Harry Potter & Draco Malfoy:
Dreams Of The Future Past.
By the Fox
Alternate Universe
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Nine: Starting
- No recuerdo estos arces en las cercanías de Hogwarths.- dijo Harry luego, curioso, mientras el grupo a caballo cruzaba bajo un bosque de espléndidos árboles rojos y amarillos, el viento de la tarde haciendo caer algunas hojas vivas en el sendero. Salir del cálido Hogwarths era un desafío en con las nieblas alrededor, que parecían engullir el paisaje aunque avanzaban tan lentamente que no parecían moverse. Había caído una leve llovizna que hacía relucir los troncos de los árboles y sus brillantes hojas: en la lejanía, el verde muy oscuro de los pinos y el castaño vivaz de los robles, orlado de oro, servía como oscuro marco de los arces y el ocasional haya plateada que se destacaba contar el cielo por intervalos gris, a veces celeste. La tierra era firme pero suave, buena para los caballos, y hubieran galopado si Hermione, que no había montado un caballo en su vida, no estuviera recién acostumbrándose a montar en la grupa de la gran yegua alazana de Hughes, agarrada como una garrapata a la ancha espalda del heredero de Hufflepuff. Lawliet montaba muy bien, curiosamente, y Draco y Harry habían tenido maestros de equitación de niños, así como Selene, que le echó una mirada de conmiseración y un poquito de desprecio a Hermione, que rebotaba en la silla.
Gareth iba adelante con Harry, Hughes y Hermione: Draco, que llevaba a Andy a la grupa montado en un gran semental negro que le ofreciera Salazar, iba tenso y serio, con una espada al cinto y un arco a la espalda. Tanto Draco como Selene eran buenos arqueros, mientras que Harry no podía pegarle ni a un rinoceronte a diez pasos: pero había hecho caer a Gareth, que supuestamente era el segundo mejor espadachín de Hogwarths de traste ( es un decir) al combatir: muchas tretas diseñadas cuando Gareth aún no nacía ( ni moría, ya que estamos) y la capacidad de Harry de combatir con la espada en una mano y la varita en el otro le había permitido barrer, literalmente, el piso, con el joven heredero. Draco había sonreído, levemente, pero su sonrisa no había sido sardónica, sino orgullosa, cuando Harry hizo dos pasos, un giro, disparó un lumos falso que cubría un locomotor mortis, y luego cargó con todo el peso de su hombro, haciendo a Gareth no sólo caer, sino volar unos pasos y aterrizar de trasero.
Se había encontrado con la mirada de Draco, y había sonreído de regreso, sonrojado, acezante y satisfecho. Draco había hecho un gesto, un guiño, y de pronto todo había sido como antes: pero Harry se volvió a Gareth, que lo miraba con admiración y asombro, y le sonrió también: cuando volvió a mirar, podía haber imaginado la expresión de Draco, que ataba las correas de su jubón plaqueado como si tuvieran la culpa de algo.
- Yo tampoco. Pero son preciosos- dijo Selene, arrancando una hoja con la fácil familiaridad del que lleva toda una vida sabiendo montar. Helga le había prestado su propia yegua, una ligerísima potranca árabe obtenida como botín de batalla contra los romanos, negra y hermosa con ojos dorados. Se movía como una extensión de Selene, y Hughes la había mirado con admiración al verla saltar unos cercos ligera como un pájaro.
Lawliet, que llevaba las riendas sueltas y estaba entretenido trenzando hojas rojas en la brillante cabellera gris plata del caballo manchado que le entregaran, un gran castrado gris con manchas como de espuma en el vientre, había elegido dos espadas cortas, casi cuchillos de caza, alegando que no tenía idea de esgrima. Hughes había parecido casi reluctante a llevarlo por un minuto, pero Salazar había insistido; y Lawliet había sido terminante en el tema. Selene lo miraba inquieta, porque parecía tan distraído como siempre, y cuando se hizo una coronita de hojas rojas y la hechizó para fijársela al pelo, jugando todo el camino a que era un jefe indio (o una amapola viva o algo así: Lawliet jugaba solo y les daba repelús preguntar) los demás evitaron la mirada cortésmente desconcertada de Gareth y la divertida de Hughes.
El sendero bajaba progresivamente entre verdes pastos hasta seguir el lecho de un arroyo seco: Harry lo miró con curiosidad, el fondo lleno de arena apisonada, buena para los caballos, algunos pedruscos redondos como testimonio de la fuerza del agua.
- Había un arroyo aquí antes?- preguntó, casi para sí, pero Draco contestó desde atrás.
- Y tanto que había un arroyo antes. Si hay un lago, crees que pusieron ahí un glaciar y se les derritió? Obvio que había un arroyo antes… qué pregunta idiota…-
- Nosotros nunca lo conocimos, pero mi padre decía que cuando era niño lo seguía entre el claro donde construirían Hogwarths y su casa en los páramos.- dijo Gareth, volviéndose a Draco y fijándole la mirada.- Pero no sé si fue sólo eso lo que formó el lago.-
- Claro que fue eso, si hubiera sido magia, las sirenas no podrían vivir allí.- dijo Draco encogiéndose de magia.- Pero no te alteres… supongo que no es culpa tuya no haber estudiado genética mágica, aún faltan tres siglos para que Mendel se empiece a entretener con la vida sexual de las arvejas.-
Gareth guardó silencio. Harry se volteó en su montura para mirar al irritable Draco, que iba a la retaguardia con Andy abrazado a la cintura.
- Te levantaste con la pezuña izquierda hoy, Malfoy? O sólo estás nervioso por el combate? – agregó con un susurro sardónico.- Te da susto?-
Draco miró a Harry, y hubo un segundo de silencio: pero aunque sentía que la almohadilla de lienzo que se colocase no estaba deteniendo el sangrado, y que Andy le clavaba uñas cautelares en los costados, habló con arrogancia, el rostro en alto.
- Nervioso yo? Quién te enseñó esgrima, chiquitín?-
- Eh…. Tu papi? El mío? Ah, ya sé… tu padrino y tío Sirius?-
- Si Sirius y Snapey se las han arreglado para no matarse en veinte años echándose conjuros cada vez que se tosen mal el uno al otro, yo me atrevo a decir que se aprecian, o los dos apestan en duelo.- Harry soltó la risa.- La única esgrima que vale la pena que he aprendido ha sido de tu padre, Draco, y me alegro… al menos sus grandes conocimientos no morirán con él, ya que su bebé es un patoso…-
Draco abrió la boca para echarle otra listeza, pero Hughes los interrumpió, y Draco lo lamentó: insultarse con Harry era algo nuevo, pero estimulante, y algo que sonaba a amigos. A normalidad. Y lo hacía reír.
- Silencio, por favor!- exclamó Hughes con una voz seca, un poco contrastante con su gentileza habitual.- Estoy tratando de sentir si el área está libre de hechizos de detección, y si nadie nos sigue. Guarden silencio!-
Draco y Harry intercambiaron miradas de escolares regañados, pero Gareth frunció el ceño y miró a Hughes, aunque no dijo nada. El hijo de Helga iba concentrado adelante, los rizos en la cara: pero había algo en su espalda inclinada y en sus manos blancas separadas, que captaban las ondas de la magia, que parecía vulnerable y apenado.
Ahummm
El sol quedaba en una agradable penumbra tras los árboles, y corría una brisa fresca, pero no fría. Avanzaban a buen paso a pesar de la delicadeza de Hughes para con Hermione, y cuando el sol empezó a ponerse naranjo y el cielo a mostrar tintes violáceos, Hughes tiró de las riendas, porque Andy, Hermione, Gareth, Harry, Draco y él mismo bostezaban a más y mejor.
- Qué les pasa a todos ustedes? Qué creen que van a hacer con los normandos, dormirles encima?!-
- Han sido días difíciles.- dijo Gareth gentilmente.
- Un pico que ha sido difícil, Slyth, éste par de vagos no han tenido un examen ni un partido de quidditch en una semana, lo que pasa es que son unos vagos, si en vez de jugar con sus peluches los usaban de almohada!-
- Seli… no más historias de bebes, porfa?-
- A callar, péndex!- ladró Selene. Draco y Harry se encogieron de inmediato.
- Supongo que lo mejor es que descansemos un poco. Podemos armar un campamento en un claro que hay un poco más adelante muy protegido, y descansar hasta el amanecer: luego podemos seguir hasta media tarde, darnos otro descansito e ir frescos.-
- Ir frescos a dónde?-
- A rescatar a Richard.-
- Se dan cuenta que todos hablan de "rescatar a Richard" pero por lo que sabemos pueden haber 200 normandos en fila antes? Qué vamos a hacer, atacar o infiltrarnos?- dijo Selene secamente
- Claro, como todos somos altos, rubios y machotes…- Lawliet se rió, desmontando.- No hables como en una película muggle de arios forrados en látex… lo único que podemos hacer es escabullirnos y tratar de encontrar al chico que buscamos, y luego salir por piernas, con magia si es necesario, para correr bien rápido de vuelta.-
- O sea no Saving Private Ryan, sino más bien Wedding Crashers.- dijo Draco con una sonrisa sombría.
- Hermione, se supone que tú eres la lista: porqué no opinas?-
- No opino porque me duele cuando hablo.- gimió Hermione desde detrás de la espalda de Hughes. - Podemos desmontar, por favor?-
Hermione emitió un quejido cuando Hughes la bajó en brazos: todo lo que puso hacer fue quedarse tendida de bruces en una manta, sintiendo que le habían dado de latigazos, el trasero y la cara interna de los muslos protestando incluso al roce de las calzas delgadas que se había puesto. Draco también caminaba rígido, y se dejó caer de rodillas a su lado, ocultando el rostro un momento: pero Harry, Gareth y Lawliet se movieron rápidamente lanzando hechizos para asegurar el perímetro, levantando una tienda de tela verde que reflejaba los alrededores con un sofisticado camuflaje, e inflar unas prácticas mantas con magia hasta que parecieron cojines.
- Disculpen la precariedad.- dijo Gareth, con un gesto de disculpa.- No podemos usar mucha más magia, o los clérigos normandos nos sentirían. Trataremos de que estén cómodos…-
- Córtala, Gareth, es una guerra, no somos unas nenas…- Harry le tiró la manga.- Nosotros vamos por agua. Usteden podrían conjurar un poco de fuego y algo de comer? Va a hacer frío esta noche.-
- Que te has creído que somos tus sirvientes?- Selene bufó, pero se subió la mangas y juntó unas ramitas. Draco, que los vio irse, las encendió con un solo proyectil mágico tan feroz que casi le quemó los dedos a Selene. La hija de la astróloga lo pateó inmediatamente, y Hermione se rió, antes de sentir que alguien le había puesto ambas manos en el trasero.
- Eh… se puede saber qué crees que haces, Lawliet?- le dijo con mucha calma.
- Te curo. Estás despellejada… a no ser que estén la menstruación y por eso tengas las calzas con sangre…-
Hermione dudó entre chillar, darle una patada al estilo Selene o simplemente reírse de la ingenuidad del ravvie: pero cuando sintió alivio fluyendo de sus manos sobre su adolorida piel, no hizo ninguna de esas cosas y sólo enterró la cara en la manta.
- Qué estás haciendo… exactamente? Se siente bien…- susurró, sintiendo que se sonrojaba. Las manos de Lawliet eran tibias y seguras, y cuando las deslizó por las nalgas, sintió que no sólo alivio, sino placer, anidándose en su vientre.
- Utilizando tus terminaciones nerviosas sexuales y activándolas mientras uso un hechizo opiáceo… no te curará pero te sentirás mejor… que bueno que por aquí hayan tantos sitios erógenos, no?-
- SÁCAME LAS MANOS DE ENCIMA, LLOYD!-
Lawliet rió.- Quédate quieta, o te va a doler más a ti que a mí… Draco? No quieres un poco? Seguro que estás igual de adolorido.- dijo sin levantar la vista, aunque hubo un destello tras sus pestañas. Draco se paró en seco de donde ayudaba, y Andy, que vaciaba las alforjas un poco más allá, se giró a Lawliet para mirarlo fijo.
Qué sabía? Qué sospechaba? Qué intuía?
Malditos Ravvies metiches. Draco avanzó, y con un gesto de agotamiento se dejó caer junto a Hermione, poniendo su trasero al alcance de las rapaces manitas del oriental.
- Pensé que sabías montar.- bufó Hermione, apoyando la mejilla en el brazo.
- Digamos que al pille con espuelas ahora, lo mato.- bufó Draco enigmáticamente mientras Lawliet continuaba con su perverso masaje.
- Qué están haciendo?- preguntó Hughes muy educadamente. Selene miró al trío, se volvió al fuego, y clavó la mirada resueltamente en el atardecer.
- Yo no tuve arte ni parte en su educación. A mí no me mires.- la chica hundió el mentón en los brazos cruzados, habiéndose soltado el largo pelo oscuro y liso. Era grueso, aunque no tan indócil como el de su padre: pero tampoco era la cascada de rizos chocolate esponjosos de su madre. Suspiró, y Hughes se sentó a su lado, con un suspiró casi idéntico.
- Qué hay de comer?-
- Varias hogazas, queso, carne y miel. Guardaré el vino para cuando encontremos a Richard, por si está herido.-
- Mm-mm-
- Pasa algo, señorita Selene?-
- No me digas señorita. A no ser que quieras que te diga Lord Tejón. Y… digamos que sí. Los chicos son unos malditos inconscientes, y entiendo que la mudblood disfrute más aquí, pero yo sí tenía una vida allá. Quiero muchísimo a mis papis… y además estaba terminando mi doctorado en geomancia… y…-
- Y tenías un novio.-
Selene miró el comprensivo rostro de Hughes, tan gentil. Hughes tenía facciones anchas y honestas, modeladas muy virilmente, con una apostura de príncipe de cuento de hadas que no hubiera estado desplazada en una película Disney: pero su expresión era tan serena, tan abierta y bondadosa que te hacía pensar en alguien que era un paisaje: un lago sereno al sol, o quizá un hermoso claro verde y vivo, cargado de frutos en verano. Era algo… generoso.
Era tan diferente a Elroy.
-… no… no es mi novio. Pero he estado enamorada de él desde que éramos niños, y siempre hemos sido… digamos que vivimos en el mismo círculo. Y somos muy distintos.-
- Háblame de él.-
- Él es muy guapo… se parece un poco a ti, pero más a Gareth… también es alto y rubio, y corre pegasos en las carreras anuales… pero lo que más le gusta es la política, quiere entrar al Wizengamot. Es… como de familia real? Y aunque estudiamos juntos, a él no le gustan las mujeres que van a la Universidad. Una vez… me felicitó por consagrar mi vida a la magia, en vez de al amor y la familia.- Selene suspiró.- En vez. Eso aún me pica.-
- Pero tú…- Hughes le pasó una mano por el pelo.- No le has dado a entender lo que sientes?-
- Con manzanitas. Lo único que me falta es hacerle un dibujito. Pero él no quiere enterarse. Lo he besado, incluso, y me ha pedido disculpas y se ha largado… no sé que más hacer, Hughes. Incluso probé con una poción de amor, pero se dio cuenta y no se la tomó. Y encima mi papá se enfureció.-
- Ay, Selene.- dijo Hughes, tomándole la mano mientras aparecían las primeras estrellas.- qué difícil es tener un romance con alguien que te conoce hace mucho, no?-
- Y tú siempre has estado enamorado de Gareth?- le soltó Selene, los brazos cruzados, secándose una lágrima.
Hughes se puso rojo, pero no reaccionó: cuando al fin habló, sus ojos eran tristes.
- Siempre, muy enamorado. Richard y yo nos entendíamos: él amaba a Gabrielle y yo a Gareth, y ellos dos jamás se daban por aludidos, como tu Elroy. Por mucho tiempo pensamos que estaban juntos, pero… ella se fue. Y Gareth se ha…- Hughes bajó la voz.- sabes que ese chico de ojos verdes se parace tanto a Gabrielle y a su padre que da miedo?-
- Su padre?-
- Godric Gryffindor. Cuando mi mamá vio a ese chico, casi le da un patatús…-
- Deberíamos estar buscando agua! No es el lugar para esto…- balbuceó Gareth mientras Harry le arrancaba la ropa del cuerpo a tirones y lo metía en la pequeña laguna que bordeaba el antiguo curso del río. Era baja y arenosa, y Harry llenó rápidamente los pellejos de agua fresca, dejándolos en unas grandes rocas achatadas en la orilla, y luego se volteó desnudo como un pez y le arrojó agua en la cara al tímido Gareth, que se había metido en el agua fría hasta las caderas y chequeaba el camino tras ellos con timidez. Gareth tosió, pero le arrojó agua hasta que Harry se sumergió, dio unos largos y flotó bajo las estrellas que se reflejaban el agua, sonriendo.
- Nada como un baño frío para quitarte el cansancio del viaje.-
- Noto que no estás nada preocupado.- dijo Gareth, braceando a su lado.
- Nada. Recuperaremos a Richard, y luego…-
- …luego te irás?- dijo muy suavemente Gareth. Harry se enderezó, y quedó frente a él, las estrellas reflejándose en su pelo, en la piel mojada como una azul luminiscencia.
- No sé que haré. Pero si no quieres separarte de mí, no nos separaremos.- dijo Harry, antes de pegar su boca a la suya. Los dos bracearon torpemente sin soltarse hasta quedar con el agua en el pecho, y allí sus cuerpos se unieron, calentándose a pesar del agua fría, abrazados estrechamente hasta que sus miembros se alinearon y rozaron, en una caricia deliciosa, y Harry sonrió como un lobo al ver a Gareth sonrojarse y responder de inmediato.
- No… tenemos que volver, nos estarán buscando… Vamos…-
- Un segundo.- dijo Harry, sonriendo, y empujándolo contra las rocas en la orilla. Cuando se arrodilló en el agua y rodeó las caderas de Gareth con los brazos, fue ciertamente más que segundo, pero no mucho más. Gareth se mordió la mano hasta hacerse sangre para no gritar, pero no logró ahogar todos sus gemidos: Harry, que había descubierto que esa extraña y feral hambre no se saciaba tan fácilmente, se enjugó en el lago y se enderezó para besarlo, presionándose contra él con fuego entre sus vientres, tironeando su pelo para que el chico más alto le diese completo acceso a su boca…
- Harry?- dijo una voz. Y Gareth levantó la vista, poniéndose virtualmente morado, mientras que Harry se giraba, bloqueándolo, sin ninguna timidez mientras se relamía.
- Sí, Draco?-
- Te vas a tardar mucho con el agua? Selene ya quemó la leche.-
- Cinco minutos.-
- la llevaré yo, entonces.- dijo Draco con sequedad, tomando las alforjas. Sus ojos ardían.
- Yo lo haré. – Gareth, aún rojo, tomó ambos pellejos y subió el camino, la ropa puesta de cualquier manera pegándosele a la piel mojada. Draco lo miró irse y se volteó a Harry, que se vestía con parsimonia, los puños apretados.
- Te estás acostando con él?- preguntó con voz seca.
- No en este minuto, gracias a ti.- dijo Harry mirándolo a los ojos. Algo nació y murió en los ojos de Draco en ese momento, y dio un paso hacia Harry, luego otro, y un momento luego estaba encima suyo sobre las rocas, un brazo en el agua, besándolo con furia mientras le arrancaba la camisa que acababa de ponerse.
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Los dos se quedaron acezantes, mirándose en silencio, cuando al fin la necesidad por aire puso más y Draco levantó la cabeza, sentado a horcajadas sobre el cuerpo desnudo y empapado de Harry. Ninguno de los dos dijo nada: había una luz en sus ojos, un reflejo como el del fuego en el agua, que parecía temblar y moverse mientras Harry se enderezaba en los codos y miraba a Draco, los labios aún húmedos de él y de Gareth.
- Harry…- susurró Draco, la voz quebrada. – Yo…-
- Tanto te molesta que esté con Gareth? No es un poco… perro del hortelano, no crees?- dijo Harry con una sonrisa triste, bajando la mirada. Draco le tomó la cara, y la levantó, y por primera vez Harry notó que los ojos de Draco no eran del usual plateado pálido, sino color plomo, casi pizarra. Eran tan sombríos que absorbían toda la luz de su rostro, haciéndolo ver apagado, cansado. Pero sin embargo, ahora ardían, y cuando le dio un manotazo feroz, el rubor de la cólera tiñó su cara.
- Perro del hortelano? Qué te has creído?! El se ha portado como un idiota desde que apareció Andy has sido tú!-
- Un idiota? He tratado de ayudar al maldito libro ese, sólo por ti!-
- Eres un… te puedes vestir?!-
- Me besas y ahora te molesta verme desnudo? Compartimos el pato de goma en la tina desde los tres años, Malfoy!- Harry se cruzó de brazos.
- El pato era mío, ladrón de juguetes!-
- Mentira! Me lo regaló tía Cissy a mí! A mí!-
- No hay caso! Siempre que yo tenía algo, tú querías uno igual! Primero el pato, luego la Firebolt, ahora una relación? No soportaste verme con Andy y te buscaste uno… uno parecido a mí!-
- Serás engreído!-
- No, si es casualidad que Gareth parezca mi primito perdido! Es idéntico a mí!-
- Bah. Más grande y mejor, si me preguntan…-
- Imbécil!-
- Acaso te molesta? Tú estás muy feliz con Andy, déjame a mí tranquilo… - bufó Harry.
- Tranquilo? Estás loco? Estás jugando con Gareth, porque…-
-… porque no te puedo tener a ti? Dios Santo, eres tan engreído que si te caes de tu ego te matas!-
- Y respecto a lo de estar muy feliz con Andy, para que sepas…- empezó Draco, el rostro vibrando de rabia. Harry, que se vestía, lo miró por sobre el hombro.
- Qué?! Al final, al final, muuuuy al final, me vas a decir que te hechizó de amouuur como a un boquiabierto?-
Draco calló y apretó los puños, antes de mirarlo fijamente.
- Estás feliz con Gareth?- preguntó al fin, en voz baja.
Harry lo miró sorprendido al súbito cambio de tono.- Sí. Él es tan… puro e inocente. Es tan limpio, Draco. Nadie lo había tocado, nunca, sabes? Es maravilloso ser el primero, y que él haya sido…- Harry suspiró, mirando el río. Draco se demudó, pero no dijo nada, y dejando allí a Harry, se volvió al campamento, secándose con rabia lágrimas de vergüenza.
Tan puro…
… el primero.
Yo nunca podré ser…
El amanecer los encontró dormidos en círculos alrededor de la fogata, tras un buen sueño y una no tan buena cena: Selene había insistido en cocinar, con su crianza doméstica de dama Slytherin, y había enlistado la ayuda de Hermione, desoyendo los consejos de Hughes, lo que había acabado con las dos transformando la comida en un menjunje poco atractivo. Hughes y Gareth habían comido con voluntad, pero habían acabado dependiendo de la práctica libretita de Lawliet. Tras la bella tarde, el amanecer era frío, neblinoso e inhóspito: y Selene se sentó con un crujido de cuello y una maldición, a pesar de que los chicos le habían dado la mayor cantidad de mantas a ella y a Hermione para que acolcharan su sueño. Gareth, Harry, Draco, Andy y Hughes habían dormido envueltos en una sola manta cada uno, a pesar de la humedad del pasto: Lawliet en cambio se había metido en el bosque, había traído una gran cantidad de ramas de tomillo peludo, había construido un montículo y luego, dando un saltito, se había metido adentro envuelto en su manta, para dormir como un bendito sobre el la blancas y perfumadas flores. Selene lo envidió al verlo dormido aún, envuelto en flores, y sin embargo, de pronto se le apretó el estómago mientras se ponía de pie. Podía ser hambre, pero envuelto en todas esas flores parecía un príncipe en su ataúd…
…una visión: un joven de cabellos negros, entre brazos y piernas enemigas, temblando, luchando, pero sin poder soltarse…
Selene sacudió la cabeza. Ser la hija de la astróloga la había dotado con el más leve poder adivinatorio incontrolable, siendo que usualmente un Star Mage necesitaba una complicada cantidad de cálculos, instrumentos y su mesa de arena para poder realizar un augurio: Selene tenía flashes, imágenes, que le dejaban un dolor de cabeza punzante y curiosamente, una molestia semejante al dolor menstrual. Los medimagos suponían que era la extraña mezcla de un descendiente druida y una Star Mage, pero aunque su madre casi había dejado pelado a su padre recordándole quién era el estudioso de genética mágica, su padre se había limitado a tomarla en brazos, declarar que su hija era una maravilla que no se podía comparar con ningún caso, y se había largado, dejando a su mamá a punto de cambiar una marea de la rabieta.
Sentado junto a los rescoldos, haciendo guardia, estaba Gareth. Había estado muy callado y cohibido toda la noche, y Hughes le había echado unas cuantas miradas de preocupación: pero cuando se fueron a dormir, Selene los oyó discutir algo, y fue Hughes quien se quedó de guardia. Ahora era Gareth quien aguardaba el amanecer, envuelto en una sobrepelliz gris, los brillantes cabellos casi plateados salpicados de rocío, aparentemente tranquilo a pesar de que la intens aniebla no permitía ver más de cien metros.
- Hola.- dijo Selene, estirándose y colocándose a su lado, abrochándose las botas y el ajustado jubón.- de qué hora estás despierto?-
- Desde que se puso la luna.- dijo Gareth, ofreciéndole un puñado de nueces.- Ha estado muy tranquilo. Los normandos se han quedado en su bastión, aparentemente: no han avanzado más cerca desde Stonehengue.-
- Cómo lo sabes?-
- Me lo dijo un gorrión.-
Selene le echó una mirada incrédula.- Hablas con los animales?-
- Sólo los pájaros y las serpientes. Los animales más grandes son más desconfiados, pero Gabrielle lograba hablar con los felinos.-
- Y eso?-
- Crianza druida, no te dije?- Gareth le sonrió, aunque había una preocupación en sus ojos.- Es mejor que despertemos a los demás: tenemos que llegar a Stohengue al atardecer, a más tardar. Y con esa niebla, el camino estará un poco más duro para los caballos.-
- Gareth…-
- Sí?-
- Estás… con Harry?-
Selene se hubiera reído, porque el elegante y discreto heredero de Slytherin se puso fucsia y se ahogó en su propia saliva.
- Yo… no quiero que pienses que tu hermanito… que yo…-
- Gareth, está bien, no es mi asunto. Sólo quería que supieras que si lo lastimas te echaré encima un aerolito. Y que tanto tú como Harry tienen… buenos amigos, y no deberían dejarlos de lado sólo porque estén tan entusiastas.-
Gareth la miró curioso.- Qué es un aerolito?-
- Deberías prestarle más atención a…-
- DRACO!- el grito de Andy hizo que todos saltaran en sus mantas. Hermione y Selene fueron las primeras en dejarse caer junto a Draco, que temblaba, y tenía los ojos en blanco, estremeciéndose de pies a cabeza, sin despertar. Hughes echó atrás a Andy de un tirón, y volteó a Draco, apretándole el vientre: Draco vomitó en el pasto, traslúcido y aguado, y luego abrió los ojos, temblando violentamente, haciéndose una bola en la falda de Hermione.
- Qué le pasa? Draco!? Maldita sea, qué pasa?!- gritó Harry, tomándolo de los hombros, su voz asustada y amenazante a la vez.- Andy! Qué mierda le hiciste??-
- Es la magia salvaje.- dijo Lawliet de pronto, de pie tras todos ellos.- Está lleno de magia salvaje, y su cuerpo no está acostumbrado.-
- Y cuánto se demora en acostumbrarse?? Cómo se llenó así?- gritó Selene, mientras Hermione susurraba hechizos de calma y analgesia, aferrando las sienes sudorosas del chico.
- Bueno… no sé… pero generalmente un mago salvaje se muere a los tres días si se envenena con magia, así que asumo que se acostumbran antes.-
- Lawliet!-
- Pero si es verdad, lo leí en alguna parte!-
- Hermione, haz algo!-
- Sólo puedo calmar su dolor, no soy un jodido exorcista!- exclamó Hermione, su magia poderosa haciendo que los temblores de Draco se calmaran. Draco se aferró a ella, respirando hondo: y luego abrió los ojos, llevándose la mano al vientre.
- Ya… estoy mejor…- susurró, mirando a Harry.- No te asustes…-
- No estoy asustado, estoy furioso, cómo demonios te metiste tanta magia salvaje encima, se puede saber??-
Draco esbozó una mínima sonrisita.- No… asunto… tuyo.-
Harry saltó sobre Draco, pero Selene, que estaba acostumbrada, los separó a bofetadas.
- Suficiente! Sapito, a tu rincón! Gatito, qué mierda hiciste?-
Draco se sentó, aunque era obvio que aún estaba mareado.- Soy mago salvaje. Yipee.-
- En este momento eres una lástima de mago salvaje. Eres algo así como el pañuelo usado de la magia salvaje. Eres algo así como un contenedor o un gri…- Hermione se volvió a Andy.- Tú… Dios Santo, nunca le hecho daño a un libro, pero creo que voy a empezar por tirarte al estanque del baño!-
- Mi señor me ordenó entregarle parte de mi magia a Draco Malfoy, antes de convertirme en tu grimorio.- dijo Andy con un leve gesto disciplente. Gareth se llevó las manos a la cara.
- Si tuviera un sextercio que he deseado no ser hijo de Salazar…- maldijo.- Mi papá te entregó a Anteus?!-
- Te estás acostando con ese potro?! Y yo no?!-
- Seli, cállate!-
- Tu padre me entregó dominio sobre el poder de Anteus, para asegurarse que tuviéramos éxito en esta misión.-
- Pero por si acaso, vació una buena parte de esa magia salvaje en Draco.- dijo Harry con sequedad. Hermione se cruzó de brazos.
- Él dijo que quería ser mago salvaje, no?-
Harry hubiera saltado a agredir a Hermione, chica o no, cuando Draco extendió la mano y apareció una barrera prismática entre ambos. Las barreras usuales de los magos romanos eran traslúcidas, apenas notorias, como un vidrio empañado o ahumado: esta cambiaba de color, intenso naranjo, fresco verde, violento amarillo, palpitante rojo, tornasolada y viva, como una seda en el aire.
Y lila y verde.
- Cool. - djo Draco, esbozando una sonrisa.- Sabes, Gareth, tu papá es malo, pero como malo, es genial.-
Cuando cayó la tarde, Hermione estaba tendida de bruces en la grupa de la yegua de Hughes: su trasero no aguantaba otra sacudida más. Draco había vuelto a vomitar, pero seguía adelante, aunque estaba muy pálido, y había acabado por cambiarse con Andy, abrazado a su espalda, semidormido parte del viaje. Dejaron la hondonada del río y el terreno subió para hacerse muy plano, casi desnudo: un páramo cubierto de matorrales y tierra húmeda, sembrado de niebla, con algunos árboles retorcidos por el viento. Era frío y fuerte: aunque iban abrigados en mantas de lana y cuero, estaban ateridos cuando al fin cruzaron el gran páramo y el terreno empezó a ascender entre abetos y robles antiguos, tan oscuros que bajo sus ramas era casi noche, por una colina sembrada de grandes rocas.
- Dejemos los caballos aquí.- dijo Gareth.- Harry, Draco y Selene vengan conmigo: los demás esperen aquí. Echaremos un vistazo y bajamos.-
- Porqué yo tengo que quedarme?- gruñó Hermione.
- Porque no te puedes mover.-
Hermione, en los brazos de Hughes, bufó malhumorada. Lawliet le palmeó el trasero.
- No te preocupes, te dejo como nueva en un ratito.-
- Porqué eso me suena pervertido?-
- Porque tienes una mente enferma de mudblood?- le sonrió Draco, antes de subir a saltos tras Harry, Gareth y la ágil Selene. Hermione, molesta también por las faldas de su túnica plaqueada, se tendió en una roca, sintiendo a Lawliet con su poco elegante método de curación empezar su trabajo. Hughes se quedó un poco tenso, mirando hacia arriba; pero Hermione, a pesar de su posición, observó que Andy, un poco atrás, se había sentado aparte y parecía muy cansado.
Los helechos dificultaban el paso: el contraste con el páramo anterior y los árboles espesos, desde el borde de la colina se extendía una gran planicie intensamente verde, con pasto alto y brillante, algunas flores blancas como copos de nieve, radiantes ásteres celestes trepando en las rocas. Pero cuando se asomaron, Gareth echó una mirada a la planicie, se puso verde, y cayó de rodillas, llevándose las manos a la cara.
Los otros tres lo miraron extrañados, porque lo que veían era el Stonehengue que siempre habían conocido: piedras enormes, blancas y plateadas, aunque ahora parecían nuevas, y el círculo estaba completo.
Gareth avanzó tropezándose, entró al círculo sin hacer caso de los demás, y de rodillas junto a las piedras del círculo interno, empezó a sollozar como un niño.
- Pero… Gareth? Qué pasa?!- exclamó Harry desconcertado, mientras Selene se volvía Draco.
- No dijeron algo de un pozo y de druidas?-
- Yo que sé. Habla tanta estupidez…-
- Es…- Gareth se controló con un esfuerzo, una mano en la roca, las lágrimas cayendo por sus mejillas.- Es Gwendgeim. Es uno de los druidas.-
- Ah, todo era un malentendido lingüístico entonces. Lo que tú llamas " druidas" para mí son " piedras". Haber partido por ahí…- dijo Draco sentándose una roca con un floreo. Gareth se soltó de Harry, y desenvainó, su rostro sereno irreconocible cuando siseó:
- Los druidas los hicieron retroceder al precio de sus vidas y te ríes?!- gritó.- Ellos eran mis amigos!-
- Gareth…- Harry se cruzó, las manos extendidas.- Perdónalo, no sabía… es un idiota… dices que éstos… que ellos eran los druidas?-
Gareth se volteó, y se apoyó en las rocas, antes de echarse a llorar.
Los demás se les reunieron muy poco después: mientras cruzaban por entre los enormes megalitos, Hughes, que derramó alguna lágrima, pero no parecía tan afectado como Gareth, les explicó que los druidas debían haber ejecutado un conjuro suicida para proteger su tierra, y evitar su propia profanación. Se habían convertido en piedras protectoras, así como su pozo de la luna: se habían unido a la madre tierra.
Muchos de los más jóvenes habían sido como hermanos para Gareth. Mientras cruzaban, Gareth guardaba silencio, los puños apretados.
- Y qué pasó con los normandos?- dijo Hermione, que se sentía extrañamente molesta al cruzar los megalitos. No era difícil saber que se trataba de la magia salvaje; Draco y Andy se veían positivamente enfermos.
- Seguramente volaron todos a cucha.- dijo Lawliet, que se comía una manzana, corazón incluido.- Con semejante estallido de poder druida, deben haber mojado sus pantaletas de piel de oso…-
- Pero y Richard?-
- Tendremos que seguir buscando. Tienen que haberlo llevado con él.- dijo Hughes, muy preocupado. No fue el único que miró atrás al dejar la pradera: pero las piedras parecían hermosas, allí blancas al sol pálido, e incluso Gareth sonrió entre sus lágrimas cuando el sol se puso entre ellas.
Encontraron a los normandos cuando ya era noche cerrada, en un grupo de tiendas de cuero y postes de madera puestas de cualquier manera alrededor del remanso de un río, en donde flotaban sus ligeras barcazas vikingas. Había un enorme corral para caballos que les hizo contar más de dos mil: su caballería era impresionante. Se ocultaron en un quebrada cercana al río, y allí miraron, un poco descorazonados: parecía una ciudad de tiendas desordenadas, sucias, y todas iguales.
- Cómo encontramos a Richard?-
- Hechizo de primer nivel de magia legal, encontrar persona.- dijo Hermione telegráficamente, señalando a Andy. Andy se estremeció, y a pesar de la mirada irritada de Draco, se giró y empezó a caminar al campamento.
- Estás loca? Harás que lo asesinen!- exclamó Draco, aunque sin el calor que solía decirlo antes.
- Se podrá asesinar un libro?-
- Oye, has visto las ediciones de Vid?-
- Yo iré con él. Soy hija de la astróloga, las estrellas iluminan sólo si me conviene.- dijo Selene con una sonrisa, muy fina y muy oscura en su traje negro.- Yo cuidaré a tu recetario, niña mudblood. Voy y vuelvo.-
- Pero…!- Gareth se levantó, mientras Harry y Draco se sentaban sin chistar y empezaban a partir más manzanas con Lawliet.- No podemos dejarla que vaya sola!-
- Te informo que ya fue?- dijo Lawliet, que la vio desaparecer entre las sombras y volvió a su comida.
- No podemos dejar que una dama vaya sola... es peligroso…- empezó Hughes.
- Hughes, Gareth, siéntense y contrólense la presión arterial un rato, ya?- dijo Draco, buscando un cuchillo y pelando la fruta.- Si Seli no quiere que la encuentren, no la encuentran: pregúntenle a sus papás después de que reprobó transfiguración o cuando hicimos esa fiesta en Snape Manor…-
Las tiendas eran un laberinto: pero Selene avanzaba, con una mano sujetando a Andy, que se movía seguro como una brújula. No se trataba de magia: la hija de la astróloga simplemente sabía cuándo iluminaría la luna o en que ángulo las estrellas serían descubiertas por el viento que movía las nubes, y se mantenía en las sombras siempre, siempre, con tal destreza que un búho que pasó en vuelo no los vio y pasó rozándole el pelo. Cuando estuvieron casi en el centro exacto, Andy se detuvo y señaló una tienda frente a la cual aún humeaban rescoldos de una hoguera. Selene la rodeó, y asomándose por detrás, abrió una rendija del gastado cuero y miró adentro.
Y emitió un pequeño bufido de sorpresa, porque ante sus ojos había aparecido el hombre más bello que viese en su vida. Era hermoso, de un modo chocante y sorprendente, con una mezcla de virilidad y delicadeza: y a pesar de estar golpeado, lleno de sangre y barro, y atado de rodillas con las manos por sobre la cabeza a un poste, con pesadas cadenas apretándole la piel con crueldad, su belleza era exquisita, del modo que lo es un potro árabe de patas delicadas y belfos como seda. Era delgado, sus músculos apenas marcados: su largo cabello negro caía liso como agua en su cara, aún brillante, encharcándose en el suelo como una cascada de petróleo: y su rostro, de rasgos finos y agudos tenía un algo fascinante, en los grandes ojos bajo cejar arqueadas y finas, la nariz levemente aguileña, perfecta, el largo cuello de cisne esbelto y fuerte. Selene se conmovió al ver su inconsciencia, sus heridas, la forma en que una túnica basta y sucia de color indefinible apenas le cubría los muslos: pero cuando cuatro normando entraron en la tienda y dejaron caer sus armaduras, sujetando al muchacho por los tobillos, se heló y le tomó un segundo comprender lo que estaba viendo, antes de dar un paso atrás y tomando a Andy de la mano, echar a correr en busca de ayuda.
