¡Hola!

Aquí hemos vuelto las dos para regalaros un nuevo capítulo de este fic. Respirad hondo antes de leer.

Muchas gracias por comentar y leernos.

Esperamos vuestras opiniones con las sensaciones que os han dado el penúltimo capítulo de Amor en juego.

May we meet again.

NEKINSEY


CAPITULO 20

La vida parecía que les sonreía a todos. Bellamy no dejaba de pensar en su nueva situación con John: desde que decidieron formalizar su relación cada día que pasaba era mejor que el anterior. Jamás imaginó estar con un chico, pero John lo hacía todo demasiado sencillo y era simplemente perfecto.

También le sorprendió la amistad tan fuerte que parecía haber surgido entre él y Clarke tras el día de su cumpleaños en aquella casa en medio de la nieve. Ya no había ningún tipo de resquemor por lo que llegó a sentir por ella, y las risas eran algo que siempre existían en cualquier conversación entre ambos. Se podría decir que prefería mucho más lo que tenían ahora que lo que pudieron llegar a tener. Además, no podía estar más feliz por Lexa; le deseaba lo mejor a su amiga y verlas juntas a las dos le hacía sentir mucho orgullo por la morena.

Notó cómo caía sobre su cabeza una pequeña piedra sobre su muslo y miró a la chica que se acercaba a él con una sonrisa.

-¿Te ha llegado el mensaje de Lex a ti también? -preguntó Octavia sentándose a su lado.

-Claro, ¿qué te crees que hago aquí solo si no…?

-No sé, pensar en John, en sus labios besando los tuyos… -canturreó, moviendo sus hombros coqueta, y Bellamy soltó una carcajada que se cortó nada más vio a Lexa caer de rodillas devastada y con el rostro bajo- ¿Lex? -la llamó, pero no respondió, oyendo un sollozo de su parte.

-Lexa -se acercó Octavia a dónde estaba y levantó su rostro, sujetando su barbilla, y se vieron esos grandes ojos verdes cubiertos de lágrimas-. ¿Qué ha ocurrido?

-Clarke.

-¿Qué pasa con Clarke? ¿Está bien? -dijo ahora Bellamy agarrando la mano de la chica, que se zafó de ella mirándole fijamente entre lágrimas.

-Me ha dejado -le costó decirlo, mucho, y el chico se quedó totalmente sorprendido, siendo observado también por su hermana, que reflejaba su misma expresión en su rostro unos segundos antes de volver a mirar a Lexa.

-¿Por qué? ¿Qué explicación te ha dado? -llevó sus manos por su cabello, peinándoselo hacia atrás antes de pasar sus dedos bajo sus ojos.

-Me ha dicho que ya no siente lo mismo por mí -le tembló el labio-, que el día de su cumpleaños estuvo genial contigo y que se dio cuenta hace unas semanas de que está colada por ti -señaló a Bellamy, que se quedó ojiplático-. Y que cada vez que os habéis visto estos meses ha estado pasándoselo genial contigo y que no podía seguir engañándome si está pensando en ti.

-Lex, eso no puede ser… Yo no le he dado motivos para que sienta que...

-Me da igual ahora eso, Bellamy -dijo seria, cortándole y dejando caer otras lágrimas-. Lo que ahora me importa es que la mujer de mi vida me ha dejado sola porque está enamorada de mi mejor amigo.

-Lex, lo siento mucho -dijo Octavia acariciando su brazo.

-Da igual, supongo que ninguna chica será capaz de estar enamorada en serio de mí.

-Eso es mentira, Lex -dijeron a la vez los hermanos.

-Clarke era mi vida… y ahora no está -escondió su rostro en sus manos, comenzando de nuevo a sollozar. Los hermanos se miraron entristecidos antes de acercarse a abrazarla.

-Una escena de lo más conmovedora… -se escuchó a un lado, y ambos levantaron la vista para ver a Clarke sonriendo con un chupachups en su boca y detrás de su móvil.

-Inocentes… -se escuchó la voz de Lexa entre ellos, y Octavia empezó a empujarla, tirándola al suelo.

-¿Eres idiota? Casi me da un ataque -se levantó para encarar a Clarke-. Y tú otra gilipollas.

-Yo también te quiero, O -dijo divertida-. Ahora el beso de la paz -la enfocó a ella acercándose a Octavia para besar su mejilla, sujetando el caramelo con la otra mano.

Lexa y Clarke empezaron a carcajearse mientras Bellamy les decía de todo y se revolcaba con la morena en el césped al mismo tiempo que Octavia se subía a la espalda de Clarke intentando robar su teléfono. Ninguno de ellos se había dado cuenta de que era el día de los inocentes allí, el uno de abril, y habían caído como tontos en la broma que la pareja les había hecho.

Tras unos minutos de lucha fingida en el césped con ellas, los hermanos se fueron haciéndose los enfadados y Clarke y Lexa se quedaron a solas, la rubia aún grabando.

-No sabía que eras tan gran actriz, mi amor -dijo enfocándola de cerca-. Eres preciosa -acarició su mejilla, sonriente-. ¿Soy la mujer de tu vida? -Lexa se mordió el labio, tímida por la pregunta.

-Ya sabes que sí -confesó mirándola a ella, aunque aún seguía enfocándola-. Te quiero.

-Yo te quiero más -se acercó para dar un húmedo beso en sus labios.

-¡Eh! ¿Has grabado eso también?

-Claro -sonrió traviesa, volviéndose a meter lo que le quedaba de caramelo en la boca.

-Te has aprovechado de mí -se lanzó sobre la rubia para hacerle cosquillas contra el césped, riendo con ella-. ¿Yo soy la mujer de tu vida, Clarke? -preguntó algo nerviosa, consiguiendo que dejara su teléfono de lado y se conectasen sus miradas intensamente.

-Eres la mujer de mi vida; de esta y de todas las vidas que vaya a tener. Siempre vas a ser tú, eso tenlo por seguro.

-¿Incluso en un mundo apocalíptico donde los humanos se hubiesen tenido que ir de la Tierra por una gran radiación nuclear y vivieses en una gran nave que ha estado casi cien años en el espacio, pero yo fuese de las pocas personas que aún están en la Tierra y fuera la gran comandante de todos los terrícolas?

-Sí, créeme: bajaría solo para buscarte.


Llevaba todo el día esperando este momento.

Eran casi las seis de la tarde y el ambiente había decaído desde hacía bastantes horas. No había parado de recibir pequeñas bromas de todo el mundo: compañeros de clase, su hermana, jugadores del equipo e incluso de Kane en su despacho.

-¿Se puede, Kane?

Bellamy entró en el despacho, que tenía la puerta entreabierta. Se extrañó pues la mayoría de las veces se la encontraba cerrada y además con llave: había descubierto que Kane era bastante receloso con sus pertenencias.

Se encogió de hombros y se dirigió directamente hacia la mesa donde realizaba las prácticas. No podía quejarse del trato que estaba recibiendo por parte del profesor y cada día estaba más contento de haber aceptado la oportunidad que le ofreció en su momento. Fijó la vista en un papel del escritorio; parecía que alguien lo había arrancado de una libreta con prisa y lo había dejado tal cual allí, sin preocuparse lo más mínimo de la escritura ni de su posición en la mesa.

Alargó la mano para alcanzarlo y Bellamy distinguió la letra del profesor escrita en él: Bellamy, he tenido que irme. Una urgencia. Llámame en cuanto puedas, por favor. Abby, hospital.

Al chico se le cambió la cara en cuanto leyó el mensaje y sacó el móvil del bolsillo lo más rápido que pudo. Le temblaba un poco la mano y no podía escribir bien, pero finalmente consiguió hacer la llamada. Un tono, dos tonos, tres tonos… Insistió durante varios minutos hasta que por fin alguien contestó.

-¡Kane!

-Bellamy…

Tragó saliva al escuchar a su profesor con la voz muy baja y decaída, como si algo grave hubiese ocurrido.

-¿Qué pasa? ¿Está Abby bien? ¿Clarke sabe algo? -un montón de preguntas se le vinieron a la cabeza pero no pudo articularlas todas porque Kane le interrumpió.

-Bellamy…

-¡Di algo más, por favor!

De repente, oyó cómo la puerta del despacho volvía a abrirse y en el marco de esta se encontraba Kane con el móvil pegado a la oreja y una sonrisa radiante.

-¡Inocente!

Bellamy no supo a qué se refería hasta que sus neuronas conectaron la información y se llevó una mano a la cara, exasperado.

-Venga ya…

-¡Inocente, inocente! -no paraba de canturrear Kane mientras se reía y caminaba hacia su alumno, pasándole un brazo por los hombros- No ha sido para tanto, ¿no? Una pequeña broma en una fecha señalada.

-¡Me he preocupado de verdad!

Kane negó con la cabeza sin dejar de sonreír.

-Esta juventud de hoy en día… Ya no acepta nada.

Seguidamente, el profesor siguió hasta sentarse en su mesa, colocarse las gafas de vista y enfocar su atención en una pila de papeles que tenía enfrente. Al mismo tiempo, Bellamy gruñía y se preguntaba cuándo iban a dejar de hacerle bromas.

Pero eso solo lo pensó en ese instante, porque no podía aguantarse las ganas de gastarle una a John. Se habían encontrado por los pasillos esa misma mañana y, ante su sorpresa, el chico le había dado un beso en los labios delante de todas las personas que caminaban por el pasillo de la facultad. Se mordió el labio al recordar ese ínfimo momento que para él había significado un paso descomunal en su relación. Relación. Madre mía, pensó, quién se lo iba a decir. En estos últimos meses todo había ido sobre ruedas: las citas a solas o con más personas, los encuentros a escondidas, las noches en vela hablando el uno con el otro, las llamadas cada vez más kilométricas, los detalles inesperados de ambas partes, las pocas veces que habían tenido la oportunidad de dormir juntos… Era como un sueño hecho a su medida.

Hizo memoria y recordó alguna que otra vez en la que habían tenido discusiones, pero apenas duraban más de una hora en cuanto se daban cuenta de lo que cada uno había hecho mal. Con lo difícil que había sido su relación años atrás, ahora se entendían a la perfección y eran capaces de contarse todo lo que quisieran compartir con el otro.

Cuando llegó a su habitación, dejó la mochila sobre la cama y los libros encima de la mesa de noche. Sin entretenerse con nada más, salió con una pequeña bolsa en la mano, dejando a un Monty más que sorprendido detrás.

Aprisa, fue al piso de arriba, donde estaba la habitación de John, y entró sin hacer mucho ruido. Para su suerte, no había nadie dentro. Ya le había comentado a su compañero de cuarto que si podía dejarla libre unas cuantas horas le haría un gran favor y, como respuesta, había obtenido un Por supuesto, cómo no junto con un movimiento de cejas que no insinuaba nada bueno. Bellamy no pudo evitar reírse al recordarlo.

El peluche de Bob Esponja que andaba buscando estaba apoyado en una esquina de la estantería, mirándolo fijamente. Lo agarró y empezó con el plan, ya que calculaba que por lo menos tendría media hora de margen. Daba gracias por que se le dieran bien todos los aparatos eléctricos y su manejo, porque de lo contrario no podría haber hecho esto. Cuando terminó, sonrió de orgullo para sí mismo: había implantado un pequeño altavoz inalámbrico dentro del peluche, aunque de forma superficial, en una zona donde era complicado encontrarlo. Este estaba conectado al dispositivo que tenía en la mano, parecido a un walkie talkie.

Miró el reloj y comprobó que iba siendo hora de esconderse, pero antes… Colocó el peluche en el centro de la cama de mala manera para que John no tuviese más remedio que recogerlo. Posteriormente abrió la puerta del baño y permaneció allí, callado, durante unos largos cinco minutos hasta que oyó entrar a su novio.

Rio entre dientes, imaginándose su cara al ver al peluche mal colocado, más aún siendo tan ordenado como el propio Bellamy. Lo oyó sentarse en la cama y supuso que tendría el peluche en la mano, porque no se escuchaba nada más.

-¿Se puede saber qué haces aquí tirado? Seguro que ha sido el malo de Pete, ¿verdad? Siempre fisgonenado en mis cosas…

Lo oyó suspirar y encendió el dispositivo, preparado para el primer ataque.

-No ha sido Pete.

Bellamy imitó la voz de un niño pequeño lo mejor que pudo y oyó el grito que salió de los labios de John.

-¿¡Pero qué coño!?

-No se dicen palabrotas.

Los pasos apresurados de John se oían a través de la puerta. El chico tendría que estar atacado. Ruidos de trasteo, como si John hubiese cogido algo y lo estuviese inspeccionando.

-¿Qué me estás haciendo? -dijo Bellamy con el mismo tono de voz.

-¿¡Por qué coño hablas!? -gritó John, totalmente desesperado. Bellamy estaba sorprendido de que no hubiese salido ya corriendo a pedir ayuda.

-Porque puedo.

-¡No puedes! -exclamó el chico. Se oyó un ruido sordo y el dispositivo de Bellamy hizo un ruido extraño, como si el peluche se hubiese caído en algún lugar de la habitación.

-¡No me pegues! -probó, y resultó que dio en el clavo porque de nuevo escuchó otro grito de su novio- O le diré a todos que te tocas.

-¿¡Qué!? -la cara de John debía ser un poema.

-Sé que te tocas pensando en mí. Te he visto.

-¿¡Pero qué dices!? -otro ruido del dispositivo y a través de la puerta, señal inequívoca de que John le estaba dando golpes al peluche.

-Y te tocas pensando en Bellamy.

-¡Pues claro que me toco pensando en él! ¡Es mi novio!

-¡Eso es de niños malos! -exclamó, esta vez con una voz mucho más tétrica y grave.

-¡A la mierda!

Bellamy escuchó un pequeño crujido que venía del dispositivo y supuso que el altavoz se había roto, seguramente por la paliza que le había dado John al muñeco. No pudo evitar las bajas carcajadas que salieron de su boca y, de repente, la puerta del baño se abrió, dejando ver a su chico con una cara de enfado bastante notable.

Ya no lo aguantó más y empezó a reírse, agarrándose el estómago con una mano por el esfuerzo, casi llorando. John no lo dejó terminar cuando lo agarró del brazo y tiró de él hacia la cama.

-¿No te ha gustado la broma? -le preguntó aún entre risas y lágrimas. John lo fulminó con la mirada sin abrir la boca todavía. Sin cuidado lo lanzó en la cama, se colocó encima de él y, con una mano, agarró sus muñecas para tener la otra libre y hacerle cosquillas por los costados. Bellamy comenzó a reírse con más fuerza mientras su cuerpo se retorcía por reflejo.

-¡No! ¡Que me matas! ¡No! -a la vez que lo decía, las carcajadas continuaban bajo la vengativa mirada de John, que ahora se regocijaba de ello.

-¡Esto te pasa por ser tan gracioso!


-No estés nerviosa, Lex -la morena miró a su chica, que estaba sentada en el asiento del copiloto a su lado, intentando calmar su respiración, mientras ella agarraba el volante.

-No puedo evitarlo, es la primera vez que voy a cenar con tus padres…

-Con mi madre y el tonto del culo de su novio -apuntó.

-¿Crees que me dirán algo? -arqueó sus cejas.

-¿Qué te van a decir? -pasó su mano por su mejilla sonriendo de forma tierna.

-No sé… -bajó su voz por si habían salido por casualidad alguno de los dos- Por si piensan que te hago cosas…

-¿Qué cosas? -soltó una risa y la besó fugazmente en los labios.

-Cosas de cama -susurró y no pudo evitar sonreír al verla hacer lo mismo.

-Seguro que piensan que las haces muy bien, podemos enseñarle los juegos de sábanas que tienes en la resi…

-Qué tonta -se rió.

-Bésame y vamos adentro -pidió, ¿y quién era ella para decir que no a eso?

Atrapó sus labios y se dejó besar suavemente por esos labios que le robaban el aliento, y se perdió unos segundos en el azul que componía sus ojos antes de que ambas saliesen del coche. Cuando llegaron a la puerta principal, Clarke empezó a buscar las llaves en su bolso y Lexa se empezó a alisar el vestido y colocarse bien la chaqueta que eligió Octavia para ella cuando le pidió cuál de las dos opciones quedaba mejor con el vestido que iba a llevar esa noche.

-Cariño, vas preciosa -se acercó a besar suavemente su mejilla, y la morena sonrió tímida.

-No más que tú.

Y con esas palabras, Clarke abrió, avisando de que ya habían llegado, dirigiéndose hacia el salón, donde Kane estaba sentado en uno de los grandes sofás viendo un partido de rugby en la televisión.

-Oh, ya habéis llegado -habló el hombre correctamente, quitándose las gafas y poniéndoselas sobre la cabeza, despeinando más su melena-. Alexandria, están jugando en casa, por favor, sentaos mientras voy a ver si Abby necesita ayuda con la cena.

-¿Ves? -dijo Clarke nada más se quedaron solas de nuevo- Nada por lo que preocuparse.

-De momento… ¿o te recuerdo lo que pasó en este mismo sofá?

-No creo que sepan nada de lo que pasó en este sofá -soltó una risita colocando su mano en la nuca de la morena, acariciándosela.

-Alexandria, ¿qué bebes? -salió el hombre otra vez observándola- ¿Vino?

-No, gracias. Quiero agua para la cena.

-No necesitas cuidarte todos los días, sé que el deporte es importante para ti, Alexandria.

-Puedes llamarme Lexa.

-Me parece justo -señaló, acordándose de cuando le pidió que le tuteara.

-Hola, chicas. ¿Qué tal ha ido el viaje? -peguntó Abby, que acababa de salir de la cocina limpiándose las manos en el delantal.

-Pues corto, mamá, como siempre -respondió Clarke sin demasiado interés.

Abby se acercó a las dos: le dio un sonoro beso en la mejilla a su hija y otro a Lexa, que sintió su cara encenderse.

-¿Cómo estás, Lexa? ¿Todo bien?

-Sí, muy bien -contestó de forma escueta. Había visitado la casa de Clarke varias veces y no habían sido pocas las ocasiones en las que se había encontrado con Kane y Abby, pero todavía seguía poniéndose nerviosa cuando estaban los cuatro en la misma habitación.

-Cariño, ¿ponemos la mesa ya? -ofreció Kane, posando la mano en el hombro de Abby y dirigiéndole una mirada significativa. La mujer fue a responder pero antes de que lo hiciese Kane ya le había cogido la mano y se dirigía junto a ella a la cocina.

Clarke se giró en ese momento hacia Lexa, que mantenía la mirada baja y tenía las manos entrelazadas frente a su estómago, como si quisiese protegerse del mundo. La rubia se las separó y entrelazó sus dedos con los suyos.

-Lex, ¿estás bien?

-No es nada, es que ya sabes cómo me pongo…

Clarke suspiró y le dio un pequeño beso en los labios con el fin de tranquilizar a la morena para que disfrutase de la noche. Las dos acabaron levantándose para ofrecer a poner la mesa mientras los mayores terminaban de cocinar la cena. La rubia hizo un poco el tonto para hacer reír a la morena con una de las servilletas antes de ponerla en la mesa justo cuando su madre entraba, disimulando ambas cuando llegó.

-Lexa, debo decir que me han chivado algo del proyecto que lleváis a cabo Bellamy y tú para final de curso -señaló Kane tras beber de su copa mirando a la chica-. Estoy bastante seguro de que vais a hacer un gran trabajo y, si no os importa, me encantaría estar en la presentación de este.

-Claro, puede venir quién quiera a las exposiciones, ¿verdad? -miró a Abby ahora, que asintió.

-Igual yo también voy –y a lo mejor con la madre de Clarke también se ponía más nerviosa; al fin y al cabo Kane era uno de los profesores y estaba más acostumbrada a tratar con él de esa forma.

-El truco es imaginarlos desnudos, Lexa -dijo él antes de llevarse un trozo de carne a la boca y mirarla con cierta picardía mientras la chica sentía sus mejillas arder.

-Ese truco nunca funciona -rebatió Clarke.

-Hay gente que prefiere utilizar otros, Clarke. Yo mismo utilizo el no prepararme las clases e improvisar.

-¿No se prepara las clases? -se sorprendió Lexa.

-No, y creo que acaban saliendo bastante bien, igual me he quedado dos veces en blanco pero es tan fácil como meterse con algún alumno -se encogió de hombros, y la morena soltó una risita con la broma del profesor. ¿O no era broma?

-¿Qué tienes pensado hacer cuando termines? -se interesó la madre de su chica.

-Me gusta el mundo de los videojuegos, pero también estoy interesada en la docencia.

-Serías una gran profesora -sonrió Clarke acariciando su muslo bajo la mesa, llevándose una mirada verde de su chica, sonriéndose las dos al mismo tiempo.

-Se pueden compaginar ambas cosas, yo lo tendría en cuenta. Tienes potencial -volvió a decir Kane.

-Igual podemos hablar también de algo que no sean los estudios -apuntó Clarke.

-Solo estoy interesada en tu chica.

-Y además del rugby, practicas surf, ¿verdad?

-No tan bien como Bellamy…

-Tienes poco que envidiarle en cuanto al surf -alabó la rubia.

-Eso no es verdad.

-Tendríais que verla -empezó a decir Clarke, ahora mirando tanto a Kane como a su madre-, hace unas cosas con la tabla increíbles, y cuando vienen olas más grandes a veces se me encoge el corazón de verla, pero siempre consigue sorprenderme.

Abby escuchaba atentamente a su hija, al igual que Kane, mientras que Lexa no sabía si meterse bajo la mesa por los halagos que estaba recibiendo de su novia. Sabía que a Clarke le asombraba el surf, sin embargo le sorprendía que se hubiese fijado tanto en ella mientras surcaba las olas practicando ese deporte.

Siguieron hablando de otros temas mientras comían la deliciosa cena que habían preparado Kane y Abby. Poco a poco Lexa fue sintiéndose algo más cómoda con la situación e incluso intervenía en las conversaciones sin demasiada dificultad, más aún si notaba la mano de Clarke en su muslo para transmitirle apoyo.

-Mamá, Lexa y yo queremos ir a dar un paseo por el jardín.

-No, no -dijo Abby, negando con la cabeza-. Todavía falta lo mejor.

Tanto Clarke como Lexa se miraron extrañadas. ¿Lo mejor de qué? Kane se rio, se levantó de la silla, no sin antes darle un beso en la mejilla a Abby, y caminó hacia la cocina para salir a los segundos con un bizcocho entre las manos.

-No podéis iros sin probar el postre -les dijo, guiñándole un ojos a ambas.

-¿De qué es? -preguntó Lexa observándolo con interés.

-De avellanas, galleta y yogur.

-Vamos, cortad un trozo, que Lexa empieza a babear -se metió con ella Clarke, y la morena soltó una risa mientras sentía sus mejillas enrojecer.

Abby cortó un trozo para cada uno y tomaron el postre entre risas antes de que la pareja se despidiese de los mayores y buscasen un poco de intimidad para terminar la noche.

-Mira, este es mi sitio favorito del jardín.

La verdad era que tenían un terreno enorme en esa casa; bastantes metros las separaban en esos momentos de lo que era el edificio. Lexa observó el sitio donde la llevó: había un sofá de resina de color negro y los cojines en blanco. La rubia fue la primera en sentarse y golpeó varias veces a su lado para que hiciese lo mismo, imitándola y pasando su brazo por sus hombros, inclinándose para besar sus labios suavemente.

-Desde aquí se ven muy bien las estrellas, al estar alejados de la ciudad, a veces vengo aquí a pensar -se acomodó en su hombro y miró al cielo, y Lexa se apoyó sobre su cabeza también mirando cada una de las estrellas que componía el cielo esa noche-. Aquí venía a pensar en ti -confesó-, y a buscar la valentía para decirte cómo me sentía contigo.

-Y míranos ahora, parece que has conseguido serlo -sonrió.

-No ha estado tan mal la cena, ¿verdad? -entrelazó sus dedos mientras seguían observando el cielo, y Lexa asintió.

-A veces me gustaría poder presentarte a mis padres -Clarke automáticamente la miró fijamente, apretando su mano-. Tranquila, estoy bien -sonrió cálidamente a la chica por si se había preocupado-. Son pensamientos que a veces me vienen a la mente, pero sé que te habrían querido mucho. No tanto como yo, pero casi -rio, y la rubia se acercó a besarla.

-Y yo a ellos los habría querido también -Lexa sonrió mientras Clarke acariciaba con su pulgar su labio inferior-. Dime cómo eran.

-Eran unos padres geniales -dijo nostálgica, mirando unos segundos a esas estrellas otra vez, antes de observar sus esferas celestes-. Eso no quitaba que fueran a veces un poco cascarrabias -se rio-. ¿Sabes? Una vez rompí el horno intentando hacer unas galletas, me moría de hambre esa tarde y mis padres no estaban. No sé qué pasó, pero empezó a echar chispas, y lo mejor que se me ocurrió hacer es ir a casa de Bellamy con la bicicleta y buscar su ayuda. Cuando llegamos ya estaban ahí los dos, y el idiota de Bell salió como las balas hacia su casa nada más vio a mi madre salir por la puerta. Nunca se lo perdonaré -empezó a reírse-. No fue para tanto: al final mi padre lo arregló y terminamos haciendo esas galletas para cenar. Las mejores galletas que he probado.

-Hazme un día galletas -sonrió Clarke.

-Te haré lo que me pidas -la rubia levantó la ceja, consiguiendo que Lexa la besase más intensamente.

-Con frases y besos así no puedo concentrarme en tener una conversación contigo -rodeó su cintura apoyándose otra vez en su hombro.

-Está tu madre a pocos metros… -susurró, acariciando su espalda.

-Lo sé, me estoy intentando comportar, Lex -ambas rieron divertidas.

-¿Sabes? Siempre he sido un poco romántica y he pensado muchas veces en la chica perfecta para mí y, cuando llegaste tú, me di cuenta de que fallé con todo. Tú eres la perfecta para mí, Clarke.

Notó que la abrazaba más fuerte y entonces sintió un pequeño temblor mientras se separaba de ella: tenía una gran sonrisa, pero con unas traviesas lágrimas que habían saltado de sus ojos.

-Estoy un poco tonta hoy -rio limpiándose las mejillas, y Lexa se acercó para hacer lo mismo.

-Eres preciosa -sonrió a la chica y dejó que la besase de nuevo.

-Tú eres la perfecta para mí, Lex -ambas se sonrieron y volvieron a unir sus labios bajo aquel manto de estrellas que cubría el cielo.


-¿Qué te vas a pedir tú?

John lo miró por encima de la carta que estaba ojeando con una ceja alzada. Bellamy se llevó la mano a la barbilla, pensativo.

-Creo que algo de verdura -John bajó las manos, que sujetaban la carta de la comida, e hizo un gesto de asco que provocó risa en el moreno- ¿Qué pasa? ¿Tú nunca comes sano o qué?

-Claro, pero no cuando salgo con mi pareja.

-¿Y qué tendrá que ver?

John negó con la cabeza y Bellamy resopló aún con una sonrisa en el rostro. Poco a poco se había percatado de que eran muy opuestos con respecto a gustos, como cuando les tocaba decidir ir al cine: nunca se podían poner de acuerdo y acababan viendo una película que a ninguno de los dos les gustaba en exceso.

Bellamy llamó al camarero e hizo el pedido de ambos. En cuanto se fue, el moreno giró la cara hacia John y alargó la mano hasta tocar la de él. Empezó a acariciar el dorso, la palma y los dedos hasta que estos se entrelazaron entre sí. Conectaron sus miradas y John le lanzó un beso con los labios que causó que Bellamy enrojeciese un poco.

-Me encanta que seas tan tímido.

-No lo soy, pero es que haces cosas que no me espero -John lo miró con ojos de cordero degollado y Bellamy no pudo evitar reírse-. ¡No te pongas así!

-Vale, ya no hago nada más.

John apartó la mano y la escondió bajo la mesa mientras hacía una mueca de enfado. Bellamy se mordió el labio, risueño: muchas veces John le decía que él parecía un niño pequeño, pero eso es porque no se podía ver ahora mismo.

-No te enfades… -le susurró el moreno, acercándose a él.

La mesa estaba rodeada por un sofá y ambos se habían sentado frente a frente, pero Bellamy aprovechó para sentarse al lado de John y posar la mano en su muslo. Lo apretó con delicadeza y con la otra mano buscó la del chico, que se dejó acariciar.

-Estás guapo hasta molesto.

John fue a apartarse de Bellamy cuando este atrapó sus labios con los suyos rápidamente, sin darle tiempo a procesar la acción. Solo era algo más que un roce de labios, pero Bellamy sintió cómo John olvidó todo lo demás al colocar una mano en su mejilla mientras correspondía al beso. El moreno rio dentro de él y le propinó un leve mordisco en el labio inferior antes de alejarse.

Al cabo de un rato llegó la comida, que ambos devoraron en un tiempo récord, y poco después pidieron la cuenta. A pesar de ser una noche de viernes, el sitio no estaba abarrotado y habían podido disfrutar de una cena tranquila, casi para ellos dos en exclusiva.

-¿Dónde quieres ir ahora? -le preguntó Bellamy, dejándose abrazar por el castaño cuando salieron de allí. Cada vez hacía mejor tiempo y, aunque las noches seguían siendo frías, al menos no llovía ni el viento impedía que tuvieran una cita sin despeinarse.

John no le contestó, sino que siguió abrazándolo con fuerza mientras Bellamy se dejaba querer. Lo atrajo más hacia sí, como si quisiera fundirse con él, y volvió a oler su aroma natural, ese que lo volvía loco y le hacía enamorarse más de él si era posible.

-A mí me apetece que estemos tranquilos, ¿sabes? -dijo Bellamy, ya que John seguía sin decir palabra, entretenido en abrazarle y darle besos por la zona del cuello, a pesar de estar cubierta por la camiseta- Y Monty se ha ido este fin de semana a casa de sus padres.

-¿No le molestará que me quede en tu habitación? -preguntó John, al que apenas se le entendía por tener la boca pegada al cuerpo del moreno, que sonrió.

-¿De verdad me estás preguntando eso? Anda, vamos.

John protestó cuando lo apartó de él pero se calló cuando Bellamy le recompensó con varios besos algo más cálidos de lo habitual.

Llegaron a la residencia veinte minutos después: habían tardado más porque John se entretenía con cada escaparate que veían y empezaba a avasallar a Bellamy con preguntas de cuándo podría tener él tal prenda de ropa, peluche, juego, entre otros artículos. Bellamy sacó la llave de la habitación y la abrió, encontrándosela vacía y ordenada, tal y como la había dejado antes de irse.

-Creo que voy a subir a por un pijama a mi cuarto.

Bellamy levantó una ceja al mismo tiempo que lo miraba con un gesto travieso. John entendió perfectamente lo que el chico le estaba diciendo de forma implícita: no es necesario que tengas un pijama.

Bellamy dejó el móvil y la cartera en la mesita de noche y John se sentó en la cama, quitándose la chaqueta de cuero que llevaba puesta. El moreno se dirigió hacia la estantería que había frente a la pared de su cama, cogió un mando y encendió el televisor junto con una consola.

-¿Te apetece jugar a algo? -John asintió con efusividad y se incorporó en la cama a la espera de qué juego elegía Bellamy, que parecía indeciso. Se dio la vuelta con dos estuches de plástico en la mano- ¿De miedo o de acción?

-Por favor, eso no se pregunta.

Bellamy sonrió e introdujo en la ranura uno de los juegos con más suspense y terror a los que había jugado en su vida. Alcanzó otro mando a distancia y se lo entregó a John, que lo agarró al vuelo. Se sentó tras su espalda, apoyando la cabeza en su hombro, y estuvieron jugando durante más de una hora, pendientes de todo lo que sucedía en la pantalla, que era lo único que iluminaba la estancia.

-Ahora vengo, príncipe -le susurró Bellamy, sobresaltando a John, que asintió y continuó jugando.

Bellamy se levantó de la cama y caminó hacia el baño. Una vez estuvo dentro, suspiró y apoyó las manos en el lavabo, un poco nervioso. Se miró al espejo y asintió con decisión a su reflejo: llevaba tiempo deseando hacer esto y las circunstancias hoy eran perfectas. Había hablado con John sobre ello bastantes veces y siempre le había dicho que no tenía prisa alguna, que era su decisión y que él la respetaba por encima de todo. Sin embargo, Bellamy quería hacerlo; necesitaba sentirlo de esa forma tras tantos meses de confianza y momentos compartidos.

Se echó agua en la cara para despejarse, se lavó las manos y se alborotó los rizos antes de salir. Se encontró con que su chico seguía ensimismado en el juego, dando pequeños saltos cuando algo que aparecía en pantalla lo asustaba. Anduvo en silencio y despacio, aprovechando que la habitación estaba casi a oscuras para quitarse la camiseta y los vaqueros por el camino sin hacer el más mínimo ruido.

Sintió cómo el vello se le erizaba antes de sentarse detrás de John, que no se había percatado aún de su presencia. Con lentitud, Bellamy pasó ambos brazos por los hombros de su pareja, atrayéndolo hacia su pecho. Vio a John sonreír de lado: giró la cara para darle un casto beso cuando se dio cuenta de que Bellamy solamente llevaba la ropa interior. Sus ojos recorrieron el torso del chico y sus piernas para luego concentrarse en su rostro, donde se veía dibujada una pequeña sonrisa.

-¿Quieres dejar de jugar?

-A esto sí -dijo John señalando el mando de la consola, con el que apagó el televisor, y lo dejó al lado de la cama. Una vez hecho eso, Bellamy captaba totalmente su atención.

El moreno sintió a John moverse para aproximarse a él hasta que sus labios rozaron su nariz, besándola con cariño. Bellamy cerró los ojos y John continuó dándole besos por la frente, la mejilla, los párpados cerrados, la barbilla… No pudo aguantar y posó una mano en la nuca del castaño para atraerlo hacia sus labios, sedientos de su boca. Introdujo la lengua en su boca después de haber lamido sus labios con ella para profundizar el beso y sentirlo más cerca y más caliente contra él.

John se sentó a horcajadas entre las piernas de Bellamy sin dejar de saborearle al mismo tiempo que se quitaba la camiseta y llevaba las manos al broche de su pantalón, pero el moreno lo paró posando las manos sobre las suyas.

-No.

-¿No qué? -preguntó confundido John.

-Hoy no quiero que sea así -susurró, con la vergüenza recorriendo su cuerpo.

-¿No quieres follarme hoy? -le dijo John al oído, mordiéndole el lóbulo y lamiéndole el cuello seguidamente- ¿Hoy no vas a hacerme el amor?

Bellamy se mordió el labio a la vez que espiraba aire por la nariz a causa de las ganas que tenía de hacerlo. Tras dejar las dudas y los miedos a un lado, John le había dado la suficiente confianza para que todos los encuentros sexuales fuesen sobre ruedas y él se sintiera cómodo y sin prejuicios; no obstante, no habían probado a hacerlo de otra forma, esa que tanto anhelaba probar Bellamy.

-Prefiero que… que me lo hagas tú a mí.

John se alejó unos centímetros de él y el moreno se puso más nervioso esperando su reacción, que no fue otra que acariciarle la mejilla mientras lo miraba con incertidumbre.

-¿Estás seguro? -toda la pasión se había esfumado para dejar paso a la preocupación- Hemos probado algunas cosas y seguro que podríamos hacerlo, pero…

-¿Pero qué? -fue el turno de preguntar de Bellamy, algo molesto por lo que creía que John insinuaba. Este resopló, se mordió el labio y continuó hablando.

-Solamente quiero que te sientas a gusto, Bell.

-Siempre lo estoy contigo -le susurró al mismo tiempo que volvió a atraerlo hacia sí para rozar sus bocas-. Nunca me he sentido tan seguro como cuando estamos juntos, John.

Bellamy sintió la sonrisa del castaño sobre sus labios y a continuación sus labios, húmedos y suaves, jugando con los suyos.

-Te quiero -susurró entre besos John.

-Te quiero -respondió Bellamy sobre su piel, acariciándola, lamiéndola y mordiéndola por todas partes.

El moreno tomó la iniciativa, girando el cuerpo del otro hasta que su espalda diese con las sábanas. Se miraron durante un segundo para volver a besarse con intensidad. John agarraba su rizos, retorciéndolos entre sus dedos, y Bellamy recorría el torso del chico, deleitándose en su sabor y en todo lo que sentía al no dejar ni una zona de su cuerpo sin inspeccionar. Bajó hasta su ombligo, el cual besó y lamió con auténtica devoción, y prosiguió su camino por la suave mata de vello que lo guiaba hasta su sexo, aún cubierto por los pantalones.

-Esto sobra -murmuró Bellamy justo antes de tirar de ellos y de su ropa interior para desnudar al chico, que soltó un jadeo al sentir el aire fresco en aquella zona.

Bellamy ya lo había tocado más veces y también había probado eso que en un principio fue nuevo para él, pero había perfeccionado tanto la técnica que el mismo John no podía contenerse demasiado cuando notaba la boca de su pareja en su pene.

-Ponte de rodillas -le ordenó Bellamy, dándole una pequeña palmada en el muslo para instarle a que lo hiciera. John no perdió el tiempo y se colocó de tal forma, proporcionándole al chico una vista sumamente placentera-. Ahora, baja los muslos un poco. Así -le dijo cuando comprobó que el chico estaba en la postura correcta.

Se tendió en la cama bajo el cuerpo de John, quedando su cabeza a la altura de su miembro, al cual tocó con delicadeza y lentitud, lo que provocó que una de las piernas de John empezase a temblar de anticipación.

Sin más preámbulos, Bellamy llevó su boca al sexo de John, introduciéndose más de la mitad en el primer movimiento. Oyó varios gemidos consecutivos por parte de su chico, que había tensado los músculos tonificados de las piernas. El moreno ralentizó sus acciones, volviendo loco a John: daba suaves y poco profundos lametones por la extensión de su miembro, llenando su boca solo con el glande y acariciándolo con los dientes sin llegar a hacerle daño. Después sorprendía al chico cuando colocaba las manos en sus nalgas para empujar todo su sexo en su boca hasta donde podía llegar y no había nada que le encendiese más que oír los jadeos roncos de John y ver cómo poco a poco perdía el control de su cuerpo.

-Ven aquí -le dijo el castaño cuando no soportó más esa tortura tan placentera, probándose un poco a sí mismo en la boca de Bellamy-. Ahora te toca disfrutar a ti.

-Pero si yo ya estoy dis… ¡Joder!

Notó la mano entera de John cerrarse sobre su sexo, moviéndose a un ritmo constante y rápido que le hacía ver estrellas.

-Encoge las piernas -le dijo el castaño cuando Bellamy estaba hiperventilando y el color rosa se había instalado en su rostro junto a pequeñas gotas de sudor.

El moreno le obedeció; se percató de cómo la mano de John recorría su muslo, su rodilla, volvía a su muslo y seguía hacia su trasero. Lo miró a los ojos a los ojos a la vez que sintió un dedo de John introducirse en él: lo habían hecho ya otras veces y el dolor o la incomodidad habían quedado bastante olvidados. John lo movió poco a poco, para que se acostumbrase a la intrusión, y cuando Bellamy le pidió que siguiese así decidió meter otro dedo más para dilatarlo.

Esta vez, el moreno echó la cabeza atrás por la presión momentánea que sintió en la zona, pero en pocos segundos se recuperó y él mismo se movía al ritmo de John, sin apartar la vista del castaño ni un instante. Este unió sus labios en beso feroz y se aventuró con un tercer dedo, que era hasta donde habían llegado en anteriores ocasiones. Bellamy gruñó pero el placer era mayor que la nimia molestia que notaba.

-¿Estás bien? -Bellamy asintió. Algunos rizos se le pegaban a la frente y la respiración la tenía muy agitada. John empezó a besarle la oreja y a lamer sus bordes: una vez descubrió que era una de las cosas que más le gustaba al moreno y este estaba más que encantado de recibir tal atención. Mientras tanto, John no paraba de mover la mano que tenía en el sexo de Bellamy, cada vez más duro entre sus dedos.

-No tendrás lubricante por casualidad, ¿no? -susurró tras morderle la barbilla y seguir besándolo como si no hubiese un mañana. Bellamy señaló con torpeza la mesita de noche y el primer cajón- Estupendo, también condones. Chico precavido.

Como respuesta solo obtuvo un gruñido y un tirón de pelo para que continuase con lo que estaba haciendo.

Bellamy sintió que por un momento la mano de John dejaba de estar sobre él e inconscientemente se quejó, incapaz de hilar pensamientos para saber qué estaba haciendo el chico. Al cabo de unos segundos que le parecieron eternos, Bellamy volvió a notar estimulación sobre su sexo, ahora mucho más vivaz, y algo duro entre sus piernas. Se mordió el labio, sin poder evitar estar con los nervios a flor de piel.

-¿Quieres seguir?

-S-sí -dijo Bellamy con dificultad a causa del placer: no sabía cuánto iba a durar, pero sentía un hormigueo acrecentándose en su interior.

John asintió y, de repente, algo más grande que los dedos que había sentido antes estaba justo en su entrada. John, sin dejar de acariciar su miembro, empujó muy poco a poco hasta que parte de su miembro estuvo dentro de Bellamy. El lubricante ayudaba y era agradable de sentir.

John le preguntó con los ojos si debía seguir y, para responderle, el propio Bellamy se movió un poco con la intención de sentir más de su chico en su interior. Con cuidado, llegó el momento en el que su miembro estaba dentro de Bellamy por completo. El moreno tenía los ojos cerrados y respiraba con fuerza. John, preocupado, posó una mano en su pecho y paró.

-¿Bell?

Abrió los ojos lentamente: era algo extraño, quizá un poco molesto, pero nada que no pudiese aguantar. En cuanto vio la cara de John, colocó sus manos en las mejillas del chico para tranquilizarlo y le sonrió.

-Estoy bien.

John suspiró y Bellamy vio con sus propios ojos cómo el alivio se reflejaba en su cara, haciendo que el moreno se reafirmase en el hecho de que quería hacerlo con él y por fin había llegado el momento.

-Si te duele o si… ¡Dios, Bellamy! -exclamó cuando el moreno lo agarró de los brazos, haciendo que perdiese el equilibrio y cayese sobre él.

-Empieza a moverte o lo haré yo por ti.

Bellamy vio cómo John tragaba saliva y no podía dejar la nuez de su cuello sin besar. Mientras que le mordía el cuello y parte del hombro para acallar los gemidos, John se movía despacio, pero en cuanto notó que Bellamy correspondía sin problema aumentó el ritmo.

El olor a sexo impregnaba la habitación; los cuerpos de ambos, llenos de sudor por el esfuerzo y el placer, se movían a la par, sincronizados por completo. Los besos esporádicos eran un deber, los gemidos en el oído del otro no se hacían esperar ni tampoco los instantes en los que querían unir más que sus cuerpos y no podían hacerlo de otra forma que con embestidas que los hacían temblar o con abrazos en los que se dejaban la piel y los sentimientos.

Bellamy no pudo aguantar mucho más cuando John encontró el punto justo dentro de él y se corrió sin poder evitarlo en la mano del chico. Este le siguió tras unas cuantas embestidas más, escondiendo la cara en el cuello del moreno mientras ralentizaba su acelerada respiración.

Bellamy lo abrazó y no le importó sentir su cuerpo húmedo contra el suyo: todo lo que quería era compartir ese momento con él y alargarlo cuanto pudiese.

-¿Qué tal? -fue la escueta pregunta de John, al que todavía le costaba hablar. Bellamy soltó una carcajada, ya sereno.

-¿Que qué tal? -dijo, haciendo énfasis en lo absurdo de la pregunta- ¿No lo has podido ver por ti mismo?

John le dio un tortazo en el hombro que provocó que se riese aún más y que su chico también lo hiciese para luego darle un beso en la mejilla. El castaño se tumbó a su lado, agarró las sábanas y las echó por encima de ellos para que no pasasen frío cuando sus cuerpos dejaran de estar tan calientes.

-¿Entonces te ha gustado? -volvió a repetir John, entrando poco a poco en el estado de duermevela. Se notaba que todo el ejercicio que habían hecho tenía sus consecuencias.

-Pues claro que sí -le contestó Bellamy, acurrucándose contra él-. Me ha encantado.

Todo lo que hizo John fue sonreír, pasando un brazo por debajo del cuello de Bellamy y otro por encima de su cintura. El moreno le empezó a dar besos en la frente y en el pelo a la vez que con una mano le hacía cosquillas en la nuca. Cuando John dio un pequeño ronquido, supo con seguridad que estaba plácidamente dormido.

En un arrebato, lo acercó a él más si cabía y suspiró, feliz de haber tenido la oportunidad de encontrarse con alguien así en su vida. Con ese pensamiento, él también se durmió, imaginando todas las noches que les quedaban por pasar juntos.