Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
The Boy At Table Seven
By: LyricalKris
Traducción: Rosie
Beta: Melina Aragón
Capítulo 21: No es bueno, una semana muy mala
Benjamin no era un campista feliz.
Bella estaba con él en su habitación, mientras que sus padres tenían una conversación que iba aumentando de tono en algún lugar del apartamento. Benjamin estaba estrellando dos de sus muñecos de acción, violentamente. Sus cejas estaban fruncidas, su sonrisa normalmente feliz convertida en una mueca oscura. Ella nunca había querida abrazar a alguien más, aunque ella tampoco era su persona favorita en estos momentos.
—Benji —intentó ella pero él le dedicó una mirada que la hizo callar.
—Mi nombre es Benjamin —dijo fríamente—. Solo mi mami y papi pueden decirme Benji. Tú no eres mi mami. —Con eso, él se giró para estar sentado con sus piernas cruzadas, dándole la espalda.
Suspirando, Bella se recostó en su cama, sintiéndose inútil. No pudo confortar a Benjamin y no pudo permanecer al lado de Edward. Estaba cansada de sentirse tan fuera de su zona de confort.
Las voces que discutían se acercaron y la puerta de la habitación se abrió de golpe. Bella se sentó rápidamente, escuchando a Edward suplicar.
—Kebi, por favor, no hagas esto.
—Benjamin. Vamos. Nos vamos.
Benjamin se puso de pie, su expresión pensativa y se alejó de su madre en vez de acercarse.
—Es el turno de papi. Iremos al zoológico. Él me lo dijo.
—Vendrás a casa conmigo, donde debes estar —dijo Kebi, dando un paso hacia él.
Benjamin se alejó de ella, su expresión furiosa.
—No. No, no me iré.
—Kebi —intentó Edward, colocando la mano en su hombro.
—No quiero hablar contigo —dijo, apartándose de su toque—. Benjamin. Ven conmigo ahora mismo.
Bella se movió rápidamente para pararse al lado de Edward justo afuera de la puerta. Ella colocó su mano en su espalda, insegura sobre cómo ayudar o qué decir. Su corazón y estomago estaban oprimidos.
Benjamin esquivó las manos de su madre y corrió hacia la puerta, gritando "no" durante todo el camino. Su rostro estaba contorsionado y furioso. Edward intentó atraparlo, pero el pequeño empujó a su padre apartándolo del camino.
—¡No! No me agradas. En estos momentos no me agradas —jadeó, lágrimas comenzando a recorrer su rostro cuando volvió la mirada a su madre—. Y tú no me agradas. Estás siendo mala. Están siendo malos el uno con el otro y gritando. No me quiero ir. Es el turno de papi y no me voy a ir, no me puedes obligar.
Con eso, corrió por el pasillo hacia la habitación de Edward, la única habitación con un seguro, cerrándola de un portazo detrás de él. Sus sollozos desgarradores fueron inmediatamente audibles.
Edward apoyó su mano sobre la puerta y apoyó la frente allí por un par de segundos antes de girarse hacia Kebi. Su voz fue suave, calmada, pero agotada y triste.
—Por favor. No hagas esto difícil. No será fácil, pero no tiene por qué ser difícil.
Ella bufó, abrazándose el torso. Era obvio por la expresión en su rostro que ella detestaba las lágrimas de su hijo tanto como lo hacía Edward.
—¿Crees que lo que tú hiciste no es difícil? —lo desafió, su voz temblando—. Metiste extraños en nuestro asunto, Edward. Mis padres, Amun, ellos querían que fuera a un juez, pero nunca lo hice. Durante años no lo hice. Les dije que eras un buen padre, que tú nunca intentarías lastimarlo a propósito o a mí.
—No estoy intentando lastimar a ninguno de los dos. ¿Qué opción me dejaste? —Pasó una mano por su cabello inquietamente y Bella tuvo que contenerse para no meterse sabiendo que solo podría hacer las cosas peores.
—¿No podías hablar conmigo? Un imbécil aburrido me entregó unos papeles para firmar, ¿cómo si fuera algún criminal que se robaría a tu hijo?
Edward hizo una mueca.
—¿Qué habrías dicho, Kebs? ¿Qué habrías hecho si te hubiera dicho que no me iba a mudar, no me podía mudar al otro lado del país? ¿Si quiera considerarías dejar a Benjamin aquí conmigo?
Ella se encogió ante la idea y tragó grueso.
—Si no vendrás, un hijo debe estar con su madre.
—Soy un buen padre. Lo sabes. Lo has dicho. Si no te quedarás, no hay razón para que él no esté mejor solo conmigo, con sus amigos, con…
—No me puedo quedar —espetó—. ¿Qué querías que hiciéramos? El trabajo de Amun no sobrevivirá aquí, ¿y luego qué? ¿Tendría que mantenernos a los cuatro con mi pequeño salario?
—¿Y aun así esperas que me mude al otro lado del país sin nada? Sin trabajo, sin un lugar donde vivir, ¿sin apoyo?
—No te estoy pidiendo que hagas eso.
—¿O perder a mi hijo? —Edward suspiró temblorosamente, frotando sus ojos—. ¿Lo ves? Esto es imposible. No puedo pedirte que lo dejes aquí conmigo más de lo que tú puedes pedirme que lo deje ir, sin discutirlo. ¿Qué más puedo hacer aparte de dejar que un desconocido tome esa decisión por nosotros?
Él se acercó a ella, dudosamente alzando una mano. De nuevo, ella se alejó de su toque y él suspiró, dejando caer su mano a su costado.
—Esto va a ser horrible para él. No tienes idea de lo que mucho que odio eso, pero no sé qué más hacer. Lo que podemos hacer es ser civilizados el uno con el otro y no interrumpir su rutina hasta que tengamos que hacerlo. Por favor, déjalo aquí.
—¿Y cómo sé que no te quedarás con él? —lo desafió pero su voz no se escuchaba tan molesta como hubiera podido ser.
—Nunca te mentí. He sido bueno contigo, Kebs.
—No me digas así —siseó, recordándole a Bella a su hijo—. Lo dejaré. Por ahora. Pero tú hiciste esto difícil, Edward. Diste el primer paso.
Luego ella salió, pasando a un lado de Bella dedicándole una mirada fulminante en su dirección.
Tan pronto como la puerta se cerró detrás de ella, Edward se desplomó, la energía y la pelea abandonándolo. Se apoyó contra la pared, con sus manos sobre sus ojos. Se deslizó hacia el suelo y Bella se movió hacia él, deslizando a su lado.
—¿He dicho —murmuró amargamente— que odio esto? —Suspiró, apoyando su cabeza contra su hombro—. Ella tiene razón. Yo di el primer paso.
—No tenías otra opción. —Bella entrelazó sus dedos, apretando su mano fuertemente—. Estas cosas se vuelven desastrosas. Estabas protegiendo tus derechos al dar el primer paso.
—Dime que estoy haciendo lo correcto —susurró.
Ella dejó un largo beso en la línea de su cabello.
—Estás haciendo lo correcto.
Siendo sinceros, ella no pensaba que hubiera algo correcto para hacer. No podía imaginar estar en la situación de Kebi más de lo que quería estar en la de Edward. Pero ella era su novia y no era momento para pragmatismo. Él necesitaba escuchar que no estaba siendo un monstruo.
Edward se tomó un par de minutos más para sí mismo, antes de ponerse de pie. Tocó la puerta de su habitación.
—¿Benji? —llamó, su voz gentil—. Abre la puerta.
—¡No me quiero ir!
—No te vas a ir. Mami ya se fue.
Luego de un par de tensos segundos, pudieron escuchar a Benjamin sorbiendo por la nariz, le quitó el seguro a la puerta y esta se abrió con un chillido. El pequeño miró a su padre con ojos rojos.
—No me agradas en estos momentos.
El corazón de Bella se rompió pero Edward asintió.
—Eso está bien. Es entendible. ¿Quieres salir y hablar sobre el tema?
Benjamin negó con su cabeza, sus ojos llenándose de lágrimas de nuevo.
—¿Qué tal un abrazo? —La voz de Edward tembló un poco y Bella pensó que él necesitaba un abrazo de su hijo tal vez más de lo que su hijo necesitaba uno de él.
Benjamin abrió la puerta por completo y salió disparado hacia los brazos de su padre. Él se abrazó fuertemente, enterrando su rostro en el cuello de Edward mientras jadeaba un poco. Edward cerró sus ojos, sentándose en el suelo con Benjamin en su regazo. Durante largos segundos simplemente se sostuvieron.
—Te amo. Mami te ama. No hay nada en este mundo que puede cambiar eso. ¿De acuerdo?
—Ajá. —La vaga aceptación de Benjamin fue farfullada contra el hombro de su padre.
Edward frotó su espalda en círculos confortantes.
—¿Aún quieres ir al zoológico?
—Sí. Pero quiero que seamos solo nosotros.
—Ben…
—Está bien —dijo Bella rápidamente—. Necesitan un tiempo de chicos. Estoy bien con eso.
Edward le dedicó una mirada agradecida sobre el hombro de Benjamin. Él intentó pararse, pero el niño se guindó tercamente de él. Con un suspiro, Edward se puso de pie con Benjamin en sus brazos y se acercó a Bella para besarla.
—Gracias —susurró cerca de su oído.
—Debería ir a ver si mi compañera de cuarto aún vive. —Ella besó la mejilla de Edward antes de poner una mano sobre el hombro de Benjamin—. Te veré más tarde, Benjamin. ¿De acuerdo?
En vez de una respuesta, Benjamin giró su cabeza como si estuviera intentando clavarse en la piel de Edward para alejarse de ella.
—Benji, Bella está hablando contigo.
El pequeño profirió un gruñido.
—Está bien. En serio —dijo Bella, tratando de no sentirse lastimada. No tenía idea por qué Benjamin había decidido que ella era la enemiga pública número uno, probablemente era de ser esperado. Sabría Dios lo que les habría escuchado decir a su madre o a Amun o la conclusión a la que había llegado con su lógica de niño sobre toda la situación.
—Llámame —le dijo ella a Edward.
Apartando las necesidades de Benjamin, le mataba dejarlo.
~0~
Esa semana no fue fácil.
Benjamin había sido un terror tanto en casa como en la escuela. Edward no había recibido una llamada, sino dos de parte de su maestra. En una semana. De un niño que nunca antes había estado en problemas.
Kebi y Amun trataron de culparlo a él de eso. Si él no estuviera peleando, por supuesto, Benjamin no estaría confundido y a la defensiva. Probablemente era cierto, pero ese era el problema. La vida no se trataba de decisiones fáciles. La paternidad era siempre sobre el tiempo y a largo plazo él sí creía que Benjamin estaría mejor quedándose en Seattle.
—De muchas maneras, sería más fácil si Kebi no fuera una buena mamá, si Amun lo tratara mal. ¿Es eso horrible? —le preguntó a Bella una noche.
—No lo creo. Me siento de la misma forma. Me alegra que tenga tantas personas en su vida que lo aman, pero sería más fácil para mí verla como la mala si fuera… mala.
Toda la semana, Bella hizo lo mejor que pudo para apoyar la necesidad de Edward aunque Benjamin no lo hizo fácil. Él estaba molesto con el mundo. Pareció haberse pegado al hecho que Bella era la persona más fácil de controlar, frecuentemente le ordenaba que se fuera del apartamento.
Ese jueves, con un gentil estimulo de Esme y Carlisle, Edward le dio un alto.
—Quiero que te disculpes con Bella. Ahora.
—No. Lo dije en serio. Ella no me agrada. Debería irse. Ella ya no es buena conmigo. Tú dijiste que podemos comer helado. Quiero comer helado, pero creo que Bella debería irse a casa. —Cruzó sus brazos desafiantemente.
Edward se los bajó.
—Creo que acabas de perder tu helado.
Los ojos de Benjamin se abrieron pero luego se entrecerraron igual de rápido.
—Me odias.
—No. Claro que no. creo que estás siendo muy malo con alguien que no ha sido malo contigo en lo absoluto. Ahora la abuela, el abuelo, Bella y yo vamos a ver televisión. Tú ve a mi habitación y piensa por un momento si quieres seguir siendo malo o si quieres disculparte y ver televisión con nosotros. —Cuando Benjamin lo fulminó con la mirada, agregó—. Ahora, Benjamin Rafi Cullen.
Refunfuñando, Benjamin se giró hacia el pasillo.
—Mi habitación, Benjamin —advirtió Edward.
—¡Me odias! —insistió de nuevo Benjamin antes de azotar la puerta de la habitación de su padre.
Edward cerró sus ojos, inhalando y exhalando por la nariz.
—No me gustó eso —murmuró a nadie en particular.
Esme frotó su espalda y Bella apretó su mano.
—Si no fuera una noche de trabajo, te diría que salieras con Bella y te tomases un trago doble —dijo Carlisle.
Abriendo sus ojos, Edward les dedicó a sus padres una mirada divertida.
—De todas formas, Bella no puede ir a un bar, papá, pero gracias. —Colocó un brazo alrededor de Bella, acercándola. Suspiró—. Además, tengo que hablar con Benji de nuevo cuando se calme.
Bella no dijo nada, pero lo abrazó de vuelta, necesitando su abrazo. Algunas veces, se sentía tan joven. Demasiado joven.
Ella no entendía del todo para qué pensaba que era demasiado joven y por qué eso la hacía sentir tan impotentemente dependiente en esta situación donde Edward necesitaba mucho más apoyo, hasta que recibió un sobre grueso ese sábado.
Cuando leyó las palabras, se alteró completa e irracionalmente. Le tomó todo de su control para no llorar, lo cual era tanto bizarro como estúpido. Esto era lo que ella había querido. Era por lo que ella había trabajado.
Bella ni siquiera intentó decirle a Edward hasta el domingo en la tarde. Eran ocho cuadras desde su apartamento hacia el estacionamiento, donde Edward le había pedido verse. Ella caminó, necesitando pensar.
En el taller, encontró a Edward sin uniforme, era su día libre, después de todo, hablando con Emmett y Jasper. Fue claro que él había discutido con Amun esa mañana cuando él y Kebi pasaron a buscar a Benjamin.
—Ridículo, tío. —Jasper negó con su cabeza—. Una madre debe priorizar a su hijo, sin hacer preguntas.
—Todo depende. Como por ejemplo, no me confiaría yo solo con un bebé —dijo Emmett.
Jasper bufó.
—¿Estás bromeando? Sentarías al niño y olvidarías dónde lo dejaste.
Emmett rodó sus ojos.
—Sí, pero tú eres diferente. —Señaló a Edward—. La cosa de mitad y mitad funcionaba realmente bien aunque podrías hacerlo tú solo.
La postura de Edward se relajó cuando vio a Bella y él abrió sus brazos mientras que los otros dos la saludaban. Ella saludó a los chicos, pero se acurrucó contra Edward, colocando su cabeza debajo de su mandíbula.
—¿Bella? —Ella pudo sentir la vibración de su voz en su garganta. Él se movió, alejándola un poco de él para poder verla—. ¿Todo bien?
—Sí. —Incluso para sus propios oídos la aseguración se escuchaba poco convincente—. Caminé hasta aquí. Estoy un poco cansada, eso es todo.
Él se veía como si estuviese a punto de comentar sobre su mentira, cuando sus ojos se posaron en el sobre en sus brazos. Él se lo quitó.
—¿Qué es esto?
Ella simplemente asintió con su cabeza, su garganta estrecha para hablar, por más ridículo que fuera.
Con una expresión de preocupación, Edward abrió el sobre y sacó los documentos que estaban dentro. Comenzó a leer el membrete de la carta y sus ojos se abrieron al instante. Él alzó la mirada hacia ella.
—¿Esta es la beca a la que aplicaste el año pasado?
Bella asintió lentamente.
Edward leyó un poco más y su rostro se iluminó con una gran sonrisa. Bella chilló cuando él de repente pasó un brazo por su cintura y la dio vueltas en el aire. Colocándola de nuevo sobre sus pies, le batió en el aire los documentos a Emmett y Jasper.
—¿Ven esto? Justo aquí dice que tengo a la chica más inteligente del estado.
Jasper le quitó los papeles, mientras Edward estaba distraído dándole un gran beso en la mejilla a Bella, lo cual la hizo reír.
—Lo que en realidad dice es que tienes una beca completa y algo más.
—Lo mismo —dijo Edward. Acunó su rostro entre sus manos—. Nena, estoy tan orgulloso de ti.
—Genial, chica —aceptó Emmett—. Realmente genial.
Bella se encontró a sí misma sonriendo y sonrojándose ante su atención, finalmente dejando que la felicidad quitara la extraña desesperación que había recaído sobre ella cuando vio la carta de notificación. Era algo bueno. No, demonios. Era algo genial. Se graduaría sin deuda y podría tomar menos horas en la cafetería con lo que había estado ahorrando.
Ella envolvió su brazo alrededor de Edward, sintiendo como si desaparecería en su piel si pudiera. Aunque estaba feliz y orgullosa de sí misma, también estaba un poco consternada. Ella sabía cuál era la raíz de su aferramiento, la desesperación que estaba debajo de la superficie a lo largo de todo el suplicio con Benjamin. El hecho era que, esa carta significaba que se quedaría aquí. No sería una decisión muy inteligente irse cuando su escuela iba a ser pagada. Ella no podría renunciar a sus sueños para seguir a Edward.
Porque había algo que nadie estaba diciendo, Bella lo sabía de todas formas. Si Edward perdía, si Kebi tenía el derecho de mudar a su hijo al otro lado del país, él se iría. Sus padres lo ayudarían. No sería lo mejor para ninguno de ellos, pero lo harían.
Y Bella no sería capaz de seguirlo, incluso si quisiera.
Un capítulo difícil… Como dice Bella, sería más fácil si Kebi fuese mala, pero todos en esta historia aman a Benji y ahí es donde no hay algo que sea del todo correcto. ¿Qué les parece a ustedes?
Y ese final… si Edward pierde van a tener que separarse, ¿se lo imaginan?
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¡Hasta el próximo capítulo!
