¡Hola!
Esperamos que disfrutéis de este nuevo capítulo, nuestros protagonistas van a celebrar un cumpleaños especial, veamos cómo se lo pasan.
Muchas gracias por comentar y leernos.
May we meet again.
NEKINSEY
CAPITULO 19
Las vacaciones de Navidad se habían pasado volando. El mes de enero llegó de forma imprevista y con él un frío mucho más destacable. La universidad volvía a estar llena de estudiantes que repasaban para los exámenes que aún faltaban por hacer y los grupos de amigos se reencontraban con alegría entre abrazos y besos.
De nuevo Lexa y Bellamy se adentraron en sus habitaciones para no salir hasta haber acabado con cualquier tarea con la que se jugasen la nota del semestre. Los días fueron sucediéndose, además de las semanas, y sin siquiera darse cuenta se encontraban en los últimos vestigios del mes.
A pesar de estar absortos en los estudios, eso no significaba que no sacaran algo de tiempo para hacer otras actividades: ellos mismos quedaban a solas en cuanto podían para despejarse del ajetreo académico. En uno de sus encuentros acordaron ir al mar a surfear, que no tuvo otra consecuencia que Lexa resfriada durante más de tres días mientras el chico intentaba pedirle perdón por haberla convencido de hacer ese deporte.
Lexa siempre intentaba ir dos días a la semana como mínimo a la biblioteca, entre otras cosas para ver a su chica favorita. Estudiaban entre susurros y algún que otro beso, aunque la concentración se perdía fácilmente cuando una de las dos se entretenía en el cuello de la otra. Asimismo, Bellamy seguía encontrándose con Murphy en los entrenamientos de rugby, si bien es cierto que no era suficiente: normalmente esperaban a que los demás compañeros desapareciesen de los vestuarios para sorprender al otro y arrebatarle más que un beso o jadeo.
Cuando hicieron el último examen, ninguno podía creérselo; tras más de dos meses de estudio intensivo, al fin eran libres. Y lo que era mejor, tenían una semana sin clases que iban a aprovechar para algo en concreto.
-Me siento rara sin tener que estudiar nada –dijo Lexa mientras se tumbaba en la cama boca arriba, mirando a Bellamy, que cerraba la puerta de su habitación.
-Un poco –afirmó, sentándose al lado de su amiga y colocando sus piernas encima de sus muslos.
-Ay, sí, dame un masaje –Bellamy suspiró y llevó sus manos a las pantorrillas de la chica al mismo tiempo que ejercía presión en la zona. Lexa cerró los ojos-. Uf, se nota que John te ha estado enseñando trucos…
Las pocas uñas que Bellamy tenía se las clavó en la piel a la chica, que reaccionó con un grito de protesta.
-Bueno, ¿vamos a hacer lo que dijimos? –le preguntó Lexa, apoyándose en sus codos.
-Claro. Ya sabes que me encanta la idea: frío, nieve, aire puro... –Bellamy inspiró hondo, como si estuviese oliendo el mejor aroma del mundo.
-¡Perdón por el retraso!
Octavia entró en la habitación de su hermano cargada de bolsas, con un libro en una mano y la mochila al hombro. Iba tapada hasta el cuello con un abrigo que parecía quedarle dos tallas grandes.
-Eso no te lo he visto yo antes –repuso Bellamy, observándola de hito en hito. Octavia sonrió coqueta.
-Ya… es que me lo ha prestado Lincoln.
-Ya veo… -dijo el chico, moviendo las cejas con rapidez. Su hermana se rio y se sentó en la cama de Monty, frente a ellos.
-¿Habéis dicho algo nuevo sobre el tema?
-No, acabamos de llegar –le dijo Lexa, que con un leve movimiento de pierna le indicaba a Bellamy que siguiese dándole un masaje.
-Genial, porque quería deciros que ya he reservado la casa.
-¿¡Ya?! –exclamaron los dos a la vez.
-Sí, que luego nos quedamos sin poder ir. Le he dicho que para… -Octavia empezó a contar con los dedos mientras movía la boca sin producir sonido- nueve personas.
-¿Tantos somos? –preguntó Lexa.
-¡Sí y nos lo vamos a pasar genial! –contestó Octavia, alzando los brazos- Hay que organizar la comida y la bebida, además tenemos que ver quién…
-O, cálmate, que queda más de una semana –dijo Bellamy-. Lo más importante es darle una buena excusa a Clarke… -giró la cara hacia Lexa- y que se la crea –enfatizó.
-No te preocupes –le tranquilizó su amiga con una sonrisa enorme pintada en el rostro-. Ya tengo todo preparado.
-¿Y qué le vas a decir?
-Que para su cumpleaños quiero hacerle algo especial y que conduciré yo hacia la sorpresa.
Bellamy y Octavia se rieron al escucharla, cómplices.
-A ver si se cree que va a tener noches de pasión desenfrenada contigo y luego aparecemos todos allí –dijo risueño el chico. Lexa le sacó la lengua en un gesto de burla.
Habían decidido que, tras este periodo de estrés, lo mejor que podían hacer era relajarse todos juntos. El cumpleaños de Clarke estaba a la vuelta de la esquina y lo iban a hacer coincidir con una escapada a un pequeño pueblo montañoso que, según les habían dicho, iba a encantarles. Los tres habían avisado a los demás para confirmar su asistencia y todos habían dicho que sí, incluso Lincoln, que parecía algo más unido al grupo desde la cena de Navidad.
Lexa esperaba con toda su alma que todo saliese bien y que Clarke tuviese el mejor cumpleaños de su vida.
Habían pasado todo el día juntas. Por la mañana temprano había ido a su habitación para llevarle un desayuno y una rosa; simple, pero la sonrisa de Clarke no la habría cambiado por nada. Tras tomar la primera comida del día, empezaron los besos y las palabras que tenían las dos para expresar su amor por la otra. Y después de esos momentos más románticos, que acabaron durando casi toda la mañana y que no cambiaría por nada del mundo, se ducharon juntas para prepararse e ir a comer a un restaurante donde Lexa había reservado mesa para la ocasión. Se alargó más de lo previsto porque se entretuvieron demasiado en dedicarse sonrisas o caricias en la mano de la otra sobre el mantel, pero llegaron a tiempo al cine a la sesión que tenían acordada para finalizar su cumpleaños. Eso fue lo que pidió la chica; ahora quedaba lo que había preparado la morena.
-¿Te ha gustado la película? -preguntó Lexa a Clarke, una vez salían del cine y, de momento, juraría que su chica no sospechaba nada.
-Sí, y ha sido el mejor cumpleaños de la historia -agarró la mano de la morena tras darle un suave beso en los labios.
-Aún puede mejorar -comentó sonriendo y mordiéndose el labio cuando la rubia la miró con las cejas alzadas y con una sonrisa pícara. Probablemente era una frase con un claro doble sentido.
Llegaron al coche y, antes de arrancarlo, se colocó frente a ella, sonriendo en mitad del beso que le empezó a dar.
-No hay mucha gente aquí, ¿crees que podríamos tachar de nuestra lista eso de hacerlo en un coche?
-¿Qué lista? -preguntó Lexa agitada, echando levemente la cabeza hacia atrás para dejar que le besase el cuello.
-Nuestra lista de sexo.
-Ah, ¿tenemos una? -sonrió divertida mirándola ahora que se había puesto frente a ella de nuevo.
-Sí, en ella están: hacerlo en el coche, hacerlo con el arnés, hacerlo en la piscina,... pero tenemos que esperar a verano -aclaró ese punto-. ¡Ah! También quiero hacerlo donde nos besamos después de Halloween, ¿te acuerdas?
-¿Cómo no me voy a acordar? -sonrió recordando ese momento y las ganas horribles que tenía de besarla, y cómo habían mejorado las cosas, porque ahora la podía besar siempre que quería.
-Vale, y tras esta explicación… Vamos a hacerlo -la mano de Clarke se coló bajo su chaqueta, acariciándola sobre la camiseta que llevaba debajo.
-Espera, espera -pidió Lexa. Su chica tenía un poder increíble sobre su deseo sexual, no iba a negarlo, pero tenía que seguir con su plan-. Abre la guantera -la chica le hizo caso y sacó un lazo ancho que había-. Ahora tengo que taparte los ojos para la última sorpresa de cumpleaños, ¿vale?
Habían llegado hacía más de una hora y ninguno de ellos paraba en un mismo sitio durante más de unos minutos seguidos: las maletas, mochilas y bolsas llenas de objetos, comida, bebida y regalos se apilaban en la entrada de la casa, aunque poco a poco el número de bártulos iba disminuyendo.
Bellamy se apoyó en el resquicio de la puerta, la cual tenían abierta. Miró al horizonte y todo lo que veía eran montañas en la oscuridad de la noche, un poco de bruma a lo lejos y sentía en la piel cómo el aire frío del invierno le rozaba. Era verdad que prefería el mar, pero cualquier paisaje que incluyese un sinfín de naturaleza en estado salvaje le encantaba. Uno de los motivos por los que Octavia y Lexa habían terminado escogiendo también este destino era por su insistencia con respecto a todo lo que rodeaba la casa: arbustos llenos del rocío de la noche, que casi estaba convertido en finas hileras de hielo; árboles de hoja perenne alrededor de ellos, conformando un pequeño bosque o la impresión de que lo había; caminos poco asfaltados y con la casa más próxima a más de doscientos metros.
Inspiró con fuerza y volvió a entrar. No debía faltar demasiado para que llegasen llegasen allí y todo tenía que estar listo.
-¿Cómo va esa decoración? –preguntó, acercándose a los encargados de adornar las paredes, el techo y de colocar algunas flores que Lexa había escogido encarecidamente para la ocasión.
-Si nos ayudaras, a lo mejor terminábamos más rápido –respondió John, mirándole con suspicacia. Bellamy rio y fue hacia él, dándole un pequeño beso en la mejilla.
-Vale, os voy a ayudar.
Quince minutos después ya tenían todo preparado: Raven había colocado las mochilas y maletas dentro de los armarios para que no estorbasen en los días que iban a estar allí, Octavia y Lincoln organizaron la cocina, Monty, Murphy y Jasper finalizaron la limpieza de la casa y Bellamy esperaba expectante con globos en la mano que le deseaban a Clarke Feliz cumpleaños.
El ruido de unas ruedas en el silencio de la zona provocó que se escondiesen tras el sofá y la barra de la cocina, que conectaba con el salón. Bellamy le indicó a John que se callara, pues le había dado un ataque de risa con Monty desde su posición.
-¡Callaos! –les susurró justo antes de que la puerta se abriese y por ella aparecieran Lexa y Clarke.
Esta última tenía los ojos tapados por un lazo blanco y grueso; al mismo tiempo, extendía los brazos, como si esperara toparse con algo frente a ella.
-Lex, dime qué es –le decía a la chica que tenía al lado, que se reía entre dientes mientras la sujetaba del brazo para que entrase en la casa.
-Solo un poco más…
En cuanto estuvo en medio del salón, Lexa le acarició el pelo y desanudó la venda, que cayó con lentitud por la nariz de la rubia. Bellamy, que observaba la escena sin ser visto, se mordía el labio para que no se le escapara una risa.
-¿Pero qué es esto? –preguntó con inocencia Clarke una vez vio toda la decoración de la estancia.
-¡Sorpresa!
Todos salieron de su escondite al mismo tiempo, con los brazos alzados y felicitaciones en forma de cartulina, regalos y confeti. Clarke se llevó una mano a la boca por la sorpresa y giró la cara, buscando la mirada de Lexa, que se limitaba a sonreír ante el espectáculo.
-¡Feliz cumpleaños, pringada! –exclamó Raven, que fue la primera que tomó la iniciativa y se abalanzó sobre Clarke para darle un abrazo.
-Pero, pero… -murmuraba la cumpleañera sin saber qué decir.
-Veo que la sorpresa no te ha gustado, ¿no? –dijo Octavia al acercarse a Clarke para también abrazarla.
-Ningún problema en la carretera, ¿no? –le preguntó Bellamy a Lexa, saliendo de la cocina y posando una mano en su hombro.
-No, ninguno –la chica observó a Clarke, que ahora se reía con los demás-. Parece que el plan ha sido todo un éxito.
-¡Si es que eres la mejor estratega del mundo!
Bellamy se aproximó a su amiga y la alzó, cogiéndola de la cintura. Lexa dio un grito que hizo que todos se volviesen para observarles con una mirada estupefacta.
-Bellamy, os vais a caer –le avisó Octavia desde la distancia.
Su hermano obvió la advertencia y siguió girando a Lexa: los dos se reían a carcajadas mientras el chico le hacía cosquillas a ella a pesar de que intentaba que la soltase en algún momento.
-Bell, bájala ya que se va a marear –le aconsejó ahora Murphy.
-No les va a pasar nada.
-Claro, Monty, como tú no los has visto hacer lo mismo miles de veces pues…
-Sois unos exagerados, seguro que… ¡Mierda!
La exclamación de Raven se oyó junto a un estruendoso sonido de cristal y un golpe sordo. Bellamy había tropezado con la mesa del café y, por consiguiente, se le había doblado la pierna. Trastabilló con la intención de mantener el equilibrio, pero no pudo conseguirlo: tuvo la suerte de caer sobre el sillón, con Lexa encima de él, aunque el jarrón de la mesa se rompió en mil pedazos por el golpe del pie de la chica, que ni siquiera se dio cuenta hasta segundos después.
-¡Os lo dije! –reaccionó Octavia, acercándose a ellos. Todos la siguieron para comprobar que ambos se encontraban bien.
Bellamy miró a Lexa, que seguía sobre él. Esta le dio un golpe en el brazo con una cara más que seria y el chico no pudo evitar reírse ante la expresión tan graciosa que tenía su amiga y, al final, le contagió la risa.
-¿Estás bien? –preguntó Clarke a Lexa. Se colocó a su lado y le apartó el pelo de la cara. La chica asintió con un asomo de diversión en sus labios.
-Sois unos niños pequeños –dijo Jasper, que negaba con la cabeza junto a los otros chicos.
Bellamy se incorporó y Lexa lo hizo con él, colocándose de pie. El chico echó un vistazo al destrozo que que habían ocasionado con el jarrón y levantó la vista hacia los demás.
-Habíamos pagado la fianza de la casa, ¿verdad?
Se empezaron a escuchar las risas por toda la casa. Lexa, Clarke, Bellamy y Murphy se habían ofrecido a preparar la cena para todos esa primera noche y se repartieron las tareas: mientras Lexa y Murphy se encargaban de los platos principales, sus parejas se habían puesto a preparar un bizcocho.
-Vamos, confía en mí, echa más -se escuchó la voz de Clarke, y Lexa miró sonriente sobre su hombro a su chica, concentrada con Bellamy, ambos con harina en las mejillas-. Mi madre hace doscientos tipos de bizcocho, y yo la he visto hacerlos. Se puede decir que soy una experta.
-Ya, pero no me fio mucho de tus ojos. Mira en quién te has fijado… -comentó echando más harina y llevándose una colleja de Lexa que pasaba por detrás de él para coger otro ingrediente más para su creación- Era broma, guapa -sonrió.
Siguieron concentrados en sus cosas cuando Murphy habló.
-¿Por qué están tan callados de repente? -susurró a la morena, que se encogió de hombros.
Entonces pegó un grito cuando sintió un golpe en su culo acompañado de unas risas. Lexa se giró para verles tapándose la boca con las manos como si hubiesen hecho la mayor de las travesuras, y empezó a negar con la cabeza.
-¿Qué hacéis? -ellos se mordieron el labio, mirándose.
-Date la vuelta otra vez…
-No.
-¡Vamos! -Bellamy sacó su móvil y empezó a enfocar desde la cámara de este. Lexa suspiró, girándose otra vez y viendo cómo Clarke se arrodillaba a su lado posando para la foto.
Cuando Lexa miró la foto que le enseñaban volvió a negar con la cabeza, esta vez con una sonrisa, observando en ella a la rubia haciendo que tocaba su culo y en cada uno de sus cachetes la sombra de una mano hecha con harina, una más grande y otra más pequeña.
-Ahora me lo limpiáis -se hizo la ofendida, y los dos se miraron sonriendo como un par de pervertidos. Se oyó la risa de Murphy con la escena.
-Yo también puedo limpiarte.
-¡Chicos! ¡Salid un momento! -llamaron desde fuera de la cocina. Los cuatro, aún entre risas por sacudir la harina de Lexa, salieron al el salón.
-Raven insiste en dar su regalo a Clarke ya y dice que te sientes en ese sillón -señaló Octavia el sitio en concreto.
-Ay, Dios, dime que no es un baile erótico o un striptease…
-Tú siéntate y calla -dijo Jasper. ¿Ya estaba borracho?
Lincoln le dio al play a una radio que había allí, y Lexa mordió su labio nerviosa porque a saber qué tenía planeado esa chica. A los pocos segundos de que empezase a sonar la música, la luz se apagó y Octavia y Monty alumbraron con linternas hacia el marco de la puerta. Lexa sintió que el rojo invadía otra vez sus mejillas, pero había alguien que estaba más nervioso que ella, y era Bellamy.
El moreno recorrió con sus ojos a la chica que tenía sus manos apoyadas a ambos lados de la puerta: estaba completamente desnuda, su cuerpo lo adornaba un lazo sobre sus pechos, que cubrían sus pezones, y un culote diminuto con un pompón sobre su pubis. Raven sonreía orgullosa, como siempre, de lo que mostraba, y se empezó a acercar a Clarke al ritmo de la música.
-Hoy voy a hacer tu cumpleaños especial, Clarke -la chica se arrodilló en el suelo y pasó sus manos por las piernas de la rubia, que se tapó la cara con las manos-. Y para que tu chica no se ponga celosa -miró a Lexa, que quería que la tierra se la tragase, y le lanzó un beso junto a un guiño-, os propongo cumplir vuestra fantasía y probar nuevas experiencias con esto -se señaló de arriba a abajo levantándose y dejándose caer sobre Clarke de espaldas.
Agarró sus manos para que pasasen por su vientre, y John miró a su chico, que mordía su labio con la escena, acercándose para susurrar en su oído.
-Igual hay otro vale y podemos hacer ese trío con ella, recuerdo lo cachondo que te pusiste con la idea -y, discreto, le dio un mordisco en la oreja que le hizo estremecer.
-Cállate -pidió Bellamy, agarrando su propia pierna con una mano e intentando dejar de mirar el cuerpo de aquella chica.
-Quizá si sigue un poco más, consigue ponerte duro y le podemos pedir que nos ayude a bajarlo… -volvió a susurrar de igual forma y con esas palabras notó cómo a lo que se refería medio despertaba.
Lexa miraba atónita lo que sucedía: Raven se movía de manera casi sensual sobre Clarke, y medio desnuda. Bueno, realmente medio no era, podría decir que estaba desnuda casi por completo, lo que la cubría no daba mucho lugar a la imaginación.
-Raven -dijo Clarke, separándose de ella-, agradezco tu regalo, pero, de momento, prefiero no compartir a Lexa.
-Jo -puso morros-. ¿Y el trabajo que me ha costado hacer el disfraz?
-Bueno, siempre puedes dejármelo y te grabamos un vídeo.
-Genial -sonrió ampliamente y extendió su mano-. Es un trato -sellaron el pacto con un apretón y se acercó a la de ojos verdes que se sintió incómoda con la cercanía de la chica tan descubierta-. Me muero por ver ese vídeo -lo susurró contra su oído antes de darle un mordisco en el lóbulo de su oreja.
-¡Eh! No te pases ni un pelo -protestó la rubia, y Lexa medio sonrió por cómo defendía su territorio-. Ve a ponerte ropa.
-Pensaba quedarme así lo que quedaba de noche, tengo calor con esa chimenea puesta; soy de sangre caliente, querida -y fue a por un vaso.
-Se puede quedar así, por mí no hay problemas -Jasper se llevó una colleja de su novio, que lo miraba serio-. ¿Qué?
-Raven, vístete, que me apuesto a que más de uno se está cuestionando su sexualidad.
-¿Tú incluida? Aún recuerdo nuestro beso -rodeó su cuello con los brazos, haciendo que Octavia riese sujetando su cintura-. ¿Crees que Lincoln sí querrá ese trío? -dijo en un susurro mirando el chico en cuestión.
-No, creo que no, pero te lo agradecemos. Puedes preguntarle a Murphy si no le importa -Raven levantó la ceja y fue hacia la pareja que estaba sentada en el sofá. John sonreía pícaro y Bellamy no sabía si salir a correr o no.
-Hola, guaperas -se sentó sobre las piernas de John, que rodeó su cintura con un brazo.
-¿Vienes a ofrecernos algo? -Raven empezó a pasar su dedo por la mandíbula de Bellamy, que la apretaba intentando mirar hacia otro lado.
-Me preguntaba si alguna vez has estado con una mujer.
-Alguna vez -ladeó su cabeza, y Bellamy miró curioso al chico.
-¿Alguna como yo? -entonces negó.
-Más quisiera, igual ahora no sería gay.
-Aún estás a tiempo de cambiar de acera -John soltó una risa con la frase-. Aunque siempre puedes probarme con tu novio -sonrió pasando su mano por su pelo, despeinando sus rizos-. Debido a que han rechazado mi oferta de trío, os la dejo en pendiente a vosotros.
Lexa miró la escena extrañada mientras Clarke la rodeaba con los brazos desde su espalda dando suaves besos en su nuca, andando hacia la cocina otra vez.
-A ver si nos dan un poco de intimidad -susurró, haciendo que Lexa sonriera y se dejase atrapar contra la encimera.
-Venga, ¿quién se anima?
Estaban todos alrededor del fuego de la chimenea, menos Octavia y Lincoln, que se disculparon para irse a su habitación porque decían tener sueño. Lexa estaba sentada en uno de los sillones con Clarke abrazada a ella. Notaba cómo el sueño se iba apoderando poco a poco de sus sentidos y, de vez en cuando, echaba la cabeza en el hombro de su chica para descansar, aunque esta siempre la volvía a despertar con un escueto beso y una sonrisa cómplice. Ni se te ocurra dormirte, le decía al oído, aún queda mucha noche por delante.
Lexa sonreía con los ojos cerrados y se acurrucaba más contra su cuerpo, tan cálido que no quería separarse de ella nunca.
Los demás habían ocupado los sitios disponibles de distinta forma: Monty y Jasper estaban tapados con una manta en otro sillón, Murphy había apilado unos cuantos cojines al lado del sofá y también había cogido una manta a causa del frío, Raven había optado por colocarse en una esquina del sofá con los pies apoyados sobre él y Bellamy estaba en el otro extremo, con las piernas cubiertas por lo que parecía una sábana de franela.
Habían cenado hacía bastante rato y ya era el momento de relajarse un poco. Algunas bebidas estaban sobre la mesa del café junto a vasos para cada uno por si querían echarse algo líquido por la garganta. El primero en decidirse fue Murphy, que agarró el que se encontraba más cerca de su posición, y se decantó por mezclar un poco de alcohol con una bebida refrescante.
-¿Animarse a qué? -preguntó una vez tuvo el vaso lleno en la mano. Bellamy vio cómo se lo llevó a los labios y le guiñó un ojo, incapaz de contenerse ante el gesto del chico. John se rio por lo bajo y negó con la cabeza- No son horas para esos menesteres.
-Si tú lo dices… -dijo Bellamy y Clarke soltó una pequeña risa, haciendo que Lexa levantase el rostro sorprendida.
-¿Te habías quedado dormida? -le preguntó la rubia acariciando su oreja. Lexa se llevó la mano a los ojos, restregándoselos, y negó.
-No, no…
-Vale, esto está desanimándose -exclamó Bellamy, sentándose en una mejor posición-. Vamos a hacer algo, venga.
-¿Qué propones? -preguntó esta vez Raven, ahora también con un vaso en la mano al que no paraba de mirar.
-¡Hemos traído juegos de mesa! -dijo de repente Monty, alzándose en su asiento y llevando consigo a Jasper, que asentía.
-Están en nuestra habitación, vamos a… -empezó a decir el chico, pero Bellamy lo cortó con un movimiento de mano.
-Tengo una idea mejor.
Todos lo miraron expectantes, sin saber qué iba a decir a continuación y por qué la pausa era tan dramática.
-¡Contemos historias de miedo!
-¡No!
Lexa casi tiró a Clarke del sillón al incorporarse. Parecía que el sueño se le había quitado de repente.
-¿Por qué no? -preguntó Bellamy, juntando las cejas en una mueca de disgusto.
-¡Porque dan miedo!
-Ese es el propósito, Lexa, que den miedo.
-Pues a mí no me gusta ese plan…
-Yo me apunto -dijeron a la vez Murphy y Raven. Se miraron, sorprendidos por la reacción tan parecida, y Bellamy sonrió mientras juntaba las manos y las frotaba entre sí.
-¡Que no!
-Pero si son tonterías, Lexa -comentó Monty, echándose sobre el pecho de Jasper.
-Además, vamos a dormir todos juntos aquí. No nos puede pasar nada… O sí.
Se echó sobre Monty, intentando morderle el cuello, y este fingió que le dolía ante la risa de todos, menos la de Lexa.
-No me hace ninguna gracia.
-Cielo, vas a dormir conmigo -le susurró Clarke al oído, lo que la hizo estremecer por un instante-, y yo no voy a dejar que te pase nada malo.
Lexa resopló y, tras unos segundos de tensión, asintió. La sonrisa de Bellamy se agrandó.
-¿Quién sabe alguna historia? -preguntó Murphy, que ya se había acabado su bebida.
-Yo me sé unas cuantas, pero no soy bueno contándolas.
-Mentiroso.
-Es verdad -continuó diciendo Monty-. Bellamy sí se las arregla muy bien.
-Pues te toca -le animó Raven, empujando el muslo de él para incitarle a relatar.
-Si insistís -dijo de broma-. Pero antes…
Bellamy se levantó de un salto y apagó las luces del salón. Solamente se veían las chispas que desprendían las llamas de la chimenea y la mesa del café débilmente alumbrada. Lexa soltó un pequeño grito de impresión al igual que Raven, que se acercó la bebida al pecho como si fuese a protegerla de algo.
Se oyó el ruido del sofá e inesperadamente la cara de Bellamy apareció entre la oscuridad gracias al foco de una linterna de luz blanca.
-Joder, si empezamos así… -protestó Lexa, que lo miraba con odio. Clarke le acariciaba la espalda, intentando no reírse ante el comportamiento de ella.
-Estás genial con esa luz, ¿sabes? -se burló Murphy, con la espalda apoyada en el respaldo del sillón.
Bellamy carraspeó y su expresión pasó a ser de seriedad absoluta, al igual que su voz, que sonaba mucho más grave que antes.
-A lo mejor habéis oído circular esta historia por la facultad, pero a mí me la contaron el primer año de universidad -empezó a decir, fijando la vista en todos los presentes-. Según me dijeron, en una de las residencias de chicas, seguramente la vuestra -señaló a Raven y seguidamente a Lexa y Clarke-, ocurrió algo hace no muchos años. Algunos dicen que es solo una leyenda urbana, pero… ¿y si no lo es?
Murphy no pudo evitar soltar una risa, llevándose una patada en la nuca por parte de Monty, que le susurró que se callara.
-Por lo visto -prosiguió Bellamy-, había dos chicas que compartían habitación allí.
-Es lo lógico -se mofó Raven ahora, pero el chico obvió el comentario.
-Eran amigas desde antes de entrar en la universidad y se conocían como las que más. Compartían casi todo, se contaban sus mayores secretos… eran más hermanas que simples confidentes.
Lexa se encogía poco a poco en el sofá, desplazando a Clarke hacia un lado, y al final la rubia prefirió sentarse en el suelo sin apartarse demasiado.
-No me dieron muchos más detalles, pero se decía que ambas llevaban a personas a su habitación para, bueno… -volvió a carraspear, esta vez con una sonrisa ladina- pasar el rato.
-¿Esto no era una historia de miedo? -susurró Raven, volviéndole a dar en la pierna bajo la sábana.
-Lo es. Para que ninguna de ellas coincidiese, se pusieron de acuerdo en que, cuando alguna estuviera ocupada, tenía que dejar colgado del pomo de la puerta un pañuelo. Así la otra sabría si podía entrar o no.
-Eso lo hacemos Clarke y yo -dijo de repente Raven. Había soltado el vaso en la mesa y le había robado un cojín a Murphy, colocándose frente a su pecho.
Bellamy fijó su mirada en ella y luego en Clarke, que se mordía el labio sin saber qué decir.
-Pues espero que no corráis la misma suerte que estas dos…
-¡Calla y sigue! -le gritó Lexa, que estaba completamente cubierta hasta los ojos.
-Les pareció un código bastante efectivo -continuó Bellamy, aún con la linterna enfocando su rostro, lo que le daba un aire más tétrico-, así que lo utilizaron a partir de ese momento y de esa forma evitaban peleas. Una de ellas llegó al cuarto una noche, cansada a más no poder por los exámenes y las actividades que hacía aparte de la facultad. Se fijó en que el pañuelo no estaba en el pomo de la puerta y dio gracias por ello. Entró decidida pero, en cuanto pisó la habitación, supo que había algo extraño.
De repente oyeron un ruido fuerte en la estancia y todos sin excepción se sobresaltaron e incluso gritaron sin poder contenerse. Una de las ventanas se había abierto de par en par y sus hojas oscilaban por el viento nocturno. Una ráfaga de este recorrió el salón, haciéndolos temblar de arriba a abajo.
-Joder… -dijo Lexa, casi escondiéndose bajo la manta. Clarke le acarició el pie, envuelto en un calcetín, para intentar tranquilizarla.
-¿Lo tenías preparado? -le preguntó Murphy a Bellamy tras cerrarla con el seguro.
-La verdad es que no -confesó este-, pero no nos ha venido mal…
Raven abrazó el cojín que tenía, Murphy se acercó un poco más al sillón y Monty se acurrucó con Jasper, esperando la continuación de la historia.
-Como iba diciendo, la chica entró en el cuarto. Creía que su amiga estaría sola, pero junto con algunos de sus jadeos escuchó gruñidos. Suspiró frustrada: ya podrían haberse ido a otro lugar, pensó, pero como no había encendido la luz y ella estaba muy cansada, decidió meterse en la cama enseguida con los cascos puestos. Ya le llamaría la atención a su amiga al día siguiente -Bellamy paró un momento de relatar. Apagó la linterna sin que los demás se diesen cuenta y a los pocos segundos la volvió a encender, formando una sonrisa en su rostro-. Al cabo de un rato se quedó dormida, se dio media vuelta en la cama y no se despertó hasta que los rayos de sol entraron por la ventana y le dieron en los ojos. Bostezó, se incorporó y se estiró para empezar bien el día, hasta que giró la cabeza para ver a su amiga… -Bellamy se calló, agarró la linterna con más fuerza y, en un movimiento brusco, se la acercó más a la cara- muerta.
Se oyeron varios gemidos: Lexa se tapó la cara con la manta, temblando bajo esta; Raven tragó saliva y encogió los pies, como si se hiciese un ovillo; Murphy se había levantado del suelo en algún punto de la historia y se había sentado al lado de Raven, más cerca de Bellamy, aunque no sabía si había sido una buena idea; Monty había dado un pequeño salto en el sillón y Jasper solamente miraba a Bellamy y a su alrededor, el poco que había con luz.
-En la cama de al lado se encontraba el cadáver de su amiga, totalmente descuartizado: tenía la cara deformada, las vísceras fuera y una postura que difícilmente hubiese aguantado estando viva. La chica no pudo ni formar una palabra con sus labios hasta que vio unas letras rojas que decoraban la pared del lado de su amiga… ¿A que no te arrepientes de no haber encendido la luz? -Bellamy volvió a callar, esta vez con un rictus serio.
Raven suspiró, aliviada por que la historia hubiese terminado.
-Vaya peliculón te has montado -dijo, con una pequeña sonrisa en el rostro. Bellamy se acercó un poco a ella y, al mismo tiempo, a Murphy, que lo miraba curioso.
-No es ninguna película. Yo creo que eso pasó de verdad. Tened cuidado Clarke y tú, que tenéis el mismo código…
Lexa resopló y bajó la manta con rapidez, enfadada con su amigo y con el mundo. Odiaba esas historias y el ambiente que se creaba en torno a ellas. ¡Un mal rato innecesario! Fue a darle la mano a Clarke para tenerla cerca, pero no estaba sentada en el cojín ni alrededor del sillón.
-¿Clarke ha ido al baño? -preguntó, mirando hacia todos lados.
Los demás miraron a Lexa, extrañados de que la rubia se hubiese ido sin avisar a nadie, y menos durante la historia de Bellamy. Este miró cerca del sofá, pero tampoco estaba allí.
-¿Clarke? -llamó Lexa, asustándose un poco.
-Parece que has gritado -le dijo Bellamy, poniéndose en pie, aún con la linterna en la mano-, igual que la chica de la historia.
A Lexa no le dio tiempo a decirle una grosería cuando se oyó un grito proveniente de la casa, a unos pasos de ellos. La estancia seguía a oscuras y todos los allí presentes se helaron, sintiendo la sangre correr a velocidad extrema por sus venas. El foco de la linterna iluminó hacia el frente y Lexa gritó con toda la fuerza de sus pulmones ante la visión que tenía frente a ella: Clarke había aparecido, con la mirada perdida entre toda esa oscuridad, y con la zona del cuello y de los hombros manchada de lo que parecía ser un líquido rojo.
-¡Clarke! -gritó de nuevo, abalanzándose sobre ella y agarrándola de los brazos. En cuanto lo hizo, esta fijó su mirada en ella, cambiando a una divertida y tierna a la vez.
-¡Has picado!
Lexa abrió la boca y no paró de hacerlo, pareciendo un pez fuera del agua. La impresión había sido tan fuerte que era incapaz de articular nada. Bellamy encendió las luces, aguantando la risa.
-¡Ha sido solo una broma, Lex! -exclamó Bellamy, acercándose a Clarke y pasándole un brazo por los hombros.
-Sois… sois… -comenzó a decir ella, pero sin acabar la frase. No había un adjetivo lo suficientemente dañino para decirles ahora mismo.
-Os habéis pasado, chavales -les dijo Raven al mismo tiempo que levantaba el dedo corazón hacia ellos.
-Pero, oye… -dijo Bellamy- Si tampoco es para tanto.
-¿Que no? -Murphy se aproximó a él y, sin darle tiempo a protestar, lo alzó de las piernas y apoyó el pecho de Bellamy en su hombro- Ahora te vas a enterar.
-¡Socorro! ¡Ayudadme! -pidió el chico, pero ninguno volvió la mirada hacia él y, por lo tanto, no vieron que los dos entraron en la habitación desternillándose de risa.
-Creía… creía… -susurraba Lexa con dificultad. Tocó las manchas rojas, que no eran otra cosa que tomate frito.
-No sabía que te iba a afectar tanto, mi amor -le dijo Clarke con culpa en la voz-, si no, no lo hubiese hecho.
-¿Cómo puedes pensar que no me afectaría? -le reprendió Lexa, enfadada- ¡Tú y Bellamy!
-Queríamos que la noche fuese entretenida y…
-Entretenida ha sido, sí -dijo Jasper.
Lexa clavó sus ojos en los aguamarina de Clarke. Siempre que se perdía en ellos sentía todo el amor recíproco de la chica, pero en ese instante solo notaba la furia crecer en su cuerpo.
-Ve a quitarte esto -le dijo con los dientes apretados, señalando las manchas rojas-. Te espero en la habitación.
Sin más preámbulo, Lexa caminó hacia allí, dejando a Clarke con la boca abierta.
-¿Estás bien? -preguntó Clarke nada más entrar en la pequeña cabaña que había en el jardín, elegida así expresamente por Lexa cuando eligieron la casa para tener un lugar más íntimo para las dos- Siento si… -lo que no se esperó fue que Lexa, automáticamente, atrapara sus labios en un beso casi salvaje, jadeando en él por la sorpresa y lo bien que sabía en esos momentos.
La morena la levantó, consiguiendo que rodeara su cintura con las piernas. Mantuvo sus muslos apretados con sus manos y la apoyó contra la puerta para cerrarla de un portazo. Una vez se mantuvo sujeta, apartó una de sus manos para poder cerrar la puerta con llave, notando la sonrisa de Clarke en el beso.
-¿Ha sido un truco para tenerme sola para ti? -Lexa mordió su labio tras lamérselos y asintió, volviendo a besarla- ¿Ya se te ha quitado el sueño? -se burló.
-Han pasado cosas que han hecho que me despierte un poco -sonrió contra sus labios.
-¿Has traído a nuestro amigo?
-Sí, dijimos que iba a ser el invitado especial el día de tu cumpleaños, ¿no?
Clarke bajó sus piernas y empezó a empujarla hasta que cayó de espaldas en la cama, tumbándose a horcajadas sobre su abdomen y deshaciéndose de su jersey y camiseta para lanzarlas lejos mientras Lexa se ocupaba de admirar su cuerpo y pasaba suavemente las manos sobre sus costados. Se agachó para capturar su boca otra vez, y la morena empezó a recorrer su espalda con sus dedos, buscando el broche del sujetador: no era necesario que lo llevase puesto. Dejó que mordiese su labio inferior mientras lo quitaba de su cuerpo, y lo lanzaba también lejos de allí. Las manos de Clarke agarraron el cuello de su camisa, tirando de ella para que se sentase mientras ella misma se arrodillaba otra vez en el colchón y sobre su cuerpo, comenzando a desnudarla también.
-¿Lo vas a llevar tú primera? -murmuró contra su cuello mientras se entretenía con los botones y bajaba su camisa acariciando sus brazos en el proceso.
-Vamos a hacerlo como tú quieras, Clarke -la chica salió de su escondite para regalarle una gran sonrisa.
-Podemos hacer tantos juegos con él… -se acercó a sus labios, y Lexa los separó para recibirla, pero solo se llevó un lametón de su parte en ellos- Igual hoy me apetecen las cosas un poco más… duras.
Lexa suspiró con sus palabras. Aún le costaba entender cómo podía tener ese efecto en ella, pero le encantaban esas sensaciones que la recorrían cada vez que estaban en esas situaciones más íntimas; daba igual cómo fuesen, lo importante es que eran con ella.
Cambió la situación, colocándose sobre ella y besando su cuello lentamente, lo que hizo que la chica se estremeciese bajo su cuerpo. Lo recorrió con la lengua hasta acabar en el lóbulo de su oreja, donde dejó un suave mordisco y un suspiro que provocó un jadeo en la chica cuando se unió a un movimiento de caderas contra las suyas.
-¿Lo llevas ya puesto? -gimió Clarke mirando hacia abajo. No se había percatado de que la morena se había vestido con el pantalón del pijama ya- Joder, Lex…
Agarró su cuello con una mano y con la otra apretó su cadera, besándola y haciendo que se volviese a presionar contra ella, sintiendo el juguete y consiguiendo otro sonido placentero de los labios de su novia.
-¿Te gusta? -preguntó para cerciorarse de que lo que hacía y el hecho de llevarlo ya bajo el pantalón era de su agrado.
-Me encanta -contestó sin aliento, bajando su mano para tocar el bulto que hacía sobre su intimidad.
Lexa bajó a su cuello para degustarlo a su antojo, usando su lengua y sus dientes, escuchando los sonidos que emitía Clarke al mismo tiempo que empezaba a desabrochar su pantalón para desprenderse de él. Hizo un camino húmedo con su boca desde su cuello, pasando por sus hombros hasta llegar a sus pechos, en los que se entretuvo un buen rato, acariciando con una de sus manos el que quedaba libre de sus labios.
Los dedos de la rubia se enredaron en su pelo, acercándola aún más a su pecho al mismo tiempo que se arqueaba contra ella. Continuó bajando, pasando su lengua por su abdomen, entreteniéndose en su ombligo y terminando de desnudarla antes de volver a bajar su cuerpo para besar sus piernas, desde sus tobillos a sus ingles, sin despegar la vista de sus ojos mientras lo hacía.
Sintió un escalofrío al escuchar su gemido cuando su lengua pasó entre sus pliegues, llenándose de su humedad, y abrió los ojos al notar cómo se sentaba acariciando su espalda mientras ella seguía entretenida con su lengua, sonriendo cuando sintió que desabrochaba su sujetador y se dejaba caer de nuevo contra la almohada con un suspiro. Levantó sus caderas, ofreciéndole ese sabor que la volvía loca.
Clarke hizo que subiese hasta sus labios, besándola con ganas, como siempre hacía tras haberla tenido en la boca, saboreando cada rincón con su lengua. Lexa jadeó cuando Clarke la dejó contra el colchón, colocándose sobre ella con una mirada felina a la vez que pasaba sus manos por sus pechos hasta llegar a su abdomen y comenzaba a bajar su pantalón, dejando el juguete a la vista ya que no llevaba ropa interior.
-Clarke… -suspiró su nombre, sentándose en el colchón cuando la vio arrodillarse en el suelo, arrastrando sus piernas para ponerla al filo de la cama frente a ella- No tienes que…
Y nunca habría imaginado la sensación que la recorrió, porque jamás había fantaseado con lo que estaba viendo ahora mismo, pero cuando Clarke sacó la lengua para lamer el juguete desde la base a la punta le faltó el aliento con la imagen que tenía delante de ella. La chica sonrió al ver su cara y bajó su boca para rodear el juguete con los labios, sin apartar los ojos de ella, e ir introduciéndoselo poco a poco en la boca. Lexa apretó las sabanas mientras la observaba, sintiendo cómo se humedecía con lo que Clarke hacía y sin que fuese realmente directamente en su piel, pero su boca la hipnotizaba.
-Agarra mi pelo y oblígame a hacerlo -le pidió, soltando el juguete unos segundos y acariciando sus muslos con las manos.
Lexa agarró algo nerviosa su pelo, sin querer hacerle daño, y Clarke le hizo una seña con la mirada para que la moviese. Lexa arqueó un poco las caderas, levantando el juguete, al mismo tiempo que bajaba su cabeza para observar cómo abría la boca para recibirlo. Soltó un jadeo sin poder controlarlo otra vez con la imagen y la escuchó gemir cuando sus dedos, inconscientemente, se apretaron más en su pelo.
Tras unos segundos, soltó su pelo cuando se levantó, besándola intensa y totalmente agitada. Lexa buscó su intimidad, gimiendo contra su boca al notarla tan mojada, y la observó cuando se separó de ella y la miró con deseo, mandando otro escalofrío por todo su cuerpo cuando la vio arrodillarse en el colchón y echarse hacia delante, dejando su culo elevado para ella. Lamió sus labios ante la imagen, sintiendo la excitación recorrerla por completo.
-Fuerte -fue lo único que Clarke le dijo mirándola sobre el hombro mientras Lexa se ponía detrás de ella, pasando sus largos dedos por su piel.
Colocó el dildo contra su entrada, sabiendo que estaba más que preparada para ella, escuchando el gemido ronco que le regaló y que le hizo cerrar los ojos cuando estuvo completamente dentro de ella. Quería fuerte. Y eso iba a hacer.
Comenzó a dar sus embestidas agarrando sus caderas con fuerza, haciendo movimientos firmes y bruscos mientras sentía cómo golpeaban sus nalgas, que quedaban perfectamente visibles para ella. Miró fijamente la forma en la que el dildo entraba y salía de su chica, elevando gradualmente la velocidad de esas embestidas y notando cómo temblaba con los gemidos que escapaban de ella.
Estiró un brazo para agarrar su pelo, escuchando un gemido más largo de su boca cuando la obligó a poner su espalda contra su pecho. Rodeó su cintura con un brazo, continuando con la penetración mientras lamía su cuello largamente y empezaba a soltar flojos gruñidos contra su oreja, sintiendo cómo se tensaba contra su cuerpo.
-¿Te gusta así? -susurró, sintiendo el lóbulo de su oreja en sus labios mientras hablaba, al mismo tiempo que subía su mano por su vientre y apretaba uno de sus pechos.
-Más fuerte -pidió entre dientes, sujetando su culo para ayudarla con las embestidas.
-¿Más fuerte? -acarició sus labios con sus dedos, suspirando cuando introdujo dos en su boca.
-Sí…
La escuchó jadear cuando la empujó otra vez contra el colchón, saliendo de ella para girarla y caer pesadamente sobre su cuerpo, encontrando su entrada con habilidad y volviendo a entrar en ella. Mordió su hombro con fuerza cuando sintió sus muslos apretar su cintura mientras la rodeaba. Intentó hacer los movimientos lo más duro que pudo, gimiendo por el cansancio contra su piel, sintiendo lo bien que resbalaban sus manos por su sudada piel. Empezó a besar sus labios, derritiéndose en su boca, sintiendo sus músculos arder por el esfuerzo y las uñas de Clarke hincándose en toda su espalda mientras se arqueaba contra ella totalmente, sabiendo que se iba a correr ya por el gemido que estaba soltando.
El cuerpo de Clarke cayó pesadamente sobre el colchón pero, lejos de parar, Lexa continuó moviéndose, llevándose una mirada curiosa de la rubia, que abrió sus ojos y dejó que la mano de la morena pasase por su frente para retirar mechones húmedos que se le quedaron pegados ahí. La rubia mordió su labio y sacó fuerzas de donde pudo para poner a la morena contra el colchón, besándola lentamente y moviéndose de igual manera sobre su cuerpo.
Se besaron dulcemente antes de que Clarke mordiese su labio inferior, ya no tan inocente, y se sentara sobre ella comenzando a mover sus caderas sobre ella de una forma que hizo que sus labios se secaran, teniendo que humedecerlos rápidamente. Lexa apreció la vista que tenía sobre su cuerpo. No sabía qué le hacía suspirar más: si el rostro de su chica con esa mirada tan penetrante que tenía en esos momentos y esos labios separados para dejar escapar sus gemidos; los pechos que tenía y esos movimientos que creaban por lo que hacía con el dildo; o esas caderas, que se arqueaban una y otra vez para conseguir esa entrada y salida de su cuerpo del juguete.
Estiró su brazo para acariciar el clítoris de la chica, que soltó un gritito agarrando su muñeca con fuerza, sin permitirle que se separase de ese sitio. Se sentó cuando la sintió vibrar de placer, cerrando los ojos con fuerza, y la rodeó con sus brazos notando cómo ella hacía lo mismo mientras decía una y otra vez su nombre contra su oreja.
-Te quiero más que a nada -dijo la morena mirándola a los ojos, agitada por los movimientos que su chica creaba, pero era una necesidad constante de hacérselo saber y de ver esas sonrisas que sacaba cuando decía esas palabras.
-Y yo te quiero más que a nada a ti, Lexa -contestó acariciando su pelo con lentitud.
Se volvieron a besar y, como muchas veces pasaba, el gesto las volvió a caldear, necesitándose de nuevo sin palabras. Lexa soltó un gemido cuando volvió a tumbarla, quitándole el arnés y poniéndoselo ella ante su atenta mirada.
-Esta noche vamos a dormir poco, mi vida. Las noches interminables también están en nuestra lista.
Lexa rio suavemente cuando escuchó la frase, haciendo que la chica lo hiciese también antes de tumbarse sobre su cuerpo con una sonrisa de lo más atrayente, atrapando sus labios con habilidad. Las noches interminables entre sus curvas estaban también en su lista, pero en la de: Cosas que amaba de Clarke.
A pesar de que las cortinas estaban completamente echadas, Bellamy sintió en su rostro los primeros rayos de sol. Agudizó un poco el oído para captar el sonido de los pájaros, despiertos hacía bastante rato.
Se tumbó boca abajo en la cama; no quería levantarse, estaba tan bien ahí que… Notó una pierna enrollada en la suya y sonrió. Se dio la vuelta y se encontró con la espalda desnuda de John, iluminada por la dorada y tenue luz del amanecer. Pasó un brazo alrededor de su cintura, acomodándose tras el chico y escondiendo la cara en el hueco de su cuello. Solo había tenido oportunidad de dormir con él así en Navidad y lo había echado mucho de menos este mes. Aspiró su aroma y le dio un beso en la piel, haciendo que el vello del chico se erizase.
-Mmm… -susurró, moviéndose contra el cuerpo de Bellamy, que sonrió.
-Buenos días, príncipe.
-Buenos días…
No le veía el rostro, pero sabía que tenía los ojos cerrados y una sonrisa en la cara, con el encanto de cualquiera que acababa de despertarse.
-Vamos a desayunar -le dijo Bellamy, dándole otro pequeño beso, esta vez en el pelo. Fue a levantarse pero John le pasó un brazo por el torso y no lo dejó.
-No te vayas aún…
-Venga, que tenemos que aprovechar el día.
-Si aquí lo aprovechamos muy bien… -con sorpresa, Bellamy comprobó que John no estaba tan dormido como parecía y lo tumbó en la cama de nuevo con su cuerpo encima- No lo puedes negar.
Bellamy sintió la boca del chico repartiendo besos por la extensión de su cuello y tuvo que cerrar los ojos porque, poco a poco, sentía cómo el placer lo inundaba. Notaba una combustión casi espontánea cuando John le hacía cualquier cosa y la verdad es que le encantaba. Sin embargo, haciendo uso de su fuerza de voluntad, lo separó de él.
-Ya tuvimos tiempo anoche, John.
Este hizo una mueca y finalmente se echó a un lado, con los brazos totalmente extendidos sobre la cama.
-Si solo fueron un par de besitos…
-Joder, si llamas a lo que hicimos un par de besitos, no quiero saber cómo le dirás a lo demás cuando lo hagamos.
John volvió la cara, curioso por lo que acababa de comentar Bellamy, cuyas mejillas y cuello pasaron del moreno al rojo en cuestión de segundos. Antes de que John se pusiera a cuatro patas en la cama y fuese a por él, el moreno corrió hacia la puerta y la cerró, en el momento en el que una almohada impactó contra ella.
Se apoyó en esta, suspirando. Cada vez que insinuaba que quería dar otro paso más con él, los nervios le carcomían: por un lado, por miedo a no saber qué hacer y, por otro, por el rechazo de John. Sabía que era una tontería, pero el pensamiento se había instalado en su mente y, aunque el chico le hubiese demostrado todo lo contrario durante el tiempo que habían pasado juntos, no podía controlar esas emociones.
Se dirigió al baño y, después de asearse, cogió una bata bastante gruesa, ya que el frío se notaba incluso dentro de la casa. Llegó hasta la cocina, donde se encontró a Lexa preparando lo que parecían ser tortitas y batidos.
-Qué bien huele -dijo Bellamy, acercándose a su amiga para darle un beso en la mejilla.
-Buenos días -le dijo ella. El chico notó que su voz no era la misma que siempre.
-Lex, perdona por lo de ayer. De verdad que…
-Me disteis un buen susto, Bell -el chico pensó que, al menos, lo llamaba por su diminutivo, lo que no era mala señal.
-Lo sé y no me gusta verte mal. Lo siento -dijo al mismo tiempo que la abrazó por detrás.
Lexa se resistió al principio, pero se relajó en los brazos de su amigo y se dio la vuelta un momento para corresponderle.
-Ahora déjame terminar esto antes de que los demás se despierten.
-¿Qué planes tenemos hoy? -preguntó Bellamy, pellizcando el borde de una barra de pan y llevándose el trozo a la boca. Cogió un mantel y empezó a preparar la mesa para el desayuno.
-Podemos ir a dar una vuelta por los alrededores de la casa, ¿no? -propuso Lexa, terminando de emplatar las tortitas- Seguro que las vistas son preciosas.
-Vale, me parece bien.
-¡Buenos días, chiquitines! -exclamó Raven, que apareció por la entrada de la cocina- Madre mía, cómo huele.
Lexa sonrió y le mostró el plato de tortitas a la chica, pero lo apartó a tiempo de que no cogiese ninguna para probarla.
En unos minutos el resto apareció por el salón y se sentaron en la mesa. Murphy saludó a todos y le dio un beso a Bellamy en los labios, haciendo sonreír al moreno.
-Lex ha propuesta ir a dar una vuelta por la naturaleza esta mañana.
-¡Genial! -dijo Clarke, volviéndose hacia su chica.
-Va a hacer mucho frío… -dijo Octavia mientras pinchaba un trozo de comida con el tenedor.
-¿Y qué? -respondió Monty- Nos abrigamos y ya está.
Jasper y Lincoln se encargaron de fregar los platos utilizados y Octavia de recoger la mesa mientras los demás se vestían para salir al exterior. Cuando estuvieron listos, comenzaron el paseo por un pequeño camino que había en un lado de la casa: todavía había nieve, aunque en algunas partes solo quedaban unos pocos charcos por haberse derretido a causa del sol. Siguieron caminando entre bromas, risas y conversaciones banales hasta ver otras casas que formaban algo similar a una pedanía. Apenas se encontraron a personas por la calle y las pocas que vieron los miraban como si se tratasen de seres de otro mundo.
Tras una hora, decidieron parar en un parque no muy alejado de la zona: el césped no se veía por culpa de la nieve y había diminutas estalactitas y estalagmitas en los columpios.
-No te sientes ahí, que vas a mojarte el pantalón -advirtió Octavia a Lexa, que iba directa al banco.
-Eh -exclamó Murphy y todos se volvieron para verlo. En ese instante, una bola de nieve chocó contra el hombro de Jasper, que le devolvió la mirada indignado por lo que acababa de hacer.
-Con que esas tenemos, ¿no?
Murphy se alejó riendo cuando Jasper lo persiguió con otra bola en sus manos. Los demás se carcajearon hasta que Bellamy sintió un golpe en la nuca que le heló toda la piel de la zona. Se giró y comprobó cómo Lexa se tapaba la boca para no reírse demasiado alto. El chico se agachó, formando con lentitud una gran bola de nieve, y con un grito se abalanzó hacia ella, que corrió todo lo que pudo.
Así empezó una batalla campal: se perseguían los unos a los otros con el fin de estampar esas pequeñas esferas de líquido sólido en el cuerpo del contrario. Hicieron varios grupos para que la contienda fuese más divertida y tras resbalones, golpes y carcajadas sin fin, Murphy y Octavia chocaron las manos en señal de victoria: habían sido los ganadores.
-¡No estoy de acuerdo con el resultado! -protestó Bellamy, acercándose a su hermana y a John, que lo miraban con aires de suficiencia.
-Qué mal perder tienes -le dijo Octavia, chocando su hombro con el de su hermano y dirigiéndose a Lincoln, que la esperaba con una sonrisa unos pasos más atrás-. ¿Vamos a dar un paseo?
El chico asintió y Octavia le dio un beso en los labios.
-Eh, eh -reaccionó Bellamy, dándose la vuelta hacia ellos-. Arrumacos los mínimos, por favor.
Octavia se giró y le guiñó un ojo mientras cogía a Lincoln del culo y empezaba a caminar junto a él. Bellamy puso los ojos en blanco.
-Sé más permisivo con tu hermana -John le pasó un brazo por los hombros y juntó sus mejillas-. Ella a nosotros no nos dice nada.
-Ya, pero es la pequeña -John suspiró y se alejó de Bellamy.
-De verdad, eres tan antiguo para algunas cosas…
Los demás se habían podido sentar en los bancos del parque, ya que el sol del mediodía se hacía ver poco a poco entre las densas nubes y formaba agua donde estaba la capa de nieve.
John fue hacia un pequeño paseo que había al final de la calle, cuyas aceras seguían cubiertas por completo de nieve y, cada vez que daba un paso, el pie se hundía unos centímetros en el suelo. Bellamy lo siguió con lentitud hasta que llegó a su lado.
-Explícame eso de antiguo, a ver -le propuso, cruzándose de brazos. John sonrió.
-Que a veces tienes ideas de hace bastante tiempo, como de otra época.
-Venga ya.
-En serio -continuó John-. No me estoy quejando, solo me sorprende.
-Claro, claro…
-Seguro que eres de los que todavía piden salir a alguien, ¿verdad?
Bellamy abrió los ojos de par en par y bajó la cabeza con timidez. Nunca le había pedido salir a nadie y con Clarke había dado todo por hecho, por lo que no lo había visto necesario. No obstante, si lo pensaba a conciencia, sí que le parecía un detalle bastante bonito.
Le dio la espalda a John con los labios fruncidos, esperando a que el chico reaccionase de alguna manera, y fingiendo que se había molestado por lo que había comentado. Al segundo ya lo sentía tras él, con las manos en sus hombros.
-Y también eres un chantajista de cuidado.
-¿Yo? -preguntó mientras se señalaba el pecho. John asintió varias veces aunque seguía sonriendo, lo que provocó que Bellamy lo imitase- Por cierto, quiero la revancha.
-¿La revancha por qué?
-Por haber ganado antes.
John soltó una carcajada pero asintió, dándole a entender a Bellamy que estaba preparado para seguir jugando, aunque su único oponente fuese él. El moreno se colocó en cuclillas a toda prisa para coger entre sus manos una gran cantidad de nieve y formar varias bolas, pero John fue mucho más rápido y, justo cuando se agachaba, una pequeña le dio en toda la frente.
-¡Pero serás! -espetó, al mismo tiempo que le lanzaba la bola de nieve a medio formar, que se descompuso antes de llegar a John.
-Soy mejor que tú, reconócelo.
Bellamy gruñó y con dos esferas blancas en las manos persiguió a John en círculos, que esquivó los dos tiros sin problemas.
-¡No vas a ganarme! -le gritó, alejándose y con Bellamy en los talones.
-Eso ya lo veremos -susurró para sí el moreno, con más bolas de nieve preparadas en sus manos. Lanzó una y, por suerte, le dio en el hombro a John, que se paró por la sorpresa- ¡Já!
En ese momento de duda, Bellamy aprovechó para lanzarle otra bola de nieve, que le dio en la clavícula. John, viendo que tenía al chico a pocos pasos de él, se quedó en el mismo lugar sin intentar huir. Bellamy chocó contra él a la vez que le estampaba otra esfera en el pelo, dejándoselo algo mojado. Cayeron al suelo, Bellamy encima de John, y este último seguía con una sonrisa en el rostro.
-¿De qué te ríes?
-De ti. Y que sepas que me he dejado ganar.
Bellamy le dio un codazo y lo abrazó, girando su cuerpo con el suyo una y otra vez cuan largos eran hasta que ambos quedaron envueltos en una fina capa de nieve. Ahora John se encontraba encima de Bellamy, con el pelo revuelto y el abrigo completamente mojado por la nieve, al igual que el moreno. Sus miradas conectaron, azul con negro, y el momento se paró justo ahí: las respiraciones de los dos estaban agitadas por el ejercicio y sus torsos chocaban, sintiendo el latido del corazón del contrario entre tanto silencio, solo roto por alguna que otra carcajada de los demás en la lejanía.
De repente, John se mordió el labio y bajó la vista, dejando salir una pequeña risa de entre sus labios. Bellamy lo miró con la confusión dibujada en sus ojos, preguntándole sin palabras.
-Bell… -empezó a decir John sin apartar la vista de él.
-Dime -respondió Bellamy, nervioso.
-Sal conmigo.
Era lo que menos se esperaba escuchar. Mil pensamientos se le pasaron por la cabeza en ese instante: el tiempo que habían pasado juntos, las pocas experiencias compartidas, las dudas, las sonrisas a todas horas del día, las conversaciones, los besos y las caricias… los sentimientos. Una aglomeración de ideas que se agolparon sin ton ni son y que no le dejaban darle una respuesta apropiada a John.
Este se reía al verlo tan agitado, con los labios abiertos para decir algo pero sin que ningún sonido saliera por ellos.
-También puedes asentir o negar, ¿sabes?
Bellamy se rio de él mismo y supo que ya no había marcha atrás cuando su cabeza comenzó a asentirle al chico, cuyos ojos empezaron a brillar de felicidad. Al igual que los suyos.
John lo abrazó con fuerza, fundiendo sus labios en uno solo y saboreando la humedad de la nieve en su boca. Al separarse unos centímetros, Bellamy comenzó a reírse y volvió a acercarlo a él, como si quisiera atesorar el recuerdo y para ello tuviese que experimentarlo con todos los sentidos: con el olor de John, con el tacto de su ropa fría, con el sabor de sus besos, con la vista del paisaje invernal cerniéndose sobre ellos y con el sonido de la risa del chico en su oído.
Pasó una mano por su mejilla. John giró la cara para besar la palma de esta con tal cariño que Bellamy sintió cómo su pecho se henchía de lo que empezaba a parecerse a ese sentimiento llamado amor.
