Harry Potter & Draco Malfoy:

Dreams Of The Future Past.

By the Fox

Alternate Universe

S+ta.r-t o.u.r- jo.u.r-ne.y, le.t's+ be.gi.n

E.ve.r-yo.ne. i.s+ dr-e.a.wi.ng a. lo.ng ni.ghtwa.r-e.

Four: Journey of Nightmares.

- AIIIE!-

- SUELTALO!- gritó Draco espantado al ver a Andy retorcerse y caer envuelto en esa energía, tan parecida a relámpagos que cuando Lawliet se detuvo, lo tomó en sus brazos, casi esperando ver quemaduras o heridas.  Andy parecía intacto, pero sollozaba a gritos, temblando como una hoja, y Draco le apretó la cabeza contra su hombro, enfurecido, y miró a Lawliet con los ojos hirviendo de rabia. - Cómo te atreves? Qué mierda le hiciste? Si lo tocas de nuevo, te parto la cabeza!-

- Oye… qué intentabas hacer?- dijo Harry con voz bastante más tranquila.

- Pasar las páginas.- dijo Lawliet serenamente.

- Estás completamente loco, Lloyd!- dijo Draco, dándoles la espalda y alzando a Andy en brazos. Andy se dejó hacer, abandonado contra su pecho, y Draco le susurró algunas cosas en voz que los demás no oyeron, aunque Harry no hubiera podido porque de repente le rugía la sangre en los oídos.

- Es mejor que me quede aquí con él.- dijo Draco al fin, levantando ojos más tranquilos. - Tú ve a buscar ropa y dinero… tenemos que sacarlo de aquí, hasta que averiguen qué le pasó a Selena y lo dejen en paz.-

- No.- dijo Harry.

Lawliet se sentó tranquilamente en un sofá, e inmediatamente se puso horizontal.

- Qué?- siseó Draco, incrédulo.

- No puedes llevártelo. Te encontrarán… capaz que hasta te interrogen con él. No sabes qué le hizo a Selene, y si huyes, serías un fugitivo.- dijo Harry en voz baja.

- Pues no me importa! No creí que fueras tan cobarde, Potter!-

- Pero es que tú te volviste loco? Tengo miedo de lo que te van a hacer cuando te encuentren!-

- Soy un Malfoy.- dijo Draco sin arrogancia, apretando más a Andy contra sí.- Nadie puede hacerme nada!-

- Eso es lo que tú te crees! Tío Lucius es poderoso, pero el Wizengamot y la Universidad Invisible estarán del lado de Snapey, y…-

- No voy a discutirlo contigo. Si vas a dejarme solo, no busques excusas.- dijo Draco, con profundo dolor en los ojos.

- Draco…-

Draco depositó a Andy en un sofá desvencijado, y frnciendo el ceño, porque Andy, sin palabras, había aferrado su camisa, habló en voz baja. Luego se volvió a Harry y a Draco, y dijo con voz vibrante de ira:

- Voy a buscar unas cosas y vuelvo. Si alguno de ustedes le hace algo, o intenta contarle algún profesor, o me molesta de cualquier otra forma, lo mataré, me cueste lo que me cueste, y me pondré sus costillas de sombrero. Ahora, permiso, porque tengo prisa.- agregó, pasando entre ambos. Lawliet lo siguió escaleras abajo para asomarse a la Torre Gryffindor con total desparpajo, pero Harry pasó entre ambos con tanta rapidez que casi derriba al ravvie, y mientras éste recuperaba su equilibrio en cuatro patas, Harry se colocó de espaldas a la puertecita que daba al pasillo y se quedó allí, firme.

- Por enésima vez, qué mierda crees que haces, Potter?-

- Deteniéndote. Si quieres ir a arruinar tu vida por un tipo que apenas conoces, tendrás que pasar a través mío, Malfoy.-

- Encantado.- dijo Draco con sequedad, aunque algo que mezclaba irritación y angustia cruzó por sus ojos. Se lanzó hacia Harry, y los dos se aferraron con furia antes de que Harry se volteara, estampara la espalda del Malfoy contra la puerta, y lo inmovilizara con su cuerpo.

Y se congelara cuando Draco lo abrazó con brazos y piernas.

- Draco…?-

Un suspiro.

- Lo siento, Harry.- dijo el otro con un susurro. - Desmaius.-

Harry resbaló al suelo, y Draco, volteándose a un parpadeante Lawliet susurró:

- Por favor, ponlo a salvo.-

Y se fue.

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Hermione dormía, o eso creía. Se suponía que era había sido muy tarde cuando se acostó, pero cuando abrió los ojos la habitación estaba envuelta en un resplandor dorado de amanecer, tan vivo que difuminaba las cosas: se frotó los ojos, sintiéndose extrañamente descansada, y se sentó, notando con cierta confusión que las colgaduras de su cama parecían de gasa de oro en vez de viejo terciopelo rojo, y que su pijama, de cocodrilos con afros ( era un regalo de Guadalupe Moreira, la seeker del Colegio Mexicano de Magia y Hechicería Santa María del Cocodrilo Crespo) se había convertido en una larga camisola de seda negra, que flotaba a su alrededor cómoda, pero fría.

Y sin embargo, no se sentía tan extraña

se sentía un poco en casa.

- Mi viajera…- dijo una voz, y estuvo segura que era la voz amada del mundo la que la había llamado. Era familiar: una voz tenue y profunda, que pertenecía a alguien a quien obedecer y amar. Era como la voz de Dios, o de tu padre, o de tu hijo recién nacido: algo que habla directo a las fibras de tu corazón.

Hacía un poco de frío. Cuando el hombre vestido de negro avanzó y la tomó en sus brazos, el calor fue maravilloso, el terciopelo de sus ropas lujoso y deleitoso en la piel. Hundió los dedos en cabellos como oro y labios cálidos y húmedos tomaron su boca, presionándola hasta que los dedos de sus pies dejaron en suelo y se enlazaron en las perneras de unas botas de montar. Él había estado lejos tanto tiempo, de viaje tanto tiempo, y ella lo había extrañado tanto…

… y él quería volver a casa, a ella, a estar con ella. A estar en ella, dentro de ella.

El mundo se balanceó cuando el horizontal se volvió vertical y se encontró de espaldas en el lecho, con el peso bienhechor de ese hombre encima suyo, moviéndose. No era un muchacho, pero ella tampoco era una niña ya, y su cuerpo respondió ciegamente mientras sentía su calor, calor intenso y dominante en el balanceo de su cuerpo contra el suyo, y Hermione sintió sus manos en ella con un tipo de delicia que no conocía, entregándose a sus dedos como se abre inconteniblemente el fruto al sol. Gimió, y entonces Lawliet Lloyd entró en la habitación con Harry Potter en brazos y ella se cayó de la cama.

- CUANDO MIERDA NOMBRARON MI CUARTO SEGUNDA ENFERMERÍA?- bramó, tratando de cubrirse con los brazos.

Estaba con el pijama completo de los cocodrilitos. Era poco más de medianoche.

Había sido un sueño. Un sueño erótico. El primer sueño erótico de su vida!

Se sonrojó al mirar al cuadro y al inocente muchacho. Mordiéndose los labios, avergonzada, se levantó, enfrentando a Lawliet Lloyd, que cargaba a Potter con una facilidad que desmentía su apariencia endeble, y que aguardaba allí, con una cómica expresión de confusión en su cara, y de gato poco inteligente que ha cazado su primer ratón.

- No debí traerlo? Es tu compañero…- dijo Lawliet pensativamente.

- Qué le pasó esta vez?-

- Se golpeó en la cabeza.-

- Cómo?-

- Después del Desmaius.-

- Después de qué Desmaius?-

- El que le echó Malfoy.-

- Draco "desmaió" a Harry? Le voy a avisar a Seamus para que pague mis apuestas.- dijo Hermione esbozando una sonrisa.- Qué pasó, Lawliet?-

- El chico grimorio está durmiendo arriba. Draco Malfoy quería que se fugaran con él y Potter dijo que no. Le dijo que tenía que pasar encima suyo. Draco Malfoy lo hizo sin problemas.- reportó Lawliet.

- Y te dijo que contaras?-

- No.- dijo Lawliet, moviendo la cabeza.- Dijo que usaría mis tripas de turbante o algo así, pero sólo si le contaba a un profesor. Como tú eres la única capaz de curarle la cabeza sin ser profesora, pensé…-

Hermione se sonrojó por el halago, dicho sin malicia. Arrodillándose, empezó a curar el gigantesco chichón de Harry y a preparar un suave Enervate, sintiéndose un poco autoconsciente cuando Lawliet caminó por la habitación.

- Debe… debe de ser muy confuso todo esto para ti, recién llegado y todo, verte metido en estos líos… acá en Hogwarths es normal que Potter y Malfoy molesten a todo el mundo todo el tiempo, pero incluso esto es mucho… cómo… cómo era en Clow?-

- Aburrido.-

- Sí? He escuchado que allá hacen investigaciones históricas muy importantes…. Sobre magia antigua y metamagia y Alta Magia… es así que supiste que ese chico es un Grimorio? Los magos acá no tienen nada de imaginación, creen a patas juntas que si no se puede nombrar en latín no es magia, pero yo creo que deberíamos investigar todas las ramas de la magia, hay tantos tipos y tantos estilos… cuando pienso en lo que hacían los babilonios y los hititas, y nosotros todavía necesitando tanta magia para poder crear un hechizo, es…-

Hermione levantó la cabeza de donde Harry estaba empezando a parpadear. Lawliet se había puesto horizontal en su cama y dormía como un bendito.

Dividida entre la risa y la exasperación, medio arrastró, medio cargó a Harry hasta el diván y dejándolo allí, se puso las manos en la cintura: había pasado de tener un hombre imaginario a tener dos reales. Nada mal para la aritmética.

Había dicho Lawliet que el chico-grimorio estaba en el ático? No estaría nada mal echarle un vistazo de cerca, no?

El cajón se volteó en el suelo, y Draco maldijo, antes de recoger lo que le interesaba y dejar todo lo demás desparramado en un desorden que hubiera espantado a su estricta mamá, que no le permitía un elfo doméstico excepto los fines de semana durante todas las vacaciones. Draco solía ser prolijo, a diferencia de Harry, que vivía de lo que podía encontrar: pero gracias a eso fue capaz de encontrar todo lo necesario, así como su escoba y la de repuesto, y llenar rápidamente dos mochilas con dinero, ropa, algo de comer y cosas de aseo. Mientras trabajaba, a alguien que lo conociera lo hubiera sorprendido, porque Draco tenía un rostro muy fino y expresivo, y a veces sonreía y a veces su sonrisa se ensanchaba en una risita, y a veces parecía triste, o se secaba una lágrima. 

Pero era porque habían demasiados pensamientos inundando su cabeza: demasiados sentimientos conflictivos.

The intense wish that fell from those lips 

That I held close with wounded arms

I wanted to unravel it for you

Andy, que lo necesitaba, y era cálido y suave y blanco como la nieve. Era el color favorito de Draco, ese blanco lechoso, puro como nada más en el mundo. Andy, con su pelo suave y esponjoso y esa sonrisa suya que era un poco triste y un poco alegre. Andy, al que iba a salvar le costara lo que le costara, ya habría tiempo para preguntas y para averiguar cositas luego. Si Selene podía hacer que Sera Selsior comiera tierra, se las podía arreglar sola: Andy, no.

Y su cuerpo había sido… Draco cerró los ojos y tocó la cama que habían compartido. Había sido una sola noche, una sola vez, un abrazo: y sin embargo estaba grabado en su memoria como fuego. Como un sueño.

Because if I throw away the beauty

Of our love that existed in the past

Harry, que por primera vez estaba en contra suya. La idea era tan mareante y confusa como despertarte con un brazo menos: Harry era una constante en su vida que ni se cuestionaba. Harry siempre había estado allí, fuerte cuando Draco era frágil, firme cuando Draco dudaba, alegre cuando Draco estaba triste. Harry estaba allí, siempre, siempre, y Draco lo consideraba por descontado como el que el sol saldría, el cielo sería azul o gris y la tierra sería firme bajo sus pies. Y ahora, Harry estaba furioso con él, y lo traicionaba.

Pero por su vida, Draco no podía recordar con exactitud qué se habían dicho, o su rostro furioso. Continuaban asaltándole imágenes tontas y medio olvidadas de sus años en Grimmauld Place, antes de Hogwarths, antes de Merlín, cuando eran niños y la dulce Iphigenia Black los cuidaba mientras la guerra rugía en algún lugar distante y Mamá y Papá estaban lejos. Habían aprendido a caminar juntos, se habían bañado juntos y habían compartido cuna y luego cama hasta los seis años: habían comido juntos, aprendido sus primeras letras, aprendido sus respectivos nombres antes de decir papá y mamá. Habían sido como gemelos, y el primer dolor que Draco recordaba había sido la separación, hasta volver a encontrarse en Merlín, gracias a Dios.

Dos niños de la mano, observando una mariposa sobre sus cabezas en el gris patio de la casa Black, riendo, abrigados con mitones y gorros de colores complementarios, y el olor de la sopa de jamón y verduras que Kreacher les preparaba, y los cuentos de la abuelita Iphigenia.

Cerrar los ojos, y estar allí, un niño de grandes ojos verdes mirándolo…

I can go towards a more beautiful night tomorrow

Suficiente, tenía mucho que hacer para estar recordando el pasado y lloriqueando. Draco se secó los ojos con la manga, riéndose de sí mismo al pensar que él, Draco malfoy, el más astuto, calculador y cuidadoso maquinador del colegio, el que siempre llamaba a Harry tarado cabeza caliente, iba a hacer por primera vez algo romántico, emocionante y absurdo por una vez: iba a escapar con una belleza de melena castaña lejos de los Aurores, iba a desafiar a todo el Ministerio, y con un plan a medias… no era su típica actitud, no.

Pero era Andy, a quien tenía que proteger, fuera como fuera.

Sus pies con zapatitos de correo hacían ruido con los pequeños tacones, así que dejando a Lawliet y a Harry en su habitación Hermione se cambió los zapatos por unos botines acolchados de quidditch que no hacían ruido, que encontró tirados en la sala común y eran probablemente del petiso de Seamos. Abriendo la puertecita al pasillo que conducía a la escalera, y de ahí al ático, Hermione avanzó sin ruido, deslizándose en las sombras, muerta de curiosidad. No habría sido una alumna becada si no hubiera sido curiosa! No se puede no ser curioso si eres inteligente.

El sueño volvió a su mente mientras subía la escalera, pero retuvo el impulso de cubrirse los ojos con las manos. Qué había sido eso? Ya que sus hormonas estaban pateando, aparentemente, bien podría crecerle algo más el pecho…

La puerta que protegía el último tramo de escalera estaba junta, suponía que por el rápido descenso de Lawliet cargando a Harry. Subió, dejándola sin cerrar, y al asomarse al oscuro ático, por un momento pensó que le habían jugado una broma: no veía a nadie. Pero entonces sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, y distinguió, sentado con las rodillas recogidas y el pálido rostro hundido en un cojín que abrazaba, a un muchacho, medio envuelto por un viejo edredón rojo.

- Perdona… Andy?- susurró, encendiendo su varita con una cálida llama amarilla. Andy la miró de golpe, petrificado de espanto, pero Hermione extendió las manos y se arrodilló junto al sillón, moviendo la cabeza.

- No temas, no voy a hacerte nada!- dijo de inmediato, tomándole la mano. El rostro era fascinante: la pureza de la piel atrapaba la más tenue luz, haciéndolo resplandecer. El miedo abandonó los bellos rasgos una poco, y Andy observó a Hermione con curiosidad, los brillantes ojos oscuros en los pardos y suaves de la muchacha.

- Tú… estabas allá en la sala.-

- Sí.- dijo Hermione.- Andy… perdona, te llamas Andy, no?-

- Así me llama Draco.- dijo Andy suavemente.- Pero no recuerdo muy bien mi nombre. Recordaba algo cuando desperté, pero se ha ido.-

- Ya veo.- dijo Hermione un poco decepcionada.- Así que o recuerdas nada?- dijo sacando un paquete de galletas y una jarrita de leche que tomara al pasara. Andy no parecía tan muerto de hambre como ella había esperado, pero comió, y sonrió cuando el sabor del chocolate se derritió en su boca.

- Recuerdo muy pocas cosas. Pero no era bueno… en donde estaba. Soy mucho más feliz acá.- agregó, y cuando miró a Hermione con esos oscuros ojos brillantes de alegría, ella, que no era prone a recoger cachorros extraviados y le había importado un reverendo rábano el final de Grand Meaulnes, se sintió conmovida. Lo habían interrogado, pateado e insultado, y le seguía pareciendo un buen lugar y estaba agradecido? Pero de dónde venía, Auswichz?

- Andy… crees que haya una posibilidad…- cómo le preguntas a alguien si es un objeto mágico que decidió darse una vuelta? -… cómo tienes tanta magia? Es una magia que no se ve mucho acá, es magia salvaje… te suena?-

Andy esbozó su brillante sonrisa.- No tengo ni idea de lo que es eso!-

- Mira… la magia se divide en cuatro tipos…-

- Aléjate de Andy, mudblood. Ya.- dijo Draco, amenazante, mirándolos de la escalera. A pesar de estar cargado por dos pesados bolsos, y llevar dos escoba sy su espada cruzadas en la espalda, parecía intimidante. En la sombra, sus ojos claros relucían como los de un gato.

- Sólo intentaba ayudar, Malfoy!- gruñó Hermione, volteándose.- Tú ni siquiera le has preguntado de dónde viene… acaso sabes lo que es? A lo mejor necesita más psicología y menos actitudes estúpidas de macho!-

- Lo que es? Tu también estás con la idiotez del panda ravvie de que es un libro? Las huevadas…- gruñó Draco avanzando y depositando los bolsos en el suelo. Sacó una larga parka con forro verde oscuro, la más calentita que tenía, y se la puso a Andy, que lo dejó hacer, pero que protestó:

- Ella es buena persona, Draco.-

- No es persona, es una mudblood.- gruñó Draco. Hermione bufó tras él.

- Ella… ella es como yo!- exclamó Andy, levantándose. Draco lo miró incrédulo, y luego se encogió de hombros.

- bueno, no me importa si tú eres mud… eh… tienes papás muggles, es completamente diferente…-

- No! No eso… o no sé…- dijo Andy, moviendo los brazos.- Pero ella es igualita a mí!-

Draco miró expresivamente a la despeinada Hermione, con sus pequitas en el puente de la nariz, el pelo castaño ceniza y sus labios pálidos, y luego al deliciosamente puro Andy con su melena espesa y vivaz color nogal y sus grandes ojos oscuros sobre labios llenos color.

- DRACO!- gritó Harry, subiendo la escalera de dos en dos. El pacífico Lawliet seguía tras suyo, con la cara llena de curiosidad. Draco se llevó las manos a la cabeza, exasperado.

- PERO POR LA GRANDISIMA PUTA, QUE NO ME PUEDO FUGAR EN PAZ!?-

- DRACO MALFOY SAL CON LA VARITA EN ALTO Y EL SER LLAMADO ANDY A LA VISTA!- rugió una voz con exaudio desde afuera. Draco se volteó a Harry en un paroxismo de rabia, pero Harry levantó las manos.

- Yo no fui, juro que yo no fui!-

Hermione se asomó a la ventanita de ático, y silbó: afuera, Snape había reunido al menos a cincuenta Aurores, algunos en escobas, y sus varitas se concentraban en la ventana: los alumnos de Gryffindor, unos pisos más abajo, que no entendían nada, se asomaban y saludaban a los Aurores.

- Bueno, el Decano está molesto, aparentemente.-

- Haré que mi papá lo demande! Tenemos que irnos!- gritó Draco, que parecía a punto de una apoplejía.- No entregaré a Andy, no y no!-

- Por favor no te tires al suelo y tengas una pataleta.- dijo Hermione cruzándose de brazos.- Estás frito, y si te atreves a meterme en esto y perno mi beca por tu maldita culpa, me meteré un melón bajo la falda y te demandaré por paternidad, hasta que me pagues la carrera.-

- Tu madre, Hermione.- gruñó Draco, volteándose a Harry, que parecía estar buscando las palabras para convencerlo que se entregase.- No digas nada. Tú, Lloyd, sácanos de aquí con esa magia rara tuya, ya.-

- Yo?- dijo Lawliet que se había puesto horizontal en un sillón.

- Si, tú! Sácanos de aquí, te pagaré lo que quieras, pero sácame de aquí!-

- Con qué me vas a pagar?-

- Con dinero, soy un Malfoy!-

- Y qué voy a comprar?- dijo Lawliet, cruzado de brazos aunque estaba tendido.

- Lo que se te antoje!- ladró Draco.

- Es que… no me hace falta nada justo ahora…- bostezó Lawliet.

Draco avanzó y lo levantó de las solapas para empezar a sacudirlo, gritando incoherencias, mientras Lawliet manoteaba. Fue entonces que la puerta del ático saltó en pedazos, y un grupo de Hit Wizards avanzaron adelante, sus varitas listas. Los chicos dieron gritos de susto y se apegaron en un solo grupo en el sofá de Lawliet, temerosos como conejitos, porque los Hit Wizards eran los SWATS de los magos, y apaleaban sin preguntas.

- Apártense del llamado Andy… despacio.- dijo el Hit Wizard jefe, que parecía medir dos metros de alto.

- No!- gruñó Draco.

- Apártense, o abrimos fuego.-

Hermione empezó a avanzar despacio hacia un costado. Draco la agarró del cuello.

- No! Tendrán que venir a sacárnoslo si quieren!-

- Suéltame, Malfoy de mierda!-

- Qué cosa nos van a sacar?- blink

- Cállate, Lloyd!-

- Como quieran, niños.- dijo el Hit Wizard, y las varitas brillaron.

- NO; por FAVOR!- gritó Andy, y se aferró a Draco. Su magia lila y verde se soltó, feroz y salvaje, volando sillas y baúles y derribando a los Hit Wizards como si fueran palitroques: cuando Harry sintió que sus pies no tocaban el suelo, se aferró a Draco y a Lawliet, que era el único que no parecía asustado, y de pronto, sintió que flotaban, y como si el mundo se hubiera vuelto al revés, caían hacia el cielo, un cielo que era negro, luego gris, luego violeta, y finalmente, naranjo…

El cielo estaba naranjo. Estaban tendidos, aún sujetándose los unos a los otros, en un césped suave y alto, blando como almohadones, bajo el cielo del atardecer, en un gran campo.

Un campo?

PRIMEROS PENSAMIENTOS DE TODOS:

Hermione: Gracias a Dios que me cambié los zapatos!

Harry: Dónde FUCK estamos?? ADÓNDE nos tiró ese subnormal!? ( se refiere a Andy)

Draco: Dónde FUCK estamos?? ADÓNDE nos tiró ese subnormal!? (se refiere a Lawliet)

Lawliet: Pasto blandito y seco zzz

Andy: …. (inconsciente)

- Dónde estamos?- preguntó Draco, apoyando a Andy, que sóo parecía desmayado por el agotamiento del hechizo, en sus brazos.- Cómo llegamos aquí?-

- Fue Andy.- dijo Harry tratando que no le saliera la hostilidad en la voz.- …y no tengo idea dónde estamos!-

- Por el amor de Dios, que ustedes no aprendieron nada en Astronomía?- gruñó Hermione, sentada en el pasto con la larga falda de lana que llevaba recogida en las caderas y unos bototos muy feos en los pies mientras intentaba atarse los largos cordones.- Está atardeciendo, ya hay algunas estrellas, no pueden orientarse?-

- La Sinistra es mi madrinita, para que sepas!-

- Y sólo hay como tres luceros, crees que con eso basta?!-

- Estamos al lado de Hogwarths, tontitos. Debemos estar a unas tres millas…  debemos estar cerca de Hogsmeade.- dijo Hermione moviendo la cabeza mientras se ponía de pie y Lawliet, que acababa de abrir los ojos, le aceptaba una mano para levantarse.

- Pero está atardeciendo, y salimos a medianoche!- exclamó Harry, poniéndose las manos en los bolsillos.- Qué hizo este tipo?-

- Ojalá que sea la tarde luego y no la tarde antes. Los viajes temporales siempre son un despelote.- dijo Hermione seriamente.

- Sugiero que nos escondamos por aquí hasta que amanezca. No sabemos dónde estamos, y ya que Andy yo pudimos zafar, me lo llevaré a mi casa, ustedes se pueden ir al colegio.-

- Después de todos los líos en que nos metiste, encima tenemos que dar la cara por ti, Malfoy?- gritó Hermione.

-Miren!- dijo Lawliet de golpe, haciéndolos callar.

Los cinco se quedaron paralizados, y entonces un conejito cruzó el claro donde estaban, seguido de dos conejitos juveniles.

- Qué lindo. Nunca habíia visto uno vivo.- dijo Lawliet, que partió tras los conejitos. Draco, Harry y Hermione quedaron mitándose fijo, Draco con un tic en el ojo izquierdo, antes de explotar de risa.

- Concuerdo en que es mejor quedarnos aquí esta noche, no sacamos nada vagando por ahí tratando de encontrar Hogsmeade… aunque tienes razón por las estrellas, debemos estar muy cerca.- dijo luego Harry, juntando las ramas, mientrasHermione hacía saltar de una mano a la otra un destello azul que poco a poco se agrandaba, poniéndose lila y luego rojo y amarillo, hasta formar una llama.

- Apúrate… está caliente ya…-

- Y ése sigue inconsciente. No puede haber hecho un esfuerzo tan grande en traernos, no es tan lejos… y para estar todavía out, seguro que sólo está fingiendo.-

- Lawliet también está inconsciente.-

- Ése está durmiendo, y claro que no está fingiendo. Me pregunto si está esperando que lo beses para despertar, se la pasa poniéndose horizontal cada vez que puede, su mamá se debe haber acostado con un gato…-

- Potter!-

- Qué, Mudblood?-

- … tengo nombre, sabes.-

- No te ofendas, es la costumbre. Te pondremos Muddy. De cariño.- Harry se cayó de espaldas cuando Hermione le tiró la llama saltarina encima.- AUCH! No la chispa, perra, quema!-

- Y le llamas a eso refugio?-

- No hace frío. Está muy agradable.- dijo Draco, que había sacado dos mantas y con las parkas había construido una cama para Andy. El pálido muchacho dormía cómodamente en su nidito, enrollado sobre sí mismo, el cabello enredado en los hombros, y Draco había armado ya un refugio con ramas dobladas y cargadas de hojas secas, hábilmente cubriéndolo con pasto seco apisonado. Harry, a pesar de su irritación sintió un impulso de ternura, ya que sabía perfectamente dónde había aprendido Draco esos trucos: él los había aprendido de exactamente la misma fuente. Remus Lupin, que era el pedagogo más representativo de la Escuela de Merlín y había sido portavoz de los lupinos por años, era también la pareja oficial de su tío Sirius, y cada vez que los deberes enviaban al Lord Chancellor Black trabajo en medio de las vacaciones estivales, Remus se llevaba a los chicos a acampar cerca del Lago Noire, en las propiedades Black de Cornualles. Remus les había enseñado a sobrevivir, a cazar y pescar, cocinar y cuidarse en el bosque, a pesar de sus apariencias relamidas de no haber jamás hecho una cama. Lupin era un gran maestro: enseñaba con el ejemplo, y los dos lo querían de un modo más salvaje y cariñoso que ninguno de sus tíos, porque había ayudado a hacerlos sentir hombres, y había conseguido que le contaran cosas que nunca habían compartido con nadie.

Lupin los había hecho conectarse con la naturaleza y la magia druídica, aunque Harry era mejor que Draco en esas cosas. Harry nunca olvidaría la lección que les dio cuando les enseñó a matar.

- Hay cosas inmutables, como la vida y la muerte. Así como el zorro no siente remordimientos de matar al conejo, y el lobo al zorro o al ciervo, tampoco sienten remordimientos al aparearse y dar origen a la vida. Cuando deseen comer, no teman matar: cuando deseen amar, no teman demostrarlo. Es el ciclo de la vida. Pero no maten ni amen por juego o por aburrimiento, porque Eros y Tánatos son las dos fuerzas más poderosas del universo, y lo pagarán caro.-

No teman demostrarlo… Draco no teme demostrárselo a Amdy, eso está claro, pensó Harry con amargura. Se había hecho de noche, y Draco acariciaba con ternura la frente de Andy, habiéndose despojado de su propio abrigo para cubrir al muchacho pálido. Harry parpadeó, porque de pronto se le habían inundado los ojos, y murmurando algo sobre buscar algo de cenar se alejó a trompicones del claro, buscando refugio entre unos árboles. Allí habían unos arbustos de bayas, las que fue recogiendo con un práctico Accio, dejándolas caer en un cesto hecho con cuatro hojas cruzadas.

Significaba que era un cobarde, por no ser capaz de demostrarlo?

Pero qué sacaba con demostrarlo? Estaba clarísimo que Draco se había enamorado de Andy, problemático como fuera el tipo.

Remus y Sirius habían estado juntos desde el colegio, y Draco y él habían escuchado muchísimas veces la historia de su relación, de cómo había florecido sola, de cómo los dos se habían considerado hetero hasta que, como lo había dicho Remus delicadamente, habían descubierto que se amaban. ( Sirius lo llamaba " la noche en que había hecho que Remus aullase sin luna llena")

Era eso lo que había estado esperando, inconscientemente? Que "sólo pasara", como le había pasado a Remus y a Sirius? Acaso había sabido, inconscientemente, que quería a Draco para sí? Lo había dado por descontado, que estarían juntos?

Pues no estaban juntos. Punto.

Harry suspiró, y mirando la luna que se había levantado, redonda y familiar, volvió al claro arrastrando los pies.

Había esperado demasiado? Tenía que haber esperado más? Hubiera dado cualquier cosa porque aquí, en el bosque, hubiera estado el joven lobo que tanto y tan bien sabía amar, y lo orientase. Cuando lo visualizó, con su melena color arena salvaje y esos grandes ojos pardos, con el plateado en los ojos de los lupinos, su sonrisa fina y blanca, fue como si lo escuchara hablar:

En el amor nadie debe perder, Harry.

Era cierto. Remus había dicho amar, no ganar ni perder. Era una cobardía no demostrarlo, pero no estaba demostrándolo para ganarse a Draco, como si fuera un premio. Debía amarlo abiertamente porque era lo que sentía y era lo que era verdad. Y si a Draco no le gustaba, pues se lo diría.

Gracias, Remus,  pensó con una sonrisa.

Cuando volvía, vio a Lawliet sentado en el borde del claro. Hubiera apartado la vista, de no haber visto un brillo azul: el ravvie estaba escribiendo algo a la luz de su varita. Tomando notas? Un diario de vida? Qué estupidez.

- Qué haces, aguilita?-

- Comida.- dijo Lawliet, que trenzaba unas tiras de papel. Harry asumió que era una respuesta irónica, y se diriguió al pequeño refugio en donde Andy dormía y Draco y Hermione avivaban el fuego. Estaban discutiendo.-

- …pero ni una sola escoba en el aire? Es demasiado raro, lo lógico es que nos estén buscando…-

- Yo no cuestiono lo pequeños milagros.- dijo Draco, encogiéndose de hombros. A su lado, un pequeño montoncitos de barras de chocolate y bolsitas de galletas saladas hacían grupo con dos grandes botellas de cerveza de manteca, que ya estaban mediadas.

- Yo traje bayas.- dijo Harry con un poco de desmayo. Draco le sonrió, como sonreía antes, y tomó un puñado, llevándoselo a la boca, dejándose los labios rojísimos.

- Están muy dulces.-

- Pero no están lavadas!- exclamó Hermione, niña de ciudad, levantando las cejas.- Lawliet, quieres comer algo, no tienes…?- la niña se calló al ver a lawliet arrodillarse junto a ellos. Traía una bandejita de papel con seis rollos de masa que olían a pescado fresco, un plato lleno de sushi y mitades de pera confitada cubiertas de azúcar al otro lado, así como vasitos de plástico con té.

- Pero de dónde sacaste eso!?- exclamó Harry, al que se le hacía la boca agua. Lawliet la dejó y procedió a echarse todas las bayas a la boca con un gesto de alegre sorpresa.

- Me encantan las cerezas!-

- No son cerezas, son moras silvestres… Lawliet, de dónde vino la comida?-

Lawliet pareció muy incómodo al mirar a Hermione.- Eh… no sé si sabes, pero hay que tomar un pececito y matarlo para…-

- No la tenías en los bolsillos, eso es seguro!- exclamó Draco.- De dónde la sacaste?-

- Ah.- Lawliet les mostró una libretita en su bolsillo con kanjis y abundantes hojas estampadas con detallados dibujos de pasteles, comida preparada y tazones llenos de sopa.- Es una… como lo llaman ustedes… una lonchera! Mi obento!-

- Es… puedes transformar esto en realidad?-

- Sí, pero sólo sirve para comida cocinada, no se puede invocar fruta fresca.- dijo Lawliet con un suspirito, acabando con las bayas.- Es el tarjetero del colegio, tampoco trae alcohol. Te lo entregan cada mes, y uno siempre se come primero todo lor ico y luego quedas cazado comiendo ramen la ultima semana…- agregó riendo. Los demás se miraron, entornando los ojos, pero comieron con apetito, hasta que los interrumpió un movimiento y Andy se sentó, mirándolos confuso.

- Tenía que despertar para comer.- gruñó Harry.

- Cállate! Andy, te sientes bien? Tienes hambre?- preguntó Draco, pero se asustó al ver la mirada perdida de Andy, que asintió lentamente, y de forma incongruente volvió a hacerse una bola, temblando. Draco lo tocó: ardía en fiebre.

- Maldita sea, usó mucho poder, tiene la fiebre de la magia! Hermione, Lawliet, pueden hacer algo?-

- Déjame a mí.- dijo Hermione, dejando una pera confitada a medio comer para sentarse junto a Andy y masajearle las sienes, susarrando un hechizo de relajo. Andy se volvió a dormir, pero de pronto aferró la falda de Hermione y cerró los ojos con fuerza, como un niño asustado. Estaba murmurando algo, aunque su cabeza afiebrada no dejaba de latir.

Nmahareru lohi nmo nmaha mmalalahu
Selsunmalehi lirammehi wo

- Qué es eso?-

- Parece magia clásica. Ya saben, la que se invoca con canciones, no con objetos ni con varitas…- dijo Lawliet, con la cara llena de sushi de amapola.- … suena como babilonio clásico.-

- Ustedes estudian babilonio clásico?!- ladró Hermione.- Oh, Dios, somos unos ignorantes, con razón en los certámenes internacionales a Hogwarths le va como le va…-

- Es que si no no puedes leer a Xerxes, y para pasar el ramo de magia antigua, tienes que…-

- Ustedes estudian a Xerxes?- preguntó Draco, los ojos muy abiertos.- Pero eso es magia prohibida! Es magia prerromana!-

- Ah, sí?- Lawliet se puso horizontal en el césped y se puso a comer pera confitada.

Se habían dormido luego, la fogata manteniéndolos calientes. Harry se despertó antes de que amaneciera: Lawliet dormía enrrollado como gato, y Hermione estaba junto a Andy, que aún se aferraba a su falda, los dos profundamente dormidos.

Draco había abierto los ojos a su lado, y se sentó. Se miraron un momento en las sombras, pero Harry s epuso un dedo en los labios, y tomando a Draco del brazo, le hizo un gesto para que lo siguiera.  

Los dos no se alejaron mucho, subiendo una loma que limitaba el claro hacia el este. El pasto estaba húmedo, pero suave: y antes de que Draco dijera nada, Harry supo lo que pensaba.

- Es igual a ir a acampar con Remus.-

- Sí, eso pensaba. Lo echo de menos.-

- Lo viste ayer.-

- Echo de menos ir a acampar los tres. Remus es tan relajado.-

- Sí…- suspiró Draco.- Yo también lo echo de menos. Estar los dos solos en el bosque…-

Harry calló, pero lo miró fijamente, con una leve sonrisa. Draco movió la cabeza, como si hubiera dicho una tontería, y dio unas pataditas, tratando de entibiar sus pies helados en los botines de colegio, tan delgados.

- Quiero que sepas que te voy a apoyar en todo lo que pueda. Perdona que me haya puesto idiota… pero es que no estoy acostumbrado a que te metas en líos sin mí. Pase lo que pase , iré contigo, y te ayudaré.- dijo Harry en voz baja.- Qué queda para nosotros si no nos ayudamos entre los dos?-

- Harry…- la voz de Draco se ahogó, y parpadeó, como si la sorpresa hubiera sido demasiada y le hubiera robado las palabras.- Gracias.-

Harry asintió, sintiendo que se sonrojaba. Draco avanzó y le echó los brazos al cuello, apretándolo, y harry lo abrazó de regreso, inhalando su aroma, sintiendo ese cuerpo esbelto contra el suyo apenas más rudo, un cuerpo que conocía a ciegas, pero que por primera vez deseaba tocar. Que deseaba, con el ansia propia de un gran amor, de ocultarlo en su propio cuerpo y protegerlo de todo daño, y dolor.

Y sin embargo sabía que Andy lo haría llorar. Lo sabía, en el fondo de su corazón, como que el sol saldría.

Como si lo oyesen, el mundo empezó a amanecer. Entonces Harry habló con cierta tristeza, porque sabía que Draco iba a enojarse.

- Draco…-

- Dime?-

- Crees que haya una posibilidad de que Andy… bueno… te haya… tiene tanta magia que…-

Harry calló de pronto, los ojos clavados en la lejanía. Y allí, a la tenue luz del amanecer, vieron un inmenso castillo, un castillo que les era familiar, brillante y nuevo a la luz de la mañana, rodeado por un lago en forma de herradura que reflejaba la luz del sol naciente como un espejo, enormes banderas agitándose como en un sueño.

Era Hogwarths. Hogwarths como lo mostraban los libros de historia, hacía muchos, muchos, MUCHOS, muchos años.

- Llama a Hermione.- dijo Harry, su voz tensa.

Draco bajó la colina llamando a Hermione a gritos, mientras Harry empezaba a sudar helado a pesar de la tibieza del aire y casi se mareaba al levantar la vista al cielo completa, absolutamente desnudo, sin una nube o un pájaro, sólo eter que se volvía celeste a poco.

Fuck. Megafuck. Hungarian-Horntails-shitty-fuckity-fuck.

- Ay, Draco…- susurró para sí, cubriéndose los ojos con las palmas y tembando un poco de risa y un poco de histeria.-… cuando volvamos, te mataré!-