Disclamer:La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


The Boy At Table Seven

By: LyricalKris

Traducción: Katie. D. B

Beta: Flor Carrizo


Capítulo 17: También soy un fan

Salió bien —le dijo Edward a Bella de la reunión.

Ella estaba sentada en el escritorio de su dormitorio, deseando estar en lo de Edward. La había invitado al terminar la reunión y se había ofrecido a pasar por ella, pero se había obligado a declinar. Unos pocos días más de estudio y entonces tendría las vacaciones de invierno que estaba esperando.

La manera de ser de Kebi es muy gentil —continuó Edward—. Demasiado gentil en algunos aspectos, pero es amable y con ganas de agradar.

—¿Justo el tipo de chica que querrías llevar a casa de tu madre?

Él tarareó sin comprometerse.

Por así decirlo —Su voz bajó varias notas—. Ella es una chica buena, pero eres la única que quiero llevar a casa.

La sonrisa de Bella se extendió con su rubor y una emoción fue justo abajo de su espina dorsal.

—Bueno, conocí a tu madre primero…

Es verdad. —Él se rió entre dientes y entonces suspiró—. Es un enorme peso fuera de mis hombros.

—No me puedo imaginar. —Luego fue su turno de suspirar—. Realmente tengo que estudiar.

Edward gruñó. El sonido de descontento la hizo sonreír.

¿Tenemos que ser adultos responsables? ¿No puedes actuar de tu edad como por... mmm? Si solo hacemos una cosa, nosotros podríamos liarnosal menos treinta minutos. Pero seamos honestos. Si hiciéramos una cosa, yo quisiera hacer otra cosa y... Tienes razón. No estudiaríamos nada.

Bella se rió burlonamente.

—Te extraño.

Demasiado, bebé —estuvo de acuerdo Edward—. Te amo, Bella.

—También te amo.

~0~

Para el miércoles, cuando Bella llegó para su turno, ella estaba más que un poco estresada. Tomó unas cuantas respiraciones profundas, a sabiendas de que su turno de seis horas se iba a sentir como mínimo de doce.

—Solo tienes que pasar esta semana —murmuró para sí misma, frotando su sien.

Mañana por la noche podría ver a Edward. Solo un turno más y ella había prometido pasar el fin de semana en sus brazos, en su cama. Él ya le había pedido a Kebi que tuviera a Benjamin un día más.

Una ola de anhelo puro la inundó y Bella se balanceó donde estaba. Ella se preguntaba cuán egoísta era que ella estuviera encantada ante la idea de un poco de tiempo a solas, sin interrupciones. Había sido criada sabiendo que lograr una buena vida para sí misma implicaría trabajos difíciles y ella amaba a Benjamín, pero se estaba muriendo por disfrutar la famosa época de luna de miel con su aún muy nuevo novio.

Sacudiendo su cabeza, Bella salió de su coche y caminó hacia la cafetería.

—Hola, Bella —la saludó Tanya.

—Hola.

—Hola, Bella —dijo Eric.

Bella miró hacia arriba. Había algo distinto en el tono de sus voces. Además ellos estaban sonriéndole como bobos.

—¿Están bien, chicos?

—¿Es Bella? —Jessica salió de la parte posterior. Sus ojos se iluminaron alegremente cuando la vio—. Oh, bien.

—¿Qué pasa? —le preguntó Bella cuidadosamente.

Sus expresiones oscilaban de demasiado inocente (Jessica) a demasiado diabólica (Eric).

—¿Por qué algo tendría que estar pasando? —preguntó Jessica.

Bella suspiró.

—Chicos, vamos. Mi cerebro está frito. ¿Qué pasa?

—Oh, bien, Bella. Ahí estás. —Mike salió de la cocina, las manos en sus caderas—. Parece que estamos con exceso de personal hoy, Bella. Eres libre de ir a casa.

Parpadeando, Bella meditó esa información tres veces en su cabeza y todavía no entendía.

—¿Que?

Los demás cuchicheaban. La sonrisa de Mike era paciente.

—Ve a casa, Bella. Toma un descanso.

—Pero la fiebre... Nosotros no estamos con exceso de personal. —Algo no tenía sentido en absoluto.

Pero entonces Jessica, Tanya y Eric miraron algo sobre su hombro y comenzaron a sonreír como maníacos. Bella se volvió ligeramente para mirar detrás de ella y saltó cuando encontró a un mecánico muy sexy en su espacio personal.

—¡Edward!

Ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello. Con la misma rapidez, saltó hacia atrás, pero él ya había envuelto un brazo alrededor de su cintura. La mantuvo apretada contra él.

—¿Qué es esto? —preguntó Bella, mirando de su novio a su jefe.

—Un respiro —respondió Edward—. Estoy aquí para secuestrarte.

Mike rodó sus ojos.

—No es secuestro si pides permiso primero. —Él miraba a Bella—. Tu novio logró convencerme de que no es un beneficio para mí que deje que mis empleados anden hechos polvos.

—Pero me iré para el invierno en…

—¡Oh, por el amor de Dios, Bella! —Eric rodó sus ojos y movió la cabeza hacia ella—. Cariño, ¿eres lenta? Hay un extremadamente hermoso hombre justo al lado tuyo queriendo llevarte a lugares desconocidos, ¿y quieres trabajar? —Él resopló—. Si no te lo llevas, yo lo haré.

Tímida, Bella miró a Edward, que estaba sonriendo con indulgencia hacia ella. Ella caminó lejos, tomando su mano.

—Te dije que mi cerebro está frito. ¿No estás trabajando?

Edward sacudió su cabeza.

—Tomo medio día libre. Soy todo tuyo.

Repentinamente, Bella se sentía muy caliente.

—Oh, bueno. Hizo clic —dijo Tanya apenas lo suficientemente alto para que la escuche.

—Entonces... —Bella miró brevemente a los otros— ¡Hasta luego!

Ella tiró de la mano de Edward, apresurándose fuera de la cafetería y tratando de ignorar los silbidos y los "adelante, chica" de sus compañeros de trabajo.

Una vez fuera, Bella no podía esperar más. Aunque ella sabía muy bien que los otros todavía los miraban, se impulsó hacia arriba de puntillas para besar a Edward, sosteniendo sus manos entre ellos. Él la besó de vuelta ardientemente, obviamente tan feliz de verla como lo estaba ella de verlo a él.

—¿Realmente saliste del trabajo por mí? —preguntó sin aliento un minuto más tarde.

Él sonrió y la besó suavemente.

—Tú necesitas un descanso, Bella. —Él la besó otra vez, prolongándolo—. Y yo te necesito.

¿Quién podía discutir eso?

Caminaban torpemente, brazos envueltos alrededor de la cintura del otro, Bella estirándose y Edward agachándose cada pocos pasos por un beso. Ella intentó recordarse a sí misma que no tenía prisa, repentinamente tenía toda la tarde libre, pero no pasó mucho tiempo para que sus movimientos ganaran un sentido de urgencia.

Cuando abrió la puerta del lado del pasajero de su coche para ella, Bella lo empujó a él en su lugar. Por suerte, Edward era un hombre inteligente, él había captado lo que ella quería muy rápido. Se sentó, tirándola con él. Bella se puso a horcajadas sobre él rápidamente, sus manos colándose a través de su pelo. Sus labios encontraron los de ella y él extendió sus manos a través de su espalda.

Edward se presionó hacia adelante, sus manos moviéndose de su cuello hasta su pelo. El tablero se presionó en su espalda dolorosamente, pero a Bella no le importó. Ella gimió en su boca, sacudiendo su cuerpo contra el suyo.

Gimiendo, Edward rompió su beso, respirando entrecortadamente cuando agarró sus caderas, calmando sus movimientos contra él. Ella abrió los ojos para encontrar los de él bien cerrados, sus labios separados mientras intentaba recobrar el aliento.

Derritiéndose contra él, ella presionó besos suaves a lo largo de su mandíbula. Su aliento era caliente contra su mejilla, él sopló hacia fuera una pequeña risa.

Él la besó de nuevo, lento esta vez. Tantas sensaciones maravillosas la abrumaban. Su lengua acarició la de ella lánguidamente, su sabor caliente en su boca. Pasó sus manos hacia abajo ahuecando su trasero, trayéndola más cerca. Sus dedos se doblaron debajo de su falda, filtrándose a través de la suave tela de sus bragas.

Un duro golpe en la ventana los llevó devuelta al presente. Miraron hacia arriba para encontrar a un hombre ceñudo frente ellos.

—Están en público —se quejó, su expresión siniestra antes de dar vuelta y alejarse indignado.

Bella presionó sus labios juntos, pero cuando Edward soltó una risa, ella no pudo evitar reír con él. Él agachó su cabeza contra su hombro y ella corrió sus dedos por su cabello mientras calmaban sus respiraciones.

El aire entre ellos se sentía cálido, pero no eléctrico como hacía unos minutos. La energía que había crecido por debajo de su piel, desapareció hasta convertirse en un zumbido bajo, y Bella se contuvo para permanecer allí en sus brazos por el momento.

—¿Qué quieres hacer? Podemos hacer lo que quieras, ir donde quieras. —Acarició con sus labios contra su cuello mientras hablaba y Bella se estremeció.

Tomando su rostro entre sus manos, Bella inclinó la cabeza de él para arriba, así podría mirarlo.

—Quiero que me lleves a casa. Tu casa.

Su sonrisa era amplia y brillante.

—Lo que desees, mi comandante.

~0~

Cuando llegaron al apartamento, no lo alargaron. Edward la tuvo presionada contra la puerta tan pronto como él la había cerrado.

Sus besos eran calientes, sus manos vagaban por el cuerpo del otro. Bella estaba tan increíblemente encendida por el olor persistente del aceite y el almizcle que se aferraba a su piel. Ella rozó su nariz a lo largo de su cuello y lanzó su lengua fuera para lamer en su garganta.

—Bella… —La palabra era tan ronca. Sus manos flotaron sobre su trasero, a lo largo de la parte posterior de su muslo. Él tiró y, entendiendo la idea, Bella saltó ligeramente, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura. Él la presionó contra la puerta con sus caderas, poniendo sus brazos firmemente alrededor de ella antes de levantarla.

Tropezaron hacia el salón, con sus labios pegados. Cuando él cayó hacia atrás sobre el sofá, ambos resoplaron, pero consiguieron regresar al asunto.

De repente, Bella estaba muy alegre de que su uniforme de trabajo incluyera una falda. Seattle en diciembre era frío, pero las manos de Edward en su piel irradiaban calor. Ella gimió en su boca, moviendo sus manos sobre sus cuerpos que se retorcían.

Ubicó sus manos sobre su estómago, disfrutando de la calidez y la sensación del poco vello allí unos instantes antes de que ella jalara su camisa. Rompieron su beso el tiempo suficiente para que ella tirara de su camisa y se la quitara, luego volvieron a besarse. La lengua de Edward envolvió la de ella mientras sus manos hacían un rápido trabajo en los botones de su camisa.

Con su piel expuesta al aire fresco, Bella se estremeció. Cuando él desabrochó el cierre de su sujetador y lo dejó caer, sus pezones estuvieron duros al instante. Ella abrió la boca ante la sacudida que fue hacia abajo a su espina dorsal.

Edward bajó la cabeza hasta su cuello, mordiendo ligeramente. Sus manos rozaron sus lados, haciéndola temblar de placer. Él acunó sus pechos, atrapando sus pezones entre su pulgar y su índice.

—Joder, Edward —gimió ella, su tono susurrante.

Él apretó variando la intensidad y raspó sus dientes a lo largo de su hombro.

—¿Te gusta esto, nena? —murmuró cerca de su oreja.

Bella solo podía gemir en respuesta, un poco abrumada por las respuestas qué él provocaba de su cuerpo. Los labios y los dientes en su cuello y hombros, sus dedos en los pezones, su voz vibraban en su sangre, sus caderas, la áspera tela de sus vaqueros rozando contra el centro de sus bragas. Era mucho que procesar para ella y sus besos hacían que sus pensamientos se nublaran en un buen día.

—Bella —gruñó él, provocando sus pezones ahora con sus pulgares—. Te hice una pregunta.

—S-Sí —tartamudeó. Sus manos descansaban sobre el pecho de él, brevemente distraída de la exploración de su cuerpo.

—¿Te gusta esto? —preguntó otra vez, cerrando sus dedos sobre sus pezones.

Le gustaba. Realmente le gustaba. Esa pequeña punzada de dolor mezclada con la emoción de placer era intensa. A ella también le gustaba la manera en que su aliento se sentía contra la piel de su cuello. Y ella sentía cada vez más ganas de frotarse contra el bulto duro que sentía crecer bajo la tela de sus vaqueros.

Incapaz de encontrar las palabras para expresar lo que quería, ella movió sus caderas hacia abajo, moviendo su cuerpo encima del suyo. Fue premiada con el gruñido bajo que salió de la parte posterior de la garganta de Edward.

Recordando cómo mover las manos otra vez, Bella dejó un rastro con sus dedos hacia abajo a su pecho, su estómago, rozando la línea de sus vaqueros. Ella desabrochó su bragueta, presionando su mano hacia abajo donde estaba caliente.

—Bella —murmuró entre besos cuando ella trabajó para liberar su erección de los confines de sus vaqueros y sus bóxers—Bella, espera… Yo... No tengo condones.

—Estoy con la píldora. —Bella no estaba de humor para moverse, lo quería dentro de ella de esa forma.

Él gimió cuando ella se inclinó para besarlo otra vez y sus manos se movieron a sus lados. Sus dedos estaban firmemente alrededor de ella.

—Bella —dijo de nuevo—. No es... —Tomó una respiración profunda, el movimiento de su cuerpo aquietándose debajo de ella.

Finalmente, al escuchar el tono de su voz, Bella lo miró a los ojos. Su expresión era oscura, con lujuria. Él quería esto, él la quería, pero también había vacilación.

—Te sentirías más cómodo con un condón —sentenció.

Él levantó una mano, acariciando su mejilla suavemente.

—Me mataría si complicara tu vida más de lo que ya lo hago.

Pasando sus manos a sus hombros, Bella se inclinó para besarlo. Fue un beso suave, lento y tranquilizador.

Él envolvió sus brazos alrededor de su cintura y se puso de pie, esperando que ella envolviera sus piernas alrededor de él antes de comenzar a moverse.

—Algunos dicen que el primer mes es mejor tener cuidado.

—Te amo —dijo ella en respuesta.

Él los llevó hacia su habitación, sentándose en el borde de la cama.

Con las manos sobre su pecho, Bella lo empujó y él cayó de nuevo en la cama. Ella se revolvió encima de él, buscando en su mesita de noche.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó, pasando rápidamente a la cama.

—El señor Preparado tiene que... sí. —Ella sonrió cuando encontró los condones allí fácilmente.

Edward se sonrojó.

—Obvio, ¿lo soy?

—Solo cuidadoso.

Se empujó a sí mismo hacia arriba con un brazo, pero se relajó cuando Bella se sentó a horcajadas de él otra vez. Recorrió sus manos por su cuerpo, ahuecando sus pechos otra vez. Su sonrisa era suave mientras la veía abrir la envoltura.

—Alguien está ansiosa —se burló.

Justo así, Bella fue tímida de nuevo. Ella agachó su cabeza, sintiendo el calor de sus mejillas.

Edward levantó el brazo y tomó el condón de sus manos. Levantó sus caderas, y a Bella con ellas, de la cama, ayudándola a deslizar sus vaqueros y el bóxer hacia abajo y quitarlos. Ella lo miró deslizar el condón, sus dedos jugando en el interior de sus muslos.

—Pienso en esto todas las noches —dijo él mientras movía su mano bajo su falda, sus dedos provocando en el borde de sus bragas—. Pienso en todas las formas en que quiero tocarte. —Enganchó los dedos en la cintura de sus bragas, arrastrándolas hacia abajo.

La respiración de Bella quedó atrapada en su garganta. Se movió para ayudarlo a terminar de quitarlas y empujar su falda hacia abajo. Ella vio como sus ojos la devoraron. Como la última vez, su cuerpo temblaba, su corazón golpeteaba. Ella estaba absolutamente donde quería estar y tan encendida que no sabía qué hacer consigo misma. Esto todavía era todo tan nuevo.

Edward se sentó, moviéndose para que sus piernas estuvieran extendidas alrededor de su cuerpo y sus brazos fueron envueltos alrededor de ella.

—Te tengo, nena —murmuró contra su cuello cuando la besó—. Te amo.

Puso su mano entre ellos, se guió a sí mismo a su entrada y empujó dentro de ella. Bella suspiró, saboreando la sensación de él llenándola. Protegida en sus brazos, sus inseguridades se desvanecieron. Se sentía hermosa y confiada. Más que eso, ella se sentía gloriosa.

—Tan bueno. —Ella suspiró, encontrando la mejor manera de moverse con el ritmo que él establecía.

—Perfecto —acordó Edward.

Edward, relajado de nuevo, mantuvo a Bella en la parte superior. Aunque ella extrañaba la disponibilidad de su boca, se dio cuenta rápidamente de los beneficios de esa posición. Le encantaba la sensación de sus manos en sus pechos, sus costados, su estómago. Y ella también lo podía tocar. Ella podía sentir la flexión de sus músculos cuando empujó hacia arriba y amó la manera en que él gimió cuando ella enredó sus dedos en el vello grueso entre sus muslos.

Lo mejor de todo, ella podía ver sus ojos.

Lo manera en que la miró, con sus cuerpos conectados, fue una experiencia que Bella nunca podría haber imaginado. La emoción que surgía en ella era intensa, mezclada con placer en una unión perfecta. Era casi demasiado y, durante largos segundos, estaba segura de que su cuerpo no podía contenerlo. Ella se sentía cerca de una combustión espontánea. Le tomó unos minutos entender que no había nada malo o doloroso sobre esta sensación abrumadora. No. Era todo amor, aterrador y emocionante, acompañado por un éxtasis físico, a diferencia de lo que había sentido alguna vez.

Y esto también era nuevo. Ella jamás había alcanzado el orgasmo en el sexo antes, tal vez había sido ella y la inexperiencia de su pareja, o tal vez ella nunca había estado tan completamente en sintonía con otra persona antes. Ella podía sentir su clímax construirse, enrollándose firmemente en su interior.

—Oh, Dios.

—Joder, Bella. Te sientes... —Él jadeó, sus manos cayeron en sus caderas—. Tan. Condenadamente. Bien.

—Edward. —Las manos de él fueron guiando sus caderas a un ritmo ardiente—. Edward. Edward. —Su nombre era un canto. Ella se movió con él, jadeando cuando su polla golpeaba los lugares correctos en su interior.

Sus dedos encontraron su clítoris y su cuerpo se sacudió cuando comenzó a acariciarla.

—Quiero verte, bebe. ¿Te vendrás para mí?

—¡Sí! —siseó la palabra. Su cuerpo estaba temblando por razones totalmente diferentes ahora—. Por favor. Sí.

Él golpeó su cabeza en la almohada.

—Joder, no tienes idea de lo que me haces…

Bella pensó que tenía alguna idea, pero ella no podía encontrar las palabras. Los únicos sonidos que salían de su boca eran gemidos guturales. Su cuerpo se tensó y entonces tembló cuando ella apretó a su alrededor, llorando su nombre.

Edward no estaba muy lejos de ella. Empujó sus caderas para arriba con fuerza, haciéndola jadear, y él gritó.

Estuvieron quietos un momento después, la habitación tranquila excepto por sus respiraciones irregulares. Sintiéndose un poco tambaleante, Bella lo dejó deslizarse fuera de ella y luego se dejó caer al lado de él. Él consiguió quitarse el condón, arrojándolo descuidadamente en la papelera junto a la cama antes de acercarse a ella.

Luego sus labios encontraron los de ella. Sus besos eran perezosos, más que todo bocas abiertas y aliento caliente. Bella se estremeció cuando el calor cedió, su piel ligeramente húmeda reaccionando a la frialdad de la habitación. Edward los rodó, envolviendo el edredón alrededor de ellos cuando lo hizo.

—He decidido algo —dijo ella mientras se acurrucaba más contra él.

Sus dedos fueron recorriendo su hombro.

—¿Sobre qué?

—Me gusta el sexo. Mucho.

Él se rió entre dientes y ella amó como se sintió el sonido en su cuerpo, presionándose contra él tanto como pudo.

—Soy un fan —aceptó amablemente.

—Eso está bien. —Se dio la vuelta de nuevo, así estaba acomodada en la mayor parte de su cuerpo—. Porque creo que debemos hacerlo otra vez.

Levantó una ceja.

—¿Ahora?

—No. Tú, hombre, necesitas tiempo para recuperarte. Pronto, sin embargo.

Él sonrió, trazando el contorno de sus labios.

—Eso puedo prometerlo.

Estaba a punto de besarlo otra vez, cuando se sentó bruscamente, sus ojos abiertos.

—¿Bella? ¿Qué pasa?

—Todavía tengo un final mañana. —La vida real estaba tratando de irrumpir en su cerebro confundido por el sexo.

Edward se rió.

—Es apenas la una de la tarde. Vuelve aquí. —Sus dedos se curvaron alrededor de su brazo.

—Pero debo estudiar.

—Bella… —Edward sonaba ligeramente exasperado y su expresión era perpleja—. En primer lugar, tú no estarías estudiando ahora mismo de todos modos. Estarías en el trabajo si yo no te hubiera liberado. En segundo lugar, bebé... lo tienes. No es necesario estudiar más.

—Esta es mi clase más difícil —argumentó ella.

Él frunció sus labios.

Y entonces, repentinamente, ella se encontró sobre su espalda, sus manos puestas sobre su cabeza y Edward cerniéndose sobre ella.

Su sonrisa era victoriosa.

—Supongo que solo tendré que forzarte para relajarte —dijo con un suspiro. Le dio un beso en su frente. Luego en su nariz. Y luego en sus mejillas. Besos lentos mientras su cuerpo se movía hacia abajo sobre ella, piel con piel.

No pasó mucho tiempo antes de que ella se olvidara por completo de todo lo que existía fuera de esa cama.


Me gusta mucho este capítulo, me da ternura Edward… ¿a ustedes les gustó? Disfrutemos mientras dure lo lindo o.O

Les contamos que tenemos una nueva traducción, Mail Order Bride, comenzamos a publicarla el jueves pasado y, como esta, se actualizará dos veces por semana ¡y es un daddyward! Les dejo el summary para que les den ganas de leerla:

Summary: Bella deja la vida que conoce para convertirse en la novia por correo de un hombre que vive al otro lado del país. ¡El único problema es que Edward no tiene idea que ella está llegando! ¿Pueden dos extraños aprender a vivir y amar, o los malentendidos y el dolor los separarán?

También empezó octubre y vamos a hacer un especial con un one shot todos los lunes para esperar Halloween, todos van a tener que ver con ese día. Hoy ya publicamos el primero, esperamos que también se pasen por ahí y nos cuenten sus opiniones ;)

Y, por último (hoy teníamos muchas cosas que contar) ¡tenemos grupo en Facebook exclusivo para las traducciones! Van a poder disfrutar de adelantos exclusivos, de las traducciones que tenemos publicadas y de las próximas historias, y también estamos pensando hacer juegos para que alguna tenga la posibilidad de leer el capítulo antes de la actualización ;) ;) ;) Así que las invitamos a unirse. El grupo se llama Traducciones Élite Fanfiction, saquen los espacios en el link de abajo o pueden encontrar el link en nuestro perfil:

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Ahora sí, ¡hasta el próximo capítulo!