Harry Potter & Draco Malfoy:
Dreams Of The Future Past.
By the Fox
Alternate Universe
A.h, ho.w wu.ch, wi.ll the. co.ns+ci.o.u.s+ne.s+s+ tha.t jo.u.r-ne.ye.d a. lo.ng ti.we.
O.pe.n the. do.o.r- to. the. te.wple.?
Eight: Door to Consciusness
- Draco.- susurró Andy.- Ámame. Soy tuyo. Ámame.-
Draco contuvo el aliento. Andy era hermoso como una extraña estatua opalescente, su piel imposiblemente pura mientras se echaba el cabello atrás y lo miraba a los ojos con los suyos tan oscuros, tan atrapantes. Algo como una voluntad que no era la suya lo hizo avanzar, y se vio frente al hermoso muchacho, sin voz, sin aliento, sintiendo sus manos y pies adormecidos, torpes, mientras Andy lo tomaba de la cara y se la inclinaba para un beso.
Un beso lento, una seducción como seda. Los labios de Andy estaban muy húmedos, pero no calientes: eran como dos deliciosos gajos de mandarina mojada, frescos, casi fríos. Draco se quedó paralizado, la boca entrebierta al sentir su lengüita rozarle los labios delicadamente, sus dedos apenas acariciándole el vientre. Sintió su aroma, su tacto: pero ahora no había fienre, ni tibieza, sino sólo el deseo de mojarte los pies en agua fresca y cristalina, no la sed devoradora que había sentido.
- Perdona, Andy.- susurró Draco, los ojos ardiéndole.- Perdóname, pero es un error… tengo que hablarle a Harry!-
- Me vas a dejar así?- susurró Andy, pero Draco se agachó, tomó la túnica y se la puso en los hombros.
- Te ayudaré, lo prometí, y te llevaré conmigo adonde quieras, y te protegeré, pero… - la voz de Draco tembló.- Pero me temo que cometí un terrible error, y la culpa es mía, no tuya, y…-
- No hay ningún error, Draco.- dijo Andy suavemente.- Mi amo me preparó para ti, y conmigo podrás llevar a los tuyos de aquí adonde quieras… si le sirves.-
- Andy…?-
Draco dio un grito al sentir algo como plomo caliente en las venas. Andy había puesto una mano sobre su corazón, y sintió su cuerpo paralizarse como si lo hubieran hechizado: pero no había habido magia, al menos no vocal…
Claro, pensó en un último momento de lucidez. Andy no usa magia… Andy es un objeto, un objeto encantado…
… o maldito.
Andy lo empujó, como si pesara menos que una pluma, y lo hizo retroceder sin que pudiese mover un músculo para protestar hasta la gran cama de postes y baldaquinos bordados. Draco contuvo el aliento cuando le dio un envión, pero cayó en los edredones, paralizado, los baldaquinos color bronce aleteando.
El miedo empezó a atenazarlo, a pesar de la aparente fragilidad de Andy, cuando con una sonrisa blanca entre las sombras de su cabello, el hermoso chico se subió encima suyo y lo arrastró al centro de la cama como hiena arrastra a su presa. Cuando llevó sus manos al sweater de cuello de Draco y a su camiseta, Draco inspiró fuertemente y se concentró en hablar: los músculos de su rostro eran los únicos sobre los que aún tenía dominio; pero el resto de su cuerpo se sentía lacio, abandonado, muerto, no tenso como en un Locomotor Mortis u otro hechizo que conociera, Era como dormir, con los ojos abiertos y la capacidad de gritar.
- No puedes hacerme daño. Nosotros… nos queremos, verdad Andy? Yo soy tu amigo… qué te ordenaron que me hicieras? Yo nunca te lastimaría. Te amenazó Slytherin? Quién te envió aquí?-
- Mi amo sabe mejor que tú lo que quieres y lo que es mejor para ti. Obedecerlo… es la verdadera libertad.- dijo Andy, y le desabrochó el cinturón, para sonreír y acabar de desnudarlo lentamente, haciéndose sentir el roce del denim contra el suave edredón.
- No! Qué estás…?-
- Vamos a amarnos, Draco. Me dijiste que me amabas y me lo probaste, y no dejaré que Harry te tenga.- susurró Andy, besando su cuello. Su voz tenía tan poca entonación como si leyera un guión: no había nada en sus ojos. Y Draco por primera vez sintió su cabello erizarse al mirar a Andy como algo no humano, como algo que parecía y se movía como humano pero no lo era, nunca lo había sido.
Un objeto hermoso y poderoso. Pero un objeto.
Draco estaba en las manos de un títere cruel manejado por un titiritero, un maestro que dotaba a sus creaciones de belleza. Y cuchillos.
- No!- exclamó Draco, sintiendo el pánico, al sentir a ese ser humanoide cargado de magia moverse sobre su cuerpo desnudo y abandonado, palpando, explorando. Andy susurraba frases de amor que sonaban horribles por su entonación muerta, inerte… tal como se sentía Draco cuando Andy lo volteó de costado y tras acariciarle el flanco, la piel suave, llevó ambos muslos a su hombro y con un movimiento ciego y perfecto en hundió en él sin un ápice de preparación, penetrándolo lento y doloroso, arrastrando la espantosa fricción seca hasta que la sangre brotó caliente como las lágrimas y suavizó la invasión. Draco chilló por ayuda, por inconsciencia, por piedad, pero entonces vio entre sus lágrimas el domo blanco de Silencio sobre ellos, y supo que nadie podía ayudarlo
Andy se movía, siguiendo una música antigua, intensa, ondulando el cuerpo como gotas de cera bajando por una vela en espiral, sedoso y reluciente, sus caderas sin detenerse en un baile circular e intenso, persistente, casi ofídico, como las olas de mar, llevándose las manos sensualmente al cabello, a las sienes, puntuando cada gesto con un movimiento de los muslos.
Estaba cantando. Cantaba palabras antiguas en una melodía obsesionante, un mantra que repetía y repetía, y Draco hubiera jurado que oía cimbales y antiguos tambores en su voz. Un sonido más antiguo que el tiempo, algo que invocaba épocas en que el fuego y la lluvia eran dioses y la tierra era madre, y se bailaba desnudo ante las llamas en deleite, cuando las cosas aún no habían sido nombradas y éramos como niños y demonios a la vez, ingenuos, y crueles, sin reglas. Bailes en círculos hasta drogarte en la sensación, hasta que nada existía excepto el obsesionante movimiento de sus caderas…
Un ritual oscuro, y él, altar y sacrificio a la vez, y había horror.
RASERA
RASERA
RASERA
Y había placer. Oscuro como un veneno que le llenaba la boca y lo obligaba a tragar amargas gotas con cada jadeo, cada sollozo.
Draco estaba empapado en sudor, de pies a cabeza, las gotas uniéndose y resbalando por su piel como si estuviera bajo la lluvia: cuando alargó las manos en un gemido, una negación, una inconsciente, casi atávica lucha, Andy le sujetó las muñecas y lo sujetó contra la cama, acelerando el ritmo, haciéndolo abrir ojos drogados con placer y locura, el color de la magia inundando ojos antes grises como la plata.
-…An…dy… dile a Harry… di-dile a Harry que… que yo…-
Andy le aferró los muslos, y se hundió más profundamente, haciendo que Draco se arqueara en un dolor que tenía mucho de placer, surgiendo en la base de su columna como quien retuerce un miembro acalambrado. Andy siguió moviéndose, y entonces le soltó las muñecas, para tomar un fino estilete en la bandeja, susurrando un hechizo.
El estile brilló y humeó, yendo al rojo, luego al blanco incandescente. Los ojos de Draco se dilataron, pero cuando intentó mover las muñecas, se dio cuenta que estaba sujeto por dos grilletes que parecían fusionados a la cabecera forjada de la cama. Cómo habían llegado allí? Eran acaso los que le había visto puestos a Andy, las finas cadenas colgando plateadas como adornos…?
Como si oyera sus penamientos, Andy susurró algo, y las cadenas aferraron fuertes y dolorosas como hilos de seda tobillos y muñecas de Draco, sus dedos, su cuello, se metieron en su boca, abriéndosela, le rodeaban los muslos y nalgas, abriéndole las piernas al límite. Andy aceleró, pero su sonido de dolor y miedo fue ahogado por la lengua de Andy en su boca, lamiéndosela con delectación, antes de morderle la lengua, haciéndolo retorcerse de dolor.
Andy le introdujo la daga en la boca: Draco jadeó, aterrado, sintiendo el increíble calor que despedía: pero aguantó, incluso cuando le tocó la lengua sangrante con el instrumento de tortura, la sangre siseando. Aguantó para no cerrar la boca ni moverse hasta que Andy lo sacó, y mirándolo a los ojos transidos de dolor y pánico, susurrar:
- Salazar es mi dueño, Draco. Pero si tú me amas, él quiere que estés conmigo.- dijo muy bajo. Draco gimió, luchó, tratando de sacarse a ese ser de encima: pero las cadenas apretaron y la sangre brotó como agua, y Andy se echó atrás sobre su cuerpo y con un jadeo y un suspiro, eyaculó dentro suyo, algo que corrió negro entre las piernas de Draco, y luego pareció extenderse como si viviera, hacia arriba, hacia abajo, inundando la piel de Andy de manchas...
No. No manchas. Letras. La pura, impecable piel de Andy se llenó de una letra diminuta y apretada, y sonrió, los dientes blancos, mientras su tez se ennegrecía. Los ojos de Draco se dilataron al punto de lo imposible, intentando gritar, mientras en toque de Andy se hacía áspero… apergaminado.
Y entonces las letras negras brillaron, encendiéndose verdes y violetas, y Andy bajó el estilete, que ya no era rojo ni blanco sino verde y lila sobre el vientre de Draco, en la carne tibia e intocada entre su omligo y su entrepierna, y lo clavó profundamente. Draco gritó, loco de dolor, y entonces las letras parecieron chorrear como un enjambre de hormigas desde la mano de Andy hacia el estilete y luego a la herida, sumerguiéndose en el charco de sangre que se formaba, entrando en la herida como pequeños insectos. Draco echó la cabeza atrás y aulló de dolor, y entonces sus ojos brillaron, verde violeta, y se apagaron, dejando un gris que no era como la plata, sino como el plomo.
- Querías aprender magia salvaje?- susurró Andy.- La magia salvaje no se aprende. Se siente… vive en ti… y luego te devora. Ahora serás el más poderoso de los magos salvajes, antes de que mueras… pero entretando, servirás a mi señor, mi amor.-
-… Andy…- dijo Draco, los ojos muertos.- … te amo.-
- No, Draco. Salazar es nuestro amo.-
- Duermes?-
- No.-
La voz de Hermione era completamente despierta mientras dejaba el último diario de Salazar en su mesa de noche. Salazar aguardaba junto a la cama, sentado en un gran sillón de madera tallada que se parecía mucho a un trono, su capa cubriendo la madera con un velo oscuro mientras aguardaba, paciente como un animal, sus ojos intensos fijos en ella.
No le molestaban mientras leía.
Y entonces Hermione tuvo su primer sobresalto. Sobre la chimenea, su marco de piedra gris plateada, descansaba una daga que conocía bien. Salazar siguió su mirada, y pareció reflexionar un momento, su mentón afeitado perfecto en su mano, antes de sonreír.
- Déjame adivinar… dejó un desastre en tu ápoca?-
Hermione, sentada con las piernas cruzadas asintió. Salazar avanzó y tomándola, hizo un gesto que se volvió una experta cuchillada al aire, hacia arriba: luego la tomó por el filo y se la arrojó a las manos, Hermione atrapándola en el aire sin dificultad.
Estaba brillante y nueva, pero con algunos arañazos en el filo que se habían suavizado con el tiempo. Hermione la observó, y Salazar sonrió.
- No le temes a las armas, verdad?-
- Son un objeto. Usas tenedores para comer, cuchillos para matar. Cuál es la diferencia? Igual puedes matar con una roca, pero no he visto a nadie que le tema a las rocas.-
Salazar rió, moviendo la cabeza.- eres única, Hermione. Sabes porqué no te afecta el conjuro que posee?-
- Hiciste algo para que no me afectara, verdad?- dijo Hermione asintiendo. Salazar movió la cabeza, acariciándole una rodilla al sentarse en la cama a su lado.
- No, amor.- dijo, mirándola muy de cerca. Aquí sí… su maldición está desactivada por un largo tiempo. Pero allá… la maldición de la daga es aquella que te hace matar a tu verdadero amor. Y cuando lo has hecho, te queda muy poco para no convertirte en wraith, esclavo de la daga. Pero a ti no te afectó, ni habría afectado a un inocente.-
- Porqué?-
- Porque aún no conocías a tu verdadero amor, tontita.- dijo Salazar.- No es un bello e inteligente objeto?-
- Te gustan los objetos hermosos, verdad?-
- Sí.- dijo Salazar, su rostro de pronto serio.- Bellos e inteligentes. Y poderosos.- agregó, pensativo al mirarla.- Cómo va tu lectura.-
- Ya acabé tus diarios. Creo que comprendo lo suficiente para poder llevar a cabo tu idea. Pero tienes que prometerme que luego enviarás a los demás de vuelta a casa: ellos… ellos tienen vidas a las que volver. A mí no me importa quedarme aquí, si les dejas irse.-
- No te importa?- ronroneó Salazar con una risa, tomando su mano y empezando a acariciar sus dedos.
- Debí decir que lo prefiero.- dijo Hermione con un gesto apologético.
- Hola.-
Por un loco momento, Harry pensó que estaba en la cama con Draco, en Lilbrough House, y que de nuevo se habían quedado viendo alguna película muggle muy extraña hasta las tantas de la madrugada, porque no quería despertar y tenía la cabeza llena de imágenes muy extrañas. Se preguntó, dormido, dónde estaba el olor de las panquecas de su madre, que Lily hacía todos los días que invitaba a Draco, ya que el Malfoy, flaco o no, podía bajarse cien panquecas con miel de abejas entremedio sin dejar de adular a la cocinera. Harry opinaba que con esas panquecas podías matar un gato y usarlas para orillar arbolitos, pero a Draco le encantaba que crujieran.
Luego, se dio cuenta que las sábanas no tenían mezclado el característico olor a verbena y menta de Draco, sino que olían a… pino?
Gareth estaba vestido, sentado en una silla al revés junto a la cama, mirándolo. Harry nunca había visto unos ojos verdes tan claros. Tenía una sonrisa suave, cargada de contento, ya que no de felicidad, y había cambiado sus ropas negras usuales por un jubón verde vivo sobre una túnica hasta el suelo verde musgo. Aún estaba algo despeinado, pero su rostro estaba bien despierto, y lo miraba como si le gustara hacerlo.
-… Hola…- dijo Harry, aún confuso, sentándose. Algo pasó por el rostro de Gareth, pero le ofreció un tazón de madera lleno de leche tibia hasta los bordes, y luego volvió a sonreír, aunque tenía una cara muy rara.
- Pensé que estarías hambriento. Ya pasó mediodía.-
- Qué?- Harry parpadeó: efectivamente, la luz confirmaba las palabras de Gareth, vertical. Bebió la leche, y recordó todo. Todos los detalles: nada estaba borroso en su mente. Miró la leche y casi se atragantó: luego sus mejillas se volvieron fuego, y miró de reojo a Gareth, que seguía con esa cara rara.
Qué hice?! Pero por el amor de Dios, porqué me mira así? Ayer casi lo violé… como tres veces… cuatro? Pero si me lo comí vivo!
… porqué me mira así?
- Qué?!- exclamó al fin, dejando la leche en el valor. El rostro de Gareth se contrajo, y pareció dominarse con un esfuerzo.
- Estuve toda la mañana con Hugh. Con permiso de mi padre o no, iremos esta noche a sacar a Richard… no permitiremos que lo lastimen. Teenemos los planes hechos. Sé que mi padre dijo que… pero…-
- Yo voy contigo. Vas a necesitar espadas, y soy bueno en eso, si me prestas alguna. Además, es cierto que esos normandos no se esperan magia romana.-
- Bueno… los romanos los derrotaron una vez, quizá les tengan miedo si piensan que tenemos romanos con nosotros.- dijo Gareth, mordiéndose el labio. Harry se recordó haciéndolo la noche anterior, y volvió a sonrojarse, pero Gareth lo miró con ojos pensativos, y de pronto su rostro volvió a contraerse, antes de ponerse de pie y fingir que miraba por la ventana.- practiquemos esgrima. Si tu nivel es seguro, puedes ir.-
- Porqué… qué te pasa?- preguntó Harry, una sensación de ahogo en la garganta.- No quieres mirarme? Qué te pasa, no puedes mirarme sin…?-
Gareth se volvió, mordiéndose los labios.- Lo… siento. No quería… no puedo evitarlo.-
- Gareth…- El rostro de Gareth empezó a mudar de expresión, y Harry hubiera jurado que vio lágrimas en sus ojos.- Gareth, espera, yo…-
- Es que… tu pelo es…- Gareth no pudo más y se apoyó en la ventana, empezando a sufrir un acceso de risa.- lo siento… lo siento mucho… … es que… nunca había… una vez vi un puercoespín eniendo sexo con otro, pero… heheheheheeee-
- GARETH!-
- HAHAHAHAHAHA! Lo siento, lo siento! HAHAHAHAHAHA!-
- Córtala!- dijo Harry, aplastándose el pelo con las manos, y finalmente, echándose a reír.
- Se puede saber dónde está todo el mundo!?- preguntó Selene fastidiada a la mañana siguiente. No habían luces de Harry, Gareth, Andy ni Draco: Herrmione tampoco aparecía, Salazar aún estaba en sus cámaras, Rowena estaba siendo (muy reluctantemente) alimentada con cuchara por una amorosa Helga, Hughes estaba haciendo su ronda matutina por las almenas, y el único ocupante del comedor, que había hecho una torre de panecillos de canela, los había bañado en sirope de chocolate y ahora se lo comía sin derribarla, era Lawliet, que no parecía molesto por la soledad en el gran salón amarillo y gris.
- No están aquí.- comentó amablemente Lawliet con la boca llena.
- Ya veo porqué estás en Ravenclaw, chico listo- bufó Selene, mientras Lawliet volvía a su ocupación de devorar la torre, ahora echándole un poco de mantequilla derretida.- Lo que quiero saber es dónde está todo el mundo!-
- No ché.-
- Serás… cómo te comes eso? Es del largo de tu brazo?-
- Eh… abro la boca bien grande?-
Selene observó a Lawliet devorar a grandes mascadas su torre, con una imitación tan perfecta de Godzilla que no pudo contener la risa.
- Te tenían encerrado, a ti?- dijo sentándose en frente de el y mirándolo con la cara apoyada en las manos. El chico menor no se inmutó y siguió masticando.
- No. Excepto cuando era bebé y me escapaba a la calle en mi andador.-
- Todos hicimos eso.-
- Mi calle tenía una pendiente de cuarenta grados y acababa en una autopista.-
- Ah.- Selene eligió un damasco muy maduro.- Mi papá me llevaba en brazos a todas partes. Cuando lloraba, me paseaba en brazos todo el día, y me ponía a hervir esencias en sus calderos, para que me durmiera con el calorcito y el olor… aún hoy, huelo lavanda y me duermo.-
- Y aprendiste a caminar como a los doce años, entonces?-
Selene se hamacó en la silla con gesto de niña consentida.- Tres… y hablé a los cuatro. Pero es que no necesitaba nada…-
Lawliet se rió, poniéndole tanta crema a su leche que se veía amarilla.- Yo crecí en los muelles en Shangai. Recuerdo haber aprendido a nadar agarrado a un congrio que había tirado medio muerto a la bahía.-
- Pero…?- Selene parpadeó, confundida.- Yo creí… no estudiaste en Clow?-
- Eso fue después de que el señor Yasha me encontrara, y nos llevara a Clow, a mí y a Raito-kun. Los dos éramos huérfanos de los disturbios pre liberación de Shangai, y no fue hasta que llevaba un par de años en la escuela básica que encontraron a mi tíos y se hicieron cargo de mí.-
- Entonces…- la voz de Selene traicionaba la más profunda conmiseración y un poco de espanto.- Viviste con los MUGGLES POBRES?-
- Y sin comida. Eso sí era muy incómodo.- Lawliet se acabó la torre y tomó una tira de panceta. La ató alrededor de una salchicha, la envolvió con una miga de un pan y la devoró de dos mordiscos. – Uno se acostumbra a comer…-
Selene hizo un gesto para acariciarle la cabeza, pero Lawliet se movió y onduló la sien contra su brazo como un gato, antes de seguir comiendo. Selene se retrajo sorprendida: el chico mitad oriental parecía tener un sensualidad inherente, una especie de abierto reconocimiento de sus apetitos. Selene no conocía a nadie así: sus novios, colegas y amigos, Draco y Harry, que eran sus bebés, su mismo padre y tíos, siempre mostraban control: control sobre sus gestos, sus acciones, sus palabras, sin permitir una alusión que los hiciera ver menos que lo que eran: perfectos caballeros, máximos exponentes del ideal mageista. Mostraban sus gustos y disgustos con tal sutileza, incluso entre amigos, que lo que sindicaba a las familias y a los amigos era precisamente conocer un poco más tras la perfecta apariencia. Y Selene, que acababa de conocer a Lawliet, hubiera esperado unos… tres meses… antes de llamarlo por su nombre de pila, y un año antes de intercambiar historias del pasado.
Qué tenía? Era simplemente que parecía tan vulnerable y necesitado de ayuda como un niño, o esa especie de desnuda expresión en su rostro, de apertura, la desarmaba?
- Buenos días, señorita Selene, joven Lawliet. Dónde está Gareth?- preguntó Hughes, entrando sin su habitual expresión primaveral, sus ojos marcados con círculos oscuros.
- En la cama con Harry.- ofreció Lawliet prontamente.- dijo que le llevaría desayuno y se juntaba contigo en la sala de mapas para discutir estrategia. Como nosotros también vamos a ir, me esperas que me coma ese huevo?-
Selene se puso fucsia y miró a Lawliet sin creérselo, mientras que Hughes también se sonrojaba, y algo parecido a la cólera surgía en sus facciones. Sin decir nada salió hecho una tromba, y Lawliet miró a Selene con su clásica expresión de " qué he dicho?".
- Dime que es otra de esas " dormimos juntos, pero no pasó nada" de Harry. Cuál será su necesidad de hacer pijamas parties…-
- Por el escándalo que armaron, sí que pasó algo, yo duermo frente por frente con Gareth.- dijo Lawliet disciplentemente, echándose unas galletas con mermelada en los bolsillos.- Vamos a la sala de mapas, si se pegan encima de los mapas los van a manchar y yo quiero estudiarlos. Si vamos a hacer ese rescate, no tengo intención de acabar perdido en esta maldita isla…-
Hermione despertó con un cuerpo caliente en sus brazos, que respiraba acompasadamente. No era Salazar, que no estaba en la habitación: acostados en el centro del pentagrama, ella dormía abrazada a Andy, y Salazar debía de haberlos envuelto en un edredón antes de irse.
Hermione estaba casi desnuda: miró entre sus pechos, en donde el colgante había enrojecido la piel, quemando su forma. Ahora colgaba inofensivo, y Hermione lo tocó, notando que parecía más nuevo, más brillante.
Salazar le había trasmitido el dominio del Grimorio Anteus. Ahora, con ciertos cuidados, ella podría manejar el poder de ese muchacho mientras rescataban a Richard. Salazar la había convertido en una maga salvaje. Tendrían una protección que no habían soñado jamás, y ella tendría una potencia a su disposición.
Cuando Andy apareció la noche anterior, aparentemente exhausto, pero sumiso, Salazar le había quitado la ropa, dejándole sólo las calzas y lo había arrodillado a los pies de Hermione, en el centro del pentagrama. Lentamente, le había quitado las túnicas a Hermione también, dejándola en una leve enagua y ella no se había sentido incómoda: siempre había sido obsesivamente pudorosa, sintiéndose fea y vagamente ridícula, pero Salazar había acabado con eso de un soplo en esa extraña primera noche juntos.
Salazar había tomado una vela y había recorrido su cuerpo, la llama peligrosamente cerca, las gotas de cera arruinando las sábanas y sonrojando su piel en algunos sitios, haciéndola temblar como esa llama. Cuando llegó a los pies, Salazar los había tomado cada uno por turno, para besarlos y acariciarlos, y hacerle ver la llama de la vela a través de sus dedos, tan rojos por la sangre con la vela detrás. Parecían relucir, vivos, traslúcidos y palpitantes, y Salazar la hizo enamorarse de su propio cuerpo al ponerla de rodillas y untarle un aceite perfumado a la luz de las velas. Él no sólo la había amado: la habí hecho amarse. No era extraño que su sola voz la hiciera estremecerse?
Además, Andy parecía extrañamente inhumano esa noche, los ojos vacíos y el cuerpo recién bañado tan anormalmente blanco. Parecía algo con forma humana, pero insensible a pesar de su belleza, un efebo de piedra. No había sentido timidez ni vergüenza ante su desnudez, aunque hasta Salazar jamás había visto un hombre desnudo: Andy era un niño a su lado, cuerpo puro pero extrañamente frío, despojado de esa flexibilidad de pantera que Salazar poseía cuando la sujetó de los antebrazos y la llevó en una extraña danza de la que Andy parecía conocer todos los pasos. Los dos cruzaron, voltearon y se saludaron como bailarines de un siglo que aún no llegaba en intrincadas figuras que Hermione apenas alcanzó a distinguir: Salazar la manejaba como un muñeca, pero una muñeca no habría sentido desmayo y deseo cuando el habló en su oído, musitó antiguas palabras de magia sin soltarla, su aliento agitándole el cabello mientras seguían sin detenerse. La figura de una garza, un círculo, una medialuna, un lobo… Hermione vio hilos de fuego verde en el pentagrama, y la luz se hizo misteriosa y viva cuando el lila se mezcló, chispeando en crestas claras. Arrastrada en esa vorágine de magia, Hermione cerró los ojos y no le importó si todo estaba bien o mal, ni si ese fuego que canatab en sus venas era demoniáco o angélico. Se dejó llevar mientras ese viento que venía de ninguna parte agitaba las llamas y su cuerpo en una oleada que creció hasta volverse un espiral, un tornado, yde pronto Salazar ya no la guiaba mientras giraba y giraba en los brazos de Andy, cuyo rostro estaba extrañamente quieto en la locura. Una lágrima trazó un surco negro en la mejilla de Andy, y cuando Hermione alzó la mano, conmovida, para quitársela, porque ella sólo sentía deseos de gritar y reír, la lágrima se enroscó como una serpiente en su muñeca, un espiral negro.
Salazar hablaba, o entonaba un hechizo, cerca, y Hermione perdió la consciencia, aunque sabía que él le había prometido su abrazo. Pero eran los brazos de Andy los que la rodearon, y sintió su boca fría, y luego su cuerpo en el centro del tornado, y cerró los ojos para ver…
… un muchachito, con ojos negros y cabello castaño largo, un Andy de diez años, que estaba atado a una roca tallada como una mesa, y sollozaba…
Hermione despertó, con esa sensación de vacío en la cabeza de haber dormido tantas horas, y al ver su muñeca vio un tatuaje, una simple espiral negra azulada, color tinta, pero que bajo cierta luz relucía verde y lila con chispas de oro.
- Andy.- susurró, tocándole la mejilla al chico semidesnudo bajo ella.- Despierta.-
Los ojos se abrieron de inmediato, grandes y sombríos, aunque pasó un rato aunque las pupilas se vieran normales.
- Qué… sucedió anoche, después de que me desmayé?- dijo Hermione, poniéndose de pie y buscando su ropa. El aire frío la hizo estrmecer, aunque era el mediodía soleado de un día de primavera.
- El que puedas usarme no significa que seas mi señora, ni que tenga que responder a tus preguntas.- dijo Andy secamente, vistiéndose también. Ya no parecía hermoso e inhumano como la noche anterior, sino simplemente un adolescente muy molesto. Dio media vuelta para salir, pero Hermione extendió el brazo tatuado, el izquierdo.
- Detente.-
Andy se congeló, y luego se giró para mirarla con ojos brillantes de odio.
- Si no quieres que te haga hacerte un ocho, más te vale que me expliques con manzanitas cuál es el plan de Salazar para los demás.- dijo Hermione con voz tranquila.- Y vas a empezar por contarme cómo es eso de que tengas memorias humanas. Ahora, empiezas tú, o yo empiezo a cantar Diez Indiecitos?-
- Estamos más o menos dos días de Stohengue, como era antes.- dijo Hughes, sin quitarle la vista a Gareth, que ojeroso, despeinado y con un saludable color parecía el gato que encontró un vivero que canarios al lado de una lechería, mientras Selene y Lawliet estudiaban los detallados, pero fantasiosos mapas del siglo XI. Selene, que tenía la sólida formación de geógrafa de un aritmancista los hubiera corregido, d eno haberla asaltado el pensamiento de si no habrían habido desplazamientos tectónicos en diez siglos que hubieran hecho sus conocimientos superfluos ( obsoletos?) cuando Gareth habló, con voz firme:
- Tomaron el pozo?-
- Estamos hablando del círculo de piedras célticas que marcan el solsticio y que nadie sabe cómo se hicieron?!- preguntó Lawliet con entusiasmo. Gareth y Hughes intercambiaron una mirada con una sola ceja complementaria alzada.
- Eh… no. Hablamos del milenario bosque druida en el promontorio, con el reloj de sol y el pozo de la luna principal de Bretaña, que sirve de casita a un montón de druidas, la verdad.-
- Ah. Ese Stonehengue.- dijo Lawliet mordiéndose un mechón de pelo.- Sigan, sigan.-
- No. Explíquense primero. Qué se supone que es un pozo de la luna?- preguntó Selene, apoyándose en la mesa.- Mi mami es astróloga y nunca he escuchado hablar de eso.-
- ERES HIJA DE UNA ASTRÓLOGA!?- exclamó Hughes, y Gareth perdió pie y desapareció tras la mesa.
- Eh… sí…-
- Pero si las astrólogas no pueden tener hijos!!-
- Eh… tú anda a decirle a mi mami que no puede hacer algo, sabes…- Selene los miró alternativamente, porque a Hughe sy Gareth les estaba subiendo la presión.-… no que a mi papito le haya ido nunca bien con eso…-
- Pero hay leyendas sobre la hija de una astróloga! Diosa Madre, no podemos enviarte al Pozo de la Luna!-
- Y porqué corno no?- Selene estaba empezando a tostarse.
- Porque tu magia es radicalmente distinta a la de los druidas, tu poder nace de las estrellas y el suyo de la tierra! La leyenda dice que cuando aparezca la hija de la astróloga, Stonehengue llegará a su fin!- exclamó Gareth, pasando del rojo al pálido.
- Pues tarde se les ocurre decirme… y no me miren así, yo no pedí que ese mamotreto fucking me trajera…- Selene se cruzó de brazos.- Y no creo en profecías!-
- Tu mami no es Star Mage? No que ella hace profecías?-
- Ella lee el cielo. Y si la hubieras visto inventarse tantas rimas como yo mientras le cose los botones a papi, tampoco creerías ni media palabra…-
- Debe ser el destino el que trajo…- dijo Hughes calmándose.- Quizá entendimos mal. El manuscrito sajón decía " engravarse en piedra", lo que traducimos como "fin"… quizá hay otra explicación.-
- Quizá se refiere a que nos van a dejar incrustados en piedras como fósiles con una buena bola de fuego…-
- Cállate, Lloyd.-
-… - Hughes lo miró un momento, y Selene se sintió traspasada por esos ojos de negro y oro: pero luego le dirigió una sonrisa mientras se explicaba, un guapo rizo en su frente.
- Los normandos llevaban años tratando de desembarcar en Bretaña, pero cada vez que lo intentaron los druidas los hundieron con barco y todo, les ataron tenedores de peltre a las trenzas y bailaron la samba en el acantilado hasta que les cayó un rayo. Como los druidas pueden disipar la magia fácilmente, los magos normandos venían casi de bonito. Esta vez, los normandos trajeron sus propios druidas, un tipo diferente, que pueden usar armas de metal, combaten con armadura y son especialmente sanguinarios, muy diferentes a nuestros druidas, que son mayormente mujeres, usan túnicas de hilo y no usan armas, excepto hoces y algún que otro arco o vara. Tras varios ataques, nos pidieron ayuda a nosotros y a sus hermanos en Galia. Y digamos que las escaramuzas no van bien, porque Stohengue estaba sitiada… los normandos desembarcaron en las Orcadas y nos separaron. Rowena fue con Richard para romper el bloqueo, y ya ves…-
- Qué es el pozo de la luna?- repitió Selene, que nunca olvidaba una pregunta una vez preguntada.
- Es el centro de poder espiritual de Bretaña: hay varias docenas, pero el de Stohengue es el más importante, ya que allí vive la Gran Druida. Son… pequeñas lagunas que…- Hughes se frotó la frente.- Mira, pregúntenle a Salazar, él y gareth entienden más de druidas que yo…-
- Lo que Hughes le da vergüenza decirte es que los druidas se bañan desnudas en plenilunio y se cargan de energía con ciertos rituales secretos, que se trasmite a su vara druida, la que colocan en sus cuerpos por unos momentos para hacerlas parte de us poder y armonizarse. Esa agua queda impregnada de su poder, y se supone que unas cinco druidas a pleno poder en sus pozas de la luna usando su poder a la vez… pues podrían hacer que Bretaña se diera una vuelta de carnero, vaya.-
- Y según Rowena, está el puro desastre, a pesar de todo.-
- A diferencia de mi madre, Rowena sí ha estudiado la magia de la guerra. Si lograron herirla, y escapó sin Richard, deben de veras necesitar ayuda. Dijo que nunca llegó a Stohengue, que era una emboscada, y que Richard se dejó atrapar para que ella escapase…-
- Típico de ese idiota.- gruñó Gareth.
- No seas…-
- Richard es el más delicado de los cuatro, cómo se nos ocurrió dejarlo ir con su madre? Rowena Ravenclaw podrá hacer que tu propia ropa te asfixie, pero Richard es un leguleyo, no un guerrero!- exclamó Gareth. Sólo entonces Selene se dio cuenta que hablaban de un amado hermano, y sonrió.
- Lo rescataremos, Gareth, no te preocupes. Tendrán druidas, pero si nunca han visto una maga astróloga, me sé unos trucos que van a hacer que se vuelvan nadando a Islandia.-
- Y Gabrielle Gryffindor? No dice la leyenda que era ella la guerrera? Porqué no ayuda?- dijo Lawliet con voz curiosa. Un silencio como un manto cayó en la habitación, y sólo se rompió cuando Hermione, seguida por Andy y un macilento Draco entraron en la habitación, cubriendo el sol que antraba por la puerta de tal manera que fue como una nube en el día primaveral.
- Porque se fue a la Galia cuando su padre fue asesinado.- dijo Hermione con firmeza.- Y desde entonces no se sabe nada de la hija de Godric Gryffindor. Ahora, le importaría repasar el plan? Dado que nosotros iremos en primera fila, me interesa enterarme de todos los detalles.-
- Ese es…- la voz de Gareth se ahogó, porque había reconocido la daga en la cintura de Hermione y el colgante en su pecho.
- Tu padre me ga prestado algunas cosas. Y también a Anteus.- dijo Hermione con un gesto a Andy.- Continúan?-
- Draco? Pero que te hizo esta zorra? Si tu padre te ve así, te encierra, para algo que trajo el gato!- exclamó Selene, avanzando hacia él con los brazos tendidos, pero Draco la detuvo con un gesto.
- Pasé mala noche. No me abraces, Seli, estuve practicando magia salvaje hasta el amanecer…- dijo con un brillo afiebrado en sus ojos.- Ojalá se me pase por delante un par de normandos luego, es justo lo que necesito.- agregó sombríamente.
El plan de Gareth los llevaría al atardecer por una ruta secreta por el lecho de un río seco, derecho hacia el norte y Stonhengue, lo más lejos posible del mar. Una vez allí, asumían que los normandos habrían controlado los modestos asentamientos de los druidas y que los tendrían allí, con Richard prisionero. Gareth había preparado una fuerza de apoyo que los seguría un día después, por el caso que tuvieran que dar batalla: pero esperaban sinceramente que no. Hughes, que no le hablaba, hechizó un juego de espejos con ayuda de Rowena, que les permitiría comunicarse entre ellos y con los demás. Pero era bien pasado mediodía cuando una figura apareció en el umbral del cuarto en donde se preparaban, escoltado por Gareth.
- Eh… hola.- dijo Harry, con una leve pero alegre sonrisa.- Me perdí de algo?-
- Dormiste como un muerto, vago.- le soltó Selene, que se había puesto calzas de cuero con costuras que paraban espadazos y un justillo tan apretado que casi se derramaba por encima. Hermione, con uan pesada túnica de cuero y chapas de bronce que le llegaba hasta el suelo, se ataba el pelo cerca, y las dos chicas se miraron, se estuadiaron, decidieron que la otra no tenía sentido del estilo y siguieron vistiéndose, ignorando a Harry.
Draco levantó la vista, mirándolo fijamente, encontrando su mirada un momento, para verlo sonreírle a Gareth, y buscar una larga y fina espada, volviéndose a él con un floreo, mientras Gareth se quitaba el jubón y avanzaba con su pesada espada de combate, sus pasos firmes e intensos. Se miraron, y Hermione sacó a Lawliet del camino, que se cerraba un jubón de cuero con faldón con dificultad.
- Qué hacen?- exclamó Selene, irritada.- Hombres… estamos eligiendo líder y nadie me avisó?-
- No.- dijo Gareth suavemente.- Pero usted es la astróloga, la señorita Hermione tiene el poder de Salazar, Anteus es el grimorio de mi padre y el poder del joven Draco como estudiante de magia salvaje supera lo esperado. Harry es el único que debe probar que puede ir con nosotros.-
- Y yo?-
- Tú eres nuestro librito de consulta comilón.-
- No soy un libro, él lo es, Selenita.-
- Cállate, Lloyd.-
-… me dices eso todo el tiempo.- dijo Lawliet con un mohín, cruzándose de brazos.- Apostaría mi dinero, si tuviera, en Harry. Gareth puede ser un buen guerrero, pero Harry tiene diez siglos má sde conocimientos.-
- Yo le apuesto al chico guapo. A mi sapito le faltan quince centímetros para medirse con ese potro.- dijo Selene riendo. Hughes le echó una mirada que era como una cama de solarium descontrolada, y salió, mientrasgareth y Harry intercamabiaban pases, y Draco los miraba, con una expresión que partía el corazón.
