Harry Potter & Draco Malfoy:
Dreams Of The Future Past.
By the Fox
Alternate Universe
S+o.we.da.y yo.u. ge.t u.s+e.d to. i.t, li.ke. be.i.ng nu.wbe.d by po.i.s+o.n
A.h, fr-o.w thi.s+ pla.ce. fi.lle.d wi.th cha.o.s, bo.y (bo.y)
Five: Poison and Chaos
- Mil cien.-
- Mil cien once. La torre Sur no fue construida hasta el mil ciento diez .-
Harry y Draco miraron a Hermione y Lawliet discutir, las cabezas juntas, como si se tratara de un cuestionario en clase. Estaban a punto de emitir una opinión ( que se acercaba al dígannos que están jodiendo!) cuando escucharon un grito, y se voltearon para bajar corriendo la loma entre la niebla de la mañana, porque había sido Andy quien había gritado. Cuando Draco se dejó caer de rodillas junto a él, sosteniéndolo y manchándose los pantalones de pasto en su prisa, Andy gritaba y se retorcía, las manos en las sienes como si quisiera exprimirse la cabeza, gimiendo y doblándose sobre sí mismo como si lo torturasen. Se revolvió en los brazos de Draco, jadeando, y entonces abrió los ojos de golpe, aferrándose a él con un sollozo, hundiendo el rostro en su pecho:
- Ya sabe que estoy aquí! Viene por mí! Viene por mí!-
- Pero adónde mierda nos trajiste?!-exclamó Harry furioso.- Habla claro d euna vez! Quién viene? En qué demonios nos metiste!-
- Andy, no tengas miedo, yo te protegeré…- susurró Draco, abrazándolo contra su pecho, antes de musitar sin hablar hacia Harry, por sobre su cabeza.- …Y tú cierra el hocico!-
- No veo porqué tengo que callarme, él llora a gusto…-
- Cállate o te lo parto!-
- Paete; non dolet.- dijo Hermione, imponiendo las manos en la cabeza de Andy, que se desmadejó en sus brazos. Se levantó, oteando el horizonte, y emitió un suspiro.
- Qué fue eso?-
- Un hechizo para cortar líneas de magia sin dolor. Si alguien lo sintió fue traceando su magia: si eso le hace doler, mejor cortar la línea. Es un viejo hechizo romano.- dijo Hermione, las manos en la cintura, sin hacerle caso al par de muchacho alelados.
- Tú estás estudiando para enfermera mágica?-
- Medimago, Malfoy chauvinista, medimago.-
- No tiene nada que ver con que seas mujer, es porque eres mudblood, que nadie diga que no estoy por la integración de los sexos.-
- Yo hubiera preferido dejarlo que gritara otro poquito, para seguir el hilo… ya sabes, no mates la hormiga, síguela.- dijo Lawliet, horizontal en el pasto, las manos tras la cabeza.- Para saber quién escribió el libro… tiene que haber sido un mago muy poderoso.-
- Tú eres de Shangai, no?-
- Ajá.-
- Porque suenas directamente de los khmer rojos.- dijo Hermione con una ceja alzada.- Y no hace falta.-
- Porqué?-
- Porque o Andy está más confuso de lo que creíamos, o el dueño del libro viene ahí, a caballo, con soldados.-
Era como una imagen en un libro de historia. Hermione, a pesar delmiedo y del shock, se halló disfrutando intensamente su paseo por la historia clásica inglesa al ver a un grupo de jinetes, con arcos y espadas, hacer un círculo con sus caballos bayos y detenerse, lo suficientemente cerca para impedirles escapar, lo suficientemente lejos para demostrar algún respeto. No llevaban las pesadas armaduras de la Edad Media: iban cómodamente vestidos con trajes de cota de malla, abiertos como túnicas, que relucían cual escamas al sol, con capuchas y calzas de un intenso amarillo oro, festoneados con hilo negro. Capitaneándolos estaban dos chicos muy jóvenes, apenas unos años mayores que ellos: uno robusto y sonriente con rizos color oro y ojos de un pardo cálido, y el otro tan rubio y pálido que hacía a Draco parecer tostado, vestido entero de negro. Él, que era el único en cargar una lanza, desmontó, y Hermione contuvo el aliento: se parecía mucho al joven en su cuadro.
Mucho… pero no era él. Ambos tenían un aire a él, pero ninguno lo era. Un poco decepcionada, y sin saber porqué había contenido el aliento, Hermione suspiró, y frunciendo el ceño, se preparó para todo.
- Algunos de ustedes escribió esto?- dijo Lawliet, que se había levantado de un salto. Draco lo miró, furioso de que se refiriera a Andy como " esto", pero el chico rubio y rizado avanzó hacia ellos, para hablar en un suave inglés anticuado:
- Sois viajeros? Qué hacéis en el descampado, cuando estamos en medio de una cruenta guerra?-
- Ah?-
- De dónde venís? Habéis llegado aquí por magia?-
- Nosotros… eh…- Harry se desabotonó el cuello del sweater, intentando no hacer muy obvio el hecho de que esperaba que alguien hablara. Nadie lo hizo y siguió:
- Sí… vinimos por magia, del futuro. Alguien nos trajo aquí… creemos que por error.-
- No existen los errores ni las casualidades.Mi padre decía que todo es el destino.- dijo el chico pálido, la lanza cruzada a su espalda afilando aún más su figura de ojos oblicuos y mentón afilado.
- Mi papá dice que lo llamas destino cuando no sabes quién te está jodiendo.- agregó Lawliet alegremente.
Inesperadamente el chico de pelo rizado soltó la risa.- Ay… una gran verdad… deja que se le cuente a mamá…-
- Mamá no estará de acuerdo.- dijo el de pelo liso, con una leve sonrisa en sus serios ojos gatunos.
- No, es algo que diría tu padre…- agregó el chico rizado, esbozando una gran sonrisa.- Es mejor que vengan con nosotros. Mamá estará feliz de acogerlos, y hay mucho espacio, ya que la escuela está casi cerrada… y no pueden quedarse aquí en medio del campo de batalla!-
- Batalla?- repitió Harry. Hermione parecía muy preocupada.
- Está bien. Yo soy Lawliet Lloyd. Hola.-
- Perdonen que no nos hayamos presentado. Yo soy Hughes y él es Gareth.- dijo el chico de pelo rizado.- Los refugiaremos en Hogwarths, por mientras se aclara su situación.-
- Te lo agradezco.- dijo Draco, levantándose y manteniendo a Andy en sus brazos.- Pero preferimos seguir solos, si no es molestia.-
Lawliet se encogió de hombros.- Yo preferiría…-
- A nadie le importa un cuerno lo que tú quieras, Lloyd.- dijo Draco secamente.- yo decidí proteger a Andy, y lo haré solo.-
- Bueno. Que se diviertan cuando los normandos los violen a los dos hasta matarlos, son justo del tipo que les gustan.- dijo el rubio pálido que habían llamado Gareth, provocando que Draco se tensara.- una vez que todo el ejército se los ha metido permiten que los caballos se desfoguen con ellos, y después los dejan con los pies cortados metidos en el recto, y sobra espacio…-
- Gareth!- exclamó Hughes, con sequedad.- Discuúlpenlo… los dos hemos visto cosas terribles en el campo de batalla. Lo importante en que no están seguros aquí. No intervendremos en sus asuntos, les doy mi palabra, pero no podemos en buena consciencia dejar a unas damas y a unos jóvenes solos acá…-
- Si crees que no nos podemos defender…- empezó Harry, e inmediatamente Hermione le dio un feroz pisotón.
- Estamos encantados de ir. Disculpa a mis compañeros, han visto cosas terribles también en … eh… su estupidez. Iremos con ustedes, Milord.- dijo rápidamente. Draco abrió la boca, y Hermione los amenazó con la varita. Mientras levantaban el campamento y los jinetes esperaban, Harry y Draco se volvieron a Hermione, pero antes de que dijeran nada, Hermioen habló con voz intensa, casi asustada.
- Mil ciento dieciséis. Otoño. Los romanos se han ido de Inglaterra para siempre, pero Camelot ya ha caído y en su lugar se ha levantado Hogwarths como nuevo baluarte contra la invasión normanda… los celtas se han replegado, y sólo quedan pocos sajones custodiando la magia antigua, todos reunidos en Hogwarths, alrededor de Helga.-
- Helga?-
- Rod Langrisser te va a rajar cuando volvamos, sabes.- dijo Hermione mirándolos a los ojos con los suyos cargados de miedo y excitación.- Helga de Hufflepuff comandó el último sitio de Hogwarths! Y ésos son Gareth Slytherin y Hughes de Hufflepuff! Que nunca se leyeron Hogwarths: A History?-
- Andy? Háblame. Si alguno de ellos te ha hecho daño, nos iremos. Háblame, por favor.- dijo Draco dulcemente. Los dos iban a caballo, en el centro de la columna, y el muchacho parecía haberse sumido en una especie de melancólica catatonia, los ojos perdidos y velados por las espesas pestañas, un gesto cansado e ido en su rostro. Draco, que había nacido en la montura lo llevaba sin esfuerzo, apenas prestando atención a una Hermione que llevaba a Lawliet a la grupa y parloteaban con Hughes de Hufflepuff como si hubieran sido amigos toda la vida. Un poco más atrás, Gareth de Slytherin acompañaba a un tranquilo Harry, hablando un poco sobre batalla y armas, los dos en voz tan queda que no se podía oírlos: y Draco se halló distraído por esa conversación de un modo que la risa de Hughes no le molestaba, ni tampoco las estúpidas declaraciones de Lawliet, que intentaba explicarle lo que era un tanque.
- Andy…-
- Estoy bien. No sé porqué me puse así.- dijo Andy con un suspiro, apoyándose en Draco, y el movimiento alertó todos los nervios de su cuerpo. Era dulce, innegablemente dulce galopar con él en sus brazos, el aroma de su cabello en la cara, mientras cruzaban una Inglaterra con campos de flores sin hollar.
- Entonces ninguno de ellos…?-
- No. No recuerdo a ninguno de ellos, aunque…- Andy movió la cabeza.- debe ser que él se parece a ti.-
Draco sonrió, dándose cuenta que efectivamente él y Gareth podrían haber pasado por parientes, los dos tan pálidos y rubios. Aunque notó con ciertos celos que Gareth tenía más hombros y más músculos en el cuerpo. Gracias, mami, por tu sangre veela… has hecho que para siempre me ponga corsé y soy Uma Thurman.
Malditos genes de pajarraca flacuchenta…
- Porquénos trajiste aquí?-
- No quería traerlos aquí. Me asusté y mi magia… se soltó.- dijo Andy en voz baja. - Cuando llegamos recordé algo, pero ahora… no quiero ir al castillo, pero no sé porqué. Pasó algo malo allí… o va a a pasar… no estoy seguro.- Andy parpadeó, volteándose a Draco, una leve angustia en su tez pálida, en sus ojos expresivos.- Draco, tengo miedo…-
- No tenga smiedo conmigo. Yo te cuidaré.- dijo Draco con firmeza, e inclinándose, rozó sus labios con los de Andy, atrayéndolo hacia sí. Andy lo besó con abandono, quedándose luego abrazado a él, mientras avanzaban: pero Draco, aunque aceptó la sonrisa de Hughes, la elevada de cejas de Hermione ( "bibliófilo!" le musitó) y los incongruentes gestos de Lawliet, no se atrevió a voltear para enfrentar dos ojos verdes que le taladraban la espalda. Finalmente no pudo más, y giró: pero no eran los de Harry los que lo miraban intensamente, con envidia, con odio casi.
Harry miraba el horizonte, una mano en sus ojos protegiéndolo del sol naciente. El que lo miraba fijamente a él, con ojos oscurecidos, era Gareth de Slytherin.
Los arcos de Hogwarths eran los mismos, aunque las tallas eran claras y nuevas, los escalones afilados y recién terminados: habían soldados y guerreros en los patios, abundantes caballos, y con un sobresalto, vieron armas en una esquina, siendo forjadas, limpiadas. Hughes los condujo a través de las guardias hasta un patio interno, en donde dos arces florecían como oro, y mientras desmontaban y unos soldados se hacían cargo de los caballos, Harry oyó pasos, y vio a una mujer vestida de oscuro bajar corriendo una gran escalinata de piedra.
Y entonces, Harry pensó que nunca había sabido lo que era la belleza.
Helga de Huffepuff era una mujer de estatura media, pero intensamente majestuosa al caminar. Su vestido negro y su manto, negro con flores de oro, cumplimentaba una figura de mujer plena, con un escote cremoso y lleno sobre el corsé y unas caderas marcadas enmarcadas por un cinturón de cadena de oro cuyas flores, de oro macizo, pendían de cadenillas entre los pliegues de la amplia falda. Su piel era cremosa y sonrosada, las mejillas llenas y juveniles, los ojos negros y chispeantes bajo una maraña de trenzas rubias recogidas en un moño descuidado con cintas negras, del que escapaban espirales de oro. Era hermosa: hermosa como lo es el fruto finalmente maduro, o el árbol completamente florecido y lleno de pájaros. Harry se quedó sin aliento, y dobló una rodilla sin poder controlarse: levantó la vista cuando el ruedo de seda negra le cubrió las rodillas, y al mirarla, tuvo la sensación de que el sol de la mañana se detenía para coronar a esa mujer de oro y ébano.
- Levántate, hijo mío.- dijo ella, con voz suave y musical, cargada de ternura.- No soy una reina para que te arrodilles ante mí. Eres bienvenido, seas quien seas, y vengas de donde vengas: nadie con tanto valor, honestidad y tristeza en sus ojos necesita probarme que es un buen hombre.-
Harry sintió un terrible impulso de sepultar el rostro en el pecho de Helga y llorar su miedo, su terrible amor, su decepción, sus celos y su pena: hubiera desnudado su corazón de pronto, listo para revelar todo lo que cargaba, todo lo que sentía, como un niño deposita su juguete roto a los pies de una madre.
Pero todos eran como niños ante Helga de Hufflepuff, la más amada de los señores de Hogwarths: el tejón de ébano y oro que cuidaba de los suyos con fiereza, y cuyo símbolo era el corazón infinito: amor sin fin ni principio.
Y Harry sintió, más que supo, mientras Hughes se arrojaba en brazos de su madre y Gareth hacía una reverencia y besaba su mejilla, que tendrían que matarlo antes de que pudieran lastimar a esa mujer.
Pero…
- Hermione.- susurró, urgentemente.- Ella… qué pasa ahora?-
Hermione movió la cabeza, con tristeza.
- Me temo que no hemos llegado en un buen momento…-
- Esto… tiene su gracia, dentro de todo.-
- Yo sabía que en algún lado eras una chica.- dijo Harry de mal humor un rato después, extendido en una cama del porte de un bote pequeño. Hughes los había escoltado a un par de grandes habitaciones que reconocieron como actuales aulas: en cambio, ahora eran dormitorios, más o menos del tamaño de un campo de quidditch, con frescos en las paredes, cortinajes en las paredes, tapices por todas partes, tallas donde hubiera una pulgada que tallar, y con una alfombra tejida a mano de dos dedos de gruesa, de lanilla rojo terracota. Hermione estaba riéndose, extasiada ante dos vestidos que Helga le enviase para poder lavar sus ropas manchadas de pasto: y mientras un montón de encaje y lino blanco trataba de pasar como enaguas suficientes para armar una carpa de circo, el vestido la tenía encantada, cortado al sesgo y de un amarillo pálido satinado con bordados blancos, un sencillo corset de batista para cubrir el pecho y un cinturón de cordones blancos para anudar a la caderas. Sin estúpidos miriñaques medievales ni extrañas armazones, el vestido era cómodo y regio a pesar de los metros y metro de ruedo, y Hermione descubrió fascinada que no tenía ni botones ni cierres, sino simplemente un corte perfecto.
- Es como usar una pieza histórica… sí que sabían hacer vestidos bonitos en esta época, una pena que ya no estén de moda…-
- Si esperas que yo me ponga calzas, vas lista.- Harry se rió al verla salir de detrás de un biombo, aún con los pantalones grises de colegio manchados bajo un sweater rojo que Draco le prestara.- Te falta bastante para llenar el estante, eso sí.-
- El estante…?- Hermione bajó la vista: su busto podía no asomarse como el souflé cremoso de Helga, pero no estaba descontenta.- No lo tengo para mostrártelo a ti, Potter. Ahora, si pretendes instalarte aquí, estás delusional.-
Harry se sentó, cruzando las piernas.- Sólo quiero que me expliques dónde estamos… y qué está pasando. Ya sé que tú estás disfrutando mucho el paseíto histórico, pero yo creo que tenemos que volver a casa, y pronto.-
- No es que no esté disfrutando ver la historia con mis propios ojos, pero no quiero quedarme para ver la guerra.- suspiró Hermione.- Yo… supongo que el único que puede sacarnos de aquí es Andy.-
- Deberíamos preguntarles por Selene!- dijo Harry, parpadeando.- Quizá esté aquí, y si la llevamos de regreso…!-
-… hay una mejor posibilidad de que mi padrino no nos arranque la cabeza? Mi padre debe estar pateándole las pelotas a todo Auror que se cruce y chillando como una oveja sin cabeza. Sólo por eso, y sin contar a Selenita, Snapey nos retorcerá el cuello como a pollos y nos colgará como ejemplo para sus alumnos.- dijo Draco, entrando en la habitación. De alguna forma se había lavado el pelo, y se había cambiado a un beatle gris sobre jeans color crema, siempre limpio como un gato.
- El decano debe tener cosas mejores que hacer.- comentó Hermione, cepillándose el pelo con una peineta de concha que había en el velador.
- Sí, le has visto el escote a tía Mariah? Ese viejo debe hacer algo muy bien, o tiene una lengua de quince centímetros.- se rió Harry, aún tendido en el lecho.
- Cállense! Pervertidos enfermos, saquen esas imágenes de mi cabeza, alguien, un pensadero, rápido!- exclamó Hermione, estallando en risa y dejándose caer en la cama con un revoloteo de seda color mantequilla.
Draco rió con ellos, antes de sentarse a los pies de la enorme cama.
- Estamos antes de la batalla de Le Fay, verdad? – dijo apoyándose en los codos.- Richard fue a buscar a su madre y Gabrielle está en el continente.-
- Yo creo que Morgana debe de estar por llegar.-
- De qué están hablando?-
Hermione y Draco miraron a Harry con la ceja alzada de los afganos que se tropiezan con un chihuahua.
- Quieres el crash curse de Hogwarths History?-
- Por favor.-
Hermione se volteó para quedar de bruces y acarició el edredón rojo oscuro mientras Draco se tendía de espaldas, su cabello un violento contraste, y apoyaba la cabeza en el estómago de Harry.
- Salazar, Rowena, Helga y Godric crean Hogwarths. Se pelean. Salazar se larga al continente. Rowena y Helga se pelean. Rowena se larga a Francia. Godric se va a luchar con los romanos y vuelve con una hija, Gabrielle. Helga tiene a Hughes de padre desconocido. Rowena llega con su bebé Richard, del linaje de Joyous Garde en Francia. Salazar llega arrepentido con Gareth, se lo encarga a Helga y se vuelve a Dinamarca a seguir jugando con druidas semidesnudas.-
- Afortunado bastardo… chico listo, nada como una druida para jugar.- dijo Draco. El comentario era tan racialmente inapropiado que Hermione le puso un cojín en la cara para ahogarlo.
- Los normandos atacan y los cuatro se vuelven a reunir, Godric muere en batalla, Salazar se vuelve a largar a pedir ayuda al continente con Rowena, y Rowena vuelve sola y herida, para anunciar que Salazar los había traicionado y se había unido a los normando. Helga comanda la última resistencia y muere junto a Gareth y a Hughes, dejándole Hogwarths a Richard Ravenclaw, que fue su primer director.-
- Helga va a morir?- exclamó Harry, sentándose dolido.
- Te informo que de milciento dieciséis a mil novecientos noventa y ocho, todos los que están acá están momificados hace rato…-
- No eso, es… no quisiera verla morir.- dijo Harry, mirándolos darse de cojinazos.
- Primera vez que veo que te interesa la historia.- Hermione se volvió a Draco.- Y Andy y Lawliet?-
- El freak se quedó conversando con Hughes. Andy… le dí algo de comer y está descansando, no recuerda bien lo que pasó, pero no le gusta estar aquí, y ya me imagino porqué. Creo que lo mejor es esperar que se recupere un poco, y salir de inmediato de aquí.-
- Yo también creo que es buena idea.- dijo Lawliet, entrando en la habitación y ganándose sus miradas sorprendidas. Se puso horizontal de inmediato en la cama, y poniendo los brazos tras la cabeza, miró a Hermione cabeza abajo.- Si la historia es correcta, no quedó nadie vivo, excepto Richard, tras la batalla. Y por nadie, eso nos incluiría a nosotros, creo.-
Los demás ignoraron sus palabras, acodándose para mirar a Lawliet, que con el cabello en una colita, una magnífica túnica azul con bordados negros y calzas negras en botas de cuero suave parecía tan cómodo como en pijama.
- Te prestó Gareth eso?-
- Mi ropa estaba sucia.- dijo Lawliet sonriendo.- me queda bien, verdad?-
Hermione sonrió, notando que efectivamente el negro y el azul cumplimentaban su complexión delicada, pero vigorosa.- te queda muy bien.-
- Tú también estás muy bonita.- dijo Lawliet, cerrando los ojos. Harry y Draco intercambiaron una mirada malvada mientras Hermione se sonrojaba.
- Sí. Estás de comerte.- se burló Harry.
- Haber sabido que eras toda una mujer bajo ese uniforme de nerd slut…-
- Pero estás en la cama con nosotros, caíste a la sartén, Hermy.-
- Yaaahagh!- Harry y Draco hicieron un zarpazo de tigre, a lo que Lawliet no se movió aunque le pasaron por encima, y Hermione dio un gritito y huyó, roja como una cereza y molesta.
- Brutos… idiotas…- alegó, yéndose a chequear a Andy en la otra habitación.
- Es una buena chica.- le comentó Harry a Draco, tendidos en la cama.- Fea, bruta, sin mundo y mudblood, pero es una buena chica.-
- A mí me gusta mucho.- dijo Lawliet, enrollándose como gato.- Además, ustedes están locos el uno por el otro, así que me la dejan a mí, por favor.-
Harry se sonrojó de golpe mientras Draco miraba a Lawliet como si las miradas mataran. Claramente, al ravvie más listo de Shangai le dio lo mismo, porque emitió un ronroneo, abrazó la almohada, y cayó dormido de inmediato con una sonrisa.
Parecía una reunión familiar. Hermione se había esperado muchas cosas esa noche cuando Hughes, muy galante, fue a buscarlos para cenar y la llevó del brazo mientras los cuatro chicos bajaban detrás: pero a pesar de la elegancia de jarros de plata, platos de porcelana inglesa y adornos de oro, la mesa no era desmesuradamente grande y comían en la sala redonda y aireada que en otra época, era el despacho de los directores de Hogwarths. Estaba caldeada por una enorme chimenea y un samovar que olía a menta y saúco: y también por los efluvios de fuentes de sopa , patatas calientes y un par de pavos asados colocados en bandejas impecables. Helga dirigía la mesa como una madre, trinchando y sirviendo ella misma, y Gareth y Hughes le ayudaban como niños, a pesar de que los dos la superaban en unos buenos veinte centímetros de estatura.
Helga los saludó amablemente, los hizo sentar y les sirvió la comida de su preferencia, ignorando a algunos sirvientes para llenarles los platos de pavo, budín de verduras, patatas y llenarles un jarrito de plata con caldo hirviente y espeso: les trinchó grandes rodajas de un pan blanco muy grueso, y los animó a comer con una sonrisa mientras ella misma disfrutaba de la comida con fruición. Sólo entonces los viajeros se dieron cuenta que a pesar del tarjetero de Lawliet, estaban famélicos, y durante un rato hubo muy poca conversación mientras devoraban la abundante comida. Incluso Draco, que normalmente tenía muy poco apetito, se llenó el plato de budín y apuró el sabroso caldo con pan: pero cuando su apetito se calmó un poco, y vio a Andy comiendo fascinado su pavo, notó que alguien no tenía el mismo apetito que todos los demás en la mesa.
Gareth Slytherin había probado su caldo, y nada más, cortando la patata pensativamente. Cuando sus ojos se encontraron, Draco notó que eran de un verde más oscuro de lo que había notado, más intensos, y que miraban con un fijeza extraña. Además, para una persona tan rubia, tenía pestañas muy largas y de un castaño que sí contrastaba con las pálidas mejillas afiladas. Su expresión era ilegible, pero Draco creyó notar una sombra, alguna emoción reprimida.
Podía ser vergüenza, se dijo apartando la vista. Era después de todo, el hijo de un traidor.
- Me dice Hughes que ustedes vienen del futuro. Sé que no debería preguntarles nada…- empezó Helga, pero Gareth cambió de expresión y sonrió.
- No pueden contarnos nada, mamá. Eso podría desgajar el espacio tiempo en dos o más dimensiones, creando paralelismos mágicos en espiral que los ataran acá para siempre: tú sabes eso-
Helga hizo un auténtico puchero.
- No podemos decirles nada?- preguntó Hermione, un poco decepcionada, que se moría por un intercambio de conocimientos temporales. Hughes le cerró un ojo.
- A no ser que quiera quedarse a vivir conmigo para siempre, linda doncella.- agregó, comiéndose un pedazo de pastel de bellota asada demasiado grande de un mordisco.- Son todos bienvenidos, no soy un tipo exigente… ay!-
- Compórtate.- gruñó su madre, aparentemente tras patearlo bajo la mesa.- Éste bocón hijo mío no tiene idea de lo que es importante, lo único que le importa es satisfacer sus apetitos y gozar la vida, nunca he logrado que ponga la cabeza en cosas serias…-
- … y ella es mi mami… somos muy parecidos!- Hughes sonrió beatíficamente, agitando sus rizos rubios.
- Más respeto con madre, patán!- ladró Gareth.
- … todos me tratan mal… llévenme con ustedes cuando se vayan…- Hughes fingió un sollozo, mientras Lawliet reía a carcajadas. Harry le sonrió a Hermione: empezaba a encariñarse con la pareja de herederos, como se había encariñado con la madre. Era un gran modo de estudiar historia, eso se daba por descontado.
Siguieron cenando, mientras Hughes contaba una entretenida historia de cómo Gareth, el gentil Richard de Ravenclaw y la apasionada Gabrielle Gryffindor habían, siendo adolescentes, enviados de visita a Joyous Garde, el jardín secreto de las druidas en Galia, y habíana aprendido mucha metamagia, a pesar de haber exasperado hasta la naúsea a Arthur du Lac, el heredero de la reina druida Guinevere. Los habían … "cuál es la palabra" había preguntado Hughes. " extraditado" dijo Hermione: Gareth dijo " echado a patadas a todos excepto yo" y prohibido asomar la cara, o ninguna otra parte de su anatomía, de nuevo en toda la Galia, tras un alegre incidente involucrando fuegos artificiales, un complicado hechizo de ilusión, las ropas de una gran cantidad de druidas adolescentes y el árbol tutelar de Joyous Garde.
-… y él lo había planeado todo, por supuesto, pero se hizo el santurrón como siempre y salió de rositas…- dijo Hughes, apuntando con el pulgar a Gareth, que bebía su vino con una sonrisa.
- No veo porqué el que tú no puedas ser convincente es mi culpa.-
- Es un Slytherin apestoso, por eso.- dijo Hughes moviendo la cabeza. Todos rieron, pero Harry levantó la vista, y supo, al ver ese relámpago de dolor y desesperación y amor en los ojos de Gareth.
Cómo podía no reconocerlo, si lo había visto en el espejo?
El pálido muchacho vestido de negro amaba a su hermano adoptivo, con toda la fuerza de un temperamento intenso. Harry sintió conmiseración, un sentimiento que no estaba acostumbrado a sentir: lo entendía perfectamente. Harry también había crecido junto a alguien hasta que ese alguien permeaba cada fibra de su ser, entretejido incluso en sus sueños: y aunque él amaba a un Draco que era pálido como la luna e inflexible como ésta, comprendía que Gareth amase a Hughes, que parecía ser uno de esos afortunados seres que viven con la luz del sol prendida en los ojos. Era como Helga: era de esa gente que no puedes dejar de mirar, de desear, de amar. Absorbía la luz como una gema, atraía las miradas como un espejo: era tan agradable sentarse a su lado como ante un fuego rugiente. Vivía con una intensidad juguetona, maravillosa, que producía ternura y ganas de unirse a sus juegos, y cuando reía, uno podía matar por esa sonrisa.
Era como Helga, pero su intensidad hacía parecer a su madre pálida por comparación. Harry miró a Gareth, y lo vio ansiando, soñando, tratando de reflejar un poquito de esa luz, y sintió una pena tan intensa que tuvo que mirar su plato de postre para no delatarse.
Y entonces sintió una silla caer, y Andy dio un grito y retrocedió, intentando huir, encontrándose con una pared y quedando allí, paralizado como un conejo ante un foco. Gareth se había puesto de pie de un salto, blanco como la leche.
Hughes se quedó sentado, parpadeando, la boca abierta. Draco saltó a tomar la mano de Andy, listo para sacarle la cabeza a quien lo amenazara: y Harry se colocó ante ambos, mientras Hermione se cubría las manos con la boca y Lawliet seguía comiendo fresas.
- Lamento haberlos alterado con mi innecesariamente dramática aparición. Queda sopa?- preguntó un hombre alto y esbelto, con el cabello rubio claro manchado de hilos de plata, una gran capa de terciopelo verde sucia por el viaje y grandes ojos verdes, rasgados y hermosos. Una persona le acompañaba, pero nadie la notó porque Helga, derribando dos sillas se lanzó adelante, los brazos abiertos, y se colgó del cuello del desconocido, besándolo con abandono, con un grito incoherente:
- SALAZAR!-
Draco y Harry intercambiaron miradas incrédulas, mientras Hermione se sentaba, poniéndose roja. Sólo entonces vieron a la acompañante, y Harry saltó una silla para acercarse, boquiabierto. Era una chica de unos dieciocho años, de pelo negro y ojos azul vivo, envuelta en un severo vestido negro.
- SELENE!- exclamó Harry, tomándola del brazo.- Estabas aquí todo este tiempo, como no avisaste nada, tu papá casi nos patea! Están todos muy preocupados por ti, es…-
- Déjala…- empezó Salazar, extendiendo un brazo. Pero era tarde: Selene extendió una mano, mirando a Harry con una expresión extraña, y gritó:
- REPULSO!-
- Snape nos va a matar, oh sí.- dijo Harry más tarde esa noche, acostado en una gran cama con edredón. Andy había tenido un auténtico ataque de histeria, a lo que Helga le impuso las manos hasta hacerlo dormir, y Hermione se había quedado extrañamente muda, mientras que Draco demandó respuestas y Harry, aún atontado por la maldición de Selene, se habían encontrado con que la hija de Snape no los recordaba y estaba segura de haber nacido y vivido toda su vida en la Galia, antes convertirse en la aprendiza de Salazar Slytherin.
Harry y Draco casi se habían arrancado el pelo a mechones. Hermione los había ignorado y se había ido a acostar, y Lawliet los había ignorado también para meterse en su cama con edredón dentre a las suyas y caer dormido. Draco se había quedado vestido, velando a Andy, mientras Harry se tendía muy adolorido en la gran cama.
- Te das cuenta que, sans Sevvy, estamos metidos en un forro muy muy grande?-
- No me digas. Pero…- Harry parpadeó y se sentó.- Qué hace Salazar acá? Y están de buenas! Eso no es lo que me contaron, no?-
- Estoy tan confundido como tú. Se supone que Sally se había unido a los normandos… yo tampoco entiendo.-
- No importa.- dijo Harry levantándose. - Lo que necesitamos es que Andy nos saque de aquí más que rápido, con Selene, aunque tenga que llevarla amarrada.-
- Crees que se esté acostando con Salazar? Ésa si sería una como para contarle a Snape, traslador en mano.-
- Todo un honor para la familia!-
- No creo que él lo vea así.-
Los dos rieron en silencio, y Draco se reunió con él junto a la ventana, los dos mirando afuera, adonde campos muy familiares se extendías: las colinas eran un poco más abruptas, los ríos más correntosos, los árboles más jóvenes: pero eran suyos, y se sentían en casa a pesar de todo.
-Porqué crees que no nos recuerde?-
-No tengo idea. Preguntémosle al freak, cuando esté despierto.-
- Nunca está despierto. Y tu Andy tampoco.- Harry sabía que se había metido la pata en la boca en el momento en que las cejas de Draco se elevaron y se tensó.
- Andy está bajo muchísima presión y usó muchísima magia para sacarnos de la nariz de esos Hit Wizards, autócratas bastardos. No lo compares con ese chino narcoléptico!-
- Por favor… nadie le pidió que nos sacara, menos hasta cá! Es una locura! Tiene que regresarnos, ya!- Harry se mordió la lengua.- Y Lloyd es tan inglés como tú, no que tu mamá es parte francesa y tu papá algo polonio?-
- Polaco, imbécil!- Draco se echó a reír en voz baja, haciendo que Harry riese con él.
- Bueno, de todos los líos que nos hemos metido, tendrás que coincidir que éste incluso supera lo de las piñas coladas con poción levitadora en el cumpleaños de tu mamá.-
- Hemos sido unos niños malos, verdad?-
- Yep.-
- Ninguna posibilidad de que tía Mariah enrrolle un periódico y nos dé de nalgadas?-
- Nope. Pero cuando le llevemos a su hija desmemoriada y Dios no permira desflorada, hay una buena posibilidad de que tío Sev enrolle una alfombra y nos desvirge a nosotros.-
A los dos les dio mas risa y para no despertar a nadie se sentaron en el suelo junto a la ventana, apoyados en una banqueta, sólo la luz de las estrellas iluminándolos, lejos del candelabro que ardía en el velador.
- Oye…-
- Hmn?-
- Nada. Sólo extrañaba estar los dos así… hace mucho que no estábamos solos.-
Harry nunca dejaría de meterse la pata en la boca, aparentemente. Draco se envaró.
- Pues si pretendes que deje a Andy, puedes esperar sentado, Potter. Lo que siento por Andy es completamente distinto, y no tiene nada que ver contigo… así que ni siquiera te atrevas a opinar!-
Harry se enfureció y lo aferró del brazo.
- No puedo opinar? Pues lo siento! Escúchate a ti mismo, apenas lo conoces, y estás loco por él! Hasta la semana pasada ni siquiera te gustaban los chicos! No te das cuenta que lo que dicen Hermione y Lawliet tiene sentido!?-
- Qué de toda la mierda que hablan?!-
- No te das cuenta que si es un grimorio, posiblemente tiene algún hechizo que hace la gente quiera conservarlo a todo costo? Todos los grimorios malditos con iguales… el Necronomicón, el Vermis Mysteries…!!-
Draco le dio un puñetazo a Harry, que tomado de sorpresa, se giró y le dio otro, casi derribándolo. Draco se sujetó del sillón y avanzó para golpearlo de nuevo, pero Harry lo agarró de las muñecas y lo estampó contra el frío cristal de vitraeux de la ventana.
- Suéltame!-
- No. Pruébame que no es un hechizo lo que te hace ir detrás de ese maldito.- dijo Harry con voz firme, presionando más fuerte sus manos en las delgadas muñecas de Draco.
- Suéltame, Potter, duele…- empezó Draco, cuando Harry habló, presionando su cuerpo contra el suyo.
- Pruébame que eres gay.- susurró, y apretó su boca contra la suya. Draco emitió un jadeo que entreabrió su boca, y los labios llenos de Harry inundaron su boca como una fruta jugosa, irresistible. Draco se encontró succionando y jadeando antes de poder controlarse, y cuando sintió la lengua de Harry contra la suya algo eléctrico recorrió su cuerpo y lo hizo aferrarle la cabeza con ambas manos, frenético de pronto, mientras el cuerpo de Harry lo aplastaba contra los marcos de la ventana, sus vientres palpitando juntos a través de la gruesa ropa, sus muslos entremezclados…
- Draco…- la voz de Andy lo hizo despertar como un balde agua fría. Se sacó a harry de encima de un empujón y vio a Andy allí, tan pálido, su largo pelo cayéndole en la cara, un camisón antiguo envolviéndolo mientras lo miraba desolado.
- Andy… no! No es lo que parece!- gritó Draco.
Andy echó a correr sin escucharlo, Draco y Harry tras él, auténticamente asustados por la mirada de Andy. Pero lo perdieron en el laberinto de los pasillos, y mientras Harry escuchaba a Draco gritarle a Andy que lo amaba, que nunca lo dejaría, que Harry sólo era un amigo, que había sido un terrible error, sintió que se le rompía el corazón.
Dejó a Draco allí, y se volvió, tropezando con sus lágrimas, los labios aún húmedos, hasta encontrar una sala vacía y encerrarse allí, dejándose caer en un taburete, sollozando. Lloró un largo rato, sintiendo que quizá había cometido el peor error de su vida, y temblando con las lágrimas prendidas de sus tupidas pestañas oscuras, se abrazó a sí mismo, estremeciéndose.
Y si Draco lo odiaba ahora?
Y si nunca más quería verlo?
Porqué no podía haberse quedado callado? Como pudo besarlo por la fuerza, él que decía amarlo? Qué mierda tenía en la cabeza?!
- Qué te ha sucedido?- dijo una voz lenta y suave, como un arpegio de cuerdas. Harry se volteó sobresaltado, y vio a menos de diez pasos a Gareth Slytherin, sentado junto a una tronera que le plateaba el pelo casi blanco, sus ropas oscuras haciéndolo confundirse con la noche y un rayo de luna. Era un tipo increíblemente silencioso. Ni siquiera lo había oído respirar.
- Yo… nada…- a Harry se le quebró la voz: pero ya lo había visto sollozando como un enajenado, no? Se cubrió la cara, listo para huir, pero Gareth avanzó hacia él y se encuclilló junto a la silla, sus largas piernas delgadas. Harry levantó la vista, temeroso de ver desprecio en sus ojos, pero le sorprendió ver que los ojos verdes, tan semejantes a los suyos, estaban llenos de lágrimas también, el bello rostro atribulado.
- Es por tu pareja, verdad?- dijo Gareth suavemente.- El chico rubio.-
- Soy tan obvio?- musitó Harry sin voz.
- Los dos lo son. Él te quiere… Harry.- dijo Gareth, recordando su nombre.- Se les nota a distancia. Han estado siempre juntos, verdad?-
- Por eso nos envidiabas, verdad?- dijo Harry con voz suave.- Pero nosotros no estamos juntos. Sólo… somos amigos.-
- Es una palabra más poderosa de que crees. Cuando un hombre llama a otro amigo, sólo hay una línea fina que los corazones
cruzan solos.- dijo Gareth antes de mover la cabeza.- Sólo es triste… cuando la cruza sólo uno.-
Harry se mordió los labios: no quería llorar.- Hughes te rechazó…?-
- No. Nunca he… nome atrevería. Él es tan brillante y puro y yo… yo soy hijo de… y encima vuelve ahora…. No sé que hacer.- la voz de Gareth tembló y Harry se dio cuenta con shock que Gareth podía haber parecido un adulto por su seriedad, pero tenía apenas un par de años más que él. Era un muchacho aún.- Tú no lo conoces. Pero él es mi padre y… es muy difícil ser su hijo. Yo… considero a Helga mi madre, pero…- Gareth tomó aire y se pasó una mano por la cara, antes de mirarlo a los ojos.- Me imagino que en tu futuro no tendrán ni idea de quiénes éramos, pero… tú lo viste. Crees que de veras esté de nuestro lado ahora? Mi padre es muy…misterioso…-
Harry abrió la boca y la cerró. Cómo le dices a un muchacho destrozado que intenta locamente creer en su padre que dicho padre le clavará una daga en la espalda al que pueda y que será famoso diez siglos luego, precisamente por eso?
- No lo sé…- susurró, moviendo la cabeza y sonrojándose.- Yo… Gareth… yo creo que tú eres una muy buena persona. Y te diría que lo intentes con Hughes, pero considerando comome fue a mi, mejor no doy consejos…- agregó, cubriéndose los ojos e intentando reír sin éxito.
- No llores.- susurró Gareth, y le tomó las manos, dos pares de ojos verdes semejantes encontrándose y enlazándose, verde cubierto de rocío.
Harry no opuso ninguna resistencia cuando Gareth lo besó.
