Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
The Boy At Table Seven
By: LyricalKris
Traducción: Katie. D. B
Beta: Yanina Barboza
Capítulo 22: Veredicto
Charlie pasó para una visita la semana antes de la audiencia. Llevó a Bella a una cena de lujo para felicitarla por la beca. Bella sabía que estaba curioso cuando ella rechazó su oferta para permitir que Edward viniera. No pasó mucho tiempo antes de que Charlie le preguntara lo que estaba sucediendo.
Bella resumió la situación lo mejor que pudo.
—¿Cómo lo llevas en todo esto, Bells? —preguntó su padre.
—¿Yo? Oh. Estoy bien. —Ella se encogió de hombros, jugando con la servilleta de tela sobre su regazo—. Es difícil, ¿sabes? Benji está tan molesto conmigo últimamente, pero lo entiendo. No puedo culparlo por estar enojado. De una manera u otra, es su mundo el que está siendo desgarrado. Está enojado como el infierno con sus padres, pero es pegajoso con ellos. Por supuesto; ¿por qué no lo sería? Pero Amun y yo y cualquier persona que intenta hablar con él son blancos. Ha estado en más problemas en la escuela y en casa estas últimas semanas de lo que ha estado antes.
Charlie tarareó en respuesta, luciendo pensativo.
—No puedo imaginar que vaya a ser fácil para él, incluso después de que la decisión haya sido tomada.
—No —dijo Bella con un suspiro. Era un hecho que le provocaba a Edward una gran cantidad de dolor. ¿A qué padre no le dolía cuando su hijo estaba sufriendo?
—¿Entonces eso dónde te deja?
Bella frunció las cejas.
—¿Qué?
Su padre se movió, luciendo incómodo pero determinado.
—Digamos que Edward gana. Es eso lo que quieres, ¿cierto?
—Por supuesto.
—¿Estás realmente preparada para eso?
—¿De qué estás hablando?
—Tu novio sería un padre a tiempo completo. Sin semanas libres. Ni fines de semana. Eso es lo que estás pidiendo.
—Benjamin es un gran niño.
—Ese no es realmente el punto. —La expresión de su padre era severa.
—¿Entonces cuál es el punto? —Bella intentó mantener su voz constante, pero su tono salió entrecortado. Con todas las incertidumbres en su vida, ella resintió a Charlie agregando otra cosa a su lista.
—Está bien. Veo esa mirada en tu rostro. Sabes lo que estás haciendo. No lo haces, pero esa es una lección que todos llegamos a aprender a nuestro debido tiempo. —Le ofreció una sonrisa—. Solo prométeme que vas a ver por ti. La prioridad de Edward será ese pequeño niño, así que haz lo que es mejor para ti. Es tu vida, Bella.
—Lo sé, papá.
~0~
—La juez Margaret Campbell es una de las mejores jueces que podrían haber conseguido, considerando todas las cosas —les dijo Marcus, sus manos se juntaron, su expresión calculadora.
—¿Qué quieres decir? —instó Edward, siempre necesitando más seguridad que la cara seria, sin emoción, sin dulzura que el abogado podía darle.
—Ninguna persona es imparcial. Qué es lo mejor para un niño es una pregunta para la que todo el mundo está seguro que su respuesta es la correcta. Los jueces no son diferentes.
»Si un juez cree, realmente en lo profundo de su ser cree, que un niño está en mejores manos con su madre para cuidarlo, entonces casi cualquier argumento, no importa cuánto se fuerce, sería todo lo que necesitaría para justificarlo dándole la custodia a la madre.
—¿Pero la juez Campbell no es así? —preguntó Bella ansiosamente. Ella intentaba callarse en las reuniones como estas, ofreciendo su apoyo silencioso al lado de Edward. Cuanto más cerca llegaban al día del juicio, más difícil era no vivir con el miedo del peor escenario.
—No. Las resoluciones de la juez Campbell no tienden a favorecer a la madre más que el padre. Ella es bastante pragmática. Más que la mayoría de los jueces, diría yo.
»Ella tiene una parcialidad obvia, y si se la presiona de la manera incorrecta, no ayudará a tu caso en absoluto. No tiene ninguna paciencia para la exageración. —Miró hacia arriba, mirando a Edward con cuidado—. De lo que me han dicho del señor Abdel Razik, si tiene su momento como testigo, esto puede funcionar como un punto a nuestro favor.
Bella tuvo que tratar de mantener una sonrisa fuera de su cara. Si Amun era cualquier cosa, era ser propenso a la exageración.
—Pero aun así, no es el padre, por lo que no podemos permitirnos el lujo de confiar en él para cometer un error. Repasemos el caso otra vez.
~0~
La noche antes de la audiencia, cayó en el tiempo de Edward, pero Kebi vino, sola, a suplicarle que la dejara tener a Benji por la noche.
—No estoy ni remotamente cómodo con eso.
Los ojos de Kebi pasaban a Bella y luego a Edward. Debió haber sido incómodo discutir delante de ella, pero Bella no iba a irse del lado de Edward. Se sentía a la defensiva, y esto era lo menos que podía hacer.
—¿Ahora estás muy incómodo de dejar a nuestro hijo conmigo?
—Vamos, Kebi. No hagas esto algo que no es. Tú sabes que pienso que eres una gran madre.
—¿Entonces por qué, Edward? ¿Por qué quieres que tu Bella sea su madre antes que yo?
Bella comenzó. Ella abrió la boca para discutir, pero nada salió. La acusación la golpeó un poco demasiado profundo. Ella estaría mintiendo si dijera que el pensamiento no había cruzado su mente más de una vez desde la conversación con su padre, y realmente, la había asustado.
Edward solo suspiró.
—Bella nunca va a ser su madre más de lo que Amun será su padre.
—¿Entonces por qué no dejas que me lo lleve esta noche? —Su tono fue lastimero, su expresión de súplica y vulnerable.
La mirada de Edward se suavizó.
—Por las mismas razones que tú lo quieres, estoy seguro. —Su tono era tranquilo, y dudó antes de seguir—. Y honestamente, Kebi, estoy más allá de la defensiva en este punto, es una locura. Me estás pidiendo esto y todo lo que puedo pensar es cómo se verá en la corte. Si te dejo llevarlo, ¿volverás mañana y contarás una historia acerca de cómo no podía esperar para tenerlo fuera de la casa así podría tener más tiempo solo con mi novia?
Los ojos de Kebi se ampliaron.
—¿Tú crees que haría eso?
—No lo sé, Kebi. En este punto, realmente no lo sé. Tu esposo lo diría en un santiamén. Más que eso, él lo creería. ¿Entiendes lo mucho que me asusta? Si… —Él tragó duro—. Si no pudiera ver a mi hijo, si la voz de Amun fuera todo lo que escuchara, ¿qué comenzaría a pensar Benjamin de mí?
—Amun nunca le ha dicho a Benji una palabra sobre ti —argumentó Kebi.
—Pero su opinión se ha salido al menos una vez frente a él.
Bella se retiró entonces. Parecía que era lo que tenía que hacer. Obviamente, Kebi no estaba aquí para atacar a Edward.
Sin importar el veredicto del día siguiente, sería mejor para todos si pudieran encontrar otra vez la amistad que una vez habían disfrutado.
Estaba a punto de pasar la puerta de Benjamin completamente cuando se dio cuenta que oyó llanto viniendo de adentro. Ella dudó. Aunque Edward logró que él se diera cuenta que no había ninguna excusa para ser siempre malo, estaba todavía frío hacia Bella. Pero obviamente, necesitaba consuelo. Lo peor de todo, sus padres estaban en la sala de estar.
Golpeando primero, ella suavemente empujó para abrir la puerta cuando Benjamin no respondió de inmediato. Al instante, su corazón se retorció. El niño era la imagen de la miseria. Se había acurrucado encima de la colcha con la otra mitad envuelta alrededor de él. Incluso debajo de las cobijas estaba claro para Bella que sus rodillas estaban bajo su barbilla, y que estaba llorando suavemente.
—Oye. —Ella se sentó en la cama, tentativamente tocándole el cabello con los dedos. Cuando no le dijo que se alejara, le pasó los dedos a través de los rizos.
Para su sorpresa, él se dio vuelta y gateó sobre sus manos y rodillas. Echó sus brazos alrededor de su cintura, escondiendo la cabeza contra su pecho.
—Algo malo pasará mañana, ¿verdad? —preguntó, su voz amortiguada.
Cuidadosamente, Bella acunó su mano bajo su mentón, inclinando su rostro surcado por las lágrimas hacia arriba para que la mirara.
—¿Qué te hace pensar eso?
Hasta donde ella sabía, todo el mundo se guardaba los detalles sobre la batalla por la custodia de Benjamin. Él era profundamente consciente de que los adultos en su vida estaban peleando y que algo iba a cambiar, pero más allá de eso, desconocía los detalles.
—Solo dime —le rogó.
—Nada peor que un día de escuela —intentó ella, pero él no lo estaba comprando. Ella suspiró—. ¿Recuerdas lo que tu papá te dijo sobre la vida?
Moqueando, Benjamin asintió con la cabeza.
—Él dijo que a veces pasan cosas que no quieres que pasen. Dijo que a veces tienes que... —Tomó una respiración jadeante, tratando de calmarse— lidiar con los golpes, y recordar cuántas personas te aman.
Bella asintió.
—Mañana, tu mami y papi tienen que tomar una muy, muy, muy difícil elección. Y sí, tiene que ver contigo. Realmente lo siento, pero eso es lo que te puedo contar. Ahora. Sé que es frustrante.
Benjamin hizo el sonido de suspiro más exasperado en la historia de los niños en todas partes.
—Sabes, los niños pueden saber cosas también —resopló él—. ¡Voy a tener ocho!
—Lo sé. —Bella tuvo que reír, y le hizo cosquillas a Benjamin hasta que él se rio—. Tú sabes que lo más importante es que tu papá y tu mamá te aman mucho. Sin importar qué, eso nunca cambiará. No mientras vivas.
—Sí. Lo sé. —Benjamin la miró, su expresión pensativa—. ¿Tú me amas?
La respiración de Bella se atascó.
—Sí, pequeño. Lo hago.
—¿Aunque no sea bueno?
—Todos tenemos nuestros días. Dijiste que lo sentías, así que tú y yo estamos bien.
Él le ofreció una aproximación de su habitual sonrisa.
—Eso está bien —dijo, y entonces él la abrazó otra vez.
Un minuto más tarde, Edward llegó con Kebi detrás de él.
—Mami. —Benjamin lucía receloso mientras sus ojos saltaban entre sus padres—. ¿Qué haces aquí? No es tu turno.
—Estaba cerca y quería darte un beso de buenas noches. ¿Está bien eso? —Ella se agachó un poco para darle a Benjamin un abrazo largo y apretado. Bella pudo ver sus ojos llenarse de lágrimas, y su corazón se compadeció de la mujer. Por mucho que ella quisiera que Edward ganara mañana, era casi ajena al hecho de que la situación debía haber sido igual de aterradora para Kebi como lo fue para él.
Después de que Kebi se fue, los tres vieron una película juntos. Edward dejó que Benjamín estuviera despierto hasta más tarde de lo habitual. Por lo general, cuando todos miraban televisión, Benjamin dibujaba o jugaba en la mesa de café. Hoy se sentó acunado entre Edward y Bella. Estaba ceñido, manteniendo sus brazos alrededor de su padre en todo momento. Edward estaba más que bien con eso.
Finalmente, los ojos de Benjamin se cerraron y Edward lo mandó a la cama.
Cuando estuvieron solos, Edward fue a ella. Le envolvió los brazos alrededor de la cintura, manteniéndola cerca, y Bella le presionó pequeños besos en la parte inferior de la barbilla.
—Por favor quédate. —Su voz era desgarradoramente débil.
—Por supuesto.
Él tomó su mano, guiándola de regreso hacia su habitación. Detrás de las puertas cerradas no dijo nada mientras le quitaba su suéter y camiseta. Le había desprendido el sujetador y besado sus labios, su cuello, su clavícula.
Bella no estaba completamente sorprendida cuando, en lugar de ir más lejos, él le puso una de sus viejas camisetas por la cabeza. Sus ojos se quedaron sobre su cara mientras enganchaba sus dedos a través de las presillas de su pantalón, tirándola firmemente contra él. La besó otra vez, lentamente, su lengua recorriendo lánguidamente la de ella. Sus dedos estimularon la piel alrededor de su ombligo, haciéndola reír. El sonido trajo una sonrisa a los labios de él.
Entre besos, ella logró sacar su bóxer y él logró bajar su pantalón. Ella levantó las mantas, dejándolo gatear en la cama antes de que ella lo siguiera. Bella acarició su cabello mientras él tomaba respiraciones profundas. Sus labios rozaron su garganta, pero por un largo, largo tiempo, él no habló en absoluto. Parte de Bella estaba agradecida, porque ella no tenía idea de qué decir.
Sobre todo, ella lo abrazaba. Cada cierto tiempo se besaban. Sus besos eran necesitados y desesperados, pero él nunca iba más allá de eso. Siempre sus pensamientos lo traicionarían, y él pondría su cabeza hacia abajo contra su hombro mientras su respiración se agitaba. Eran casi las primeras horas de la mañana cuando él levantó la cabeza.
—No soy ciego al hecho de que esto debe apestar para ti —dijo él—. No quiero que pienses que no pienso sobre eso.
—Shhh. Edward. —Ella le acarició la nuca y le besó la punta de la nariz.
—Desearía... Sé que no te he estado prestando atención. Sé que te alejé más de una vez cuando Amun y Kebi estaban alrededor. No mereces eso.
—Edward. —Bella tomó su cara entre sus manos. El miró hacia arriba, sus pesados ojos con culpa—. Por favor, no te preocupes por mí. Estás haciendo lo mejor que puedes. Lo sé.
Él suspiró, su aliento caliente contra su cara, y la besó otra vez.
—Te amo.
Quería decirle que todo iba a estar bien, pero la verdad, ella no tenía ni idea. Lo sostuvo y lo abrazó y lo besó en su lugar, ofreciendo oraciones a dioses que ella no creía realmente, esperando lo mejor.
~0~
La audiencia fue estresante.
Era difícil decir quién estaba ganando. Bella pensó que ambos lados tenían un buen caso. Golpes fueron dados por ambos lados. Bella se ruborizó y tartamudeó mientras trataba de explicar el incidente cuando ella estuvo enferma y semidesnuda frente a Benjamin. Edward se veía más allá de furioso de que eso hubiera sido traído a colación. Pero Marcus se mostró hábil pulsando los botones de Amun, guiándolo para que luciera impulsivo.
Por supuesto, ellos ofrecieron más que su parte justa de buenos puntos.
Con Edward, Benjamin no tendría que alejarse de sus cuatro abuelos, los amigos de Edward, que lo adoraban, su escuela y sus propios amigos. Pero Kebi ofrecía una unidad familiar intacta, un hermano más joven y una figura paterna que ganaba más que suficiente para mantener a toda la familia.
Tan nerviosa a como ella estaba, el corazón de Bella se hinchó cuando vio la presentación de Edward y Benjamin.
Todos vinieron. Todo el mundo. El garaje fue cerrado ya sea por el día o bien el señor Hale lo manejó por su cuenta, porque Emmett, Jasper y Rosalie estaban todos allí junto a Alice, Carlisle, Esme y, un invitado sorpresa, Charlie.
—Yo te apoyo, tú lo apoyas. No es una ecuación difícil —fue todo lo que dijo Charlie.
Bella nunca había amado más a su padre.
Kebi tenía a sus padres, pero viendo que permanecerían en Washington mientras que ella se mudaba a Nueva York, Bella se preguntaba qué tan efectivo fue su apoyo.
Finalmente, todos lo que habían sido llamados como testigos habían sido escuchados e hicieron todos los argumentos disponibles.
La juez Campbell suspiró pesadamente.
—Estos casos son increíblemente difíciles de debatir. Este joven es muy afortunado en cierto sentido. Señor Cullen, señora Abdel Razik, es muy claro para mí que ustedes aman a su hijo y están buscando lo mejor para él. Creo muy firmemente que cualquier sentencia que haga hoy, tendría una igualmente buena oportunidad de funcionar con éxito.
»Pero por supuesto, la responsabilidad de la elección cae sobre mí. No quiero pensar en lo que Benjamin está perdiendo aquí. Parece que el sistema que tenían antes estaba funcionando maravillosamente y Benjamin tenía un entorno positivo, cariñoso, constante.
Ella tomó una respiración profunda antes de mirarlos.
»Señora Abdel Razik, señor Cullen, es la decisión de la corte que lo mejor para Benjamin es permanecer aquí en Seattle.
Bella jadeó, solo entonces se dio cuenta de que había contenido la respiración. Su corazón martillaba muy rápido, y estaba agarrando la mano de Charlie como si su vida dependiera de eso. Desde donde estaba sentada podía ver como todo el cuerpo de Edward se relajaba por el alivio. Oyó a Esme murmurar «Gracias a Dios», y a Emmett susurrar un fervoroso «¡Si!».
Kebi no estaba tan contenta. Dio un grito, al instante cayendo hacia adelante.
—Su Señoría... —comenzó ella, pero su abogado le tocó el brazo y la juez la cortó con una expresión severa.
—Es la sentencia de la corte en este momento. —Su voz era suave pero firme—. Usted tendrá derecho de visita. Usted y el señor Cullen se encargarán de organizar las visitas de Benjamin durante los descansos de la escuela y durante las vacaciones de verano.
»Señora Abdel Razik, mi opinión de lo que más beneficiaría a su hijo es que usted y el señor Cullen compartan la custodia de él. Me doy cuenta de que su familia en este momento está mejor acomodada por esta mudanza a Nueva York. Si eso cambia, sin embargo, usted tiene mi promesa de que este tribunal reevaluará este arreglo. Los animo a trabajar hacia esta opción por el bien de su hijo.
Repasaron unas cuantas cosas más. Debían mantener la disposición que siempre tuvieron —una semana sí, una semana no— mientras Kebi y Amun vivieran en Washington. Edward rechazó manutención. La juez Campbell le recomendó a Edward que él consiguiera un terapeuta para Benjamin. Ella sabía que había estado teniendo problemas y esperaba que estos continuaran después de que su madre se mudara. A continuación, les deseó mucha suerte.
Kebi estaba obviamente agitada, sollozando cuando se dio la vuelta. Amun estaba allí para encontrarla, y la jaló a sus brazos tan pronto como pudo.
Fue extraño verlos, reflexionó Bella. Amun había sido siempre rudo y arrogante en su presencia, pero aquí estaba un lado completamente distinto. Estaba visiblemente afligido por la mujer que sostenía en sus brazos. Besó su frente con ternura y murmuró en su oído mientras la mecía. Se trataba de un marido realmente herido por su esposa.
Después de que estrechara las manos con Marcus, Edward hizo una pausa, como si quisiera decirle algo a Kebi, pero en su lugar, él caminó con cuidado a su alrededor. Bella ya estaba con él, y lo abrazó fuertemente. Era su intención dejarlo ir rápidamente, pero la sostuvo, apretándola tan fuerte que casi no podía respirar. A Bella no le importaba. Ella podía sentir como él temblaba.
La soltó después de unos momentos, dejando que sus padres lo jalaran hacia ellos y agarró las manos que sus amigos le ofrecían discretos, pero con sonrisas felices.
Por último, se enfrentó a Kebi.
Amun lo fulminó sobre la cabeza de ella.
—¿Estás feliz ahora? ¿Esto te hace feliz?
—No —dijo Edward tranquila y sinceramente—. Esto me hace todo menos feliz. Esto no era lo que quería ni de lejos. No para mí y ciertamente no para Benjamin.
Kebi levantó la cabeza, mirando a Edward con una expresión triste pero venenosa.
—Creo que podría odiarte por esto. —Su voz estaba apenas ahí.
Edward respiró profundamente antes de responder.
—Lo entiendo —fue todo lo que él respondió—. Te veré cuando Benjamin salga de la escuela. —Habían acordado previamente que hablarían con Benjamin a solas, diciéndole lo que sucedería no importando lo que el juez decidiera.
Él entonces se retiró, y Bella tomó su mano, silenciosamente siguiéndolo. Caminaba lo suficientemente lento para que sus padres pudieran seguirlo, pero Bella podía decir que era lo único que podía hacer no para salir corriendo. Sin duda odiaba la atmósfera claustrofóbica de esta sala más de lo que ella lo hacía.
Afuera, todos se apiñaron alrededor de él. Sus amigos querían estar eufóricos por él. Sus padres sólo querían consolarlo.
Bella tenía la sensación más extraña de que lo que más necesitaba era espacio y privacidad para derrumbarse. Ella lo podía ver en la tirantez de la piel alrededor de los bordes de sus ojos. Sus palmas estaban húmedas, y su mano temblaba en la de ella.
Tenía que ser abrumador, la esperanza, el miedo, el alivio, todo ello a sabiendas de que no hacía su camino o el de Benjamin más fácil.
—Deberíamos salir. Celebrar —dijo Emmett. Le dio palmadas a Edward en la espalda—. ¿Qué dices, ganador?
—En realidad, chicos. Tal vez ustedes puedan adelantarse —sugirió Bella ligeramente.
—¿Que? ¿Por qué? —preguntó Alice. Ella estaba sonriendo ampliamente, parecía que su sonrisa podría dividir su rostro.
Bella atrapó a su padre mirándola y le dio una mirada de súplica.
Charlie asintió con la cabeza casi imperceptiblemente y se aclaró la garganta.
—Vamos, todo el mundo. Deberíamos celebrar. —Comenzó a arrear al pequeño grupo hacia adelante. La mayoría de ellos se veían perplejos, pero nadie discutió con el jefe Swan. Él miró sobre su hombro—. Edward nos alcanzará.
Sabiendo que tenían una salida ahora, Bella estrechó su apretón en la mano de Edward y lo tiró hacia su coche. Ella buscó dentro del bolsillo, sacando las llaves.
Por suerte, el viaje a su apartamento era corto. Apenas consiguieron llegar a la puerta antes de que Edward se viniera abajo. Él envolvió sus brazos alrededor de ella, y las rodillas de Bella casi se doblan. Sin embargo, de alguna manera tomó la peor parte de su peso mientras él temblaba, su respiración volviéndose jadeante. Ella no creía que él estuviera llorando, pero sus ojos estaban firmemente cerrados.
—Está bien. Va a estar bien —dijo ella una y otra vez mientras lo dirigía hacia el sofá.
Qué bueno era decir esas palabras y sentirlas.
—Estoy aquí. Está bien. Va a estar bien.
