Harry Potter & Draco Malfoy:
Dreams Of The Future Past.
By the Fox
Alternate Universe
A.h, ho.w wu.ch, i.f we. s+o.lve. s+o. wa.ny de.e.p r-i.ddle.s,
Wi.ll the. do.o.r- to. pa.r-a.di.s+e. o.pe.n? (o.pe.n)
Three: Riddles
La sala de los Star Mages en la Torre de Astronomía era redonda, con tantas ventanas que semejaba un círculo de columnas que se abría al vacío, dando una increíble vista del cielo y los alrededores de Hogwarths. Al norte, las verdes colinas, los bosques más oscuros, el cielo de un gris plata: al oeste, suaves colinas y el mar, y en la lejanía Hogsmeade, como un pueblecito de juguete: al este el lago, dorado cada aurora, ahora una pálida ágata: al sur, los techos de Hogwarths y la verde explanad del quidditch. Sobre todo, grandes nubes extensas, inmutables, que empequeñecían a los magos reunidos allí. Y eso a pesar de que eran los magos más grandes de su tiempo: pero al centro del círculo, rodeado por los magos, altos y sombríos y poderoso, estaba Andy sentado en una silla, tan pequeño y frágil que Draco emitió una exclamación y avanzó hacia él, dolido.
- Aún no terminan de interrogarlo, Draco, espera.- dijo Lupin suavemente, pero Draco le echó una mirada sombría. Andy parecía demasiado delicado para estar allí: aunque era alto, había una ingenuidad en sus ojos que lo hacía más joven, y más frágil que cualquier otro chico que Draco hubiese conocido.
Harry se mordió los labios.
En el círculo que rodeaba a Andy Hermione reconoció a Andrea Grimalkin, el demonólogo: a Langrisser, al que seguro habían llamado por su experticia en objetos mágicos para estudiar la daga: Stephen Reno,el profe adjunto de quidditch que había sido Auror y que era excelente interrogando: al decano de Artes Oscuras de la Universidad de Inverness, Severus Snape, y a su esposa, la decana de Astronomía Mariah Sinistra. Lupin los acompañaba, frunciendo el ceño; había sido su profesor de Defensa de básica, y aunque Lupin era una autoridad en Aritmancia y DADA, prefería quedarse como pedagogo de la Escuela de Merlín para enseñar a los pequeñitos. Considerando su especialidad en Creaturas, si él y Grimalkin no reconocían qué era alguien, pues no existía.
Aparentemente acababan de dar por finalizado un interrogatorio exhaustivo, ya que Andy parecía deshecho, y tanto la McGonagall como Wainwright se habían levantado para darle espacio a los expertos. Lupin se llevó aparte a Draco para interrogarlo, y Harry se quedó sentado, sintiéndose muy infeliz al ver como Draco tras cada tres " no sé de qué está hablando, profesor Lupin" le echaba una mirada furiosa, mientras Hermione se acercaba a la mesa en donde Langrisser se ocupaba de la daga, envuelta en un práctico hechizo de intocabilidad, ( The Ness Charm!) para evitar rozarla.
- Parece… muy poderosa, profesor.- dijo, curiosa. Langrisser, que tenía la mirada del gordito al que le prohiben los chocolates y luego lo invitan a vitrinear pastelerías, suspiró, sosteniéndola, aunque el hechizo no permitía que la piel rozara el metal.
- Lo es. Posee una poderosa maldición, y de alguna forma logra cambiar tu cerebro, sacando a la luz sólo las emociones más poderosas, destructivas y homicidas. Normalmente, esos impulsos están tan reprimidos que son casi subsconscientes: esto convierte el más mínimo desagrado o irritación en una ira incontrolable. Además, me llama la atención la forma en que según Harry Draco era aún más agil de lo que es, y por lo que me contaron Ginny logró apuñalarte aunque tú eres mucho mejor que ella en duelo.-
- Cree que… añada habilidades?-
- No. No tiene ningún encantamiento, y además, las únicas personas que pueden absorber habilidades a través de la piel son los magos con capacidad psicométrica nacimiento. Es bastante fascinante, la verdad.- dijo Langrisser con un suspiro.
- Será histórica?- preguntó Hermione fascinada. La daga, a la luz, era bastante hermosa en su letalidad. El filo era tan fino que casi no parecía existir en: pero la hoja era ancha y cruel, el extremo aguzado como una aguja. La empuñadura tenía la forma de una cabeza de dragón envuelta en hojas de vid, y una medialuna en el costado hacía juego con la hoja.
- Creo que es acero virgen, así que no puede ser más antigua de 1150. Medioevo oscuro, probablemente.- dijo Langrisser entrecerrando los ojos grises tras sus anteojos tintados de lila.- La talla es una joya, para la época, y…-
- Deja la daga en la mesa.- dijo Stephen Reno, el apuesto ex Auror, apareciendo a su lado, y poniéndole una mano en el hombro. Con renuencia, Langrisser devolvió la daga a la mesa.
- Las manitos donde las vea.- agregó Reno, insistente, aunque con un trasfondo cariñoso. Con un bufido, Langrisser se cruzó de brazos.
- Eso no es lo que me decías anoche.- bufó.
- Puedes hacer lo que quieras con las joyas de mi familia. Con las de otros, por otra parte…- el auror se retiró apuntando con índice admonitorio a su propio ojo. Langrisser movió el cuerpo en un bamboleo de niño castigado lejos de los dulces, y le echó una mirada a Hermione, que aparentaba estar muy interesada en el interrogatorio de Andy.
Pero era como para estar interesado. Severus Snape, que era un conocido Legilimens, se había colocado frente a Andy, que sentado en el taburete parecía un corderito ante el lobo. Selene, la hija adolescente de los dos decanos, se había colocado detrás con un pensadero, en caso de que valiese la pena guardar algo.
- Esperen… qué le van a hacer?-
- Van a leerle la mente, si es posible.- dijo Lupin, con cierto gesto de disgusto apenas disimulado en su rostro joven, aunque gastado por la enfermedad.- Draco… espera!-
- No pueden hacer eso!- exclamó Draco, desasiéndose de Lupin.- Es ilegal, y muy grave! No pueden leerle la cabeza sin más, eso provoca fracturas psicológicas, lo leí! Es contra los derechos humanos!-
- Considerando que legalmente no existe en Inglaterra, Draco, no tiene los derechos garantizados a los ingleses.- dijo Snape con su sarcástica sonrisa.- Y considerando lo que le sucedió anoche a la sobrina de Muriel Weasley y antes a ti, estamos siendo amables con quien podría ser un homicida.-
Draco miró a Harry con odio antes de volverse al aterrador Decano, que de paso, era su padrino.- Pero… él no tuvo nada que ver! Anoche estuvo conmigo, toda la noche!-
- Cómo puedes estar seguro?-
Draco se puso rojo. Mariah se echó a reír mientras los demás parecían sumamente incómodos.
Harry se vio presa de un irresistible deseo de dar patadas.
- Está bien, Draco.- dijo Andy con voz suave. – Déjalos que lo hagan.- susurró.- Yo también desearía saber quién soy.-
- Pero… puede doler..- Draco se inclinó hacia Andy, poniéndole las manos en los hombros.
Andy movió la cabeza, aunque sus ojos estaban húmedos y asustados.
- Estaré bien.-
- Yo lo cuidaré, Draco.- dijo Selene, asintiéndole. Draco confiaba en Selene, que lo había cuidado de bebé y había sido su primera Head Girl: pero aún así fue con renuencia que dejó a Andy y se colocó aparte, junto a Lupin.
Snape colocó ambas manos en las sienes de Andy, levantándole la cabeza y obligándole a mirarle a los ojos. Su hija colocó las manos en los hombros de Andy, por la espalda, y su magia blanca envolvió al muchacho, protegiéndolo, la única magia blanca que no chocaba con la oscura del poderoso Legilemens.
Snape cerró los ojos, y Andy emitió un gemido: Draco se cruzó de brazos, tenso. Pero pasó un momento, y Snape habló, con voz tenue.
- Dolor… hachas… calor… dolor… agujas… tijeras… dolor…-
Selene le echó una mirada preocupada a su padre, que había empezado a temblar. Draco vio a Langrisser y a Reno cruzar una mirada, porque la descripción de Snape se parecía mucho al infierno, y tanto el exorcista como Grimalkin, el demonólogo, prepararon sus amuletos.
- Paz… luego, una aguja… letras… un conjuro. Muchos conjuros. Un hombre poderoso… rubio, muy alto… muy poderoso… se inclina hacia… y luego magia… magia… magia…- la voz de Snape se quebró, resonando en la habitación de pronto y gritó- MAGIA! Dios mío, tanta magia, quema!-
- Endimyon protection!!- gritó la Sinistra, y una luz blanca protegió a Severus, que cayó atrás retorciéndose, en los brazos de su esposa. Pero entonces Andy emitió un gemido y se llevó las manos a la cabeza, y la habitación pareció explotar en un estallido de magia violeta y verde como si hubieran quemado vivo a un mago poderosísimo. Cuando la llamarada se desvaneció, Mariah Sinistra emitió un grito: aunque su protección lunar había cubierto a la mayoría, Selene había desaparecido.
Y Andy estaba tendido en el centro, inconsciente, con sangre cayéndole de la boca en un hilo, los ojos abiertos.
- Andy!- gritó Draco.
- Rod!- gritó Stephen Reno al mismo tiempo. Y la magia verde y lila dio paso a uno que era sólo lila, cuando Rod Langrisser se volteó a ellos, la daga en su mano, y una sonrisa terrible en su rostro afeminado: el hechizo de protección se había desvanecido.
- Maldita sea, quítenle la daga…!- alcanzó a gritar Reno, antes de que Rod lo apuñalase con una maldad violenta y diestra en el estómago. Reno cayó, y directamente frente a Rod estaba Draco, que se había arrodillado junto a Andy y lo sostenía. Draco lo protegió con un brazo, sacando su varita, la mirada terca y amenazante: pero cuando el poderoso exorcista se lanzó adelante, Harry se cruzó entre los dos, y gritó Explexio, en el mismo momento en que Rod utilizaba su anillo de exorcista, que deshacía la magia en hilos como se desarma un tejido.
- Apártate de él!- gritó Lupin, aferrándolo por la espalda: pero Rod se lo sacudió encima y Lupin rodó con las manos quemadas, ya que el exorcista de norte exudaba su blanca y fría, terrible magia. Grimalkin gritó algo y se adelantó, pero Rod lo apuñaló con la fácil destreza de un duelista: pero entonces, una voz gritó con firmeza:
- Swalumbo Sounga!-
Rod se paralizó, los ojos muy abiertos: y ese momento de vacilación era todo lo que Harry necesitaba. Le dio con todas sus fuerzas un puñetazo, que había estado guardando desde que lo conocía, y en el momento en que cayó, Hermione se abalanzó y le quitó la daga de la mano apretada.
Rod se desmayó de inmediato.
- Esto es un despelote bárbaro… Swalumbo qué? De dónde sacaste ese hechizo?- se volvió Harry, acezante y espantado a Andy, sentado en el suelo, apenas consciente y aún sangrando por la boca, mientras Draco lo mantenía abrazado.
- No sé…-
- ESTOY HARTO DE TUS NO SE!-
- Harry, cállate, ellos necesitan ayuda, sus heridas son serias! Y lo último que importa es de dónde sacó ese hechizo sudafricano!-
- Sudafricano?-
- Es swahili, no?-
- Hablas swahili, Granger?-
- Nos podemos ocupar de lo importante? Ellos están sangrando, y Andy también, y dónde está Selene?-
- Estás…- Hermione se acercó a Andy, y le tocó el labio, para curarlo. Y se quedó callada en la mitad del asclepio.
- Qué esperas? Cúralo!?- gritó Draco, mientras Harry se lanzaba escaleras abajo por ayuda.
- No puedo.- dijo Hermione, los ojos muy grandes. – No es sangre… es… no es humano.-
- Qué?-
Y bajo los ojos espantados de Andy, Draco vio que lo que resbalaba por su labio partido y manchaba el dedo de Hermione no era rojo, sino negro.
- Aún estás enojado?-
- No puedo estar mucho tiempo enojado contigo, aunque seas un descerebrado. Pero… no debiste acusarlo.-
Harry se quedó callado en el umbral de la habitación de Draco. El castillo hervía de Aurores: tras peinarlo arriba y abajo, no habían señales de Selene, y hay que compadecer el pobre auror que tuvo que decirles al decano de Artes Oscuras y a la decana de Star Magic que su ija había desaparecido de la faz de la tierra. Draco, Hermione y Harry habían sido enviados a sus habitaciones sin mucho preámbulo mientras atendían a los heridos, con orden que quedarse quietos mientras los especialistas estudiaban a Andy, y Draco había peleado un buen rato antes de que Snape le obligase a soltarlo y lo lanzara afuera de la enfermería como a un cachorro mal comportado.
Una merienda, traída por la fiel Lisette, la mejor amiga de Draco, se enfriaba en la mesita. Harry se sentó junto a la bandeja, y miró el té y los bollitos enfriarse, la mermelada caliente y dulce gotear en la servilleta.
- Deberías comer algo.-
- No tengo hambre.-
- Al menos tómate el té con azúcar.-
- Cómete los bollos si quieres, pero cállate, Potter.- siseó Draco, enojado, sus frágiles hombros apartando las cortinas de ganchillo para mirar desde su ventana. Hubo un silencio, y Draco pensó que Harry estaba comiendo con su apetito usual: pero entonces sintió dos brazos fuertes rodeándolo, e inspiró, envuelto en el musk de tomillo de Harry.
- Potter…- suspiró, con algo de derrota, exasperación y ternura.
- Lo siento. Pero después de lo que pasó… no iba a esperar que te hiciera daño.- dijo Harry, con un suspiro. Draco inspiró, y le palmeó las muñecas cruzadas sobre su pecho torpemente.
- Está bien.-
- Qué crees que pasó? Qué demonios es, Draco?-
Draco se volteó, ojos chispeando.
- Es un chico. Un chico solo, asustado, y confuso. Y lo están aterrando!-
- Pero no es humano, y quizá qué le hizo a Selena!-
- Selene es grandecita.-
- No es grandecita si la volatilizó, sabes?-
Draco miró al techo.- Por el amor de Dios, un estallido de magia no iba a volatilizar a una geomántica oclumente.-
- No fue " un estallido de magia"! Si nos es por la Sinistra, nos vuela la cabeza! Era una cantidad de magia casi… casi… obscena!-
- El que casi nos parte en cuatro fue Langrisser, permíteme que te lo recuerde.-
- Sí, bueno, si lo echan, no tendremos esa prueba sobre Sisigambis.-
- Mhn.-
-…-
-…- Draco tomó el té y lo vació un trago.
- Draco?-
- Mnh?-
- Él… tú…- Harry no supo que decir, y cuando miró a Draco, vio que se había sonrojado, tanto como él.- hay… algo que me quieras contar?-
Draco dejó el té, que olía a limón y cebada. Se lamió los labios, antes de mirar a Harry a los ojos, y susurrar:
- Nos… nos besamos.- dijo, el blush en sus mejillas contrastando con sus ojos pálidos y su cabello claro. Harry tragó, acercándose, sintiendo algo amargo que no lograba pasar por su garganta.
- Y… quiero decir? Te gustó? O sea… eres gay?-
- No es el momento para pensar en eso, supongo!- estalló Draco, casi volcando la taza.- Lo que importa es ayudarlo ahora, si le hacen algo…-
Harry alargó la mano y detuvo la taza que aún se tambaleaba por la brusquedad de Draco, su campanilleo de porcelana mudo de pronto. Draco lo miró a los ojos, y Harry se quedó allí, apoyado en la mesa, inclinado, hasta que Draco apoyó la frente en su brazo, y cerrando los ojos, tomando en las manos puñados del sweater rojo, empezó a llorar.
El Legilemens no funcionó como debía. No era algo normal.
Un explexio, incluso el poder del hechizo de la McGonagall para no tocar la daga, destejidos.
Pero se sabía un hechizo tan poderoso como ese extraño hechizo africano. Cómo supo que sólo un hechizo sudafricano podía afectar al exorcista del norte? Cómo supo?
Y esa sangre… que no era sangre, era aguada, y con un olor seco, no metálico…
Hermione caminaba por su habitación, envuelta en su chal favorito, diez pasos a un lado, diez pasos en el otro sentido. En cada vuelta observaba el rostro de su cuadro, que colgaba tan hermoso como siempre en la habitación, reflejando en el aceite de la pintura la luz. El joven sonreía, como si confiara en que Hermione solucionara el rompecabezas, y mientras ella se frotaba las sienes cansadas por la oleada de magia, halló alivio en su gesto tranquilo, amable. Le sonrió al cuadro de regreso, aunque sus ojos aún estaban entrecerrados, tratando de pensar, de recordar, y se acercó a la pintura, fascinada al darse cuenta que el paisaje tras del joven, aunque a medias cubierto con una ventana encortinada de blanco, revelaba bosques verdes y radiantes ríos.
El pelaje del perro casi parecía respirar.
- Tanta magia, y un hechizo tan arcano y desconocido, y esa sangre… qué es? Ayúdame… no comprendo.-
El cuadro, reluciente, callaba en su hermosura. Hermione movió la cabeza, riéndose de sí misma, y como una niña se puso de puntillas, aplicó sus labios al rostro del muchacho, y se echó atrás, una idea en su cabeza.
El hechizo, y la oleada de magia. Eso podía tener una explicación.
Y se fue corriendo a la biblioteca, sin notar que la sonrisa del joven se había hecho más suave, aunque podía ser un truco de la luz.
Swalumbo Sounga
Es virtualmente un hechizo olvidado, exclusivo de los exorcistas del sur. Un hechizo que temporalmente paraliza a otros exorcistas…
Cómo algo tan exacto? Cómo algo tan perfecto?
Hermione cerró el libro de magia antigua, y se echó atrás en la silla, sola en la biblioteca, casi todo el mundo almorzando, seguramente. Mientras leía, tibios rayos de un sol de invierno entraban por la ventana, dorando las mesas, y la única otra persona en la biblioteca era ese ravvie novato engreído, Lawliet Lloyd, que leía en una extremo, tendido de bruces en una fila de sillas, aparentemente muy entretenido.
Hermione lo ignoró mientras, la cabeza apoyada en un anaquel, se trenzaba el pelo maquinalmente. Cómo podía ser? Tenía que haber algo que no estaba considerando…
Sangre como agua, negra… aceitosa, sin embargo…
Se levantó para revisar el anaquel de criaturas, porque no recordaba ninguna criatura con ese tipo de sangre. Una bestia marina, quizá? Andy sería un híbrido?
Pero y esa magia, por Dios?
Hermione se giró y alargó la mano al anaquel de metamagia. Y allí, bien remarcado porque era un concepto básico en magia, leyó la definición de Oleada Salvaje.
Magia antigua sin uso actual. Magia peligrosa, que permite al invocador centrar una enorme cantidad de magia, tomándola de su ambiente y condensándola, la cual con un buen hechizo de magia caótica puede ser controlada y con habilidad suficiente, transformada en un hechizo. Pero con frecuencia sólo estalla incontrolable, ya que es demasiado inestable.
Una oleada salvaje… qué era ese chico?
- Una oleada salvaje y sangre como agua negra… qué eres, Andy?- susurró para sí, devolviendo el libro a estante. Y entonces sintió una voz suave tras suyo:
- Me preguntas a mí?-
- Eh?- Hermione se encontró con que el ravvie despeinado y ojeroso había levantado la cabeza y la miraba. Para su sorpresa, su gesto no era engreído, sólo curioso.
- Hay alguien…- Hermione se sentó en una mesa: Madame Pince tendría un ataque si la viera, pero Lawliet estaba tendido, no?-… supongamos una hipótesis… a alguien que puede liberar oleadas de magia salvaje, no le funciona el legilimens, usa magia muy antigua y además… tiene sangre negra, aguada…-
Lawliet le sonrió. Hermione se sobresaltó, porque no esperaba esa sonrisa: iluminaba la cara del muchacho del colegio Clow como una lámpara. El cabello era tan negro que casi daba la impresión de relucir ante su sonrisa.
- Es bastante obvio, no crees?-
- Dime.- dijo Hermione, intrigada. Lawliet se enderezó en los codos.
- Es un grimorio. Una enciclopedia de magia, verdad?-
Hermione parpadeó.- Creo que tiene mucha magia, pero…- se quedó callada y se llevó una mano a la boca.
- No. No me refiero a que sepa mucho, me refiero a que realmente es el libro de magia de un mago muy poderoso que juntó tanta magia que se creyó persona y salió a pasear. Ha pasado antes.- dijo Lawliet sentándose en los talones.- Oye, estás seguro que era sólo una hipótesis? Estás blanca.-
- Necesito hablar con el profesor Snape!-
- No seas tontita. Con su hija desaparecida, está un poquito ocupado con los Aurores, los Star Mages y todo el mundo que está buscando a Selena. No te va a responder dudas de DADA ahora, Hermione, ve y pregúntale a Ms. Leyden o escríbele a la profesora Kirsten.-
-No se trata de eso! Tengo que decirle… ya sé que es ese chico!-
Richard Grayson, el ex Slytherin, auror y HitWizard notabilísimo, miró a la histérica niña con una ceja alzada. Tras ella, un ravvie delgado y un poco pequeño aguardaba con tanta paciencia como si fuera la cola para una donut.
- Y qué es, Ms. Granger?- preguntó con condescendencia.
- No te sobres tanto, hace dos años yo te ayudé con tu tesis, y estaba en cuarto!-
Richard se ofendió, entrecerrando los fríos ojos azules heredados de una estirpe de Aurores mala leche. De esos que cuando quieren información, te arrancan la lengua y luego te enseñan a hablar con Draw it!
- Está bien, Hermy. Te creo. Qué es?-
- Es un grimorio!-
- Quieres decir que sacó doce OWLS, como tú?-.
- QUIERO DECIR QUE ES UN LIBRO TRANSFORMADO EN HUMANO!!-
Richard levantó ambas cejas, y poniéndose las manos en las caderas, estalló en un risotada obscena, porque si miraba atentamente veías su úvula campanilleando.
- Ay, Hermy… bájale a las novelas eróticas, que esto no es Book Boy Bernard.-
- Hablo en serio! Lloyd, dile!-
- Qué quieres que le diga?- Lawliet la miró con ojos muy abiertos.- Ah. Hola. Me llamo Lawliet Lloyd.- añadió con gazmoñería y sonrió brillantemente.- Creo que no hemos sido presentados formalmente.-
- Un placer, Mr Lloyd.- dijo Richard, y los dos hicieron una reverencia. Hermione, que los miraba como si los dos hubieran perdido la cabeza, explotó:
- Dile porqué es un grimorio, maldita sea!-
- Para qué? Es obvio que no te cree.- dijo Lawliet pacíficamente.- Y yo respeto el derecho de todo el mundo a tener su propia opinión.-
- Serás…- Hermione parecía a punto de comerle la despeinada cabeza al pálido Ravvie, cuando Richard, que orgullo aparte simpatizaba mucho con la niña becada, se inclinó y puso las manos en sus hombros.
- Deja que yo te explique porqué no puedeser un grimorio. En el mundo sólo existen cinco grimorios de alto poder, y todos están tan vigilados que lo que hacen los muggles para cuidar las estaciones atómicas parace un chiste. Es magia que se siente a kilómetros, y para hacer lo que sugieres, trasmutación de magia por vida, tendría que ser al menos uno de ellos: el Diario de Rowena Ravenclaw está envuelto en acero, peral sabio y bajo seis metros de agua en el lago y la directora ya lo chequeó: el tarjetero Clow está en manos de su legítimo dueño, el Necronomicón los custodian los magos egipcios Setitas, el Librode Nod lo custodian los vampiros libaneses, y el Big Fat Spirits Book lo custodia Dryden Fassa en Canadá. Así que si a cualquiera le hubieran crecido patitas, la Intermagipol ya se habría puesto a gritar como vampiritz al sol. Te das cuenta que tu teoría es absurda?-
- Pero era una teoría interesante.- dijo Lloyd, sonriendo beatíficamente. Hermione dio un grito inarticulado y se fue a su habitación, cruzándose con unos determinados Harry y Draco que venían subiendo la escalera.
- Hola, Richard.- dijo Draco con un gesto.- Córrete, venimos a ver a Andy.-
- Lo siento, Draco, pero están en la mitad de los interrogatorios. Comprenderás que no me interesa que el decano de Artes Oscuras y la decana de Star Magia se molesten conmigo a la vez, máxime cuando están medios cortos de paciencia con Selena desaparecida.-
- Aún tienes un crush en Selena? Serás patético, Richard.- dijo Draco, las manos en la cintura.- Elige: o te pones en la mala con Snapey, o te pones en la mala con nosotros. Y el jefazo del Auror's Guild es el papá de Harry, él firma tus cheques.-
- Pero, Draco…-
- Largo.-
Richard se volvió a Harry, pero los dos herederos tenían idénticas expresiones pétreas. Richard, que conocía al Primer Ministro inglés y al Warlord del Auror's Guild, fue recordado de inmediato por sus versiones juveniles, que parecían despedir chispas.
- Harry…-
- Mueve el traste, Richard. Nosotros nos arreglamos con Snapey.-
Estaba todo el mundo: la mitad del Auror's Guild, buena parte del staff de Inverness, algunos magos mega-poderosos de la Universidad Invisible, un grupito de druidas, algunos vejetes expertos en runas, y en el centro, la pareja de decanos, Langrisser con cara de arrepetimiento y un chichón, y Stephen Reno vendado, y con una cara de vinagre que sólo podía explicar la presencia del Exorcista del Sur, el ex marido de su beau, en un costado, discutiendo con nada más y nada menos que el Primer Ministro inglés. Con la perfecta melena rubia, el gesto arrogante y las manos en la cintura, Lucius Malfoy no parecía mucho mayor que cuando, con el mejor solipsismo en siglos, había logrado estafar a Voldemort y traicionarlo justo a tiempo para que James Potter le volara la cabeza.
- Potter.- dijo Lucius, volteándose con un revoleo de capa, dejando a Maurice con la palabra en boca.- En qué demonios has metido a mi hijo, se puede saber?-
- No crees que Draco está grandecito para saber en qué se mete?- ladró el Lord Black, que un poco más allá discutía con Claude WhiteHawk, el chamán descalzo con aspecto de modelo de Calvin Klein en manto de coyotitos.- No dejaré que molestes a Harry porque James no haya podido venir!-
- Cállate, cuñado. Eso mismo dijiste cuando Harry insistió en robarle hierba gatera a Severus y los dos acabaron frotándose con Mariah.- bufó.- Y bien?- agregó, manos en las caderas, mirando a su esbelto hijo.
Harry dio un paso atrás, y Draco juntó las manos, levantó grandes ojos húmedos a su padre, e hizo un puchero.
- Papá! nadie quiere escucharme, estoy muy angustiado por todo esto y por Selenita!-
- Mi Draco… no llores, aquí está papi, no tienes que preocuparte de nada… ya, ya, suénate en mi pañuelo… todo se arreglará, papá ya vino y lo arreglará todo, por favor no llores… qué quieres que te compre… otra Nimbus? Un Aston Martin volador? Una veela? Mi niño, no estés triste… papi se encargará de todo. No te preocupes por nada!-
Remus, que estaba cerca, se escondió detrás de las anchas espaldas del Lord Black para evitar reírse en la cara de Lucius. Draco y Harry tenían el número perfeccionado hacía años, y los dos tenían a sus respectivos padres alrededor de su dedo meñique: la única cosa que evitaba que fueran aún más consentidos era el hecho de que Lily y Narcissa conocían a sus proles por dentro y por fuera, y nos les dejaban pasar ni una, aunque sus maridos llorasen y suplicasen. De hecho, Narcissa era famosa por darle nalgadas a Draco aún a los quince años, y Lily abofeteaba a Harry con la eficacia de una máquina cada vez que a su hijo se le escapaba una idiotez antimuggle, lo que pasaba con frecuencia.
- Quién es este niño, es un amiguito?- dijo Lucius, con una sonrisa como si les fuera a ofrecer jugar a las casitas.
- Este es Harry…- Draco se volvió, sorprendido al hallar al Ravvie con pinta de campo de concentración detrás.- Eh… es de Ravenclaw, se llama Lawliet Lloyd.-
- Lloyd? No serás el hijo del embajador Lloyd en Hong Kong? Qué gusto conocerte hijo.Me encanta que tengas amiguitos de otras casas, mientras no sean ni Gryffindor ni Hufflepuff…- Lucius sonrió de oreja a oreja.- Como estás, hijo querido? Contento de volver a la madre patria?-
- Mi mamá era cantonesa.-
- Sí, bueno, a todos nos pasan cosas malas a veces.-
- Ejem… papá…- Draco se frotó la nuca mientras Harry se partía de la risa detrás suyo.- Lawliet…me acompaña porque estoy muy triste.-
- Sí, eso, señor.- Lawliet asintió sin ningún estrés. Harry lo miró como preguntándose qué tantos geranios tenía en el techo para adaptarse así sin arrugarse, pero no le interesaba demasiado.
- Es que… tienen a Andy, que es un niño bueno, y es mi amigo…-
- Ya veo… si es un niñito, no puede tener nada que ver en estas tonterías.- Lucius, que se había encuclillado para quedar más cerca de su hijo, se levantó, barriendo el suelo con el amplio ruedo de su manto de terciopelo. Había sido el primer Primer Ministro en abandonar los colores tradicionales de la magia, verde lima, púrpura y violeta, y hacer del negro el color estatal: ya que la verdad, siendo como era blanco y muy rubio, con los colores de la magia hubiera parecido un adorno navideño.- Sevvy?-
El decano, que había sido el mejor amigo del Lord malfoy por años, se volteó con los ojos inyectados de sangre.- Qué, Lucius?-
- Oye, Sevvy, no le puedes devolver a mi Draco su amiguito? Lo quiere de vuelta.-
Severus se quedó sin palabras y luego estalló, avanzando aunque Rod Langrisser y Remus Lupin se le habían colgado del hombro: considerando que eran magos flaquitos y que Severus tenía la prestancia de un tanque de la segunda guerra, ni siquiera lo demoraron.
- Mi hija desapareció, maldito inconsciente!-
- bah. Edúcala mejor…-
- ERES su padrino!-
- Pero eso no significa que apruebe que se escape de casa y sea una perdida…-
Fue un error de expresión, pero Severus le dio un puñetazo al Lord Malfoy y se armó una barahúndatremenda mientras intentaban separarlos uno del cuello del otro.
- Me rompiste la nariz! Te meteré a Azkaban por arruinarle la nariz al Primer ministro!-
- Añádele patearle la cara THUMP THUMP al Primer Ministro!-
- Sujétenlo!-
- La varita, la varita!-
- DAEMON MIST! PHOENIX GHOST! MOON HEALING!-
- AVADA, AVADA, AVADAAAAA!-
- SEVERUUUUS, HIJO DE TU MADRE, NADA LUNAR CUANDO ESTÁ REMUS!-
- AVADA!!-
- SPARKLING PINK MAGNIFICATION!
- LUCIUS, APRÉNDETE UN CONJURO NUEVO DE UNA VEZ!-
- AVADA, AVADA!-
- ALGUIEN CÓSALES LA JETA!-
Harry y Draco se escabulleron entre las piernas de los adultos frenéticos, seguidos por Lawliet, que podía gatear sorprendentemente rápido en las puntas de manos y pies. Los adelantó como un feliz monito, y mientras detrás suyo estallaba magia como para alertar a la MagONU y los detectores de tenebrismo de Hogwarths tenían aneurismas, los tres se metieron en la habitación adyacente, en donde vieron a un Andy muy pálido y cansado, sentado abrazando sus rodillas en una silla de madera junto a una mesa blanca, flanqueado por dos Aurores que, no sorprendentemente, también eran ex compañeros suyos: Tony Massini y Olivia McKenzie, ex duro Keeper Puffie y estricta Head Girl Ravvie.
No estaban como para irse con delicadezas: Harry, que tenía muy clara la igualdad de las mujeres desde que Lily lo parió y ya que Seraphine y Selene barrían el piso con él en cada entrenamiento desde que tenía memoria, saltó sobre Olivia, le quitó la varita, le dio un beso y luego una patada en la sien que la dejó inconsciente, mientras el delicado y grácil Draco saltaba sobre la mesa, apoyaba ambas manos en los hombros anchos de Tony antes de que tuviera tiempo de respirar y musitaba: Obscurat Imposium!
El antiguo hechizo de magia negra hizo que Tony rebotase contra la pared, luego el techo y contra el suelo. Harry lo miró con una ceja alzada, mientras Draco, que llevaba su espada sujeta entre los hombros, la desenvainaba y con un práctico Vitridate convertía las cadenas de Andy en vidrio y las hacía trizas con la espada.
- Qué? Tú le pegaste a Olivia!- dijo Draco defensivamente por sobre el hombro de Andy, al que había abrazado estrechamente. Harry no dijo nada, pero los miró largamente, y algo pasó por sus ojos, antes de volverse a Lawliet, que observaba la escena desde la puerta, o más bien, desde donde debía haber estado la puerta.
Que había desaparecido.
- Y LA PUERTA?- exclamó Harry, que ya tenía anticuerpos contra las apariciones y desapariciones súbitas. ( y era mago!)
- Pensé que no querían interrupciones.- dijo Lawliet, que había vuelto a esconder las manos en los puños de la camisa blanca demasiado grande que usaba y parecía levemente confuso.
- ES UNA HABITACIÓN CON UNA SOLA PUERTA Y SIN VENTANAS, IDIOTA RETRASADO!-
- Pero podemos hacer desaparecer un muro… o el techo… o el suelo…?- dijo Lawliet, apuntándoles según los mencionaba con una sonrisa.
- Cómo vas a hacer eso?- aún mientras los decía, Harry presintió que era un error.
- Así!-
- AAAAAAAAAAAHHHHHH!-
- Todos los hombres son iguales que los antiperspirantes malos… te abandonan cuando más los necesitas…- Hermione se había vuelto e envolver en su chal y se paseaba, furiosa arriba y abajo, mordiéndose un mechón de pelo. Había subido tan mal humor que hasta una manada de Gryffindors muertos de curiosidad por la debacle que parecía estaba por echar abajo las ventanas de la Torre de Astronomía y seguía, pero Hermione se había encerrado en su habitación irritadísima y les había cerrado la puerta en la cara.- Idiotas… imbéciles… que los parta un rayo, no sé porqué me meto yo en cosas que no me importan, cosas peligrosas que… y tengo que estudiar! Si me distraigo perderé mi beca, y la última vez no me fue tan bien en Herbología!- agregó, cansada de hablar sola, deteniéndose frente a su querido cuadro. El chico parecía tener una sonrisa comprensiva.
- Perdona No me refería a tí.- agregó Hermione, apoyando la nariz en el cuadro y cerrando los ojos con una sonrisa.- Tú nunca me abandonas…-
THUD POMPPOMPPOMP
- Cómo es que se las arreglaron para… c-caer todos… encima de MÍ!- ladró Harry, sacándose de encima a los otros tres flaquitos. Los tres cayeron sentados, pero Lawliet rodó como una pelota y se puso de pie con un movimiento fluido, casi como si fuera de goma.
- Eso es ballet?- preguntó Andy.
- No, eso es tener vértebras en las rodillas.- dijo Draco un poco celoso mientras se sacaba polvo del pelo.- Gracias por tu… demostrativa escapada. Dónde estamos?-
- En el piso inferior de la Torre de Astronomía, me imagino.- sugirió Harry, que esperaba no tener nada roto.
- Pensé que sería muy obvio, así que doblé el plano y nos hice caer al otro lado.- dijo Lawliet, sonriendo amablemente.- lo doblé hacia arriba, así que estamos en la Torre Gryffindor, creo.-
- Te aprendiste el mapa del colegio?-
- Sabes doblar el plano? Pero eso es magia ilegal! Es magia de ladrones! Es…!-
- Tú dices… doblar el cielo así?- dijo Andy, colocando las palmas abiertas con los meñiques juntas y cerrándolas al costado como una bisagra, antes de voltearlas a un lado y luego al otro. Lawliet asintió vigorosamente.
- Eso.-
- Qué inteligente eres!-
- …no es para tanto… cualquiera puede hacerlo…- Lawliet se sonrojó y se frotó la nuca antes de sonreírle a Andy, que asintió encantado. Draco y Harry se miraron, casi esperando que empezaran a palmotear y felicitarse.
- Qué es esto, el freak show?-
- Dicen que a las cucarachas…-
- Bah, cállate, Potter.-
Los cuatro se hallaban en un ático de piedra gris, con techo en punta, lleno hasta los topes de camas destrozadas, plumones manchados, armarios desfondados y maletas y baúles gastados: era la sala de storage de Gryffindor, en donde se metía todo lo que no se usaba. Harry, moviendo la cabeza incrédulo, miró a Draco, e hizo un gesto para salir de ahí, pero Draco frunció el ceño.
- Espera. No podemos bajar a tu Torre con Andy. Lo encontrarán de inmediato! Tenemos que esconderlo!-
- Sería más fácil si confesaras adónde mandaste a Selene, sabes.- dijo Harry con acidez, volteándose al atemorizado Andy, que se escondió detrás de Lawliet, el que no entendía de la misa la media.
- Yo… no le hice nada! No lo sé!-
- Otro más "no sé" y te parto…-
- Harry! Déjalo!-
Harry miró a Draco como si no le creyera a sus oídos.- No te creo… me estás… Draco! Es Selene! Ella nos crió!-
- Selene es una mujer adulta!-
- Tiene dieciocho!-
- Es una vieja mayor de edad!-
- Déjame que le pegue un par de sacudones a éste, no se va a romper, maldita sea!-
- No permitiré que lo lastimes para sacarle información!-
- Nadie necesita lastimar a un libro para sacarle información.- dijo Lawliet amablemente. Mientras Harry y Draco, que estaba casi pegados discutiendo, se voltearon a mirarlo pensando que sí, definitivamente los extranjeros estaban todos majaretas, Lawliet se volteó, y extendiendo las manos, permitió que un enorme relámpago azul escapara de sus manos.
- AIIIE!-
