Harry Potter & Draco Malfoy:
Dreams Of The Future Past.
By the Fox
Alternate Universe
A.h, ho.w wu.ch, i.f we. r-e.tu.r-n fr-o.w a. di.s+ta.nt jo.u.r-ne.y,
Wi.ll we. u.nde.r-s+ta.nd? Go.d's+ Phi.lo.s+o.phy
(A.h, s+o.we.da.y s+u.r-e.ly)
SEVEN: Philosophy
Harry encontró a Draco en las almenas con Hermione y Lawliet, Helga apresurándose tras él con Gareth mientras Hughes se les reunía con Salazar y Selene. Los soldados se habían agrupado, algunos con arcos, y Harry vio con curiosidad a Hughes hacerle una seña a Gareth y colocarse a un lado de los arqueros.
- Es… están seguros?- dijo Hermione, que parecía asustada, como sacada de un sueño tibio. Salazar le puso una mano en el hombro, envuelto en una pesada sobrepelliz negra.
- Son normandos, querida. Esa formación alargada es típica suya, pero se están ocultando bien.-
Harry se mordió los labios: la noche era cerrada, sin luna ni estrellas, pero podía distinguir apenas, muy lejos en el páramo puntuado de zarzas, más allá del lago, un grupo de sombras que se movían. Cuántas? Cientos? Harry no hubiera podido estar seguro. Lawliet se encaramó en una almena, y asintió, antes de mirar a Draco sobre su hombro.
- Hay una mujer al frente. Está galopando sola.-
- Y tú ves en la noche? Qué eres, Catwoman?-
- Vista de Hechicero, magia de nivel uno de metamago.- señaló Hermione cansadamente.- Porqué no me becó Clow? O Durmstrang?-
- A Durmstrang habrías entrado. Entre tanto chico robusto y peludo, habrías encajado de maravilla.- le soltó Draco.
- En cambio, a ti te habrían rechazado, allá sólo aceptan chicos.- le espetó Hermione.
- Draco! Más respeto con la pobretona mudblood, joder!-
- No ayudes, Seli.- Harry se interrumpió cuando vio a Gareth y a Hughes tomar cada uno un arco y disparar al aire. Las flechas se elevaron, más altas que cualquier flecha humana, por sobre el lago, y entonces Helga alargó un blanco y redondeado brazo, y dos relámpagos dorados surgieron del cielo, alcanzando las flechas, convirtiéndolas en dos pequeños soles que al reflejarse en el agua del lago se volvieron cuatro, iluminando todo el páramo como en un falso amanecer de oro. Entonces vieron a una mujer que cabalgaba sola, aferrada a un caballo bayo, una larga cabellera castaña leonada flotando detrás como la cola de un cometa, mientras envuelta en un manto azul que flameaba galopaba como rayo, ya en el borde del lago. Pero los normandos, que eran una masa de más de cien jinetes con picas y manguales de aspecto cruel, y cuernos en los cascos de cimera aguda, la seguían en grandes corceles blancos, y acortaban la distancia.
- Porqué no se defiende?- exclamó Salazar, agarrándose de la almena.
- Debe estar herida!- dijo Hughes, muy tenso.- Tenemos que hacer una salida, mamá!-
- Yo iré.- dijo Gareth serenamente, tomando su lanza. Helga lo miró, las manos en la boca, moviendo la cabeza.
- No, Gareth…-
- Vamos, hijo. Helga, no convierta a mi hijo en una niñita… es hombre. Déjalo que se gane sus espuelas y que yo me enorgullezca otro poco.- dijo Salazar sin hacer caso, envolviéndose en su manto y tomando una larga espada de adornado guardamano, en forma de serpientes verdes entrelazadas.- vamos. Hermione, quizá sea un buen momento para tu primer Meteoros de Melf.- agregó, con un guiño devastador. Hermione asintió, y Lawliet se volteó a ella.
- Te estás volviendo maga legal?- le soltó, parpadeando.- Cómo lo… oye… sabes que eso es de nivel cinco, no?-
Hermione sonrió misteriosamente y se subió a la almena, a cincuenta metros de altura. Draco emitió un gruñido y la agarró de la falda, mirándola con acidez.
- Te preocupas por mí, Malfoy?-
- No, pero si te matas, quién me enseña magia salvaje?-
A Draco lo distrajo de continuar su rutina de insultos cuando vio a Andy, con un justillo de cuero, siguiendo a Salazar en el patio, listo para montar una pequeña yegua negroazulada. Andy, como si lo sintiera, levantó la cabeza y lo miró, pero no hizo ningún gesto y montó para ir tras Salazar y Gareth, mientras levantaban las pesadas puertas de hierro.
-NO!- gritó, lanzándose escalera abajo, pero Harry lo interceptó de un tirón.
- Estás loco? Qué vas a hacer? Somos magos de cuarta comparados con ellos, no puedes salir, te matarán!-
- Matarán a Andy, no viste ese ejército!?- gritó Draco, mientras bajaba los escalones de piedra a saltos, pero Harry volvió a aferrarlo.
- Andy es un maldito paquete de TNT, nadie le hará nada! Es un tanque!-
- Déjame!-
- No te voy a dejar suicidarte, maldito seas!-
- DÉJAME, POTTER!-
- NO!- ladró Harry, y aferrándolo lo empujó contra la pared, aplastándolo con todas sus fuerzas mientras Draco le gritaba, lo pateaba y hasta lo mordía. Harry aguantó, y cuando sintieron caer la puerta de regreso en su lugar, Draco se desmadejó, haciendo que Harry lo mirase.
Había tanto odio en su mirada, que Harry se estremeció.
- Te quiero, Draco- balbuceó.- No quiero que mueras…-
- Pues yo sí quisiera que tú te murieras de una VEZ!- gritó Draco, desasiéndose y volviendo escaleras arriba a toda carrera. Harry se quedó allí un segundo pálido y herido, y luego lo siguió, para ver a los tres jinetes lanzarse adelante bajo la luz de esos soles de oro. La jinete ya llegaba a la altura de la mitad del lago, rodeándolo, pero tenía a sus perseguidores casi encima: dos o tres de los más veloces ya casi la tocaban…
- AUREUS LAMPUS!- gritó Helga, y del cielo cayeron dos relámpagos dorados, que no dejaron nada de los hombres que golpearon. Selene se volteó a Harry musitando sin ruido " y dijiste que ella era mala en combateeee?"
Los jinetes se detuvieron en una colina: sólo Gareth siguió adelante, acercándose a la jinete, y sacando su lanza, la blandió como un enorme sable, golpeando a los hombres que ya la alcanzaban, colocándose entre ella y sus perseguidores. Salazar abrió los brazos y gritó algo, y todos vieron una niebla levantarse del suelo y hacer que los caballos tropezaran, derribando a sus jinetes, como si se hubieran paralizado.
La jinete llegó hasta Salazar y resbaló de su caballo agotado al césped. Salazar desmontó y la alzó en brazos, y los normando recuperados se lanzaron adelante, rodeando a Gareth, abalanzándose hacia el trío.
- METEOROS DIMINUTOS DE MELF!- gritó Hermione, y lanzó al aire un puñado de piedrecillas amarillas. Las cien o más piedrecillas parecieron inflamarse, y cayeron sobre los normando como si una ametralladora pudiera disparar pequeños cometas ardientes. Los normando retrocedieron, y entonces Andy se lanzó abajo a caballo a un gesto de Salazar, y gritó:
- BARRERA SALVAJE!-
Fue una ventisca. Fue un tornado. Fue un huracán lo que los azotó, derribando a Hermione en brazos de Hughes, los caballos enloqueciendo, los tres jinetes y la mujer herida volviendo apenas contra el salvaje viento del color de la magia que derribó árboles y e hizo volar normandos. Cuando el pánico era absoluto, Hermione oyó a Hughes susurrar:
- Pero es que se ha vuelto loco?- y saltar a la almena a pesar del viento huracanado. Vio que le abría cortes en las mejillas, y lo vio extender las manos, que sangraban, y sin hablar, emitir un destello como un flash de oro.
El viento se detuvo. Como nieve de oro, algo cayó del cielo, y los caballos normando relincharon, un relincho alegre, y pateando a sus jinetes huyeron en masa, arrancándose bridas y riendas, hacia el gran bosque que siglos luego sería prohibido. Los normandos, maltrechos y a pie, huyeron.
Hughes se desplomó en los brazos de Selene y Hermione, bañado en sudor. Pero les sonrió, secándose la frente.
- Estoy bien… sólo fue mucha magia… estoy bien… mami, está bien Gareth?-
- Está herido, pero no parece nada serio.- dijo Helga, que ya corría escaleras abajo para recibir a los jinetes. Gareth desmontó, sangre en la espalda, pero quitándose el yelmo con un gesto que indicaba que no tenía nada roto: pero estaba suficientemente furioso para subir la escalinata de tres saltos y golpear a Hughes, aferrándolo con la cara llena de un terrible pánico.
- Idiota, descriteriado imbécil! Cómo se te ocurre usar magia druida contra normandos?! Podrían haberte frito con el contrahechizo! Y es demasiada magia, te podrías haber matado, te podrías haber hecho puré la cabeza!-
- No te preocupes… no hay nada adentro igual…- dijo Hughes con una sonrisa mareada.- Puedes dejar de sacudirme?… tengo que ir a hacer una cosita…
- Qué cosita?!-
- Se llama vomitar PUAH-
- Mi amor… háblame! Maldita sea, despierta!- gritó Salazar, sobresaltándolos a todos cuando él y Helga sostuvieron a la mujer herida en brazos. Era diametralmente opuesta a Helga: muy alta y delgada, tenía una belleza de huesos que persistiría, como una estatua de mármol, cuando fuera anciana. De tez pálida y espeso cabello liso como agua, castaño broncíneo, tenía un perfil aquilino de labios delicados, que estaban blancos por la espantosa herida en su costado.
Helga brilló, y la mujer abrió los ojos, un tenue rubor volviendo a sus mejillas.
- Helga…-
- Rowenita… vamos… no te duermas, quédate conmigo… estoy tan feliz que estés en casa…- sollozó Helga, apegando su cabeza contra la de la herida.
- Tonta… llorona como siempre…- susurró Rowena.- Salazar…?-
- Dime-
- … tomaron Stonehengue…ya vienen, Salazar.- susurró muy bajo.- Y tienen a Richard. Prométeme que salvarás a mi hijo, Salazar!- dijo con voz tenue, pero más fuerte. Salazar la miró y asintió, y entonces Rowena pareció relajarse, cerrando los ojos.
Los fundadores se habían reunido junto al lecho de Rowena Ravenclaw, mientras los demás se habían juntado frente al fuego en la sala comedor, y Hermione, que parecía tan débil como Andy, estaban pegados a las llamas, tiritando. Draco había cubierto a Andy con su capa y se había encuclillado a su lado, mientras Harry los miraba, y Selena le tostaba castañas a Hermione en el fuego para que comiera algo caliente.
Lawliet no dormía, aunque estaba horizontal en el sofá, y sorprendentemente fue el primero en hablar.
- Esto es una guerra. Y casi nos fríes a todos con esa barrera salvaje, Andy. Por qué no eres tan amable de sacarnos de aquí de una vez, y fin del asunto? No es que me queje, pero no pienso acabar la lección sobre guerra del siglo XI con un hacha en la cabeza.-
Andy, envuelto en la capa de Draco, le echó una mirada sombría a Lawliet. Se parecía más al Andy que habían conocido porque se había soltado el pelo, pero el maquillaje negro y verde en la cara lo hacía ver distinto, los pómulos marcados. Los demás guardaron silencio un momento, y luego, sorpresivamente, Selene habló.
- Yo estoy de acuerdo. Tienes que devolvernos a nuestra época. No debemos estar aquí.- añadió, moviendo la cabeza.- No tienes el poder para regresarnos?-
- No.- dijo Andy secamente.
Harry y Selene saltaron de sus asientos. Draco se quedó helado: y Hermione asintió, como si lo sospechara. Sólo Lawliet habló, dejando caer la cabeza atrás en el banco cubierto de tapices.
- Propiedad de Pertenencia.-
- Qué?-
- Pertenencia. Esto… significa que Andy nos trajo acá con pura magia salvaje, sin nada planeado. La magia sólo se soltó, y trajo a Andy al lugar de donde venía, en el espacio de tiempo en que pertenecía, descontando los días vividos en otro tiempo. DVT PO + DV+ T, siendo el imponderable T el tiempo que tome el tipo de magia que te haga saltar.-
Harry y Draco se quedaron como si les hablaran en cantonés, mientras Selene sacaba papel y lápiz y garrapateaba en su libretita unos cálculos, mordiéndose las uñas como una comadreja irritada. Hermione miró a Lawliet, y asintió, avanzando hacia él.
- Entonces Andy no puede devolvernos. Sólo puede llevarnos de regreso uno de nosotros, que pertenezca a ese espacio de tiempo, y volveremos tantos días después como pasemos aquí, más el tiempo que consuma el viaje, tiempo traducido en magia.-
- Eso es… dos días, más… cuánto es el coeficiente de la magia salvaje, Lloyd?- pidió Selene.
- Doce.-
- A ver… diez siglos son… mil años… trescientos sesenta y cinco mil días… más… mil partido por cuatro… son 250 días más por los años bisiestos… partido por nivel del mago... qué nivel eres, chiquitín?-
- Es un grimorio, es nivel once.- dijo Lawliet con un gesto de la mano.
- Eso es… treinta y tres mil trescientos doce… partido por ciento ocho…eso es…- la cara de Selena se demudó.- Volveremos siete años después de que nos fuimos??-
- Tienes que haberlo calculado mal…- Draco y Harry saltaron adelante a quitarle la libretita boquiabiertos, mientras que Lawliet se cubría la cara y repetía muchas palabrotas en cantonés y Hermione se hamacaba como si lo hubiera sospechado.
- Atrás las manos, imbéciles! Por supuesto que no lo calculé mal, quién se creen que soy!- gritó Selene, la aritmancista, los ojos llenos de lágrimas.- malditos imbéciles, cuando vuelva mi papá puede estar muerto y Elroy ya se habrá olvidado de mí, no es justo, los voy a matar!-
- Mis papás…- susurró Harry, poniéndose pálido. Draco se dejó caer en el sillón, y Lawliet hundió los dedos en su desordenado pelo.
- No hay forma de que tú nos saques de aquí?- le suplicó Selene a Lawliet. Lawliet movió la cabeza, los ojos húmedos.
- No! Conozco un poco de la teoría, pero no tengo la potencia! Sólo soy nivel siete, y ustedes…-
- Nosotros somos nivel seis y Seli es nivel ocho, pero de magia romana, nada de viajes temporales. Lo más probable es que si lo intentamos, acabemos en la guerra bóer o algo así…- dijo Hermione sin alterarse.
- Tú no pareces muy preocupada con esto!- ladró Harry.
- Sí, bueno… a mis papás les borraron la memoria cuando me fui a Hogwarths y me creen muerta.- dijo Hermione con una sonrisa levemente misteriosa.- Y la verdad, aunque extrañaré algunas cosas, me va mejor en este Hogwarths que en el del futuro.- agregó, subiendo las piernas al brazo del sillón con un revoloteo de falda cremosa y calentándose los pies con escarpines con una sonrisa satisfecha.
- Hija de perra, a nosotros sí nos importa!- gritó Draco.
- Bien por ustedes.- dijo Hermione ácidamente.- Yo me acostumbraré a un mundo sin sostenes.-
Selene se puso a llorar. Lawliet parecía en shock. Harry se volteó y se arrojó sobre Andy, pero Draco se cruzó en su camino, defendiéndolo aunque él también tenía los ojos llenos de lágrimas.
- Déjalo en paz, no fue su culpa!-
- Mi mamá, Draco! Todos… deben estar desesperados! Y nuestras vidas… ése maldito me ha quitado todo!-
- Si lo tocas te parto la cara!-
- … me quitó todo… tú incluido!- bramó Harry. Draco pareció acusar el golpe, poniéndose rígido, y abrió la boca para decir algo: pero entonces Andy se puso de pie y se adelantó, porque acababa de entrar Gareth a la sala, seguido por los fundadores.
- Cómo está Lady Ravenclaw?- preguntó Selene, secándose los ojos, volviéndose a ellos.
- Tiene que descansar.- Gareth, tras un baño y un poco de comida, aún estaba pálido, pero acompañaba a Helga y a Salazar cuando dejaron el dormitorio de Rowena Ranvenclaw, en que la dama dormitaba, llena de hechizos de curación, con Hughes velando su sueño. Los demás miraron a una cansada Helga y a un tenso Salazar, a cuyo lado se colocó Andy, acercarse al fuego y sentarse pesadamente.
- Sé… que tienen muchos problemas.- empezó Harry, cuyo rostro estaba cargado de agotamiento y la locura de esos días.- Pero… no hay una forma de que nos ayuden a salir de aquí? Tenemos que volver a nuestra dimensión… Lord Salazar?- añadió, con una súplica en los ojos. Salazar lo miró fijamente, y movió la cabeza, antes de clavar los ojos en el perfil de Hermione.
- Lo siento. Pero no tengo magia suficiente para devolverte con seguridad allí. Ahora, si estudian lo suficiente para convertirse en magos salvajes, quizá logren hacerlo con la Propiedad de Permanencia, como lo hizo Anteus.- agregó, pensativamente.
- Pero aún con ese hechizo volveríamos al menos siete años tarde!- exclamó Selene, desesperada.
- Pero…- Helga miró a Salazar y entrecruzó los dedos.- Quizá Richard sepa alguna alternativa. Richard es un maravilloso encantador de objetos, y quizá pudiera hacerles un giratiempo!- agregó, alegremente. Salazar la miró, alzando una ceja elegante.
- Mira. Ni se me había ocurrido.-
- Richard? Richard Ravenclaw? No está prisionero?- dijo Draco con ansiedad, los ojos clavados en Andy.
- Sí, pero no por mucho tiempo!- dijo Gareth, que se había quedado en silencio observando el intercambio.- Padre…-
- Sé que le prometí a Rowena rescatarlo, Gareth, pero no sacaremos nada moviéndonos a tontas y a locas.- dijo Salazar con disciplencia mientras pelaba una castaña cuidadosamente.
- Lo pueden estar torturando, padre!- exclamó Gareth, avanzando al centro de la habitación. Había una tensión, una feroz lealtad allí que no podía ser vencida, y sus ojos taladraron a su padre, que los aguantó sin inmutarse.
- Richard es un guerrero, y sabrá soportarlo.- dijo Salazar con serenidad.
- Lo rescataremos… no tenga smiedo, Gareth.- dijo Helga dulcemente, alargando una mano, pero Gareth la esquivó, y se apoyó en la chimenea, mordiéndose los labios, antes de salir. Helga lo miró con pena, pero Salazar bufó, antes de mirarla a ella con cierta irritación, que ella respondió con un mohín.
- Lady Helga… - dijo Harry muy bajo.- Podemos ayudar?-
- No, Harry… enviaremos guerreros, no te preocupes.- dijo Helga suavemente, poniéndose de pie, mientras Salazar se iba a buscar algo a las cocinas y Hermione, Selene y Andy lo seguían. Draco hizo un gesto para seguir a Andy, pero Helga extendió un brazo.- Draco, espera. Harry me ha pedido un favor.-
- Qué?- Draco, pendiente de Andy, se volteó confuso.
- Harry me ha dicho que hay una posibilidad de que estés bajo un conjuro.-
- Qué?!- Draco se volteó a Harry.- Serás hijo de…-
- Si tus sentimientos no son un conjuro, no tienes nada que temer. Pero si lo fueran, no te gustaría liberarte?- dijo ella razonablemente. Draco se envaró, y una mirada como de miedo apareció en sus ojos.
- No! No te acerques a mí, Hufflepuff!-
- A mí me suena a hechizo.- dijo Lawliet, y saltando del sofá, cayó sobre Draco, fijándolo firmemente al piso. Draco pataleó, pero Helga se agachó extendiendo sus largas faldas y le puso una mano en el hombro.
- Draco…- susurró.- Deja libre a tu amor, si es real. Cada casa tiene un espejo mágico que los define. El espejo de Ravenclaw te muestra quien eres en verdad. El espejo de Slytherin te muestra tu final. El espejo de Gryffindor te muestra tu peor miedo. Pero nuestro espejo… te muestra tu más sincero y desesperado deseo. Es para que sepas por qué luchar, ya que sólo acciones guiadas por el corazón pueden ser de verdad grandes y valiosas… pasa la prueba, mi niño, si tienes valor.-
Draco dejó de luchar, y tras echarle una mirada de odio a Harry y a Lawliet, se arrodilló junto a Helga, que lo tomó de las sienes y le dio un largo beso en la frente.
Draco se quedó un momento allí, mientras una luz más brillante que el fuego auroleaba a Helga. Una lágrima cayó por su mejilla, y luego abrió ojos verdes y claros como hojas, para mirar a Helga y luego a Harry con shock en su rostro, antes de ponerse de pie y avanzar hacia Harry.
Harry dio un paso, y Draco le dio un puñetazo tan brutal que rodó por el piso.
- Eres…- gritó.- … un imbécil!-
Y huyó, tras Andy. Helga se levantó para extenderle una mano a Harry, pero alguien había salido de las sombras y ayudaba a ponerlo de pie: era Gareth, que le limpió el labio partido con su pañuelo, y luego le secó los ojos húmedos, dejando un rastro rosa.
Salazar le entregó un vial de vino a Andy, que hizo una reverencia y se sentó en un taburete en un rincón. Selene miró a Salazar y a Hermione alternativamente, y habló con voz tranquila.
- Usted quiere que ayudemos a cumplir esa promesa que le hizo a Rowena, no? Por eso hizo que Helga mencionara a Richard…-
- Eres una niña muy lista, Selene.- dijo Salazar, cortando trozos de hogaza con un gran cuchillo curvo.
- Típico comportamiento Slytherin: mi padre es el maestro en eso.-
- Me halagas.- dijo Salazar suavemente, pelando una manzana y ofreciéndosela a Hermione con los dedos, que la mordió sin dudar.
- Pero me puede explicar para qué le serviríamos? Ustedes ya tienen más magia que nadie…-
- No estés tan segura de eso.- dijo Salazar sonriendo.-Tu magia estelar es una magia que ni siquiera Rowena tiene, y la magia de Hermione viene directamente de la magia legal antigua… dos magias más antiguas que las del amanecer del tiempo. Los normandos han peleado con nosotros en varias ocasiones y ya saben lo que podemos hacer: y contra sus magos elementales, sus clérigos, hay muy poco que podamos hacer ya. Pero ustedes los tomarían por sorpresa.-
- De verdad Richard puede hacernos un giratiempo?-
- Sí. Y si lo matan y ustedes regresan tras haberlo intentado, le enseñaré a los tres magia salvaje suficiente para que puedan volver, aunque sea una década después. Algo es algo.-
- A mí me parece un intercambio justo.- dijo Hermione con despreocupación, mientras leía unas notas tomadas con su apretada letra en pergaminos.
- Come.- le dijo Salazar animosamente.- Necesitas alimentarte para lo que vamos a hacer esta noche.-
Hermione se sonrojó y Selene abrió la boca y la cerró sin preguntar. Oookay. Qué decir si alguien decide echarse una canita al aire con la respuesta del siglo XI a Calvin Klein?
Pero es un mudbllod, hubiera chillado celosa.
Papá había dicho: No confíes en ningún hombre: excepto papi, siempre dan más problemas de los que solucionan.
Mamá había dicho: Confía sólo en el hombre al que tienes agarrado de su cosita. Si se olvida quién manda, retuerce la mano y haz que se acuerde.
Selene se echó el cabello atrás como una cortina y salió, moviendo la cabeza. No vio a Andy tomar la bandeja que Salazar había preparado tan primorosamente e irse solo por el pasillo, ni vio a Salazar tomar a Hermione en brazos y llevarla a su habitación.
- Harry…-
Callaba. Se había sentado abrazándose las rodillas en la cama cubierta con un gobelino antiguo, y de vez en cuanto se pasaba la mano por la cara como si aún se secara lágrimas, pero tenía la cara seca e irritada, los ojos ardorosos. Gareth lo había llevado a su habitación, y aunque le había traído una taza de leche y canela y le había cubierto los hombros con una manta, Harry aún temblaba un poco, observando sin ver cómo en las ventanas diseñadas con vitrales un grupo de ramas con cabezas de serpiente estaban atadas con una cadena que parecía medialunas.
- Esta era la habitación de mi padre.- dijo Gareth con voz suave. – Mi padre me dejó con Helga después de una visita a Francia, me dijo que mi madre había sido una druida poderosa que lo había amado. Yo tengo muy poca magia… supongo que los poderes de mi padre y los de la druida se anularon mutuamente. Hughes, en cambio, tiene un poder increíble, pero es un vago, y encima es descuidado… por suerte tiene la constitución de un roble, yo me pasé toda la infancia en cama. Ése es el haz de ramas romano… mi padre lo adoptó para Slytherin, convencido de que juntos viviremos y solos pereceremos. La luna es el símbolo de los druidas, y señala que, diferentes a Arturo, los señores de Slytherin siempre seremos fieles a la Diosa y la naturaleza. Mi padre no se crió en Camelot con los demás, se crió en el Norte, con en los marjales de los druidas, y la misma Guinevere fue su madrina, antes de que se la entregaran a Arturo. Mi padre… siempre dice que sus años en el Norte, donde los bosques son eternos y la lluvia es pura, fueron sus años más felices, y que esa es la verdadera Inglaterra…-
La voz de Gareth era amable y calmante, y Harry se distrajo un poco. Había un poco del influjo hipnótico de la voz de Slytherin en la de Gareth, pero en vez de enardecer, asustar, o dominar, la voz de Gareth calmaba, pacificaba. Su rostro era sereno, y habría sido muy apuesto con más color en la cara, ya que sus rasgos eran muy finos y regulares: pero su pelo pálido y rostro aún más pálido contrastaba con las ropas oscuras de un modo casi doloroso, enseñando el entramado de finas venas en las sienes como una sombra azul.
Harry volvió la cabeza hacia él cuando Gareth le puso una mano en el hombro. Gareth era más alto y esbelto que él, y aunque sólo debía ser un par de años mayor, parecía mucho mayor por sus gestos seguros y adultos, la expresión de quien está acostumbrado a mandar y a tener responsabilidades de la infancia. Harry se preguntó cómo habría sido crecer en Hogwarths, y luego pensó que al fin, los dos habían crecido en el mismo sitio.
Pero en los ojos de Gareth había una sombra de tristeza, de algo parecido a la vergüenza. Harry supuso que se debía a su padre, o quizá a carecer de una madre: pero no tuvo tiempo de pensar más, porque Gareth le apretó el hombro y dio un tironcito, uno tan tímido que Harry podría haberlo ignorado, pero no quiso, y se hundió en su pecho.
Amaba mucho a Selene, pero qué consolador hubiera sido tener un hermano mayor que lo abrazara. Rodeó con sus brazos el torso más fuerte de Gareth, sintiendo la rugosidad consolara. Gareth tenía ese algo consolador de Remus, pero le faltaba esa seguridad en sí mismo, esa loca libertad y plenitud que el lupino emitía. Gareth parecía un joven que hubiera sido amargo sin Helga; pero era melancólico, un poco triste, y a la vez sabio, en algún sentido.
- Draco y yo… compartimos hasta cuna. Supongo que puedes llamar incesto a lo que siento por él, no es extraño que me golpee… pero no puedo controlarme. Él… siempre ha sido tan curioso, tan vivo, tan agudo. Estando con él me sentía parte de algo que era más grande que los dos… era como si estando con él, hubiera una… continuidad. Crecimos juntos: nuestros papás se aprecian mucho, y tenemos un tío común… siempre estábamos juntos. Siempre. Nunca hemos estado separados más que unos días, y era como si me faltara un brazo. Ahora es como si me lo hubieran cortado…- susurró, los ojos llenos de lágrimas. – Estaba seguro que era un hechizo. Si no lo es… no hay nada que hacer. Yo… no sé qué hacer…- Harry hundió el rostro en su pecho, y sollozó de pronto agudo, ruidoso. Gareth le acarició el pelo, y lo apretó contra sí: cuando Harry lo miró a los ojos, encontró la sombra del mismo dolor, y eso lo apenó indeciblemente. Hubiera dicho algo más, pero Gareth bajó la cabeza y lo besó suave, tentativamente. Cuando Harry habló, lo hizo manteniendo el contacto, sus ojos cerrados.
- Quisiera que él fuera más como tú… se parecen tanto, y sin embargo…-
- No soy Draco, Harry.-
- Yo tampoco soy Hughes…- susurró Harry.- pero no quiero quedarme solo esta noche. No… podría.-
El rostro de Gareth mostró una compresión sombría y dulce. Moviéndose muy lentamente, como si temiera asustar a un animalito, le quitó el sweater, y se hizo un lío con las zapatillas abrochadas con velero, antes de tenderse a su lado en la cama, quitándose el pesado jubón de cuero y una camisa de lana de oveja, quedándose sólo con la camisa blanca y suelta que le caía hasta las caderas, floja sobre las ajustadas calzas. Harry le rozó el pelo, disparejo, pero consistemente corto, y se sorprendió por su finura, cuando su propio pelo era una maraña negra, gruesa y groseramente indócil. Gareth sonrió a su curiosidad y rodeándolo estrechamente, le besó el cuello, haciendo que Harry se quedara sin aliento.
- Quieres… que esta noche… yo… no tengo mucha experiencia.- dijo Gareth suavemente. Harry lo miró algo sobresaltado por la idea, como si despertara de un sueño: pero no podía negra que algo caliente y denso se había instalado en su vientre, haciéndolo sentir pesado y algo torpe, una enorme fascinación paralizándolo mientras acariciaba el brazo de Gareth.
No quería estar solo. Y Gareth le daba una paz que calmaba su corazón herido. El mismo Gareth sufría igual, pero parecía sentirse aliviado por Harry. Él, al menos, quería estar con él.
- Tus ojos se oscurecen cuando piensas. Se ven casi negros.- dijo Gareth, levantándole la cara. Harry movió la cabeza, y dejó que su boca se encontrase con la de Gareth, iniciando una exploración que no conocía. Había besado a muchísimas chicas, pero siempre había pensado que debía ser exactamente igual besar a un chico.
No era igual. Los labios de Gareth eran firmes y muy finos, casi mezquinos en su timidez, y Harry se dejó llevar por la curiosidad explorando su textura, desvergonzado en su interés, sintiendo un entusiasmo de cazador al sentir a Gareth quedarse sin aliento sorprendido cuando su lengua rozó la suya, y tras su retroceso asustado se lanzó a reclamarlo, con una succión tibia y continua que lo fascinó. Gareth olía a pinos silvestres, quizá a cuero: Harry lo inhaló disfrutando su textura, sintiendo una emoción extraña que no era la agonía que Draco le producía, sino más sencilla, primal. Gareth parecía pliable y acquiescente a su lado, y Harry lo mordió, lo lamió, lo palpó con la emoción de un chico con un juguete nuevo, ansiado y pedido hasta el cansacio. Tenía en sus brazos a alguien que deseaba estar allí, y que quería complacerlo: y fue sólo instinto el que lo llevó a desnudarle el pecho y arrojar sus lentes encima de las pesadas túnicas, para continuar con su hambrienta exploración.
- Yo… Harry… perdona… Harry…- susurró Gareth, y Harry interrumpió la interesante exploración de su pecho y de los fuertes brazos con algo de fastidio, preguntándose qué quería. Su pecho lo había fascinado: la piel, aunque tenía algunas cicatrices, reflejaba la luz de la vela como el agua…
Sintió que se iba a echar a reír cuando vio al muy propio Gareth sonrojado y con los ojos bajos, tratando de acomodarse para disimular su naciente erección. Harry rió, sintiendo un leve roce de la melancolía al pensar en Draco, que era un desvergonzado y habría estado orgulloso o risueño de mostrársela: Gareth temía ofenderlo, en cambio.
El pensamiento de ese reprimido joven con un amor tan desesperado en el corazón lo enterneció, y con cierta torpeza, se tendió a su lado, lo rodeó con sus brazos y lo atrajo en un beso, antes de bajar la mano y tocarlo. No lo había hecho nunca, pero sentía como si alguien le susurrara secretos. Él sabía cómo le gustaba ser tocado: no era difícil complacer a alguien como él. Gareth se tensó y emitió un grito ahogado en su boca, y se echó a temblar, mientras Harry palpaba desesperación en crueles calzas ajustadas y apretadas contra esa carne vehemente y ansiosa.
Draco jamás habría soportado una molestia así, ya se habría arrancado la ropa y estaría buscando su alivio a manos llenas. Harry sonrió para sí, y luego se forzó a concentrarse en Gareth, que parecía espantado y deleitado a la vez cuando tiró del cordón de sus calzas y lo liberó, notando con alivio que no sentía ningún rechazo, sino que una enorme ternura, mucha curiosidad y una emoción que sí, podía pasar muy bien por amor.
No era mucho más digno de amor ese joven solitario y puro como un sacerdote, que sufría, que el ardiente, malcriado, violento, malagradecido, sarcástico Malfoy?
Pero, pensó Harry, a pesar de todo…
Entonces Gareth se tendió con un gemido de espaldas, la piel de sus clavículas hundiéndose, su vientre palpitando súbitamente, ansioso, temeroso, los músculos moviéndose bajo la piel, y Harry sintió una voracidad que jamás había sentido, un fuego dentro suyo que pareció arder y estallar como un tronco ha humeado demasiado tiempo. Le arrancó la ropa del cuerpo y bajando el rostro, le besó el vientre y dejó un rastro de saliva, mientras con manos torpes se arrancaba sus propias ropas.
El fuego parecía devorarle el cerebro: pero una última idea lo inundó, mientras esa hambre se hacía más voraz y recordaba historias y vagos sueños, acercándose a esa carne ardiente, oyendo a Gareth protestar débilmente sin hacerle caso. La idea de estar con cualquier otro hombre, Ron, Seamus, Dean, incluso con el bellísimo Sirius, le parecía chocante, inaudita: pero Gareth le despertaba el mismo apetito de un croissant fresco y crujiente, oliendo a mantequilla y a mermelada caliente. Harry rió, preguntándose de dónde salía esa comparación, ese feroz apetito, ese salvajismo que no se conocía: pero Gareth se volvió masilla en sus manos cuando se tendió entre sus muslos y lenta, malvadamente, jugó con la carne ardorosa, la rozó, sopló, acarició y finalmente dejó que su lengua avanzara sin romper contacto desde su ombligo hasta su misma punta.
- Ha…Harry…- gimió Gareth.- La Diosa… - susurró, sus muslos estremeciéndose. El muchacho más joven emitió una risita y volvió a su placentera tarea, descubriendo que no era sólo la carne intocada de Gareth lo que lo volvía un tigre hambiento, sino que sus gemidos, incluso su respiración agitada, le provocaban un intenso placer, una íntima satisfacción. Podía amar ese deseo, esa hambre, esa especie de amor sombrío y suave: podía amar a ese hombre que se le entregaba con la ingenuidad de un niño y la vulnerabilidad de un ángel. Cuando Gareth se vino en sus brazos, tan intenso que acabó sollozando, besándole, aferrándose a él, Harry sintió que podía olvidar todo, si el tiempo le daba a Gareth.
Y Gareth le daba tiempo.
Draco se había encerrado en su habitación, aún mareado por el potente toque abjurador de Helga. Estaba furioso, paseándose arriba y abajo, vibrando de ira ante el atrevimiento de Helga y la presunción de Harry. Esos… esos… cómo se atrevían? Cómo se atrevían a pretender enseñarle qué era el amor? Cómo podían creer que Andy no era a quien amaba de verdad? Que sus sentimientos eran falsos, eran un estúpido conjuro? Que su amor podía cambiar con un simple toque, como si Harry, su adorado Harry, quien más lo conocía, ya no lo conociera, cómo si su amor por…
… cómo era que se llamaba?
Draco se quedó de pie en el centro de la habitación, y muy despacio se llevó las manos a la boca. No. Nonononono. Joder, no!
Buscó infructuosamente en su memoria, en su corazón, como pudiera reavivar un rescoldo atizándolo. Pensó en Andy, en su piel de leche, sus ojos enormes, su suave cabello, su gesto indefenso y a la vez fiero, su ternura, su gesto frío ahora. Nada, excepto una preocupación, una inquietud dulce de amigos.
Nada especial.
Nada como Harry: Harry superponiéndose en todas las edades a su lado, en risa irreprimible y tonterías y llanto y miedo año tras año, día tras día. Harry, siempre a su lado, fuerte y frágil a la vez, tan terco, tan determinado, tan amante de los juegos y las bromas, tan honesto, tan… tan Harry. Los dos cazando con Remus, aprendiendo modales con Lucius, estudiando con Severus, bromeando con Selene, galopando con Sirius, burlándose de Hermione, jugando quidditch con James… Harry, Harry, Harry, siempre a su lado como otra mitad, una mitad con colores complementarios a él. Y eran complementarios en muchas, muchas otras cosas.
Harry, y sus ojos verdes, heridos, heridos.
Qué he hecho?! Pensó con espanto, dejándose caer en la cama, los ojos arrasados. Harry lo quería. Lo quería, y él había sido tan… tan…
Harry había dicho que lo quería? No estaba seguro. Pero estaba siendo idiota… por supuesto que lo había dicho! Lo había dicho miles de veces: Harry, perdiéndose la Copa de Quidditch por entretenerlo cuando tuvo bronquitis en segundo año y tenía que estar en reposo obligado: Harry, acompañándolo a comprar cosas muggles que al moreno no le interesaban: Harry, practicando esgrima sólo para ser un digno sparring partner: Harry, haciéndole las tareas de Transfiguración… había alguna otra forma aparte de la verbal en que no le hubiera dicho que lo amaba?
Y la física, pensó con un blush. Lo había besado, y había sido… como llegar a casa, por una parte, y por la otra… como abrir la puerta a un mundo nuevo y excitante y soñado, pero no solo, sino que con tu mejor amigo al lado.
Harry, pensó, y se lanzó a la puerta, los labios temblando, sabiendo que no podía esperar un segundo más. Pero dio un grito y se echó atrás sobresaltado, porque ahí estaba Andy, con una cuidadosamente cargada bandeja.
- Draco.- dijo Andy con una sonrisa.- Te traje la cena…-
Draco lo dejó pasar, buscando palabras en vano. Qué decir? Qué hacer? Cómo le retiras tu amor a alguien? Cómo le preguntas si te hechizó a propósito.- Andy…-
Andy avanzó en la habitación, y dejando la bandeja, ante los ojos enormes y desconcertados de Draco, dejó caer la túnica que llevaba y se quedó allí, completamente desnudo ante la luz de la luna, su tez lechosa brillando como una perla. Se soltó el cabello de la trenza, que flameó, tibio y vivo, y avanzó hacia Draco, extendiendo una mano.
- Draco.- susurró Andy.- Ámame. Soy tuyo. Ámame.-
For every hour that thou wilt spare me now,
I will allow,
Usurious god of love, twenty to thee,
When with my brown my gray hairs equal be.
Till then, Love, let my body range, and let
Me travel, sojourn, snatch, plot, have, forget,
Resume my last year's relict ; think that yet
WE'D NEVER MET.
