¡Hola!

Esperamos que disfrutéis de este nuevo capítulo.

Muchas gracias por comentar y leer.

May we meet again.

NEKINSEY


CAPITULO 18

La fachada estaba adornada con todo tipo de luces: verdes, rojas, azules, blancas y amarillas. Cada una de ellas tintineaba a un ritmo concreto que parecía una armonía cuando todas coincidían. Estaban esparcidas a lo largo del tejado, por las columnas de la entrada e incluso por el suelo hacia la entrada para indicar el camino. En el jardín habían colocado algunos adornos navideños, como un pequeño hombrecito de barba blanca y traje bermejo y varios bastones rayados en blanco y rojo.

Era la noche antes de Navidad y en la casa de los Blake el ambiente era alegre y acogedor. Todavía no había anochecido, pero el movimiento era constante: Michelle preparaba todo para que la velada fuese estupenda, Octavia estaba dejando la cocina lista para empezar a cocinar en unas horas, y Lexa y Bellamy se encargaban de decorar el interior de la casa. Lexa dejó en una pequeña mesa del salón una flor de Pascua. Se alejó y asintió con la cabeza, orgullosa por cómo había quedado.

Le encantaban esos momentos con los Blake. Desde que era pequeña seguían las mismas costumbres durante estos días: adornar, comer sin cansancio y reírse hasta no poder más. Sin contar los regalos de rigor, por supuesto. Lexa ya había preparado los suyos para Michelle, Bell y Octavia, y nunca se le escapaba lo que era aunque los hermanos la avasallasen a preguntas todos los años.

-¿Pero qué es, Lex? -preguntó Bellamy, tirándose encima de ella en la cama. Lexa protestó cuando sintió el peso del chico e intentó echarlo hacia un lado.

-Que no te lo voy a decir, pesado.

-¡Venga! -insistió él, llevando sus manos a los costados de la chica con la clara intención de hacerle cosquillas, pero Lexa fue más rápida: se dio la vuelta y dejó al chico debajo de ella- Oh, sí, nena.

-En Nochebuena te daré tu regalo y a los demás el suyo -le contestó Lexa, seria-. Antes no.

Bellamy empezó a fingir que lloraba, llevándose la mano a las mejillas para limpiarse las lágrimas imaginarias mientras sollozaba.

-Eres cruel…

-¡Y tú un payaso!

Lexa le dio un empujón que casi tiró al chico al suelo si no se hubiese agarrado de la sábana.

-¡Y tú una bruta!

-¡Parecéis niños! -gritó una voz desde el pasillo que ambos reconocieron como la de Michelle. Bellamy se llevó la mano a la boca y empezó a reírse a carcajadas, y Lexa no tuvo más remedio que seguirle.

-Bueno, esperaré… ¡pero solo porque eres tú! -Bellamy la señaló con el dedo para luego ofrecerle una de sus mejores sonrisas junto con un guiño. Lexa puso los ojos en blanco.

Sonrió recordando el momento. Así pasaban los días en casa y, para qué iba a mentir, era donde mejor estaba.

Michelle acababa de salir del baño en ese momento y la vio en el salón. Se acercó a ella, acarició su mejilla y le estampó un beso en ella. La sonrisa de Lexa se agrandó ante el acto.

-Eres ya toda una mujer -empezó a decir-, cómo has crecido.

-Menos mal, ¿no? -bromeó Lexa. Michelle se rio.

-Sí, tienes toda la razón.

Le pasó la mano por el pelo, peinándoselo, y seguidamente se dirigió a la cocina.

-¿¡Pero qué es todo este desorden?! -gritó la mujer, lo que hizo que Lexa se diera la vuelta para ver qué ocurría.

-¡Es que no encuentro la cacerola, mamá!

-¡Pero si está ahí, Octavia!

-¡¿Dónde?!

-¡Ahí! No, no ahí. ¡A tu derecha! ¡Esa derecha no!

-¡Te explicas como un libro cerrado, mamá!

-Esta niña…

Lexa tuvo que irse de allí para que no oyesen las carcajadas que estaban a punto de salir de sus labios. Llegó a las escaleras, empezó a subirlas y de repente se chocó con el cuerpo de Bellamy.

-¡Ey, Lex! Mira, dime si te gustan estas… ¿Pero qué te pasa?

Lexa comenzó a reírse, agarrando con una mano su barriga. Bellamy la miró con una ceja levantada y una sonrisa, aunque no supiese qué causaba tanta alegría en su amiga.

-Tu madre… y O… -otra carcajada salió de su boca.

-Ah, ya. Siempre están igual -farfulló Bellamy, llevándose una mano a la frente- Se quejan la una de la otra pero en el fondo son igualitas…

-Y tanto -dijo Lexa. Se incorporó y suspiró después del esfuerzo causado por la risa.

-Bueno, como te iba diciendo -prosiguió el chico-, ¿cuál te gusta más: el verde o el blanco? -alargó las manos y le mostró dos lazos. Lexa los observó durante unos segundos, cavilando la respuesta.

-El verde me gusta más.

-¿En serio? Yo creo que el blanco queda mejor.

-¿Entonces para qué me preguntas? -preguntó ella, dirigiéndole una mirada de frustración. Bellamy se encogió de hombros y subió las escaleras para seguir con los últimos detalles del piso de arriba.

Al cabo de unos minutos, el timbre sonó. Lexa alzó el brazo para comprobar qué hora era: las seis. Justo a tiempo.

Caminó hacia la puerta pero una figura se interpuso en su camino: la de Octavia.

-Ya abro yo -le dijo sin siquiera mirarla, con toda su atención fija en la puerta que estaba a unos pasos de ella.

-Hola.

Oyó una voz grave y profunda. Desde su posición solamente podía ver el cuerpo de Octavia de perfil. La chica no perdió el tiempo y desapareció por la puerta sin siquiera saludar a la persona que había hablado. Lexa se fue acercando poco a poco a ellos, intentando que no la oyesen, hasta que los vio.

Octavia estaba abrazada a Lincoln, que también la tenía entre sus brazos. Posaba la cabeza en el hombro de la chica con los ojos cerrados y una pequeña sonrisa en la cara.

-Os aconsejo que entréis si no queréis morir de frío.

Ambos se sobresaltaron y Lexa supo que había roto el momento romántico de la bienvenida.

-Sí, es verdad -dijo Octavia sin apartar la mirada del chico y agarrándolo de la mano.

-Hola, Lexa -le saludó y Lexa le ofreció una sonrisa.

-Espero que no se te haya hecho pesado el trayecto.

-No, no había demasiado tráfico.

Lexa asintió y, cuando pasaron los dos por su lado, tuvo que aguantarse la risa al ver cómo Octavia no podía dejar de mirar al chico con ojos de enamorada. Cerró la puerta y los siguió. Habían llegado al salón y Lincoln se estaba quitando la chaqueta cuando Michelle entró en la estancia.

-¡Hola! -le saludó con una sonrisa- Tú tienes que ser Lincoln, ¿verdad?

Él asintió y empezaron a hablar. Lexa observaba la escena un poco más alejada: sabía de primera mano que Octavia no le había dicho nada a su madre acerca de la profesión de su novio por miedo a su reacción. Era cierto que Michelle era bastante tolerante y abierta con casi todos los temas, pero eso no excluía que se preocupase por sus hijos y por conocer a fondo a sus parejas.

Lexa oyó pasos no lejos de ellos y de reojo vio cómo Bellamy entraba en el salón, ya sin lazos en las manos. Seguro que al final había utilizado los dos colores. Su amigo se acercó a ella con una sonrisa cuando sus oídos captaron una voz que no distinguía bien. Con extrañeza, dirigió la mirada hacia la entrada de la cocina y sus ojos se agrandaron al ver quién estaba al lado de Octavia.

-¿Ese es Lincoln? -le dijo en voz baja. No quería que lo viesen aún.

-Sí, ese -contestó-. Se lo está presentando a tu madre.

-Vaya, sí que va rápida la cosa.

-Habló -le replicó Lexa y Bellamy no pudo hacer otra cosa que morderse la lengua porque su amiga estaba en lo cierto. Lexa vio que el chico empezaba a caminar hacia Lincoln y, para asegurarse, lo agarró del hombro.

-Ni se te ocurra montar una escenita, ¿eh? -le advirtió.

-No te preocupes, solamente quiero conocer a mi cuñado.

Lexa resopló y lo soltó, no muy confiada.

-¡Hola! -saludó Bellamy, asustando a los demás.

-Hijo, ya podrías avisar cuando apareces -le dijo Michelle.

-Lo siento -se excusó, encogiéndose de hombros-. Yo soy Bellamy -alargó una mano hacia el otro chico y lo miró a los ojos directamente, ya que era tan alto como él.

-Lincoln -contestó con una pequeña sonrisa y correspondió el apretón de manos.

-Te quedas a cenar con nosotros, imagino -continuó Bellamy.

-Sí, se queda con nosotros. ¿No tienes cosas que hacer, hermanito? -preguntó Octavia con retintín.

-No -contestó con una sonrisa-, ya he adornado el piso de arriba.

-Seguro que te has dejado alguna esquina sin lucecitas.

Bellamy miró a su hermana y sabía que la estaba incomodando, pero nunca había traído un novio a casa y, bueno… no quería desaprovechar el momento.

-Todas colocadas y toda la casa perfecta. No te preocupes, O -se acercó a Lincoln y le echó un brazo por los hombros-. Ahora, si no te importa, me gustaría conocer más a mi cuñado.

Lexa iba a intervenir para sacar a Bellamy de la escena cuando vio que Octavia iba a matarlo con los ojos. A veces no sabía cómo había podido vivir tanto tiempo con ellos, de verdad.

-No, ahora vamos a sentarnos todos en la mesa porque los aperitivos están casi listos.

Bellamy fue a protestar pero solo con la mirada de su madre supo que lo mejor era obedecerla. Octavia, por su parte, apartó a Lincoln de su hermano y lo llevó hacia la mesa del comedor.

-Mi hermana no confía en mí -le dijo Bellamy con voz triste a Lexa cuando llegó a su lado.

-No me extraña.

-¡Cómo osas! -exclamó con indignación fingida- Creía que era algo más para vosotras.

-Anda, vamooos…

Lincoln y Octavia acababan de sentarse y les seguían ellos dos cuando oyeron de nuevo el timbre.

-¡Voy yo! -dijo Michelle. A lo mejor era algún vecino que venía a felicitarles la noche.

La puerta de entrada se abrió y solamente se oía un pequeño murmullo; seguramente la mujer estaría intentando que se fueran lo antes posible para volver al comedor y empezar a disfrutar de la fiesta. Bellamy y Lexa estaban justo de espaldas al arco de entrada de la estancia y Octavia y Lincoln se encontraban enfrente.

En un momento dado, ambos fijaron la vista en el pasillo y a Octavia se le formó una sonrisa en el rostro, que fue agrandándose. Bellamy fue a darse la vuelta cuando unas manos se posaron sobre sus ojos desde atrás. Unas más grandes que la media. Las agarró justo cuando alguien le dijo algo al oído.

-Adivina quién soy.

Ahora le llegó el turno a él de sonreír. A su lado oyó a Lexa soltar una exclamación junto a varios sonidos que parecían besos apresurados y consecutivos. Bellamy se giró y vio a John frente a él, tapado hasta el cuello y con una sonrisa de oreja a oreja.

-Sorpresa.

Bellamy abrió los brazos y los apretó alrededor de él. Cerró los ojos, disfrutando del aroma invernal que traía por haber caminado hasta la casa, y lo acercó más a su cuerpo. Notó cómo el chico le correspondía y le daba un tierno beso en la mejilla antes de que se separasen. Bellamy volvió la cara a un lado para ver a Clarke y a Lexa también abrazadas.

-¿Pero no me dijiste que no podías venir? -preguntaba Lexa sorprendida por la aparición repentina.

-Ya, pero es que si te lo hubiese dicho no hubiese surtido el mismo efecto -le respondió Clarke, tocándole la punta de la nariz con un dedo.

-Bueno, yo tengo hambre ya -dijo de repente Michelle-, y tengo que seguir cocinando un poco. Sentaos mientras tanto.

La mesa la había decorado su madre de la misma forma que los años anteriores; había algo que hacía que no quisiese perder la tradición. El mantel rojo, con los detalles más navideños que se podían encontrar: árbol, muérdagos y copos de nieves era lo que más llamaba la atención de ella. Sobre todo porque, a pesar de los años, parecía que Michelle tenía el truco para que pareciese nuevo. Los platos y cubertería ya estaban colocados correctamente delante de cada una de las sillas, y algunos aperitivos ya se podían ver en el centro de la mesa.

Bellamy dio unos pasos para coger un canapé de los que había en un plato, sus favoritos, que su madre hacía todos los años en esta ocasión y que tenían un sabor delicioso. Cuando estiró su brazo recibió un golpe en su mano: era Lexa, que lo miraba con el ceño fruncido mientras colocaba otro plato en la mesa.

-Bell, controla ese hambre y espera a que estemos todos sentados –le regañó. El chico no pudo hacer más que sonreír. De verdad, era toda una tradición.

-Ey, Lex, trae ese culo aquí y ayúdame –se oyó la voz de Octavia.

-Octavia, esa boca –se oyó también a Michelle, y la morena, antes de irse, le hizo una seña a su amigo para que dejase las manos quietas.

-¡Solo he dicho culo!

-Ni culo ni cula.

Una vez se aseguró de que se había largado, Bellamy cogió el canapé y se lo metió por completo en la boca mientras movía dos de ellos para intentar que se notase menos el hueco. Luego, mientras seguía mordiendo, sonrió a los invitados que lo miraban traviesos por lo que había hecho.

-Entonces... ¿sois novios? –preguntó Clarke en un susurro levantando su ceja, observando a los chicos.

Bellamy empezó a toser porque la comida se le había ido hacia el otro lado y Murphy empezó a darle golpes en el pecho con una mano mientras que con la otra acariciaba su espalda.

-Me lo matas, niña –protestó.

-Lo siento, es que soy curiosa por naturaleza –dijo Clarke en la misma postura.

-Sí, algo me han dicho de que eres como una gatita –dijo Bellamy con voz ronca, medio recuperándose, intentando hacer sentir incómoda a la chica.

-Bell, conozco muy bien a Lexa, sé que no te ha hablado de lo que hacemos en la cama.

Mierda. Bellamy miró nervioso a John, que tenía una sonrisa de lado y ninguna intención de contestar a la chica. Entonces se oyó cómo Michelle llamaba ahora a su hijo, que se levantó rápidamente y fue hacia la cocina.

-Toma, lleva esto y ponlo sobre el salvamanteles, por fav… -la mujer se quedó mirándolo fijamente y pasó un dedo por la comisura de su labio, frunciendo el ceño.

El moreno puso una sonrisa nerviosa antes de girarse con la bandeja y correr hacia la mesa con las protestas de su madre y las risas de su hermana y de Lexa de fondo. La morena miró a Michelle de reojo, que seguía entretenida con que le quedase la comida perfecta y suspiró internamente: al menos se había tomado bien lo de Clarke.

-Michelle, tengo que hablar contigo.

Hacía unos días ya desde que habían vuelto por las vacaciones a casa y llevaba planteándoselo desde antes: tenía que sacarle el tema a la mujer, que se quedó algo sorprendida cuando Bellamy le dijo que ya había acabado lo que tenía con Clarke.

-Dime, cariño -se quedó mirándola y se sentó a su lado, dejando que agarrase su mano con cara de preocupación -, ¿estás bien?

-Perfectamente, la verdad, nunca he estado tan bien -sonrió, y suspiró nerviosa-. Tengo que hablarte de algo.

-Sabes que puedes contarme lo que sea, Lex.

-Lo sé, pero es complicado -se pasó la mano por el pelo y respiró profundamente para hablar-. Tengo… tengo novia.

Michelle agrandó su sonrisa y la miró ilusionada antes de dar unos pequeños gritos de orgullo y abrazarla como si hubiese conseguido la Matrícula de Honor en todas sus asignaturas.

-¿Quién es? Quiero conocerla… No, necesito conocerla. ¿Cuánto tiempo lleváis juntas? Dile que venga a cenar, es una orden -la señaló con el dedo.

-Michelle, ya la conoces.

-Ah, ¿y quién es? -sonrió pícara- La vecina de enfrente… Mery… Lo sabía, siempre os habéis lanzado miraditas -Lexa empezó a notar que sus mejillas se teñían de rojo y negó con la cabeza muerta de vergüenza-. ¿No? -se sorprendió- Déjame pensar… -dio con su dedo índice en su barbilla varias veces.

-Es Clarke, Michelle -la mujer se quedó seria unos segundos y la morena empezó a sentir nervios en el estómago.

-¿La Clarke de Bellamy? -no pudo evitar sentir esa punzada cuando escuchó la pregunta.

-Sí, esa Clarke… -notó cómo la tensión se incrementaba en el ambiente y, entonces, los ojos claros de Michelle volvieron a enfocarla- Sé que es raro porque pensabas que estaba con él, pero en realidad fue un malentendido todo y...

-Lexa -la mujer acarició su pelo con una pequeña sonrisa, cortando su frase-, no hace falta que me lo expliques. Si estáis ahora juntas será porque debe ser así. Entonces -sonrió de forma más traviesa-, ¿mi Lexa está enamorada? -y con esa pregunta la chica volvió a sentir cuánto ardía su cara.

E incluso con el pensamiento volvía a sentir cómo quemaban sus mejillas. Miró a través del marco de la puerta y justo en ese momento se encontró con los ojos azules de Clarke, que le devolvían la mirada antes de que le sacase la lengua con burla con los párpados cerrados, lo que hizo que Lexa sonriera. Al parecer Bellamy no le había contado nada a su madre sobre lo que pasó, pero no pudo escapar cuando tras hablar con ella lo fue a buscar a su habitación.

-¡A comer! -llamó Michelle, y todos fueron a colocarse en las sillas, dispuestos a empezar a devorar todos los platos que había preparado la mujer.

Siguió con la mirada a Clarke para ver dónde se sentaba y así hacerlo a su lado, llevándose un beso corto en la mejilla mientras se situaba a su derecha, como siempre hacían para poder darse la mano a escondidas bajo la mesa.

La cena transcurrió con normalidad: Michelle contaba anécdotas de las tres personas a las que vio crecer bajo ese techo, y todos reían con ellas. Estaban terminando los postres cuando sonó el timbre.

-Ahora vengo -se levantó la dueña de la casa, alisándose el vestido antes de empezar a andar hacia la puerta de entrada.

Se empezaron a escuchar unas voces antes de que apareciesen en el comedor los abuelos de Lexa, que sonreían a la familia.

-¡Cuánta gente! ¿Esto qué es? -dijo burlón el mayor de ellos.

-¡Abuelos! -se levantó Lexa y empezó a correr hacia donde estaban para abrazarlos a la vez.

-¡Pulgoso! -gritaron al mismo tiempo los tres chicos y se lanzaron hacia el perro, que venía agarrado por Michelle, para empezar a darle caricias mientras Octavia besaba una y otra vez su cabeza.

-¡Un perrito! -se escuchó la voz de Murphy, que habló de forma más aguda antes de ir a saludarlo, refregando la mejilla contra él.

-Abuelos, os voy a presentar a alguien -tiró de la mano de la mujer para acercarla donde estaba Clarke sonriendo de forma amable.

-¿Y esta chica tan guapa? -preguntó la mujer mirándola.

-Ella es Clarke -también le había hablado a sus abuelos de ella y la mujer fue la primera en abrazarla.

-O sea, que tú eres el motivo de que mi nieta esté tan sonriente últimamente -apuntó el hombre, elevando su bastón para señalarla.

En ese momento, fue el turno de Lexa de sentir cómo su corazón bombeaba más rápido, percatándose de cuánto amor podía sentir por ella, cuando la vio por primera vez con las mejillas rosadas.

-Dime, ¿de dónde ha salido esta cosa tan bonita? -preguntó John sujetando la cabeza del perro y dejando que le diese lametones en la cara.

-Es una larga historia -contestó Bellamy y, en ese instante, dirigió la mirada a su amiga, que lo escuchó también, y se sonrieron en la distancia porque ambos se la sabían muy bien.

-Bien, bien -empezó a hablar el hombre mayor rebuscando en su bolsillo-. ¿Dónde están mis tres nietos? Una aquí, babeando por la novia, qué juventud... -señaló a la morena con el bastón- ¿El larguirucho dónde está? -se subió las gafas con un dedo, entrecerrando los ojos, y Bellamy se acercó a él- Aquí está, qué hombretón. ¿Y la pequeñita? -empezó a mirar detrás de él, donde solo estaba el árbol. Los tres empezaron a negar sonrientes, porque siempre hacía el mismo número. Era también también la tradición- ¿Dónde se ha metido Octavia? -rebuscó otra vez en el bolsillo, sacando su juego de llaves, en el que había un llavero de una muñeca de pelo negro- Octavia, ¿qué hacías en mi bolsillo?

-¡Estoy aquí! -protestó, haciéndose la molesta.

-Oh, no te había visto… -se sorprendió- Me había confundido con… -señaló las llaves.

-Eres un poco tonto, William -se acercó la mujer a regañar a su marido-. Tomad - extendió unos sobres a cada uno.

-¡Gracias! -dijeron a la vez con una sonrisa.

-¡Venga, una foto todos con los abuelos! -gritó Michelle, y los tres se pusieron a su lado, sonriendo hacia la cámara que sacaba-. Vosotros también.

Lexa abrió su brazo para que Clarke se colocase a su lado, rodeando su cintura. Lincoln se puso detrás de Octavia y, finalmente, John se puso al lado de Bellamy, que lo miraba sonriente, antes de que le despeinase el pelo, haciendo que protestase mientras se lo colocaba en su sitio.

-Tranquilo, saldrás guapo -susurró John en su oído, lo que provocó que le lanzase una mirada confidente antes de escuchar la cuenta atrás de su madre.


Se hicieron turnos para ir a por los regalos que tenían escondidos y situarlos junto al cartel con el nombre de cada integrante de la casa. Lexa aprovechó la excusa de que necesitaba que Clarke le ayudase a bajar uno grande mientras estaba en su habitación cogiendo sus regalos para poder besarla un poco más a fondo, porque no podía quitarse de la cabeza la vez que se había puesto algo roja al conocer a sus abuelos.

Al final, todos los carteles quedaron con, al menos, dos regalos, y sacaron a suerte los turnos para empezar a abrirlos.

-¡Sí! Yo el primero -saltó Bellamy, arrodillándose junto a los suyos y empezando a desenvolver el que le quedaba más cerca- ¡Ah! -gritó con emoción- Me voy a viciar con ya sé quién -sonrió, enseñando los dos videojuegos que había querido para esas fechas y moviendo las cejas hacia Lexa.

-Ahora tienes que adivinar quién te lo ha regalado -dijo Michelle sonriente.

-Está claro que O y Lex -sonrió con burla y ambas afirmaron con un movimiento de cabeza antes de que abriese el siguiente. Se quedó extrañado al encontrarse con una bufanda y, no solo eso, sino que era suya: del primer año que fue a la universidad y pensó que la había perdido para siempre.

-Eh, ¡tenías una igual! -señaló su hermana.

-Sí… -levantó la mirada para ver a todos los invitados e intentar adivinar quién había sido, y una sonrisa de orgullo lo delató- ¿John?

-Acertaste.

-Oh, qué detalle, John -dijo Michelle-. Era la favorita de mi hijo; qué casualidad que hayas encontrado una igual.

-Para eso estamos -sonrió a la mujer el chico

De lo que parecía que no se había percatado nadie, solo Bellamy, es de que era la misma bufanda que perdió en el campus.

-Bueno, este enorme no sé por qué está liado -comentó divertido levantándose, ya que su último regalo estaba apoyado en la pared-. ¿Mamá? -era obvio que había sido ella la que le había regalado esa tabla de surf, pero cuando empezó a arrancar el papel con ganas abrió la boca sorprendido porque era de las mejores que había en el mercado y justo el diseño que siempre había dicho que le gustaba- No me lo puedo creer…

-Mi niño se merece lo mejor siempre -sonrió su madre y se dejó abrazar por su hijo.

-A vosotros os daré las gracias luego -despeinó a Lexa, que lo fulminó con la mirada mientras se peinaba otra vez-. Te toca, O.

Octavia se levantó y fue hacia los regalos, abriendo el más pequeño de ellos: solamente tenía dos, y miró hacia su novio con una sonrisa.

-¿De verdad lo has hecho?

-Sí -contestó él, que imitaba su gesto.

-Qué tonto eres… -dijo emocionada mientras pasaba las páginas de aquel libro rápidamente y se lanzaba encima de él para abrazarlo bajo la atenta mirada de toda la familia, antes de besarlo fugazmente en los labios y volver a su sitio para abrir el siguiente regalo.

-Vale, este viene con uno secreto –dijo Michelle sin poder controlarse, que se llevó un chistido por parte de Lexa y Bellamy, y se mordió el labio divertida.

Octavia terminó de desenvolver ese regalo y miró extrañada a todos antes de abrir la boca, totalmente sorprendida, y se levantó con el casco en la mano.

-¡Sí! ¡Sí! -empezaron a gritar tanto la madre como la hija.

-Son iguales… -se quejó Bellamy con una risa.

Todos salieron hacia la parte trasera de la casa donde había, bajo una sábana que Octavia se ocupó de destapar, una moto. Se oyó el grito de alegría de la chica en todo el vecindario.

-¡Ah! -gritaba dando saltos y abrazando a la moto.

-Pero ten mucho cuidado con ella, por favor.

-Sí, mamá, no te preocupes por eso; mi hermanito y Lexa ya me han regalado lo necesario -levantó el casco-. Me muero por probarla. Después nos vamos a dar una vuelta, nene -miró a su chico guiñándole el ojo, mientras él negaba con diversión ante la escena.

Volvieron al salón, y Lexa era la siguiente. Siempre la ponían nerviosa esas situaciones; todo el mundo mirando su reacción y, encima, esta vez había más gente…

-Este ha sido de Michelle -sonrió cuando vio la saga de libros que quería ese año-. Muchas gracias -dijo tímida, agachando otra vez la cabeza cuando vio todos esos ojos fijos en ella.

Abrió el siguiente y se quedó observándolo con cara de tonta, escudriñando cada una de las fotos que componía el marco y sonriendo con todos esos momentos que había vivido con Clarke.

-Esa cara de estúpida enamorada solo puede signific… ¡ay! -se quejó Octavia antes de acabar cuando una bola de papel le dio en la frente-. Qué puntería, capulla.

-¡Esa boca! -le regañó Michelle.

-Lo siento –Octavia lanzó la misma pelota a Lexa, que la esquivó con habilidad, levantando la ceja por el ataque.

-¿Por qué has puesto esta? -bajó el marco para que nadie lo mirase y miró a su chica, que sonreía pícara: sabía a cuál se refería.

-Sales preciosa -y desnuda, aunque no se le veía nada, pero sí sus hombros descubiertos en aquella cama donde estaban las dos, y se acercó a ella para abrazarla.

-Gracias -susurró en su oído y sonrió cuando la rubia besó su mejilla.

-Vale, está claro de quién es ese -empezó hablando Bellamy cuando cogió una caja que había con un lazo-, pero Octavia y yo tenemos que advertir que en realidad es para las dos, así que, por favor, queremos veros juntas abriéndolo.

¿Un regalo para Clarke y para ella? Igual era para ir a algún sitio, como ya mismo era el…

Lexa se quedó pálida cuando abrió la caja y la escondió tras su espalda, oyendo la risa de los hermanos.

-Sois unos cochinos, así os lo digo -dijo totalmente avergonzada.

-¿Qué es? ¿Qué es? -preguntó curiosa Michelle.

-A ver… -se asomó Clarke a sus espaldas, quitándoselo de las manos, y Lexa la miró alarmada. ¡Lo iba a ver Michelle! ¡Y Murphy!

Se lanzó encima de su chica, agarrando otra vez el regalo y tapándolo con sus brazos.

-¡Quiero saber qué es! -volvió a hablar Michelle y los ojos verdes de Lexa miraron a Clarke que la observaba con ojos traviesos, alzando una ceja, y sintió su cara arder más. Esto causó que no notase que la madre de sus amigos se había acercado y le había quitado la caja de sus manos, oyéndose más carcajadas de fondo- ¡Oh, Dios mío!

Se levantó y la miró totalmente sorprendida abriendo la caja para mirar el juguete, y la morena se tapó la cara con las manos, avergonzada.

-Muy buen tamaño, chicos -escuchó la voz de su novia, que parecía que no tenía vergüenza.

-¿Y esto te lo pones tú y le das a Lexa? ¿O cómo va?

-Oh, Dios… -se quejó la morena y empezó a andar hacia el sofá para enterrar su rostro en el cojín, apoyada contra el brazo del mueble.

-¿Y dónde lo habéis comprado? Yo a lo mejor quiero otro -a las carcajadas anteriores se unieron las de los invitados, junto a las de Michelle-. Lexa, cariño, no pasa nada -levantó la mirada para verla sentarse a su lado y extender la caja-. Disfrutadlo las dos –les guiñó un ojo, y Lexa lo volvió a esconder en su brazos, tapándose otra vez la cara con el cojín.

-Ahora el regalo especial -Bellamy se levantó para coger el mando del televisor y encenderlo; ya tenían todo preparado. Se sentó al lado de su madre e hizo un gesto a Octavia, que acarició el pelo de Lexa, mientras se sentaba sobre sus piernas. Era el gesto que siempre usaba para tranquilizarla, pero la chica iba a matarla en algún momento. Y así, en esa posición, consiguieron estar todos alrededor de Michelle, que miraba extrañada lo que ocurría.

Una música comenzó a inundar el salón y en el televisor salieron distintas imágenes: las primeras algo más melancólicas, pues salía el padre de los Blake junto a Michelle o a sus hijos cuando aún eran unos bebés; y estaba más que claro que Bellamy era calcado a él. Los hermanos dieron la mano a su madre y Octavia agarró la de Lexa para que la uniese con las de ellas. Empezaron a verse imágenes de los tres y, poco a poco, salió también Lexa cuando formó también parte de la familia. Al llegar las fotos a la actualidad, el video se quedó en silencio y salieron Octavia y Lexa cortadas de nariz para arriba.

-¡Enfoca bien! -pidió la hermana de los Blake.

-¡Eso intento! Esta cosa está rota… -se quejó la voz de Bellamy de fondo.

-No seas torpe, te he dicho antes cómo se hace -Lexa desapareció de la pantalla-. Dios, has puesto todo el zoom…

De repente, la escena parecía que volvía a su sitio y se veía a Octavia y Bellamy completamente sentados en una silla, y a los pocos segundos se les unió Lexa. Los tres empezaron a hablar, describiendo cómo fue Michelle como madre y cómo pudo seguir adelante sola con dos hijos, haciéndose cargo también de Lexa cuando ella lo necesitó.

-Así que ahora te damos las gracias, mamá. Gracias por estar ahí siempre hasta en los peores momentos -habló Octavia.

-Gracias por aceptarme como parte de tu familia y haberme tratado como a una hija más.

-Gracias por ser tú, mamá. Eres la mujer más fuerte que hemos conocido.

-Estamos orgullosos de ser tus hijos -esta vez la frase fue a la vez, dicha por los tres, y ahí acabó el video, quedándose todo en silencio.

Se oyó un sollozo y Bellamy abrazó a su madre mirando a las chicas que veían con lágrimas en los ojos la escena. Se lanzaron rápidamente a los brazos de la mujer cuando ésta estiró su otro brazo.

-Y yo estoy orgullosa de todo lo que estáis consiguiendo. Sois lo mejor que me ha pasado nunca. Los tres.


-¡Buenas noches!

Bellamy se despidió de los demás y subió las escaleras justo detrás de John, que se saltaba varios escalones a su paso para llegar antes al rellano.

-¿Cuál es tu habitación? -preguntó el chico, volviéndose hacia él con una sonrisa. Bellamy le señaló justo la que estaba a su derecha.

-Entre usted primero -le ofreció al castaño después de abrir la puerta. Este hizo una pequeña reverencia que le provocó risa.

-Vaya… -dijo John mirando a todos lados- Era tal y como me la imaginaba.

-¿Y te la imaginabas mucho? -le preguntó Bellamy.

Cerró la puerta y caminó hasta donde estaba el chico, abrazándolo por detrás. John llevó sus manos a las de Bellamy, apoyadas en su cintura.

-No sabes cuánto…

Rápidamente, John se dio la vuelta y acercó su cara a la suya para besarle. Bellamy le correspondió y, poco a poco, caminó hasta dar con el borde de la cama. Con cuidado, echó a John sobre ella, con él encima, y siguió besándolo como si el tiempo se le fuese en ello. Durante gran parte de la noche no había pensado en otra cosa que no fuera en volver a probar sus labios y comérselos por completo.

Se separaron por la falta de aire pero no cambiaron de posición. Bellamy empezó a delinear con sus dedos el rostro del chico, fijándose en cada detalle que tenía: un lunar por aquí, un mechón por allá, una arruga en la frente… John nada más que lo miraba, perdiéndose en la oscuridad de sus ojos color café.

-¿Te lo has pasado bien esta noche? -susurró Bellamy, sin querer romper el momento.

-Genial -contestó John. Giró su cuerpo y con él a Bellamy, que cayó de lado sobre el colchón.

-John…

-Dime -le susurró, no sin antes volver a besarle los labios.

-La bufanda no la has comprado, ¿verdad?

-Sabes bien que no.

-¿Y cómo es que la tienes tú? -le preguntó lleno de confusión- Creía que la había perdido en primero.

-¿Te acuerdas del tiempo que hizo ese día que la perdiste? -Bellamy lo pensó durante un momento y negó con la cabeza- Pues empezó a llover y a hacer mucho viento en mitad del entrenamiento e Indra lo canceló. Cuando todos salimos, cogimos con prisa las cosas del vestuario y tú ibas delante con otros jugadores. La bufanda se te cayó poco después, pero como casi ibas corriendo ni te diste cuenta de que ya no la llevabas -John acercó la cara a la suya-, y entonces la atrapé.

-¿Y por qué no la tiraste?

-Pensé en devolvértela pero, bueno… no sabía si al final acabaríamos peleándonos -se rio y el moreno rozó su nariz con la de John.

-Pues yo tengo otra cosa para ti…

John hizo un mohín y los ojos se le abrieron de la sorpresa.

-¿Para mí? Pero si no sabías que iba a venir.

-Ya -contestó Bellamy con una sonrisa-, pero quería regalarte algo. Espera.

Se levantó de la cama, dejando a un John lloriqueando por haberse alejado de su lado. Alzó los brazos por encima de la puerta del armario y cogió el primer bulto que sus dedos tocaron.

-¿Estás seguro que eso es para mí? Porque la caja es bastante pequeña…

Bellamy se sentó sobre sus piernas y John protestó; no obstante, a los segundos se acomodó junto al chico que miraba con curiosidad su regalo.

-¿Qué es? -le susurró.

-Ábrelo y lo verás.

John extendió una mano y rompió con rapidez el papel de regalo que envolvía la caja. En cuanto se percató de lo que era, su mirada fue de este a Bellamy sin apenas descanso.

-¿Te gusta? -preguntó Bellamy, riéndose. John parecía un niño pequeño en ese momento y le resultaba adorable.

-¡Me encanta! -se tiró a los brazos del moreno, que le correspondió con ganas, dándole un pequeño beso en el cuello- ¿Dónde lo has comprado? Madre mía, tengo que conseguir más de estos…

-Sabía que te gustaría, pero no tanto -le dijo Bellamy, un tanto asombrado.

-¡Bob Esponja es el mejor! Y si encima tengo calzoncillos de él, ni hablemos -Bellamy no pudo aguantar la risa.

-Lo que usted diga, capitán.

Esta vez John fue quien lo empujó mientras se reía y acabaron con las piernas enredadas sobre la cama, cara a cara.

-Oye, ¿te has traído pijama? -Bellamy vio cómo John se reía de él por la pregunta y luego se acercó para depositar un suave beso en sus labios.

-Qué inocente eres.

-¿Perdona? -preguntó, incorporándose y mirando al chico con una ceja alzada- ¿Cómo que inocente?

John lo miró desde su posición, tumbado como estaba, y observó que una sonrisa empezaba a formarse en sus labios. El chico sacó la punta de la lengua y la pasó por el labio inferior, tocando al mismo tiempo sus dientes. De repente, se incorporó y se dirigió hacia su mochila.

-No huyas, cobarde.

John se rio y sacó unos pantalones largos y una camiseta de mangas largas. Ambas partes tenían dibujos en tonos amarillo y azul. Un momento…

-No puede ser verdad -dijo Bellamy sin apartar la vista de John.

-¿El qué? -preguntó este, que ahora lo miraba con atención.

-¿Tienes un pijama de ese personaje también?

-Si alguna vez vienes a mi casa y ves mi cuarto, te sorprenderás -fue la respuesta del chico, que le guiñó un ojo tras decir la última palabra-. ¿Me puedo cambiar aquí?

Bellamy se mordió el labio de forma inconsciente ante la idea de que el chico se desnudase frente a él. En los vestuarios había visto a John casi desnudo y apenas le había importado, y en su última cita habían sobrepasado una línea que ya no podía negar… pero ver su cuerpo en su habitación, estando solamente ellos dos y con unas intenciones que eran de todo menos ingenuas, le resultaba totalmente distinto. Y erótico.

-Claro… -dijo con un tono más bajo de voz. Carraspeó y miró a John, que tenía el pijama en los brazos.

-¿De verdad?

Bellamy asintió con vehemencia y se apresuró a sentarse bien en la cama para no perderse el espectáculo por nada del mundo. John comenzó a desvestirse: se llevó las manos al borde de la camiseta y tiró de ella hacia arriba, dejando el torso al descubierto. Bellamy se alegró de que el chico fuese caluroso y no llevase camiseta interior ese día.

Dejó la prenda de ropa encima del respaldo de una silla y siguió con sus pantalones: desabrochó el botón y la cremallera y, antes de bajarlos poco a poco, fijó la mirada en Bellamy.

-Espero que te esté gustando lo que ves.

La sangre subió a las mejillas de Bellamy y por un instante bajó la cabeza, avergonzado. Para él no era nada nuevo ver a un chico así, ni siquiera verlo desnudo, pero en este contexto no podía evitar sentirse de esta forma con John: solamente pensaba en que o terminaba de desvestirse de una vez o él mismo se encargaría de que no volviese a llevar nada puesto esa noche.

Sintió cómo unas manos alzaban su rostro y se encontró con John a unos centímetros de él, ya sentado a su lado y con los pantalones del pijama puestos.

-No lo he dicho para hacerte sentir mal -le dijo mientras acariciaba con sus dedos la nuca de Bellamy.

-Ya lo sé -le contestó con una sonrisa y cerró los ojos de gusto por el tacto de las manos del chico en su pelo-. A veces parece que vuelvo a tener quince años cuando estoy contigo.

John se acercó más a él, colocándose tras su espalda, sin dejar de acariciarle. Bellamy apoyó la cabeza en su hombro, aún con los ojos cerrados, e inspiró con fuerza. Tenía la certeza de que sería complicado estar en un sitio mejor en ese instante.

-Bell -empezó a decir John, con los labios cerca de su oído y sin cesar en el masaje de sus dedos, que ahora viajaban por los hombros-, ¿estás bien? -Bellamy se extrañó por la pregunta y movió la cabeza a un lado para mirar al chico- Me refiero a si estás bien con… nosotros.

Sonrió cuando vio cómo las mejillas de John pasaban del blanco al rosa. No recordaba haber visto al chico de ese modo con él.

-No soy el único al que le sienta bien el rojo, ¿eh? -se burló y John le dio un pellizco en el cuello- ¡Ay! Eso ha dolido…

Bellamy fingió que lloraba y John lo apretó contra su pecho para abrazarlo. Estuvieron así bastante rato hasta que el moreno decidió hablar.

-Sí estoy bien. Muy bien, John -el susodicho se sorprendió al escucharlo y Bellamy notó cómo su cuerpo se relajaba tras haber pronunciado esas palabras.

-Estaba preocupado por la otra noche y como no hemos hablado demasiado de…

-Para -le cortó Bellamy, volviendo a girar el rostro para fijar sus ojos en los del chico-. Me lo pasé estupendamente contigo la otra noche. Cada momento de la noche -enfatizó.

-Me alegra que digas eso.

Bellamy negó con la cabeza y acercó sus labios a los del chico para que se fundiesen en un tierno beso. Al separarse, Bellamy descubrió que John se reía quedamente.

-¿Qué te pasa?

-Me he acordado de una cosa de la que nunca hemos hablado tampoco.

-Sorpréndeme -le retó Bellamy. Volvió a situarse con la vista fija al frente y cerró los ojos para disfrutar con más intensidad de las caricias de John-. Qué manos tienes...

-Para algo estudio Fisioterapia, ¿no? -Bellamy asintió y no volvió a interrumpirle- Me he acordado de la noche en casa de Clarke.

-¿Qué noche? -preguntó Bellamy con la voz casi inaudible. Poco a poco notaba cómo el sueño se iba apoderando de él.

-La noche de la fiesta, cuando tuviste que besarme en ese juego.

-Ajá… -susurró, sin prestarle demasiada atención a las palabras del chico.

-Y luego te pillé con Raven -el sopor que Bellamy sentía hasta ese instante se desvaneció en un segundo. Su cuerpo se tensó sin que pudiera hacer nada y abrió los ojos, esperando que John dijese algo más-. ¿Te has puesto nervioso?

-No, no -contestó rápidamente, oyendo una risita proveniente del otro.

-Ya veo, ya.

Bellamy se incorporó y, por lo tanto, se separó del chico, que no tardó en volver a abrazarlo desde atrás otra vez.

-Ese día estabas muy guapo… -siguió diciéndole John, ahora más cerca de su oído- y cuando salí y te vi con ella, más aún.

Bellamy tragó saliva. No estaba seguro de si lo que le estaba contando le excitaba o le incomodaba. O tal vez las dos cosas a partes iguales.

-Recuerdo -continuó John. Paseó la mano por el cuello de Bellamy, tocando ciertos puntos que hicieron que el chico se mordiese el labio- que no paraste aunque sabías que yo estaba allí. ¿Por qué?

-No lo sé…

-Sí lo sabes -susurró John antes de darle un pequeño mordisco en la oreja-. Querías que te viese allí, casi desnudo, mientras lo hacías con ella.

-John…

-Y te encantó, ¿verdad? -su mano viajó por su hombro hasta los botones de la camisa de Bellamy. Pasó el otro brazo por su espalda y empezó a desabotonar la prenda de vestir- Que te viese así, que viese cómo disfrutabas con Raven y ella contigo. Ver cómo te la follabas delante de mí.

-John, para… -susurró Bellamy. Notaba las manos del chico sobre su torso, pues la camisa estaba a medio abrir y se habían colado por ella para seguir acariciándolo.

-¿Te gustaría que estuviese ahora con nosotros, Bell? Tú, ella y yo en esta cama… -Bellamy contuvo la respiración al imaginarse la escena- Seguro que nos lo pasaríamos de miedo.

Bellamy giró la cara para llegar a la boca de John y besarlo. Las ganas podían con él y por culpa de todo lo que le había dicho tenía una dureza incómodamente atrapada en sus pantalones. John pareció leerle el pensamiento porque llevó su mano hasta la zona, tanteándola y rozándola de manera superficial. El moreno gimió dentro del beso a modo de protesta: ahora no quería leves toques, necesitaba todo lo contrario.

John dejó de besar su boca para hacerlo con su cuello. Succionaba con cuidado mientras le propinaba algún que otro mordisco. Eso junto al constante roce en su pantalón causó que Bellamy se llevase una mano a la boca para ahogar en ella sus gemidos. Casi por inercia, llevó su mano izquierda hacia atrás para tocar también a John, que suspiró cuando notó la mano de Bellamy en su sexo, apenas cubierto por la tela del pijama.

-Tienes demasiada ropa -le susurró el castaño.

Acto seguido, Bellamy se vio tendido en la cama con el chico encima de él, desabotonando los pocos botones de la camisa que quedaban por abrir. Cuando el pecho de Bellamy quedó al descubierto, John se agachó cual felino para besarle y dejar un camino de humedad por la extensión de su torso, regodeándose en algunas zonas que hacían que el moreno se mordiese el puño para que sus jadeos no se oyesen en el pasillo.

Bellamy observó cómo John había llegado a su cintura y, por ende, al borde de su pantalón. Al mismo tiempo se fijó en que la tela de su pijama estaba mucho más levantada que hacía un minuto y una pequeña sonrisa traviesa se asomó por sus labios.

-¿De qué te ríes? -preguntó John, enfrascado en la tarea de besar los alrededores de su ombligo.

-De que la tienes dura por mí -contestó Bellamy, riéndose. John se lamió el labio superior mientras mantenía la mirada fija en él.

-Igual que tú.

Agarró por encima del pantalón el miembro del moreno, que reprimió un gemido ante el tacto. John no se demoró más y le bajó los pantalones de un solo movimiento. Siguió la línea de besos hasta llegar a la ropa interior y entonces levantó la mirada: Bellamy, apoyado en sus codos para ver mejor la escena, le asintió. No hubo necesidad de decir nada más.

Con delicadeza, John mordió el borde de los calzoncillos y tiró hacia abajo con ayuda de sus manos, hasta dejar libre el miembro de Bellamy. Este se dio cuenta de que John agarró la base con dedos temblorosos al principio, para poco después empezar con un ritmo firme y continuo que lo obligó a cerrar los ojos.

Pero eso no fue nada comparado a cuando sintió la boca de John en él. Notaba su lengua rodeándolo y atormentándolo, porque intercalaba movimientos rápidos con otros mucho más lentos, haciendo que agarrase la colcha de la cama con fuerza entre sus puños. La boca de John se movía de arriba hacia abajo junto a sus manos, que parecían sincronizadas con esos labios. Alzó la cabeza para mirar al chico, que tenía la vista clavada en él, y no acalló el siguiente gemido que le recorrió por entero.

John apartó la boca de su miembro: tenía los labios húmedos y más apetecibles que de costumbre, tanto que Bellamy no apartaba su mirada de ellos.

-Cómo te gusta verme -le susurró John y, antes de que Bellamy pudiese replicar, se introdujo todo su miembro en la boca. El moreno arqueó la espalda por el placer del momento y se permitió gemir en voz baja. Cuando se hubo recuperado del primer impacto, volvió a incorporarse y vio a John dándole besos por la punta y recorriéndolo con su lengua.

-¡Buenas noches, chicas!

-¡Buenas noches!

-¡Buenas noches, Michelle!

Tanto Bellamy como John se congelaron en ese instante y lo primero que se le ocurrió al primero fue descubrir la cama para que ambos se ocultasen bajo las mantas en caso de que a alguien entrase. Habiendo pasado los segundos de sobresalto, los dos se miraron y se rieron como si fuesen niños pequeños: estaban frente con frente, de lado sobre las sábanas.

-Somos tontos -le dijo John a Bellamy sin parar de reír.

-Al menos he hecho algo, idiota.

John asintió y sus ojos cambiaron de transmitir dicha a un deseo que todavía seguía latente. Despacio, Bellamy sintió sus manos recorrer de nuevo su vientre y su pecho.

-¿Quieres seguir? -le propuso John, acercando su boca a la del chico hasta que sus labios se rozaron. Bellamy asintió y terminó de besarlo a la vez que llevaba una de sus manos al miembro del otro, que estaba igual de duro que el de él. Metió la mano por la cintura elástica del pijama y lo tocó, sintiendo cómo John profundizaba más el beso en ese momento.

No era tan distinto como había pensado y el tacto le agradaba sobremanera, así que optó por dejarse llevar y hacerlo como a él mismo le gustaba. Siguieron en esa postura, rozándose por todos lados: sus torsos, sus piernas entrelazadas, los labios, las lenguas que delineaban el labio del otro, y dientes que mordían el cuello del contrario cuando el placer era demasiado inaguantable.

-John, voy a… -susurró Bellamy en la boca del chico, al que sentía temblar por la excitación.

-Hazlo.

Y así hizo. Echó la cabeza hacia atrás y dejó escapar un gemido de entre sus labios, que John acalló besándolo y poco después jadeando él mismo al llegar al clímax.

Cuando sus respiraciones se tranquilizaron así como el latido de sus corazones, Bellamy abrió los ojos y vio a un John con el pelo despeinado y sobre la frente, que se mordía el labio y tenía las mejillas y el cuello sonrosados por el calor, entre otras cosas.

-Qué guapo eres -dijo de forma inconsciente, sin siquiera analizarlo. John abrió los ojos y una sonrisa enorme se formó en su cara.

-No más que tú.

Pasó un brazo por el cuello de Bellamy para atraerlo más hacia él y apoyar la frente sobre la suya. El moreno sonrió, todavía cansado por lo que acababa de pasar.

Esta Navidad estaba siendo inigualable.


Lexa miraba con una sonrisa el marco de fotos que le regalaron, sentada en su cama, cuando Clarke llegó del baño. Habían decidido hacerlo por turnos ya que a la morena le daba algo de vergüenza con Michelle allí también.

-¿Te ha gustado? –preguntó Clarke interesada a su chica, que asentía con una sonrisa.

La rubia se acercó a Lexa para besarla suavemente, acariciando su pelo.

-Tengo algo para ti también -la rubia sonrió cuando vio a su chica morderse el labio tímida y con esos tonos rojos que adornaban sus mejillas.

-Me ponen nerviosa los regalos -dijo emocionada, haciendo sonreír a la morena.

Clarke se sentó en la cama mientras Lexa se levantaba rápidamente y sacaba un papel grueso enrollado que había en su cajón.

-Espero que te guste -se lo tendió, sentándose a su lado y mirándola nerviosa.

Clarke tiró del lazo rojo que lo mantenía en su lugar y se encontró con un gran texto escrito. Miró a Lexa sorprendida porque reconoció su letra.

-E-es lo que sentí la primera vez que te vi.

Clarke volvió a mirar el papel y empezó a leer; a mitad del texto alargó el brazo para agarrar la mano de Lexa que descansaba sobre su pierna y entrelazar los dedos. Y cuando terminó levantó la mirada, que estaba cristalina por el momento.

-Me ha encantado, es lo más bonito que me han hecho jamás.

-Te quiero –Lexa a se inclinó para atrapar mejor sus labios, dejándose arrastrar a la cama con ella y colocándose sobre su cuerpo con cuidado de no hacerle daño mientras el beso no se cortaba ni un segundo.

-Yo te quiero más -contestó entre besos.

-No, yo te quiero más.

-Eres la chica más preciosa que he visto jamás -dijo en un susurro, apartando su pelo moreno del rostro mientras se miraban fijamente-. Dios, no te pongas colorada que no puedo soportarlo.

Y agarró su nuca para besarla algo más pasional e intensamente que minutos antes. La morena se dejó llevar por las caricias que le regalaba y dejó explorar a sus manos, recorriendo sus costados y llegando a sus muslos, los cuales apretó cuando sintió cómo rodeaba con sus piernas su cintura, que elevó las caderas para que a la de ojos verdes le faltase el aliento. Su mano llegó a su culo y empezó a empujar, intentando que crease un movimiento que pronto se volvió más necesitado.

-Quiero probar nuestro regalo especial... –dijo Clarke agitada mientras Lexa se entretenía en besar su cuello, pero paró.

-Clarke... –suspiró mirándola a los ojos-. No sé si aquí deber...

Sus labios cortaron sus palabras y la puso con un hábil movimiento contra el colchón, dejando a Lexa atónita durante unos segundos. Tuvo que cerrar los ojos a la vez que apretaba los labios cuando Clarke empezó a bajar por su cuello y dio largos lametones por él junto a algún que otro mordisco.

-Clarke –volvió a llamar-, igual nos escuchan aquí... –susurró.

-Me da igual –se arrodilló en el colchón para quitarse su camiseta de pijama y lanzarla lejos de ahí, sonriendo al ver la mirada de Lexa fija en su pecho-. Y una vez que empecemos no te vas a atrever a dejarme con las ganas, ¿verdad?

Lexa negó tragando saliva y se sentó, rodeando la cintura de la chica con sus brazos, dejando que tirase de su pelo hacia atrás para levantar su rostro y así besarla. Tenía que admitir que, aunque seguramente si le llegasen a preguntar si alguna vez haría esas cosas contestaría con un no escandalizado, le volvía loca que Clarke hiciese lo que quisiera con su cuerpo en esas situaciones. Y si quería tirar de su pelo, pues que le tirara.

-¿Dónde está? –preguntó contra sus labios, aún sujetándola de la melena.

-En esa caja que está en el escritorio.

-Desnúdate –se levantó de la cama-. Vamos a jugar.

-Cierra el pestillo, Clarke –pidió sin aliento mientras la observaba ya desnuda. La chica no perdía el tiempo y ella se quitó el pijama lo más rápido que pudo, aguantando el aliento cuando la chica volvió a la cama ya con el juguete en la mano.

-Por mucho que me ponga escucharte en la cama, te vas a tener que portar bien o yo comenzaré a ser muy, muy mala -pasó su mano libre por el abdomen de Lexa antes de inclinarse para lamerlo completamente hasta llegar a su pecho. Empezó a estimularlo al mismo tiempo que la morena apretaba otra vez los labios, sintiendo el dildo que Clarke sujetaba con su mano recorrer el interior de su muslo lentamente.

-Clarke -llamó, y la rubia levantó la mirada hacia Lexa, que respiraba agitada por la situación- Yo… nunca… -intentó decir.

-¿Nunca has usado juguetes? -preguntó, y la morena negó, haciendo que Clarke se mordiese el labio antes de bajar a besarla en profundidad.

Lexa se dejó llevar por el beso y acarició la espalda desnuda de la chica de abajo a arriba, hasta llegar a su pelo. Soltó un gemido que quedó ahogado en la boca de la rubia que tenía sobre ella cuando presionó sus caderas contra las suyas.

-Vamos lento, mi amor -susurró contra sus labios antes de dejarlos resbalar por su mejilla hasta llegar a su cuello-. Hoy usaremos solo el dildo.

-Vale -contestó sin aliento, observando cómo bajaba por su cuerpo dejando húmedos besos por su piel.

Acarició su pelo mientras continuaba descendiendo por su anatomía. Llegó a su pelvis, justo donde estaba su tatuaje, y por donde pasó la lengua, que continuó fuera de su boca dejando un rastro de saliva hasta llegar a sus ingles, donde suspiró observándola fijamente.

Lexa encogió el abdomen cuando la boca de Clarke fue acercándose hacia donde la necesitaba, antes de llevarse la mano a la boca para esconder el gemido que salió de ella. Cerró los ojos con fuerza mientras sentía la lengua de la rubia recorriéndola despacio o entreteniéndose con su clítoris. Agarró la sábana con una mano, apretándola en un puño, y con la otra apartó el pelo rubio que caía sobre el rostro de la chica. Arqueó su espalda soltando otro gemido cuando succionó para luego separarse de ella, acariciando sus piernas y subiendo por su cuerpo hasta besarla con ganas en los labios, sintiendo su sabor en su boca y gimiendo en ella cuando dos dedos de Clarke entraron sin ninguna dificultad en su sexo.

-Adoro estar dentro de ti -susurró necesitada, moviendo sus caderas para aliviarse con su muslo unos segundos y resbalando sus labios por su mejilla hasta soltar un gemido cerca de su oreja porque Lexa apretó el músculo de su pierna para que pudiese sentir más placer.

La morena bajó su mano y buscó también el centro de su chica, acariciándola lentamente y mirando las reacciones que tenía su cuerpo sobre el suyo antes de que sus labios volviesen a unirse.

-¿Sabes que te quiero? -preguntó sin aliento por lo que Clarke le estaba haciendo.

-No más de lo que yo te quiero a ti -contestó.

-No creo que eso sea posible -volvieron a besarse con hambre, moviendo sus manos contra la otra antes de que Clarke volviese a bajar por su cuerpo una vez introdujo el tercer dedo en Lexa y apartase la mano de su novia de su centro.

Sacó sus dedos tras varios movimientos antes de coger el juguete y lubricarlo con los flujos de su chica bajo su atenta mirada. Lexa jadeó cuando Clarke empezó a pasar el juguete por sus pliegues de forma lenta, y se tumbó a su lado, apoyada en un brazo para poder ver su rostro en detalle.

-Si te molesta o no te gusta, me lo dices y paramos -Lexa mordió su labio justo cuando posicionó el juguete en su entrada y asintió con los ojos clavados en ella. Soltó un gemido placentero que fue ahogado por la rapidez de Clarke, que tapó su boca con la mano.

Nunca había sido de esa forma, su cuerpo jamás había respondido a nadie así ni había deseado a todas horas tener algún momento al día a solas para poder hacer esas cosas. Era el efecto que tenía Clarke sobre su cuerpo: había amor, mucho, pero también había deseo, y ella se dejaba llevar hasta donde su chica mandase.