Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
The Boy At Table Seven
By: LyricalKris
Traducción: Itzel Lightwood
Beta: Mónica Szpilman
Capítulo 16: El día después
Solamente era un poco pasada la una cuando Edward volvió al apartamento. Mientras atravesaba la puerta, estaba un poco más que sorprendido al ver a su madre dormida en el sofá. Trató de cerrar la puerta con cuidado, pero ella despertó de todas maneras, llamándolo somnolienta.
—Esperaste despierta.
Esme se estiró y bostezó mientras se sentaba.
—Estoy fuera de práctica. En realidad, fue un accidente. —Poniéndose de pie, le hizo señas para que la siguiera.
Edward la siguió por el pasillo que llevaba a la habitación de Benji. Abrió la puerta e hizo un gesto hacia el interior de la habitación.
Lo que encontraron adentro hizo que Edward sonriera. Gracias a la tenue luz del pasillo, pudo ver a Carlisle en la cama de su hijo. Benjamin estaba con él, con su cabeza en su pecho. Ambos estaban profundamente dormidos.
—Pensé que esa historia antes de dormir estaba tardando demasiado —explicó Esme en voz baja—. Vine a ver por qué y los encontré así. —Su sonrisa era gentil cuando miró hacia él—. Tu niño cansó a tu padre.
Edward bufó.
—Él tiene demasiada energía.
Esme enredó uno de sus brazos a su alrededor.
—Tú también la tenías.
Ambos volvieron a la sala de estar. Edward se sentó junto a su madre en el sofá y pasó uno de sus brazos por encima de sus hombros. Había sido un día largo, un buen día, pero largo. Estaba cansado. Posó la cabeza en el hombro de Esme y suspiró cuando ella pasó sus dedos por su cabello, como lo hacía cuando él era un niño pequeño.
—Gracias por esta noche, mamá. Bella y yo realmente no tenemos mucho tiempo libre para nosotros.
—Bueno, tengo bastantes años de deberes como abuela que compensar.
Edward sintió la, ahora familiar, sensación de culpa por haberle robado a sus padres tantos años de estos momentos. Pero había sido una buena noche. Estaba feliz.
Somnoliento, se encontró murmurando sus pensamientos en voz alta.
—Me alegra que conocieras a Bella. Hace todo más fácil.
—¿Hace qué más fácil?
Edward levantó la cabeza.
—Si no hubiera sido Bella… si me hubieras encontrado pasando el rato con alguna otra chica de veinte años, ¿lo habrías aceptado?
Esme presionó los dedos contra su barbilla, dedicándole una mirada extraña.
—"Pasar el rato" no son las palabras que yo usaría para describir tu relación con Bella.
—No —aceptó Edward, mirando a otro lado—. No, no estoy pasando el rato con ella. No podría. —Se frotó las manos de manera irregular.
Las manos de su madre detuvieron su nervioso movimiento.
—Sé eso. Tu padre sabe eso. —Ella lo estudió—. ¿Acaso esperas nuestra desaprobación o estás sensible con respecto a su edad debido a la madre de Benajmin?
—Ambos —admitió él—. Dime la verdad. Sé que te gusta Bella, pero ¿no tienes reservas? Si no por mí, ¿entonces por ella?
—Claro que tengo reservas.
Edward frunció el ceño.
—Eres padre. La preocupación no se va cuando tu hijo crece. —Frunció los labios y suspiró con la mirada perdida—. Estoy convencida que eso es lo que hace que cada padre sea tan exasperante para sus hijos. No podemos evitarlo. Pasamos tantos años mirando hacia el futuro, tratando de ver todos los posibles caminos. Advertir a tus hijos sobre lo que puede pasar después se convierte en tu segunda naturaleza.
Esme alcanzó su mano, apretándola ligeramente.
—Al final del día, tienes que confiar en que has hecho lo mejor que puedes, mandaste a tu precioso bebé al mundo con la armadura y el conocimiento que necesita para sobrevivir. Tienes que tener esperanza de que haya escuchado todo lo que trataste de enseñarle. —Giró un poco la cabeza, sus ojos brillaban con diversión—. Tienes que esperar que todas las conversaciones vergonzosas acerca del sexo seguro hayan valido la pena.
—¡Mamá! —protestó Edward. Se frotó el cuello, sabiendo que su rostro estaba de un brillante rojo—. Le pregunté —gimió—. Sí le pregunté si necesitábamos algo. —Frunció el ceño—. Es solo que no sabía que ella era demasiado inocente como para saber a lo que me refería. Ella dijo que no porque no quería parecer tonta.
—A veces la única manera de aprender la lección es de la manera difícil —dijo Esme con un suspiro—. Aunque… Benjamin es un regalo.
La sonrisa de Edward era genuina.
—Él es el mejor error que he cometido.
—Cuando nos dijiste lo que había pasado esos años atrás, fue difícil imaginar que algo bueno podría salir de esta situación. Vi cómo tu prometedor futuro se truncaba. —Ella hizo una mueca de dolor—. Yale, Edward. No puedes decirme que dejar ir esa idea no fue difícil.
Qué tan seguido Edward se había preguntado cómo hubiera sido su vida si se hubiera mudado al otro lado del país como planeaba hacerlo. Si hubiera cedido su derecho de ver a su hijo de manera frecuente en los primeros dos años, ¿habría sido capaz de darle una mejor vida en el futuro?
—Fue decepcionante —finalmente le contestó a su madre—. Pero también fue la decisión correcta. Si hubiera dejado que Kebi lo criara sola… —Sacudió la cabeza, no queriendo darle a su madre una mala impresión. Kebi había sido tan joven y sus padres tan abrumadores. Ella era una buena madre, pero él se preguntaba si ese hubiera sido el caso si él no se quedaba, dándole a ella un refugio para escapar.
—Tu padre y yo tuvimos que aprender de la manera difícil a confiar en que harías lo mejor con lo que tuvieras que lidiar. Así que sí, claro que me preocupo por ti y Bella. No es una situación perfecta, pero, nunca lo es. Tu hijo es maravilloso y tú te ves muy feliz con Bella.
La sonrisa de Edward volvió cuando recordó la tarde que tuvo: la sonrisa de Bella, su mirada cuando ella le dijo que lo amaba.
—Ella me hace muy feliz.
Eso era algo que lo preocupaba. Su vida no había sido miserable, pero en las últimas semanas había sentido una gran cantidad de felicidad y no sabía cómo lidiar con eso. Tenía problemas en creer que iba a durar.
—Entonces eso es todo lo que importa —prosiguió Esme, ajena a su monólogo interior—. El amor nunca es un error, Edward. Es un riesgo y tienes que jugártela, pero nunca es un error.
Edward se preguntó, no por primera vez, si el padre de Bella se sentiría de la misma manera. Como Carlisle y Esme se habían preocupado de su futuro con un bebé, ¿pensaría Charlie Swan de diferente manera acerca de su hija involucrándose con un hombre mayor y con un hijo?
Se frotó los ojos.
—Pase lo que pase, ahora nos tienes a tu padre y a mí.
Él envolvió sus brazos alrededor de su madre de nuevo, apretándola un poco.
—Lo sé, mamá, y tú me tienes a mí. —Él no ignoraba el hecho de que había estado luchando por los últimos ocho años de su vida sin un apoyo, al igual que sus padres.
Esme lo abrazó de vuelta y tomó su rostro entre sus manos.
—Ahora, ya se pasó por mucho tu hora de dormir, jovencito. —Sonrió hacia él—. Tienes que trabajar mañana y parecerás un zombi. —Ella le besó la mejilla y se puso de pie—. Ve a dormir.
Él le sonrió de vuelta.
—Sí, mamá.
Mientras se dormía con los recuerdos del cuerpo de Bella moviéndose contra él, sus dulces besos, sus suaves caricias, decidió que a caballo regalado no se le ve colmillo. No iba a cuestionar esta felicidad mientras la tuviera.
~0~
Alguien se estaba riendo.
Y algo hacía que su nariz picara.
Picor. Risas. Picor. Risas.
Edward sacudió la mano hacia la cosa, y las risas aumentaron. Luego sintió un peso en su torso y unas pequeñas manos le hicieron cosquillas.
Abriendo los ojos con pereza, Edward tomó a su hijo por la cintura, sujetándolo bien.
—Benji —gruñó.
—La abuela me dijo que te despertara. —Benjamin se retorció, tratando de tocar a su padre de nuevo—. ¿Recuerdas todas esas veces en las que me hiciste cosquillas para que despertara? ¡Ahora es tiempo de la revancha!
—Oh, puedo notarlo. —Edward se movió de repente, lanzándose a sí mismo, y a su hijo, al suelo. Benjamin se retorció y rio.
—¡No, papi! Nooo —gritó entre risas, tratando de soltarse del agarre de su padre.
Edward estaba consciente de que sus padres los observaban porque podía escuchar sus risas.
—¿A dónde fue nuestro hijo adulto? —le preguntó Carlisle a su esposa mientras Edward finalmente se ponía de pie con Benjamin—. Lo único que veo son dos niños pequeños.
Benjamin frunció el ceño.
—Abuelo, eso es tonto. Mira. Papi no es un niño pequeño. Los niños pequeños van a la escuela como yo y los adultos van al trabajo como papi.
—Oh, cierto. Fue mi error.
—¿Papi? —preguntó Benjamin, la expresión en su rostro era curiosa.
—¿Qué pasa, Benji?
—Los niños deben ir a la escuela y los adultos al trabajo.
—Cierto.
—Pero Bella va a la escuela y al trabajo. —Arrugó la nariz, su expresión era adorablemente perpleja—. ¿Eso qué la hace?
Edward resopló y le dio a su hijo un beso en la mejilla.
—Talentosa —respondió—. Vamos a desayunar.
~0~
—¡Hombre! —protestó Emmett a la mitad de un bostezo—. Maldición. Esa mierda es contagiosa.
Edward bostezó de nuevo, sacudiendo la cabeza.
—Lo siento. Estoy cansado.
—Obviamente. —Jasper salió de la parte de abajo del carro en el que estaba trabajando—. Bosteza cada cinco segundos y ha estado cantando para sí mismo toda la mañana.
Entendiendo, Emmett rio.
—Creo que deberíamos ir a Mike's para almorzar, y revisar si nuestra linda Bella está caminando bien.
Edward les aventó a sus amigos un trapo lleno de grasa.
—Mi linda Bella, gracias, y, ¿deben ser tan vulgares?
—Él no lo negó —destacó Jasper.
—Creo que nos hizo orgullosos. —Emmett pretendió secarse una lágrima—. Nuestro pequeño niño está creciendo.
Jasper pellizcó la mejilla de Edward.
—Tu primera novia. Es adorable.
Rodando los ojos, Edward empujó al otro hombre. Una predecible pelea comenzó hasta que un silbido los detuvo de golpe.
Rosalie estaba de pie en la puerta, Henry estaba recostado en su cadera y su mano estaba en el otro lado.
—¿Qué está pasando aquí?
Emmett pasó su brazo por los hombros de Edward.
—Edward tuvo un poco de acción anoche.
Su esposa, obviamente, no estaba impresionada.
—¿Y esto merece algún tipo de ritual de baile bárbaro de su parte?
—¿Hace cuánto que conoces a Edward? —inquirió Jasper.
Caminando hacia ellos, Rosalie palmeó el brazo de Edward.
—Bien hecho, Glen Cocoa. Cuatro para ti*. Ahora vuelvan al trabajo.
—Sí, señora —corearon todos.
Edward sacudió la cabeza mientras juntaba las herramientas que necesitaba para terminar su trabajo.
—Oye, hombre. —Jasper llegó a su lado justo cuando se estaba preparando para poner el auto en la palanca.
—¿Sí?
—Sé que en estos momentos todo es muy loco para ti, pero cuando todo se calme, tú y Bella deberían visitarnos. Ali se muere por conocerla.
Edward se detuvo, un poco sorprendido cuando se dio cuenta de que ambos, Jasper y Emmett, eran verdaderos amigos.
Después de que se enterara que Kebi estaba embarazada, Edward perdió el rastro de sus viejos amigos. En el caos en el que se convirtió su vida, establecer relaciones era difícil. Era abrumador darse cuenta de que podía tener una vida social de nuevo, y más aún pensar que podía socializar como una mitad de una pareja.
Definitivamente era una vida diferente a la que estaba acostumbrado.
Edward sonrió hacia Jasper.
—Es demasiado malo que tu chica tenga un gusto terrible en hombres. Creo que Bella y Alice pueden llevarse bien, pero dudo que ella quiera verse sujeta a ti por un gran período de tiempo. Pero no te preocupes, le preguntaré.
Jasper rio.
—Qué lindo. Solamente por eso, no voy a impedir que Emmett vaya a la cafetería para almorzar.
—Bella puede manejarlo.
—¿Lo crees?
—Lo sé.
—Hombre —bufó Jaspero—. Te ha pegado fuerte.
—Mira quién habla.
Ante eso, Jasper tuvo que asentir. Levantó la botella de aceite que estaba sosteniendo.
—Por nuestras maravillosas mujeres.
Edward inclinó la cabeza.
—Beberé por eso. Ya sabes. En algún momento. Cuando pueda respirar de nuevo.
~0~
—Kebi, no.
Al otro lado de la línea, Kebi suspiró.
—Esto no es una cosa anormal, Edward. La mayoría de los sábados, cuando no tengo trabajo que hacer, almuerzo con mi hijo y mi novio.
Edward se pellizcó el puente de la nariz. Él conocía el temor en su voz demasiado bien. Kebi estaba nerviosa por conocer a sus padres, eso era todo.
—Me doy cuenta —dijo con forzada calma—. Estoy pidiendo una única excepción. Me gustaría que fuéramos solamente nosotros. —Cuando no contestó, él continuó—: ¿Por qué eso te pone tan incómoda?
Ella habló con duda.
—Es solo que sería bueno tener a alguien de mi lado, eso es todo.
—Yo estoy de tu lado. Lo sabes, ¿verdad?
—Son tus padres, Edward.
—Y no tienen razón para que les desagrades. Adoran a Benjamin, Kebs. Simplemente lo aman y él es mitad tuyo.
Ella pausó, como si estuviera considerando eso.
—¿Qué les has dicho sobre mí?
—Les dije la verdad. Siempre has hecho lo mejor para tu hijo. Trabajas duro para asegurarte de que tenga lo que necesita, lo mismo que yo. Eres una buena madre y una buena persona.
—¿En serio?
—¿Por qué suenas tan sorprendida?
—No lo sé. Amun… él pensó que quizás tú tratabas de mejorar la situación diciéndoles que había sido mi culpa.
Edward cerró los ojos, cerrando la boca con firmeza para no decir lo que estaba en la punta de su lengua de manera automática.
—Me has conocido por un mayor tiempo de lo que Amun lo ha hecho. ¿Cómo es que pensaste que yo diría algo como eso?
—Son tus padres —dijo de nuevo con voz suave.
—Bueno, a pesar de lo que Amun piense, no voy a cambiar, ni siquiera por mis padres. —Dejó salir un suspiro antes de continuar—. Sé que tu novio no piensa bien de mí, pero no voy a arrojarte debajo del autobús. Sabes eso. Si lo hubiera hecho años atrás, cuando debí hacerlo, hubiéramos sido solamente tú y yo. Ahora, las cosas son más complicadas. Solamente trato de mantener todo simple.
Ella suspiró.
—Puedo entender eso. —Hubo un silencio—. ¿Y Bella tampoco irá?
—No. No te pediría que no trajeras a Amun para luego invitar a Bella. —Por no mencionar, que Bella estaba ocupada. Los finales eran la semana próxima. Luego, con suerte, la vida se desaceleraría un poco.
—Eso es malo. Me hubiera gustado conocerla.
—Ya hablamos de eso —le recordó Edward con gentileza—. Pronto.
—Sí —murmuró de nuevo, y luego rio con ironía—. Es solo que sigo pensando cuando conociste a mis padres por primera vez.
Edward se estremeció, sintiendo una ola de ansiedad a pesar de que el horrendo día tenía años en el pasado.
—Esto no es ni remotamente cercano a eso. En primer lugar, no tengo dieciséis años.
Su risa fue genuina.
—No, supongo que no.
—Sé lo que he dicho de ellos en el pasado, pero mis padres son buenas personas. Ellos van a amarte. E incluso si dicen algo grosero, sabes que nunca dejaría que le hablen de esa manera a la madre de mi hijo.
—Eres un buen hombre, Edward.
«Sí, dile eso a tu novio», pensó Edward, pero no lo dijo.
—Bien —dijo Kebi finalmente—. Amun no estará feliz con esto, pero tienes razón. Deberíamos ser solo nosotros.
Edward suspiró aliviado.
—Gracias.
*Línea de la película Chicas Pesadas.
