Harry Potter & Draco Malfoy:
Dreams Of The Future Past.
By the Fox
Alternate Universe
A.h, ho.w wu.ch, i.f the. de.e.p da.r-kne.s+s+ tu.r-ne.d to. li.ght,
Wo.u.ld the. co.lo.r- o.f the. wo.r-ld cha.nge.? (A.h, s+o.we.da.y s+u.r-e.ly)
Eleven: Somedays.
El griterío los despertó, y Harry saltó sobre sus botas mientras Draco se hacía un lío con la túnica. Harry ya estaba afuera de la puerta antes de que Draco pudiera ordenarle que se volviese a la cama, pero caminaba lento por el mareo, y Draco lo alcanzó en la escalinata que llevaba a la sala de mapas, de donde venía el ruido.
Y allí se encontraron con algo que no esperaban. Estaba Helga, aparentemente furiosa, el pelo suelto como el de una joven leona: tras suyo estaba Rowena Ravenclaw, sentada y pálida, pero majestuosa. Entre ambas estaba Gareth, con un brazo en cabestrillo y manchas de sangre en el jubón pero aparentemente a salvo: Harry esbozó una enorme sonrisa al verlo, un peso inmenso levantado de su corazón: y supo que querría a Gareth con todo su corazón hasta el día que se murieran, porque Gareth le había dado su ingenuidad, su inocencia, con los brazos abiertos.
Y Harry nunca retiraba su amor una vez que lo otorgaba.
Frente a ellos estaba Salazar, los brazos cruzados, y aparentemente considerando el estallido de Helga. A su espalda se sentaba una mujer que podía hacer que un hombre se atragantara con sus propias pelotas: era el tipo de mujer que aparece en PlayWiz, nunca en un desfile de modas. Era una pelirroja con mechones negros, una ajustadísima túnica tejida negra que tenía los bajos en jirones, y que obviamente no llevaba nada más, excepto un gran torque de plata en el cuello. Llevaba los ojos pintados de negro, y, pensó Draco con humor, se parecía un poquito a Alanis. No era tan bella como Helga ni tan estatuaria como Rowena, ni siquiera tan atractiva como Seli: simplemente era carnal, con tremendas curvas que atrapaban la mirada, si bien su rostro era demasiado salvaje, demasiado natural para ser considerado bonito.
- Helga.- dijo Salazar con voz conciliadora. – Tienes que comprender que es la única forma.-
- Entregar la isla a unos invasores, sólo para que otros no te la quiten? Tu lógica me elude, Salazar.- dijo Rowena. Tenía la voz como un toque de clarín, alta y tranquila, su rostro con la placidez que se suele asociar con la Gioconda. Salazar rió, y Helga se volteó a él con un sacudón de melena como un latigazo rizado.
- Cómo puedes reírte? Acabamos de perder a todos nuestros druidas, y tú traes druidas galos a que los reemplacen?! Es que te volviste loco?-
- Sin druidas no tenemos como luchar contra los clérigos normandos.- dijo Salazar cruzándose de brazos.- Si Morgana no rescata a Hughes, a Richard y a Gareth, los normandos aún se estarían divirtiendo con ellos.-
Helga apretó los puños.- Ese no es el punto, Salazar! Sabes que estaríamos agradecidas, si no supiéramos lo que eso significa! Inglaterra tiene sus propios druidas, que se dedican a curar y a proteger, no a asesinar y a entregarse a ritos dionisíacos!-
- Bueno, según Gareth, lo próximo que harán la mayoría de los druidas ingleses será servir de soporte a las pajaritos…-
- No te atrevas a decir esas cosas! Aún quedan unos pocos druidas en el sur…-
- Los quenos sirven igual que si estuvieran en el fondo del mar.-
- Con el tiempo se formarán más!- soltó Helga exasperada.- Pero ellos… estos… no tenemos nada que ver con ellos, y mientras me quede aliento, los galos no invadirán Inglaterra!-
- Se llama alianza, amor.-
- No soy tu amor, y puedes tomar tu alianza e instalártela en…-
- Helga.- dijo Rowena con voz suave.- Salazar, agradecemos el rescate de nuestros hijos. Ahora si Morgana no sale de Inglaterra para mañana con su gente, atacaremos.-
Harry sintió que le nacía una sonrisa. Habla suave, y lleva una varita grande.
- Ustedes dos están celosas.- dijo Salazar, ampliando su sonrisa.- No se preocupen, aún soy una opción libre, los druidas galos no se pueden casar…-
Harry miró a Draco. El engreimiento viene con lo de Slytherin, es verdad.
Rowena y Helga por un momento se quedaron sin habla, aparentemente porque Rowena era una dama y todo lo que tenía que decir era o palabrotas o conjuros, y Helga porque parecía haberse atragantado de rabia: pero cuando Salazar alargó una mano para tocarle la mejilla a Helga, la mamá de Hughes le dio un bofetón sorprendentemente rápido, fuerte y sonoro para ser un porongo de mujercita que le llegaba al hombro.
- Cómo te has atrevido a traernos a los galos, aquí?- soltó Helga con los ojos ardiendo.- Godric se revolcaría en su tumba si…-
El movimiento de Salazar fue como el ataque de una cobra. Como un relámpago, aferró a Helga de los antebrazos y apretó, levantándola del suelo como si no pesara más que un animalito.
- No- dijo en un siseo bajo, súbito y peligroso que cortó su risa como un latigazo.- metas a Godric en esto.-
- Bájala. Y vete. Ya.- la voz de Rowena era aún más peligrosa. Cuando se miraron, quedó claro porqué esa mujer de fríos ojos azules era el águila, y las águilas cenaban serpientes.
- Pero si ni siquiera he visto a Richard despierto…- se quejó Salazar, bajando a Helga y recuperando la sonrisa.
Helga lo abofeteó a tal velocidad que su mano era una mancha.
- Está bien, está bien, ya entendí… xenófobas locas… ya verán que tengo razón… deja…de…PEGARME!- Salazar atrapó ambas manos de Helga, estiró los brazos y la atrajo hacia sí para plantarle un beso. La gritadera que quedó luego dejó sordos a Harry y a Draco, y muy sorprendidos por el amplio vocabulario de las dos damas. Harry se tentó de la risa a lo de lagartija lujuriosa,vendepatria, oportunista y adicta a las druidas pechugonas! y los dos hicieron un gesto para retraerse cuando Salazar se marchó con la curvilínea francesa: pero Helga, aún roja, les hizo un gesto para que se acercaran.
- No se vayan. Lamento que hayan tenido que ver esto, pero…. Así estamos. Los normandos ya cruzaron Stohengue, y se acercan: tendremos una batalla en las manos, queramos o no, antes de la luna que sigue.- dijo Helga con voz tranquila.- Si aún no logran aprender lo suficiente para irse, los enviaremos al sur para que estén a salvo: pero si confían en nosotras, Rowena puede intentar algo de magia antigua para devolverlos a su tiempo, en cuanto se recupere. Ella es mucho mejor maga que yo.-
- Primero preséntamelos.- dijo Rowena con voz muy suave. Helga les hizo acercarse más, y vieron a los ojos a Rowena Ravenclaw.
Y tuvieron miedo, porque era como estar desnudos ante una desconocida. A diferencia de la calidez que emitía Helga, Rowena parecía ser puro hielo: cuando miraba a los ojos, todo desaparecía, excepto ese azul inquisidor. Harry la miró de vuelta a los ojos, con curiosidad, pero tuvo que bajarlos pronto: Draco no fue capaz de enfrentarla, aún cuando Rowena sonreía levemente.
Gareth le puso una mano en el hombro a Harry.
- Es joven, maestra, pero es un guerrero.-
Maestra, pensó Harry. Una es mamá, y la otra es maestra. Dos de los nombres más bellos que puede tener una mujer.
- Puedo verlo.- dijo Rowena suavemente.- Y puedo ver que eres valiente y honesto, pero que amas demasiado.-
- No existe "amar demasiado".- rezongó Helga.- "Demasiado" no es bastante!-
-Se refiere a la capacidad de amar lo suficiente para meterte allá los principios morales.- dijo Draco conversacionalmente, mirando a Rowena.- No se preocupe. Yo me los puedo meter hasta por simple afecto… hasta por afición… incluso por un paquete de caramelos de menta…-
Harry se cubrió los ojos mientras Gareth reía. Pero Rowena solo sonrió, y clavó sus ojos en los de Draco, serenos y lejanos.
- Te iba a decir que tú no eras ni valiente ni honesto, pero que también amabas demasiado.-
- Rowena, no seas grosera con los niños.- dijo Helga moviendo la cabeza.- Perdónenos, Salazar nos pone mal…-
- Yo lo tomo como un cumplido.- dijo Draco con su más brillante sonrisa.
- Podemos tratar de enviarlos a su tiempo; hay magia temporal específica para esas cosas, si Richard puede ayudarme.- dijo Rowena levantándose: era tan flaca que parecía aún más alta, llevándole la cabeza a Harry y a Draco y casi a Gareth.- Por ahora, descansen. Pero lo intentaré, porque es lo menos que puedo hacer tras que le salvaran la vida a mi hijo, derramando su sangre.-
Harry se sonrojó, sin saber qué decir. Draco le echó una mirada a Gareth, que inmediatamente retiró el brazo de los hombros de Harry y tuvo la gracia de sonrojarse.
- Selene está malherida, pero fuera de peligro. Mamá la tiene durmiendo. Lawliet tiene una torcedura de pie, así que está descansando también. Y la señorita Hermione está conversando con Richard y Hughes.- informó Helga, cariñosamente. - vamos?-
- Dónde está Andy?- preguntó Draco de súbito. Harry se volteó a mirarlo, pero Draco apartó la vista.
- Anteus? Con Salazar, supongo.- dijo Helga sin interés.
Cuando subieron a la soleada habitación del tercer piso en donde los enfermos dormían, Harry sonrió al darse cuenta que sin saberlo, los modernos habían elegido exactamente las mismas habitaciones para la moderna enfermería. Pero era lógico, pensó al volver a ver las altas ventanas, la madera sedosa como piel panelando los muros, los tapices lisos, la aireada estructura de techo alto: era un lugar fresco y tranquilo, casi aburrido, en donde podías dormir serenamente. Se quedó en la puerta, mientras los demás rodeaban la cama en donde el joven de cabellos negros que tanto les costara rescatar estaba despierto, vendado, pero con buen color y tomando sopa con apetito, mientras en una cama más allá Selene dormía y en otra Lawliet devoraba una montaña de panceta con huevos.
Tenía sentido, pensó, observando las ventanas, sintiéndose extrañamente emocionado. Hogwarths nunca había sido tomado, ni siquiera en la sangrienta época Tudor; y tenía sentido porque sus defenores nunca habían luchado por una posición estratégica o una ventaja material, nunca por una falacia o por un deseo egoísta: siempre habían luchado por lo que era real palpable, por Hogwarths: Hogwarths, que era una casa y una madre, y un hogar. Harry amaba la casa de Wilbrough, y también la mansión Malfoy y Grimmauld Place y Black Dove, la casa de Seli: pero Hogwarths era el lugar en donde había aprendido y crecido, y lo amaba de un modo intenso que sólo amas lo que sabes que tarde o temprano dejarás.
Hogwarths era el lugar en donde había amado a Draco día a día, y cada piedra y ventana tenían un recuerdo de él. Se sentía tan extrañamente sensible, tan emocionado, que no se atrevía a hablar: pero mientras observaba a Draco charlar con un Lawliet recién despierto, a Gareth riendo con Hughes con la felicidad escrita en la cara, a Hermione sana y salva asintiendo que algo que le decía Helga, y a Selene tranquilamente durmiendo, algo le cerró la garganta al verlos a todos juntos. Había estado tan seguro de que morirían. Pero Draco estaba allí, dorado al sol, risueño, con las mejillas sonrosadas y los moretones de la batalla mezclados con los del amor de la noche anterior: y cuando lo miró sonriendo, como si sintiera su mirada, el sol tan brillante en su pelo, Harry sintió que se le aflojaban las piernas de felicidad: como si algo se expandiera dentro de su pecho, inmenso y libre y casi mareante en su alivio, de saberlo a salvo. Podían viajar al pasado, al futuro, al infierno o al cielo: podían pelearse, insultarse, hacerse el amor o apalearse: pero estaban juntos, estaban vivos y sanos, y eso le bastaba y sobraba para dar gracias a Dios. Draco estaba allí pegado a su hombro, al alcance de su vista, y nada más importaba: era Draco, su Draco, vivo y real, con ojos de plata y su insoportable risa arrogante, y lo amaba con todas sus fuerzas. Mientras estuviera a su lado…
… ey… porqué estaba tendido en el piso?
- Te desmayaste como una nena. No te dije que te quedaras en cama?- soltó Draco irritado, sosteniéndole la cabeza. Harry rió, con una enorme sonrisa blanca.
- Me canso más en la cama…- cuando Hughes soltó la risa de pronto, Draco y Gareth se pusieron rojos. Harry se sentó, notando que estaba tendido a los pies de la cama de Selene, y que Helga tenía sus manos en su pecho, irradiando una dulce calidez.
- Perdiste mucha sangre, pero es sólo debilidad.- dijo ella con un gesto preocupado. Cuando el mundo volvió a moverse, Helga lo sostuvo, y Harry se halló abrazado a su cintura, el rostro hundido en su escote, intentando débilmente levantar la cabeza y evitar que se le resbalaran las manos.
No que no fuera un buen lugar para estar, pensó incoherentemente.
- Enervate!- gritó Draco enojado, dándole el equivalente a una inyección de cafeína.
- Draco, no seas bruto, está débil.- remarcó Hermione, aunque era obvio que le divertía mucho ver al Malfoy celoso.
- Mi pobrecillo Harry…- musitó Helga, acariciándole el pelo mientras lo ayudaba a sentarse en la cama de Richard.- … reposa aquí… no debimos preocuparte innecesariamente con nuestros asuntos… descansa, querido… Hughes, no te quedes ahí como un poste, tráeme inmediatamente un vaso de leche caliente… Gareth, tráeme mi frasco de sales, y una manta…-
- Anoche estaba perfectamente.- dijo Draco irritado.- Voy a buscarle la manta yo, Gareth.- agregó saliendo. Rowena se alzó de hombros.
- Déjalo respirar, Helga… denle espacio y no lo agiten.- agregó, antes de quedarse mirando fijamente a Hermione.- Señorita Hermione, puede ayudarme con la señorita Selene?-
- Claro.- dijo Hermione con serenidad, siguiendo a la alta mujer. Harry, recostado en Helga y con sus manos tibias acariciándolo, giró la cabeza a Richard, que había terminado su comida y lo miraba.
Era un hombre inolvidable. En donde Gareth era gótico y Hughes era neoclásico, Richard era un art noveau cuya belleza quitaba el aliento: diametralmente opuesto a Helga, eran sin embargo sol y luna, rosa dorada y jacinto de nieve. Harry sintió una oleada de incoherentes celos, sólo de pensar que Draco podía admirarlo, como siempre admiraba las cosas bellas: pero es que no había competencia posible. Richard tenía los rasgos perfectos de un príncipe ruso, tez como seda, enormes ojos rasgados cargados de vida y del azul intenso de Rowena: pero el cabello, lustroso y negro, espeso y liso, reflejando la luz, era algo que provocaba tocarlo para saber si era real. Cuando Richard sonrió, una sonrisa limpia y algo tímida, Harry sintió un flash de shock al darse cuenta que lo habría besado si hubiera podido. Richard tenía una nobleza en los ojos, una gentileza, que era más claro que si tuviera una corona en la cabeza: si Hughes era sanador y Gareth guerrero, Richard era un príncipe.
- Hola.- dijo Richard, extendiéndole una mano llena de arañazos.- Gracias por salvarme, Harry. Les debo la vida.-
- De nada, Richard.- dijo Harry, sin voz, anonadado por la belleza del hijo de Ravenclaw. Draco entró con una manta, y al verlo tendido en Helga y de la mano con Richard, se adelantó y lo envolvió en la manta tan apretadamente que sólo emergía la cabeza.
- Oye… no me puedo mover…-
- Cállate, Potter. Hola, Richard. Soy Draco. No sé cómo puedes estar sentado, tan pronto después de tu rescate.- soltó Draco con los brazos en jarras. Se arrepintió cuando Richard bajó la cabeza y algo agónico pasó por sus ojos, antes de pasarse una mano por los ojos y respirar hondo.
Harry le echó una mirada homicida a Draco, pero perdía todo efecto porque parecía un panqueque.
- Me han curado bien.- dijo Richard suavemente, antes de clavarle los ojos. Draco supo inmediatamente que le había salido el tiro por la culata, porque a un Ravenclaw, o más bien dicho a EL ravenclaw, no se le escapaba nada, y acaba de decirle que era mezquino, celoso, que amaba a Harry con pasión, que tenía una bocaza, que había sido violado también, y que no soportaba compartir.
Todo en una frase. Bravo, Malfoy. Lo único que le quedaba por hacer habría sido bajarle los pantalones a Harry, penetrarlo hasta el fondo y ponerse a gruñirle y a sisear en la cara a ese chico bellísimo.
Y es más lindo que yo, maldita sea!!
- Quieres algo más de comer, Richard?- dijo Hughes amablemente, entregándole el frasquito de sales a su madre y deteniéndose junto a la cama del heredero de Ravenclaw. Richard movió la cabeza, y Draco aprovechó para ir a sentarse de mal humor en la cama de Lawliet, mientras Harry seguía charlando con Richard acomodado en el escote de Helga.
- Te está bien empleado por lo mal que lo trataste las semanas anteriores.- dijo Lawliet, que aún engullía un postre de leche con una cuchara grande.- Así que ése es el fundador de mi casa. Es tan guapo que eso explica muchas cosas.-
- Ni lo sueñes, petisito. Tú no estás ni cerca de ese chico.-
- Yo no, pero Harry sí.- se rió Lawliet con la boca llena.
- Cállate, Lloyd!-
- Sólo me refiero a que si Harry se parece tanto a Godric como dicen, quizá le recuerde a Gabrielle… no que Richard Ravenclaw estaba colado por la hija de Godric?-
- Harry no… y aunque…- Draco se atragantó, a punto de ahogar a Lawliet con la almohada.
- Bueno,está claro que Helga no le es indiferente… y ese chico… yo me lo follaría, aunque estuviera ciego sordo y muerto.- Lawliet siguió comiendo.
- Yo pensaba que te gustaban las chicas!- barbotó Draco.
- Me gustan ambos. Pero no deberías asumir que no me gustan los chicos, sólo porque no me gustas tú.- dijo Lawliet con disciplencia. Draco estaba ofendidísimo, y había abierto la boca para echarle una fresca: pero prefirió darle una patada en el tobillo herido, y hacerle saltar el postre, que cruzó la habitación y acabó en el perfecto pelo de Richard.
Bah. Aunque no sea tan listo como un Ravenclaw, soy astuto como Slytherin.
- DRACO!-
- Yo qué hice?!-
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Eleven: Somedays.
- Ya debería haber despertado.- dijo Rowena, tanto ella como Hermione ignorando la batahola que el resto de los ocupantes de la habitación armaban. Hermione había corrido un biombo para abrirle el camisón a Selene, y las dos notaron que aunque la joven tenía todas sus heridas en proceso de franca curación, y no había sangre en su aliento ni nuevas manchas moradas que indicaran sangrado interno, su abdomen estaba contraído y su rostro contraído, laxo y húmedo. Rowena le palpó los muslos y los brazos, y le tocó el pelo, que se sentía transpirado.
- Entonces, qué le sucede?- dijo Hermione, usando prácticos hechizos para secar la almohada mojada de sudor.
- No estoy muy segura. Tendremos que esperar a esta noche para saber, pero tendremos siempre a alguien vigilándola, porque algo no anda bien.-
- De acuerdo. Pero si sospechaba que tendría que esperar hasta la noche, para qué me pidió ayuda, lady Rowena?- preguntó Hermione, levantando sus ojos pardos a la princesa Ravenclaw. Rowena acabó por cubrir a Selene, y las dos mujeres se enfrentaron mirándose a los ojos en el pequeño espacio que les dejaba el biombo, y Rowena supo que miraba a los ojos a una joven que no le temía.
- Deseaba hablar contigo.-
- Qué desea saber?- dijo Hermione, sentándose en la cama, aunque su gesto no era amistoso.
- Cómo es que conoces a Salazar?-
Hermione sonrió.- Una vez en un sueño. Lo crea o no, es cierto.-
Rowena se quedó mirándola como si fuera una página de griego especialmente confuso. Hermione se cruzó de brazos.
- Te estás acostando con Salazar? Eres muy joven para él.-
- Sí, sí, y seguro que no soy la única.- dijo Hermione sin parpadear.- Y para toda la inteligencia de Ravenclaw, me esperaba un interrogatorio más inteligente.-
Rowena se tensó, mirándola, y luego hizo un gesto majestuoso al recoger su manto.
- Deberías pensar en tu propia seguridad, Hermione Granger. Salazar ni siquiera recoge una margarita sin que le sirva para algo, y una vez que las cosas le sirven, las descarta.-
- Habla la experiencia, supongo.- dijo Hermione al pasar. Rowena se detuvo en seco, y cuando Hermione se levantó y avanzó a ella, llegándole al mentón, vio que Rowena había apretado los labios.
- Salazar te ha elegido, pero él muerde la fruta verde, sin importarle que se eche a perder. No estás lista para la magia salvaje, Hermione Granger; te quemarás como una vela, si dejas que él sea tu fuego.-
- Lady Ravenclaw.- sijo Hermione, volteándose y apartando el biombo para reunirse con los demás.- Con el debido respeto, su opinión me importa un bledo. Y cuando se prepare para enviarlos a todos de regreso, no cuente conmigo, porque yo no tengo porqué volver. Así que acostúmbrese.-
-Mis… disculpas por interrumpir.- Lawliet se había levantado por la tarde, cojeando en su pie recientemente arreglado. Se habían calmado el dolor, y reducido la hinchazón; estaba vendado, pero podía caminar perfectamente.
Gareth se alzó de encima de Hughes, en donde se estaban besando desaforadamente en un rincón entre torres de libros en el piso de la biblioteca, pero Hughes volvió a agarrarlo del cuellito.
- No te preocupes, no nos has interrumpido para nada!-
- Yeep!- gimió Gareth cuando Hughes lo hizo desaparecer tras los libros y, por el ruido que hizo y las calzas de cuero que aterrizaron encima, prosiguió con sus tareas. Lawliet se giró a Hermione, que leía un libraco ignorándolos en una mesa, y a Richard, que trabajaba en un rincón con unos pergaminos y trasteaba con unos trocitos de madera y metal.
- Veo que nada los interrumpe.-
- Tienen diez años de retraso: deja que se diviertan.- dijo Richard amablente, levantando su bello rostro, exótico con un monóculo en un ojo, mordiéndose los labios delicados al nstalar un infinitesimal resorte en una ruedecilla de metal dentado.- No creo que los pueda interrumpir ni una manada de elefantes…-
- Han encontrado algo que nos ayude?- dijo Lawliet sentándose en la mesa de Hermione, que apartó el libro maquinalmente sin hacerlemucho caso.
- Estoy ejecutando un giratiempo específico para ustedes. Pero la potencia de envío… eso lo está estudiando mi madre al otro lado. Yo estoy tratando de afinar su llegada, para que lleguen aproximadamente cuando se fueron, lo más exacto posible.- dijo Richard quitándose elmonóculo y echándose el pelo atrás. Hermione intentó concentrarse en el libro, pero se descubrió incapaz de entender la palabra magia.- y la única forma de ajustarlo, va a ser con magia oscura: necesitaré sangre de cada uno de ustedes para trazar sus líneas ancestrales.-
- Eso es un trabajo enorme.- dijo Lawliet frunciendo el ceño.- Tienes que saber el nombre de mi abuelito, mi bisabuelito, mi…-
- Hay hechizos para eso.- dijo Richard sonriendo.- Y tú, Hughes, siempre diciéndome que para qué estudiaba magia heráldica!-
Hughes dijo algo en respuesta, pero no se entendió, porque hablaba con
la boca llena. Lawliet se echó a reír, pero Hermione movió la cabeza.
- Te ayudaré, pero yo no vuelvo, así que no te molestes conmigo.-
- No puedes quedarte!- dijo Gareth de golpe, enderezándose y sacándose a Hughes de encima, que gruñó. Gareth se volvió a poner las calzas y salió de su barricada de libros, para colocarse frente a Hermione, su bella frente
atribulada.- Provocarías un cambio en las líneas temporales, podrías negar tu propia existencia… lo siento, pero tienes que volver a tu tiempo, no te ofendas, pero eso es…-
Hughes, tendido en el suelo con cara de irritación, tamborileó con los dedos.- Además que el motivo por el que te quieres quedar es pésimo. Si tuviera una naranja por cada vez que Salazar ha estafado a una mujer, digamos que el lago sería naranjo.- agregó sentándose con el pecho desnudo.- Gareth, vuelve acá!-
- Correré los riesgos.- dijo Hermione con disciplencia, cerrando un tratado de magia salvaje.
- Es jugar con fuego.- dijo Hughes con un gesto.
- Me lameré los dedos antes.- dijo Hermione sin cambiar su expresión.
- No seas…- Lawliet la miró a la cara.- Tan grande es?-
Hermione sí mudó su expresión.- Perdón?-
Lawliet parpadeó.- El poder que Salazar te prometió?-
Hermione se atragantó.- Eh… sí, es el más grande que hay visto…- no pudo y se echó a reír. Gareth se sonrojó y pareció disgustado y Richard se echó un Insonorus, radio un metro, para poder seguir trabajando, mientras Lawliet observaba a Hermione reír.
- Me voy. Tengo que ir a … verlo.- dijo Hermione al fin, riendo. Lawliet la miró irse apenado, mientras Hughes se llevaba a Gareth de la oreja a las estatnterías más profundas y Richard canturreaba para sí ignorándolos. Lawliet se echó en la mesa de Hermione, horizontal, y tomó el libro que ella leía: unos minutos luego, a la suave luz del atardecer, revisaba las hojas, el rostro tenso, leyendo ansiosamente.
- Es uno de los pasillos secretos que me enseñó tío Sirius.- dijo Harry riendo y llevando a Draco escaleras arriba, que se dejaba llevar, aún ceñudo de celos y cargando la manta que le llevase a Harry.
- Helga dijo que te fueras a la cama.-
- Tenía la esperanza que me llevaras, pero quiero sacar un libro sobre clérigos normandos.-
- Para qué? No vamos a estar acá cuando ataquen. Y piensas leer?-
- Una vez que te agotes y te duermas, qué más voy a hacer?- dijo Harry riendo y abriendo una puertecita posterior de la biblioteca, asomándose entre los estantes del fondo. Draco lo mandó a hacer algo que hubiera hecho que Narcissa les lavara la boca con soda caústica a los dos ( tía Cissy no creía en mariconadas como el jabón) pero era algo que de todas formas Harry esperaba que hicieran juntos, en el período de las tres horas siguientes.
Y se detuvo, aferrando a Draco y empujándolo a un rincón, tapándole la boca.
En una esquina, en la penumbra del sol que acababa de ponerse, estaba Gareth, besándose apasionadamente con Hughes. Harry descubrió que no sentía celos, sino sólo excitación al ver a Hughes meter la mano en las calzas de Gareth y moverla lenta y deliciosamente, haciendo que el pálido guerrero se sonrojara color sangre y aflojara las piernas, echándose atrás contra un estante con un gemido. Hughes le arrancó las calzas y le aferró los muslos, colocándose entre ellos y balanceándolo contra el estante, besándole el pecho al levantarlo, con tanta pasión que Gareth gimió y sus pezones se hicieron claramente visibles, la saliva de Hugh trasparentando la batista blanca de la camisa y haciendo que se adhiriese a las pequeñas y erguidas tetillas rosado pálido.
Draco sonrió al ver a Hughes listo: era enorme. Se deslizó tras Harry, y susurrando en su oído hundió una mano en los jeans de su amigo mientras Harry lo imitaba, los dos acariciando al otro al ritmo de los movimientos de la pareja de chicos mayores, mordiéndose los labios para no alertarlos de su ingenua exhibición. Harry se hizo sangre cuando Draco lo frotó con fuerza, velozmente, y le respondió con igual ferocidad, sintiendo elmiembro de Draco reaccionar en su mano, los dos torturando al otro con la perversidad de quien te conoce a la perfección. Era un juego, pero los dos habían competido todas sus vidas, y se conocían mejor que a sí mismos: y nada como saber que podías hacer suplicar al otro para aguantar hasta el límite, aunque el líquido preeyaculatorio goteaba en ambos, haciendo aún más torturantes los expertos dedos que tironeaban sin compasión sus miembros jóvenes.
Hughes alzó a Gareth por los muslos, y Harry sintió que lo invadía un calor salvaje al escuchar al mismo tiempo a Gareth jadear por la invasión mientras Draco suspiraba ardiente en su oído. No había forma de que los oyeran, con el estrépito que provocaba Hughes al aferrar con sus brazos hérculeos la estatería contra la que alzaba a Gareth y moverse feroz: Gareth, sus piernas alrededor de Hughes y los brazos tensos aferrados a lo alto del estante jadeaba casi en gritos mientras Hughes movía las caderas en un ritmo febril, sacudiéndolo arriba y abajo mientras pesados libros caían a cada empujón.
- GARETH! GARTH! GARTH! AH, SÍ, AGÁRRATE BIEN… NO VOY A PARAR, ASÍ, AH, AH, APRIÉTAME BIEN…APRIETA!-
- HUGHES…. HUGHES!!- Gareth sollozó cuando estalló, soltando el estante y aferrándose a Hughes con brazos y piernas mientras soltaba su humedad contra su pecho y vientre apretados y sudorosos: Hughes, que casi perdió el equilibrio, soltó el estante y cayó de rodillas sin soltar a Gareth, arqueándose atrás, exhibiendo su pecho musculoso, sudoroso y manchado cuando se vino dentro de Gareth con una risa y un grito de deleite, antes de apoyarse en las manos ciegamente, extender las piernas y acabar tendido en el suelo, con un gareth aún perdido en el placer balanceándose arriba.
- Próxima vez en la cama… última vez… mi pobre espalda…- Hughes amenazó a Gareth, que se desmadejó a su lado y lo abrazó sin hacerle caso. Draco le tomó la mano a Harry, y riendo un poco, ciego de placer, lo empujó de regreso al pasillo, atrapándolo contra una pared. Allí los dos abrieron con manotones desesperados el cierre de sus jeans, y apretándose el uno contra el otro hundieron sus miembros en la lisa carne de sus vientres y aferrándose por el trasero a manos llenas al fin estallaron, mareados, clavando los dientes el uno en los hombros del otro para no traicionarse con un grito feroz.
Pasó un rato antes de que oyeran a Gareth y Hughes irse. Luego, Draco rió.
- Deberíamos devolverles el favor y darles una sesión de voyeurs para reanimarlos…-
- Como si lo necesitaran. Y yo no los animaría más, o Hughes acabará necesitando una silla de ruedas.-
- Bah. Te garantizo que puedo soportar que me animes todo lo que quieras…-
- No deberías hacer promesas que no puedes cumplir.-
- Prueba y vemos.- Draco se echó atrás el pelo traspirado, y se arregló la ropa con un gesto despreocupado, su mano manchada mientras se ataba los cordones de la camisa medieval. Harry se quedó boquiabierto un momento, mirándolo: no tenía la belleza de Richard Ravenclaw, pero le parecía inconmensurablemente más deseable.
- Te vas a quedar así?- dijo Draco, haciendo un gesto a sus jeans abiertos y a la evidencia de su placer.
- No, yo…-
- Déjame.- Draco cayó de rodillas y hundió su rostro ahí. Harry cayó: gracias a Dios, la pared tras suyo lo sostuvo, mientras sentía que se le iba la cabeza por completo.
- Podrían disculparme un momento…Harry Potter, ya que usted no tiene la boca ocupada, dónde está la señorita Hermione?- dijo Salazar, de pie en la escalera. Harry se quedó helado, pero Draco, enderezándose lentamente, se limpió la boca sin prisa y se enfrentó a Salazar.
- Probablemente detrás suyo. Y no finja: sé perfectamente que nos ha estado espiando, Salazar. Si quiere mirar, sólo tiene que pedirlo bien.- dijo con sequedad. Salazar avanzó, y se quedó mirándolos, allí los dos manchados de placer y amor, los dos relucientes, hermosos. Se volteó, e hizo un gesto disciplente.
- Por lo que a mí respecta, pueden metérselas por los ojos, si eso quieren, niños, pero…-
- Ah. Qué verdes están las uvas, hoy, no?- dijo Draco sonriendo.- Qué pasa, Godric prefería a las chicas?-
Hubo un silencio. Y enseguida, con la velocidad que sólo da la esgrima, Harry saltó y sacó a Draco del camino de la espada de Salazar, que habría atravesado a Draco por la mitad. Salazar se volteó homicida, salvaje, y su espada chocó contra la varita de Harry, Draco mirándolos espantado desde el piso. Salazar hizo una finta y derribó a Harry de un puñetazo, y había alzado la espada, cuando Draco le gritó:
- PARA! No es Godric, es HARRY!-
Salazar se detuvo, y dio un paso atrás en el que casi tropezó. Luego, se fue, como si lo persiguiera un fantasma.
- Crees que…?-
- Tanto me parezco a Godric?-
- No es sólo eso, tarado.- dijo Draco, apoyándose en la pared.- Salazar… creo que le apunté medio a medio.- agregó, antes de frotarse la frente.- Hay algo en el agua de Hogwarths… ahora sólo nos faltan Rowena con Helga y cartón completo.-.
- No entiendo nada de lo que dices, sabes.-
- No me sorprende. Tú te tomas un examen de sangre y lo repruebas.-
- Hijo de…-
Draco alzó el dedo.- Cállate. Alguien alguna vez te ha dicho cómo fue que espichó Godric Gryffindor?-
- Ah?-
- Tu amorcito no te contó nada?-
- Mi amorcito reporbó historia inglesa, dos veces.-
- Hablo del amorcito tuyo que es parte de la historia inglesa.-
- Teníamos cosas más interesantes que hacer que hablar de hiAAY! NO ME PATEES!-
- Puto, más que puto…- Draco dejó de patear y se cruzó de brazos.- con razón no nos enseñan historia de Hogwarths como Dios manda, es tan turbio que si lo hicieran película tendrían que resucitar a Stanley Kubrick para que la dirija.-
- Me explicas?-
Draco le echó una mirada despreciativa.- Tú te dormiste en Terciopelo Azul. Mejor no. Tal vez cuando tengamos unos dos meses libres…-
Harry intentó patearlo, pero entonces los interrumpió una pequeña águila de luz. Draco y Harry se quedaron mirándola sorprendidos, pero no alcanzaron a decir nada, porque entonces el águila habló con la voz de Rowena y les pidió que fueran a la enfermería.
Rowena estaba junto a la cama de Selene: Helga acababa de cubrirla. La joven, que había dormido tranquila durante el día, ahora temblaba y parecía incosnciente, no dormida, con ojeras y la piel perlada de sudor. Hermione los miró y bajó la vista: parecía asustada.
- Hermione? Quié la pesa a Selene?- preguntó Harry desconcertado.
- Es apendicitis.- dijo Hermione palpando el vientre de Selene por sobre las ropas con miedo en los ojos.- Si se le revienta el apéndice morirá!-
- Apendicitis?! Peró cómo…?-
- Puede haber sido un golpe durante la huida, no necesariamente la infección, pero…- Hermione se frotó la frente.- Da igual, hay que operarla!-
- Pero no hay hechizo para realizar la operación?! O un médico muggle…?!-
- La apendictomía muggle no se hizo hasta 1883, y el hechizo… se inventó en 1712! Aún no se inventa, y yo no me lo sé, sólo un medimago…- gimió Hermione, sintiendo a Selene, aún inconsciente, temblando de dolor.- … si no la devolvemos a su época, se morirá!-
- Pero… pueden curar un brazo cortado y no una apendicitis!? Es un jodido hechizo de rutina!- ladró Harry volteándose a Rowena y a Helga, hecho una furia. Helga meneó la cabeza al borde de las lágrimas, pero Rowena suspiró.
- No hay ninguna ciencia en cortar lo que hay que cortar o unir lo que has cortado. Pero la muerte por la hinchazón maligna está… aún fuera de nuestro alcance. Podemos purificar, o calmar su dolor, pero nada más, Harry Potter.- dijo la princesa de Ravenclaw con algo parecido al dolor en sus ojos inolvidables.- Lo mejor que podemos hacer en enviarla al menos a ella todo lo rápido que podamos a su tiempo, y rogar porque nuestros esfuerzos sean suficientes. Estaré en la biblioteca, hasta que encuentre cómo enviarla, o hasta que sea tarde.- agregó en un susurro, saliendo envuelta en su flotante manto azul. Harry quiso decir algo, ahogado de miedo e ira: pero Draco fue primero, no en hablar, sino en sollozar y aferrar la mano de la niña mayor que ellos, quedándose de rodillas a un lado de la cama, temblando de pies a cabeza como un niño. Harry hubiera querido consolarlo, hubiera querido decir algo que les devolviera las esperanzas: pero entonces Helga lo abrazó, y Harry volcó su miedo en sus lágrimas contra ella, mientras una Hermione silenciosa y sombría se arrodillaba junto a Draco y lo acogía en sus brazos.
