Al habla Nekinsey:

Hoy venimos con medio rostro alegre y medio triste. Os traemos casi recién salido de nuestras manos el último capítulo de Amor en Juego. Algunas nos habéis pedido alguna ración más de esta historia y, quién sabe... A lo mejor os encontráis con una sorpresita dentro de poco, o a lo mejor no. Recordad que las escenas eliminadas siguen en pie y que con mucho gusto las escribiremos para vosotras.

Antes de dejaros disfrutar de la lectura, tenemos que daros las gracias por los comentarios, las palabras de ánimo, el haberos conocido un poco más a algunas de vosotras, las risas que nos hemos echado, las lágrimas que hemos compartido junto con el drama (no nos hacemos responsables de ello. Bueno, un poco sí)... En definitiva, ha sido un enorme placer teneros en el camino y haber escrito esta historia que nos ha aportado bastante a las dos.

Esperamos que os guste este capítulo final y, como siempre, decidnos qué os ha parecido, esta vez como conclusión.

May we meet again (very soon...)!


CAPITULO 21.

Bellamy empezó a andar a paso ligero por el pasillo. Estaba nervioso por esa noche: no podía creerse que ya fuese su graduación. Sacó unas llaves del bolsillo de sus vaqueros y abrió la puerta, entrando en la habitación de las chicas. Suspiró cuando vio que su hermana no estaba en su cama, que estaba perfectamente hecha… Se acercó a la de Lexa, donde estaba profundamente dormida mirando hacia la pared; vio sus pelos todo alborotados y se rio: siempre se le ponían como si fuese una loca cuando dormía. Se agachó junto a la cama y empezó a soplarle en la nuca, comprobando cómo se apartaba algunos mechones, e intentó aguantar la risa cuando la vio moverse ligeramente.

-¿Qué…? -susurró ella, girándose hacia donde estaba Bellamy con los ojos entrecerrados.

-Buenos días, princesa -sonrió el chico-. ¿Me das un besito de buenos días?

-¿Qué…? -volvió a repetir.

-¿Qué haces aquí? -Bellamy escuchó otra voz y entonces detrás de Lexa apareció Clarke, también despeinada.

-Ah… Ahora entiendo mejor esos pelos, Lexi sexy -sonrió de forma pervertida-. ¿Estáis desnudas? -trató de tirar de la sábana hacia abajo, pero parecía ser que la morena se despertó rápidamente porque sintió su mano en su coronilla.

-¿Te quieres unir? -preguntó Clarke, y Bellamy se lamió los labios asintiendo repetidas veces.

-¿Qué dices? -frunció el ceño la de ojos verdes- ¿Qué haces aquí? -miró a su amigo- ¿Qué quieres?

-Demasiadas preguntas. ¿Cuántos orgasmo te ha dado la rubia?

-Sigo aquí -dijo la susodicha desde la almohada.

-Me he percatado de ello: tus feromonas no me engañan, parece que anoche os lo pasásteis bien -se sentó él cruzando las piernas y levantando una ceja.

-¿Desde cuándo te cuento lo que hago en la cama? ¿Qué quieres? -dijo Lexa, que seguía confundida- ¿Está la puerta abierta? ¡Ciérrala! -la señaló y, cuando Bellamy se levantó, quedando de espaldas a ella, hizo un gesto a Clarke para que salieran ambas de la cama y se metieran corriendo en el baño.

-¡Eh! ¡Chicas! ¿Dónde estáis? -dramatizó el moreno cuando se giró y no las vio por ningún lado- Bueno, mientras aparecéis voy a restregarme contra vuestras sábanas.

-¡No! -escuchó en el baño la voz de Lexa- Espérate a que nos vistamos, asqueroso.

-Aquí os espero. Estaré entretenido -se tumbó en la cama de su amiga con los brazos tras la cabeza y una sonrisa; parecía que se le habían olvidado los nervios a causa de esa noche. De repente, la puerta se abrió, dejando ver a su hermana con unas ojeras considerables y la ropa algo descolocada.

-¿Hay alguien en el baño? -preguntó, y la vio con cara de haber dormido poco.

-Sí, estas dos… Espero que no estén aprovechando para un polvo mañanero.

-Probablemente. Voy a dormir.

Seguidamente Octavia se tiró sobre la cama sin importarle cómo caía en ella, con los brazos extendidos y boca abajo. Bellamy se rio y fue a por ella, echándose encima de su hermana. Esta protestó con un pequeño grito y se retorció bajo su cuerpo.

-¡¿Me quieres dejar en paz?!

-No.

-¡Lexa! -llamó con voz de niña pequeña, pero nadie contestó- Están follando…

-¿Y si pongo la oreja?

-¡Déjalas tranquilas! -defendió la más pequeña.

-Joder, ni disfrutar uno puede.

En ese instante la puerta del baño se abrió: tanto Lexa como Clarke salieron en pijama y se quedaron un poco sorprendidas al ver la escena.

-¿Qué hacéis?

-¡Díselo a este, que no me deja dormir!

-Lexa, estoy aquí por un propósito -empezó a decir Bellamy, levantándose y dirigiéndose hacia donde estaba-: esta mañana cuando me levanté, no pude evitar pensar en ti -se arrodilló frente a ella agarrando su mano mientras Lexa lo miraba como si estuviese observando a un insecto-. Tus ojos, tu sonrisa… -suspiró, llevándose la otra mano al pecho y mirándola fijamente, sonriendo a Clarke que se asomó por el hombro de la morena para ver la escena- Lexa, lo que quiero decirte es… -se levantó, colocándose frente a ella y agarrando ambas mejillas de la chica- que estoy muy nervioso por la graduación, tía.

-¿La fe efta nofshe? -preguntó ella con los labios juntos porque el chico le apretaba las mejillas mucho.

-No, la que tengo dentro de dos semanas. Ya sabes, la de ingeniero técnico de naves espaciales -dijo suspirando y pestañeando-. Sí, mi sueño de trabajar en la NASA.

-¿En la fasha?

-Sí, en la fasha -rio y soltó sus mejillas, abrazándola con fuerza-. Hemos conseguido tantas cosas juntos -dijo emocionado.

-Bellamy… ¿te ha bajado la regla?

-Sí -dijo fingiendo que lloraba.

-Menos mal, entonces John no te ha dejado preñado, estabas ya asustado, ¿verdad? -dijo Clarke abrazando a los dos.

-¿Qué mierda estáis haciendo? -se oyó detrás de ellos.

-Estamos emocionados, O. Déjanos.

-¿Puedo yo también abrazaros? -dijo desde la cama y los tres se lanzaron encima de ella mientras se abrazaban y reían.


Desde abril no había habido cambios relativamente importantes en sus vidas, solamente eran destacables en el ámbito académico. Lexa y Bellamy se presentaron a todos los exámenes del final del cuatrimestre y, como era de esperar, aprobaron. Además, tuvieron por fin la oportunidad de mostrar en clase el proyecto en el que habían trabajado tantas horas juntos durante todo el curso: no podían sentirse más orgullosos y estaban deseando que los demás lo vieran.

El día de la presentación estaban más que nerviosos, pero eso no impidió que la nota que recibieran fuese estupenda y que les dieran las felicitaciones tanto alumnos como profesores. Ya solamente les quedaba dar el último paso para conseguir terminar la carrera: la graduación, que justamente era esa noche. Lexa no había tenido intención de ir demasiado arreglada, pero Bellamy la había convencido hacía semanas para que lo acompañase a comprar los trajes para esa ocasión tan señalada. Al final la chica aceptó y no se arrepintió de haber tomado esa decisión cuando tuvo en sus manos el vestido que iba a llevar ese día. En su fuero interno tenía muchas ganas de que pasasen las horas rápidamente.

Su amigo ya se había ido de la habitación hacía bastante rato y se había quedado a solas con Clarke: no se lo había dicho a nadie, pero en cuanto se despertó el pensamiento de graduarse hizo que el vello se le pusiese de punta. ¿Ya habían pasado todos esos años de universidad? Recordaba el primer día que llegaron a la residencia, Bellamy y ella de la mano, y un pequeño nudo se asentó en su estómago.

Acababan de salir de la ducha y Clarke se ocupaba de secar el pelo de Lexa, arrodillada detrás de ella en la cama con unas toallas rodeando el cuerpo de cada una. Le había dicho desde hacía varios días que tenía preparado un peinado para su graduación y ella dejó que lo hiciese; además, le gustaba cuando le tocaba el pelo o la peinaba. No era la primera vez que experimentaba con él y todas las veces había tenido éxito.

-No estoy tan nerviosa como pensaba que iba a estar ahora mismo. Esta mañana lo estaba más -confesó y sintió una de las manos de Clarke en su hombro mientras que con la otra seguía moviendo el secador.

-Yo igual un poco sí -Lexa sonrió girándose para mirarla y recibir un corto beso en sus labios-. Te tienes que poner las lentillas antes de que te maquille, y el vestido también.

-¿Iré guapa? -puso morros y ojitos a su chica, y esta sonrió.

-Más que guapa -aseguró.

Octavia salió en ese momento del baño, también con una toalla rodeándola, y miró a las chicas con una sonrisa.

-Raven me comenta que no estáis preparadas para lo que vais a ver… -rodó los ojos mirando la pantalla del móvil- Crucemos los dedos para que no vaya con el conjunto de tu cumpleaños, Clarke -las tres se rieron a carcajadas.

Por otro lado, Bellamy se había frustrado con la corbata y la había tirado al suelo enfadado. Estaba muy nervioso por lo que iba a ocurrir en apenas unas horas. John apareció a su lado, ya vestido, y cogió la corbata del suelo. Se acercó a Bellamy y, con lentitud, se la colocó correctamente, haciendo la presión justa para que quedase perfecta con la camisa.

-Ahora sí.

-Gracias, no sé qué haría sin ti -el moreno le dio un pequeño beso en los labios y siguió arreglándose frente al espejo bajo la atenta mirada de John.

-No te mires más, que te vas a desgastar -Bellamy se giró y lo miró algo resentido por el comentario-. Es broma. Vas a ser el chico más guapo de la graduación.

Se rio, tímido, y se vistió con la chaqueta negra del traje para finalizar su conjunto. Se dio la vuelta con los brazos extendidos para mostrarle a John el resultado, que asintió con una sonrisa enorme y lo cogió de la mano.

-Vamos a recoger a las chicas.

En menos de cinco minutos estaban pegando a la puerta: tras ella parecía haber bastante jaleo. Tardaron un poco en abrir pero por fin la cara de Octavia apareció por el marco.

-¿Ya estáis aquí?

-¿Ya? Si hemos llegado diez minutos tarde -dijo Bellamy mientras echaba una mirada al reloj.

-Pues entrad porque a Clarke le queda un rato…

John puso los ojos en blanco y Bellamy negó con la cabeza al escuchar a su hermana.

-¿Qué pasa? ¿Necesita ayuda para meterse los melones en el vestido? -preguntó John.

-¡Te he escuchado, gilipollas! -dijo alguien desde el baño, y Clarke abrió la puerta para asomarse con un rulo mal puesto en el pelo- Prepárate para cuando salga, Murphy -y volvió a cerrar.

-Qué guapo estás, ¿no? -le dijo Lexa a Bellamy, mirándolo de arriba abajo. Bellamy le sonrió de lado.

-Yo siempre.

-¿No me dices nada a mí? -ladeó ella su cabeza, sonriendo a su amigo.

-No estás mal -el moreno se encogió de hombros y Lexa, en respuesta, agarró un peluche que voló hacia la cara de Bellamy-. Es broma. Porque está aquí John, sino ya sabes… -levantó las cejas.

-No te pases -se rio, y justamente salió Clarke, dejándola embobada.

Llevaba un vestido de color azul que realzaba todas sus curvas. Todas. Bellamy le pasó una mano por la barbilla a Lexa, ya que a la chica se le había abierto un poco la boca de la sorpresa al ver a la rubia de esa forma.

-Creo que vamos a necesitar un cubo, John.

-Entendido.

Clarke se acercó a Lexa, con los ojos fijos en los suyos: el maquillaje resaltaba el color aguamarina de estos y la morena no sabía si quería ir a la graduación o perderse en ellos durante toda la noche.

-Podríamos no ir a ningún lado -dijo, aún sentada en la cama, cuando Clarke quedó frente a ella.

-Podríamos… pero necesito verte recogiendo ese título -sonrió-. Además, estás preciosa, necesito también que el mundo vea el bombón que tengo como novia.

-Bueno, al lado de Bellamy no sé si se fijaran mucho en ella -se escuchó la voz de John-, que estás muy guapa, Lexa -se dirigió a ella-, pero… -se calló al ver la mirada de Clarke.

-¿Estás comparando a Bellamy con Lexa?

-Emmm…¿sí? -preguntó John como si fuese obvio.

-No tienen nada en lo que compararse; más quisiera Bellamy parecerse a ella.

-¡Eh! -se ofendió el moreno- Siempre he deseado tener ese culo, pero joder… -dijo, fingiendo que se sentía devastado por tal información.

-Exacto, me vas a comparar este culo -Clarke levantó a Lexa y lo señaló- con esa tabla.

-El culo de Bellamy está muy bien, yo ya... -frunció el ceño John mientras hablaba.

-Bueno, ya está -el moreno tapó la boca de su novio, por si decía más de la cuenta.

-Hora de irse -dijo ahora Lexa, pasando los brazos por los hombros de Clarke y Octavia.

Salieron de la habitación y se dirigieron al campo de rugby: allí se celebraría el acto de graduación y, seguramente, la fiesta posterior, ya que el tiempo parecía bastante bueno. En cuanto llegaron a las afueras del recinto, Bellamy cogió la mano de Lexa y ambos se sonrieron mientras caminaban juntos hacia el interior del campo.

En un extremo habían colocado un gran escenario con una mesa y frente a él había un sinfín de sillas para los familiares de todos los graduados. El otro extremo del campo estaba adornado con motivos de fiesta para prolongar la celebración.

De reojo, Lexa se dio cuenta de que Michelle ya estaba allí: le habían comentado la hora a la que sería el acto pero parecía ser que la mujer no había podido esperar más a verlos a todos. No se había percatado de que estaban detrás de ella y Lexa avisó a Bellamy con un tirón de mano, indicándole dónde se encontraba su madre. El chico caminó sin hacer ruido hasta ella y con rapidez le tapó los ojos con las manos, sin que pudiese ver nada. Michelle se sobresaltó, pero no tardó mucho en reconocer el tacto de las manos de su hijo.

-¡Bell!

-¡Hola, mamá!

La mujer se dio la vuelta y lo abrazó con fuerza. Seguidamente se separó un paso de él para ver su atuendo y se mordió el labio, emocionada.

-Qué guapo estás -clavó sus ojos en los de él-. Ojalá tu padre estuviese aquí para verte.

El chico apretó los labios, emocionado, limpiando una lágrima que cayó de los ojos claros de su madre con el pulgar y abrazándola de nuevo. Lexa agachó la mirada, lamiéndose los labios: llevaba todo ese día pensando en sus padres, y la frase de Michelle le hizo tenerlos más presentes de lo que ya los tenía. Sabía que su amigo probablemente estaba igual que ella.

Sintió cómo agarraban su mano y miró a su chica, que sonreía cálidamente y la besaba suavemente en el hombro descubierto, dándole un apretón. Clarke necesitó solo unos meses para entender cada gesto que realizaba; a veces la sorprendía, pero cuando se daba cuenta de que ella misma también había aprendido cada uno de los suyos sabía que era perfectamente normal.

Una vez terminaron con los besos y abrazos, Michelle, Clarke y John caminaron hasta sentarse en una de las primeras filas: cuanto más cerca del escenario para ver a los graduados, mejor. Poco a poco todo el recinto empezó a llenarse y tanto Bellamy como Lexa se colocaron a un lado junto con sus compañeros de clase, igual de impacientes que ellos por recoger el diploma.

-¡Madre mía! -oyeron una voz no muy lejos de donde estaban y ambos se giraron para ver quién era- ¡Pero qué bellezas estoy viendo!

Raven acababa de llegar y Lexa suspiró aliviada al ver que no traía el vestido del cumpleaños de Clarke: la veía capaz de ello. No obstante, el conjunto que quitó la respiración de varias personas allí presentes: llevaba un ajustado pantalón negro junto con un pequeña blusa blanca que solo tapaba la parte de sus pechos. Bellamy la escaneó sin poder evitarlo y elevó una ceja sin apartar la vista de ella.

-Veo que apruebas mi vestimenta, ¿no? -le dijo al chico en cuanto estuvo cerca de él. Bellamy asintió y le sonrió, sin necesidad de confirmar ese hecho con palabras.

-Tú también vas muy guapa, Raven -se atrevió a decir Lexa, también con una pequeña sonrisa. La chica la miró ahora a ella, enfocando toda su atención en lo que le había dicho.

-Me lo he puesto pensando en ti, preciosa -le contestó, rozando su hombro con el de Lexa, cuya reacción fue echarse un poco hacia atrás-. Pero no te vayas, que no muerdo…

-Sí, seguro -dijo Bellamy, pasándole un brazo por los hombros-. Allí están los demás. Incluso Monty y Jasper ya han llegado -señaló con el dedo las sillas.

-¿Ya me estáis echando? -preguntó Raven, indignada.

-Tú nunca molestas, pero aquí solo están los graduados…

-Ay, iré para allá. Luego nos vemos, chicos -les dijo mientras movía la mano en forma de despedida. Justo después le guiñó un ojo a Lexa, que casi escondió la cara en el hombro de Bellamy.

-Hay veces que me puede…

-¿Que te puede cómo? ¿Te pone cachonda? -le dijo Bellamy moviendo las cejas rápidamente.

-No, idiota -le empujó con la cadera.

-Tranquila, cuando la controlas… -rodeó el hombro de su amiga, acercándola a él, y sintiendo cómo ella pasaba un brazo por su cintura.

-¿Estás nervioso? -le preguntó en un susurro. Vio cómo los profesores ya se colocaban en su sitio, y Abby, como decana, subía también con un micrófono para anunciar los nombres, acompañada de Kane, que llevaba las becas en un brazo.

-Estoy nervioso, sí, pero no puedo estar más feliz de estar viviendo esto a tu lado.

-Y yo al tuyo, Bell… -agarraron sus manos cuando Abby empezó a presentar el evento.

Empezó a hablar de ese último curso y brevemente de los logros de cada uno de los alumnos. Tras más de media hora hablando ella y otros profesores, le tocó el turno a Kane, que iba vestido para la ocasión como dictaba el protocolo.

-Queridos alumnos, ya que han hablado la mayor parte de mis compañeros, solo me queda deciros que… -hizo una breve pausa, agarró un poco más fuerte el micrófono y elevó la voz- ¡bienvenidos a los primeros Juegos del Hambre de esta facultad!

La cara de los asistentes, la de los alumnos y la de todo el personal académico era un poema. Bellamy abrió los ojos por la sorpresa y Lexa lo miró extrañada. ¿Pero qué estaba diciendo?

-Perdonad, ha sido una pequeña broma -dijo tras el silencio abrumador-. Creía que a los jóvenes de hoy día os gustaban ese tipo de películas.

Se oyeron unas cuantas risas provenientes de los graduados, entre ellas las de Bellamy, pues le había cogido cariño a esos chistes tan malos que hacía. Habló otros minutos el profesor, filosofando como siempre, pero en su punto de humor, haciendo pensar a los alumnos que saltaban del estudio al mundo laboral y deseando suerte a los que quisieran seguir su meta formativa y estudiar más. Pronto comenzaron, por fin, a llamar uno a uno a los alumnos por el orden alfabético de sus apellidos, así que Bellamy se despidió de Lexa con un apretón de manos cuando le llegó el turno mientras ella miraba emocionaba cómo su amigo subía para recibir su título. Se dirigió a Kane para que le colocase la beca.

-Bellamy Blake -dijo Kane-, estoy muy orgulloso de lo que has conseguido este curso… y de ti también -le susurró al oído. Esas palabras le hicieron sentir cierto picor en los ojos, al mismo tiempo que sonreía al profesor-. Espero que sigamos en contacto.

-Eso tenlo por seguro -afirmó al hombre antes de atreverse a darle un abrazo que fue correspondido. Haber estado trabajando con él era de los mejores recuerdos que se llevaba de toda su estancia en la universidad.

Bellamy miró desde su posición cómo cada uno de sus compañeros se iban colocando con su título y beca a su lado, y se mordió el labio nervioso esperando a que llamasen a su amiga; puede que incluso estuviese más nervioso que ella misma. Cuando pasaron todos los alumnos, le llegó el turno a la que ocupaba el último lugar en la lista.

-Alexandria Woods -sonrió Abby, y se giró para mirar cómo iba hacia ella. Lexa empezó a andar hacia allí y, una vez estuvo delante, recibió un beso suyo en la mejilla que la sorprendió y sujetó el título cuando se lo tendió-. Lo siento, pero es que esta maravillosa chica es la novia de mi hija -la morena sintió su cara arder, roja porque lo había dicho por el micrófono mientras rodeaba sus hombros con orgullo. Miró hacia donde se sentaba Clarke, que se tapó la cara con las manos, y Lexa soltó una risita por la situación.

Se acercó a Kane para que le pusiese la beca y fue rápidamente delante de Bellamy, para posar junto a sus compañeros para la foto que les hacía a todo el grupo. Notó cómo su amigo rodeaba su cintura y ponía su título debajo del suyo, sonriendo sobre su hombro.

Cuando bajaron del escenario, fueron directamente donde estaban los familiares y amigos de ambos. Michelle abrazó a su hijo con orgullo y algunas lágrimas cayeron de sus ojos; Octavia se aferró a Lexa, abrazándola con fuerza, y la morena le devolvió el gesto con la misma intensidad. Después se intercambiaron: Michelle fue hacia Lexa diciéndole que estaba muy orgullosa de ella y haciendo que la chica se emocionara y dejase caer unas lágrimas con una gran sonrisa en el rostro, mientras los hermanos se abrazaban y Bellamy daba vueltas sujetando a su hermana en volandas.

Lexa se separó de Michelle, limpiándose las lágrimas, y sintió que alguien la abrazaba por la espalda. Cuando se giró, se encontró con sus ojos favoritos en el mundo y rodeó su cintura, presionando sus labios con los de Clarke.

-Te quiero, mi amor, estoy muy orgullosa de que estés aquí -sonrió acariciando su cuello.

-Te quiero, Clarke, te quiero mucho -se inclinó para besarla otra vez, dejando que atrapase su labio inferior con los suyos en ese beso que empezaron a crear.

Bellamy no sabía a quién le faltaba por abrazar: había visto a tantas personas en un segundo que estaba abrumado.

-Sobre ese escenario estabas muy guapo -escuchó en su oído y se giró para ver a John sonriéndole con alegría y no pudo evitar abrazarle con fuerza, perdiéndose en el olor que desprendía la piel de su cuello.


Llevaban un buen rato bailando y se respiraba felicidad en el ambiente desde que todos decidieron empezar la celebración de su graduación. Ya estaba el extremo del campo completamente adornado: habían colocado una especie de toldo de color blanco ocupando una gran extensión; bajo él había mesas con manteles blancos y de color pastel, todo lleno de platos con distintos tipos de comida y bebidas. La decoración consistía en, además de motivos de fiesta, el logo de la universidad, de la carrera y representaciones de objetos propios de algunas asignaturas. A un lado había un tablón donde se habían colgado fotografías de todos los graduados en días de clases, quedadas por separado e incluso con los profesores, sobre todo con Kane, que no dejaba pasar ni una ocasión.

No hubo una cena como si se tratase de banquete de boda, pero la comida estaba espectacular. Bellamy arrasó con varias bandejas de canapés y Lexa no paraba de hablar con todo el que se le cruzaba: se había permitido beber un poco solo por esa noche y se sentía un poco menos tímida que de costumbre.

Al cabo de unas horas, los familiares se habían repartido por las sillas que había bajo el toldo mientras que los graduados seguían de pie. Entonces oyeron una música distinta a la de antes, cuya función era simplemente la de ambientar.

-¡Por fin! -exclamó Raven, dirigiéndose hacia el centro mientras movía los brazos y las piernas de forma coordinada. Se acercó a Octavia, que en ese momento hablaba con Lincoln. No podían hacerse demasiadas muestras de cariño en ese contexto universitario, pero las miradas que se echaban de vez en cuando hablaban por sí solas.

-No…

-Venga, baila conmigo -insistió Raven, agarrándola del brazo y tirando de ella. Octavia se dejó hacer porque sabía que era lo mejor si no quería perder una extremidad.

-¿Me concedes este baile? -Bellamy le hizo una reverencia a Lexa, que estaba sentada junto a su chica, hablando animada mientras descansaban unos minutos de mover el esqueleto.

-Cuídamela, voy a comprobar que estas dos no experimenten sexo lésbico esta noche -le dijo Clarke, que se levantó para ir hacia donde estaban Raven y Octavia bailando muy pegadas junto a la otra.

Los amigos rieron por la acusación de la rubia hacia sus amigas, y Lexa se acercó a Bell. Ambos estaban muy felices por lo que acababan de conseguir; habían sido muchos años juntos cruzando cada una de las metas que se proponían, siempre al lado del otro.

Justo en ese momento empezó una canción lenta y Bellamy no dudó en agarrar su cintura y una de sus manos para entrelazarla con la suya, comenzando a moverse los dos al ritmo de la melodía.

-Otro momento importante que comparto contigo… -habló el chico con una sonrisa.

-Y no va a ser el último, Bell, aún nos quedan muchas cosas que hacer juntos -dijo ella, mirándole en todo momento a los ojos.

-¿Sabes? Creo que va a ser una de las pocas veces que te diga esto… -se acercó a su oído- pero he bebido un poco, eso ayuda -se separó de ella otra vez con una pequeña sonrisa antes de ponerse serio-. Te quiero mucho, Lex. Eres muy importante para mí, mi segunda hermana, y siempre voy a estar a tu lado para cuidarte y decirte lo increíble que eres.

Lexa rodeó su cuello, abrazándole y dejando que él llevara el paso al ritmo de la música, intentando controlar las lágrimas que querían salir de sus ojos. Era verdad que su amigo no solía expresar con palabras esas cosas cuando se trataba de ella.

-Y yo te quiero mucho a ti, Bell -dijo apoyada en su hombro-. Yo también te voy a cuidar a ti y siempre vas a ser mi hermano.


La brisa veraniega y salada estaba por todas partes. Afortunadamente no era un día de excesivo viento, pero había olas suficientes como para poder surcarlas en la tabla. La espuma blanca bañaba los bordes de esta, que parecía una pluma deslizándose por la superficie líquida y azulada.

Bellamy decidió salir del agua cuando sintió la piel resentida por tanto sol: llevaba metido en el océano más de media hora y se arrepentía de no haberse protegido. Se llevó la mano a la zona de la nuca, con la tabla de surf bajo un brazo, y se acercó al lugar donde los demás tenían colocadas las toallas. Dejó la tabla de mala manera sobre la arena y Lexa protestó cuando notó cómo esta le rozaba la pierna.

-Ten cuidado, Bell -le dijo, aunque cambió su expresión al ver a su amigo con cara de dolor-. ¿Estás bien?

-Sí, pero debería haberme echado crema antes -contestó Bellamy, tumbándose encima de su chico, que estaba tomando el sol boca abajo. Este emitió un sonido ahogado al sentir el peso del moreno sobre su espalda, pero en cuanto se acostumbró lo dejó estar ahí.

-Anda, ven que te eche un poco -le propuso Clarke, cogiendo un pequeño tarro de su mochila.

-Muévete tú, por favor… -parecía que Bellamy iba a quedarse dormido de un momento a otro sobre John.

-Ni se te ocurra babearme -le advirtió el castaño, girando un poco la cara.

-¿Cuándo he hecho yo eso?

-Me faltan dedos para contar todas las veces -Bellamy refunfuñó pero no se apartó de él; todo lo contrario, apoyó los brazos sobre los suyos, acariciándole el dorso de las manos. John movió la cabeza, haciendo que su pelo le provocase cosquillas en la nariz al moreno, que no pudo evitar reírse.

-A ver, te tienes que estar quieto -le dijo Clarke, sentándose a su lado en la toalla y echando en sus manos un buen pegote de crema. Bellamy obedeció y suspiró al sentir el tacto frío sobre su piel, calmándola.

Oyeron unas voces no muy lejos de allí y Lexa giró la cara, sonriendo cuando vio que se trataba de Jasper y Monty.

-¡Ya habéis tardado! -exclamó John desde su posición.

-Había tráfico, no es nuestra culpa -se excusó Monty encogiéndose de hombros.

-Pero hemos traído comida -dijo Jasper, tirando a la arena una mochila-. No nos deis las gracias.

Lexa extendió la mano para descubrir qué había dentro y sacó galletas, sándwiches, patatas, pipas… un sinfín de aperitivos listos para que se los llevasen a la boca.

-Con esto no vamos a pasar hambre.

-Esa es la intención.

-¿Soy la única que sigue teniendo calor después de bañarse? -preguntó Raven. Acababa de salir del agua e intentaba secarse un poco el pelo pasando los dedos por los mechones cuidadosamente.

-No, es tu temperatura normal -Octavia apareció a su lado, imitándola y pidiéndole con un gesto un peine a Lexa.

-¿Estáis haciendo manitas tan pronto?

Bellamy se mordía el labio de gusto por el masaje que le estaba dando Clarke en la zona del cuello y de la espalda a la vez que le extendía la crema. No podía competir con la maestría de John, pero sí que sabía darlos bien.

-Se ha quemado -señaló Clarke con un movimiento de cabeza.

-Pobrecito… ¿Quieres que te refresque? -a Bellamy no le dio tiempo a contestar cuando Raven comenzó a apretar los mechones de su pelo para que el agua le cayese fría por la nuca al chico. Este se sobresaltó y casi se incorporó por completo, lo que provocó que Clarke cayese a un lado y que John también se sorprendiese por el repentino cambio. Raven no podía parar de reírse mientras se alejaba unos pasos.

-Ahora verás -dijo Bellamy, corriendo hacia ella.

Sin que la chica pudiera impedirlo, el moreno la alzó en brazos y la llevó con él hacia el agua para meterse ambos bajo esta. Cuando salieron a la superficie, Bellamy puso una mano en su frente y le hizo una ahogadilla, ayudándola enseguida a salir de nuevo para que pudiese respirar.

-Ahora sí que estás fresquita -Raven lo miró al principio con furia contenida, pero la mirada cambió en un instante.

-Si quieres comprobarlo más a fondo… -le dijo, acercándose a él hasta rodear su cintura con las piernas- Lo que dije en la casa rural sigue pendiente, por si te interesa.

Bellamy tragó saliva y apartó a Raven de forma delicada.

-Sí, bueno… Ya te diremos algo -le dijo, intentando escapar de la situación. Oyó a Raven reírse detrás de él y no podía negar que la idea no le atrajese… Nota mental: hablar con John sobre el tema largo y tendido.

Lexa vio venir a Bellamy al mismo tiempo que notaba cómo Clarke se sentaba a su lado, apoyando la cabeza en su hombro.

-¿Cómo está mi chica favorita? -le susurró, girándose para alcanzar sus labios en un tierno beso.

-Perfectamente.

Ambas se sonrieron y Lexa la abrazó, escondiéndose en la curvatura de su cuello, aquel lugar que le encantaba y se había convertido en uno de sus favoritos. No dijeron nada más durante un rato, en el que solo estuvieron pendientes de la forma en que sus dedos jugaban y se entrelazaban. Soltaban alguna risa esporádica cuando estos chocaban entre sí y no se ponían de acuerdo para agarrarse la mano, pero eso lo hacía más único.

Pasadas unas horas decidieron comer. John colocó la sombrilla para que el sol no les incomodase y se situaron todos en círculo, repartiéndose los platos y vasos necesarios.

-Yo quiero zumo -pidió Lexa, levantando su vaso para que alguien se lo llenase.

-Solo hay alcohol, Lex -le contestó Bellamy-. Te va a tocar emborracharte.

-Ni de coña -le dijo, apartando el vaso-. Beberé aire.

-Que no, tonta -el moreno extendió el brazo con un cartón pequeño hacia Lexa-. ¡Hemos pensado en todo!

-¡No echéis arena! -protestó Raven, dándole sin querer un codazo a Octavia en el pecho- Ay, cariño, perdona -Octavia le restó importancia al golpe, pero la chica la abrazó y posó una mano sobre la zona- A ver, te voy a auscultar…

-Lincoln, dile algo -le pidió Octavia.

-Creo que ha sido más abajo, Raven. Mira por ahí -fue la respuesta de su pareja, que siguió comiendo el sándwich con una sonrisa traviesa. Octavia abrió la boca, fingiendo indignación, y Raven se mordió el labio.

-Si es para saber que estás bien, O…

-Claro, por supuesto, seguro -dijo ella, apartándola a un lado.

John se llevó el vaso a los labios para beber un sorbo de la bebida y Bellamy, que tenía un brazo rodeando su cintura, le dio un leve empujón que le hizo derramar parte del contenido por su barbilla. Tosió varias veces y luego lo miró, molesto.

-Casi me ahogo por tu culpa.

-Tranquilo, te hubiese hecho el boca a boca -le contestó el moreno. Le dio un pequeño lametón en la zona húmeda, saboreando la bebida de su chico, que no tuvo más remedio que reírse ante las ocurrencias de Bellamy.

-Eh, eh -oyeron una voz más elevada de lo normal y se giraron: Octavia los miraba con una ceja alzada-. Arrumacos los mínimos.

Bellamy se rio, acordándose de la vez en la que él mismo le dijo esas palabras a su hermana. Le guiñó un ojo, se giró de nuevo para mirar a John y le dio un beso en los labios que fue de todo menos inocente. El castaño abrió los ojos de par en par al sentirlo, pero no quería rechazar la boca de Bellamy por nada del mundo. Ambos oyeron vitoreos cuando se separaron y en ese momento el moreno abrazó al otro, intentando que no se notara que, en realidad, tenía las mejillas un poco sonrosadas.

-Qué tonto eres -le susurró John al oído, dándole un tierno beso en la mejilla.

-Y así me quieres -le contestó Bellamy con una sonrisa. John asintió y esta se ensanchó más si cabía.

Muchos después del almuerzo cada uno optó por hacer algo distinto: Monty y Jasper fueron a dar un paseo por la orilla de la playa, Raven y John se sentaron cerca del mar a charlar y Lincoln, Octavia y Clarke se turnaban para jugar a las paletas y ver quién conseguía más puntuación como equipo.

A Bellamy y Lexa les apetecía tomar un poco el sol, por lo que colocaron las toallas juntas y se tumbaron, los dos boca arriba con las gafas de sol puestas. Se mantuvieron un rato callados, disfrutando del sonido de las olas, del tacto de la arena en sus pies y del aire que poco a poco se levantaba. Las risas de los otros se oían como si se tratase de un murmullo que al mismo tiempo les relajaba, al igual que una tenue melodía que sonaba de manera constante y que les aseguraba que no iban a estar solos durante mucho, mucho tiempo.

-Oye, Bell… -le dijo Lexa, levantando las gafas y colocándolas en su pelo a modo de felpa. Se apoyó en el antebrazo para observar a su amigo, cuyo único gesto de atención fue girar la cabeza hacia ella.

-Dime.

-¿Te acuerdas de que me dijiste que ibas a encontrar a alguien que estuviese más bueno que Clarke? -Lexa vio que las cejas del chico se alzaban por encima del borde de las gafas- Me parece que no lo has hecho, ¿eh?

Se mordió el labio, intentando aguantar la risa, y Bellamy abrió la boca por la afirmación de su amiga.

-¿Qué acabas de decir? -le dijo, incorporándose poco a poco de la toalla.

-Lo que has oído.

-¡Ven aquí!

Ambos tenían los reflejos bastante entrenados por el deporte, pero Lexa llevaba ventaja por la posición que tenía: se levantó de la toalla, aunque tuvo la mala suerte de tropezarse con su propio pie. Bellamy aprovechó ese instante para lanzarse sobre ella y comenzar a hacerle cosquillas por los costados, las axilas y el cuello. Lexa no paraba de moverse bajo su cuerpo y las carcajadas podían oírse a metros de distancia.

Cuando la chica le pidió que parase, Bellamy lo hizo y se tumbó a su lado, los dos con la respiración agitada y con una gran sonrisa dibujada en el rostro. Se miraron y volvieron a reírse, como es propio de los amigos a los que no les hacen falta palabras para entenderse.

El sol cada vez estaba más y más bajo: los rayos eran más débiles y el color anaranjado del incipiente atardecer se vislumbraba por el horizonte. Bellamy se sentó y Lexa lo siguió. Él pasó un brazo por los hombros de ella y ella por la cintura de él.

Así se quedaron durante el tiempo que les apeteció: no miraron la hora, ni los minutos ni los segundos. Ambos rememoraron los acontecimientos más importantes que les habían ocurrido en la universidad, destacando sin lugar a dudas el último año. Todos los logros conseguidos, las metas personales y las personas a las que habían conocido. No podían olvidarse de que durante estos últimos meses la vida les había cambiado un poco y eso era en parte gracias a las personas que tenían frente a ellos: personas que les habían hecho comprender, crecer y aprender en muchos aspectos y sin los que, ahora mismo, tendrían unas vivencias muy distintas. Lexa se rio con Bellamy, recordando también el momento en el que el drama había estado presente en sus vidas este año, con Clarke y la relación de ambos con ella. Lexa creyó que la había perdido en cualquier sentido de la palabra pero, irónicamente, pareció ser en un primer momento que Bellamy era el que la había perdido a ella. Sin embargo, no podían estar más equivocados. Volvieron a reírse, comentando con diversión lo ingenuos que habían sido y negaron con la cabeza al mismo tiempo que soltaban varias carcajadas de nuevo.

-Empezamos otra aventura, Lex -susurró Bellamy sin apartar la mirada del océano.

-Sí.

-¿Juntos?

-Siempre.

Bellamy apoyó la cabeza en la de Lexa, acomodándose ambos a la postura, y vieron la caída del atardecer, no sin antes observar a cada una de sus parejas, comprobando lo afortunados que eran por tenerlos a su lado, al igual que al resto de sus amigos. Y es que el amor es un juego en el que, a veces, se gana perdiendo.