De reojo seguía pendiente de Murphy, que ya se había despedido del otro chico y estaba apoyado en la baranda de las escaleras, mirándolo fijamente con una ceja alzada.

-Sí, será eso… -susurró la chica, acortando más aún la distancia entre los dos- Pero podemos solucionarlo, ¿no?

Sin que Bellamy se lo esperase, Raven pasó los brazos por su cuello y acercó su boca a la suya, dándole un pequeño beso. Bellamy se tensó: Murphy seguía allí y seguro que los estaba observando, pero la chica no se le despegaba de encima y tampoco quería rechazarla de mala manera… Colocó una mano en el hombro de ella con la intención de separarla, aunque la chica se resistió un poco.

-¿Qué te pasa? -preguntó con molestia. Bellamy suspiró. ¿Y ahora qué le decía?

-Raven, es que tengo clase con Kane y luego prácticas con él, no puedo…

-Sí puedes -le interrumpió ella, volviendo a la carga: abrazó su cintura y escondió la cara en su cuello, rozando con sus labios esa piel tan sensible-. Seguro que soy mejor compañía que ese profesor…

Bellamy tragó saliva. Joder, joder, joder. Echó una mirada a Murphy y le sorprendió lo que se encontró: el chico parecía haberse puesto en una postura más cómoda para verlos mejor. Tenía la vista fija en ellos y una sonrisa traviesa dibujada en sus labios. Cuando Bellamy lo miró, Murphy le guiñó un ojo y luego soltó una carcajada que no se oyó desde la distancia a la que estaban ellos, pero que dejó a Bellamy más asombrado si cabía. ¿Podía estar en una situación más surrealista?

-Seguro -confirmó el chico, que intentaba apartar a la chica de él con delicadeza-. Pero tú no eres la que me pones la nota, Raven.

La chica resopló ante el comentario.

-Venga ya, Bellamy. Si luego te ganas a todos los profesores, no me vengas con esa excusa -el chico abrió la boca para responder, pero ella siguió hablando-. Si no quieres hacer nada conmigo, prefiero que me lo digas a que estés mareándome.

Bellamy suspiró. Por un lado se moría de ganas de volver a estar con Raven: era una chica que le atraía muchísimo y la noche que pasaron juntos fue más que genial, pero por otro lado… Se pasó la mano por el pelo: empezaba a sentirse intranquilo y no le gustaba esa sensación.

-Tienes razón, Raven.

-¿Entonces?

-¿Entonces qué?

-Que si entonces te vienes conmigo y repetimos… -susurró la chica mientras se mordía el labio y le dirigía una mirada que significaba que, de haber podido, lo hubiera desnudado allí mismo.

-De verdad, Raven, estoy muy ocupado y… -ahogó un gritó cuando la chica volvió a acercarse a su cuerpo y se pegó a él completamente, llevando con disimulo una mano al borde de su pantalón con intención de jugar con él.

-Lo estás deseando -le dio un beso en el cuello y acto seguido pasó la lengua por el mismo lugar-, no lo niegues -no, desde luego que Bellamy no podía negarlo-. Podemos ser más rápidos que la otra vez, no te preocupes.

-No, Raven -con esfuerzo, apartó a la chica de él, ahora de forma brusca.

-¿Pero se puede saber qué te ocurre? -preguntó, llevando las manos a su cintura.

-Que no quiero hacer nada ahora -la chica lo miró con una ceja alzada-. Tengo que irme.

Bellamy recogió la mochila del suelo y se dispuso a subir las escaleras cuando notó cómo Raven le agarraba del brazo.

-¿En serio, Bellamy? Ahora vas a decirme que lo del otro día fue horrible.

-No, no te diría eso porque entonces estaría mintiendo -contestó el chico, mirándola de frente-, pero… es que no puedo.

-¿Por qué?

-¡Porque no quiero! -exclamó, harto de la insistencia de Raven.

-Ni que te hubieses echado novia de repente.

Bellamy cerró los ojos. Joder, esto le superaba. Miró otra vez a Murphy: se veía bastante entretenido con la escena y parecía que solo le faltaban unas palomitas para disfrutar completamente de la película que se estaba formando delante de él.

-N-no… -dijo con un poco de titubeo que hizo que Raven levantase ambas cejas por el asombro.

-Venga ya -dijo, incrédula-. ¿Estás saliendo con alguien?

-Q-que no…

-¡Pero si te tiembla la voz! -exclamó, señalándolo- Y yo que creía que teníamos algo especial… -dijo, negando con la cabeza.

-Eres la reina del drama, Raven.

-¿Y lo bien que me queda? -dijo mientras se echaba el pelo hacia atrás. Bellamy le sonrio, divertido y algo más calmado.

-Desde luego.

-Bueno, al menos dime quién es la afortunada.

Bellamy no podía creerse la mala suerte que estaba teniendo y solo acababa de comenzar el día.

-Prefiero guardarme el secreto -mintió, fingiendo una de sus mejores sonrisas.

-No, ahora me lo dices -insistió la chica-. Si no… ¡no te suelto!

Se abalanzó sobre la espalda del chico, apretándole el cuello con los brazos y casi ahogándolo. Bellamy casi perdió el equilibrio por el peso de la chica e intentó zafarse del agarre, pero se notaba que la chica hacía ejercicio y que había desarrollado la fuerza.

-¡Bájate, Raven!

-¡No!

-¡Que me estás ahogando!

-¡Te aguantas! -replicó ella, riéndose en su oído.

Con suerte, Bellamy consiguió hacerle cosquillas y la chica no tuvo más remedio que soltarlo. Se llevó la mano al cuello, un poco dolorido.

-Eres una bruta…

-Lo sé -dijo orgullosa, enseñando todos los dientes en una sonrisa-. Bueno, ahora en serio: quiero tener la primicia de con quién sale el popular Bellamy Blake.

Este puso los ojos en blanco y se llevó una mano a la cara. Se giró disimuladamente para mirar a Murphy por si seguía aún allí, y así era. Se veía que no había podido aguantar las carcajadas por la escena y se estaba agarrando el estómago a causa de la risa. Se limpió las lágrimas del rostro, recuperando poco a poco la compostura, hasta que vio con la furia que Bellamy lo miraba y soltó otra carcajada, esta vez más ruidosa.

Raven siguió la mirada del chico, que se posaba en Murphy, y lo vio de la misma forma. En ese instante, este se percató también de que Raven lo observaba y levantó la mano, saludándola con una sonrisa pícara.

A Bellamy le faltaba echar humo por las orejas por el comportamiento de Murphy. En cuanto estuviesen a solas ya hablaría con él, desde luego que sí… Se dio la vuelta para encontrarse de nuevo con Raven, que ahora tenía los ojos puestos en él con una mirada llena de incredulidad. ¿Qué…?

-No me lo puedo creer, Bellamy -dijo al fin con una medio sonrisa y los ojos como platos.

-¿Eh?

-¿Murphy?

Bellamy se puso blanco y empezó a tartamudear sin sentido alguno.

-¿Q-qué dices…?

-¡Increíble! -exclamó. Bellamy quería desaparecer de allí. Raven empezó a andar hacia atrás sin apartar la vista de él.

-Raven, no…

-¡Madre mía! -volvió a casi gritar, dándose la vuelta para irse.

Bellamy se llevó las manos a la cabeza y al pelo, desesperado. En ese momento sonó el timbre de comienzo de clases y maldijo para sí mismo por no poder ir tras la chica para aclararle todo.

Por favor, que no se lo diga a nadie, pensó. Por favor, que no se lo diga a nadie.


Lexa llegó a las taquillas tras el entrenamiento, dispuesta para coger sus cosas, cuando vio las notificaciones en su móvil. Se lamió los labios cuando comprobó que eran de Clarke. Aún sentía corrientes eléctricas por su cuerpo cuando recordaba la sesión tan erótica que tuvieron en aquella habitación de la limpieza. No hubo ningún acuerdo de que eso iba a ocurrir, pasó sin más, pero Clarke dominándola había sido demasiado placentero para ella y se sorprendió de haber tenido ese resultado. Y podía jurar que para su chica fue el mismo.

Mi amor, sé que estás entrenando ahora, pero voy a ir a por ti a las ocho a la pista de rugby. Dúchate en los vestuarios para estar lista. Te quiero llevar a un sitio especial. C.

Lexa miró la hora: mierda, eran ya menos diez, no le daba tiempo.

Acabo de terminar el entrenamiento, no sé si me dará tiempo. ¿Me esperas unos minutos? L.

Te dará tiempo. C.

La chica cogió su mochila de deporte y empezó a correr hacia los vestuarios para darse una ducha. La zona de los chicos siempre estaba llena, pero las chicas parecía que tenían más pudor en ducharse allí y después de los entrenamientos estaba vacía.

Se sentó en un banco para empezar a desnudarse cuando sintió unas manos en sus hombros y unos labios en su cuello. El olor ya le respondía quién era.

-Hola -sonrió a la chica, que le devolvió el gesto antes de besarla suavemente en los labios desde su espalda, girando el rostro de la morena.

-Hola, cariño -se miraron a los ojos y Lexa se perdió en ese celeste-. Estás increíblemente sexy ahora mismo; me encanta cuando estás sudada.

-¿Aunque huela mal? -bromeó, quitándose lo que la cubría de cintura para arriba, llevándose una mirada azul interesada.

-Créeme que me parece que hueles de todo menos mal -mordió su labio cuando Lexa se desprendió de sus pantalones.

-Me ducho rápido y nos vamos, ¿vale?

-Lexa, tenemos todo el tiempo del mundo -sonrió-. Quiero ver cómo te duchas -la morena la observó sintiendo pesada su respiración por momentos.

-¿Y si entra alguien?

-Están cerradas las puertas -Lexa sintió su cuerpo temblar. ¿Clarke tenía llaves de todas las puertas que componían el campus universitario?

-Está bien.

-Termina de desnudarte -demandó mientras se sentaba en el banco frente a su novia, observando con interés sus pasos-. Estás ya mojada… -sonrió al ver la ropa interior de Lexa, que se la quitó echándola a un lado a la vez que sentía sus mejillas arder, pero era muy cierto.

-Es culpa tuya.

-Me encanta que sea mi culpa. Métete en esa ducha y no corras la cortina -señaló la que quedaba justo delante suya.

Lexa fue y, cuando abrió el grifo, se giró para mirarla mientras se calentaba el agua. Tuvo que suspirar cuando la vio ya desnuda. ¿Cómo lo había hecho? Se pasó la mano por el pelo y observó que Clarke señalaba el chorro de agua indicándole que se pusiera debajo de él.

Empezó a enjabonarse y jadeó cuando lo hizo con sus pechos, que estaban muy sensibles, sobre todo al ver que Clarke también se estaba tocando los suyos. Se echó champú en el pelo y, mientras se lo aclaraba, notó un cuerpo abrazándola y esos grandes pechos contra su piel. Abrió los ojos para encontrarse a su chica a milímetros de ella.

-Fóllame -ordenó, y Lexa sintió unos segundos sus piernas temblar; aún no entendía el poder que tenían sobre ella esas palabras tan obscenas cuando escapaban de los labios de Clarke, y, sin pensarlo mucho más, la puso contra la pared comenzando a besarla con hambre-. Así me gusta... -habló contra su oreja mientras la morena lamía su cuello- Hoy voy a hacer todo lo que me pidas.

-No sé si se me daría bien, tú lo haces mejor -dijo tímida a la par que muy excitada.

-Quiero que me controles -la de ojos verdes estaba otra vez agitada-. ¿Cómo te apetece follarme? -dijo de forma sensual, lamiendo los gruesos labios de la morena.

Lexa se quedó mirándola, intentando con fuerza controlar su respiración, y no, no le desagradaba nada la situación. Podría hacer un esfuerzo y sabía que Clarke no iba a obligarla si veía que no le salía o que no se sentía a gusto mandando en el sexo.

-Ponte de rodillas -dijo, intentando que no le temblase la voz, y Clarke suspiró de forma placentera mientras le hacía caso.

Era hora de un cambio de roles y Lexa, gracias a la imagen que le regaló tener a Clarke así para ella, estuvo más que dispuesta a hacerlo.


-Lo de los vestuarios ha estado demasiado bien -sonrió Clarke, apoyándose en el vientre de Lexa y mirándola divertida mientras veía cómo las mejillas de la chica pasaban a un color más rosado-. Tímida en la calle y una fiera en la intimidad. Eres perfecta -sonrió.

-Tú eres la perfecta.

Estaban en la habitación de Lexa, que estaba tumbada sobre la almohada y Clarke sobre su abdomen mientras le acariciaba el pelo. Habían vuelto hace unos minutos de la larga sesión que tuvieron en los vestuarios y en ese momento estaban tranquilas, simplemente charlando o abrazándose sobre la cama.

-¿Siempre te ha gustado hacer estas cosas? -preguntó Lexa distraída, observando cómo mechones rubios pasaban entre sus dedos.

-¿El qué?

-Mandar en la cama.

-Bueno, la vez que lo hice no había cama y hoy lo has hecho tú. Tampoco había cama -levantó la ceja.

-Ya me entiendes -sonrió tímida.

-No, nunca lo he hecho, al menos no así. Dominar la situación sexual, sí, pero demandar lo que quiero o no quiero que hagan, no. No sé -escaló por su cuerpo para quedar a la misma altura-, me salió solo y me gustó. ¿A ti te gusta? -Lexa asintió mordiéndose el labio algo avergonzada- Siempre que lo recuerdo me entran escalofríos por todos lados –habló cerca de su boca-. Muy placenteros.

-Me pasa igual -dijo, separando sus labios cuando Clarke empezó a besarla.

-¿Aunque te haga decir palabrotas? -sonrió y volvió a asentir mirando ese azul, que se oscureció levemente. Se apostaba lo que fuese a que se estaba acordando de cuando dijo esas "palabrotas"- Si alguna vez crees que me paso, dímelo, Lexa; sobre todo no hagamos nada que alguna de las dos no quiera. Me encanta también hacerlo lento y romántico contigo -pasó su mano por la mejilla de la chica, que sonrió divertida-. Supongo que ese día había una hormona o algo en el campus que nos tenía a todos cachondos. Al menos encontramos un sitio para desfogarnos -enterró su cara en el cuello de la morena y se quedaron así unos minutos-. Me quedaría a vivir aquí -susurró contra su piel, mandando escalofríos por ella.

-Yo me quedaría siempre abrazándote -apretó su brazo alrededor de la cintura de la chica. Estaba completamente enamorada de ella.

-¿Alguna vez querrás formar una familia, Lex? -la chica se extrañó con la pregunta.

-¿Hijos o perros? -preguntó divertida. Consiguió que la rubia volviese a mirarla, apoyándose en sus codos.

-Tú y yo, casadas, con hijos.

-¿Crees que nos casaremos algún día? -no pudo controlar los latidos de su corazón ante la idea.

-¿Crees que voy a dejarte escapar? -inquirió Clarke con la ceja levantada, haciendo sonreír a Lexa-. Además, me imagino hasta la pedida de mano. Todo muy romántico, a tu estilo -besó suavemente sus labios.

-¿Te lo tengo que pedir yo? ¿Y por qué no tú? -bromeó.

-Está claro que lo vas a hacer tú. Tú encárgate de la pedida de matrimonio que yo me encargaré de la noche de bodas.

Lexa suspiró con la frase y jadeó cuando Clarke empezó a besarla profundamente, sujetando su mandíbula con los dedos mientras Lexa apretaba sus manos en su baja espalda, acercándola a ella.

-¡Noche de chicas! -escucharon en la habitación. Ambas miraron hacia la puerta, que estaba siendo cerrada, y que daba paso a Octavia y a Raven, que sonreían con botellas de cerveza en las manos y algunas bolsas de patatas.

-Sabíamos que os encontraríamos en la cama, par de conejas -dijo Raven sonriente tumbándose sobre Clarke, con lo consiguió que Lexa no pudiese estar más roja.

-Raven… -protestó la rubia, probablemente sabiendo que esas cosas ponían algo nerviosa a su chica.

-No voy a dejar de intentarlo, Clarke; algún día Lexa cederá a hacer el trío -miró a la morena-, ¿verdad? -sonrió, guiñando un ojo.

-Estás demasiado caliente siempre -protestó Clarke, apoyándose en sus brazos para conseguir quitarse de encima a Raven, que cayó en el colchón a su lado.

-Hola, bombón, siempre me ha atraído de ti lo tímida que eres, pero me apuesto que en la cama eres de las que te dejan seca -se atrevió a acariciar el rostro de Lexa, lo que hizo que Clarke se levantase de la cama y tirase de su brazo para separarla de su chica.

-Se nota que Clarke está satisfecha -comentó Octavia sentada en su cama, mirándolas pícaramente mientras bebía a morro de su botella.

-Lo estoy. Bastante, la verdad.

-Oh, cuéntanos, cuéntanos, por favor -pidió Raven sentándose en el suelo y abriéndose otra botella.

-Bueno, digamos que hemos descubierto que nos gusta una serie de jueguecitos muy excitantes -habló mientras Lexa se giraba dándoles la espalda y tapándose la cara con un cojín-. Lo siento, cariño -se percató de la reacción de su novia.

-No pasa nada -murmuró contra el objeto.

-Tranquilas, aquí la única nueva es Raven, sé que Lexa en la cama es muy sensual -comentó Octavia, recibiendo una mirada de alerta de Clarke, una divertida de su otra amiga y una de mejor que te calles, O de Lexa. Sabía que su chica estaba algo celosa de ella.

-Y cuéntanos: Lincoln, el profesor sexy y poeta -habló con admiración Raven-. ¿Cómo es en la cama?

¿Tenían que estar hablando de esos temas? Lexa se sentó en la cama junto a Clarke, que miró divertida su rojo rostro de vergüenza.

-Oh, Dios, el otro día fue muy intenso –Octavia se mordió el labio antes de volver a beber para refrescarse la garganta-. No estoy muy segura de si podré volver a follar lo que queda de semana, me ha dejado esto indispuesto -se señaló la entrepierna mientras Lexa colocaba una mano en su cara.

Nunca había tenido conversaciones de sexo con amigas; no sabía si iba a soportarlo. Raven y Clarke rieron, al mismo tiempo que la rubia se levantaba a por una cerveza y agarraba otra mirando a Lexa, que negó diciendo que no quería.

En ese momento llamaron a la puerta y abrieron alegremente: era Bellamy, que miró la reunión sorprendido.

-No he visto el cartel de "solo tías sexys" ahí fuera. ¿Puedo entrar? -sonrió de lado.

-Oh, mira, aquí está el hombre al que me quería follar y que me rechaza -levantó la mano Raven, señalándole algo frustrada, mientras Bellamy agachaba la mirada algo nervioso por lo que había pasado con la chica antes-. Menudos dos amigos, diciéndome que no todo el rato -puso un mohín cruzándose de brazos y haciendo reír a todos.

-Lexa es dura, pero una vez la consigues no se te escapa. Yo llevo intentando acostarme con ella muchos años y no hay manera -comentó Bellamy divertido, intentando calmarse a sí mismo, y agarró con habilidad un peluche volador que fue directo hacia su cara-. Lexa, vas a tener que buscarte otro método, este lo controlo –y movió el peluche en su mano.

-¿Quieres algo, Bell? Estamos de noche de chicas -dijo su hermana.

-Quería llevarme a Lexa, pero si está ocupada…

-No, puedo hacerte hueco -se levantó. Quería huir para dejar de hablar de sexo.

-Nooo… -protestó Clarke poniendo morritos.

-Luego vengo, ¿vale? -sonrió a la chica, apoyando las manos en sus muslos-. Te quiero -dijo moviendo los labios sin emitir sonido, solo para que ella lo supiese, y recibió una gran sonrisa de la chica, que la imitó, antes de besarla suavemente en los labios.

Lexa se despidió con la mano de las chicas Aunque Raven tenía puestos los morros esperando a ser besada también como despedida, no lo consiguió. Salió con Bellamy para dar una vuelta por los alrededores: sabía que a su amigo le gustaban los paseos nocturnos.

-¿Querías hablar de algo en especial o solo has sentido la llamada del socorro?

-Así ha sido: iba andando y de repente mi sentido arácnido me ha dicho que necesitabas ayuda.

-Gracias a Dios, están las tres muy calientes -dijo sorprendida.

-Bueno, de Clarke no te quejarás -tonteó el chico, pasando un brazo por el hombro de Lexa mientras andaban, y riendo ante el rostro tímido de la chica.

-Se lleva el premio Raven -el chico se quedó callado de repente-. ¿Ha pasado algo?

-No… Bueno, sí. Vino a hablar conmigo para repetir, ya sabes.

-Y… -le dio pie Lexa cuando vio que no hablaba.

-Le dije que no, por lo de John, pero sin decirle nada de él, claro... pero luego nos vio y creo que algo se huele. Espero que no lo cuente por ahí -Bellamy se despeinó al pasarse la mano por el pelo.

-Tranquilo, estoy segura de que Raven es bastante alocada, pero no va a ir soltando nada de nadie.

-Eso espero…

-¿Qué tal con él? ¿Cómo vas?

-Bien, supongo… Hemos hablado de quedar cuando volvamos a casa.

-¿Una cita? –Bellamy sonrió tímidamente, haciendo que su amiga también lo hiciese.

-Se puede decir que sí.

-Oh… -ladeó su cabeza mirando tierna al chico-. Qué bonito. Bellamy y John Smith dándose besitos –empezó a poner morros lanzando besos, logrando que su amigo diese con la mano en su cara-. Te quejarás tú de mano –se quejó, con la mano del chico aún apoyada en su mejilla.

-Creo que me ganas, dedoslarguitis –siguieron caminando en silencio-. Bueno… -empezó, y Lexa rodó los ojos al reconocer esa voz- entonces, después de los entrenamientos…

-Mierda.

-Oh, vamos, Lexa, no tienes que sentir vergüenza. Ha sido muy erótico.

-Mierda -paró en seco, tapándose la cara con ambas manos.

Bellamy sonrió ante la reacción de su amiga y la abrazó con fuerza mientras seguía repitiendo la palabra. Solo quería hacerla sufrir un poco; en realidad no se había oído nada, por desgracia para todos los chicos que se quedaron, pero vieron primero a Lexa entrar en los vestuarios femeninos y luego a Clarke. No había que ser un genio para saber por qué tardaron tanto en volver a salir.

-Dime que, al menos, no había mucha gente -pidió Lexa, totalmente avergonzada-. O al menos que no se ha escuchado lo que decíamos -sintió su cara arder más porque tampoco se habían cortado esa vez.

-Lex -apoyó la mano en el hombro de la chica-, se ha escuchado todo y ha sido lo más porno que hemos oído nunca -continuó, haciendo que la chica suspirase frustrada-. Había gente machacándosela y todo.

-¡Oh, no! ¡Qué asco!

-Vamos, Lex, eres la tía sexy del equipo, entiéndelo. Tienes admiradores que fantasean con hacer cosas contigo; uno casi llora cuando le dije que eras lesbiana. Imagínate el drama y lo contento que se ha puesto hoy pudiendo oírte gemir, y de esa manera. Guau, nena.

-Creo que voy a vomitar -dijo asqueada, poniéndose la mano en el estómago, y Bellamy sonrió con malicia, lo que hizo que Lexa se sorprendiese antes de lanzarse encima de él y empezar a darle manotazos-. ¡Eres un idiota! ¿Lo sabías? ¡Te odio! ¡Te odio! -el chico se reía a carcajadas mientras la chica no paraba de pegarle y acabó agarrando sus muñecas, poniéndolas detrás de su cuerpo. Las atrapó con su mano y acercó su rostro al de ella-. Un poco más y te escupo en la cara -amenazó.

-Eres muy agresiva, Lex -dijo divertido. Unió su nariz a la de Lexa, lo que hizo que la chica tomase aire e hiciese como que se llenaba la boca-. Y… ¿cuántos orgasmos han sido?

El chico se rio cuando frunció el ceño enfadada y acabó dándole un pico en los labios, lo que provocó que la furia de Lexa creciese antes de soltarla y salir corriendo con la chica detrás de él. Debía admitir que era rápida, así que no se sorprendió cuando saltó sobre su espalda y empezó a tirarle del pelo mientras le decía que era un cochino.


¿Ya había pasado una semana? Guau. Bellamy seguía sin creérselo. Las vacaciones de Navidad habían comenzado y hacía pocos días que Octavia, Lexa y él habían llegado a casa.

-¡Mis niños! -exclamó Michelle en cuanto vio a los tres salir del coche con maletas arrastrando de las manos. Los abrazó como pudo para abarcarlos a todos.

-Mamá… -dijo Octavia al cabo de unos segundos.

-Ay, perdona, es que estoy tan contenta de que estéis aquí -dijo la mujer con los ojos brillantes. Bellamy se acercó a ella para darle un gran beso en la mejilla y Lexa le ofreció una sonrisa llena de cariño.

-Ahora te vas a hartar de nosotros.

-¡Eso nunca! Venga, vamos para adentro, que os he preparado una cena que os vais a chupar los dedos.

Cómo había echado de menos su casa y a su madre.

Terminó de vestirse ante el espejo del cuarto de baño. Como siempre, se revolvió los rizos morenos y salió directo a por un abrigo grueso. El invierno ya había llegado y se notaba en el ambiente; por suerte esta noche no llovía.

-¿Adónde vas? -preguntó su hermana cuando lo vio bajar por las escaleras tan arreglado.

-A dar una vuelta.

-¿Y para eso sales con esas pintas? Tiene que ser una vuelta muy interesante… -bromeó, dándole con el codo a Lexa, que no quitaba la vista de su amigo.

-¡Bell, espera!

Su madre se colocó frente a él. Antes de nada, le dio un abrazo que el chico correspondió con ganas y acto seguido le arregló el cuello del abrigo.

-Mamá, que no tengo cinco años.

-Lo sé, lo sé -dijo Michelle, aunque no desistió en su tarea de mejorar el aspecto de su hijo.

-Que te vaya bien en la cita -soltó Octavia, con aire inocente en cuanto el chico agarró el pomo de la puerta. Michelle, que no sabía adónde iba el chico, abrió la boca con asombro.

-¿Tienes una cita?

Bellamy suspiró y miró con odio a su hermana. En qué momento le había hablado de John…

-Sí, mamá, tiene una cita y se lo va a pasar muy bien, ¿verdad? -contestó Octavia con la mirada clavada en Bellamy, dirigiéndole una traviesa sonrisa.

-Mejor me voy ya, porque si no…

-¡No llegues tarde! -gritaron Lexa y Octavia a la vez cuando cerró tras de sí. Oyó las risas de las chicas y a su madre preguntar quién era su cita. Lo único que pedía era que, cuando volviese, ya estuvieran todas dormidas para no sufrir ningún interrogatorio.

Se subió en el coche que compartía con su hermana y se abrochó el cinturón algo nervioso. Posó las manos en el volante y cogió aire con fuerza. Allá vamos, pensó para sí mismo. Arrancó y salió del aparcamiento en dirección a la casa de Murphy, donde había quedado con el chico en media hora.

El último día de clase se volvieron a ver un rato antes de que ambos saliesen hacia sus respectivas casas y Bellamy se dio cuenta de que, poco a poco, se iba sintiendo más cómodo en la presencia del chico. La confusión, aunque todavía seguía ahí escondida, no tenía ya el papel principal de unas semanas atrás y lo agradecía infinitamente porque ni él mismo se reconocía a veces.

Con tanto tiempo libre, Bellamy también había aprovechado para pasar más tiempo con su familia: Lexa y él salieron varios días a pasear por el prado que había junto a la casa y habían cogido algunas flores para llevárselas a Michelle. Los días se habían sucedido entre cenas llenas de risas y bromas y el tiempo pasaba demasiado rápido cuando estaban todos juntos.

Sin embargo, Bellamy también sacó algunos ratos para mantener el contacto con Monty, así como con Murphy. El teléfono se había convertido en su amigo durante las noches antes de dormirse.

En menos de lo esperado llegó a la casa de su cita, que lo esperaba en la acera con los pies cruzados y las manos metidas en los bolsillos de sus vaqueros. Miraba a los lados, buscando a Bellamy, que apareció por una esquina de la calle.

-¿Quieres compañía, guapo? -le preguntó. Paró el coche a su lado, con una mano al volante y una sonrisa en el rostro. Murphy se rio con los ojos en blanco.

-Acabo de encontrarla.

Se subió al coche, cerró la puerta y se abrochó el cinturón. Bellamy volvió a colocar la otra mano en el volante y se dispuso a arrancar cuando algo hizo que girara la cara lentamente y unos labios se posaron con suavidad sobre los suyos. Murphy se separó con una sonrisa y Bellamy sintió cómo le ardían las mejillas.

-Venga, vámonos -dijo Murphy. Encendió la radio y empezó a sonar música de los ochenta-. Oh, sí.

Mientras Bellamy iba pendiente de la carretera, Murphy comenzó a mover los brazos y la cabeza al ritmo de la canción, soltando algún que otro grito cuando sonaba una parte en la que conocía la letra. Bellamy le echaba miradas de reojo y se reía.

-¿Solamente sabes bailar así? -le preguntó con una sonrisa. Murphy paró y se acercó a su hombro, apoyando la barbilla en él.

-No, me sé otros muchos pasos, pero no para este baile.

Bellamy abrió la boca, fingiendo sorpresa, y Murphy se rio a carcajadas.

-Anda que las cosas que me dices… -protestó Bellamy, riéndose también.

-Ninguna mentira -la canción de la radio cambió y Murphy casi dio un grito-. ¡Joder, me encanta!

Bellamy abrió los ojos al escucharla y no pudo evitar soltar una estridente carcajada.

-It's raining men! Aleluya! -Bellamy miraba a Murphy como si fuese alguien a quien no conocía. Para su desgracia, el chico subió el volumen de la radio y casi le explotaron los tímpanos.

-¡Venga, canta conmigo! -exclamó Murphy. Si seguía así iba a quedarse ronco.

-Que no, que estoy conduciendo.

-Hey, men! -cantó seguido de un grito. Bellamy no pudo aguantar la risa y Murphy le siguió- Voy a montarme más en tu coche para escuchar este tipo de música.

-La habrá puesto O, a mí no me gusta mucho…

Murphy lo miró como si le hubiese confesado un crimen.

-Eso tenemos que solucionarlo.

-Sí, bueno, ella lo ha intentado todos estos años y no lo ha conseguido -se mofó Bellamy. Ya estaban cerca del lugar donde querían ir-, así que buena suerte.

-Bueno, ella no cuenta con algunas ventajas que yo sí.

Bellamy no lo miró pero sonrió de lado. Lo peor era que, siendo sincero, no podía desmentir lo que acababa de decir el chico…

-Mira, ya estamos.

Bellamy llevó el coche por una cuesta un tanto empinada. El camino que tenían delante no estaba asfaltado ni demasiado iluminado, pero el final de este merecía la pena. Tras varias curvas y algunos problemas con el embrague y el freno de mano que le brindaron a Murphy la oportunidad de burlarse de la forma de conducir de Bellamy, llegaron a su destino.

Aparcó el coche y el silencio inundó el ambiente. Solamente había una pequeña farola alumbrando la zona. Bellamy salió del vehículo seguido de Murphy, que llevaba una mochila en la mano, y se acercaron al filo de lo que parecía un pequeño acantilado. Bellamy conocía este de lugar de oídas, pero nunca había ido antes: se veían todas las luces de la ciudad desde allí además de la noche estrellada junto a la luna llena, que ese día reinaba en el cielo. Bellamy se apoyó en el capó con los brazos cruzados. El frío era palpable y lo notaba en su cara y sus manos. Murphy, todavía cerca del precipicio, tenía la vista fija en el horizonte. Hoy había decidido vestirse con unos vaqueros, unas botas negras militares y un abrigo negro largo. No hacía demasiado viento, pero aun así tenía algunos mechones rebeldes que no se mantenían en su sitio. Bellamy se sorprendió a sí mismo cuando se percató de que estaba analizando al chico de la cabeza a los pies y, de hecho, este se había dado la vuelta y lo había pillado en el acto.

-¿Te gusta la vista? -Bellamy no pudo evitar darse cuenta del doble sentido de la pregunta.

-Es preciosa.

Murphy sonrió y se sentó a su lado. Abrió la mochila y sacó lo que parecían dos bocadillos envueltos.

-Cuando dijiste que te encargabas de la cena no sabía que te referías a esto -dijo Bellamy con una risita. El otro obvió el comentario.

-Tú pruébalo.

Le tendió un bocadillo y Bellamy lo agarró, desenvolviéndolo y llevándoselo a la boca.

-Joder -dijo cuando tragó el primer bocado- ¿Eres cocinero en tu tiempo libre y no me lo has dicho?

Murphy echó la cabeza hacia atrás, riéndose.

-No, pero me lo paso bien en la cocina. ¿Está rico?

-Mucho -dijo con la boca llena.

Cenaron al aire libre, hablando y riendo, para luego tumbarse sobre el capó y mirar las estrellas. La panorámica era increíble y Bellamy se quedó impresionado con algunos conocimientos de astronomía de Murphy. Giró la cara para verle hablar, emocionado con cada palabra que tenía que ver con las estrellas o los planetas, y no podía pensar en otra cosa que no fuera en lo adorable que estaba así.

-¿Me estás escuchando? -le preguntó cuando lo vio demasiado ensimismado.

-Sí, sí -contestó rápidamente.

-Dime lo último que he dicho.

Bellamy se quedó callado y soltó una pequeña risa que provocó un suspiro de los labios de Murphy.

-Anda que… -dijo mientras se incorporaba.

-Eh, que me ha parecido todo muy interesante -se justificó Bellamy.

-Sí, ya lo veo -le dio un pellizco en la pierna y el moreno soltó un quejido junto a una risa.

-De verdad -repitió, esta vez alargando una mano para tirar del abrigo del chico y que de esa forma se volviese a tumbar junto a él. Murphy se dejó hacer y apoyó la cabeza en el brazo de Bellamy, que lo tenía extendido sobre el capó.

-El problema es que tú me pareces más interesante ahora.

Murphy no se esperó esa afirmación del chico y levantó la cara para encontrarse con la mirada de Bellamy. Ambos sonrieron y acercaron los rostros lentamente hasta que sus labios se rozaron en un leve toque. Tocó la barbilla del chico y profundizó el beso, pidiéndole permiso para introducir la lengua en su boca. El tacto era suave y húmedo, lleno de calor, que contrastaba con el tiempo que hacía.

-¿Dónde ha quedado el Bellamy tímido de hace días? -susurró Murphy, aún cerca de su cara.

-Alguien me dijo que disfrutara del momento y que me dejase llevar -pensó en Lexa y en Octavia, ya que ambas le habían dado el mismo consejo.

-¿Estás mejor? -Bellamy asintió.

-Sigo confundido, pero no es lo mismo -empezó a hablar, mirando hacia el cielo-: ya no tengo esa sensación de estar perdido. Te conté que no se me había presentado la oportunidad de tener algo con ningún chico pero que no la descartaba, aunque no era algo en lo que pensase todos los días… -se rio ante su propio comentario- Tampoco sé cómo empezó a surgir esto, John. No sé si ya podías haberme atraído antes o todo comenzó con ese beso que me diste -las mejillas de Murphy fueron coloreándose de rosa y Bellamy pasó la mano por la zona, acariciándola-, pero de lo que estoy seguro es de que no me arrepiento de nada y de que me encanta estar contigo.

-Y a mí contigo, Bell.

Murphy pasó la mano por su pecho y Bellamy sintió escalofríos de nuevo. Eran sensaciones que ya había experimentado con Clarke, recordó; sin embargo, al mismo tiempo era todo distinto.

De repente, una gota de lluvia cayó sobre su nariz y frente, al igual que sobre el pelo de Murphy, y en cuestión de segundos la lluvia caía con fuerza.

-¡Mierda! -exclamó Bellamy, levantándose del capó.

-¡Entra!- le instó el otro chico, que ya tenía la puerta del copiloto abierta. Bellamy lo imitó y entró en el asiento del conductor.

La lluvia comenzó a chocar contra el parabrisas y las ventanas de los laterales. Poco a poco, el vaho se formó en las esquinas de estos.

-Vaya día.

Murphy se rio y se echó el pelo hacia atrás. Se le había mojado un poco, al igual que a Bellamy.

-Qué rizos más graciosos se te han quedado -comentó el chico y el otro se llevó la mano a ellos, comprobando que algunos estaban apelmazados y otros seguían tan rebeldes como siempre.

-Bueno, eso no me resta encanto -dijo, sacándole la lengua. Murphy se mordió el labio y fijó la mirada en su boca.

-No, no te lo resta…

A Bellamy no le pasó desapercibida la mirada que se instaló en los ojos del chico, llena de deseo.

-John…

Murphy se acercó un poco a él y extendió las manos para agarrar las suyas.

-Bell, no vamos a hacer nada que no quieras -le dijo, con lo que se tranquilizó bastante-, pero no puedo mentirte -Murphy acercó el rostro al cuello y al oído de Bellamy, lo que provocó que temblase de anticipación-. Me muero de ganas de ti.

Se mordió el labio por lo que le acababa de decir el chico. ¿Cómo iba a poder resistirse a eso?

Giró la cara y se lo encontró a un centímetro de la suya, expectante por ver cómo reaccionaba. Bellamy lo atrajo hacia sí y unió sus labios, devorándolo sin cuidado. Le mordió el inferior, succionándolo lo justo, y luego adentró la lengua en su boca, lo que hizo gemir a Murphy dentro del beso. Saboreó cada rincón del chico y Murphy hizo lo mismo con él. El calor de sus cuerpos se traspasaba a los cristales, a través de los cuales apenas se podía ver por lo empañados que estaban. Murphy se separó de él, no sin antes propinarle un pequeño mordisco en el labio.

Con un movimiento rápido, se escabulló por el espacio que había entre los asientos para llegar a la parte trasera del coche.

-¿Vienes? -le preguntó, sentado desde allí.

Bellamy no tardó ni dos segundos en estar a su lado. Se miraron durante un rato sin creerse cómo habían llegado a esa situación.

Poco a poco, Murphy reaccionó y llevó sus manos a los brazos del moreno, que estaba más nervioso que él. Las manos viajaron desde allí a los botones de su abrigo y, sin dejar de mirar a Bellamy, los desabrochó uno a uno. Cuando terminó, pasó la prenda por los hombros del chico, dejando a la vista la camisa que llevaba. Murphy se mordió el labio y suspiró al comprobar que los músculos del torso de Bellamy se marcaban bajo la ropa.

Sin más dilación, se subió encima de él, quien tenía la espalda apoyada en el respaldo del asiento. Bellamy sintió cómo las manos del chico le acunaban el rostro y volvió a besarle, esta vez con más lentitud, hasta que ambos decidieron que el deseo era demasiado inaguantable y todo se convirtió en una danza voraz entre los dos. Bellamy llevó sus manos al abrigo de Murphy, quitándoselo sin tener algún cuidado: solamente tenía la necesidad de ver más de él, de sentirlo más cerca.

Parecía que el chico le había leído el pensamiento porque acercó su torso al de él y comenzó un vaivén en sus caderas que hizo que Bellamy soltase un pequeño gemido en la boca del otro. Sentía lo duro que estaba por él, por lo que estaban haciendo, y él mismo también notaba la excitación crecer con fuerza.

Lo agarró de la cintura para marcar el ritmo y él mismo empezó a moverse con Murphy, que llevó la boca a su cuello, pasando la lengua por la zona para luego dar pequeños mordiscos que seguramente le dejarían marcas al día siguiente. Notó como una mano le acariciaba el torso: la palma presionaba de tal manera que parecía que quería quedarse con cada una de sus formas. La mano de Murphy bajó hasta que rozó tanto su erección como la suya, acrecentando la estimulación.

Ya no conseguía pensar con claridad, todo era demasiado abrumador.

Sus manos viajaron al trasero de Murphy para seguir guiándolo. Seguidamente subió una de ellas por debajo de la camiseta del chico, tocando su espalda: estaba sudando pero eso solo hizo que lo desease aun más.

-Bell… -susurró Murphy en su oído, besándole y lamiéndole el lóbulo después- no puedo más.

-Joder… -susurró Bellamy a su vez, aumentando el movimiento de caderas.

Colocó una mano en el pelo de Murphy, lo agarró con fuerza e hizo que se agachase para volver a besarlo de manera brusca y salvaje, lo que necesitaban en ese momento. De repente, las manos de Murphy, que estaban en sus hombros, se aferraron a él y su cuerpo se tensó. Echó la cabeza hacia atrás y Bellamy llevó la boca a su cuello, alargando el orgasmo del chico. Cuando este se hubo tranquilizado un poco, se dio cuenta de que el moreno seguía con la respiración agitada y las pupilas dilatadas.

Ante la atenta mirada de Bellamy, Murphy llevó la mano de nuevo al bulto que había en sus vaqueros, que reclamaba atención desesperadamente. Sin dejar de mirar al chico, desabrochó el botón y bajó la cremallera para introducir la mano y tocar sobre la tela de la ropa interior la dureza del moreno. Bellamy tuvo que cerrar los ojos por todo el placer que estaba sintiendo en ese instane.

-¿Te gusta, Bell? -le susurró en el oído mientras no dejaba de mover la mano de arriba a abajo.

Bellamy gimió cuando pasó el dedo por encima del glande y luego volvió a la base de su miembro, recorriéndolo por completo.

-John… -susurró con los labios secos por el calor.

-Dime -le contestó el chico, mordiéndole la barbilla-. Dime qué quieres.

Lo besó con vehemencia, demostrándole sin palabras lo que ansiaba.

-Joder -dijo Bellamy cuando se separó. Un diminuto hilo de saliva unía sus labios y Murphy lo volvió a besar-, me voy a correr ya.

-Hazlo -dijo el chico, siguiendo con el movimiento sobre su sexo.

En cuestión de minutos, Bellamy arqueó la espalda y soltó un jadeó en el oído de Murphy, al que oyó emitir una pequeña risa.

-Sí, así…

Bellamy apoyó la cabeza en el respaldo del asiento, extasiado. Abrió los ojos y vio cómo Murphy se llevaba a la boca la mano que había estado dentro de sus pantalones para lamer la punta de sus dedos.

-Ahora sé a ti.

Bellamy no sabía si sus mejillas ahora podían ponerse más rojas, pero seguramente lo harían en caso de que fuese posible.

-Cada vez que dices algo así me dejas sin palabras…

-Es la intención -sonrió Murphy, pasando los brazos por su cuello para darle un beso mucho más tierno que los anteriores. Fue lento en contraste con todo lo que acababan de vivir; no obstante, a Bellamy le encantó tanto como lo demás.