Harry Potter & Draco Malfoy:
Dreams Of The Future Past.
By the Fox
Alternate Universe
If you are going, I want to follow, unraveling the endless mystery
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Ya no había luna, y los dos grupos se separaron en silencio, moviéndose como si las sombras los ocultasen por su propia voluntad. Selene y Andy guiaban a Harry, Draco y Gareth: Hermione aguardaba con Hughes y Lawliet, los más poderosos mágicamente, para entrar como rescate si los atrapaban. Pero aunque Harry se cayó encima de los arreos de los caballos una vez, moviéndose con las sombras de Selene pudieron avanzar casi sin tropiezos, hasta acercarse a la tienda.
Selene se detuvo en seco al llegar a la tienda: los sonidos que oían eran suficientes para saber lo que estaba sucediéndole a ese hermoso joven. Ella se detuvo,temerosa de lo que pudiera ver: a pesar de las bromas y tonteras en la Casade Slytherin, Snape había sido muy riguroso en el cuidado de la pureza de su hija, y la adolescente Selene podía charlar con mucha soltura, pero era en realidad bastante ingenua, e incapaz de soportar el dolor de otro ser.
Cuando apartó la vista, Gareth, Draco y Harry se asomaron, y Harry ahogó un grito.
El hermoso muchacho que Selene viese ahora era apenas visible. Estaba completamente desnudo, una piel color crema, sonrosada, apenas visible por las manchas de barro, hollín y sangre: su pelo era una masa pesada, sucia e ensangrentada que barría el suelo a cada movimiento, y la sangre manaba de su boca, de sus sienes, de su espalda, de cualquier sitio de donde pudiese manar, mientras sumerguido en el espantoso abrazo de cinco hombres enormes y musculosos, el joven sollozaba aún con la boca llena.
Gareth y Harry emitieron un sonido ronco, y Gareth gruñó, como si algo en su garganta se contrajera: pero lo que ninguno de ellos se esperaba era que Draco diera un grito ronco y se lanzara adelante con la espada en la mano y la varita en el otro, lanzando una docena de proyectiles mágicos en un flash plateado, loco de rabia.
Ahí iba su esperanza de salir discretamente.
- PERO QUÉ ESTÁS HACIENDO…??- gritó Harry, pero era tarde: Draco ya estaba en medio de una pelea mortal, y Selene y Gareth se lanzaron en su ayuda, con un Andy determinado detrás, que extendió los brazos y se quedó quieto.
Draco acuchilló al hombre que, de rodillas tras el muchacho apoyado en los codos violaba su suave recto: las uñas del hombre se enterraron en los muslos del chico cuando draco lo decapitó en un segundo golpe, aún mientras estaba dentro del chico. Selene, con una furia que no sabía era capaz de tener le cayó encima locamente al hombre que sujetaba al joven del pelo, usando su boca a su placer, y lo empujó hasta soltarlo del chico: pero aún mientras Selene golpeaba y pateaba el enorme hombre dio la vuelta, y la aferró por los brazos y luego por un seno, haciéndola gritar, antes de que el dolor aclarase su rabia y pudiera concentrarse, gritando un Desmaious. El hombre cayó, y Selene se arrodilló para tomar en sus brazos al muchacho desplomado en el suelo de tierra, que temblaba y sangraba sin parar, aún mientras Harry y Gareth acababan brutal y eficientemente con los hombres que habían usado las manos del muchacho hasta dejarlas viscosas y al que miraba desde la puerta con una gran lanza a mano.
Harry se quedó un momento sorprendido ante lo fácil que era matar poseído de rabia: la potente vena del cuello de ese hombre le había parecido brillante como un faro y blanda como la mantequilla. Se quedó un momento ahí en shock, paralizado por una súbita revelación: cuando Lucius Malfoy y su padre, cuando tío Sirius o Seraphine o TerryWainwright le enseñaban a fintar, girar, voltear, lanzarse a fondo con la espada, no era un ejercicio o un baile elegante o una prueba de destreza: todos esos años lo habían preparado para esto, para matar, para saber dónde golpear. Todas esas medallas de esgrima parecían una tontería: todos esos duelos con Draco o Sera, un ejercicio obsceno. Pero no tuvo tiempo para pensar mucho más, porque Draco lo cogió de la manga manchada: el también estaba empapado como un carnicero.
- Vamos! No te quedes ahí como idiota, vamos, vamos!-
Harry volvió en sí para ver a Gareth echarse a la espalda el delicado cuerpo del chico inconsciente, envuelto en su capa: por un momento creyó que estaba muerto, pero luego notó que lloraba débilmente.
Se volvieron listos para enfrentar una marea de normandos derramándose dentro de la tienda, pero nada sucedió. Draco parpadeó, porque los normandos no habían sido precisamente silenciosos para morir, ni ellos para matar: pero no se escuchaba nada, más allá del lejano grito de un centinela en la noche.
Andy bajó los brazos de donde estaba en la esquina de la tienda, de donde no se había movido.
- Silencio, radio diez metros.- dijo encogiéndose de hombros. Draco pasó de largo, pero el resto sonrió, agradecidos y aliviados al poder del muchacho grimorio. Se preparaban para salir tan discretamente como habían entrado, cuando vieron un estallido dorado a lo lejos tan poco sutil como un volcán, y supieron que los demás habían sido descubiertos.
Hughes no había podido soportarlo: así de simple. Cuando movimientos extraños del campamento picaron su curiosidad y se asomaron a una zanja excavada en un extremo, para ver crueles cárceles de tierra, con pesadas rejas encima, encontrando a pequeños niños sajones medio muertos de hambre y miedo que agonizaban allí camino a la esclavitud, Hughes perdió el control y su magia dorada y luminosa brilló como un amanecer colérico, la ilusión aumentada porque una enfurecida Hermione no sólo no lo detuvo, sino que se dejó llevar con él y soltó todo lo que aprendiese de Salazar en un Hierro a Polvo mortal, convirtiendo todas las atroces jaulas en recuerdos.
Los normandos se lanzaron feroces hacia ellos, pero Hughes pegó su espalda a Hermione, y sin nunca desenvainar, creó una poderosa nevazón dorada que enlentecía a los normandos mientras los jóvenes y niños huían como locos a los páramos, al hambre, el frío, o la muerte, pero al menos no a la esclavitud: pero cuando aún faltaban muchos por huir, los normandos ya aferraban a Hughes y Hermione, y ella gritó cuando un gigantesco vikingo barbado y cargado de trenzas pegajosas la aferró, la levantó como una muñeca por sobre su cabeza y agarrándola del pubis y del cuello, la tironeó como para arrancarle la cabeza…
Una flecha le atravesó la cabeza al hombre: Gareth, a caballo, atrapándola al vuelo cuando el vikingo muerto la soltó: Gareth llevaba a la yegua de Hughes de la rienda, a la que el hijo de Helga se sacó de encima a un normando con un gesto brutal y saltó sobre la silla, manchado de sangre. Pero los rodeaban y eran muchos: y sólo entonces Hermione se dio cuenta que no veía a Lawliet por ninguna parte, desde hacía rato.
- LAWLIET!- chilló, aterrorizada: pero entonces vio a Lawliet de pie en la empalizada de los caballos de los normandos, hacer un gesto con los brazos abiertos, el cabello flotándole en la brisa, tan frágil y desgarbado que incluso sus enemigos lo miraron con incredulidad.
Lawliet hizo una trasmutación de madera a polvo, y los caballos de los normando quedaron sueltos: luego, con cierta disciplencia, lanzó unas humildes bengalas del Dr. Filibuster, y los caballos enloquecieron, lanzándose encima de los normandos y atropellándolos. En medio de la marea, y con mucha circunspección, saltó a la grupa de una risueña Selene, que pasó a caballo por él a toda velocidad, y los niños del futuro y los herederos de Hogwarths galoparon a toda velocidad en la confusión rumbo a Stohengue, aprovechando que la luna volvía a brillar inesperadamente, iluminando su sendero.
- Mamá debe estar rezando por mí.- le dijo Selene a Lawliet, que iba bien aferrado a ella.- Oye, te puedes agarrar de otro sitio, aunque no sea blandito!?-
- Como tú digas, Selinita…-
- Qué pasará con esos niños?-
- Si son listos, agarrarán uno de esos caballos fugados y saldrán a toda velocidad: si temen huir, pueden volver con los normandos, se llama libre albedrío.- dijo Gareth con firmeza mientras se detenían unos momentos en el bosque que atravesaran para ir a Stohengue: se habían detenido para darle agua a los caballos acezantes, y para ver las heridas de Richard, así como a Gareth, Hughes y Hermione, que sangraban. El resto sólo tenía rasguños, y fue Selene con Lawliet quienes tendieron a Richard y observaron sus heridas, que eran más dolorosas que severas, excepto por su pelvis, que parecía extrañamente floja.
- Tiene una fractura de cadera.- dijo al fin Hermione, respirando hondo mientras intentaba vendarse la muñeca derecha en carne viva por haber rozado un mangual: lo hacía con tanta torpeza que Draco le quitó la venda y lo hizo él, mientras Hermione aguantaba el dolor.- Tendremos que esperar a llegar allá para entablillarlo correctamente, si lo hacemos mal puede quedar paralítico, pero el dolor…-
- Yo creo que puedo ayudar.- dijo Lawliet, y concentrándose, creó un… bueno, cómo decirlo elegantemente?
Richard lucía unas pantaletas de hielo duro. El pobre chico dio un grito y se desmayó.
Hughes y Gareth lo quedaron mirando boquiabiertos mientras Harry y Andy los vendaban. Lawliet se encogió de hombros.
- Bueno, el frío quita el dolor, y así no se moverá… porqué siempre me miran así?-
Hermione logró lanzar un hechizo más amable de sueño profundo sobre el pobre Richard cuando acamparon, agotados, al atardecer siguiente: los caballos estaban deshechos, y Richard había entrado en un sopor que asustaba: no sólo perdía sangre por todos los orificios de su cuerpo, sino que vomitaba incluso inconsciente, y estaba cubiertos de moretones hinchados por las contusiones internas. Gareth y Hughes lo habían envuelto en tantas mantas como pudieron, acolchando el galope: pero aún así temía no poder llevarlo a casa vivo.
- Son unas bestias…- susurró Selene, que ayudaba a vendar las manos del hermoso muchacho, al que le habían arrancado las uñas.- Lo torturaron!-
- Deben de haber querido sacarle información, y Richard es terco como una mula.- dijo Hughes con una mezcla de sonrisa y dolor.- Cuando era pequeño y no le gustaba la comida, era capaz de quedarse días sin comer hasta que mi mamá convencía a su mamá que le diera otra cosa.- agregó, antes de echarse a llorar y enjugar con sus lágrimas también el cabello sucio y apelmazado que intentaba lavar con agua de la laguna.
- Me alegro que nos hayan encontrado primero ustedes, y no ellos.- dijo Hermione, que ayudaba a Gareth a preparar un poco de sopa en la fogata, estremeciéndose ante la idea.
- Supongo que estábamos destinados a encontrarnos.- dijo Gareth dulcemente, mirando a Harry. Draco, al que Andy le curaba nos raspones, ni siquiera levantó la cabeza: pero Hughes, que lloraba, acabó con el cabello de Richard y levantándose, se metió en el bosque a tropezones, camino a la laguna, arrastrando la jofaina.
- Hughes…- empezó Selene, antes de volverse a Gareth y a Harry.- Ustedes dos son bien insoportables, sabían? Insensibles! Descriteriados!-
- Ah?- Harry, que ponía ramas secas en el fuego la miró como si hubiera pisado una culebra, mientras Lawliet dormía apoyado en su muslo como si estuviera completamente a salvo.
- Me refiero a que Hughes ama a Gareth y ustedes dos viven refregándole en la cara que se están divirtiendo mucho juntos! Habráse visto el descaro, serán idiotas! Pobre Hughes!-
- Pero Seli…- empezó Harry.
- Tú te callas, sapito!-
-… no que no sean un par de exhibicionistas.- gruñó Draco, haciendo que Gareth se pusiera rojo.
- Cómo puedes decir algo así sin pruebas?- soltó Gareth, entregándole la bolsita de sémola a Hermione de golpe y salpicándola con el polvillo amarillo.- Creo conocer mejor a Hughes que tú!-
- Mira, Slyth junior, tu papá será el Clint Eastwood de esta época pero tú no podrías encontrar la salida de una bolsa de papel. Hughes lleva quince años loco por ti y tú viviendo en la luna: diría que Hughes disimula bien, pero odio mentir.-
- Ellos también?- Hermione bufó, mientras Gareth se ponía pálido.- Qué hay en el agua de Hogwarths, chicos?-
- No llores a nosotros siempre nos queda Salazar.- dijo Selene riendo.
- Tú quédate con Lawliet, Salazar tiene etiqueta.- le respondió Hermione con acidez.
- No quieres empezar con el " yo lo vi primero?"-
- No. Pierdes.-
- Está bien.- dijo Selene observando al chico herido en sus brazos.- Siempre hay otras opciones…-
Iban a partir en cuando se pusiera la luna, pero Harry, que se había tendido junto a Gareth, se dio cuenta que el joven rubio no podía dormir, aunque le diera la espalda. Se la acarició, y lo sintió temblar: en el silencio del campamento escuchó un sollozo, y no costaba mucho adivinar de quién provenía, porque Lawliet, a su otro costado, estaba hecho panqueque en una manta y dormía a pierna suelta.
- Garth…- susurró, rodeándolo con el brazo.- No llores.-
-… perdona, Harry.-
- No quieres hablar con él?-
Gareth giró la cabeza, para mirar la figura de Hughes, que dormitaba abrazado a Richard, con Hermione apoyada en su espalda.-…no. No puede ser.-
- Y no te gustaría que fuera?-
Gareth miró a Harry con sus ojos verdes llenos de confusión.- Pero tú…-
- Yo quiero que estés contento, y no me gusta ganar por default. Deberías hablar con él, y si tu corazón te lleva a él, yo sería el primero en estar feliz por ustedes.-
El rostro del joven Slytherin se suavizó.- Eres tan parecido a mamá Helga. Amor sin fin ni principio, eh?-
- Soy un Gryffindor.- dijo Harry con una risa levemente perversa- El tejoncito puede comer de mi presa, después de todo yo la cacé y me la comí primero…-
Gareth se sentó con una risotada, completamente fucsia.- Harry!- exclamó, y en un gesto muy poco Gareth, le echó los brazos al cuello y lo besó. Harry le correspondió el beso golosamente, disfrutando del aliento y la calidez de Gareth: luego, cuando lo hubo relajado, subió las manos por sus muslos, antes de succionarle la lengua.
Gareth se aflojó como un mashmellow en una taza de chocolate, excepto una parte de él. Jadeó, y Harry rió, soltándolo.
- Hazle eso y te garantizo que la sierpe se come al tejón.-
-…- Gareth intentó calmar su corazón, con un mohín mientras se lamía los labios.-… me vas a matar…-
- Anda, ve!- exclamó Harry, dándole un empujón.
- Pero no es buen momento…- balbuceó Gareth.
- No hay momento como el presente.-
-… seguramente él no está de humor…-
- Haz lo que te mostré y lo pondrás de humor, te lo garantizo.- Harry siguió empujando hasta ponerlo de pie. Gareth lo miró con amor y timidez.
- Te pareces a Gabrielle, sabes.-
- Te guardas ese comentario cuando estás con él. Ahora, largo!-
Gareth se fue, tropezándose en la manta, y Harry se volvió a tender, con un suspiro enternecido. Podían haber sido amantes de leyenda, pero Harry estaba feliz de que ese muchacho apenas mayor que él, apasionado y tímido, correcto y sensible, melancólico y cálido, que tenía nobleza en los ojos y tristeza en la sonrisa, fuera para siempre como un hermano.
- Mejor. Me estaban enfermando con tantas demoras: con razón Selene, que está llena de buen sentido, abrió la boca.-
Harry se volvió a Lawliet, que lo observaba despierto, los grandes ojos oscuros pensativos mientras se apoyaba en un codo.
- Estabas mirando?-
- Ustedes estaban dando el show, no?- Lawliet sonrió con su inocente perversidad habitual.- Ahora sólo faltan tú y Draco.-
- Tú sabes que me dí por vencido. Draco quiere a Andy; no puedo luchar contra eso.- Harry se tendió de espaldas, los brazos tras la cabeza, observando el cielo cubierto sin estrellas: mañana llovería.- Si son felices, no me meto.-
- Idiota.- dijo Lawliet en voz baja, y le echó un brazo alrededor del pecho, mirándolo muy cerca.- Uno no se rinde ni a la muerte ni a los ángeles si no es por flaqueza de su débil voluntad…-
Harry lo miró: era una cita, de la historia de amor más terrible y más hermosa del mundo.- Lloyd…- susurró, antes de sentarse y observar, al otro lado de la fogata, a Andy mirándolo con los ojos oscuros reflejando las brasas, cantando casi sin voz, mientras la cabeza de Draco, que parecía enfermo, reposaba en su regazo.
Draco soñaba. Soñaba con mares negros que estallaban en olas espumosas en playas color hueso: soñaba con cielos grises e inmensos que se abrían como abanicos, y soñaba con una enorme fogata ennegreciendo las piedras, y alguien que cantaba. Eran las mismas palabras que cantaba Andy, pero era otra voz, más oscura y vigorosa la que cantaba, y la fogata se volvía violeta y verde intenso…
- ARRIBA TODOS, YA!-
El grito de Gareth los despertó de golpe, haciéndolos saltar. Por un momento se quedaron desconcertados, ya que la luz de la luna se reflejaba en el lago: pero entonces se dieron cuenta que un galope se acercaba; pero no uno, sino muchos, muchos.
- Nos persiguen! A moverse!- gritó Hughes, ensillando los caballos mientras gareth cruzaba al inconsciente Richard en su montura.- Vamos, vamos!-
- Cómo nos…?- empezó Selene, y luego calló, al ver unos pájaros color de sangre trazando círculos en el cielo sobre ellos, sus bellas alas desplegadas. Eran como cigüeñas, pero…
- Son fénix de los clérigos, no nos dejarán en paz, tenemos que movernos!- gritó Hughes, ayudando a Hermione a montar en su grupa.- Vamos, tenemos que llegar a Hogwarths…!-
Harry saltó sobre la silla y tomó la espada.- Luchemos!-
- No!- exclamó Gareth, su voz cargada de miedo.- Tenemos que escapar!-
Entonces, una voz musical a lo lejos, y en plena noche, las nubes se cerraron y un aguacero torrencial cayó sobre ellos, encegueciéndolos. Hughes se lanzó adelante, galopando como loco, su manto reluciente guiándolos: los demás lo siguieron a todo galope, sus corazones saltando, mientras la lluvia parecía seguirlos.
- Son los clérigos!- maldijo Hughes, observando la tormenta arreciar: los rizos se le pegaban a la cara, empapados, y Draco, que galopaba con Harry a su lado, se fijó de pronto en una gran mancha morada en el cuello de Hughes.
- Cornudo.- le susurró Draco a Harry cariñosamente, y se echaron a reír aún huyendo empapados.
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La tormenta que los clérigos normandos les habían echado encima se hizo peor: Hermione sintió incrédula granizo en su pelo, mientras el viento convertía la respiración de los caballos en un jadeo doloroso y convertía cada movimiento en un esfuerzo. Hermione estaba protegida por la fuerza del gran cuerpo de Hughes, bien pegada a su espalda: pero aún así sentía el frío congelándole los dedos que tenía cruzados bajo el pesado jubón de cuero del jinete. Hughes echó un brazo atrás para sostenerla, y lo sintió concentrarse, porque la lluvia era tan intensa que apenas podían ver el camino inmediatamente bajo sus pies. Gareth iba adelante, abriendo el camino con el cuerpo exánime de Richard bien apretado contra el corazón, y entonces Selene a su lado dio un grito de triunfo cuando al girar en un recodo del río seco pudieron ver el gran lago de Hogwarths. La noche era absolutamente oscura, pero el agua tenía un tenue reflejo y los márgenes de piedrecillas les permitiría galopar a más velocidad. El grupo se lanzó como una tromba en la lluvia, y Harry y Draco, que galopaban a los costados de Hughes, Andy bien agarrado a la cintura de Draco, pudieron por fin ver Hogwarths en la lejanía: tan familiar y tan protector, el castillo gótico, con sus agujas desafiando la gravedad, como una luz en la noche.
- Ya saben que venimos!- dijo Harry triunfante al ver un reflejo de oro en las almenas. Estaban encendiendo antorchas para guiarlos: las almenas se constelaron de luces, y Harry sintió un alivio cálido y confortable al saber que aunque él no pudiera verla, ella lo estaba mirando: Helga lo observaba, Helga no dejaría que nada les sucediera.
Ella estaba allí, mirándolos…
Hubo un zumbido que Harry no identificó. Y entonces sintió a Draco gritar, y para su espanto, vio a Selene caer de su caballo justo entre los cascos del caballo de Lawliet, que intentó frenar, pero no pudo. Por un momento no comprendió lo que había sucedido, hasta que se dio cuenta que lo que zumbaban eran flechas largas y crueles que caían entre la lluvia. Era magia: los normandos estaban muy lejos aún para disparar, pero no por mucho: sus grandes caballos normandos devoraban el terreno mucho más aprisa que los esbeltos potros sajones. Draco también gritó cuando la sangre de Selene salpicó, y ambos dieron vuelta sus caballos como unos locos para saltar a tierra y tomar a la joven en sus brazos, que estaba atravesada de parte a parte por dos flechas largas como un brazo con penachos rojos, y que había sido pisoteada por el potro.
- Seli, Seli!- gritaron los dos, desesperados: pero Selene apenas intentó hablar, vomitó sangre y se desmayó. A Harry se le puso la mente en blanco: era Selene, su risueña, mandona, adorada Selene la que estaba destrozada en sus brazos, era su sangre la que le empapaba las manos, y bajo la lluvia de agua, flechas y granizo sólo podía pensar que se moría, se moría… Miró a Draco y vio reflejado su shock, el horror a punto de salir en un grito y en histeria, porque era Selene, cuyo olor conocían como el de sus madres, como parte de su infancia, y estaba… estaba…
- Súbela al caballo, tenemos que llegar! Vamos, vamos, vamos!- gritó Hermione desmontando de un salto: y Harry supo que los dos podían amar a esa chica, que valía un mundo en esas situaciones. Como galvanizados por su voz, subieron a Selene al caballo de Lawliet, que le tendió los brazos y la sostuvo como si su aparente esbeltez escondiera una fuerza profunda. Azuzados por Hermione, que se aferró detrás de Harry, Draco y Harry volvieron a montar, y entonces fue Harry quien gritó, de miedo y furia: mientras ellos habían recogido a Selene, Gareth y Hughes, para darles tiempo, habían vuelto grupas y se habían lanzado contra los normandos, lanza y espada en ristre.
- No! NO! Gareth, maldita sea, vuelve acá!- gritó angustiado: pero Hermione le tiró de la rienda y azuzó los caballos rumbo a Hogwarths, rodeando el lago por el mismo borde como lo había hecho Rowena en su desesperada huida. Mientras avanzaban, Harry se encogió al sentir una flecha rozarle: pero luego oyó a Hermione susurrar algo y extender un brazo a Andy, que pareció entender y rozó su mano en la lluvia, chispazos surgiendo entre los dedos en su loca carrera.
Las flechas empezaron a desaparecer antes de tocarlos: la lluvia se volvió vapor, ocultándolos, y un calor insoportable los inundó. Draco le gritó a Andy que parara, que era demasiada magia: pero Andy no parecía capaz de detenerse, y los caballos enloquecidos por el calor se encabritaron, metiéndose al lago y corcoveando hasta arrojar al agua a Hermione, Lawliet y la herida Selene.
- Maldita sea!- gritó Draco, lanzándose al agua para tomar a Selene y subiéndola a su caballo junto con Hermione, intentando calmar al caballo que pateaba, Lawliet aferrando la otra rienda.- Nos va a alcanzar! Andy, haz algo!-
Andy intentó contestar, sosteniendo a Hermione y Selene, y Draco montó tras de Harry de un salto, intentando hacer avanzar a los caballos hacia la orilla: pero entonces una nueva lluvia de flechas les cayó encima, porque los normandos rodeaban rápidamente el lago y algunos ya estaban en el agua. Draco retrocedió maldiciendo, y Harry desenvainó, sintiendo una ira roja al ver que Gareth había desaparecido con Hughes y Richard, y que estaban rodeados: y entonces Lawliet desmontó y chapoteó torpemente hacia el centro del lago, llevando a Selene consigo.
- Hermione! Golpe de rayo cuando yo diga! Usa todo el poder de Anteus!- balbuceó, porque se le llenaba la boca de agua tratando de mantener a Selene arriba.
- Estás loco? Nos vamos a electrocutar!- gritó Harry.
- Yo prefiero morir así que si me agarran ellos!- gritó Hermione, tomando la mano de Andy. Harry vio que Draco estaba muy pálido, y que asentía: y los seis se apretaron, nadando, siguiendo a Lawliet; Hermione, que nadaba a lo perrito, se hundía y tragaba agua aunque los chicos la sostenían.
Los normandos ya se habían sumergido hasta los muslos, y una flecha se clavó en el brazo de Harry, haciéndolo gemir: pero aunque su sangre enrojeció el agua siguió nadando tercamente, los caballos asustados relinchando y agitando el agua, ocultándolos un poco de las flechas. Lawliet, casi indistinguible en las sombras, se volvió bajo la lluvia de flechas, e iba hablar cuando maldijo: una flecha le atravesó la mano.
- Hermione!- gritó Lawliet, sangrando.- Ahora, y todos abajo! Uno, dos, tres!-
Harry miró atrás: los normandos estaban lanzándose a nado tras ellos, entorpecidos porque se tardaban en arrancarse las armaduras. Selene, contra su hombro, parecía muerta, pero gemía débilmente: Lawliet parecía un gato mojado, tironeándole la manga. Vio a Hermione aferrarse a Andy y levantar las manos, hundiéndose como una piedra, y vio de sus manos brotar un chispazo blanco, deformado por el agua que se cerraba sobre sus cabezas, y entonces hubo un estallido blanco y brutal como el de una supernova encima suyo, en el mismo momento en que Harry sentía que se le subía el corazón a la boca, que el mundo se ponía de cabeza y que iban a ser electrocutados por ese poder que, amplificado por Andy un millón de veces, parecía una estrella sobre ellos…
… Harry gritó cuando algo lo tocó: pero no era electricidad, era el frío, el frío del viento helado de la noche. Abrió los ojos, y enseguida se sintió volar y gritó, antes de aterrizar hecho un ovillo con un golpe seco en piso de mármol, en un golpe tan violento que lo dejó sin aire. Sintió caer alguien al lado suyo con un golpazo, y luego vio a Draco, que había envuelto a Selene con su cuerpo y había caído casi a su lado con un crujido de huesos y un grito.
Estaban en el patio del castillo de Hogwarths, caballos incluidos, que cojeaban y se alejaban de ellos aterrorizados, y empapados hasta los huesos, erizados de frío y temblando y gritando, Hermione sentada encima de Andy, Lawliet con los hombros en el suelo y la espalda arqueada hacia atrás y Draco a su lado maldiciendo en voz muy alta con Selene en sus brazos. Sintió un alivio mareante, un dolor intenso en el hombro como una venganza y unas insoportables ganas de vomitar: y entonces sintió a alguien que corría ligera y vio a Helga, una gran falda color oro agitándose que bajó en dos saltos la escalinata y se arrojó de rodillas para aferrarlo contra sí, besándole el pelo, sosteniéndolo. El mundo giró, pero a Harry no le importaba: estaba en brazos de Helga, que lo cubría como un velo de encaje de oro. Andy, o Lawliet, decían algo: pero entonces se miró el brazo, y al ver una mancha de sangre aguada en el piso debajo suyo del tamaño de un caballo, se desmayó.
- Gareth? Dónde está Gareth? Y Selene? Hughes está bien?!- fue lo primero que exclamó, temblando, una sensación de escalofríos recorriéndolo de pies a cabeza. Estaba acostado en la cama en la que hacía años, parecía, había estado con Gareth: sentado a los pies de la cama, había una figura esbelta y rubia con el amanecer a la espalda: no, aún no amanecía, pero ya había una tenue niebla que anunciaba el regreso del sol. El mundo era gris y tenue, y Harry pensó por un momento que era Gareth: hubiera querido hablar pero se sentía muy débil.
Cuando se puso a su lado, era Draco, con el pelo claramente seco a su manera, porque parecía una virgen ortodoxa con el pelo pegado a la cabeza: tenía los ojos húmedos, y se veía más flaco que nunca con una pesada túnica de lana blanca que claramente era de Hughes, y que le daba un aire a Gasparín.
- Cálmate. Selene está… a salvo: Salazar y Hermione está con ella aunque aún no ha despertado. Ya curaron a Lawliet, y Helga te curó a ti… la flecha te había dado en la arteria, casi te desangras.- dijo con la voz cansada de rasposa de quien ha llorado o gritado mucho.
- Y Gareth? Y Hughes… y Richard?-
- Están a salvo.-
- Cómo…?-
- Tienes que descansar. Luego te cuento.- dijo Draco con un suspiro.- Quédate en esa cama o te amarro, y no creas que no lo haré, Potter.-
- Necesito ver a Gareth!- exclamó Harry, sentándose en la cama. Todo giró, y tuvo que apoyarse en los codos porque le faltaba el aire.
- Está durmiendo. Llegaron destrozados, pero los salvaron.-
- Quiénes?-
- Los druidas franceses llegaron justo a tiempo. Son amigos de Salazar, parece. Ahora duérmete!-
- Y tú? Y Andy?- preguntó Harry, la voz temblorosa, los ojos cerrados mientras se recostaba de nuevo, no porque quisiera, sino porque no podía más.
- Yo estoy bien.- dijo Draco, sentándose en el costado de la cama. Harry abrió los ojos y lo miró, y esbozó una sonrisa tenue: los dos allí, casi podían pensar que todo había sido un sueño, y que estaban juntos, como antes, en un lugar seguro.
- Te acuerdas? Cuando tenías amigdalitis… ahora eres tú el que me cuida a mí…- susurró Harry, moviendo la cabeza. Draco lo miró, y cuando la mano de Harry tomó la suya, cerró los ojos de pronto con fuerza, apretándolos tanto que las lágrimas brotaron, y le apretó la mano con tanta fuerza que hacía daño, mordiéndose los labios.
- Draco…-
- Perdóname.-
- Draco, no es…-
- Perdóname!- gimió Draco, cubriéndose los ojos con las muñecas, tratando de secárselos furioso.- Fui un idiota! Claro que era un hechizo, y debí haberlo sabido! Andy es… siempre lo querré a pesar de todo, pero tú… tú siempre estuviste ahí y yo nunca… nunca pensé… éramos tan felices los dos juntos! No sabía que había una posibilidad de que me quisieras de otra forma, pero si me quieres… si me quieres más que Gareth… yo al menos… tengo que volver a ser tu amigo, o no podré soportarlo! No puedo soportar que estés lejos… que no estés conmigo…- Draco balbuceó, y contuvo un sollozo, para mirar a Harry, que con los ojos dilatados observó con fascinación los orbes color pizarra volver a su tono plata original. Draco había vencido el hechizo: su propia fuerza o su nueva magia salvaje, era difícil decidir. Pero Harry no pensó en eso, no pensó en nada, antes de sentarse de golpe con esfuerzo y echarle los brazos al cuello a Draco, que lo apretó como si temiera verlo desvanecerse. Los dos se abrazaron estrechamente, y Harry encontró los labios de Draco para besarlo primero con timidez, luego con abandono cuando Draco le correspondió entregándose por completo.
- Harry… te quiero… te quiero…-
- Shh… está bien… yo también…- Harry rió, incontrolablemente mientras lo besaba y abrazaba: estaba feliz. Estaba feliz a pesar de todo, y lo tironeó con menos fuerza que un bebé para tenderlo a su lado en la cama, para poder rodearlo con sus brazos y encontrarse en ese mar de sábanas suaves mientras el sol empezaba a disipar la niebla en lo que prometía ser un hermoso día. Draco emitió un jadeo, y luego un suspiró, poniéndole una mano en el pecho para apartarlo:
- No deberíamos… estás débil…-
- No deberíamos qué? Qué pensabas que íbamos a hacer?- Harry reía.- Qué tenías en mente, pequeño pervertido Malfoy?-
- Mis disculpas, Mr. Potter. Entonces le aconsejo que se saque la varita del bolsillo si es eso lo que estoy sintiendo, porque parece un jodido cetro.-
Harry se revolcó de risa, aún mareado, cuando Draco lo tendió de espaldas y acomodándose a su costado deslizó una mano por su cuerpo. Harry volvió a abrazarlo y a besarlo, pero tuvo que detenerse cuando sintió a Draco palpándolo con timidez, como si temiera hacerle daño.
- Harry…- dijo Draco, su rostro muy cerca. Harry, los ojos cerrados, asintió, tratando de acercarse más a él, esa hambre que ya había aprendido a temer por su violencia despertando en lo profundo de su vientre: pero Draco lo acarició con suavidad, apartando el flojo camisón demasiado grande que le habían puesto, y fue con cierto sonrojo que tomó la delantera y empezó a besarle el cuello, el pecho.
- Draco…-
- Si no quieres, está bien… yo…-
Harry lo agarró del pelo y volvió a guiarlo a su pecho.- No seas… no te atrevas a detenerte!-
- Harry, Andy y yo…- musitó Draco, los ojos húmedos.
-… me importa un reverendo pepino… puedes acostarte con toda la enciclopedia británica si se te antoja, tu sigues siendo mío…- bufó Harry, con una risa un gemido cuando en respuesta Draco siguió besándolo con delicadeza, hasta llegar a su vientre palpitante. Harry se aferró a la cama jadeando y transpirando, sintiendo que le estallaba el corazón: la simple visión de esos cabellos rubios, de esos dedos que conocía de maravilla acariciándolo parecía ser suficiente para llevarlo al límite, y se sentó de golpe con el mareo mezclándose con temblores de pre orgasmo subiéndole por la columna mientras rodeaba a Draco con sus brazos para besarlo en la boca, profundizando con su lengua, devorando goloso, codicioso esa boca un poco inexperta mientras sin poder evitarlo sus caderas se movían espasmódicas, ansiosas, su miembro desnudo empujándose contra la suave piel del vientre de Draco, que estaba caliente y palpitante.
Los dos cayeron abrazados en la cama, de costado, y lucharon un rato por quitarse el camisón y la pesada túnica con torpeza, las calzas de Draco. Cuando estaban peleando con la camisa se oyó un rasguito, y Draco le pegó en la cabeza a Harry.
- No! Bruto! Es prestada!-
- Para eso está el reparo- RIIP Harry perdió la paciencia y rasgó todo lo que encontró en su camino, logrando que Draco riera, llamándolo neaderthal, animal y demás lindezas: pero cuando al fin descansaron abrazados en la cama sin separaciones, los dos jadeaban y reían, las frentes juntas, cabello como ébano mezclándose salvaje con sedoso pelo rubio demasiado liso.
- Es… tan diferente… tan dulce…- dijo Draco, los ojos cerrados, tiernamente recostado en el hombro de Harry. Harry lo mordió, haciéndolo patalear, y cuando Harry lo volteó y tomó sus muslos, Draco inspiró hondo y se relajó, fijando sus ojos en los de Harry. Era Harry, y él estaba listo y no tenía miedo, porque era Harry. Cerró los ojos al sentir a Harry tomar un poco de ungüento para heridas, y esperó, separando las piernas para darle un acceso más fácil, apretando un poco los puños cuando recordaba…
… pero era Harry: y cuando abrió los ojos y lo vio encima suyo, envuelto en ese amanecer que era pura luz, sintió su corazón latir libre y fuerte, como lo amaba y siempre lo había amado, y estaban juntos, como siempre, ahora más juntos que nunca: apretó los dientes para aguantar el dolor, pero entonces una ola de placer insoportable lo recorrió, haciéndolo sentarse y gritar incoherente, los ojos cerrados por reflejo llenos de luz porque Harry había emitido un gruñido bajo, salvaje y satisfecho y montado sobre él, en vez de penetrarlo se había empujado a sí mismo en Draco, haciéndolo entrar dentro de Harry de un solo envión poderoso, que hizo ceder de golpe la carne intocada. Draco hubiera querido decirle lo que sentía, lo que pensaba, lo mucho que lo amaba, el hecho que estaba tocando el cielo: pero no tenía control en su cuerpo, arqueándose y gritando, el placer amenazando con robarle la razón mientras el roce delicioso que Harry le imprimía a su cuerpo, ese balanceo primal subía y subía por su espina dorsal. Harry se tendió encima suyo y los dos se abrazaron con brazos y piernas, con todas sus fuerzas, y se movieron con fuerza, con ansia, con desesperación mientras el placer parecía alcanzar una meseta insoportable. Los dos estaban incoherentes, sus besos empapados, sus cuerpos mojados de sudor resbalando el uno contra el otro: pero las caderas de Harry no se detenían mientras se movían violentas y flexibles en círculos hambrientos o brutales embestidas: y cuando al fin se arqueó atrás y se aferró a la cama, metiendo tanto de Draco dentro suyo como podía, Draco hubiera querido decirle que no sabía que nada pudiera hacer eso: quemar la mente, devorar el cuerpo, excepto la muerte o el crucio, pero que esto era mil veces más poderoso, y que él era hermoso y desconocido y familiar a la vez. Harry gritó mientras Draco se arqueaba incapaz de respirar en una convulsión torturante, sintiendo que la sangre de su corazón estallaba, quemante, abandonando su cuerpo en un flujo de presión intolerable: y cuando al fin pudo respirar en un jadeo sollozante como su hubiera estado bajo el agua, Harry lo aferró en medio de sus propias convulsiones y los dos gritaron y sollozaron ese devastador alivio con sus rostros unidos, sus corazones amenazando romperles el pecho uno contra el otro.
- Harry… Harry…- Draco hubiera querido decir tanto: y no había nada que decir. Los dos se miraron, plata en verde, en la luz: y no supieron cómo pasaron del placer a un sitio que era paz, paz absoluta. Verde y plata se cerraron: los dos quietos sintieron la caricia del sol en sus cuerpos desnudos sin sentir que, como la luna, Salazar los observaba de la puerta, sombrío, una expresión terrible en sus ojos.
Los dos durmieron, sin sentir la sombra que los rozó. Como dos gemelos, frente con frente, sus vientres juntos, durmieron, y no pensaron en nada, hasta sentir gritos al anochecer.
