Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
The Boy At Table Seven
By: LyricalKris
Traducción: Rosie
Beta: Yanina Barboza
Capítulo 23: ¿Ahora qué?
Edward llegó a casa sin Benji.
—Me pidió quedarse con su madre esta noche. Lo va a tener luego de la escuela mañana. Solo mañana. Acordamos que él necesita tener un horario normal como siempre.
Su tono era tan plano y cansado, que hizo retorcer el estómago de Bella. Él no la estaba mirando sino mirando fijamente sus zapatos. Ni siquiera se había movido más allá de la entrada.
Ella caminó hacia él con pasos medidos. No estaba segura de qué hacer para ayudarlo, si debería preguntarle por lo que había pasado o si eso haría peores las cosas. De todo lo que ella estaba segura es que daría lo que fuera para hacer las cosas mejores para él.
Cuando ella tomó su mano, él miró sus dedos entrelazos casi como si no entendiera lo que estaba viendo. Él alzó la mirada, su expresión rota.
—Él no entiende, Bella. No sabe por qué estamos haciendo esto.
No había nada que ella pudiera decir ante eso. En vez de hablar, ella lo jaló gentilmente, llevándolo hacia el sofá. Edward la siguió como un niño obediente, sentándose cuando ella lo empujó hacia abajo. Ella se puso a horcajadas encima de él, besándolo con la más suave de las presiones. Él inhalo y exhaló una y otra vez y apoyó su frente contra la de ella. Posicionó su mano alrededor de ella, acercándola más.
—Lamento que hayas tenido que faltar a la universidad hoy. Y al trabajo. Ojalá…
Bella colocó un dedo sobre sus labios y él se calló.
Durante un segundo ella lo miró, tomando su rostro en sus manos. Estaba tan tenso. Pudo sentir la rigidez de sus hombros cuando deslizó los dedos por la línea de su cuello hasta su brazo.
Una idea la iluminó. De nuevo, no sabía si era lo correcto a hacer, pero…
No podría lastimar…
Y quería hacerlo sentir mejor. Incluso si era por solo unos minutos, ella aprovecharía.
Antes de que se arrepintiera, Bella lo besó suavemente, cohesionándolo para que él le respondiera el beso. Él lo hizo, suspirando en su boca mientras se relajaba notoriamente.
Sin querer distraerse, Bella movió sus besos hacia su mejilla y mandíbula.
Luego se bajó de su regazo, arrodillándose en el suelo.
—Bella —Edward se escuchó sorprendido—. ¿Qué estás…?
Ella lo miró entre sus pestañas, sosteniéndole la mirada mientras le bajaba el cierre del pantalón.
—Bella. —Esta vez su nombre salió de sus labios más como un gruñido—. No tienes que… no ahora.
—Shh. —Su mano tembló, pero ella estuvo razonablemente complacida cuando su voz no tembló—. Déjame hacer esto.
Él alzó las caderas, dejándola que le bajara los pantalones. Su respiración se convirtió en suaves suspiros cuando envolvió una mano alrededor de su polla, rozando con las yemas de la otra mano la circunferencia debajo de sus bolas.
—Nena. —Su susurro fue ronco—. ¿Por qué eres tan buena conmigo? —Él delineó el contorno de su oreja, el movimiento inexplicablemente tierno.
—Porque te lo mereces —pasó el pulgar por la cabeza de su polla —, y porque te amo.
Ella bajó la cabeza, moviendo su lengua sobre la punta. Lo metió lentamente en su boca, deslizando cada centímetro poco a poco.
—Bella. Nena. —Sus dedos estaban debajo de su mentón, en su mejilla, en su cabello—. Jesús, esa boca. —Su yema trazó la línea donde sus labios estaban envueltos alrededor de su polla.
Él siseó, un gemido retumbando bajo en su garganta.
—Joder. ¿Quieres saber algo? —Ella tarareó su respuesta y la vibración hizo gruñir a Edward. Sus dedos se flexionaron, agarrando su cabello, pero se relajó de nuevo rápidamente—. Oh, eso se siente tan bien. —Su mano se abrió en su nuca. Él no empujó, pero el ligero peso de su palma hacía este acto mucho más íntimo para Bella.
—Cuando... —jadeó—. Cuando comíamos en la cafetería y te vi. Pensé sobre esto. Dios, eres jodidamente caliente. ¿Alguna vez te dije eso? Estúpido maldito uniforme. ¿Por qué es eso tan caliente, hmmm? Solía despertarme duro, imaginándote abierta para mí sobre la mesa.
Un temblor recorrió la columna de Bella y sus pezones se endurecieron de repente, la sensación rozando el dolor.
—Detente, nena. Detente. Ven aquí.
Su voz fue más profunda de lo que Bella alguna vez recordaba. Era el tipo de tono que la hacía querer obedecer todas sus órdenes. Lo liberó de su boca, y él no dudo en poner sus brazos alrededor de ella. Edward la colocó sobre sus pies, levantándose con ella. Su boca estuvo sobre la de ella un minuto después, su beso fuerte y demandante.
Bella no pudo procesar lo que estaba sucediendo lo suficientemente rápido. Sus latidos eran agresivos. Sus manos estaban en todos lados. Ni siquiera se dio cuando que él le había bajado el pantalón y la braga hasta sus tobillos hasta que sus manos estuvieron sobre su trasero desnudo. Su chillido fue ahogado contra su boca.
Él los giró alrededor y tumbó a Bella contra el sofá. Ella no sabía qué pensar sobre sus movimientos agresivos. Sus ojos la tenían congelada, prisionera. Eran fuego y deseo.
Necesidad.
Era increíblemente caliente.
Más caliente de lo que en realidad Bella sabía cómo lidiar. Le tomó todo en sí para dejar que lo que sea que estaba sucediendo, pase.
Pero Edward se veía más que capaz de actuar lo suficiente por ambos. Tal vez era lo que él necesitaba. Bueno, Bella no iba a interponerse con eso. Especialmente no ahora cuando él estaba entre sus piernas abiertas, su polla en su mano, posicionada en su entrada.
—Eres jodidamente hermosa, ¿sabes eso?
Bella abrió la boca, pero jadeó en lugar de responder cuando él entró en ella. Él le mordió el cuello antes de enderezarse.
—Mierda. Oh, joder —gruñó Bella, buscando algún punto de agarre en el sofá. Él la jaló hacia el borde y tomó un tobillo en sus manos, abriendo sus piernas más mientras embestía contra ella—. Jesucristo —susurró, lanzando su cabeza hacia atrás.
Esto era más de lo que Bella alguna vez había experimentado. Era pasión pura y carnal. Fue fuerte y rápido y completamente abrumador.
Hablaron el antiguo idioma de amantes. Gemidos guturales, gritos roncos. En ocasiones, sus nombres saliendo de los labios del otro, el sonido de una súplica o gemidos de éxtasis.
La fuerza del orgasmo creándose en Bella era intensa. Si hubiera podido, Bella se habría alejado, pero con Edward sujetándola con firmeza, no pudo hacer nada más que disfrutar del viaje.
Con un rugido, Edward colocó sus piernas sobre sus hombros, inclinándose sobre ella con una mano apoyada sobre el sofá. Metió una mano entre sus piernas, encontrando su clítoris encima de donde estaban unidos.
Y luego eso fue todo para Bella. Su orgasmo la golpeó con la fuerza de un camión. Su cuerpo se alzó, un grito saliendo desde el centro de su pecho, y su visión se inundó de puntos blancos. En algún lugar del borde de su conciencia, Bella escuchó el sonido del placer de Edward mezclándose con el de ella.
Cuando el pensamiento racional regresó a ella, Bella se dio cuenta que Edward había caído sobre sus rodillas. Sus piernas todavía estaban sobre sus hombros y su cabeza estaba descansando sobre su muslo superior. Ella pasó los dedos por su cabello, sonriendo con la adoración que ella sentía.
Luego de un par de minutos de tranquilidad, Edward alzó la cabeza. Gruñó cuando se colocó de pie. Bella dobló las piernas, sentándose.
Edward suspiró pesadamente, mirando hacia el techo.
—Eso estuvo fuera de lugar. Lo siento.
Tomó un segundo para que eso se registrara en su mente.
—¿Por qué? ¿Por el trascendental orgasmo?
Sus labios se curvaron en una sonrisa. Él la miró, su sonrisa agrandándose.
—Ven acá —murmuró, pero en vez de esperar porque ella se levantara, él la alzó, acunándola en sus brazos.
Edward la llevó a la cama, ayudándola a sacarse la camisa y el sujetador antes de recostarla.
Durante horas, Bella dejó que Edward la guiara a donde él quería ir. Pareció ayudar más de lo que una cantidad de abrazos y charla lo harían. Tal vez era el sentido de control que ella le daba. Cuando se puso agresivo, aun así fue gentil. Él lamió y besó bajando por su cuerpo, sin dejar de tocarla para nada. Y cuando ella se recuperó del segundo orgasmo increíble de la noche, hicieron el amor lentamente, sus manos presionadas juntas, y los brazos envueltos alrededor del otro.
Ambos durmieron tranquilamente esa noche.
~0~
A la mañana siguiente, Benjamin pidió de nuevo quedarse con su madre. Edward accedió. Él haría lo que fuera para hacer sentir a su hijo mejor.
Sentada en el desayuno con él y sus padres, Bella abordó el tema lo más cuidadosamente posible.
—¿Estás preocupado de que ella, o en su defecto Amun, pongan a Benjamín en tu contra?
Hubo un tono pálido en la piel de Edward cuando se restregó los ojos.
—Por supuesto que estoy preocupado. —Respiró temblorosamente y negó con la cabeza—. No puedo… no voy a perder completamente la confianza que tenemos. Ella está lastimada, pero fue perfectamente razonable cuando hablamos con Benji. No me culpó enfrente de él. —Mientras hablaba, él movió su té frío de una mano a la otra—. Kebi no quiere lastimar a Benji más de lo que yo. Tengo que confiar en eso.
Esme alzó una mano y le frotó el brazo.
—Estás tratando mucho para mantener esto civilizado. Eso es admirable y algo muy difícil de hacer. —Frunció los labios—. Tengo que admitir, que como madre, estoy teniendo un momento difícil en entender cómo ella siquiera podría pensar en irse.
—Luché con eso también. —La confesión de Edward fue silenciosa, dicha prácticamente hacia la mesa—. Pero luego todo se retuerce en mi cabeza. Estábamos bien. La vida era difícil, pero estuvimos bien hasta que Amun la encontró. Me molestaba por eso algunas veces. Pero es ridículo. La vida nunca permanecerá igual, y nunca se vuelve sencilla.
»Kebi y yo sabíamos que nunca seríamos una pareja. Jamás siquiera intentamos. Somos muy diferentes. Pero la quiero. Ella es la madre de mi hijo y siempre la querré de esa forma. Así que, ¿cómo podría dañar una relación que la hace feliz? Amun es bueno para ella. Sin importar que yo piense que no debería necesitar a alguien que tome tantas decisiones por ella, eso es irrelevante. Eso la hace más feliz, más segura de sí misma. Siempre se sintió incómoda e infeliz por su cuenta.
»No me agrada Amun. No me gusta que moleste la vida de mi hijo y la mía, pero por otro lado, así es la vida. No puedo dañarle a Kebi su felicidad incluso si eso trae complicaciones para mí. No puedo culparla por tener que tomar una decisión como esa. No puedo culparla por querer hacer lo que es mejor para toda su familia. Y al igual que me molesta que Amun interfiera en nuestra, de alguna forma, pacífica rutina, ¿no siente ella lo mismo? —Edward alzó la mano, tomando la mano de Bella—. Si no hubiera encontrado a Bella… —Tomó la mano de su madre—. Y si ella no me hubiera reunido con ustedes, ¿les hubiera peleado por la mudanza?
Él negó con la cabeza.
»No hay mal o bien aquí. Puedo decir que no debería seguir a su esposo. Ella puede decir que tengo menos de lo que preocuparme y yo debería haberlos seguido. Sería más fácil para mí conseguir otro trabajo de mecánico de lo que sería para Amun renunciar a una década sólida de trabajo para la misma compañía y comenzar desde cero.
»Kebi y yo no le podríamos enseñar a nuestro hijo juntos lo que es una relación buena y sólida. —Soltó la mano de su madre y tomó ambas manos de Bella entre la suyas—. Estoy tratando de apoyar su relación, como espero que ella apoye la mía. No voy a pelearlos más de lo necesario.
Bella no pudo haberlo amado más de lo que lo hacía en ese momento. Nueva como era en esta pequeña familia, era extremadamente protectora con ella. Si ella hubiera pensado que ayudaría, ya hubiera despotricado contra Kebi y Amun hacía tiempo. Aun así, Edward estaba aquí, tratando de mantener la cabeza fría sobre la situación que lo estaba lastimando a él y a su hijo.
El dolor en la vida era inevitable. Ser malo al respecto no ayudaría en nada, mucho menos a Benjamin.
—Eres un buen hombre, Edward. —La voz de Carlisle fue baja, sus ojos brillando—. Estoy muy orgulloso de ti.
La sonrisa de Edward le dijo a Bella que las palabras de su padre significaban más para él de lo que él podría decir jamás.
—Aún no estés orgulloso de mí. No tenemos idea de lo mucho que voy a joder esto.
—¿Qué vas a joder? —preguntó Bella, confundida.
—¿La paternidad siendo soltero? —Edward tragó grueso—. Las personas hacen eso… dicen que son padres solteros cuando no están con la madre o padre del niño. Nunca he entendido eso. Sí, día a día cuando lo tuve, fui solo yo, pero Kebi llenaba los espacios. Éramos un equipo. No estaba solo.
—Ahora no estás solo —le recordó su padre—. Sé que no es lo mismo. No somos los padres de Benjamin. Pero tendrás a personas apoyándote.
De nuevo, Edward sonrió.
—Lo sé, papá.
~0~
—Creo que me voy a mudar con mis padres —dijo Edward un par de noches después—. Encontraron una gran casa en el distrito escolar. Grande. Cuatro habitaciones. Hay una habitación principal en la primera planta y otra arriba. Un gran patio para Benji. —Enrolló un mechón de su cabello en su dedo—. ¿Es esa… crees que es una mala idea?
—No puedo pensar por qué sería una mala idea.
Edward se giró para poder estar sobre ella, soportando su peso en sus brazos.
—¿No crees que sea patético? ¿Que tu novio de veintiocho años viva con sus padres?
Bella rodó los ojos, colocando los brazos alrededor de cuello.
—Eres ridículo. La vida no es blanco y negro. La única razón para que la idea de que un hombre de veintiocho años viva con sus padres sea patética, es si ese hombre de veintiocho años lo está haciendo para no tener que matarse trabajando. La vida es complicada. No creo que hacerlo por tu cuenta te haga una mejor persona. De hecho, considerando que tus padres te necesitan tanto como tú los necesitas, diría que estás siendo un buen hijo.
Él bajó la cabeza, besándola dulcemente.
—Aún no vas a huir, ¿cierto?
—¿Qué puedo decir? Soy una masoquista. —Ella deslizó las manos por su pecho desnudo—. La verdad es que solo te estoy usando por tu cuerpo.
—Oh, ya veo —sonrió él, moviéndose para que sus caderas chocaran contra las de ella—. Creo que habría maneras menos complicadas de tener sexo.
—Sí, pero eres realmente bueno en eso.
—Supongo que todos tenemos que ser buenos en algo.
