Harry Potter & Draco Malfoy:

Dreams Of The Future Past.

By the Fox

Alternate Universe

We. a.r-e. s+e.a.r-chi.ng

Fo.r- the. pla.ce. tha.t s+o.u.ls+ s+ho.u.ld a.i.w fo.r-

A.h, ho.w wu.ch, i.f the. de.e.p da.r-kne.s+s+ tu.r-ne.d to. li.ght,

Wo.u.ld the. co.lo.r- o.f the. wo.r-ld cha.nge.? (A.h, s+o.we.da.y s+u.r-e.ly)

Two: Colors OF DARKNESS

            Normalmente se hubieran saltado las clases, pero Langrisser había dicho que si no iban al ochenta por ciento de sus clases, sin importar qué tan brillantes fueran sus exámenes, los reprobaría, los patearía hasta el bosque y le diría a los centauros que los enseñaran los horrores de sexo interespecies a los que habían sido tan afectos en la época griega, en persona. Por eso, después de almuerzo no tuvieron más opción que dejar a Andy durmiendo en la enfermería, y mandar a unos aterrorizados alumnos de primero a buscar sus libros, aunque la otra opción solía hacerse los lindos para que sus compañeras les ofrecieran compartir. Lamentablemente en clase de Langrisser no era una opción: el exorcista creía a patas juntas en un hombre, un libro, y castigaba a los infractores o solipsistas engreídos clasificando incunables. En Latín. Con moho.

La clase de Historia era una de las más exigentes desde que el exorcista se hiciera con el puesto, ( cómo… siendo que el profe anterior había sido un fantasma… pues es un tema escabroso… para hablar de conseguir un puesto a la mala…)  y habían tantas maldiciones y gruñidos cuando llegaba la feliz hora de la Historia como las que habían cuando tenían que subir a la Torre deAstronomía para ser convertidos en cebiche por la Sinistra o bajar a tener pociones con la profesora Avalon. Draco y Harry habían tenido los pupitres más codiciados, en el fondo del aula, pero una lamentable ocasión que involucrara a dos engreídos Ravenclaws, un spray sapificador y una caja de bengalas hechizadas en forma de mosca había acabado con los dos ídolos casi exorcizados y trasladados a los dos asientos normalmente vacíos a los costados de Hermione Granger, en primera fila.

Tras dos semanas así, Draco y Harry se lanzaban Ennervates! antes de entrar a clase.

- El reino mágico de Babilonia y la magia salvaje de Zoroastro. Media hora. Ensayo de tres mil palabras, con fechas. Empiecen. Ya.- cablegrafió Langrisser, sentándose en su escritorio con los ojos brillantes de malevolencia y la coleta gris agitándose sobre su hombro como la cola de un zorro malvado. Hubieron gruñidos y quejas, y luego el sonido de muchos suspiros, mientras Hermione era la única que empezaba a escribir velozmente.

Draco y Harry se miraron por sobre la cabeza despeinada de Hermione, y se encogieron de hombros: un ensayo malo no afectaría sus notas de forma importante. De mala gana, empezaron a escribir, Harry mordiscando su pluma de águila negra, Draco acariciándose el mentón con el índice: pero a ninguno de los dos le interesaba mayormente la historia, y era el peor ramo de los dos. En especial las historias sobre magos viejales que eran amantes y hacían cositas con magia rara…

- Tiempo!- dijo Langrisser, y los pergaminos volaron a sus manos. - Los que tengan faltas de ortografía tendrán puntos menos… cuándo aprenderán que no es lo mismo escribir en un pergamino " Esphinges Charm!" que " Esphincter Charm!"- les echó una mirada y suspiró. - Los que pasaron las seis mil palabras… son nadie excepto la señorita Granger, si a veces creo que tengo una sola alumna en clase… y algunos tuvieron el descaro de presentar menos de mil, excepto…-la voz de Langrisser se suavizó, y esbozó una sonrisita zorruna.- Mr Lawliet Lloyd. Podría, por favor, pasar adelante, y explicarme qué se supone que es esto?-

Harry se volteó, y para su sorpresa Hermione y Draco también. El muchacho que avanzaba por el pasillo era el pequeño Ravenclaw de las ojeras, que llevaba el uniforme impecable pero la piel macilenta y el pelo opaco de los que pasan mucho tiempo sin ver el sol.

- Es un diagrama zoroastral.- dijo Lloyd, su voz baja pero perfectamente audible.

- Y cree que eso corresponde a un ensayo?-

- Si lo traduce, las runas en inglés de traducen a tres mil palabras. Y de adentro afuera están las fechas en que los símbolos fueron cambiando, del Rokh más interno beduino al Phi helénico en el círculo exterior.- Lloyd inclinó la cabeza: sus ojos eran grandes y sombríos, y parecía genuinamente sorprendido.- Usted no sabía eso?-

Diez minutos de ladridos zorrunos y abundante desangramiento de puntos para el águila Ravenclaw, Lloyd volvió a su asiento, y Hermione, sorprendida lo siguió con la mirada.

- Ya se enamoró.- comentó Harry, moviendo la cabeza.

- A las cucarachas les gustan las cucarachas, dicen.- Draco le sonrió a Hermione beatíficamente.- Te ayudaría, pero no hablo troll.-

- Tal vez le guste Hermione. Es freak, tendrá gustos freaky.-

- Imbéciles.- Hermione aparentó ignorarlos, pero Harry se acercó para hablarle muy serio.

- Ni se te ocurra casarte con él!-

- Qué… a ti que te importa, Potter?-

- Si se casan, entre tu pelo y el de él, tendrán a Macy Gray!-

- Imbécil!-

Hermione salió harta de clase, con los Harry y Draco cantándole Love Revolution por todo el pasillo. Le hubiera gustado hablar con el chico Lloyd, pero no sólo porque fuera tan culto: ella jamás había oído hablar de una progresión de runas temporales, y le parecía fascinante. No: por un momento, había visto en sus ojos vacíos y desinteresados algo de incomprensión, algo de la sensación de pez fuera del agua, que la había tocado. Algo tan semejante en ella misma.

Soledad.

Un mundo hostil.

Algo dentro, suave, y protegido por miles de espinas.

No dicen que el amor nace de la compasión, y los dos caminan de la mano? Quién había escrito algo como eso?

Tal vez, dos ya no estarían solos… sólo estudiar juntos, hablar…

Hermione se encerró en su habitación sola en vez de bajar a cenar: quería estar sola, sin que ese par de imbéciles se siguieran riendo de ella.

Quería estar sola…

… pero no estaba sola.

Frente a ella, el maravilloso muchacho con su perro dorado y su cabello de oro y su sonrisa suave, que parecía consolarla. Ojos oscuros, y esa expresión…

Hermione sintió que su orgullo herido y su soledad y su rabia se calamaban, abrazándose las rodillas y observando ese suave rostro. Perdida en sus ojos, se quedó allí, hasta muy tarde, hasta que se durmió y sus ojos fueron iguales dorados y oscuros, y suaves.

Y cálidos.

- Practica desde que era niño. A mí no me mires, pero insiste que el quidditch, el duelo, la alta magia y el ballet se relacionan.- le comentó Harry a Andy, mientras los dos observaban a Draco estirarse, con calzas y una floja camisa de batista blanca, que le daba color a su piel tibia, haciendo unas flexiones y estirándose con la ayuda de una barra de madera adosada a la pared.                                                                                                                                                                                                                           Harry movió la cabeza, cómodamente sentado en un taburete que balanceaba, apoyando los hombros en la pared.- Me reí de él hasta cansarme, pero no le importa. Y le reconozco que funciona.-

Draco les echó una sonrisa como si supiera que hablaban de él. Cuando acabó de estirarse, apoyó las muñecas en el suelo sin doblar las rodillas, y luego se apoyó ligeramente en los dedos e hizo un flexible pivote, sus pies sensibles y desnudos.

Andy asintió, mirándolo fascinado. Hablaba muy poco, y se limitaba a emitir sólo algunas preguntas: pero con los jeans gris pizarra y un sweater blanco que le quedaba un poco flojo, el pelo en una cola, Harry se sorprendió al ver cuán normal paraecía. Para haber aparecido de la nada tras una escena de sangre la noche anterior, parecía dolorosamente normal: el cabello en las sienes levemente rizado, la coleta recogida con una torsión en la nuca, formando un grueso nudo color melaza: y sobre todo, la fascinante pureza de la piel, casi color chocolate blanco. Los ojos eran sólo castaños, pero parecían negros ante esa alba fascinación.

- Es… interesante.- dijo Andy con su extraña voz profunda. Daba la impresión de alguien que no había hablado hacia mucho tiempo, y tenía una sonrisa tímida, casi temerosa. Harry sintió el deseo de calmarlo, y aunque una parte de él seguía demandando respuestas, sacudido y espantado aún, era difícil desear alterar al muchacho. Qué edad tendría? Harry podría haber dicho cualquiera entre los quince y los veinte. Pero parecía tan joven.

Mientras los dos observan a Draco extenderse, girar, y arquear los brazos con suavidad, su pie realizando el suave y definitivo arco que realiza una espada antes de atacar, Harry recordó, aún mientras lo veía moverse tan blanco, grácil y tenue.

Ese cuerpo era el de un luchador, fino como… una daga.

No había habido libro.

No había habido daga.

No había habido nada en la habitación, excepto polvo, y el viejo escritorio partido al medio. Nada.

Había sido un sueño, una pesadilla? No, la sangre había sido bien real. Había sido…

… pero ahora era Draco, que era fuerte y a la vez tenue cuando corrió, saltó y se volteó en el aire sin magia, un giro en el último momento permitiéndole aterrizar en un arco. Harry lo aplaudió, riendo.

- Sissy.-

- Neaderthal.- le respondió Draco cariñosamente, mientras se secaba la cara. Había puesto " Door to Heaven", su canción favorita para practicar, pero con un gesto de su varita hizo saltar la aguja del gramófono mágico a " Nineteen Years" y sonrió.

Like a black swallowtail butterfly, I want to fly with my proud wings
Please don't say it's stupid; such a life is okay, is okay…

- Quieres probar, Any? Es muy fácil, y desestresa muchísimo.-

- Yo…- Andy pareció dudar, pero luego hubo una luz en sus ojos oscuros, mientras se ponía de pie junto a Draco. Eran casi de la misma estatura, y aunque Draco no poseía esa belleza lechosa, si tenía esa palidez de perla suya. Cuando los dos se colocaron frente a frente, Harry sintió algo extraño, que no podía identificar mientras Draco guiaba a Andy, y de pronto lo aferraba para arrastrarlo en un vals improptu, lento y sensual.

You applied poison to your lips and came into my room, right?
With your kiss, my body and mind seem to be melting already

Draco jamás lo había guiado a él así. Quizá estaban demasiado cerca; quizá no confiaba en él de ese modo. Tal vez era simplemente demasiado torpe. Pero como el toque de algo demasiado caliente, el recuerdo de eso beso le quemó la boca de pronto a Harry, y pareció extenderse de golpe por su rostro y pecho como agua hirviendo al ver a Draco hacer un habil movimiento y a Andy seguirlo sin aparente esfuerzo. Fuera lo que fuera, ese chico había bailado antes, algo así, porque de pronto su agarre en las manos de Draco se hizo determinado, y giraron a toda velocidad, esbeltos tobillos uno junto al otro, sus movimientos lentos y marcados, perfectos y sensuales en su mínima belleza. Se veían… semejantes.

This hated age nineteen

Perfectos.

Even when your heart is so beautiful that it sickens me
Why do you kiss me, when I can't even do a thing?

Draco rió, y atrajo a Andy hacia sí, y los dos, como si se leyeran las mentes, dieron un giro, un salto, y se echaron atrás con un gesto brusco y operístico, un par de ojos como plata y un par de ojos de negro chocolate mirándolo por encima del hombro.

The nineteen years old days that I really hate

The nineteen years old face that I really hate

- Vamos, añádele azúcar!- gritó Draco, riendo, arrojándole la varita de Harry y tomando la suya. Harry hubiera protestado, pero tenía la boca seca cuando, con la gracia de un abanico, los dos dos dieron un largo paso y dieron un golpe con la muñeca, la varita trazando largas chispas de magia, cintas de luz, espirales de magia mientras los dos giraban y jugaban…

If it's impossible to remove my soiled soul only
Then to where I walk can I call that my future?

… era como si los dos se atasen con cuerdas, pero en vez de liberarse, sólo se envolvían más, mutuamente, jugando…

The dream suspended in midair when I'm at age nineteen

- Draco!- intentó decir, pero le falló la voz. Un indescriptible horror empezó a atenazarlo, un deja vu de la noche anterior: ese muchacho que se movía allí como un garza no era el amigo de su infancia, no era su Draco. Era un desconocido, misterioso y bello, cuyos movimientos le producían un escalosfrío, cuya magia…

The lie suspended in midair when I'm at age nineteen

… la magia de Andy estalló de pronto como una enorme burbuja, celeste y oro, algo lechoso al centro, y se agrandó rozándolos en viento tibio, y luego en luz, y luego cintas rojas parecieron bailar dentro de la burbuja como cintas en el agua, mientras chispas de oro como un cardumen seguían su varita…

Andy estaba riendo, los oscuros ojos muy abiertos, y giró hacia ellos, los brazos extendidos, su mirada misteriosa detrás de sus dedos.

Harry se puso de pie de un salto y aferró a Draco del brazo, que observaba boquiabierto, el cabello erizándose bajo la potente ola de magia, y al seguir a Andy con los ojos supo que había algo familiar en ese movimiento, pero qué…

- Andy, para!- gritó Draco, pero fue Harry quien se lanzó adelante y aferró al chico del brazo. Sintió como si hubiera agarrado una veleta en una tormenta eléctrica: el golpe de la magia lo lanzó atrás, todos sus músculos gritando en agonía. Al oír su grito, Andy pareció despertar y volver en sí, deteniéndose en seco, la magia apagándose de golpe como la luz de una vela. Dejó caer la varita, que Harry llamó de inmediato, y se quedó mirándolo como si no pudiera creer lo que había sucedido.

- Y yo que creía que te iba a impresionar con un triple Baryshnikov.- dijo Draco de pronto, sonriendo. Andy esbozó una sonrisa, pero Harry lo agarró del brazo de un tirón, y lo empujó hacia la puerta.

- Se acabó! Vas a tener que dar unas respuestas. Estaban lanzando más magia que Dumbledore! Casi me achicharras! Pero por Dios, qué mierda eres?-

- Potter, déjalo!- ladró Draco.

- No hasta tener unas respuesta!-

- Suéltalo, o te las ves conmigo!- gritó Draco.-Métete con uno de tu tamaño!-

- Serás idiota? Si alguien puede freír a alguien, es él a mí con toda esa magia!-

- Potter, por última vez déjalo!-

- No! Para que él vuelva a creerse generador solar y tú te pongas a jugar al Resplandor? No! Quiero respuestas, ya!-

Andy movió la cabeza, sus manos en las muñecas de Harry, en puntillas y sin luchar, mansamente. Miró a Harry los ojos, con tanta incomprensión, con tanto shock como el del rostro de Harry: pero el muchacho de lentes redondos y brillantes ojos verdes estaba harto y asustado, y gritó, con furia:

- Dime de una maldita vez quién eres y qué quieres o yo te…-

GLASH

Harry soltó a Andy, que cayó de rodillas, y se volvió a Draco, tosiendo, tras retroceder unos pasos. Draco, aún descalzo y en calzas, sostenía la varita en la mano, y lo miraba con determinación.

El Releasing Charm se había sentido como un latigazo. A Harry le ardían los brazos y aún el cuerpo por el golpe anterior de magia: pero tomó su varita y miró a Draco mientras una cólera insoportable le recorría las venas, una rabia que había hecho a James Potter cortarle la cabeza de un solo espadazo a Voldemort y a Lily Potter haber dejado a Petunia Dursley morir lentamente quemada en un horno sin pestañear. La rabia asesina de los Potter era tan conocida como la absoluta terquedad de los Malfoy, y ahora que se enfrentaban, Harry estaba casi mareado de furia, y fascinado y nauseado a la vez por Draco. Draco, que lo había besado.

Maldita sea, porqué siempre acababa en ese pensamiento!?

Y ahora iban a enfrentarse? Tantos años juntos, y ahora enfrentarse por ese… ese… monstruo?

- Harry, te estás portando como un idiota…-

Una oportunidad. Una chance. Draco alargó una mano para levantar a Andy, y Harry supo lo que era la furia asesina de veras.

+ EXPLEXIO!+

THUD

Los dos frágiles muchachos parecieron volar, casi. Cuando cayeron al suelo con un golpe seco, casi de inmediato vino otro golpe: la puerta se había cerrado de un portazo, y Harry se había ido.

Se había quedado dormida como un clavo: estaba un poco incómoda, pero no demasiado. Se había metido bajo las mantas y estaba vestida aún, aunque sin los zapatos ni la falda: con sólo la camisa, las medias altas y la ropa interior, se sentía extrañamente confortable y calentita, los ojos cerrados en la oscuridad.

No era total. Había un destello de luna tras las cortinas, e iluminaba un trozo de pared, las cortinas de pesado brocado bloqueando toda otra luz. Sólo un rayo de luna.

Se reflejaba en el cuadro como en un espejo por el rico aceite del óleo. Sólo veía una mancha brillante, y entre sueños, pensó que le hubiera gustado ver los ojos sombríos del muchacho. Suyo. Lo sentía suyo, aunque era absurdo: si era un retrato, ese muchacho bello y su perro eran polvo y huesos mucho antes de que ella naciera. Ese bello rostro, esas manos fuertes y delicadas…

Cerró los ojos, apartando la vista y tendiéndose de costado. Qué cruel era pensarlo: toda esa belleza, esa juventud arrogante y delicada. Frágil e ida a una ataúd seco, perdida… perdida de la misma forma irremediable de un amanecer, una gota de rocío, como todo lo que el bello y vivo. Perdido.

Solo en su tumba.

Hermione sintió que le picaban los ojos, y levantó las manos para secarse los párpados. Y sintió, tenues e inconfundibles, dos brazos rodearla desde atrás, envolviendo su cintura, apegándola contra un pecho suave y firme.

Es la manta. No te vuelvas loca. Es la manta. Estás soñando. Son tus propias manos. Ese pulgar que te acaricia el abdomen… tu pulgar. No importa que veas tus manos delante de ti, no importa, no importa, estás soñando, no estás loca, es… es… es…

… es tan agradable…

… cálido…

El cuerpo de Hermione pareció aflojarse en la oscuridad, aunque cuando sus ojos seguían enormes, aterrados, sin parpadear, sumerguiéndose en las sombras de su cama. Pánico y placer, y un miedo inenarrable.

Un aliento en su sien. Una mejilla, fresca y firme, presionando la suya…

Hermione pensó que ella había dado ese alarido cuando algo rasgó la noche, pero se dio cuenta que no podía hablar. Saltó de la cama como si corriera por su vida y encendió las luces, para verse sola en una habitación vacía con el corazón latiendo de tal forma que era ensordecedor: y corrió afuera, al pasillo, a la Sala Común, tropezando y temblando, para darse de manos en boca con tres chicas de quinto que gritaban.

Las chicas la aferraron, y en la confusión, Hermione se tardó en darse cuenta que estaban empapadas de rojo. Bajó la vista, y vio subiendo la escalera que conducía a las habitaciones de las chicas, avanzando hacia ellas, a Ginny Weasley, la hermana de Ron, en camisón, manchada de sangre, con el cabello desparramado sobre la cara.

En la mano llevaba una daga que goteaba.

- Las voy a abrir como caza.- dijo Ginny, sus dientes blancos reluciendo entre el pelo rojo y los labios enrojecidos.- Y veremos si sus tripas son más bonitas que la mudblood!-

Las chicas chillaron, ocultándose tras Hermione, empujándola delante. Y Hermione, que vio que Ginny avanazaba con esos ojos enloquecidos, sólo tuvo tiempo para levantar la varita y gritar un SHIELD CHARM

La daga atravesó el potente hechizo como mantequilla y sólo el que Ginny fuera un poco más baja permitió que el filo rebotara en las costillas y no se hundiera en el pecho. Hermione gritó, mientras las otras chicas se metían en su cuarto y le cerraban la puerta en la cara. Golpeó con los puños, la herida sangrando como si alguien hubiera dado vuelta un bote de pintura: pero Ginny se acercaba, y apenas pudo esquivarla, agachándose, tratando de pasarla para poder lanzarse escaleras abajo, pero estaba atrapada.

Porqué nadie venía? No la escuchaban gritar?

Ginny reía.

- Anímate, mudblood. Vas a ser alguien, por una vez en tu vida! Quizá y hasta le pongan tu nombre a una sala…!- gritó, dando cuchilladas a diestra y siniestra. Hermione miró a ambos lados, atrapada y desesperada, casi llorando de miedo y de rabia y de espanto.

Y entonces vio a Harry Potter por el rabillo de ojo, cruzando el pasillo para meterse en la sala común.

- HARRY!- gritó. Potter se volvió, vio a Ginny, y todo el color se fue de su cara, pero Hermione hizo un gesto tras de Ginny, y Harry echó a correr hacia ellas, escalera arriba.

Ginny se adelantó hacia él, y Hermione se lanzó detrás de pronto, y la empujó.

La atlética pelirroja se giró gritando y la daga hizo un largo y doloroso corte en el brazo de Hermione, pero perdió pie y rodó hasta los pies de Harry, con un nauseante crack de una pierna. Cuando llegó abajo, Harry la aferró con brazos y piernas, quitándole la daga de una patada, y la miró a la cara.

Ginny emitió un sollozo, y lo miró con auténtico terror y dolor en el rostro. Luego, se desmayó.

Harry se volvió, y vio que Hermione había recogido la daga y la observaba pensativamente, apartándose el pelo manchado de sangre de la cara.

- NO! SUÉLTALA!- gritó.

- Lo extrañas mucho, verdad?- dijo Andy suavemente. Draco, que había estado los últimos cuatro minutos observando la lluvia caer, movió la cabeza, esbozando una amplia sonrisa. A diferencia de Lily Evans, que había aportado sinceridad y una bocanada de aire fresco a las maneras de las nobles casas de Potter y Black, la dulce Narcissa había sido educad estrictamente, y se había preocupado de que su único hijo heredase las más exquisitas maneras. Por ello había auténtica calidez en Draco al sentarse junto a Andy en el sillón, mientras que el muchacho, aún rodeado de platitos, se había cruzado de piernas en el suelo.

Draco podía ser cariñoso, pero no era idiota, y había observado a Andy con creciente curiosidad todo el resto del día. Andy utilizaba elementos modernos sin mucha vacilación, pero la suficiente para saber que se tardaba en reconocerlos, o que quizá era un aprehendedor increíblemente rápido: leía y escribía con fluidez en inglés y francés al menos, aunque su estilo de puntuación y ortografía eran anticuados, y tenía una curiosa certidumbre al hablar, un lenguaje exacto que permitía un adverbio, un sustantivo, un verbo y un adjetivo por frase.

Pero cuando reía, era hermoso, y tan limpio. Draco lo observó cuando lo acompañó a las duchas y al verlo semidesnudo, notó con curiosidad que la pureza de su rostro se extendía a todo su cuerpo: no tenía una cicatriz, una marca en todo el cuerpo. Era como si acabara de nacer, puro y simple, reluciente bajo el agua, y Draco apartó la vista y se dio un baño a sí mismo, sintiendo que le quemaban las mejillas.

- Draco?-

- Dime, Andy?-

- Me duele algo en la espalda… puedes ver qué tengo?-

Draco tuvo la discreción de cubrirse con una toalla. Cuando vio a Andy con las caderas envueltas en una, sentado en la banca esperándolo con un gesto de inquietud, sonrió.

- Qué pasa?-

- Me duele…-

- Te duele mucho?- dijo Draco arrodillándose a su lado para apartar el pelo brillante y mojado. La piel estaba tibia bajo sus manos.

Hubo una pausa.- No sé. Sé que duele, pero, no tengo con qué comparar…-

Draco le tiró el pelo.

- AWW!-

- Más o menos que eso?-

-… mirada con una lagrimita más…-

Draco le puso el cabello en el costado y deslizó las manos por la espalda. Era fina, casi femenina: pero era una extensión blanca intocada por una peca, un lunar, una marca o siquiera una manchita de pigmentación. Draco inspiró, un poco fascinado, y sintió el deseo extraño de oler más de cerca un curioso aroma seco y seductor a la vez que emitía Andy.

- Es aquí…- dijo Andy, señalando con una mano torpe el punto que no alcanzaba a tocar, entre sus omoplatos. Draco lo tocó, y sintió una vértebra.

No: era algo duro y pequeño, entre dos vértebras. Algo plano y redondo, como una monedita.

- … quizá te golpeaste la espalda en esa mensa cuando este bruto te levantó. Si quieres podemos ir de inmediato con Prewett.-

- No!- dijo Andy, volviéndose. - No, mañana… estoy bien, Draco.-

- Si te duele, me dices.-

-… entendido.-

Andy era suavemente sumiso, confiado. Draco respiró más tranquilo al verlo vestido, y cuando subieron a su habitación en Slytherin, se había sentado en la cama, sin gestos de dolor. Draco colocó algunos libros sobre la mesa, y se quedó mirando las tareas de Historia y Aritmancia.

Maldito Langrisser.

Maldito Harry, que muy probablemente había considerado en n como un menos w de magia en vez de w positivo para que no le diera el resultado.

- Te importa si trabajo un poco? Puedes revisar mis libros, si quieres…- dijo Draco, tomando la pluma. Andy asintió, pero se quedó observando el estante sin tocarlo: tenía un modo curioso de inclinar la cabeza para leer los lomos, en vez de sacar el libro para ver el título. Draco acabó rápidamente la cronología que quería el maldito exorcista sobre los antiguos lemurianos adoradores del Nyarlatothep ( y eso explicaba porqué Madagascar era del tamaño que era) y tomó su cuaderno de Aritmancia para revisar la última ecuación.

La magia es igual a m, siendo m igual a la q de la varita, la p del mago y la t de la magia circulante. Cuando la m se encuentra sometida a una atmósfera de 2t más 1 t parcial de un objeto mágico, siendo p igual a 7 , con qué varita se iguala la ecuación?

M qpt

Mq72+1/360

Mq14+1/360

360M q15

24M q.

Una varita capaz de generar 24 grados de magia debe ser de roble o tejo con pelo de unicornio o superior.

- La varita estallaría.- dijo Andy, de pronto.

- Hay una error en la ecuación?- preguntó Draco, revisándola.

- No sé nada de ecuaciones.- dijo Andy, encogiéndose de hombros.- Pero la varita estallaría, el flujo no permitiría reunir 24 grados.-

- Sabes aritmancia?- preguntó Draco fascinado.- y Metamagia? Alta magia? Te acuerdas de algo?-

Andy pareció confundido y pensativo: luego, inclinó la cabeza y esbozó una enorme sonrisa.

- Me suenan los términos pero… no tengo ni idea!-

Y Draco supo con súbito shock que ese muchacho, un absoluto desconocido, le había robado el corazón de alguna manera cuando se echó a reír, tan blanco y puro con esa cabellera leonada en los hombros.

- Qué te gustaría hacer? O tienes hambre?-

- No podría comerme otra frutilla más.- dijo Andy sonriendo. Draco había descubierto con sorpresa que su amnesia involucraba sabores, y había sido divertido verlo probar todo lo que el Malfoy pudo conseguir: sopa de legumbres, pan fresco, mantequilla, mermelada, galletas de coco, de jengibre y de miel: queso, leche, caldo y un pastel de calabaza: fresas, frutillas, peras y plátanos, y por supuesto, chocolate. Andy se había sentido fascinado por los sabores ácidos y dulces, y había reído, los labios manchados de frutilla, cuando Draco se había atorado en la sopa.

- No recuerdas algo? Estudiaste magia alguna vez?-

- Recuerdo hechizos… creo, pero ahora no sé…-

- Tu varita?-

- Mm-nn-

- Tus padres? Familia?-

- Recuerdo un mago… un hombre rubio.- dijo Andy, parpadeando.- Me miraba siempre desde arriba. Creo que tenía alguna relación conmigo… creo que era mi padre.-

- Recuerdas su nombre?-

- No. Pero recuerdo sus manos.- la voz de Andy bajó.-Era muy gentil conmigo, pero creo…-

- Qué?-

- Nada.-

- No recuerdas algo más? Juegos, voces… alguna canción?-

- No…- hubo una duda en los ojos de Andy, que de pronto pareció confuso, una pátina en sus ojos.

- Qué?-

- Creo que recuerdo algo… pero no sé…-

- Dime.-

- No tiene sentido.-

- Pruébame.- dijo Draco, sentándose frente a Andy en el suelo. Andy esbozó una sonrisa tímida: pero era muy diferente a su verdadera sonrisa, que le iluminaba la cara. Draco asintió, animándolo, y Andy bajó la mirada a sus manos entrecruzadas, susurrando casi.

-

iamni na iahara ga    

fasari vahassa na va

iabiaa hahara    

hadaha ni sara samne

-

El tono nasal y diferente sobresaltó a Draco, que no esperaba que la elevada y extraña melodía le erizara el vello. Era algo que sonaba antiguo, y tenía la cadencia de un idioma. Andy lo había cantado sin ilación, con una técnica de respiración inaudible, casi impalpable, y Draco se estremeció con una sensación extraña, un tacto como el soplo de un horno rozándolo, al darse cuenta que la magia era atraída por Andy en ese momento como alfileres alrededor de un imán.

- Qué es eso?- preguntó casi sin voz, porque Andy había guardado silencio, más para romper ese momento que parecía mezclar magia y miedo que porque creyera que él recordara. Se estremeció cuando no hubo respuesta, y alargó la mano para tocarle la cara a ese misterioso nuevo amigo.

Y Andy le tomó la mano y depositó un beso en la palma abierta, un beso que envió incontables destellos de electricidad inesperada por el brazo de Draco, que se quedó quieto, paralizado al sentir ese beso. Andy no lo soltó, sino que respiró en su piel, y Draco sintió una sensación parecida a cuando se te duermen las piernas, pero en el pecho.

- Andy…- susurró, sin voz.

Andy levantó la cara, y Draco se encontró con que se inclinaba inexorablemente hacia ese desconocido. Pero su boca no le era desconocida. No, era suave, suave.

Cerró los ojos ante la sorpresa, su cuerpo extrañamente paralizado mientras Andy exploraba su boca con una presión delicada e intensa. Sabía que nunca había besado a un chico, pero la sensación le era extrañamente familiar, y deliciosa: y el aroma de Andy, que parecía anticuado de alguna forma, había borrado cualquier consideración de su cabeza. Cualquiera, excepto que deseaba que no se detuviera.

- Qué…- musitó, sin aliento.- Qué quieres de mí, Andy…?-

Andy lo miró, las sombras de su pelo oscuro enmarcando su rostro, la lechosa suavidad de su piel que se sentía fresca y bienhechora. Y Draco vio dos ojos del color de la magia, no oscuros como antes, sino algo como dos peceras llenas de agua violeta en las que nadaban pececitos de oro y verde…

Verde avioletado. El color de la magia.

Draco hizo un sonido de sorpresa, y Andy capturó sus labios de nuevo, y una barrera prismática los envolvió, los colores cambiantes y letales, verde para el veneno, rojo para la sangre, azul para la electricidad, amarillo para el fuego. Rodaron en la alfombra, y Draco sintió ese cuerpo delgado y tan real con la misma fascinación con que un explorador descubre una estatua perdida por siglos: fue con tembloroso deseo que deslizó sus manos por la espalda lisa y los brazos delicados, aún mientras la boca de Andy era la única señal del deseo de su poseedor. Aún más ingenuo que el mismo Draco, Andy parecía ansiar sin saber qué ansiaba, pero Draco lo sabía: era a él.

Cuando Draco deslizó las manos por el pecho de Andy, que era liso y suave, desabotonando la camisa, y observó el juego de las velas en la piel, se quedó sin aliento. Y de repente se preguntó porqué, al tocarlo, el tacto no sólo lepareció increíblemente excitante, sino que lo sorprendió. Acaso esperaba otro tacto, otra piel?

Otros ojos, no violáceos ni oscuros, sino… con ese brillo verde?

-…

hasarii nuhisuhe    

suvehe nahusu dohi

naniha ha miieru

…-

Qué dices? Qué haces, Andy?

Qué haces conmigo? Porqué quiero tocarte… conocerte?

Draco cerró los ojos cuando cabello suave como hilos de seda cayeron en su pecho y sintió besos húmedos y tibios en su vientre, en su pecho, cuando un cuerpo tibio se tendió junto al suyo. No supo como llegaron a su cama, que era muy blanda, y se abrazaron ocultos, las sábanas sobre sus cabezas, de blanco hilo con encaje. Y en ese mundo blanco y tibio que era Andy y las sábanas, Draco se sintió invadido por un calor que era tan agradable como una estufa tras la lluvia, algo envolvente, que le aflojaba las piernas y lo cegaba en blancura. Su cuerpos, enlazados de brazos y piernas en ese albino secreto, se entremezclaban como si intentaran fundirse, y Draco emitió un gemido cuando sintió rozar contra su intimidad otra intimidad, también joven, caliente e ingenua en su exigencia. Andy se tendió sobre él, sus besos largos y sedosos, los labios carnosos y adolescentes de ambos encontrándose, succionándose, disfrutando la suave redondez, la llenura como si otras tantas fresas jugosas se hubieran deshecho en sus bocas. Cuando los dos se abrazaron más apretados, respirando en el rostro del otro, la presión entre sus cuerpos se hizo insoportable, y un movimiento brusco de Draco bastó para que la tibia piel que envolvía sus miembros palpitantes se rozara y se moviera junta, en un gesto delicioso.

Draco hundió el rostro en el cabello oscuro, y sintió su cuerpo moverse por su propia voluntad en una explosión lenta y tortuosa, que lo dejó sin fuerzas, cayendo del placer al sueño en ese mundo blanco, los dedos hundidos aún en ese cabello largo y suave…

… Andy…

… Harry, si supieras… se siente… tan bien…

Y se durmió.

Ginny se había roto una pierna, y no recordaba nada. Hermione, que casi le había provocado un infarto a Harry al levantar al descuido la daga, lo había mirado con absoluta incomprensión y no había mostrado ningún instinto asesino, excepto el habitual, hacia el príncipe Potter. Entre los dos había despertado a Ron, Neville y Seamus a gritos y Harry, que había sido enseñado a confiar en sus mayores, (aunque Lily le corría bofetadas a su impulsivo hijo dos veces por semana hasta la adolescencia y ahora cada vez que tenía oportunidad) fue derecho adonde la McGonagall, y le contó todo mientras amanecía, incluida su teoría sobre la daga maldita que enloquecía a quienes tocaba. Con la notable excepción de Hermione, pero Harry, que estaba más que harto de jugar a American Psycho, no estaba como para seguir haciendo pruebas al respecto.

Cuando acabó de contar todo, se echó en el sillón de la McGonagall mientras la esbelta vieja hacía frenéticas llamadas por chimenea y Hermione bajaba a la enfermería, que quedarse junto a la shockeada Ginny. Cuando al fin un pálido sol y un día de lluvia inundaron de luz la estancia, Harry cayó en un extraño duermevela, gris y perdido, de costado en el sofá, y vio como entresueños a Andy pasar caminando, mirándolo.

Harry habría jurado que en sus sueños, Andy estaba envuelto en un aura lila y verde, sombría y terrible, y tenía grilletes en las manos.

El viento golpeaba contra los cristales cuando Draco subió corriendo los escalones de la Torre de Astronomía y se abalanzó contra la puerta. Se había quedado dormido: y cuando despertó, tibio y confuso, había sido la fría HeadGirl de Slytherin, Seraphine, quien le dijera que la profesora Avalon y el decano Snape habían venido a llevarse a Andy al amanecer, escoltados por un auror. Draco se echó encima el sweater blanco de Andy y sus jeans de cualquier manera y echó a correr escalera arriba, arriba, arriba, sin detenerse, el cabello cubriéndole la cara, el puslo latiéndole en los oídos, sintiendo nacer una ira irrazonable. Le habían quitado a Andy, cuya magia era como una marejada y su cuerpo diáfano como la espuma. Se había reído con ese chico: había sentido un impulso, tal vez el primer impulso de toda su vida tan controlada y estructurada, de protegerlo.

Y había fallado. O había…

… sido obligado a fallar.

Frente a la puerta de la Torre, cuya sala redonda era sólo usada cuando ocurrían cosas graves que necesitaban ser tratadas por más gente de la que cabía en el despacho del director, Harry y Hermione aguardaban, mordiéndose los labios, junto a Ron Weasley, el hermano de la chica herida, y Selene Snape, lo que sólo podía significar que incluso los decanos de Inverness habían venido.

Draco se quedó paralizado observando la puerta cerrada, y de pronto se giró, dio una zancada, y aferrando a Harry por el sweater lo empujó contra la pared con toda la furia de la que era capaz su cuerpo delicado.

- Cómo pudiste traicionarlo así, Potter!!-

- Draco, suéltame!-

- Suéltalo!-

- Sólo porque le tenías celos… tenías que acusarlo?! Con esa historia que te inventaste!?- gritó Draco, extrañamente despreciativo en su ira. Harry, su temperamento nunca menor, se liberó de un empujón, y enfrentándose al Draco sin aliento que lo miraba, exclamó con las mejillas rojas:

- Inventarme algo?! Pero tú estás enfermo? Me iba a inventar el hoyo en el hombro?! -

- Él no tiene nada que ver con eso!-

- No, claro, y apareció ahí por casualidad?!-

- Tú… no podías quedarte callado?-

- Pero porqué mierda lo proteges tanto?!-

Draco avanzó, Harry avanzó, y estaba claro que al acabarse las palabras irían a los puños y a las varitas. Los dos estaban acezantes de rabia, y ante los ojos asombrados de Selene y Ron, Hermione se metió en medio, el pelo desordenado y las ojeras de quien no ha dormido en dos noches y ha velado muchas más, su gesto agotado y misteriosamente más tajante por su mismo cansancio.

- Ya basta!- exclamó, empujándolos a ambos con una mano en sus pechos, separando a los dos furiosos chicos con todas sus fuerzas.- Se están portando como idiotas, Potter, Malfoy! 

- No te metas, mudblood!- gritaron los dos al unísono, desenvainando sus varitas.

- ACCIO!- gritó Hermione, y les quitó las varitas. Los dos se voltearon a ella dispuestos a pegarle, y entonces se abrió la puerta, y un pálido, pero sereno Remus Lupin se asomó, el entrecejo fruncido.

- Harry, Draco, Hermione.- dijo secamente.-Pasen. Tú también, Selene: tu padre necesita que le ayudes.-